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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


domingo, 21 de febrero de 2010

"LINDEN LANE MAGAZINE" LA HISTORIA EN TRES CAPÍTULOS POR OLGA O'CONNOR PUBLICADO EN "EL NUEVO HERALD".

 
BELKIS CUZA-MALÉ

El callejón de los tilos (Primero de una serie)
Princeton es una ciudad privilegiada con una universidad del mismo nombre fundada en el siglo XVIII, de edificios con arcos y faroles de estilo neogótico, como los de los colleges ingleses, y una población itinerante de miles de estudiantes que se renuevan anualmente, como los árboles de esa zona, tan típica del nordeste del país. Situada en el estado de Nueva Jersey, a una hora de Nueva York, al norte, y de Filadelfia, al sur, sus calles tienen la sombra frondosa de los árboles de tilo en el verano y la presencia de los siempre verdes pinos en invierno.
Una escritora cubana que lleva en el alma misterios que pocos comprenden, pero que la protegen en la inspiración de sus poemas y cuentos, tuvo la ocurrencia de instalarse en este pueblo, tan poco conocido para los que no disfrutan de la vida académica. La calle donde encontró refugio se llama literalmente Callejón de los Tilos: Linden Lane, y su casa se asentaba firmemente frente a uno de estos árboles, cuyo conocimiento para nosotros viene de sus humildes flores, base de una infusión de té muy popular en Europa y en los países hispanos por sus propiedades curativas de los nervios.
Linden Lane, no en español, sino en inglés, fue el título que escogió Belkis Cuza--Malé, la escritora que se refugió en Princeton, para la revista que le daría espacio a todos los escritores cubanos y en general de lengua española diseminados por el mundo. Linden Lane cumple en el 2010 su vigésimo octavo aniversario de ininterrumpida constancia en las manos de su editora, y previamente también de su coeditor, su esposo de muchos años, Heberto Padilla (prematuramente fallecido), que la ayudó a fundarla. Es curioso destacar que el tilo es una especie de árbol que dura por siglos, y en algunas mitologías tiene un significado sagrado. Fue muy importante en la mitología eslava y para el famoso Andrei Rublev, cuyos iconos La Sagrada Trinidad y El Salvador, que pudimos ver en la galería Tretyakov de Moscú, están pintados sobre la madera de un tilo.
El árbol está asociado entre los germanos precristianos con la idea de la justicia, y si uno se situaba bajo el mismo, ayudaba a los jueces a descubrir la verdad. Hoy día el bulevar de Berlín Unter den Linden, o Bajo los Tilos, se considera el paseo de los enamorados. Y los tilos tienen también prosapia poética, desde Ovidio, Horacio, Homero, Virgilio, Plinio y los románticos ingleses. No es extraño pues que Belkis Cuza--Malé pensara en la belleza del nombre y la significación del lugar, de ese árbol que estaba allí cuando ella y Padilla se mudaran en 1981 a la calle Linden Lane, número 76 y medio (como en los libros de Harry Potter). ``Todas las calles tenían nombres de árboles, y yo le puse ese nombre a la revista'', cuenta la escritora, ``ése no es un nombre cubano, pero me gustaba. En esa casa ahora viven unos tibetanos, con un letrero frente a la casa: `Free Tibet'. La tradición de la libertad sigue ahí, y me da mucho gusto que sea así. Dios pone las cosas en su sitio''.
Pero no fue Princeton el sitio de publicación del primer ejemplar, sino Madrid. Allí se encargó Linda Montaner de distribuirla por correo. Lo que siguió fueron 28 años de dificultades económicas y triunfos
literarios. •
olconnor@bellsouth.net `Linden Lane Magazine': la historia (Segundo de una serie)
``Linden Lane Magazine'' comenzó pues, bajo la sombra de un árbol, el tilo, pero sin los auspicios de su pueblo, el académico Princeton, unos 28 años atrás. Ahora, con el ejemplar segundo en las manos, de abril/junio, 1982, Vol 1, No. 2, que su editora y directora Belkis Cuza-Malé muy generosamente me ha prestado, junto a otros de estas tres décadas, me parece estar recorriendo aquella calle que le dio nombre a la revista, al pasear entre los artículos de una asombrosa riqueza.
Quiero seguir leyéndolos, disfrutando de la sabiduría y el arte que se derramaron a borbotones en aquel encuentro de mentes. Y hablar de tantos amigos como colaboradores de estos números, todos en el plano de reunión creativa en que se constituyó esta revista. Recuerdo a Reinaldo Arenas, que visitaba mi casa en Miami, pero que vivía en Nueva York, editor asistente de estas primeras revistas, muy amigo de Belkis de la época en que ambos trabajaron en ``La Gaceta de Cuba''.
Aparece Mercedes Ares, profesora y compañera mía en la Universidad de Miami, con poemas dedicados al poeta Miguel Sales. Stefan Baciu, el gran crítico del surrealismo hispanoamericano, a quien conocí en Río de Janeiro, profesor en la Universidad de Hawaii en ese entonces, que escribió sobre el gran narrador Enrique Labrador Ruiz, a quien le habían dedicado este número, por sus 80 años. Y Elio Alba Buffill, quien contribuyó al homenaje situándolo como precursor del neobarroco. Arenas también le dedica un ensayo llamándolo Labrador infatigable. Y el propio Labrador Ruiz escribió lo suyo, sobre novelistas cubanos de una sola novela: Ganadores y perdedores.
Una Conversación con Lydia Cabrera me dejó emocionada, la de Suzanne Jill Levine, porque por la misma época también yo entrevisté a la exquisita antropóloga y me pareció estar hablando de nuevo con ella. Hay poemas de Eugenio Florit, Gastón Baquero, Iza Tucker, Jorge Guitart y de Alastair Reid, que tradujo a Heberto Padilla, Pablo Neruda y otros. Y arte de varios artistas: Jesús Selgas, Alberto Lastreto y María Elena Badías Río. Manolo Ballagas, mi ex colega en el periódico, escribió sobre un libro que hablaba de los gays en Cuba; Ofelia Hudson, amiga del Miami Dade College, sobre Isaac Singer y sus cuentos, y Carlos Verdecia sobre Paquito D'Rivera y sus éxitos en sólo dos años fuera de Cuba.
Hay tantas cosas más en los números de ``LLM'' de esa década de los años 80 y las que le siguen, que se ha convertido en un archivo de la sabiduría literaria del exilio. Belkis, además de hacer todo el diseño y paste up de la revista, encargarse junto con Heberto Padilla de recogerla de la imprenta de los vietnamitas y chinos en Nueva York, a un costo de $2,000 por ejemplar, y luego enviarla por correo ($500), lo mismo a suscriptores que a no suscriptores, ha mostrado su afán, ``una misión'', por esta publicación que se ha convertido en un tesoro de coleccionistas. El colmo es que ``La Jiribilla, la malévola publicación cubana, publicó un artículo hace unos cinco años mostrando, diría yo que como el cazador que obtiene una buena presa, todos los números de LLM'', me escribe Belkis, ``la colección hasta ese año, que según el entonces director de la Biblioteca Nacional, había obtenido como una regalía''. •
olconnor@bellsouth.net
Corrección: El primer ejemplar de ``Linden Lane Magazine'' se publicó en Princeton, el publicado en Madrid, una excepción, fue un par de años después.
`Linden Lane': nuevo formato(Ultimo de una serie de tres)
Belkis Cuza-Malé fue y es la heroína de Linden Lane Magazine, publicada consecutivamente desde 1982 dondequiera que ella haya vivido: en Nueva Jersey, en Texas, en la Florida. Nacida en Guantánamo, Cuba, y habiendo estudiado en la Universidad de Oriente, Belkis se fue a La Habana, donde comenzó enseguida a trabajar en periódicos, primeramente en Hoy, luego en Granma y más tarde en La Gaceta de Cuba. Se casó con Heberto Padilla en 1967 y le tocó estar encarcelada con él en 1971 por ``escritos subversivos''. Los libros que tenía publicados hasta ese entonces eran: El viento en la pared (1962), Los alucinados (1963), Tiempos de sol (1963) y Cartas a Ana Frank (1966). Su trabajo periodístico era también considerable. ``En Hoy estuve haciendo crítica de radio y televisión, con un seudónimo'', cuenta la escritora, ``cuando se acabó el periódico me mandaron para el nuevo periódico, Granma, donde hacía todo lo literario: entre otros entrevisté a Julio Cortázar, a Mario Vargas Llosa y a Alberto Moravia''. Pero después del año 71 fue silenciada. Cuza-Malé se exilió con su hijo pequeño en 1979 y con sus gestiones pudo conseguir que Padilla saliera de Cuba, a pesar de que antes fue muy presionada a regresar a la isla por los funcionarios cubanos en Estados Unidos, porque estaba indocumentada. Su interés en la biografía creció en los años 70, y publicó más tarde lo que había investigado y escrito en Cuba, El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero (Instituto de Cooperación Iberoamericana en Madrid, 1984), sobre la poeta con la que se identificó espiritualmente. Le tradujeron al inglés Woman on the Front Lines, que incluye Juego de damas y El patio de mi casa (Greensboro: Unicorn Press, Inc., 1987) y Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows (1994). Publicó luego Juego de damas (2002) y La otra mejilla (ZV Lunáticas prólogo Grace Giselle Piney Roche, 2007). El más reciente número de Linden Lane Magazine, correspondiente al Volumen XXVIII Nos. 1, 2, 3, 4 del 2009, en homenaje a la pintora cubana Carmen Herrera, que no ha sido reconocida hasta muy recientemente, es distinto en formato al estilo que prefería Belkis (``Yo escogí el del New York Review of Books''), que era tabloide, con papel de periódico, y el título en cursiva. La razón es el costo, porque ``ahora se imprime a medida que se encarga'', explica, ``en principio, hacía 3,000 ejemplares, se lo mandaba a las personas se suscribieran o no. Era un trabajo monstruoso que hacía yo sola, porque, como decía Flaubert: `Madame Bovary soy yo', y `Linden Lane soy yo'. Era hasta la `peistopista' (pegaba los cromos en las cartulinas); hace unos años aprendí a hacerla en la computadora. En Cuba, me pidieron mi primer diseño en los años 60 y pico: el disco del comandante Juan Almeida. ¡Y tuve que enfrentarme con ese hombre que dirigía el ministerio de las fuerzas armadas!''. Linden Lane Magazine --de cuya historia tiene miles de anécdotas que saldrán publicadas en sus memorias-- tendrá distinto formato y papel satinado, pero sigue suscribiendo la misma política editorial: ``La idea es sobre todo que los escritores cubanos tengan un sitio'', afirma su creadora, ``que sus voces no se apaguen''. • olconnor@bellsouth.net Para encargar la nueva revista usar este sitio: http://magcloud.com/ browse/Issue/44599 y para comunicarse con Belkis Cuza- Malé: lindenlanemag@aol.com

`Linden Lane': nuevo formato (Ultimo de una serie de tres) Olga O'Connor El Nuevo Herald.

