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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


viernes, 30 de octubre de 2009

LOS AMOROSOS Poema de Jaime Sabines.

LOS AMOROSOS - Autor: JAIME SABINES (México) (1926 – 1999)


Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.


JAIME SABINES
Reseña biográfica
Poeta y ensayista mexicano nacido en Tuxtla Gutiérrez en 1926.
Se radicó en Ciudad de México desde 1949 cuando inició sus estudios de Filosofía y Letras. Aunque escribió sus primeros poemas antes de los dieciocho años, fue allí en la universidad donde publicó «Horal» a la edad de veintitrés años.
Un recuento de sus poemas fue publicado por la UNAM en 1962.
En 1965 tras su visita a Cuba para servir como jurado del Premio Casa de las Américas, sufrió un gran desencanto con las tendencias izquierdistas, sentimiento que dejó plasmado en su libro «Yuria» publicado en 1967.
Su obra tiene un marcado acento informal que lo convierte en un poeta de todos los tiempos. Su prosa vehemente y su verso sentido y sensual, nos hacen viajar por un mundo de realidades vividas.

En 1985 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1986, con motivo de sus sesenta años, fue homenajeado por la UNAM y el INBA. Ese mismo año el Gobierno del Estado de Tabasco le entregó el Premio Juchimán de Plata. En 1991, el Consejo Consultivo le otorgó la Presea Ciudad de México y en 1994 el Senado de la República lo condecoró con la medalla Belisario Domínguez.
Por su libro «Pieces of Shadow» («Fragmentos de sombra»), antología de su poesía traducida al inglés y editada en edición bilingüe, obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura 1996.

Tras una larga enfermedad falleció en Ciudad de México en 1999. ©

Gracias a la amabilidad y gentileza de nuestra gran amiga y colaboradora Pilar Lucero, de Argentina, podemos ofrecer este poema de Jaime Sabines, así como su breve ficha biográfica.

miércoles, 28 de octubre de 2009

ODA A WALT WHITMAN Del poemario Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca.

Federico García Lorca (1898 - 1936)


ODA A WALT WHITMAN

Por el East River y el Bronx
los muchachos cantaban enseñando sus cinturas,
con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo.
Noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas
y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.
Pero ninguno se dormía,
ninguno quería ser el río,
ninguno amaba las hojas grandes,
ninguno la lengua azul de la playa.
Por el East River y el Queensborough
los muchachos luchaban con la industria,
y los judíos vendían al fauno del río
la rosa de la circuncisión
y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados
manadas de bisontes empujadas por el viento.
Pero ninguno se detenía,
ninguno quería ser nube,
ninguno buscaba los helechos
ni la rueda amarilla del tamboril.
Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.
Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?
Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.
Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.
Ni un sólo momento, Adán de sangre, macho,
hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,
porque por las azoteas,
agrupados en los bares,
saliendo en racimos de las alcantarillas,
temblando entre las piernas de los chauffeurs
o girando en las plataformas del ajenjo,
los maricas, Walt Whitman, te soñaban.
¡También ese! ¡También! Y se despeñan
sobre tu barba luminosa y casta,
rubios del norte, negros de la arena,
muchedumbres de gritos y ademanes,
como gatos y como las serpientes,
los maricas, Walt Whitman, los maricas
turbios de lágrimas, carne para fusta,
bota o mordisco de los domadores.
¡También ése! ¡También! Dedos teñidos
apuntan a la orilla de tu sueño
cuando el amigo come tu manzana
con un leve sabor de gasolina
y el sol canta por los ombligos
de los muchachos que juegan bajo los puentes.
Pero tú no buscabas los ojos arañados,
ni el pantano oscurísimo donde sumergen a los niños,
ni la saliva helada,
ni las curvas heridas como panza de sapo
que llevan los maricas en coches y terrazas
mientras la luna los azota por las esquinas del terror.
Tú buscabas un desnudo que fuera como un río,
toro y sueño que junte la rueda con el alga,
padre de tu agonía, camelia de tu muerte,
y gimiera en las llamas de tu ecuador oculto.
Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima.
El cielo tiene playas donde evitar la vida
y hay cuerpos que no deben repetirse en la aurora.
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas
pequeños moribundos iluminados,
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo
por vena de coral o celeste desnudo.
Mañana los amores serán rocas y el Tiempo
una brisa que viene dormida por las ramas.
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.
Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.

LLANTO POR IGNACIO MEJÍAS Poema de Fedrico García Lorca


LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS (1935)


La cogida y la muerte


A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.


El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡ Y el toro solo corazón arriba !
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.


Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡ Ay qué terribles cinco de la tarde !
¡ Eran las cinco en todos los relojes !
¡ Eran las cinco en sombra de la tarde !

UN CUENTO DE NAVIDAD De Ivette Marie Serrano Pérez


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Asunto: Un cuento de Navidad :)

¿Se brinca o no se brinca?
Por: Ivette Marie Serrano Pérez

A mami y la memoria de mi abuelo Tony

De inocentes no tienen nada, créanme. Andan con la cara cubierta por una tela metálica. Los ojos humanos se pueden percibir detrás de los pintados. Llevan consigo una lanza de madera pintada de rojo, amarillo y negro. Cuando menos te lo esperas ya los tienes en la puerta de tu casa. Ahí, ya no hay nada que hacer.

Es veintiséis de diciembre y ya van mis dos primos gritando -¿Se brinca o no se brinca? Ellos, que parecen un arcoiris, son los que se comen los dulces del barrio. Van desde muy temprano por todas las casas con una túnica sobre su cuerpo. A veces me preguntó cómo no se mueren del calor con tanto trapo encima, pero eso no importa ahora.
Para arriba y para abajo se pasean con sus palitos pintados y su túnica, que es muy bonita, por cierto. Creo que ni mis Barbie’s edición de lujo tienen tanto brillo en sus vestidos. Su túnica es muy grandota y multicolor, sobresalen en ella los rojos y verdes navideños, pero también tiene lila y amarillo.

Tienen más rizos en la ropa que las rumberas de las botellas de Bacardí con las que Mami prepara el coquito. A mi no me dejan tomar coquito, pero he visto cómo se prepara. Siempre me quedó en la cocina con la excusa de ver para aprender. En realidad lo que quiero es saborearme lo que quede en la lata de leche condensada. Mis primos en vez de piñas y todo el cóctel de frutas que llevan las rumberas en la cabeza, tienen un sobrerito adornado con todo lo que sobró del árbol de Navidad del año pasado: borlas, rizos, lentejuelas, cascabeles. Yo he visto que hasta flores le ponen.

Mami dice que ellos son soldados con un rol subvertido. Yo la miro sin entender mucho de lo que me explica porque es que a mi no me cuaja que mis primos se dediquen a gastar bromas y supuestamente llevar alegría y que yo no pueda ir con ellos. -¿Qué crueldad es esa?- Le replico a mi madre. -¿Quién fue el que dijo que solamente los nenes pueden recibir dulces y chavitos? ¡Y qué rol divertido y divertido! ¡De divertido no tienen nada! Totalmente cruel. Me parece una mala broma, de quien sea, que haya dispuesto que las nenas no podemos disfrutar de los privilegios que trae vestirse de Máscara de los Inocentes en Navidad. Nenes y nenas nos veríamos todos iguales. Además, si yo voy encapuchada y con máscara, nadie se dará cuenta.

