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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


lunes, 23 de noviembre de 2009

OTRO PUÑADO DE POEMAS DE NÉSTOR ROJAS, POETA Y ARTISTA PLÁSTICO VENEZOLANO.



Espejo para anguilas

Como ese sol levemente emplumado, a un lado de la tierra empinada está ella, la iluminada. Los filos de fuego del atardecer se expanden encandilando mis ojos que la ven. Ante el espejo ella saca su lengua húmeda de azul. Y pinta un dragón sobre mi pecho hundido. Ahora se aleja levitando. Y con ella se me van esos labios como pétalos de sangre en el fulgor de la tarde. Se me van esos senos como peras.
El pecado no se mueve tan cerca de mi boca.


Palo caído en guarnición


Sus senos sin pestañas trepan más allá de mis ojos. Azules los suyos se confunden con el cielo en esta hora temprana del día que también se me va.


Sueño

Al sesgo se levanta el deseo, tan impaciente y cálido. Me voy al Cielo de los que soñaron con ser santos y fueron condenados.

 

 

En las faldas


Aquí están las frutas del Paraíso que ofrece la tierra. Las flores se abren como lechosas tropicales y todo lo que florea se mueve en el instante. Para llegar al Jardín  hay que escalar una montaña entre plantas con espinas. Sobre piedras hay que beber el agua de las uvas y comerse la Manzana que ayer me tentó. Despúes hay que cantar sin penacho ni plumero.


Pata de pájaro

“Si metes la cabeza por ahí perderás la razón”,  eso me dijo mi padre sin sacar los ojos de la oscuridad. Caso no le hice y me quedé sin reservas. Se me vino a pique la vida de pájaro que tenía. Se me cayeron las alas que volaban.Y ahora ya no puedo pararme y cantar ni menearme sobre ninguna rama. Dejé mi libertad ondeando cual bandera en el aire. Por un grano de arroz llegué hasta aquí. Buscaba la sobrevida que cara se nos vende. A mí no me derribó la garra del leopardo ni el salto salvaje del león. No me llevó ese viento que a todos nos arrastra. Metí la cabeza por donde no debía y el Cazador puso el ojo al alcance de mi vuelo y me acabó para siempre.

Albur

Dragón es esa serpiente alada como dáctilo sobre tus ojos cansados. Son ilusiones esas piernas hermosas que ves, casi muy cerca de tus labios. Marca dactílica hay en el cuerpo de ese arácnido en falangio. Acércate más, pega tus ojos al ojo del deseo. Y verás tu cara atrapada como boca abierta que te quiere tragar, narciso atrompetado.

 

 

Naturaleza muerta

 

Esas flores en la pared simulan un jardín. Si quieres sobrevivir: simula y no te verán. Nadie te verá entre los títeres que tampoco se ven. Toda simulación es un arte. ¿Qué hay detrás de esas puertas enrejadas? Almas enrejadas en cuerpos como jaulas. Cabezas como lechugas aparentemente frescas. Pero grises y aplastadas. Ese paisaje es tiempo gris con cucarachas. Y aunque sueñes y huyas del que te persigue para matar tus sueños la muerte te descubrirá para volverte más gris.A pesar de las paredes y flores tu alma se irá, no se quedará. La casa de tu alma es vuelo.

 


Tal vez


Veo lo mismo que estás mirando: rejas y puertas con muchas cerraduras y flores grises o muertas sobre mesas pequeñas. Paredes pintadas como vientres destripados.Una piedra sobre otra como huesos. Y esa luz blanca para que los ojos se encandilen y no puedan ver lo que está escondido detrás de las puertas enrejadas:almas presas que más tarde se irán.

 

 

 

 

Fotografía


Estás aquí tan solo y triste. Y esta daga como una mano cerrada y este puñal como tu odio y esta cruz como tu fe agujereada y este obelisco donde escribes tu historia
se ven desde tus ojos perdidos en la negra distancia. No hay nada más allá de tu alma. Hazme la cruz hermano de mi suerte. Quítame la muerte de encimaque estoy de uñas comiéndomelas. Chiflado como extraviado en los aires. En ti ando en otra parte, enfangándome. La vida se me va sin percatarme y nunca más volverá.