Publicado el domingo, 02.21.10


`Linden Lane': nuevo formato(Último de una serie de tres)

Belkis Cuza-Malé fue y es la heroína de Linden Lane Magazine, publicada consecutivamente desde 1982 dondequiera que ella haya vivido: en Nueva Jersey, en Texas, en la Florida.

Nacida en Guantánamo, Cuba, y habiendo estudiado en la Universidad de Oriente, Belkis se fue a La Habana, donde comenzó enseguida a trabajar en periódicos, primeramente en Hoy, luego en Granma y más tarde en La Gaceta de Cuba. Se casó con Heberto Padilla en 1967 y le tocó estar encarcelada con él en 1971 por ``escritos subversivos''. Los libros que tenía publicados hasta ese entonces eran: El viento en la pared (1962), Los alucinados (1963), Tiempos de sol (1963) y Cartas a Ana Frank (1966). Su trabajo periodístico era también considerable. ``En Hoy estuve haciendo crítica de radio y televisión, con un seudónimo'', cuenta la escritora, ``cuando se acabó el periódico me mandaron para el nuevo periódico, Granma, donde hacía todo lo literario: entre otros entrevisté a Julio Cortázar, a Mario Vargas Llosa y a Alberto Moravia''. Pero después del año 71 fue silenciada.

Cuza-Malé se exilió con su hijo pequeño en 1979 y con sus gestiones pudo conseguir que Padilla saliera de Cuba, a pesar de que antes fue muy presionada a regresar a la isla por los funcionarios cubanos en Estados Unidos, porque estaba indocumentada. Su interés en la biografía creció en los años 70, y publicó más tarde lo que había investigado y escrito en Cuba, El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero (Instituto de Cooperación Iberoamericana en Madrid, 1984), sobre la poeta con la que se identificó espiritualmente. Le tradujeron al inglés Woman on the Front Lines, que incluye Juego de damas y El patio de mi casa (Greensboro: Unicorn Press, Inc., 1987) y Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows (1994). Publicó luego Juego de damas (2002) y La otra mejilla (ZV Lunáticas prólogo Grace Giselle Piney Roche, 2007).

El más reciente número de Linden Lane Magazine, correspondiente al Volumen XXVIII Nos. 1, 2, 3, 4 del 2009, en homenaje a la pintora cubana Carmen Herrera, que no ha sido reconocida hasta muy recientemente, es distinto en formato al estilo que prefería Belkis (``Yo escogí el del New York Review of Books''), que era tabloide, con papel de periódico, y el título en cursiva. La razón es el costo, porque ``ahora se imprime a medida que se encarga'', explica, ``en principio, hacía 3,000 ejemplares, se lo mandaba a las personas se suscribieran o no. Era un trabajo monstruoso que hacía yo sola, porque, como decía Flaubert: `Madame Bovary soy yo', y `Linden Lane soy yo'. Era hasta la `peistopista' (pegaba los cromos en las cartulinas); hace unos años aprendí a hacerla en la computadora. En Cuba, me pidieron mi primer diseño en los años 60 y pico: el disco del comandante Juan Almeida. ¡Y tuve que enfrentarme con ese hombre que dirigía el ministerio de las fuerzas armadas!''.

Linden Lane Magazine --de cuya historia tiene miles de anécdotas que saldrán publicadas en sus memorias-- tendrá distinto formato y papel satinado, pero sigue suscribiendo la misma política editorial: ``La idea es sobre todo que los escritores cubanos tengan un sitio'', afirma su creadora, ``que sus voces no se apaguen''. •

olconnor@bellsouth.net

Para encargar la nueva revista usar este sitio: http://magcloud.com/ browse/Issue/44599 y para comunicarse con Belkis Cuza- Malé: lindenlanemag@aol.com
www.belkiscuzamale.blogspot.

sábado, 20 de febrero de 2010

MARINA UNA VIÑETA DEL JOVEN ESCRITOR CUBANOAMERICANO MANUEL DELGADILLO.


Marina
                                                                                                        
In Memoriam, Carlos Victoria.



C
iento veinticinco mil rostros se deslizan sobre las silenciosas aguas del estrecho. Rostros hoscos, marcados. Rostros de sueños. Rostros de una extraña primavera. Multitud de ojos fulgurantes, labios quemados y sedientos, axilas y manos sudorosas, a bordo de un archipiélago de pequeñas embarcaciones, rumbo Norte.  Nadie se atreve a mirar atrás... Las suaves, onduladas aguas, alivian el viaje, pero no sus corazones. Rostros de piedra. Un puñado de hombres jóvenes se inclina sobre la popa de una de las naves, mirando hacia abajo —por primera vez— las blancas estelas en el mar. Hacia la proa, una mujer solitaria, entre el rumor del hacinado grupo, sostiene en sus brazos a su niño que llora. “¿Qué edad tiene?” le pregunta un hombre de barba entrecana. La mujer no responde, sólo abraza con más fuerza a su niño, eludiendo al hombre delgado y de apariencia frágil. Mientras, éste dirige la mirada hacia la muchedumbre que se balancea, y exhala casi sin aliento, “¿Y qué hay de la tierra prometida? ¿Habrá un alma que espera…?” El hombre de barba entrecana se siente hacinado, como todos. Está cargado de impaciencia... Un viento furtivo sopló sobre su rostro, echando hacia atrás sus cabellos, y descubriendo sus rasgos: nariz firme, ojos oscuros y profundos, mentón cuadrado y semblante pálido...  


.El autor es Manuel Delgadillo, escritor  cubanoamericano de 24 años de edad, coautor del libro "Crónicas Aldeanas", Estudiante de Literatura de la Universidad de Saint Thomas, Miami. 







¿CÓMO PUEDE EL HOMBRE ALBERGAR TANTA CAPACIDAD DE ODIO? VED LAS IMÁGENES. ELLAS HABLAN POR SÍ MISMAS.

Estas fotos fueron tomadas durante una manifestación de 'la religión de la paz' celebrada por la comunidad musulmana en Londres. No se han publicado en prensa ni TV para no ofender sensibilidades.   
 



Matad a aquellos que insultan al Islam; Europa pagarás: tu demolición está en marcha.; tu exterminación está en camino,.....
 



DECAPITAD A LOS QUE INSULTAN AL ISLAM



'EUROPA ES EL CANCER Y LA RESPUESTA ES EL ISLAM'     , 'EXTERMINAR A LOS QUE VAN EN CONTRA DEL ISLAM'


 

'EL ISLAM DOMINARA EL MUNDO'
 





 
'AL INFIERNO CON LA LIBERTAD'
 
 
 




EUROPA, APRENDE DEL 11 DE SEPTIEMBRE
 


 




'EUROPA PAGARAS, TU 11 DE SEPTIEMBRE ESTA DE CAMINO'



 




'PREPARATE PARA EL VERDADERO HOLOCAUSTO'
 





¡Y que alguien pueda pensar que  tenemos algo en contra de esta gente tan pacífica!  ¿Nos dejarían a nosotros manifestarnos en sus países de esta forma.?
Manda esto a todo el mundo

jueves, 18 de febrero de 2010

TODO ESTÁ BIEN EN EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES. CARMEN KARÍN ALDREY. TOMADO DE SU BLOG SOLIGREGARIO.

Todo está bien en el mejor de los mundos posibles



Carmen Karin Aldrey, Planetas de la Mente (2009) Técnica mixta sobre lienzo



“Todo está bien en el mejor de los mundos posibles”-Moliere-

Después de tanto afán por tocar las nubes no entendía qué hacía allí, exprimida como una naranja. Adaptarse no había sido lo peor, sino aceptarlo. Recordaba que asumiendo había vivido los mejores momentos de su vida, pero el hastío se afianzaba con la edad y ya no aparecían las brújulas como en las épocas de la Gran Ciudad. Por supuesto, desde el pueblo todo era grande. Ella pensaba que la culpa la había tenido aquél regalo de cumpleaños en donde varios girasoles la abofetearon con su belleza.

-Tan lindos… y decir que es obra de un alucinado…

Pensándolo bien, no fueron los únicos responsables, también ese libro dedicado a un niño adulto que encaramado en planetas lejanos, la había conducido lentamente a la comprensión de los misterios humanos.

-Yo creo que tu problema ha sido el escozor, Teresita, y los guaguanchos…
Con las voces internas podía dialogar a sus anchas, las otras quedaban flotando, inmersas en vacíos sin sustancia y avasalladas por los ruidos urbanos, como esos ecos que viajan entre paredes sólidas o acantilados.