Así fue como me iluminé. Se me ocurrió que hace un tiempo, para una fiesta de despedida de año, Mami se había puesto un traje de lentejuelas. Con eso yo podía adornar mi ropa como lo hacen las Máscaras. Recogí cuanto trapo brilloso había en la casa. En realidad no parecía una Máscara en sí, creo que parecía más un espantapájaros, o algo así. Me entallé el vestido con grapas; ¿Pero qué iba a hacer? Yo no sé coser…

Trasteando en el armario de Mami encontré una cartera de lentejuelas; también me la llevé para echar ahí los dulces que me dieran los vecinos. Espero que me den muchos dulces y dinero para el año que viene poder mandar a coser un traje más bonito que este, uno parecido al que usan mis primos. Quizás recoja tanto dinero que pueda comprarme dulces todo el semestre y no tenga que estarle pidiendo a Mami o trasteando en el sofá, a ver si a papi, se le ha caído algún centavo.

Al fin, me fui a alcanzar a mis primos parranderos. Mientras los buscaba, escuchaba la música y las risas que salían de las casas. Disfrutaba de ese olor inolvidable a pasteles y lechón asado, que se mezcla con la fresca brisa de San Sebastián. Todos tendrían que ver el barrio, estaba muy bonito. Estaba adornado con pascuas rojas y guirnaldas de colores. En algunas casas colocaban en el patio un pesebre. Antes Mami y yo lo poníamos, pero ahora Mami prefiere ponerlo debajo del árbol, porque una vez, cuando lo puso en balcón, unos vecinos le robaron unas ovejas. Entonces, este año hizo igual que abuela, solamente puso un lazo rojo y un letrero bien grande que decía “Feliz Navidad”. A mi me gusta más el que está en casa de abuela porque tiene bombillas coloras’ y de noche se ve muy hermoso. A lo lejos, logró ver ese letrero alegre de casa de abuela. Corro hacia allá para alcanzar a mis primos que ya están su puerta. Y justo en el momento en que están preguntando- ¿Se brinca o no se brinca?- , oigo la voz de mi abuela que dice -¡Wepa!- con mucha energía, pero a coro, también escucho a Mami que grita -¡Se brinca!- Ahí mis primos comienzan a brincar, pero sin dejar de mirarme mal y sacarme la lengua. Estaban tan afixiao’s por ganarse los dulces que no les dio tiempo de acusarme.

A todo esto, yo me había quedado tiesa pensando en que si Mami se daba cuenta que yo me había ido a brincotear con mis primos, ya no se iba alegrar tanto, ni mucho menos, iba a gritar con tanta ilusión -¡Se brinca! Ni había terminado de acabar lo que pensaba, cuando sale por la puerta Mami. Ella miró al espantapájaros chiquitito, o sea, me miró a mí y estiró su mano…Me sentí más enana que nunca -¡Ay, madre santísima! ¡Hasta aquí llegué! ¡Me van a dar una pela!- Pensé preocupada-. -Mis primos se burlarán de mí, y peor aún: ¡me quedaré sin dulces!

Ante todo pronóstico, Mami al extender su mano, me da unos caramelos y comienza a reírse a carcajadas. Todos brincamos y cantamos celebrando que el Niño Jesús estaba a salvo. Mis primos chocaban contra las tablas del balcón sus palitos pintados de amarillo, rojo y negro, y yo un gancho de guayaba pintado con lipstick rojo de Mami.

Yo creo que Mami no se dio cuenta de que me vestí como las Máscaras, quizás me salvé porque antes de llegar a casa de abuela le cambié la cartera de lentejuelas a mi primo por dos dulces.

-¡Brincamos! ¡Brincamos! –se escuchaba por todo el campo de Borinquen…
 Ivette Marie Serrano Pérez
Nació en Mayagüez, Puerto Rico en enero del ochenta y cuatro, pero se considera pepiniana, ya que toda su infancia y adolescencia vivió en el hermoso campo de San Sebastián de las Vegas del Pepino. Posee un Bachillerato, Magna Cum Laude, en Artes en Educación Secundaria, Español, de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla. En dicha Universidad, fundó de la Asociación de Escritores, Frecuencia Literaria, que a su vez obtuvo la Copa Tigre 2006, máximo galardón otorgado a las asociaciones estudiantiles. Además es directora y fundadora de la revista artístico-literaria, Púrpura. También fundó junto a la Profa. Ana Carmen Melón de Lausell, las memorias estudiantiles, conocidas como Trayectoria. Por su destacada labor en el campo de las humanidades fue reconocida por la Interamericana con la medalla Dr. Manuel Méndez Ballester. Actualmente está finalizando sus estudios de postgrado en literatura, especializándose en Literatura Puertorriqueña y del Caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan.

martes, 27 de octubre de 2009




"SONETO MAÑANA" I - CIEN SONETOS DE AMOR - Pablo Neruda (Chile) (1904–1973)
CIEN SONETOS DE AMOR - Pablo Neruda (1904–1973)
(Octubre 1959) - En este Octubre de 2009 se cumplen 50 años de la primera edición de este bello libro que es un canto al AMOR

A MATILDE URRUTIA de su gran Amor: PABLO NERUDA

SEÑORA MÍA MUY amada, gran padecimiento
tuve al escribirte estos mal llamados sonetos
y harto me dolieron y costaron, pero la
alegría de ofrecértelos es mayor que una
pradera. Al proponérmelo bien sabía que
al costado de cada uno, por afición electiva
y elegancia, los poetas de todo tiempo
dispusieron rimas que sonaron como platería,
cristal o cañonazo. Yo, con mucha humildad
hice estos sonetos de madera, les di el sonido
de esta opaca y pura substancia y así deben
llegar a tus oídos. Tú y yo caminando por
bosques y arenales, por lagos perdidos, por
cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de
palo puro, de maderos sometidos al vaivén del
agua y la intemperie. De tales suavizadísimos
vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas,
estas madererías de amor y edifiqué pequeñas
casas de catorce tablas para que en ellas vivan
tus ojos que adoro y canto. Así establecidas
mis razones de amor te entrego esta centuria:
sonetos de madera que sólo se levantaron
porque tú les diste la vida.
Octubre de 1959.

SONETO Nº I

MAÑANA
I
MATILDE, NOMBRE DE planta o piedra o vino,
de lo que nace de la tierra y dura,
palabra en cuyo crecimiento amanece,
en cuyo estío estalla la luz de los limones.

En ese nombre corren navíos de madera
rodeados por enjambres de fuego azul marino,
y esas letras son el agua de un río
que desemboca en mi corazón calcinado.

Oh nombre descubierto bajo una enredadera
como la puerta de un túnel desconocido
que comunica con la fragancia del mundo!

Oh invádeme con tu boca abrasadora,
indágame, si quieres, con tus ojos nocturnos,
pero en tu nombre déjame navegar y dormir.