 

 

Daguerrotipos en Dahomey


Los instantes de este día caluroso son violetas dentro de un triángulo blanco. En la pared descubierta por el tiempo se ve un ladrillo rojo con sus vísceras fuera: cabillas y venas de cemento compiten por la sobrevivencia. El Infierno es aquí: bajo este cielo todo lo humano sufre su cruz. Desde el suelo lo vivo se tira en el piso, a la intemperie. Entre cosas envejece para la posteridad.

Caracola


Soy caracola flexible que se alarga y encoge según la ocasión. Paso por el filo de la vida, resbalando. Deslizo primero una antena viscosa lentamente y con suavidad porque la hoja filosa corta. Después paso la cabeza entre tus brazos como una tripa. Porque la otra parte invisible está oculta dentro de la concha en espiral. Vuelta le doy a la página del tiempo para que no me vea el animal carnicero, el soldado que me persigue, el coleóptero con su carabina. La casa que llevo me hace distinta. Mi rostro no tiene rasgos ni carnet de identidad. Es un pedazo de viento de lince largo y fuerte sin capucho. ¿Qué verá el ojo que anda contigo, corazón?

 

 

Azucarar con dulzura


Tu corazón está azucarado, endulzado por mis besos. Cada lisonja mía, cada palabra dicha con amor,  es un turrón de azúcar. Una almendra para agasajarte. Garapiñada sin remolacha. Sé que te gusta besar por la forma como tienes la boca.
A mí me gusta esa manera tuya de mirarme con deseo. Sofisticada será mi caricia azucarera, sin píldora, con caña y molienda  porque sé también moler la caña. La molía, ya no,  pero tal vez la muelo. Eso depende si hay zafra y se mueve el trapiche. Este pan de azúcar en tu boca, este confite de Saturno en la piel de tus labios, esta miel en los pechos son los motivos de mi querer. La cabeza melada deja sus huevos entre pétalos. Pero todavía no es la hora de caer: más tarde me llegará el momento. La tenaza apuro no tiene, tampoco el bisturí. La verdad que se oculta no es dulce como le gusta al mundo.

 

 

Una Manzana puede ser el Paraíso


Esta página es una manzana mordida por los dientes de Adán. La palabra es un gusano, es Luzbel en su envoltura que se teje. Estas letras son las flores de Eva.  No te las comas con los ojos mi querido animal. Búfalo, mastica las hierbas menudas. Cómete estos chochos y confites. Un picnic en el césped con florecitas blancas como pequeños soles es este poema como paisaje. Un picnic en el campo de golf. ¿Es tu deseo el minotauro? ¡Qué cachos como golosinas tengo en la cabeza! Pulidos como dientes celestes. Sabroso está el Paraíso que sueño en la intemperie como para echarse de espalda sin la giva cabeza. Nada hay en el cerebro ya rematado en punta. La caparazón del bufón es su locura.

 

Una foto para la posteridad


Pongo cara seria cuando estoy a la espera una fotografía. Muestro a los aires las dos caras con sus superficies. Un guerrero acomoda el fusil a la bala que se mueve.
El blanco es la sombra que se va.  ¿Qué dirá de la muerte la que nunca me ve con su ojo de lince? Impecable en la urna me veo. Exquisito como alegre bufón. Como para regalar, gustoso para los que en vida me quisieron. Pero desde aquí no me regalo ni me dejo comer tan fácilmente por los fieros gusanos. El mejor bocado se saborea, se moja con saliva. Saboréame muerte que estoy regalado,  enséñame tus colmillos y tus dientes postizos. ¡Qué hermoso ganado tienes pastando en mi valle!