El caso es que estaba allí y no lo entendía muy bien. Reconoce que aquellas noches en Empedrado y Monserrate cortaron su cordón umbilical de cuajo y la hicieron tomar decisiones peregrinas el resto de su vida. Todavía podía ver al Teniente Lázaro mirándole a los ojos sin pestañar, caminando hacia ella con la mano izquierda en el bolsillo y su pistola de culata de carey resplandeciendo en la oscuridad. No hay peor espectáculo que un militar armado, irradia fuerza bruta, autoridad, y cuando trasciende a símbolo esa imagen se apodera del subconsciente de un país. Entonces es cuando dan ganas de correr, de ser irreverente. Lo sentía por aquellos, los asimilados y resignados, y lo sentía por ella misma, más que por todos, puesto que auto-compadeciéndose reconocía lo inútil de la desolación.

Estaba allí, ¿pero en dónde? No importaba el lugar, eso era lo de menos, lo esencial era su ánimo, ese que va a todas partes con el ser y sólo cambia luego de atravesar etapas necesarias. Miraba a ese otro mar estancado como un lago, muy parecido a ella. Adivinaba su boca encontrada con el océano y el eterno escapar de las olas a otros mares cubiertos por las sombras y la melancolía. No sabía si había aprendido a conocerse, envejecer no era una garantía, conocía gentes de todas partes que nunca maduraron, que siempre cometieron los mismos errores, y quizás era la vida misma con sus parámetros desconocidos la que actuaba subjetivamente dentro de cada cual creando espejismos.

Cuando recordó que fue obligada a condenarse en primera persona del plural, le vino la fiebre del Yo, otro mal que sólo se curaría amando. Por eso cuando llegaban las desilusiones retomaba con fuerza el ego y se escondía, ya no entre los cerezos, pero lejos de la cotidianeidad abrumadora y de las tertulias frívolas, un poco erigiéndose victimaria de sus propios antagonismos. Si la vida no fuera tan complicada, Teresita hubiera sobrevivido. Vivir no es sobrevivir de ningún modo.

Las nubes no eran de papel, así que se fue acostumbrando a las caídas súbitas. Las peores eran aquellas del abrir los ojos y confirmar que los cambios habían sido inevitables, un poco asombrarse del estar en un sitio diferente cada vez y no recordar en qué momento dio el primer paso para que esto sucediera, de modo que muy bien podía despertar en el Sahara como en Key West, siempre acompañada por su propia sombra o alguna que otra sayuela estampada. Qué horrible, se decía, no entender el por qué de las migraciones, el peso exagerado de su equipaje lleno de escombros intelectuales, zapatos de marca y escrituras musicales embarradas de tinta china.
Era asombroso vivir sin la memoria del presente, todo se reducía a los cataclismos del ayer, las volátiles imágenes de su infancia, los tormentos de su adolescencia que yacían muertos-vivos en una mochila que siempre se encasquetaba en cada escapada.

Recogiendo las miserias atravesaba la frugalidad con su estenotipia mental, acaparaba los versos que imaginaba escribiendo y que nunca lograba recordar al llegar a su destino, puesto que todos los caminos conducían a la Gran Ciudad y sólo allí era posible hacer uso eficiente de su maquinaria interpretativa. La locuacidad vendría mucho después, cuando empezó a marchitar y ya no le importaban la dirección de sus pasos ni las huellas de esas otras vivencias compartidas con entidades pasajeras.

Es cierto, estaba allí y veía que las gaviotas eran más gordas, que los delfines se dejaban tocar, que las estrellas eran menos o quizás más lejanas, que el neón subía y bajaba por doquier alumbrando calles tan largas como las vías del tren, y lo mejor, que ella no era notada y se unía a una muchedumbre ansiosa por desaparecer entre ordenadores, ensaladas multicolores, baños perfumados o experiencias afrodisíacas. Cada cual a lo suyo, se decía con satisfacción, nadie advierte mi caminado de botas ortopédicas, mi pelado de Juana de Arco, mis ojos de buscar otros ojos, nadie me critica ni me alaba, nadie me aplaude o me censura. Eso argumentaba llena de pasión, aunque la soledad sólo es fructífera si tienes cosas que decir, como sucedió con ella al final, pero sí supo de otros que no superaron el tedio de los monólogos y terminaron absorbidos por la nada. Estaba allí, así de simple, pero nunca se arrepintió de ser parte de una diáspora que herida buscaba su asiento, su trono, su mar, aunque nunca fueran repetibles y la nostalgia de sábanas almidonadas la despertara por las noches interrumpiendo sus sueños y sus pesadillas.

Carmen Karin Aldrey
De su libro inédito “Teresa o las Huellas” © 2002

martes, 16 de febrero de 2010

"LINDEN LANE MAGAZINE": LA HISTORIA (SEGUNDO DE UNA SERIE) OLGA O'CONNOR .

Publicado el domingo, 02.14.10

`Linden Lane Magazine': la historia (Segundo de una serie)

``Linden Lane Magazine'' comenzó pues, bajo la sombra de un árbol, el tilo, pero sin los auspicios de su pueblo, el académico Princeton, unos 28 años atrás. Ahora, con el ejemplar segundo en las manos, de abril/junio, 1982, Vol 1, No. 2, que su editora y directora Belkis Cuza-Malé muy generosamente me ha prestado, junto a otros de estas tres décadas, me parece estar recorriendo aquella calle que le dio nombre a la revista, al pasear entre los artículos de una asombrosa riqueza.
Quiero seguir leyéndolos, disfrutando de la sabiduría y el arte que se derramaron a borbotones en aquel encuentro de mentes. Y hablar de tantos amigos como colaboradores de estos números, todos en el plano de reunión creativa en que se constituyó esta revista. Recuerdo a Reinaldo Arenas, que visitaba mi casa en Miami, pero que vivía en Nueva York, editor asistente de estas primeras revistas, muy amigo de Belkis de la época en que ambos trabajaron en ``La Gaceta de Cuba''.
Aparece Mercedes Ares, profesora y compañera mía en la Universidad de Miami, con poemas dedicados al poeta Miguel Sales. Stefan Baciu, el gran crítico del surrealismo hispanoamericano, a quien conocí en Río de Janeiro, profesor en la Universidad de Hawaii en ese entonces, que escribió sobre el gran narrador Enrique Labrador Ruiz, a quien le habían dedicado este número, por sus 80 años. Y Elio Alba Buffill, quien contribuyó al homenaje situándolo como precursor del neobarroco. Arenas también le dedica un ensayo llamándolo Labrador infatigable. Y el propio Labrador Ruiz escribió lo suyo, sobre novelistas cubanos de una sola novela: Ganadores y perdedores.
Una Conversación con Lydia Cabrera me dejó emocionada, la de Suzanne Jill Levine, porque por la misma época también yo entrevisté a la exquisita antropóloga y me pareció estar hablando de nuevo con ella. Hay poemas de Eugenio Florit, Gastón Baquero, Iza Tucker, Jorge Guitart y de Alastair Reid, que tradujo a Heberto Padilla, Pablo Neruda y otros. Y arte de varios artistas: Jesús Selgas, Alberto Lastreto y María Elena Badías Río. Manolo Ballagas, mi ex colega en el periódico, escribió sobre un libro que hablaba de los gays en Cuba; Ofelia Hudson, amiga del Miami Dade College, sobre Isaac Singer y sus cuentos, y Carlos Verdecia sobre Paquito D'Rivera y sus éxitos en sólo dos años fuera de Cuba.
Hay tantas cosas más en los números de ``LLM'' de esa década de los años 80 y las que le siguen, que se ha convertido en un archivo de la sabiduría literaria del exilio. Belkis, además de hacer todo el diseño y paste up de la revista, encargarse junto con Heberto Padilla de recogerla de la imprenta de los vietnamitas y chinos en Nueva York, a un costo de $2,000 por ejemplar, y luego enviarla por correo ($500), lo mismo a suscriptores que a no suscriptores, ha mostrado su afán, ``una misión'', por esta publicación que se ha convertido en un tesoro de coleccionistas. El colmo es que ``La Jiribilla, la malévola publicación cubana, publicó un artículo hace unos cinco años mostrando, diría yo que como el cazador que obtiene una buena presa, todos los números de LLM'', me escribe Belkis, ``la colección hasta ese año, que según el entonces director de la Biblioteca Nacional, había obtenido como una regalía''. • 
olconnor@bellsouth.net
Corrección: El primer ejemplar de ``Linden Lane Magazine'' se publicó en Princeton, el publicado en Madrid, una excepción, fue un par de años después.

EL CALLEJÓN DE LOS TILOS (PRIMERO DE UNA SERIE) POR: OLGA O'CONNOR TOMADO DE EL NUEVO HERALD.

El callejón de los tilos (Primero de una serie)