PABLO NERUDA – BIOGRAFÍA

Diseminada en miles de versos ha quedado para la posteridad la biografía, íntima y pública, secreta y militante, del gran poeta chileno Pablo Neruda. Nos legó además la crónica de sus días agitados y viajeros en unas líricas memorias tituladas Confieso que he vivido, y sobre su figura han escrito numerosos amigos del escritor, su apasionada viuda Matilde Urrutia y centenares de críticos e historiadores.
La abrumadora personalidad de este hombre de credo comunista, resuelta y tozuda hasta el sacrificio por todo aquello en lo que creía, estalla en su obra con un aliento vital que apenas deja entrever las muchas tribulaciones y las muchas horas sombrías que hubo de atravesar. Para algunos que lo conocieron, especialmente para aquéllos que compartieron con él la lucha contra la miseria y la opresión de los pueblos, Pablo Neruda gozó del carisma excepcional de aquellos elegidos a quienes encaja como un guante la palabra ejemplaridad; pero para la mayoría de los lectores que no gozaron de la fortuna de su abrazo, el poeta será siempre aquel personaje tímido, invisible y agazapado que se ocultaba tras los barrotes horizontales y tenues de sus lindas canciones de amor.

Pablo Neruda
Nacido en 1904 en Parral con el nombre de Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto, Neruda se sintió durante toda su vida profundamente enraizado en su tierra chilena pese a haber llevado una existencia de viajero incansable. Su madre, Rosa Basoalto, murió de tuberculosis poco después de dar a luz, y su padre, conductor de un tren que cargaba piedra, José del Carmen Reyes Morales, se casó dos años después con Trinidad Cambia Marverde, de quien Neruda escribiría: "Era una mujer dulce y diligente, tenía sentido del humor campesino y una bondad activa e infatigable". Para el pequeño Neftalí fue su nueva madre como el hada buena; tuteló al muchacho con una solicitud incluso mayor que su auténtico padre, con quien, en su adolescencia, no tardaría en mantener graves disputas.
Residiendo en Temuco, ingresó en el Liceo de la ciudad en 1910, y cuando aún no había salido de esta institución, el 18 de julio de 1917, pudo leer emocionadamente en un periódico local, La Mañana, el primero de sus artículos publicados, que tituló "Entusiasmo y perseverancia". Para entonces había tenido la suerte de conocer a una imponente señora, "alta, con vestidos muy largos", que no era otra sino la célebre poetisa Gabriela Mistral, quien le había regalado algunos libros de Tolstoi, Dostoievski y Chéjov, decisivos en su primera formación literaria.
No obstante, su padre se oponía abiertamente a que siguiera esta vocación, de modo que cuando el 28 de noviembre de 1920 obtuvo el premio de la Fiesta de Primavera de Temuco, el joven poeta ya firmaba sus poemas con seudónimo, un ardid para desorientar a su progenitor. El nombre elegido, Neruda, lo había encontrado por azar en una revista y era de origen checo; no sabía que se lo estaba usurpando a un colega, un lejano escritor que compuso hermosas baladas y que posee un monumento erigido en el barrio de Mala Strana de Praga.
Cuando concluye sus estudios en el Liceo pasa a Santiago para seguir la carrera de profesor de francés en el Instituto Pedagógico, pero continúa preparando libros de versos. Al poco tiempo se vincula a la revista Juventud de la Federación de Estudiantes, donde toma contacto con el movimiento anarquista y, en particular, con uno de los líderes del grupo, formidable y valeroso, llamado Juan Gandulfo. En 1922, habiendo trabado una buena amistad, que se revelaría fecunda y duradera, con el director de la revista Claridad, se incorpora a su redacción, y así comienza a escribir como un poseso hasta cinco poemas diarios. Al año siguiente edita a sus expensas su primer libro de poemas, Crepusculario.
Para poder pagarse esta publicación, Pablo Neruda, por entonces un joven ávido de lecturas y de vida, extravagante y delgado, vestido a lo poeta bohemio del siglo XIX con un traje negro, debe vender sus muebles, empeñar el reloj que le ha regalado su padre y recibir la ayuda in extremis de un crítico generoso. Este último, un tal Allone, se prestó a saldar la deuda cuando el editor se negó a entregar un solo ejemplar antes de que estuviera satisfecha completamente la factura.

CUARTETOS DE TRANSEÚNTE Del poeta postmodernista cubano José Ángel Buesa

  CUARTETOS DEL TRANSEÚNTE
Sonríe, jardinera, si en el surco te inclinas
y buscas el secreto profundo de las rosas
no pienses que las rosas se afean con espinas;
sino que las espinas se embellecen con rosas.

Jugué al amor contigo, con vanidad tan vana
que marqué con la uña los naipes que te di.
Y en ese extraño juego, donde pierde el que gana,
gané tan tristemente, que te he perdido a ti.

Al referir mi viaje le fui añadiendo cosas.
Cosas que sueño a veces, pero que nunca digo,
y así, donde vi un yermo, juré haber visto rosas.
No me culpes, muchacha, que igual hice contigo.

Yo sólo pude recordar tu nombre,
tú, en cambio, recordaste cada fecha de ayer.
Y aprendí que las cosas que más olvida un hombre,
son las cosas que siempre recuerda una mujer.

Aquí estaba la hierba, viajero de una hora,
y, cuando te hayas ido, seguirá estando aquí.
Bien poco ha de importarle que la pises ahora
sabiendo que mañana nacerá sobre ti.

José Ángel Buesa

MONÓLOGO DE CASANOVA Del poeta cubano José Ángel Buesa.




MONÓLOGO DE CASANOVA – Poeta Cubano: JOSÉ ÁNGEL BUESA (1910-1982)

Esta noche estoy solo, es primavera, y llueve,
y barajo el recuerdo como un viejo tahúr...
Loco rey de una noche predominante y breve,
sólo he sido la sombra de una nube en la nieve
o el temblor de una espiga bajo el viento del sur.

Amar era mi anhelo, pero amé demasiado,
sin que me engrandeciera jamás un gran amor...
Y ahora están resurgiendo las mujeres que he amado,
melancólicamente, del fondo del pasado,
y yo cierro los ojos, para verlas mejor.

Ellas supieron darme la eternidad de un día,
la gloria de una noche llena de amanecer;
y eran ofrendas vanas que yo no agradecía,
evaporados vinos de una copa vacía
que iba de mano en mano, de mujer en mujer.

Todas fueron princesas en la magia de un cuento;
todas fueron mendigas de un agrio despertar...
Y ahora ya nadie escucha mi acento descontento,
porque soy como un buque batido por el viento,
que se quedó sin velas en la orilla del mar.

Queriendo amar a tantas, quizás no amé a ninguna,
o amaba solamente mi propia juventud;
pues eran, al reclamo de una buena fortuna,
propicio todo instante; toda cita, oportuna;
toda puerta, accesible; frágil toda virtud...

Mi corazón cantaba sobre la primavera,
cuando hasta en las espinas quiere abrirse la flor...
Después se fue apagando mi bujía de cera,
pero tan lentamente como si no supiera
si empezaba una sombra o acababa un fulgor.

Ellas, las que me amaron, supieron de mi olvido;
y ellas, las olvidadas, me olvidaron también.
Y hoy, a veces, me miran como a un desconocido,
como si me miraran buscando un parecido
que les recuerda a alguien, sin recordar a quién.

Usurpador furtivo de caricias ajenas,
ejercité mis besos para la ingratitud.
Y hoy, mercader de espumas, agricultor de arenas,
prófugo delirante que añora sus cadenas,
soy un hombre sin sueños entre la multitud.

