EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE
Muestra mis creaciones literarias, poemas, crónicas y relatos, así como detalles biográficos del autor. Del mismo modo contribuye modestamente a promover la literatura y el arte de mis hermanos poetas, narradores y artistas, no solamente cubanos, sino latinoamericanos e hispanohablantes en general, que encuentran en este blog una especie de casa virtual con puertas y ventanas siempre abiertas, para el diálogo y la charla entre amigos.
Cita de Jorge Luis Borges
"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.
José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.
jueves 15 de marzo de 2012
jueves 16 de febrero de 2012
Requiem por Julio Martinez Garcia. TOMADO DE:http://belkissima.blogspot.com/2012/02/requiem-por-julio-martinez-garcia.html
Tuesday, February 14, 2012
Requiem por Julio Martinez Garcia.
Una tarde del año 1986, como muchas otras veces, entré a la conocida “ Casa del Té ”, ubicada en G y 23 en el Vedado. Casi al momento de sentarme, me sentí atraida por la fuerza de una mirada y cuando busqué en esa direccion, tropecé por primera vez, con la mirada de quien desde ese dia, seria mi querido amigo Julito Martinez. Se levantó de la mesa donde se encontraba en compañia de amigos periodistas y escritores y caminó hasta pararse frente a mi.
- Hola, por lo visto Usted no le tiene miedo a la Patrulla Click. - Me dijo, refiriendose a una Campaña de ahorro de energia eléctrica que se desarrollaba en Cuba. A sabiendas de que lo decia burlonamente, por el vestido amarillo que yo usaba, el cual desde tres o cuatro cuadras de distancia, delataba mi presencia , contesté con otra pregunta..
- ¿Por qué lo dice?.
- Deberia estar preocupada porque su presencia dentro de ese vestido es un derroche de energia incandescente y Usted bien sabe que estamos en una Campaña de ahorro.
- Pues no, no me preocupa- le contesté, preguntandome de donde habria salido ese loco.
- ¿Me permite que me siente con Usted?... digo... si no esta esperando a alguien....
- Puede, si es que no pertenece a la Patrulla Click.
Fue asi que comenzó una amistad que duraria por todos estos años y que sobrevivió a pesar del tiempo , la distancia y el exilio.
Otras de sus ocurrencias y por supuesto que lo hacia para desahogarse , era escribir poemas con tiza en el piso del corredor central del Parque de G, mientras yo vigilaba la posible aparicion de la policia castrista; la escritura comenzaba en la esquina de 23 y continuaba por varias cuadras rumbo a la calle linea , depende de como estuviera su inspiracion y al final, el me preguntaba mi opinion sobre el escrito subversivo de turno, los cuales confieso que no podia ver ni leer porque el terror paralizaba mi mente. Le pedia a el que me los leyera porque mi vista no me acompañaba debido al miedo. Basado en eso, escribio "Operacion LLuvia", una satira a la Seguridad del Estado cubana.
Unos años despues yo partí al exilio, mientras el seguía su lucha en la Habana, sufría persecusiones, acoso y carcél de parte de la policia política castrista, hasta que al final fue desterrado a España, en el año 1997.
El dia 7 de este mes de febrero, Julio cambió de casa, segun la opinion de mi amigo el tambien poeta Rene Dayre, quien cuando yo le comuniqué sobre la muerte de Julito, me dijo: "Es una gran pérdida, aunque para nosotros, desde nuestras posiciones doctrinarias espíritas, no lo hemos perdido totalmente, simplemente se cambió de casa". Eso espero Julito, no puedo aceptar la idea de que te hayas ido para siempre y sé que no es posible, porque has dejado con nosotros la esencia de tu vida, tu Obra. Deseo que esta nueva casa donde vives este llena de luz, como tu mereces, que sus paredes sean azules como el mar y rosa como el amor que supistes darnos a quienes tuvimos el gran honor de conocerte.
"la Muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la Obra de la vida".
Jose Marti.
Para Enrique Patterson, de la Generación
Inédita
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Nadie tendrá problemas con mis restos
mortales
si, como he dicho ya, un día yo muriera.
No sé a quién le tocará la fúnebre y funesta
misión
de encontrarme muerto
porque el destierro es el lugar donde no se
sabe nada
de hoy, de mañana, ni de ayer.
No sé si será una mujer, un amigo, una vecina
anciana y asustada,
un portero, un policía,
un enemigo,
alguien que pasaba por allí.