Princeton es una ciudad privilegiada con una universidad del mismo nombre fundada en el siglo XVIII, de edificios con arcos y faroles de estilo neogótico, como los de los colleges ingleses, y una población itinerante de miles de estudiantes que se renuevan anualmente, como los árboles de esa zona, tan típica del nordeste del país. Situada en el estado de Nueva Jersey, a una hora de Nueva York, al norte, y de Filadelfia, al sur, sus calles tienen la sombra frondosa de los árboles de tilo en el verano y la presencia de los siempre verdes pinos en invierno.
Una escritora cubana que lleva en el alma misterios que pocos comprenden, pero que la protegen en la inspiración de sus poemas y cuentos, tuvo la ocurrencia de instalarse en este pueblo, tan poco conocido para los que no disfrutan de la vida académica. La calle donde encontró refugio se llama literalmente Callejón de los Tilos: Linden Lane, y su casa se asentaba firmemente frente a uno de estos árboles, cuyo conocimiento para nosotros viene de sus humildes flores, base de una infusión de té muy popular en Europa y en los países hispanos por sus propiedades curativas de los nervios.
Linden Lane, no en español, sino en inglés, fue el título que escogió Belkis Cuza--Malé, la escritora que se refugió en Princeton, para la revista que le daría espacio a todos los escritores cubanos y en general de lengua española diseminados por el mundo. Linden Lane cumple en el 2010 su vigésimo octavo aniversario de ininterrumpida constancia en las manos de su editora, y previamente también de su coeditor, su esposo de muchos años, Heberto Padilla (prematuramente fallecido), que la ayudó a fundarla. Es curioso destacar que el tilo es una especie de árbol que dura por siglos, y en algunas mitologías tiene un significado sagrado. Fue muy importante en la mitología eslava y para el famoso Andrei Rublev, cuyos iconos La Sagrada Trinidad y El Salvador, que pudimos ver en la galería Tretyakov de Moscú, están pintados sobre la madera de un tilo.
El árbol está asociado entre los germanos precristianos con la idea de la justicia, y si uno se situaba bajo el mismo, ayudaba a los jueces a descubrir la verdad. Hoy día el bulevar de Berlín Unter den Linden, o Bajo los Tilos, se considera el paseo de los enamorados. Y los tilos tienen también prosapia poética, desde Ovidio, Horacio, Homero, Virgilio, Plinio y los románticos ingleses. No es extraño pues que Belkis Cuza--Malé pensara en la belleza del nombre y la significación del lugar, de ese árbol que estaba allí cuando ella y Padilla se mudaran en 1981 a la calle Linden Lane, número 76 y medio (como en los libros de Harry Potter). ``Todas las calles tenían nombres de árboles, y yo le puse ese nombre a la revista'', cuenta la escritora, ``ése no es un nombre cubano, pero me gustaba. En esa casa ahora viven unos tibetanos, con un letrero frente a la casa: `Free Tibet'. La tradición de la libertad sigue ahí, y me da mucho gusto que sea así. Dios pone las cosas en su sitio''.
Pero no fue Princeton el sitio de publicación del primer ejemplar, sino Madrid. Allí se encargó Linda Montaner de distribuirla por correo. Lo que siguió fueron 28 años de dificultades económicas y triunfos
literarios. • 
olconnor@bellsouth.net

MEMORIAS DE "PARADISO" POR: RAFAEL ALCIDES TOMADO DEL DIARIO DE CUBA.

MEMORIAS DE "PARADISO" POR: RAFAEL ALCIDES TOMADO DEL DIARIO DE CUBA.

[Photo]
En estos días anunciaban aquí en La Habana la salida al mercado de una nueva edición de la novela Paradiso, de José Lezama Lima. La cuarta, si no me equivoco. La tercera fue hace tres años o por ahí; la segunda, una edición crítica promovida por la UNESCO, es de la década de los noventa y no vino a aparecer hasta casi treinta años después de la primera, es decir, la de 1966, la edición príncipe cuyo secuestro, después de días muy tranquilos, inofensivos por completo, causó un gran escándalo y el comienzo del mito de Paradiso y su autor. "Ellos no saben lo que han hecho", me dijo Lezama en esos días, entre ofendido y feliz. Es verdad, Paradiso se moría de olvido en la UNEAC. Cuando la prohibieron, Bienvenido, el administrador de dicha institución —dispuesto a no perder los costos del libro si se lo hicieran pulpa—, se buscó a dos vendedores, entre ellos uno con espejuelos y un gran bigote que se metía en las fábricas con un par de maletines, leía un pedazo del capítulo 8, decía que era un libro prohibido, perseguido, y allí mismo vaciaba sus dos maletines y volvía a la UNEAC a cargar más. La gente creía que estaba comprando literatura pornográfica.
Una tarde coincidí en el periódico Revolución con el funcionario que encendió el caldo de la prohibición, un acucioso joven de veintiséis años de edad. Estaba él allí en representación de la Comisión de Orientación Revolucionaria para integrar un Consejo Editorial que luego no tendría lugar, el de las ediciones Dragón, que dirigía Oscar Hurtado.
"¿Viste lo de Lezama?", me dijo el funcionario. Me asusté. Él me aclaró, "el libro que ha escrito. Piensa tú en la juventud, si eso cayera en manos de un joven". Me quedé mirándolo. Tras haber tenido excelentes relaciones, no nos hablábamos desde hacía años, pero él sintió aquella tarde la necesidad de comunicarme sus miedos. Estaba aterrado.
Aterrados igualmente, pero por distintas razones, otros de los de entonces no sabían qué sería ahora del pobre Lezama, magnífico en todo: como poeta, como ensayista, como editor, y de repente, echando por el suelo tales prestigios, se aparecía con un libro menor, aburrido, indigno de su genio. Lezama, sin embargo, que sabía lo que se traía entre manos, le confió la edición de aquel libro a su buen amigo, el más joven de ellos, el poeta, narrador y crítico Armando Álvarez Bravo, consciente de que si se descubría lo que el voluminoso Paradiso contenía, no vería la luz. Como un conspirador procedió Armando. La última revisión de las pruebas de galera la hizo en casa un lunes por la tarde y después llevó el libro a la imprenta por su cuenta.
En la calle, en cambio, no había nadie aterrado. Desde su aparición, Paradiso fue el libro de los libros y Lezama el Escritor. Había escrito un libro tan importante que con sólo un capítulo del mismo, el 8, había vuelto anticuada toda la literatura precedente, según la entusiasta propaganda que le hiciera el vendedor clandestino de los espejuelos y el bigote sacado por Bienvenido de quién sabe qué novela gótica.
Recuerdo a mi grabador preferido en Radio Progreso, planta en la que entonces era yo escritor y locutor. Al salir de allí un día, me alcanzó en el portal: "¿Tú conoces en la UNEAC a un tipo llamado Lezama?" Cuando le dije que sí, exclamó admirado, casi envidiándome: "¡Compadre, ese tipo es un bárbaro. Me han dicho que escribió un libro donde hay un tipo que tiene una pinga así de este tamaño", y al decirlo abrió los brazos triunfalmente dejando entre mano y mano un espacio de medio metro por lo menos. Sin haber leído el libro, ya mi grabador preferido le había levantado un templo a Lezama, quien sabía detenerse en las cosas que valía elogiar.
Nuevas lecturas aparecerían después, muy diferentes de las que en su día le hicieron los farraluqueños y los intelectuales aterrados, y hoy, a la velocidad con que se viene reeditando en Cuba aquel libro secuestrado, pensando sobre todo en el Hombre Nuevo, tal vez la quinta edición ocurra la semana que viene. Me imagino a Lezama con su tabaco, allá donde esté, mirando todo esto muy divertido.

MEMORIAS DE "PARADISO" POR: RAFAEL ALCIDES TOMADO DEL DIARIO DE CUBA.


En estos días anunciaban aquí en La Habana la salida al mercado de una nueva edición de la novela Paradiso, de José Lezama Lima. La cuarta, si no me equivoco. La tercera fue hace tres años o por ahí; la segunda, una edición crítica promovida por la UNESCO, es de la década de los noventa y no vino a aparecer hasta casi treinta años después de la primera, es decir, la de 1966, la edición príncipe cuyo secuestro, después de días muy tranquilos, inofensivos por completo, causó un gran escándalo y el comienzo del mito de Paradiso y su autor. "Ellos no saben lo que han hecho", me dijo Lezama en esos días, entre ofendido y feliz. Es verdad, Paradiso se moría de olvido en la UNEAC. Cuando la prohibieron, Bienvenido, el administrador de dicha institución —dispuesto a no perder los costos del libro si se lo hicieran pulpa—, se buscó a dos vendedores, entre ellos uno con espejuelos y un gran bigote que se metía en las fábricas con un par de maletines, leía un pedazo del capítulo 8, decía que era un libro prohibido, perseguido, y allí mismo vaciaba sus dos maletines y volvía a la UNEAC a cargar más. La gente creía que estaba comprando literatura pornográfica.
Una tarde coincidí en el periódico Revolución con el funcionario que encendió el caldo de la prohibición, un acucioso joven de veintiséis años de edad. Estaba él allí en representación de la Comisión de Orientación Revolucionaria para integrar un Consejo Editorial que luego no tendría lugar, el de las ediciones Dragón, que dirigía Oscar Hurtado.
"¿Viste lo de Lezama?", me dijo el funcionario. Me asusté. Él me aclaró, "el libro que ha escrito. Piensa tú en la juventud, si eso cayera en manos de un joven". Me quedé mirándolo. Tras haber tenido excelentes relaciones, no nos hablábamos desde hacía años, pero él sintió aquella tarde la necesidad de comunicarme sus miedos. Estaba aterrado.
Aterrados igualmente, pero por distintas razones, otros de los de entonces no sabían qué sería ahora del pobre Lezama, magnífico en todo: como poeta, como ensayista, como editor, y de repente, echando por el suelo tales prestigios, se aparecía con un libro menor, aburrido, indigno de su genio. Lezama, sin embargo, que sabía lo que se traía entre manos, le confió la edición de aquel libro a su buen amigo, el más joven de ellos, el poeta, narrador y crítico Armando Álvarez Bravo, consciente de que si se descubría lo que el voluminoso Paradiso contenía, no vería la luz. Como un conspirador procedió Armando. La última revisión de las pruebas de galera la hizo en casa un lunes por la tarde y después llevó el libro a la imprenta por su cuenta.
En la calle, en cambio, no había nadie aterrado. Desde su aparición, Paradiso fue el libro de los libros y Lezama el Escritor. Había escrito un libro tan importante que con sólo un capítulo del mismo, el 8, había vuelto anticuada toda la literatura precedente, según la entusiasta propaganda que le hiciera el vendedor clandestino de los espejuelos y el bigote sacado por Bienvenido de quién sabe qué novela gótica.
Recuerdo a mi grabador preferido en Radio Progreso, planta en la que entonces era yo escritor y locutor. Al salir de allí un día, me alcanzó en el portal: "¿Tú conoces en la UNEAC a un tipo llamado Lezama?" Cuando le dije que sí, exclamó admirado, casi envidiándome: "¡Compadre, ese tipo es un bárbaro. Me han dicho que escribió un libro donde hay un tipo que tiene una pinga así de este tamaño", y al decirlo abrió los brazos triunfalmente dejando entre mano y mano un espacio de medio metro por lo menos. Sin haber leído el libro, ya mi grabador preferido le había levantado un templo a Lezama, quien sabía detenerse en las cosas que valía elogiar.
Nuevas lecturas aparecerían después, muy diferentes de las que en su día le hicieron los farraluqueños y los intelectuales aterrados, y hoy, a la velocidad con que se viene reeditando en Cuba aquel libro secuestrado, pensando sobre todo en el Hombre Nuevo, tal vez la quinta edición ocurra la semana que viene. Me imagino a Lezama con su tabaco, allá donde esté, mirando todo esto muy divertido.