Pero sí por las gracias de un Dios caritativo
renaciera de pronto la juventud en mí,
yo, esclavo de mi sombra, libertador cautivo,
olvidaría entonces la vida que ahora vivo,
para vivir de nuevo la vida que viví...

Biografía

José Ángel Buesa (1910-1982)
José Angel Buesa nació el 2 de septiembre de 1910. En Cruces, ciudad de la antigua provincia de Las villas, ahora Cienfuegos, Cuba.
Su precocidad lo lleva a incursionar en la poesía a los 7 años de edad, que es cuando empieza a escribir sus primeros versos. Al llegar a la adolescencia, marcha a Cienfuegos a continuar sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas. La gente, los cañaverales, y todo el medio ambiente de Cienfuegos, ejerce un embrujo en el alma del poeta y este empieza a plasmar en sus versos la magia destelleante del paisaje que lo rodea. Aun joven, deja a Cienfuegos para irse a trabajar a la Habana, donde la rutina de su empleo le da tiempo para tomar parte activa en los grupos literarios existentes en aquel entonces.
Por ese entonces empieza a publicar sus libros, Sus principales obras son: La fuga de las horas (1932), Misas paganas (1933), Babel (1936), Canto final (1936), Oasis, Hyacinthus, Prometeo, La Vejez de Don Juan, Odas por la Victoria y Muerte Diaria (todas de 1943), Cantos de Proteo (1944), Lamentaciones de Proteo, Canciones de Adán (ambas de 1947), Poemas en la Arena, Alegría de Proteo (ambas de 1948), Nuevo Oasis y Poeta Enamorado (1949).

Buesa se ve obligado a abandonar cuba para empezar una peregrinacion por varios paises, España, Islas Canarias El Salvador, y Santo Domingo Republica Dominicana donde muere en 1982.

lunes, 26 de octubre de 2009

JORGE LUIS BORGES A CARA O CRUZ Tomado de ABC Digital.

JORGE LUIS BORGES

Cara y cruz

Si hay un poeta que ha sabido despertar polémicas en su país, y también más allá de la Argentina, ese es Jorge Luis Borges.
Cuando Argentina perdió la guerra contra los ingleses, el autor de El Aleph tuvo las siguientes palabras sobre los soldados argentinos en torno a la derrota: “Fue una valiente retirada”.  

Ha metido, como muchos artistas agnósticos o ateos, su dedo en la fe cristiana, y lo ha hecho con un basamento matemático y religioso al mismo tiempo: “Ese curioso dios que es tres, dos, uno”, escribió en uno de sus versos. Se refería, obviamente, a la sagrada Trinidad.   

En cuántas ocasiones el ser humano se siente acorralado por la existencia, por los pesares de un mundo donde se instala la incapacidad de seguir soportando la sórdida ira de los dioses, o el silencio trágico del Creador.   

Con ironía, el gran poeta que es Borges, escribe estas palabras para el desdichado lector: Del otro lado de la puerta un hombre/ deja caer su corrupción. En vano/ elevará esta noche una plegaria/ a su curioso dios, que es tres, dos, uno, / y se dirá que es inmortal. Ahora/ oye la profecía de su muerte/ y sabe que es un animal sentado/ Eres hermano, ese hombre. Agradezcamos/ los vermes y el olvido.   

Así pues el poeta que amaba Buenos Aires, a la que lo unía no el amor, sino el espanto, nos invita a tener una postura elegante, casi digna; es decir, a agradecer tanto pudrimiento de carne dentro de un ataúd, y el olvido que llegará, de una forma sórdida y segura, pero llegará finalmente.   

Ese es el alivio que nos ofrece el mayor poeta de Buenos Aires.   

Hay lecturas filosóficas en sus líneas, que están regidas mayoritariamente por los endecasílabos o versos cultos.   

Sí, los poetas son filósofos, o profetas, pero Jorge Luis Borges buscó la filosofía para encontrar en ella las más hermosas formas del desencanto, de la tortura del hombre ante el abismo de su nada, de la caída a un cielo incendiado.   

No se concibe un Jorge Luis Borges crédulo, como un San Juan de la Cruz, o una Sor Teresa de Ávila. No. Sus poesías, como mariposas oscuras, aletean en un mundo donde la sangre fluye incesante hacia un mar ciego y furibundo. La violencia de la nada, que tan bien escribió en sus elegantes poemas, nos van deshojando con fiereza.   

A mí, particularmente, los poemas de Jorge Luis Borges me gustan, por la creatividad que ellos despliegan; sin embargo, ese lado oscuro y nihilista de sus versos encienden en mi espíritu la más triste desesperanza.   

La poesía borgiana define al argentino que es carismático, buscador de la palabra y también descontento por naturaleza. Por las palabras de Borges ruge el destino del hombre, a quien los ángeles guardianes han abandonado.   

Una última anotación: La poesía de Pablo Neruda es llevada por la corriente del amor y levanta vientos y tempestades de lucha contra los poderosos que abusan de los débiles. Es la canción de la protesta universal la que brota de los labios del poeta chileno. Cuando me acuerdo de Borges me viene también a la memoria el autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada.   

Ambos, geniales, son tan distintos.   

Pero por su poesía corre todo el oro del verso.

El oro de los tigres

Hasta la hora del ocaso amarillo   
Cuántas veces habré mirado   
Al poderoso tigre de Bengala   
Ir y venir por el predestinado camino   
Detrás de los barrotes de hierro,   
Sin sospechar que eran su cárcel.   
Después vendrían otros tigres,   
El tigre de fuego de Blake;   
Después vendrían otros oros,   
El metal amoroso que era Zeus,   
El anillo que cada nueve noches   
Engendra nueve anillos y éstos, nueve,
Y no hay un fin.   
Con los años fueron dejándome   
Los otros hermosos colores   
Y ahora sólo me quedan   
La vaga luz, la inextricable sombra   
Y el oro del principio.   
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores   
Del mito y de la épica,   
Oh un oro más precioso, tu cabello   
Que ansían estas manos.   

JORGE LUIS BORGES

23 de Octubre de 2009 20:04














A ELENA De mi poemario Golpes en la Pared.


A ELENA
A Malena Burke,hermana.

Tu voz se empapa de salitre
cuando una ola se rompe entre las rocas
y subes desde el Malecón
hasta mi cuarto a solas.

Tu voz ampara mi soledad.
Y cada frase musical tuya se vuelve un gorjeo
que cae detrás de mis espaldas.

“Una melodía nace de lo hondo de mi corazón.
Hecha con las notas de mi música que es un poco triste como yo…”

Lenta, pausadamente,
se van inscribiendo una tras otra las notas
en la piel de mi memoria.

En el espacio sin muebles donde habito
y hasta en las líneas del techo,
como dijera Paul en un poema. *

¡Salud , Elena!
¡Diva¡ ¡Reina definitiva de la noche!

© René Dayre Abella

La Habana Años 60’s
*Paul Eluard

sábado, 24 de octubre de 2009



DE UNA CARTA A ISABEL
         A Isabel Camps, desde lejos.

¿De qué me sirve arañar las paredes del recuerdo?
Estremecer a gritos los cimientos de la memoria.
¿Para qué dejar caer retazos de un viejo sueño roto?
¿Para qué gritarle imprecaciones al olvido?
¿Pedirle al tiempo que vuelva, como en el viejo film?

“La vida es cruel y los años no perdonan”,
escuchamos desde niños.