No sé tampoco dónde moriré,
si en mi cuarto,
si en la calle,
si en el trabajo,
si en el hospital,
si en el barcito Kariel
donde tomo café con leche
y leo el periódico
todas las mañanas.
(debo morir en un barcito).
Podría ser de un infarto
del cerebro
o, tal vez, del corazón a donde han ido a parar
todas las furias, los miedos,
las melancolías y las fieras
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o cursimente de hambre
o del azúcar baja
o el colesterol alto
o, simplemente, de estar lejos.
No sé ni quien recogerá mis propiedades,
mis paupérrimas propiedades
que no relaciono para no ofender,
sin embargo pueden quemar
mi verde traje parisino,
mi amarilla corbata italiana
y todo lo demás, hasta mis cartas
enviadas y no enviadas
que ya cumplieron su misión.
(Sé que alguien aprovechará el desconcierto
en torno al muerto desconocido
de quien nadie se declara propietario
para sustraer
sigilosamente
-y no para guardarlo de recuerdo mi
juego de pasador, yugos, plumas y
fosforera
mas no me importa).
En caso de que alguien tropiece
con un ladrillo que yo pueda haber modelado
sí le rogaría que modelara otro igual o mejor.
En caso de que alguien tropiece
con algún libro
que yo pueda haber escrito
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sí le rogaría que lo tirara contra la puerta de
alguna editorial
y en caso de que, con tan buena suerte, se
publicara algo
decreto que por 70 años
todos los derechos de autor
pertenecen
exclusivamente
a un ser que dejé en La Habana.
Si surgiera algún(a) admirador(a)
del que modeló el ladrillo
o del que escribió el librillo
y deseara saber algo de aquel modelador de
librillos
y deseara saber algo de aquel autor de
ladrillos
y si deseara, incluso, ir hasta su tumba
y leer su epitafio
y ponerle una flor
no podrá hacerlo.
No habrá epitafio ni tumba,
pero, solamente para que la historia tenga un
final feliz, daré
dos direcciones.
En un pueblito del centro de mi patria
cuyo nombre es Corralillo
(me hubiera gustado ser Conde de Corralillo)
pasé mi adolescencia, suspendí matemática,
tuve amigos y novia,
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y en un barrio de la capital cubana
cuyo nombre es Bacuranao
(me hubiera gustado ser Barón de Bacuranao)
donde viví mis últimos añitos con patria
propia
detrás de mi casa
hay una pradera
y en la pradera, una ceiba
y recostado a esa ceiba amé a una mujer
o modelé un ladrillo
y escribí poemas o cuentos o novelas
o no sé.
Pero sé que nadie tendrá problemas
con mis restos mortales
porque no seré nada exigente en esa hora.
No quiero que me incineren
porque he vivido toda la vida incinerado
y sembrando fuegos
(el que siembra fuego, recoge resplandores).
No quiero que echen, pues, mis cenizas al Nilo
para reencarnar en los peces o las conchas.
No quiero que me embalsamen
ni quiero que me entierren
aunque para mí sea leve la tierra.
No quiero una tumba
junto al Manzanares de Madrid,
ni quiero una tumba
junto al Almendares de La Habana
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por tanto no habrán de trasladarse mis
restitos
a Cuba.
No quiero nichos en catedrales,
ni misas,
ni esquelas
pues todos los días en ellas ya me vi.
Tiradme en cualquier lugar
donde mi hedor no moleste a nadie
y, como carroña ensimismada, libremente
puedan seguir comiéndome los buitres.
Barcelona, noche del 9 de enero, 2002
- Acrobacia Roja, poemas contra el oportunismo - samizdat (1986)
- Tengo que estar enamorado - décimas de amor (1980)
- Misterio del Interior - relatos satíricos (1986)
- Nada y otros cuentos del absurdo (1987)
- Así en la cama como en el cielo - poemas eróticos (1987)
- Todo mi corazón y otros agravantes, poemas escritos en La Habana y Madrid (1980 - 2002)
- Prensa Gulag, la apasionante lucha de un periodista cubano disidente - novela (2009)
- El desterrado - poemario (1997-2010)
- Apuntes para el estudio del Movimiento Cubano de Periodismo Libre (1995 - 2012)
- Ulises y otros artículos famosos de Julio San Francisco - compendio de periodismo (1997 - 2012)
Los 7 primeros títulos pueden adquirirse por las editoriales/librerías on line Bubok.com (desde Europa) y Lulu.com (desde Estados Unidos, Canadá e Iberoamérica). En ambos casos pueden obtenerse en el formato de libro impreso o como E-book
jueves 26 de enero de 2012
EL DEMIURGO INSOMNE EL BLOG DEL POETA Y ARTISTA PLÁSTICO NICARAGÜENSE OTTO AGUILAR http://ottoaguilar.blogspot.com/
CAVAFIS EN ATENAS. 1932 - Luis Antonio de Villena
Thursday, September 1, 2011
Antes y ahora.