lunes, 15 de febrero de 2010

CALIDOSCOPIO UN CUENTO DE FÉLIX ANESIO
















Calidoscopio

A Julia Betancourt



"Soy una historia/ Una memoria que se inventa..."
Octavio Paz-


I



Con sus vibrantes y cadenciosos colores, la polymita picta provoca una peculiar sensación de vértigo. Ellas son las eternas caracolas que solía entresacar de las cálidas arenas, con mis pequeños y tenues dedos, en Bahía de Mata, Baracoa, donde los torrentes de aire recrean prodigiosos suspiros. Al contemplar los laberintos verdeamarillos impresos en las conchas, el vértigo sobrecogía mi alma. Indiferente a las olas que bañaban mi cuerpo, sumergiéndome en aquel raudal de azules, me tornaba en otra ola, una y otra vez.
Desde la orilla, mi padre me miraba sonriente, como recono-ciendo un mutuo sentimiento de complicidad. Junto a él estaba su amigo, el ingeniero Víctor Milanov, quien nos acompañaba en los habituales paseos por la costa los fines de semana. “Mira Isidro,” le dijo, “esta situación no va a cambiar en mucho tiempo, y sabes tan bien como yo, que deberías marcharte cuanto antes; no veo otra opción.”
“¿Sabes lo que un colega manifestaba en la oficina, justamente ayer?” le preguntó mi padre. “Decía, con evidente inquietud, que esta isla no era más que una ilusión, una falacia. ¿Puedes comprender?” dijo pensativo, mirando hacia el mar, luego hacia mí, y finalmente a los inquisitivos ojos de Milanov, “muy pocos de nosotros van quedando, y aún creo con vehemencia, que no debemos privar a esta generosa tierra de sus frutos… ”
“¿Y el niño? ...¿Ves como juega con esas pequeñas conchas, como si hallara algo especial en ellas que nosotros no percibimos?” Ambos me observaban con evidente preocupación reflejada en sus rostros, aún salpicados de arena. Mientras, yo dibujaba insistentemente con mis dedos, las impecables formas y colores de las polymitas. Tomé una al azar y la elevé hacia el vasto cielo, ocultando al sol; en ese instante, fue revelada ante mis ojos, la fugaz e indeleble visión de un espléndido calidoscopio. Sí, mi deseo yacía en permanente inmanencia: transmutarme en la matizada concha. Quizás, algún día, un niño al verme cuidaría de mí, colocándome a la sombra bienhechora de un hicaco…
“Seamos discretos,” dijo mi padre, “no hablemos de estos temas delante del niño.” Víctor casi susurró: “Apenas tiene siete años.” “Sí, pero no olvides que los niños aquí maduran antes.”
Más tarde, ya de regreso a la ciudad, cenábamos en casa de Milanov: “Si nos marchamos, sería por la única razón, de que el niño no tenga que padecer ulteriores agonías; aunque sé que para mí, la nostalgia será interminable... Sí Milanov, te juro que estoy preparado, lo he estado pensando desde hace ya mucho tiempo, pero me ha faltado el coraje suficiente para partir —pege ese aviao, cantaba Chico Buarque en la radio—; para tomar ese avión, que nos lleve inexorablemente, hacia un rincón menos tumultuoso de este mundo.” Vaciaban los vasos de ron, hablaban y hablaban, mientras el humo del tabaco creaba una niebla alucinante en derredor. Yo, abstraído, sólo podía pensar en las caraco-las…, nada más. Me sentía como un tonto solitario sin la polymita. Mis pensamientos volaban arremolinados, como pájaros perdidos en medio de una tormenta; escapaban lejos, donde ya no podía asir una sola idea lógica. Ambos continuaban la plática, envueltos en las pequeñas volutas de humo que teñían el cálido aire del comedor. Súbitamente, recordé haber puesto una concha en mi bolsillo y al tomarla…





II


No hay polymitas aquí. Busqué, imploré a la arena y a las olas; escudriñé en todos los recodos. Nada. Tenía siete años y sólo sentía pesar, desilusión. Aquí en Miami las conchas —por causa de un mar extraño y negligente— están descoloridas, desparejas, rotas; no ameritan su con-templación. ¿Por qué fui privado de su belleza?
Mi padre sólo me hablaba durante la noche. Yo sentía una pro-funda tristeza... A escasos meses de nuestra llegada, casi estuve murien-do de fiebre. El médico diagnosticó neumonía. Ciertamente, creo que conocía la razón de mi deplorable estado de salud... Tuve que perma-necer en reposo por varios días, días que me parecieron interminables. Desde mi cama, a través de la puerta entreabierta, observaba calla-damente a mi padre. A veces, sentado en su sillón, envuelto en la pe-numbra de nuestra pequeña sala, absorto en sus pensamientos, hablaba mecánicamente para sí: “Milanov, extraño tantas cosas: el simposio so-bre los filmes de Joseph Losey en el Cinema Astral, el sabor del café, nuestras conversaciones, los rostros de los amigos…, todo.”
Algún tiempo después, por fin, llegó a saber de Milanov mediante una breve llamada telefónica. Este había regresado a Bulgaria, y una desventurada noche, agentes de la policía política registraron su casa. Cartas, papeles y algunos libros censurados hallados en su habitacíón, lo comprometían: fueron considerados evidencia suficiente, para encarce-larlo por el delito de conspiración.
Esta noticia lo hizo estallar de indignación. Se tornó aún más distante, irritable y sombrío; sus silencios parecían interminables. Así transcurrieron sus días y sus noches en lo adelante. Yo lo miraba compasivo, tratando de capturar alguna efímera mirada suya, y me preguntaba: ¿Era mi padre culpable del destino de Milanov?


III


Había cumplido diez años: escuela, casa, y el pequeño parque “Bahía de Cochinos” ocupaban mis jornadas. En la mañana, esperaba por el omnibus escolar; en la tarde, ya de regreso a casa, comía, hacía la tarea, leía sobre los siboneyes, veía alguna televisión y ocasionalmente bajaba las escaleras del complejo de apartamentos. Ya en la Avenida 57, cruzaba la calle y entraba en el desolado parque… Así pasaban mis días.
Fue durante este tiempo, que una tarde plomiza, al salir de la escuela en el detestable ómnibus amarillo, el chofer, no sin imprudencia, hizo un brusco giro hacia la izquierda, sin percatarse de un camión que se aproximaba en sentido contrario, a toda velocidad. El impacto fue de cierta consideración. Ambos choferes discutían acaloradamente en me-dio de la calle; algunos niños dentro del ómnibus gemían; otros lloraban atemorizados. Las sirenas de los carros de la policía se escuchaban con mayor intensidad, al acercarse al lugar del accidente... En medio de la confusión, logré escabullirme por la puerta trasera de emergencia. La razón me dictaba que los choferes no podrían continuar su labor, hasta tanto fuera aclarado el asunto…
Caminé por las calles de Miami, desorientado, desconociendo el camino más corto de regreso a casa. Inconscientemente, entré en un mo-desto centro comercial. Me paré frente a una tienda nombrada Arte y Artesanía Hispano-Americana. En la vidriera, se exhibían cuadros, cerámicas, y otros objetos decorativos. Les eché una ojeada por varios segundos; cerré mis ojos al sentir un trueno distante; algunas gotas de lluvia cayeron sobre mi frente, y rodaron por mis mejillas. Humedecí el dedo índice y comencé a trazar sobre el cristal, una espiral. Con los ojos aún cerrados continué el trazo, hasta llegar finalmente a su centro. Al abrir mis ojos aletargados, percibí detrás, hacia el fondo, un cuadro multicolor: era la polymita. Las curvas de la espiral trazada por mi dedo, coincidían exactamente con los contornos de la concha dibujada en el cuadro. Entré a la tienda emocionado… Era obra de un artista naïf, cuya firma resultaba ilegible. Luego de un breve, pero intenso regateo con el dueño del establecimiento, logré adquirirlo por sólo unos dólares.
La oscuridad comenzaba a tender su velo sobre la ciudad, cuan-do por fin llegué a casa. Parado rígidamente en el umbral de nuestro pequeño apartamento —entre el ruido habitual de los vecinos— toqué a la puerta tres veces, suavemente, y esperé… Mi padre abrió la puerta de manera brusca. “¿Dónde, dónde rayos has estado?” dijo casi sin aliento. “¿Cómo has podido…?” “¡Dáme una explicación!” Yo permanecía en silencio. De repente, sus ojos cayeron sobre el cuadro que sostenía fuer-temente en mis manos. Su semblante comenzó a manifestar un incipiente sosiego. Entreabrió ligeramente la boca, me miró a los ojos, alzó la mano… e hizo un gesto, como si quisiera verificar la realidad de la pintura. Su rostro se iluminó. Continuamos mirándonos el uno al otro, luego al cuadro…, el uno al otro…, al cuadro.
Emocionados, entablamos —por primera vez en mucho tiem-po— una verdadera y animada conversación, que rompía definitivamente
nuestra lastimosa parquedad y la aparente apatía de antes. Sonriente, posó su mano sobre mi hombro, reconfortándome. Yo respiré profun-damente…

IV


Han pasado varios años desde su muerte. Sé que él hubiera estado orgulloso y feliz, al ver concluída mi tesis doctoral en Malacología, la cual presenté ayer con éxito en la Universidad de Miami.
A mi lado se encuentra sentado Víctor Milanov, quien ha sido mi tutor y mentor durante su ausencia. El me observa mientras escribo mis memorias infantiles, y me atrevo a preguntarle: “¿Milanov, crees que alguna vez podamos regresar a la tierra de las eternas caracolas?” Me miró detenidamente a los ojos, y su respuesta no fue más que una tenue y enigmática sonrisa...