¿Recuerdas cuando juntos descubrimos a Cortázar?
¿O cuando doblados de la risa vimos a Aroldo improvisar a Gallegini?

El viejo Cronos nos devora, Isabel.
Ahora que la vida amenaza con dejarme
escurriéndose por una de las esquinas de esta carta.

Cuando el tiempo apenas me alcanza
Para forjar un nuevo sueño, yo te pregunto:
¿Estás dispuesta, Isabel, a caminar conmigo?

© René Dayre Abella  

UN POEMA BREVE PARA PACO

A la memoria de Francisco Mir, poeta.

Paco ya tiene su jardín en el país de los nomeolvides.
Su propia fuente.
Un pasto verde
y un campo de girasoles donde se esconde
para escribir poemas.

Paco, al fin, pudo gritarle a la Muerte:
“dime, oh, Muerte, ¿dónde quedó tu victoria?”
Paco, un poeta existencial, alcanzó al cielo
y se puso a jugar con las estrellas.

© René Dayre Abella

MAÑANA SERÉ ÁRBOL Un poema de Francisco Mir Mulet.


MAÑANA SERÉ ÁRBOL

Mañana seré árbol
raíz subiendo desde los cantos de la tierra.

Sentiré la lluvia, sequía, floraciones
y la embestida de los insectos.

Por mi tronco correrán esperanzas y hongos tropicales
mañana seré árbol, lo estoy avisand ...o
los pájaros harán nidos en mis hombros
y el íntimo follaje crecerá desde la conciencia

Mañana seré árbol,
lo estoy avisando.
Árbol, para que el amor escriba sus nombres
para que duerman niños a mi sombra.
© Francisco Mir Mulet


LOS RECUERDOS
A Orlando Ferrand, hermano.

Los recuerdos.
Esos retazos de la memoria hecha añicos,
nos constituyen.

Nos recuerdan
--valga la redundancia--
a ese ser que fuimos,
o que quisimos ser
y no pudimos.

Los recuerdos no sólo se asientan
en un ocuro rincón de la memoria,
sino que se pliegan aveces a las canciones,
a un viejo mueble, o a un juguete olvidado.

Y los más atrevidos,
se esconden en las páginas de un viejo libro
y nos tiran piedras desde el fondo.
© René Dayre Abella

GASTÓN BAQUERO: POEMAS Tomado del Blog Opinión Cubana.


GASTÓN BAQUERO:POEMAS Tomado del Blog Opinión Cubana.

GASTON BAQUERO: POEMAS

Poeta, ensayista y periodista cubano nacido en Banes en 1918.

Abandonó su profesión de Ingeniero Agrónomo y Doctor en Ciencias Naturales para dedicarse por completo a la literatura.

En la década de los años cuarenta trabajó como periodista en algunos diarios de La Habana, incursionó en el campo político, y tradujo algunos textos de poetas europeos y norteamericanos. Tras el triunfo de la Revolución Cubana, se exilió en Madrid hasta su muerte acaecida en 1997.

Su obra poética está contenida en los siguientes títulos: «El álamo rojo en la ventana» 1935-1942, inédito; «Poemas» en 1942, «Saúl sobre la espada» en 1942, «Poemas escritos en España» en 1960, «Memorial de un testigo» en 1966, «Magias e invenciones» en 1984, «Poemas invisibles» en 1992, «Autoantología comentada» en 1992 y «Otros poemas invisibles» 1992-1994.


APROXIMACIÓN A VENUS


Para unas muchachas de Bances Candamo,
al margen de un estudio de Pedro Penzol


Belzeraida, Armelina y Bradamante,
hermosas como el saludo matinal de la oropéndola,
vestidas de nostalgia y de poesía, decidieron
pasar un breve tiempo -el otoño no más, sólo el otoño-
en las praderas reservadas en el planeta Venus
para los viajeros de excepcional belleza.

(Los aztecas rezaban su poesía coral, noche
tras noche en honor del planeta,
predilecto entre todos los del cielo).

Ellas sabían que en Venus es una falta a los dioses
no ser arrebatadoramente hermosos. Allí en Venus
sólo llegan a nacer los niños una vez comprobado,
en el vientre de la madre,
que no perturbarán el equilibrio que sostiene
cristalinamente encendido al astro
en su burbuja de diamante,
que es la Belleza.
En Venus nos permiten asomarse a un balcón
a quien no posea un rostro perfecto, y una piel
tan tersa como el plumaje del colibrí,
o como el canto
mañanero de la oropéndola.

(Los aztecas,
danzaban felices al entregar
sus hijos al fulgor de Venus).

Belzeraida, Armelina y Bradamante,
entrelazadas como los versos de un poema,
fueron llevadas en volandas por el Sol en persona,
que delicadamente las hizo enflorecer
en su jardín de Venus.
Y están allí, en el hogar que les era
debido desde siempre
por su belleza, por su aterciopelada vestimenta
de nostalgia y poesía. El planeta,
festejó cumplidamente la llegada de
hadas tan perfectas.

(Los aztecas tejíanle a Venus,
con la sangre de sus príncipes más bellos,
túnicas de rubíes, diademas de himnos jubilosos).

Ahora, desde la tierra, podemos asomarnos
de tiempo en tiempo
a contemplarle a Venus su recrecido fulgor.
Y sentimos,
con un suave estremecimiento en la piel,
cómo vibra en el astro el alma de la música nacida
de la mirada azul de Belzeraida, de la
sensual sonrisa de Armelina, de
la promesa de amor de Bradamante.

1986


BREVE VIAJE NOCTURNO


Mi madre no sabe que por la noche,
cuando ella mira mi cuerpo dormido
y sonríe feliz sintiéndome a su lado,
mi alma sale de mí, se va de viaje
guiada por elefantes blanquirrojos,
y toda la tierra queda abandonada,
y ya no pertenezco a la prisión del mundo,
pues llego hasta la luna, desciendo
en sus verdes ríos y en sus bosques de oro,
y pastoreo rebaños de tiernos elefantes,
y cabalgo los dóciles leopardos de la luna,
y me divierto en el teatro de los astros
contemplando a Júpiter danzar, reír a Hyleo.

Y mi madre no sabe que al otro día,
cuando toca en mi hombro y dulcemente llama,
yo no vengo del sueño: yo he regresado
pocos instantes antes, después de haber sido
el más feliz de los niños, y el viajero
que despaciosamente entra y sale del cielo,
cuando la madre llama y obedece el alma.

CANCIÓN


¡Toda mi miel
y toda mi delicia!
¡Toda mi infantil
malicia!
¡Toda alegría
y todo desazón!
¡Todo mi pequeño solar
junto al pino!
¡Todo lo que es noble
y todo lo que es fino,
con el alma toda
y todo el corazón!

CANCIÓN SOBRE EL NOMBRE DE IRENE


¡Qué bueno es estar contigo

ante este fuego, Irene,
saber que sigues llamándote así, Irene;
que tu nombre no se te ha evaporado de la piel
como se evapora el rocío de la panza del sapo!

Ah decir Irene, Irene, Irene, Irene,
cerrando los ojos y diciendo nada más Irene
por el solo placer y la magia de decir Irene,
Pedaleando en el aire existas o no existas,
¡qué real y sólida eres, qué verdadera eres
en medio del irreal universo por llamarte Irene!