será vuelto de nuevo y con èl tú, polvo del polvo…”
“… el río siempre refluye sobre sí mismo, y
os embarcáis en el mismo río, vosotros, que
tambièn sois los mismos…”
Federico Nietzsche
“Antes y ahora“, una paradoja que nos reta a sacar conclusiones dialècticas, excluyentes?, como síntesis de evoluciones o involuciones ?. Cada crisis social amerita su solución en el juego de las contradicciones. Lo injusto provocará su contraparte y en esa lucha de contrarios, uno de los dos al final prevalecerá, cual?., lo justo?… “Antes y ahora“, parece ser el lema de una lógica evolución en cualquier desarrollo social, una supuesta superación a algo mejor o superior?, … no siempre?, claro depende del curso que tomó la solución de ese mal pensará alguno… o depende desde el ángulo o de la cúspide desde donde se contemple. Siempre habrá una visión microscópica y otra macroscópica, depende desde donde veamos el problema o las paradojas.
Considerando que el tiempo es una ilusión… tan real que en mis más de medio siglo de vivir girando junto con el planeta y al ritmo de sus caóticos acontecimientos, concluiríamos que me han hecho ser una persona más optimista de lo que fuí antes, en mi aventurera y romántica juventud?, ilusorio verdad?… quizás acertado sería decir: ni optimista ni pesimista, entonces què?… y que opinaría mi supuesto hermano gemelo (el cual parecería fisicamente quizás 20 años más joven que yo), al regresar ahora al planeta, quizás unos treinta o más años despuès de gravitar en algún lugar del infinito espacio, y desde su punto ahistórico flotando en alguna nave haber contemplado sin inmutarse, los acontecimientos que yo su hermano gemelo viví en mi convulsionado país, y en nuestro peripatètico planeta?… en su mente cabría la idea de optimismo o pesimismo en cuanto a un futuro?, o simplemente en cuanto a la historia apreciada desde lejos, como tal?… claro para ello, asumir el ser optimista o pesimista tendria que ser el resultado de haberse involucrado ( o quizás sólo pasivamente) en un proceso, en algún acontecimiento de los que han convulsionado nuestro planeta?. Quizás èl sería como el extranjero que llega por primera vez a una ciudad cuyo promisorio pasado comunista ya muerto, parecía imperecedero, inmutable. El como turista comodamente contemplaria tanto la estatua de Lenin, eregida inmediatamente despuès del fallecimiento del “indiscutible” lider, que desde su pedestal señala a la ciudad un futuro esplendoroso, (depositado en las manos del fèrreo estalinismo ), y caminando unas cuantos metros en el otro extremo en los alrededores de dicho monumento leninista, este mismo turista, se topará con otro monumento, el de la zarina Ekaterina II, amante de la artes y tambièn de los mozos sexualmente bien “dotados“. Quizás nuestro turista haya leido un poco de la historia del pueblo ruso y su lucha contra el zarismo, quizás sepa de algunas interpretaciones tanto anticomunistas como procomunistas de la historia soviètica y apartir de allí haya sacado la suya. Pero en ese mismo espacio que el recorre, “ahora” sus pasos de turista pisarán las huellas de “antes”, tanto de los soldados bolcheviques en la lucha contra el zarismo, así como las huellas de desterrados excomunistas o de algún disidente ruso perseguido por el estalinismo.
"Ahora" un joven en Nicaragua, como el que yo fui hace más de 25 años, concluiría que en la lucha política que los jóvenes actualmente llevan contra lo que consideran injusto en el gobierno que les desgobierna, hay que protestar luchando a pesar de las represiones… y claro no cabe al respecto la menor duda!, no cabe más que luchar para buscar la solución de esta injusticia, y esta paradoja trae consigo su solución, quizás… quizás como yo creí en mi romántica juventud. Pero esa injusticia social no es ni la primera ni será la última en la triste historia de la política criolla nicaraguense, la cual claro, para alguien que la haya vivido y la haya recorrido sin ojos de turista, no tendrá del todo una visión optimista de la lucha en la solución de la crisis, lo que no significa no estar de acuerdo en lo justo y necesario de tal lucha.