CURICULUM:
Felix Anesio, autor cubano, de Guantánamo. Fecha de nacimiento 26 Abril de 1950. Profesión--Ingeniero geólogo. Obras Publicadas: 1- La crónica "Una Ciudad Cinematográfica" (2000), publicada en la revista Alba de la diócesis Gtmo-Baracoa; 2- Libro de relatos cortos "Crónicas Aldeanas" (2009), que se encuentra actualmente a la venta en la Libreria Universal, en la Moderna Poesía, y en Zu Galería, de la ciudad de Miami; 3- Cuento "Miami Beach Blues" publicado por Art at St. John's para el musical "Wish You Were Here: Miami Beach The Musical"; 4- Actualmente, en proceso de edición el libro de cuentos en ingles, titulado "A Tale of Two Villages"; 5- Actualmente trabajando en la novela "Criaturas de Dios", previsto terminarse en el verano del 2010.
El libro "Crónicas Aldeanas" es parte del fondo "Cuban Heritage Collection" de la Universidad de Miami, y en el sistema de bibliotecas públicas del condado Miami-Dade.





 
FÉLIX ANESIO

sábado, 13 de febrero de 2010

http://www.letralia.com/193/articulo06.htm


EL CASO PADILLA Y EL PRIMER CONGRESO NACIONAL DE EDUCACIÓN Y CULTURA
René Dayre Abella

En la primavera del año 1971 el mundo conoció del Caso Padilla, una gran farsa montada por las llamadas autoridades culturales cubanas y que recordaba a los tristemente célebres Procesos de Moscú, donde intelectuales de prestigio, principalmente poetas y escritores, eran obligados a retractarse de su obra en una especie de autocrítica.

Este nuevo proceso involucraba a Heberto Padilla y a su esposa Belkis Cuza-Malé, escritores y poetas ambos de reconocida trayectoria, con obras premiadas y un amplio currículo en el mundo de las letras, no solamente cubanas. Ambos intelectuales tuvieron que repetir un guión previamente acordado y orquestado por la Seguridad del Estado. En la llamada autocrítica Heberto se declara culpable de su condición de contrarrevolucionario y de haber cometido una serie de “crímenes” eminentemente políticos e implicó, previo acuerdo, a su esposa, Belkis Cuza-Malé, quien a su vez sufrió prisión y una serie de vejámenes por parte de la temible Seguridad del Estado. Esta “autocrítica” también incluyó a otros escritores que finalmente, al paso de los años, aceptaron “rehabilitarse” a cambio de prebendas y aún permanecen en la isla. No vale la pena nombrarles.

Lo burdo del espectáculo hizo recordar a la intelectualidad progresista del mundo que se trataba de un nuevo proceso similar a los instaurados por Stalin en la antigua Unión Soviética, y reaccionaron de inmediato enviándoles dos cartas a Fidel Castro firmadas por lo más granado y prestigioso de los intelectuales lúcidos que, aunque militando en posiciones de la izquierda política, no cejaron en su empeño de denunciar ante el mundo la gran farsa y sacar a luz el verdadero carácter totalitario del dictador caribeño como un nuevo émulo de Stalin. Quiero significar que no se trató, como luego llamaría Castro, de intelectuales de salón preocupados sólo por brillar y destacarse en una sociedad decadente, no, basta el caso del intelectual comunista mexicano Revueltas quien tuvo que firmar desde la cárcel donde cumplía condenas por sus acciones revolucionarias de militante comunista.

Según los propios castristas el “Caso Padilla” vino a significar la primera gran herida abierta a la Revolución Cubana. De hecho fue la primera gran toma de conciencia que se produjo en la izquierda internacional para abrirnos los ojos a toda la podredumbre que se esconde detrás de la fachada de los llamados paraísos comunistas.

La llamada “autocrítica” se produjo en los salones de la Uneac el 27 abril de 1971 y Fidel Castro convocó al llamado Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura justo tres días después, el 30 de abril de aquel mismo año. En ese Primer Congreso, que como dijo un reconocido intelectual cubano, “menos mal que sólo se celebró uno, porque de lo contrario no hubiera quedado nadie”, Fidel Castro dijo —refiriéndose evidentemente al libro premiado de Heberto, Fuera del juego—: “Por cuestión de principios hay algunos libros de los que no se debe publicar ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una página”,(1) evidenciando el verdadero carácter totalitario de su régimen.

En ese Congreso también se dictaron normas tan ridículas como de qué forma debían vestirse los jóvenes cubanos, destacando el uso de la guayabera como “prenda de vestir de identidad nacional” y la música que debía escucharse en la radio. Se prohibieron de manera oficial y radical toda música que conllevase al diversionismo ideológico, o sea el rock y otras modalidades. Se fustigó a la homosexualidad como figura delictiva y se llegó hasta más lejos cuando, en uno de sus acápites decía: “Un homosexual será llevado ante las autoridades y procesado legalmente solamente por la pública ostentación de su condición”. Y así nació el “parametraje”.
Sammy Bayer, Belkis Cuza-Malé y Heberto Padilla
Belkis Cuza-Malé y Heberto Padilla junto a Sammy Bayer, casi un año después de la famosa “autocrítica”. La foto, con autorización de Cuza-Malé, ha sido tomada de su blog, BelkisCuzaMale. Por intercesión de ella, el autor de este artículo entró, como assistant editor, a la plantilla del tabloide Linden Lane Magazine, que fuera fundado por ella y Padilla en Nueva Jersey en 1982 y que se convirtiera en el decano de la prensa literaria cubana en el exilio.


(1) Fidel Castro Ruz. Discurso de clausura del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura. La Habana, 30 de abril de 1971.

LOS INTELECTUALES Y EL TERROR DE STALIN POR: JOAQUÍN ESTEFANÍA TOMADO DE WWW.ELPAIS.COM

LOS INTELECTUALES Y EL TERROR DE STALIN







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 Satán, atentamente, sus víctimas

Editadas las cartas de los escritores Mijaíl Bulgákov y Evgeni Zamiatin a Stalin

JOAQUÍN ESTEFANÍA
En: www.elpais.com  /  Madrid: 13 de febrero de 2010.
Mijaíl Bulgákov
Mijaíl Bulgákov.
Sorprende en el protagonista de la película El círculo del poder, de Andréi Konchalovski, su ingenuidad en el tratamiento al poder omnímodo de Stalin en los albores de la II Guerra Mundial y al final de los grandes procesos de Moscú contra la oposición de izquierdas y de derechas: el tiempo del Gran Terror en la URSS. Algo de esa ingenuidad y relación masoquista hay también en la correspondencia que establece Mijaíl Bulgákov, el autor de la extraordinaria novela El maestro y Margarita, con Stalin, que encabeza con el familiar saludo "¡Muy estimado Iósif Visarionovich!", en la que le pide angustiado que cese la persecución que padece y le deje volver a sus novelas, a sus obras de teatro, porque para él no poder escribir equivale a ser enterrado vivo.
Los dos autores sufrieron un calvario a manos del régimen estalinista
"No poder escribir es lo mismo que ser enterrado vivo", se lamenta Bulgákov
Aparecen publicadas ahora estas cartas, así como las del escritor Evgeni Zamiatin (Cartas a Stalin, Editorial Veintisiete Letras), años después de la inmensa labor que hiciera el investigador Vitali Shentalinski, en su extraordinaria trilogía (Esclavos de la libertad, Crimen sin castigo y Denuncia contra Sócrates. Nuevos descubrimientos en los archivos literarios del KGB. Galaxia Gutenberg) contra la amnesia histórica.
Cuando la perestroika abrió en Rusia los primeros horizontes de libertad, Shentalinski se encerró para hacer un estudio de la historia de los escritores durante el periodo soviético que se inicia en 1917. Entró en la Lubianka, sede del KGB en la última reencarnación de los servicios de seguridad soviéticos, y abrió su caja negra para descubrir informes clasificados, documentos que se creían perdidos, obras inéditas de los represaliados: cerca de tres millares de intelectuales.
Lo primero que sorprende en las cartas de Bulgákov y Zamiatin -muy distintas, las del primero más dubitativas; las de Zamiatin más directas- es que apenas piden por su supervivencia, a pesar de que pasan pobreza, frío y privaciones ("los escritores rusos están acostumbrados a pasar hambre", escribe Zamiatin), sino el cese de las persecuciones y el silencio al que son sometidos por parte de las autoridades, los editores, sus propios camaradas del mundo de la cultura.
Una recreación gráfica de Evgeni Zamiatin
Una recreación gráfica de Evgeni Zamiatin, autor de Nosotros.-
Gracias a la intercesión de Gorki, Zamiatin saldrá de la URSS y no volverá nunca. Morirá cinco años después en París, tras haber adaptado a su protector, Máximo Gorki, en Los bajos fondos, y haber colaborado con el director de cine Jean Renoir. En cambio, Bulgákov permanecerá en el exilio interior y sufrirá prohibiciones, insultos, amenazas, retiradas de sus obras del cartel, manipulación de sus textos y el robo de sus manuscritos, lo que le llevará al borde de la locura.
En una de sus cartas, Bulgákov habla a Stalin de las críticas de sus obras publicadas en la prensa soviética: de ellas, tres son laudatorias y 298 hostiles e injuriosas; por ejemplo, se le describe como un barrendero de la literatura ocupado de recoger las sobras de una mesa después de haber vomitado en ella una docena de invitados. Por ello, el autor de El maestro y Margarita o La guarda blanca suplica a Stalin que le autorice a abandonar la URSS con su mujer, ya que para él "no poder escribir es lo mismo que ser enterrado vivo".
En abril de 1930, suena el teléfono del domicilio de Bulgákov; es el propio Stalin. Aparentemente, éste convence al escritor de que un intelectual ruso no puede vivir fuera de su patria y le proporciona trabajo en el Teatro del Arte; en la conversación, Bulgákov, profundamente impresionado por su interlocutor, no se atreve a reiterar su petición de exiliarse del país. Stalin termina diciéndole: "Tendríamos que reunirnos para hablar", pero esa conversación no se producirá nunca y Bulgákov sobrepasará la depresión y la demencia ante las continuas duchas escocesas a las que le someten las autoridades soviéticas, sin duda por orden de su secretario general.
Bulgákov termina de escribir su obra maestra, una de las novelas más importantes del siglo XX, en 1940, semanas antes de su muerte, pero sólo en 1989, con la perestroika de Gorbachov, se publicará en la URSS su versión definitiva, más de dos décadas después de su edición en Occidente. Nunca conocerá los efectos de la analogía que hay en El maestro y Margarita entre Satán y Stalin.
En la relación epistolar aparecida ahora en España se estima la posibilidad de que algunas cartas de Bulgákov probablemente fuesen cartas comenzadas, proyectadas y nunca enviadas. Las firmaba con el seudónimo de Tarzán y trataba de establecer lazos personales con Stalin. El antólo-go se pregunta: "¿Se trata de ingenuidad, de adulación servil, de masoquismo o de fascinación? Sin duda, todo a la vez".
Stalin y Nikolai Ezhov
Stalin (derecha) y Nikolai Ezhov, instigadores del Gran Terror de 1937.-
Un miedo paralizante recorrió las vidas de muchos intelectuales hasta que Stalin murió en marzo de 1953. Estas cartas reflejan ese miedo y la necesidad de huir de él. Quizá porque como Konchalovski hace decir a Stalin en El círculo del poder: "Yo lo sé todo. Todo de todo el mundo". Esta película, las investigaciones de Shentalinski o las cartas a Stalin ayudan a comprender la naturaleza del estalinismo y la banalización del Mal, con mayúsculas.