Las salamandritas del fuego se te quedan mirando,
y el humo, antes de irse, se detiene feliz a contemplarse
en el topacioespejo de tus ojos,

como una mujer que se empolva la nariz
antes de entrar en el cementerio.

Y tú en tu aire,
y tú, impasible con tu abanico de llamas,

sigues nada más
llamándote Irene,
segura de que todo el universo

no puede despojarte de tu nombre de Irene!

Yo paseaba un día por el Tíber,
-Tíber de cascabeles ahogados,

Tíber de pececitos oscuros
Tíber meado por Tiberio-,
y vi en medio del río una isla verdeante,
trabajada en la materia

de las madréporas o de las malaquitas,
¡vaya usted a saber!, pero pequeñita y

completamente real;
y vi en la orilla
una de esas estatuas del Tíber sumergidas por siglos,
donde el mármol se ha hecho róseo, y carnal, y blando;
y con mucho temor, con una reverencia, pregunté a la estatua:
-Perdone usted, señor, ¿cómo se llama esta isla?
Y con un gran desdén, entreabriendo apenas los labios y mirándome para nada,

dijo suavemente:
-¿Cómo va a llamarse esta isla? Esta isla se llama Irene.

¡Qué bueno es estar contigo junto al fuego,
y saber que ahí estás, real y verdadera,
saber que estás ahí mientras afuera se evapora el mundo,
y que sigues y sigues,
y seguirás para siempre llámandote Irene!


EL CABALLERO, EL DIABLO Y LA MUERTE


Versos para un grabado de Durero

1. El caballero

Un caballero es alguien
que se opone al pecado.

Sale con paso de aventura
en busca del origen de su alma.
Sale hacia el sol,
dialogando con el múltiple espejo
del rocío.
Conoce la clara fisonomía
de cada estrella.
Ha sido huésped nemoroso
de cada árbol.
Ha templado su arma bendecida
en cada amanecer.

Un caballero es alguien
que se opone al pecado,
que requiere su espada
y despliega sus armas,
ante el malicioso rostro,
ante la incitación perfumada
de una doncella, cuyo pecho
resguarda los ámbitos del Paraíso.

El caballero avanza
ceñido por las ramas.
Su mirada es más fría
que su espada. Arde su corazón.
Su memoria persigue
los parajes extensos,
las sombras que atestiguan
un pasado más puro que los cielos.

El Caballero avanza por el bosque.
Los mirlos le siguen, le acompaña
el silencio de las ramas, y el aire.
Busca el lugar que canta
en el bosque remoto. Avanza
como un trémulo azor hacia el pecado.

2. El diablo

Resuenan sus pensamientos.
Combaten sus ojos cristalinos
con la más dura imagen del pecado.
Algo tiende sus frutos y procura
arrebatar su alma bajo el bosque:
es el diablo el que canta entre las ramas.

El diablo es la alegría
que entrega llanto y ríe.
Es el perfume que alarga una rosa
cuyo centro está hecho de tinieblas.
Es la campana que anda sola recorriendo el bosque,
y suena como un canto inocente, de llanto y risa.

El caballero escucha,
requiere sus armas,
atraviesa veloz las ramas,
ora.

El caballero sigue por el bosque.
Alguien lo llama aún con voz muy poderosa.
Trina el diablo, retiñe su campana, su cascabel
persigue, su risa avanza.

El caballero escucha: está lejos la sombra.
No hay música tan pura como el silencio.
No hay palacio tan puro como las ramas.
Su caballo comienza a encantarse, el aire
se viste de una serena música, corporal, cristalina:
el caballero avanza hacia la muerte.

3. La muerte

La muerte es el soldado
perpetuo del Señor.

Cuando alguien hiere
la mirada que nunca se fatiga
ella viene a volverlo
ser único del mundo ante esos ojos.

Cuando alguien deja hundir su sueño
detrás del propio cuerpo,
ella viene a golpearle
amorosa los hombros,
y descubre un viajero
más despierto y profundo.

Cuando alguien olvida
su existencia,
ella viene y desgrana
en lugar suyo
la melodía abierta del ascenso;
esparce como el agua por el suelo
el lento descender,
el ir arriba.

Cuando es llamada
por aquél que no puede con su alma,
se oculta entre la malla de los días;
luego se cubre el pecho
con su coraza negra,
y armada de su lanza,
su caballo y su escudo,
se arroja inesperada
entre la hueste erguida.
Tala sin ruido
lo pesado y lo leve.
No pregunta ni escucha.
Trabaja y parte
hacia otro ser,
único en el mundo,
que la espera aunque duerma,
que la espera y despierta
para encontrarse solo
ante su cuerpo abierto,
sin secreto y sin mundo
delante del Señor.

Ella atraviesa el tiempo
como atraviesa el polvo los espacios.
Sus combates
renacen el instante en que los cielos
sin peso fueron levantados
y fueron destruidos.
Para ella las flores,
el adiós, la sonrisa,
la aflicción que no acierta,
lo hiriente y lo amoroso.
Para ella el olvido,
el no mirarla nunca
destruir el espejo,
devorar el silencio,
arrinconar el mundo.
Para ella los brazos,
los metales más puros,
los signos, el lamento,
que todo esto alcanza
a dejar que su canto
penetre hasta las hondas
claridades del cuerpo.

La muerte es el soldado
perpetuo del Señor.

Cada muerto es de nuevo
la plenitud del mundo.
Por cada muerto habla
la piedad del Señor.
Aquella que nos busca
debajo de lo oscuro,
la que nos pone en llamas
otra vez como el día
en que los cielos fueron
creados y deshechos,
es la siempre perdida,
la siempre rechazada,
pero la siempre entera,
corporal, cristalina,
memoria del Señor.

El Caballero rinde
sus armas a la muerte.
Su corcel se arrodilla
lentamente en el aire.
Las ramas tienden
hacia el cielo su alma,
cantan a su gloria,
le entregan al Señor.



EL HOMBRE HABLA DE SUS VIDAS ANTERIORES



Cuando yo era un pequeño pez,
cuando sólo conocía las aguas del hermoso mar,
y recordaba muy vagamente haber sido
un árbol de alcanfor en las riberas del Caroní,
yo era feliz.

Después, cuando mi destino me hizo
reaparecer encarnada en la lentitud de un leopardo,
viví unos claros años de vigor y de júbilo,
conocí los paisajes perfumados por la flor del abedul,
y era feliz.

Y todo el tiempo que fui
cabalgadura de un guerrero en Etiopía,
luego de haber sido el tierno bisabuelo de un albatros,
y de venir de muy lejos diciendo adiós a mi envoltura
de sierpe de cascabel,
yo era feliz.

Mas sólo cuando un día
desperté gimoteando bajo la piel de un niño,
comencé a recordar con dolor los perdidos paisajes,
lloraba por algunos perfumes de mi selva, y por el humo
de las maderas balsámicas del Indostán.
Y bajo la piel de humano
ya llevo tanto sufrido, y tanto y tanto,
que sólo espero pasar, y disolverme de nuevo,
para reaparecer como un pequeño pez,
como un árbol en las riberas del Caroní,
como un leopardo que sube al abedul,
o como el antepasado de una arrogante ave,
o como el apacible dormitar de la serpiente junto al río,
o como esto o como lo otro ¿o por qué no?,
como una cuerda de la guitarra donde alguien,
sea quien sea,
toca interminablemente una danza que alegra de
igual modo a la luna y al sol.
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El Poeta Gastón Baquero. Un poeta Banense universal.