A sabiendas que el “ahora” que creemos, comienza plagado de promesas, lleva en su vientre el “antes” contra el cual luchamos, el “Antes y el ahora” siempre será nuestra referencia, nuestra tabla de valores entre los cuales fluctuaremos, a la hora de las soluciones de tantas paradojas!, de tantas contradicciones en nuestro caótico e irreconciliable mundo!… sabiendo que siempre seremos inevitablemente el polvo del polvo en el reloj de arena de Nietzsche dando vueltas eternamente.
Otto Aguilar- 1/sept/-2011
martes 24 de enero de 2012
jueves 19 de enero de 2012

La Revista del Diario Publicado el 01-19-2012 Linden Lane Magazine Por Luis de la Paz DeLaPazL@aol.com Belkis Cuza Malé señala que “a pesar de que éste debería ser un número de celebración por las Navidades, nuestras páginas recogen tres dramáticas noticias: la desaparición física de los poetas cubanos Elena Tamargo, David Lago-González y del narrador José Miguel González-Llorente”. Y eso es muy cierto y muy triste; el exilio cubano y la literatura cubana perdieron en los últimos meses del año 2011 a tres de sus más importantes escritores. Linden Lane Magazine, en su número 4 del volumen 30, correspondiente al invierno del 2011, se hace eco de tales infortunios como corresponde entre artistas, con poemas de Tamargo y Lago, faltando para completar el merecido reconocimiento, algún texto de González-Llorente, al que destaca como “escritor y publicista cubano, colaborador de LLM”. La propia Cuza Malé entrega el primer texto del número: Tania Díaz Castro: “seguiré escribiendo hasta que la muerte me lo prohíba”, donde se ofrece una semblanza biográfica de la escritora y disidente, que formó parte del Comité Pro Derechos Humanos de Cuba, fundado y presidido por Ricardo Bofill en el difícil año 1987. “Aunque ha sido muy dura la vida de esta mujer poeta, en una isla gobernada por el horror, Tania Díaz Castro es una de esas estrellas que brillan en lo alto, sin que hayan podido apagarla a escopetazos, odios, cárceles y penurias”, señala la articulista. La narración de Antonio Álvarez Gil, Variaciones sobre un tema de Bulgakov, ambientada en el Moscú del autor de El maestro y Margarita es una de las buenas lecturas en esta entrega de LLM. Interesante es la entrevista que le hace Ihosvany Hernández a la escritora Ana Cabrera Vivanco, en torno a su obra y en particular sobre su novela Las horas del alma, pieza que “abarca el último siglo de vida en Cuba: arranca con un general que luchó en la manigua insurrecta y acaba en el año 2000”. Dos cuentos de Emilio Mozo, Sueño y Timón, enriquecen la narrativa en este número, que la completa el relato testimonio de Alejandro F. Pascual 28 y Playa, un texto escrito con soltura y minuciosidad narrativa. Aunque no es un relato propiamente dicho, el trabajo de Isis Wirth, Napoléon y Chateaubriand, denota el dominio que posee la autora sobre estas dos figuras históricas. Para el cierre, las ya tradicionales notas de libros. Entre ellas se leen unas palabras (quizás las finales) de Elena Tamargo sobre el libro Yo, el arquero aquel de su amigo Manuel A López, del que considera: “El anhelo de armonía es el primer axioma de la estética de Manny López, y así lo expresa en Yo, el arquero aquel, donde prima el deseo de abrazar el mundo, pues para él la realidad no es el conjunto de cosas que hay sino el fruto de un encuentro con ellas”. Por su parte Manuel C. Díaz reseña la novela El instante de José Abreu Felippe, última entrega de su pentalogía El olvido y la calma, donde Díaz afirma: “El instante es un cierre justo a uno de los proyectos literarios más abarcadores emprendidos por un escritor cubano exiliado. [...] Escrita con increíble franqueza es también, en cierta medida, la historia de una generación. Una generación cuya asfixiante existencia sirvió de telón de fondo para que Abreu pudiera deshacerse de algunas de sus más antiguas obsesiones”. Para suscripciones, escribir a lindenlanemag@aol.com por correo electrónico. |
miércoles 18 de enero de 2012
Cartas a Toutouche, de Alejo Carpentier: un comentario Por Roberto González Echevarría TOMADO DE: http://www.letraslibres.com/revista/libros/cartas-toutouche-de-alejo-carpentier-un-comentario?page=full
Cartas a Toutouche, de Alejo Carpentier: un comentario
“Hay golpes tan duros en la vida”, dijo César Vallejo. El suceso que traumatizó a Alejo Carpentier hasta su muerte fue la desaparición inopinada del padre cuando el futuro novelista contaba con diecisiete años. Georges Carpentier le dejó a Alejo tres dilatadas tribulaciones: la penuria, el acento francés y la madre. La súbita pobreza, luego de una niñez acomodada, hizo de Carpentier un hombre obsesionado por la estabilidad económica por el resto de sus días, algo que ya se transparenta en estas cartas. La porfiada “r” gutural lo torturó sin cesar, especialmente si pensamos que Carpentier hizo radio en Caracas, y luego pronunció muchísimas conferencias públicas cuando alcanzó la fama. En una de las Cartas a Toutouche dice sentirse cómodo hablando francés en París porque “no tengo la obsesión de mi acento” (p. 46). La madre fue una carga para Alejo a partir del abandono del padre: tuvo que dejar sus estudios para mantenerse y mantenerla, se desvela por ella desde París y le envía dinero, y la apoya hasta su muerte, aparentemente ocurrida en 1964.