viernes, 12 de febrero de 2010

HEBERTO PADILLA: Dentro del Juego. Tomado de CUBA NUESTRA

CubaNuestra
Polémica


Heberto Padilla: Dentro del Juego


Heberto Padilla es mucho más que un poeta. Es un mito aún por descubrir. Es una tesis para la vida que ha quedado postergada entre sus textos. Un hombre de su tiempo que a pesar de los avatares, siempre estuvo "dentro del juego" de los destinos capitales de su época y su generación.

El novelista chileno Jorge Edwards lo describe como un hombre nervioso, eufórico e incisivo; Pío E. Serrano habla de su generosa humanidad, su conversación reflexiva y coherente; según el poeta Raúl Rivero, era un loco fuera de tiempo porque ahora todo el mundo está de acuerdo con él. Nedda G. de Anhalt dice que Padilla encarna la dialéctica de su propia poesía: pletórica de fibra, brío y, a la vez, irónica, analítica e intrépida. Y todos coinciden en que para este hombre no había razón mayor que los versos.

Mundano por naturaleza, controversial por excelencia, enorme en toda su magnitud poética, Heberto Padilla dejó a la inmortalidad una exquisita obra literaria que está más allá de cualquier conjetura. Desde Las rosas audaces, su primer poemario a los 17 años en 1949, pasando por El justo tiempo humano en 1962, Fuera de juego en 1968, Provocaciones en 1973, El hombre junto al mar en 1981, Un puente, una casa de piedra en1998; sus dos novelas El buscavidas de 1963 y En mi jardín pastan los héroes en 1986 y su ensayo autobiográfico La mala memoria en 1989, Heberto Padilla estableció un contundente compromiso con su tiempo real, dándole al hombre el lugar que le correspondía en el propio contexto de las circunstancias.

Durante la entrevista que le hiciera Cristian Huneeus en el invierno habanero de 1971, Padilla dejó clara su posición respecto al mensaje de su poesía. «Existe un mundo al cual hay que persuadir de alguna manera, llevar por el camino que nos interesa. Pero también existe un mundo al que hay que decirle cómo es ese camino» Y eso fue lo que se propuso siempre, decir sus verdades, sus inquietudes, sus pronósticos del futuro.

Eso lo convirtió, de la noche a la mañana, de virtuoso intelectual en apestado social, en hereje ideológico, en paria. Su poemario Fuera de juego, premiado en el Concurso Julián del Casals de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por un jurado internacional en 1968, lo transformó, a los 36 años, de poeta en traidor a un proceso político del cual evidentemente se había desilusionado.

Heberto vivió su propio calvario entre 1968 y 1971 que colapsó con el histórico mea culpas que le impusieron sus inquisidores en un angosto salón de actos repleto de aterrados artistas e intelectuales cubanos, el 17 de abril de 1971. Nadie levantó su mano o su voz a favor del poeta en desgracia, nadie dentro de la isla tomó partido con su desventura. Solo el silencio y la complicidad más íntima, fueron compañeros de viaje hasta su muerte muchos años después.

“El Caso Padilla”, como ha dado en llamarse este primer atisbo de disidencia intelectual después de la Revolución cubana, plantea públicamente la intransigencia oficialista contra cualquier opinión adversa. Corren tiempos en una Europa socialista donde los intelectuales comienzan a manifestarse abiertamente contra los sistemas totalitarios. Eugueni Evtushenko y Alexander Solzhenitsin lo hacen en la Unión Soviética, Eda Kristova, Jan Patovka y Václav
Havel en Checoslovaquia y la Primavera de Praga sucumbe ante las bayonetas soviéticas.

Justo en ese fatídico año de 1968, comienza la peor crisis para un Heberto Padilla que después de haber viajado la mitad de mundo, de formar parte del Consejo Ejecutivo del Ministerio de Comercio Exterior, haber representado a Prensa Latina en New York, Londres y Moscú y ser galardonado por un jurado internacional de poesía, se convierte en una pieza de caza para los francotiradores ideológicos de una Revolución Socialista que no admite críticas.

La repercusión internacional no se hizo esperar. Más de cien importantes voces se unieron en protesta a tamaña vejación. Jean-Paul Sartre, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Jorge Semprum, Julio Cortázar, Simone de Beauvoir, Hans Magnus Enzenberger, Carlos Fuentes y Susan Sontang entre otros tantos intelectuales protestaron enérgicamente por el arresto del poeta y marcó el temprano alejamiento de muchos de ellos con el totalitarismo cubano.

Después vino un exilio forzado, su condición de conferencista itinerante, como lo recuerda la escritora Zoe Valdés, sus aulas de Literatura Latinoamericana en diferentes universidades norteamericanas y españolas, sus constantes recorridos entre New York, Texas y Miami, donde entremezclaba en extraña alquimia a sus mejores afectos y su pasión eterna: la poesía.

Se cumplirán seis años de su muerte el 25 de septiembre. Su corazón, demasiado débil por los golpes de la vida y por las lejanías de una tierra que se le hacía imprescindible en medio de sus silencios solitarios en Auburn State University en Alabama. Unos estudiantes de su clase de Literatura Latinoamericana lo encontraron muerto, en su cama, pero con el rostro sereno, como quien abandona la vida complacido con su paso por ella. Una existencia que seguirá en la memoria de todos, «…en mangas de camisa, -según cuenta Jorge Edwards- fumándose un tabaco enorme, bebiendo un extraseco a la roca y hablando con asombro, con burla, con lucidez implacable, de la Historia, con mayúsculas.»

jueves, 11 de febrero de 2010

UN MODESTO TRIBUTO A LA MEMORIA DE JUAN CARLOS ONETTI TOMADO DE EL PAÍS, ESPAÑA.

Juan Carlos Onetti  Foto del año 1980 

© www.elpais.com
La visita literaria de Vargas Llosa a Juan Carlos Onetti
Presentado en Madrid 'El viaje a la ficción', un estudio sobre la obra del fallecido escritor uruguayo

EFE / ELPAÍS.com - Madrid - 19/11/2008

Mario Vargas Llosa descubrió a Juan Carlos Onetti en los años sesenta, y desde entonces no ha dejado de admirar a quien considera "uno de los grandes escritores de la lengua española" y cuya obra "es una metáfora del gran fracaso de América Latina". La admiración que el escritor peruano siente por el novelista y cuentista uruguayo se palpa en el ensayo El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, que Vargas Llosa ha presentado hoy en la Casa de América y que Alfaguara acaba de publicar en España y en Hispanoamérica.


Juan Carlos Onetti
Juan Carlos Onetti- FRANCISCO ONTAÑÓN

Vargas Llosa durante la presentación de su libro sobre Onetti
Vargas Llosa durante la presentación de su libro sobre Onetti- EFE

Foto
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DOCUMENTO (PDF - 721,12Kb) - 19-11-2008

En ese ensayo, Vargas Llosa analiza en profundidad la vida y la obra de Onetti y ofrece, como diría hoy Juan Cruz, "el mapa más extraordinario que se haya hecho jamás de la improbable geografía de Santa María", ese territorio imaginario donde el autor uruguayo solía situar sus libros.

Como la de todo gran escritor, la obra de Onetti (1909-1994) se puede analizar "desde mil perspectivas diferentes", y Vargas Llosa se ha centrado en ese "viaje a la imaginación y a la fantasía" que el novelista uruguayo realiza en sus libros, "como respuesta a la derrota cotidiana".

También, y aun a sabiendas de que Onetti "rechazaría esta interpretación", el autor de "La casa verde" cree que la obra del uruguayo, "tan desasida de referencias políticas, históricas y sociales", es representativa del mundo que le tocó vivir. "Es una fuga de América Latina". "Frente a América Latina no hay sino una escapatoria: huir, aunque sea con la imaginación", afirmaba Vargas Llosa, para quien las novelas y cuentos de Onetti simbolizan "la frustración". Todos sus personajes "nunca pueden materializar sus sueños ni sus anhelos en ninguno de los campos de la experiencia vital".