BANES, PRESENCIA REDIVIVA Del poemario Poesía Repartida.



BANES, PRESENCIA REDIVIVA  

" La tierra te duele,
la tierra te da
en medio del alma
si no la ves más"....
Fragmento de la canción " Mi Tierra"
Autor: Estéfano.

BANES, PRESENCIA REDIVIVA

Eres un punto diminuto
en la geografía de un país.

El ala negra de un totí.

Un vuelo de zunzunes
persiguiendo bijiritas.

Eres la sombra de un ocuje
y el sabor agridulce del marañón.

Eres el río Reventón
y el Charco de las Putas.

La vieja ceiba de la calle Mulas,
La Piedra del Pescuezo y el Monte Lamusén.

Eres la voz negra de un conjuro.
Los tres quilos prietos de un bilongo.

Eres Yemayá. Eres mi ancestro.
El caudal impetuoso de la sangre
que rompe mis arterias.

Eres la sobriedad de un viejo mueble
en la casa de Isolina.

Eres mi infancia desteñida
muriendo poco a poco.

Eres la ancianidad ennoblecida de mis padres.
La calidez de una sonrisa de mi hermano.

Eres Alfredo, Carlín, Pedro Quiñones,
amigos entrañables, solidarios.

Eres la nada existencial.

Eres la poesía vallejiana mordiéndome los huesos,
despedazando el alma.

Eres Otto, Charles, Mario Peña,
diciendo sus poemas entre lágrimas.

Eres la voz acuciante de Francisco Mir gritando:
" ¡ No quiero las flores negras !".

Eres una noche de tertulia
en la casa de Pepito.

Eres el flagelo de un estigma
impuesto gratuito
que me llevó a vivir
casi a escondidas.

Eres una imagen desprendida del recuerdo
que hoy se puso a morir en el silencio.

Eres todo eso y eres más.
Eres la presencia rediviva de la tierra.
Un grito que enmudece entre mis huesos.
Eres la Patria en mí. Eres yo mismo

© René Dayre Abella



viernes, 23 de octubre de 2009

LOS BANENSES Fragmento de mi libro de relatos testimoniales La Piel de la Memoria.

LOS BANENSES

Banes siempre fue pródigo en personalidades brillantes.
En todos los ámbitos culturales y artísticos Banes destacó siempre por estar representado por celebridades. Tal es el caso, por ejemplo, del Poeta con mayúscula Gastón Baquero. Máxima figura de las letras hispanas.

Además de Gastón Baquero, fueron también banenses Otto F. Maletá, Mario Peña Sánchez, quien además de poeta, destacó en la dramaturgia, así como en la actuación y la dirección escénicas. Rolando Gómez de Cárdenas, periodista e historiador local, quien fundara, además la Revista Literaria “Portada”, Don Fernando Rodríguez, periodista fundador del decano de la prensa local “El Pueblo”, Además de estos mencionados medios de prensa hay que agregar “El Demócrata” y en la vecina Antilla el periódico “El Sol”, fundado y dirigido por Enrique Causarás Abella, un sobrino de mi padre.

En los espectáculos se distinguieron figuras como los hermanos Rigual, quienes triunfaron en México desde los años cincuenta del siglo pasado, de ellos es la autoría de la canción “Cuando Calienta el Sol”, popularizada más recientemente por el cantante mexicano Luis Miguel.

Rosa Carmina, Doris de Goya, Angelita Castani, Náyade Proenza, soprano quien enseña en México, el dúo Sindo y María Elena, Octavio Cotán, concertista de la guitarra, lamentablemente fallecido, y más cercano en nuestros tiempos el trovador Augusto Blanca Gil, uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova,

Otra de las figuras a destacar es la del poeta fallecido Francisco Mir Mulet, nuestro Paquitín, quien además de destacar como un magnífico poeta, se distinguió, además, como un notable narrador, novelista, cuentista y también dramaturgo y actor. Se fue a residir a la Isla de la Juventud en el año 1975 y falleció en Nueva Gerona en el año 1998. Los pineros le honran también como a uno de los suyos.

En los años treinta del pasado siglo XX en Banes surgió un pujante movimiento teosófico motivado por la divulgación casi universal de la Teosofía popularizada por Madame Blavatski y expuesta por autores como Annie Besant, quien entonces dirigía la Sociedad Teosófica en Adyar, India, así como Charles Leadbeater, antíguo obispo anglicano.

En Banes el terreno ya estaba abonado por la labor ejercida por dos figuras que destacaron como médiums auténticas, quienes efectuaban fenómenos de efectos físicos como ectoplamía y demás. Estas médiums fueron Isolina Feria Ricardo y Esglórida Díaz, más conocida como ”Lalín”.


Debido a la espectacularidad de estos fenómenos, que hoy día llamaríamos paranormales y a la seriedad de las investigaciones, así como a la ausencia de interés económico o de protagonismo, tan caro a algunos pretendidos “médiums” las personalidades más destacadas de la localidad, periodistas, jueces y hasta el jefe de la policía de la ciudad, se reunieron en torno a estas figuras y de ese primitivo grupo de investigadores psíquicos surgió el Movimiento Teosófico en Banes y la Logia ”Unidad”.

Una de las primeras figuras interesadas en divulgar estos fenómenos fue el fotógrafo Amado Proenza, quien fue además el primer Secretario de la mencionada logia y a iniciativa de él y del periodista y teósofo Eduardo Abril Amores nació un proyecto muy hermoso, que meció la cuna de la civilización en la comunidad: “El Pequeño Ciudadano”. Esta organización fundada por teósofos agrupó a jóvenes y adolescentes para educarlos en los valores cívicos y altruistas. Más tarde sirvió como edificio social para albergar a los Boy Scouts.

Como pueden ver Banes nunca estuvo ajeno a la cultura, ni al elemento civilizador. Tampoco esta cultura era un privilegio para las clases ricas de la sociedad. Tanto El Pequeño Ciudadano como la Academia Minerva, otra iniciativa de la Logia Teosófica Unidad extendían la educación a los niños de la clase más humilde de modo gratuito.
© René Dayre Abella

BANES Un fragmento del libro de relatos testimoniales La Piel de la Memoria.

BANES

A quienes tengan la paciencia de leerme, les pido, por favor, no esperen encontrar en esta breve y apretada descripción de ese pueblito perdido entre lomas y serranías, al cual sus primeros pobladores llamaron La Ensenada y que luego cambiaron a Banes - - supongo que en honor al cacique taíno Baní- - un riguroso estudio de la génesis del lugar, su historia o más bien su lugar dentro de la Historia y demás pormenores. Dejo esa tarea en manos de verdaderos eruditos. En este caso en manos de historiadores.

No puedo dejar de recomendar al magnífico estudio que hiciera el señor Alfredo Dumois. Estoy convencido que nadie mejor que él puede dar una descripción histórica con tanto rigor, ya que el mismo Sr. Dumois es un miembro de esa familia fundacional del pueblo que trajo tanta prosperidad a la región.