 

 

No tardes amor


No tardes amor, no pierdas el tiempo con esa bicha tuerta con ojo de hiena. Caracoléame. Dame otra vuelta que me ando mojando entre hojas sin cielo. El buen jinete hace dar al caballo lo que quiere. Este cuerpo caliente es el tablado de la margarita. Tu sexo es el vuelo de la caracola. Es un poliedro con tres palos como molusco sin concha, deslizándose lentamente por mis labios, pasando por entre los filos de mis dientes hambrientos. No te desesperes que ya se me estira el brazo de la oruga bien loca.
Gordura

Yo no toco la flauta ni flameo. Te pasaré ese cepillo bocel para que te agites y sacudas de espasmos. Hay que menearse, aletear brazos y pies hacia arriba y hacia abajo porque estas piernas acanaladas, con surcos, de tan gordas que están  ya no revolotean. No bailan. En otras aguas están las velas flameando, ondulando más allá de tu alma que duerme encogida con ese alboroto por dentro de las banderas caídas. Guarda para otro día los desengaños. Todos verán esas formas subir y bajar
como nuevas, no como ahora que se hunden en la hojarasca del aceite.


Celulitis

Ningún hombre quiere la grasa que te sobra, las pistoleras con bambalinas, las arrugas como pliegues de cortina. Esa piel de naranja  sobrante tiene que ser pasto de los animales de carroña.  Esta flacidez de camello en aeropuerto alechugada no te hace feliz, álzate así como puente volador, con bajadas y subidas. Yo pongo miel en este hoyo para los ojos confusos y entierro este caramillo entre tus manos.
para que el pecho se te agite. Y se mueva la zampoña que se pliega porque no es de hierro de rizar. Dentro de ti hay un cuerpo perfecto como puñado de tierra  dulce fermosura de mis amores.