Todo esto se hace patente en esta colección de cartas que Carpentier le escribió a su madre luego de su partida a París en 1928, motivada en parte por la agitación política de Cuba, debida a la dictadura de Gerardo Machado. Carpentier se vio envuelto en algunas de las protestas y escapó a París como resultado, pero también por su ambición de abrirse paso en la capital francesa como escritor. Aunque aburrido y carente de grandes revelaciones, Cartas a Toutouche es un libro que aclara dos áreas oscuras de la vida de Carpentier: su actividad política temprana y la relación con el padre. Hay, además, atisbos dispersos de interés sobre su personalidad y aspiraciones artísticas y económicas.
La introducción y el aparato editorial del libro son deficientes, sobre todo la primera; no respetan ni las prácticas establecidas en la crítica e investigación, ni la verdad. El texto de Pogolotti está plagado de omisiones, reticencias, vaguedades y evasivas. Por ejemplo, se dice muy poco sobre el origen y conservación de las cartas, que estuvieron en manos de Lilia Esteban Hierro, viuda de Carpentier, lo cual nos hace sospechar sobre la integridad de la colección, si no sufrió censura por parte de quien fue cómplice de Carpentier en todos sus tapujos y mentiras acerca de su familia y actividad política. No se explica nunca a cabalidad quién fue Toutouche.
Sabemos que Lina era de origen ruso, pero dio a luz a Alejo en Suiza, y Carpentier, hasta en el cariñoso mote, con frecuencia se dirige a ella en francés, como si fuera su idioma o el que compartieron a causa de Georges. Tiene que haber en Cuba documentación sobre los orígenes de la madre de Carpentier y los sesenta años que vivió en la isla. Hay otras omisiones. Se habla en la introducción del manuscrito de una novela inédita intitulada El clan disperso, pero se dice muy poco sobre este, como por qué nunca fue publicado y cómo ha llegado a manos de Pogolotti y la Fundación Alejo Carpentier, que ella dirige. También se hace referencia a una autobiografía inconclusa, pero sin dar detalles sobre su conservación, o la posibilidad de que vea la luz algún día. El origen y la procedencia de los documentos comentados es una cortesía fundamental en este tipo de libro.
Se soslaya además la desaparición del padre, a quien se alude como “intelectual librepensador” (p. 12) sin explicaciones o pormenores. Pogolotti también pasa como gato sobre ascuas en lo referente a la militancia de Carpentier en el grupo, luego partido político antimachadista conocido por el ABC, de centro-derecha y rival de los comunistas, que es el descubrimiento más sorpresivo y revelador en este volumen. En suma, Pogolotti se pliega a las directrices del régimen cubano sobre lo que se puede o no decir sobre Carpentier, y se hace eco de clichés de su manida retórica, como “frustración republicana” y “dependencia del imperio” (p. 10), al referirse a la época de las vanguardias en Cuba cuando, a pesar de todo, surgieron entonces, en medio de una vigorosa actividad intelectual, editorial y política, figuras como el propio Carpentier, Nicolás Guillén, Fernando Ortiz, Juan Marinello, Wifredo Lam, Jorge Mañach y otros, pléyade que no ha tenido igual durante los más de cincuenta años de dictadura fidelista. Pogolotti derrocha espacio, que podía haber dedicado a temas de mayor relevancia, en anécdotas sobre su propia familia.