Mi percepción de Banes es totalmente subjetiva y en el presente relato me propongo, tal vez sin lograrlo plenamente, una descripción del entorno físico y emocional que me vio crecer “entre patos y gallinas”.

Mis primeros recuerdos de ese paradisíaco y mágico lugar es que siempre llovía. Sobre todo en las tardes o a las primeras horas de la noche. Al levantarme en la mañana era verdaderamente delicioso para mis sentidos percibir ese olor a tierra mojada que describo en uno de mis poemas.

Lo paradójico era que aunque lloviese en las tardecitas o a las primeras horas de la noche,
los mediodías eran brillantemente soleados. Apenas contaba con unos cinco o seis años y me gustaba deambular entre mayales y cardones recorriendo el pequeño espacio de la finquita que papá le rentaba a los Silva y que a mi corta edad se me hacía enorme.

En las mañanitas se respiraba siempre un fuerte olor a azucenas y a nardos. Eran las floristas que recorrían la Carretera de Veguitas con unas enormes canastas sobre la cabeza y obligadamente llegaban hasta casa, pues mi madre siempre les compraba gladiolos y azucenas.

Luego llegaban los carboneros y los plataneros a vender su carga y a desayunar, pues como he relatado en otra parte de mi libro, mi papá había instalado un puestecito de desayunos enfrente de la modesta vivienda.

Otra de las imágenes que conservo en la memoria y que no me va a arrancar ni siquiera el Alzheimer es la un sujeto a quien cariñosamente le llamábamos Negro Hidalgo y vendía pollos. Como yo siempre fui muy sensible -- hipersensible casi -- y odiaba la crueldad en el tratamiento que se les da a los animales, recuerdo que Negro Hidalgo traía a los pollos colgando con la cabeza al suelo y lo peor era que no los alimentaba, ni siquiera les daba a beber agua. Esa imagen me resultaba repugnante y muy temprano comprendí que el mundo no es un lugar amable.

Otro incidente relacionado también con mi repugnancia a la crueldad contra los animales y que arranca de mi primera infancia se trata de cuando sufrí un ataque de sarampión y en mi convalecencia

mi madre mató un pollito que yo había cuidado con mucho cariño y lo frió para que lo comiera. Una vez que supe la verdad me negué a comer y estuve llorando días.

La mayoría de los chicos de mi edad esperaban con ansias la Navidad, sobre todo para recibir regalos. No niego que a mí también me agradaba esa tan esperada ocasión, pero me ponía triste escuchar los chillidos de los cerdos cuando eran sacrificados. Ingeniosamente me metía los deditos en los oídos y de esta forma trataba de acallar los lastimosos chillidos de muerte. Esa costumbre aún la conservo.

Pasando a temas más agradables diré que pasear por las estrechas callejuelas del pueblo, la mayoría de ellas aún no se encontraban asfaltadas, era una fiesta para el olfato, pues dondequiera se respiraba los más exquisitos aromas florales. Todavía llevo prendido de la nariz el olor del galán de noche, de los jazmines y de las más variadas rosas. Toda vivienda, por más humilde que fuese tenía su pequeño jardín y los olores se desparramaban por todas partes.

En esa piel de la memoria Banes está grabado indeleblemente como el mágico Jedefriff maletiano.
Es un recóndito espacio donde me interno muy a menudo a reflexionar sobre tantas cosas y son tantos los recuerdos que me asaltan que me obligan a escribir las más deshilvanadas líneas como ejercicio catársico y al final saco fuerzas de mi interior y vuelvo a la realidad un poco más equilibrado.

Recorrer las calles del pueblito de la mano de mi padre para visitar a su hermana Ernestina era todo un acontecimiento esperado ansiosamente por mí durante días. Mi tía vivía en el Barrio Americano o La Compañía, como también llamaban los banenses a esos predios.

Después de visitar a tía Ernestina papá me llevaba a los almacenes de La United Fruit Company -- La Compañía -- a comprar fruta enlatada y otros artículos. No olvido los melocotones californianos en almíbar EL MONTE que todavía disfruto y unas galletitas María de marca SIRE, de las cuales nunca he vuelto a saber nada.

Había un detalle muy curioso en nuestro paseo que no quiero omitir porque tal vez algún banense que me lea lo recuerde.

A unos pasos del viejo almacén se encontraba la estación ferroviaria de los Dumois. Hasta allí no llegaban los trenes porque pienso que las vías no soportaban mucho peso u otro detalle técnico que ignoro y sólo circulaban los gas-cars o gascares como les llamábamos usualmente. Bueno, justo en la estación ferroviaria se ponía un hombre cada tarde a vender naranjas. Usaba un ingenioso artilugio que nunca volví ver en toda mi vida.

Era una especie de maquinita de hierro con dos pinchos para sostener o agarrar la naranja y luego le daba vueltas a una manigueta e iba pelando la naranja en espiral.
Al final cuando te entregaba la naranja esta tenía la forma, más o menos, de un trompo.
El señor cobraba un medio -- cinco centavos -- por un par de naranjas. Creo que no he vuelto a disfrutar unas naranjas tan dulces y tan perfectamente peladas como las que vendía aquel señor.


De regreso a casa era una parada obligada llegarnos al Café de Los Chinos a merendar. Aunque yo más bien prefería La Gibareña de Pepito Aguilera. Allí se me iban los ojos contemplando las exquisiteces que mostraba Pepito en sus vidrieras refrigeradas.
Uno de mis dulces favoritos -- en México decimos pan dulce-- era el Brazo Gitano o el Cake de Frutas, acompañándolos de un refresco ORANGE CRUSH, que ya ni se ven.

A pesar de estar envuelto Banes en una atmósfera típicamente bucólica. No hay que olvidar que en un tiempo le llamaron Villa de Los Pinos. Al recorrer sus calles, estrechas pero muy limpias, casi siempre se escuchaba la algarabía de los muchachos que entraban o salían de las escuelas, tornándose así en pequeño pueblo un poco bullicioso.
Además los claxon o fotutos de los primitivos autos que transitaban aquellas calles contribuían también a ese ambiente bullicioso del cual hablo.

La gente era amable y hospitalaria. Como pueblo pequeño todo el mundo se conocía. Cuando sucedía una desgracia todo el mundo se volvía solidario. A cada funeral que se celebrase, ya sea en la funeraria del señor Blasco a quien no sé por qué razón le llamaban La Chorra o en la privacidad de una casa mortuoria no había un solo banense que no acudiese a mostrar sus respetos a los deudos de la persona fallecida.

Hoy esa costumbre ha desaparecido y en cuanto a la hospitalidad y la amabilidad que caracterizaban a los banenses, lamentablemente, también va desapareciendo.



© René Dayre Abella Fragmento del libro de relatos testimoniales La Piel de la Memoria.

Bibliografía a consultar sobre los orígenes de Banes:


A Name, A Family, And a Town
In 1999, Alfred M. Dumois wrote a book, A Name, A Family, And a Town

Taken from the forward:
A Name, A Family, And a Town is a historical narrative of the saga of seven generations of the Dumois family, spanning from the French Revolution, circa 1789, to the present. And of the town of Banes, which they founded in north central Oriente Province on the Island of Cuba; its history, its people, and the memories of one who lived there.

This outstanding French-Cuban family, well known in the business circles of New York and Oriente, Cuba in the late 1800s and early 1900s, created a formidable fruit empire.