En paños menores

Otra vez está en la parte primera. Saca la garra y se encoge hasta arriba. Su negro bóxer de seda brilla por encima de sus ojos. Zarpa de proa es su boca mientras pone las manos atrás subiendo la lengüeta  para que todos vean lo que tienen que ver. Oleaje que sube y baja es su respiración: como mar delgado como horizonte que se curva: la línea de su cuerpo con curvas se desliza, curvas redondas, blanquísimas encimándose a la boca del precursor que se babea. Están aquí los presagios de la carne, el acoso de dos lobas enseñando sus partes traseras. ¡Quítame el trinquete morena que ando ya sin brújula, confundido!, digo con ganas de saltar sobre las presas y ellas abren sus bocas de selva en el proscenio a oscuras. ¡Qué blancos son sus dientes afilados entresaliendo de unos labios tan rojos, no caídos, no tan viejos! Las dos toman la delantera, se ponen al frente del telón todo negro y se van alzando las bragas, acariciándose. ¡Oh esas tetas de la desnudez, casi transparentes! Una blanca y otra negra ondulantes pasan por mi pecho abierto.  De alguna parte viene una brisa con olor a magnolia. Estoy en el cuarto delantero con ellas que no cesan de reír. Pícaras, no muestran lo que tienen, ni se sonrojan como yo que estoy yéndome.
Una ráfaga dentro, no escalofriante, vuelve a aturdirme y de nuevo estoy inundado, espumoso. Todo focal el vello púbico echa espumarajos. Sirenas de niebla y bosques obscurecidos parecen sus sexos. Yo velo, me pongo brumoso apartando las hierbas para mirar mejor lo céntrico de esa hondura, ese valle con ovejas con forraje y pastura, nada verde, negro y blanco a tiro del ojo, coplándose, acoplándome al movimiento de esos dos cuerpos en plena agitación. Pecho con pecho agitados conmoviéndose. Dos cabezas con cabelleras largas rubia y castaña, undulantes, flameando. ¡Qué velas desplegándose, qué alboroto de trigo entre los aires, bailando, meneándose de aquí para allá! Y la flauta tibia, saliéndose del nido alborotado. Tócala que ya canta y se babea, acanalada se sale como lengua de fuego. La carne siente el pájaro sin bandada solo y con rubor en las mejillas. Se sacude, alterado entre los márgenes. Otra racha y las ideas siguen confundiéndose, aturdidas. Mientras tanto yo me igualo en el piso, me nivelo al nivel de la visión atormentada, pero es con ellas que quiero emparejarme, inundarme, no volar,  galopar sobre montañas, levantar la polvareda, tocarle el ojo al ave de caza,  porque soy buitre o potro con el buche abochornado. Soy lo que tú quieras, casi pez en ese chorro de agua que me arrojas para que no se levante lo que ya está  por salirse, por derramarse. Por ponerse colorado. ¡Y cómo no va a ponerse! Si miro ese puente de carne sin banderas, esa arquitectura desplegada, esa piel en la distancia focal, leopoldina, esa yegua sin ropas con las manos detrás, alzándose eso, ese fuego de terciopelo, ese liguero volando, esa punta que en la lengua se me hace espuma, a mí que soy murciélago mosqueador, pez sacapliegos, mueve faldas, frugívoro no, carnívoro con su aparato volador petifoque desplegado entre las arboladuras.
Y esas piernas ya abriéndose, esas nalgas agitadas con su ropa interior moviéndose como aspas delante de mis ojos desorbitados.¡Oh mis meninas!, todas sin faltriquera y ninguna sin ropa ni reloj. Una pegada de la otra, cómplices de mí que juego, que me entretengo en el aire. Así está mejor, frondoso y batido en la sartén, techado para que los bolsillos no se llenen de agua.Todo parejo, a ras de los ojos que penetran esa ondulación, esa ranura rosada, esa armadura celeste que alza con encanto sus talones, esos trapitos al sol. Lucy levanta un poco el hombro izquierdo y al instante esa sudoración copiosa se me viene. Nada es igual desde este enfoque. Localizo lo más abultado de la carne y me concentro. Este es el punto circular, ni neblina ni alarma abundante, hacia fuera, así lauteado en el área circunscrita y  esas hierbas como plumones que aletean, se agitan con flujo en su segunda cosecha. Otra vez: los reflectores: las miradas buscándose desesperadas.
Así yo quiero otra toma, de frente. Que bailen esos senos ligeros de ropa y salten con ganas de volar esas tetillas rosadas, esas caderas robustas, llenas de vida. Saca ese perno de cabeza embutida de aquí, échela agua fría y vístela. Pasa el interruptor porque viene un aviso. ¡Oigo los conductores subterráneos llenarse de oscuridad y el seso aflojándose. ¡Cuántos pájaros se me quieren volar! Otra pareja contra el pavimento: bocas juntas para que la muerte pase la navaja. ¡Pégate más que estás fuera de foco! Abro el lente, más cerca de esa perplejidad que se desnuda para mí, de esa bruma que me pone de rodillas de ras en ras sacando los remaches.
Hay que rodar esta pared, abrir los espacios. ¡Abrete para verte la flor! Y los labios se mueven, temblorosos. (Agua, trae agua y límpiala aquí  porque los pétalos se pliegan, se pegan sudorosos, espumajosos y desenfocados. Me muevo ya sin rubor,
más animado, calmada la agitación, aunque aún no he perdido la emoción de irme
al súbito, no al vuelo. El flujo fue rápido y copioso de ese pico de pájaro sin flux que floreció entre los naipes.


Caída hacia fuera

Ese movimiento de rock me engloba, me hace soltar aullidos, caer fuera de mí. Y aúllo como gato. ¡Cuántos sonidos étnicos hay en mi cabeza! Sigo aullando.  Porque el jazz ya no me gusta, se fue del tablón donde se dan las aventuras de las bestias. Sacudo mis nervios, caigo fuera del manto protector, me enredo, me hago uno con los tantos miembros también englobados de los que están como yo, en la nota de la nueva edad, la música ácida, el chicle del diablo que crea sus propios espacios siderales. Ya me voy en vértigo creciente sin apoyo me voy, hacia atrás,

hacia adelante moviendo la cabeza. Todo el público se queda abajo patas arriba viéndome, riéndose y saca su lengua, me muestra su dentadura postiza  y se da con la mota, se ríe copado hasta el alma y rueda chillando, echando humo por los destapados sesos en órbita que tiene. Acelera que vamos bien, pon más alta la música porque todos vamos dando vueltas y nos volamos, nos ponemos en el aire de la oscuridad.

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