Las notas de Rafael Rodríguez Beltrán, que identifican a los artistas, políticos, periodistas e intelectuales que Carpentier menciona, son competentes; no se podía esperar menos en época de la red y de Google. Pero se permite una apostilla gratuita y fuera de tono sobre Herminio Portell Vilá, a quien acusa, sin mayores justificaciones, de haber “abandonado” el país “luego del triunfo de la Revolución”, y de haberse convertido “en una de las voces más reaccionarias de la emigración cubana en Estados Unidos” (p. 189). Y en la nota en que identifica a Jorge Mañach (p. 139), Rodríguez Beltrán no dice nada sobre su liderazgo en el ABC, a tono con las evasivas al respecto de Pogolotti en su introducción.
En un breve texto introductorio, “El recurso al bilingüismo”, Rodríguez Beltrán le consagra una nota a identificar a Lina Valmont en la que acota lo siguiente (p. 21):
Nombre con el que se conoce de Ekaterina Vladímirovna Blagoobrázova (1884-1964), madre de Alejo Carpentier. Este se dirige siempre a ella con ese cariñoso apodo, cuyo posible significado a partir de la lengua francesa o acaso (menos probable) del ruso sería pura especulación.Pero esto es lo que todos sabemos sobre Lina. Interesante sería averiguar por qué se le conocía por Lina Valmont. ¿Cambió de nombre en Suiza o en Cuba? Toutouche, “toca todo”, pudiera ser derivación femenina de “toutou”, apodo afectuoso que se les da a los perritos en francés, por cierto, pero quién sabe si es algo ruso. En esta introducción, Rodríguez Beltrán, presa de un delirio de adulación, se refiere a Carpentier como “perfecto bilingüe” (p. 22) cuando, aparte de que no hay perfectos bilingües, el escritor habla en varias cartas de tener que rogarles a allegados de lengua francesa que le corrijan sus escritos en esa lengua porque comete, entre otros, errores de ortografía. Habría que añadir que a Carpentier se le deslizan en las cartas algunos galicismos. Por ejemplo, se refiere a “piezas para piano y canto de [Alejandro García] Caturla con palabras [es decir, “letras”] mías” (p. 167); y “no tuve literalmente el tiempo de hacer nada otro [rien d’autre]” (p. 324). No hay perfectos bilingües porque en los que manejamos varias lenguas se nos contaminan unas con otras y hay áreas de conocimiento que se dominan en una, pero no en otra. No estaría de más, por cierto, rastrear los galicismos en las obras mayores de Carpentier, que los hay.
Cartas a Toutouche es un libro repetitivo, tedioso, en que hay muy poco, casi nada, sobre la creación de las obras importantes de Carpentier. Esto se debe a dos razones. La primera es que el libro abarca de 1928 a 1937, y Carpentier se convirtió en el gran escritor que llegó a ser a partir de su regreso a Cuba en 1939. Su primer libro importante, La música en Cuba, es de 1946, y su primera gran novela, El reino de este mundo, de 1949. En Cartas nos enteramos de los esfuerzos de Carpentier por dar forma a lo que llegó a ser ¡Écue-Yamba-Ó!, que él veía entonces como la respuesta cubana a Don Segundo Sombra, y de obras de teatro musical, no carentes de interés, pero que forman parte todas, con la novela, de la iuvenilia carpenteriana. La segunda razón de la monotonía del libro es que son cartas a la madre, que no era una intelectual o escritora, aunque se ve una mujer instruida y políglota, a la que no le iba a hacer confesiones muy profundas sobre sus inquietudes artísticas. Lo que sí tenemos son detalles profusos sobre las crónicas que Carpentier enviaba a Cuba, especialmente a la revista Carteles, en gran medida para mantener a Toutouche en La Habana. También tenemos las insistentes garantías de Carpentier a su madre acerca de su solvencia en París, tratando de convencerla (y convencerse) de que se impone en la capital francesa tanto en términos monetarios como artísticos. Sabemos así que el propósito de su “exilio” a Francia fue sobre todo ese, y resulta enternecedor percibir cómo Alejo se esfuerza por justificarle a Lina su ausencia, el haberla dejado sola y desamparada en Cuba, un país extranjero para ella.
La relación de Carpentier con Lina debe ser interesante para los que quieran dibujar el perfil psicológico del escritor, así como el sufrimiento de asma en su niñez, que lo hizo retraído y tímido con el sexo opuesto en su primera juventud, según le dice a la madre. Todo lo que le cuenta sobre sus mujeres es también significativo, pero también lo que le oculta. Carpentier me dijo a mí que estuvo casado a fines de los veinte con una suiza, que se le murió de tuberculosis en un sanatorio de los Pirineos, lo cual explica los episodios en esa región de El siglo de las luces porque hacía largas caminatas cuando no podía estar junto a su esposa. Pero este matrimonio no se menciona en Cartas. Tampoco se alude a Eva Fréjaville, con quien Carpentier tuvo una larga relación, con la que regresó a Cuba y con quien, en efecto, se casó en La Habana en 1939. Fréjaville, se dice, era hija natural del pintor mexicano Diego Rivera y una francesa casada. Fue, según la chismografía, una mujer de insaciable sexualidad, que dejó a Carpentier a poco de casarse con él y luego sostuvo relaciones con buena parte del mundo artístico e intelectual cubano, hombres y mujeres. Ahora me entero por medio del especialista en Neruda, Hernán Loyola, que Eva además le fue infiel a Carpentier con el poeta chileno durante un viaje que la pareja hizo a España durante la Guerra Civil.
Es extraño que Alejo no se la mencionara a Toutouche, aunque ella, se ve en las cartas, fiscalizaba la vida amorosa de Carpentier, lo cual es en sí significativo, y probablemente habría desaprobado a Eva. Lina fue la pareja que el padre tránsfuga le pasó a Alejo. Pero lo más asombroso del vínculo entre madre e hijo que se desprende de Cartas, visible en las fotos de la portada (Lina) y contraportada (Alejo), es el extraordinario parecido entre ambos, como si la cara de Carpentier negara la intervención del padre perdido en su origen.
En cuanto a él, las Cartas descubren que Lina y Alejo lo encontraron en Colombia, que Carpentier intentó infructuosamente establecer relaciones epistolares con él, que la familia, acomodada, era de Burdeos, donde Alejo la había visitado a los doce años (p. 104), que tuvo contactos tenues con ella más tarde durante sus años en París, y que sentía gran resentimiento contra Georges por el abandono. Siempre se refiere a él como “el otro”, recuerda que lo dejó “a los diecisiete años, débil, sin oficio, sin dinero, sin recursos ante la vida” (p. 65). No ha olvidado tampoco los malos tratos a los que el padre lo sometió de niño (p. 285). Todo esto contrasta con las declaraciones de Carpentier que pintaban al padre como un europeo harto de Europa, adepto a Dreyfus y por lo tanto asqueado de Francia, que emigró a Cuba en 1902 y consiguió brillantes empleos como ingeniero-arquitecto, a quien se deben algunos edificios importantes de La Habana de principios de siglo. Pero la capacidad de fabulación de Carpentier en lo que respecta a su vida, que he documentado en mi libro Cartas de Carpentier, es ya conocida, a partir de la mentira que siempre dijo de haber nacido en La Habana (en la calle Maloja, para más detalles), cuando ahora sabemos que había nacido en Lausana, Suiza.
Cartas a Toutouche no resuelve las contradicciones que ahora surgen, y las incógnitas que estas versiones cruzadas crean. ¿Cómo fue que Georges llegó a conseguir tan jugosos contratos? ¿Qué fue de las propiedades que tuvo en Cuba, como la finca cerca de El Cotorro, donde Carpentier dice haberse criado? ¿Cómo fue que los poderosos socios de Georges no ayudaron al joven Alejo al verlo desamparado? Una biografía cabal, documentada, sin genuflexiones al aparato represivo cubano debía aclarar todo esto. Lo que sí queda claro leyendo las cartas a Lina es el rencor de Alejo contra Georges, lo cual tal vez ilumine la fisonomía de las (pocas) figuras paternas en su ficción, como las de Los pasos perdidos y El siglo de las luces. También debe quedarnos de su lectura esa admiración por lo mucho que Alejo Carpentier logró, a pesar del traumático percance de la desaparición de su padre: el tesón y la disciplina que revela. Él mismo especula, en carta de 1931 (p. 262), si la desgracia no fue un acicate para sus éxitos, que entonces eran mínimos comparados con los que vendrían.
Descubrir ahora que Carpentier fue militante del ABC, desde París dicho sea de paso, es de sumo interés y permite aclarar no pocas incógnitas, no tanto sobre su conducta política temprana, como de su actuación en la Cuba de Fidel Castro. El ABC fue un grupo político de clase media, que contó con intelectuales probos y prestigiosos como Jorge Mañach y Francisco Ichaso, entre otros, que alcanzaron posiciones políticas relevantes durante la República, pero que se conoció también por sus actividades terroristas. En 1933, el ABC estuvo a favor de pactar con Sumner Welles, el procónsul enviado por los Estados Unidos a Cuba para intervenir en la caída del dictador Gerardo Machado y su secuela. Esto, y algunos roces con los comunistas, le crearon al ABC la reputación de ser una organización de derechas, lo cual es solo parcialmente cierto. En todo caso, Carpentier, que yo sepa, nunca manifestó pública ni privadamente su militancia en el ABC, lo cual hace con vehemencia en estas cartas a su madre, donde alardea de haber estado a cargo de propaganda en París. Hay que partir de que Carpentier fue en extremo precavido en cuestiones políticas, pero por encima de todo hay que tener en cuenta que el ABC fue estigmatizado por el régimen de Fidel Castro. Saber hoy que Carpentier fue miembro de este grupo explica varias cosas, entre otras los equívocos de Carpentier sobre su participación en la lucha contra Machado, pero especialmente la hostilidad contra él que siempre manifestó Juan Marinello, viejo comunista, que escribió reseñas negativas de ¡Écue! y de El acoso, y que en 1974, durante los festejos para celebrar los setenta de Carpentier y su incorporación al Partido Comunista, dijo que de entonces en adelante iba el novelista a hacer su mejor obra... ¡a partir de los setenta! Revela además este descubrimiento la conspiración de silencio que ha habido en la Cuba de Castro sobre el pasado político de Carpentier; muchos tienen que haber conocido la participación de Carpentier en el ABC, pero nunca se mencionó, ni apareció en las múltiples notas biográficas, cronologías, historias de la literatura, antologías, recopilaciones de artículos, ni ninguna de las tantas publicaciones de divulgación a todos niveles que han salido desde 1959. Fue un secreto colectivo impuesto por motivos partidistas, como el del lugar de nacimiento de Carpentier que, según me dicen, algunos siempre supieron en Cuba. La introducción y notas del presente libro perpetúan estas prácticas.
Lo que nunca llegamos a saber leyendo estas cartas es cuándo tuvo Carpentier el tiempo para hacerse de la vasta y profunda cultura que sin duda poseyó, cuándo leyó tanta literatura e historia, dónde aprendió tanto de historia del arte y de la música. Sus actividades con músicos contemporáneos, sobre las que sí nos enteramos en Cartas, nos permiten ver cómo Carpentier pudo estar tan al día en cuestiones de música clásica y popular de su momento. Pero la sólida preparación que llegó a tener, por ejemplo, en historia de América tuvo que exigirle horas de lectura de largos, complicados textos coloniales, algunos de difícil acceso en su época. En cuanto a su capacidad como investigador, que se manifiesta en todas sus grandes novelas, debe haberla adquirido solo, porque Carpentier, aparte del bachillerato cubano, y los inicios de una carrera de arquitectura en la Universidad de La Habana, fue un autodidacta. De la síntesis de todos esos conocimientos surgió su obra grande, cuando aprendió, probablemente del Dante, a conciliar la experiencia personal y la historia, en relatos en que los orígenes del Nuevo Mundo son el tema principal; por ejemplo en esa joya tardía suya que fue El arpa y la sombra. El cómo y el porqué del secreto de esa síntesis no lo íbamos a descubrir en Cartas, ni en ninguna otra parte. ~
martes 10 de enero de 2012

Falleció el poeta luso venezolano Jorge Nunes, en Caracas
El escritor luchaba desde hace más de treinta años con la esclerosis
Nació en Lisboa en 1942, y se graduó de psicólogo en la Universidad Central de Venezuela. Cursó estudios de posgrado en Inglaterra, y fue docente en la Universidad Nacional Experimental Simón Bolívar.
La información la suministró la narradora Silda Cordoliani, a través de la red social Facebook, y resaltó que Nunes "tuvo como condiscípulos a José Balza y a Carlos Noguera, y juntos formaron parte de varios grupos literarios", y añadió que "durante más de treinta años estuvo luchando contra la esclerosis".
En el portal www.artepoetica.net/jorge_
Nunes fue ganador del XXVII Concurso de Cuentos de El Nacional, en 1972, así como del Concurso de Cuentos del Festival de la Juventud y los Estudiantes en 1985. Su novela Ninfas, fábulas y manzanas obtuvo mención en el Concurso Guillermo Meneses de la UCV, en 1975.
Entre la obra poética publicada está Oscilaciones (1966), Imágenes y reflejos (1967), Fuego sucesivo (1972), Oculto en su memoria (1978), Aproximaciones al roce (1980) y Antología Poética (1997).
Duendes