"Y ¿no es eso la América Latina en la que Onetti nace, escribe y vive? ¿No es ése el continente donde todos los intentos de salir adelante fracasan?", se preguntaba el autor de "La fiesta del Chivo". En América Latina, prosiguió, los intentos de democratización "fracasan una y otra vez; los hombres decentes al final son barridos por los espadones, por los militares, y los gobiernos deshonestos, ladrones una y otra vez, embarcan a los países en aventuras que los empobrecen". Ese es el mundo que los escritores más jóvenes que Onetti han heredado.

Como recordó Vargas Llosa, cuando Onetti nació, Uruguay era "un país próspero y culto", al igual que Argentina, que fue "una de las grandes potencias del mundo". Poco a poco, esa realidad fue cambiando y el deterioro "contaminó inconscientemente" a Onetti. Por eso, su obra se puede leer "como una involuntaria pero inequívoca alegoría del gran fracaso, de la gran frustración de la América Latina que él vivió", subrayó.

En el libro, fruto de un curso de seis meses que Vargas Llosa dio en 2006, en la universidad de Georgetown (Washington), el escritor destaca "la modernidad" que emana de los primeros textos de Onetti y asegura que fue "un soberbio cuentista", comparable a Borges, Rulfo, Scott Fitzgerald o Faulkner.

Este último escritor fue uno de los que más influyó en Onetti, al igual que en los restantes escritores modernos latinoamericanos, deudores de "la enorme riqueza del mundo" del autor norteamericano y de "la genialidad técnica con que construye sus obras", diría Vargas Llosa.

Joyce y Céline influyeron también en ese hombre de carácter retraído y hosco, que tenía fama de "escritor maldito" y que pasó sus últimos años literalmente acostado en su cama. A Vargas Llosa le ha fascinado siempre "la gestación de las grandes obras literarias" y ha dedicado libros a Madame Bovary, Cien años de soledad o Los Miserables. En el caso de Onetti, hoy aludía a El infierno tan temido, "el más extraordinario de sus cuentos" y, acaso, "la más inquietante exploración del fenómeno de la maldad humana".

Ese cuento nació en realidad de una mera anécdota que el presidente uruguayo le contó a Onetti, pero en él alcanzó "extremos de lucidez insospechados" y de intuición de lo que es el mal. El escritor acaba de pasar dos semanas en el Congo para recorrer los escenarios de la nueva novela en que trabaja, y ha visto "hasta qué extremos vertiginosos de horror puede llegar la crueldad humana. Pero, hoy, todos los honores eran para Onetti y su obra, y Vargas Llosa prefirió no hablar ni del Congo ni de su nueva novela. Tan sólo contó que ese viaje no lo hubiera podido realizar "sin la ayuda de Médicos sin Fronteras" y que le ha servido para ambientar la novela que prepara sobre la vida del irlandés Roger Casement, que fue cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo del escritor Joseph Conrad.

Alfaguara ha publicado los Cuentos Completos de Juan Carlos Onetti y sus obras Cuando ya no importe y Confesiones de un lector. Sus novelas han sido editadas en bolsillo en Punto de Lectura.
Volver a Onetti

Juan Cruz

En: www.elpaos.com / Madrid: 10 de noviembre de 2007.


La literatura del autor uruguayo remite cada vez más al sustantivo genio. Vargas Llosa escribe un libro sobre él y Círculo de Lectores y Punto de Lectura recuperan sus obras, mientras un grupo de escritores recuerda al creador de ese territorio llamado Santa María, donde se puede vivir feliz sin motivo.

Esa cabeza de caballo triste", apoyada en la almohada de su cama, en la penumbra del cuarto que tenía en la casa donde vivió en el exilio de Madrid, albergaba "la mejor literatura de la segunda mitad del siglo XX". Era la cabeza del uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) y en ese primer puesto de la clasificación le coloca José Manuel Caballero Bonald. "Sabías que era un genio antes de leerlo: su aspecto, su huida violenta de la vida social".

"Nunca se fue; es un genio, está y estará siempre presente", afirma Antonio Muñoz Molina

"Mirá vos, Mario, vos tenés una relación conyugal con la literatura. Yo tengo la relación de un amante"

Para Caballero Bonald, ese universo "existencialista" que edifica Onetti condensan la vida

A Dolly le dedicó 'La cara de la desgracia': "Para Dorotea Muhr, ignorado perro de la dicha"

Lo dicen muchos. Mario Vargas Llosa reclamó en 1967 (cuando recibió en Caracas el Rómulo Gallegos) que quien debería ser premiado en América Latina era "el gran Onetti". Juan José Millás: "Y nadie nos indujo a leerlo, se impuso su genio; mientras otros venían con brío él nos dio la lección de su sigilo". Antonio Muñoz Molina, a quien Onetti defendió -como a Julio Llamazares- de las dentelladas de Cela, cuando el elegido Nobel arremetió contra ellos, nos dijo cuando le preguntamos por el regreso de Onetti: "Nunca se fue; es un genio, está y estará siempre".

Están pensando en hacer una película a partir de Para esta noche; en Buenos Aires tienen en escena una obra teatral que parte de sus textos y del cuento Onetti a las seis, de una especialista en su obra, Liliana Díaz Mindurri. Muñoz Molina tiene notas para un libro sobre él. Y Vargas Llosa trabaja en una obra que tiene como protagonista a ese hombre que en La vida breve desgrana frases que parecen cristales de su figura: "Esa cabeza de caballo triste", "de ojos cansados, semidisueltos, salientes", incapaz de luchar "contra aquella tristeza repentinamente perfecta"...

No quería saber nada ni de su fama ni de la calle, y se pasó acostado una década, acaso por la nostalgia de la infancia. Escribió en un cuento sobre el padrinazgo de su ahijada, a quien llaman Biche, una frase que vale una autobiografía: "Ya en la calle vi empañarse mis lentes; estaba mezclando a la hija ausente con mi única ahijada. Y recordé que ambas iban a crecer y perder para siempre el paraíso de la infancia". 'La hija ausente', Isabel María recuerda con emoción esas líneas.

Él buscaba no perder el paraíso de la infancia; nos dijo un día que no se levantaba "para que Biche [así llamó a su perra] no me muerda las canillas", pero nos dijo también que seguía en la cama, porque así no perdía el contacto con la cuna que le albergó en ese paraíso irrecuperable.

¿Presencia? Ahora Punto de Lectura publica en bolsillo la mayoría de sus libros (comienza con El pozo, Tierra de nadie, La vida breve, Para esta noche, Los adioses) y Círculo de Lectores agrupa su obra completa, de la que ya han salido dos tomos; al frente de esta última aventura esta Hortensia Campanella, que siempre vio en Onetti "la conciencia de la muerte"; de eso trata su obra. Su compatriota la poeta y narradora Cristina Peri Rossi, que eligió el mismo camino del exilio en España, ve en Onetti "a uno de los pocos existencialistas en lengua castellana"; el existencialismo sartreano llegó a Uruguay por la influencia de tanto emigrado de la última guerra mundial, se impregnó en "el concepto trágico de la existencia de Onetti", consciente de que ya el nacer es el gran error, que se confunde con el error de la muerte... Para Caballero Bonald, ese universo "existencialista" que edifica Onetti "es un mundo tan fascinante, tan alejado de un realismo pueril; condensa la vida", y desemboca en la tristeza "del tango", como dice Peri Rossi. Lo dice su viuda, Dolly: "Uno de sus grandes tangos es Sus ojos se cerraron", un tango que se lee como si fuera una banda sonora onettiana.

Millás dice que la clave de la presencia de Onetti "es la capacidad de llegar a lo cotidiano por la puerta de atrás". Y eso se advierte en su sentido del humor, que domina como una carcajada sus artículos de prensa. "Era sarcasmo", dice Félix Grande. El poeta era director de Cuadernos Hispanoamericanos cuando Onetti fue encarcelado por la dictadura uruguaya en 1974, y fue él quien recogió firmas de escritores para presionar a los secuaces de Bordaberry, y Onetti vino a España, exiliado, en 1975, con su mujer, Dorotea Muhr, a quien todo el mundo llama Dolly; a Dolly le dedicó La cara de la desgracia con esta inscripción tan onettiana: "Para Dorotea Muhr, ignorado perro de la dicha".

A Félix Grande le avisó Rafael Conte del genio que se avecinaba en la literatura en español: "Si quieres conocer qué es el infierno lee La vida breve. Una obra maestra". Después vino el episodio militar que perturbó (aún más) el descreimiento vital de Onetti. En Madrid hizo de su casa un santuario de su peregrinaje, por la amistad y por las lecturas. Grande y su esposa, la también poeta Paca Aguirre, fueron habituales, como lo fue su paisano Mario Benedetti... Su hijo Jorge, escritor como él, fallecido en 1998, a los 66 años, prologó una colección de sus artículos y en ese texto dejó una descripción que ya podría inscribirse como el retrato que su padre quiso dejar de sí: "Puedo volver a verlo. El torso desnudo en aquel pegajoso domingo de verano, apresado en su departamento del barrio Sur de Buenos Aires tan mezquino de espacio que le apretaba en las sisas y la entrepierna. Un habitáculo, no mayor que el pozo de Eladio Linacero, donde Jota Carlos Onetti -así prefería el sonido de su nombre-, yacente y silente, era sólo un hombre solitario amputado de paisajes que leía y fumaba indiferente a ese lugar de la ciudad como a cualquier otro del mundo o del universo".

Ahí Onetti se revolvía entre lo que su hijo llamaba ataques. "... Se levanta súbito, abalanzándose sobre el escritorio de colegial al que se sienta. El lomo curvado como el de un oso sobre su presa: un cuaderno o unos cuantos folios en blanco y un manojo de lápices con puntas quirúrgicas. El cigarrillo humea olvidado. Me atrapa la certeza de que, si es perturbado, dará dentellada por respuesta. Se había convertido en un zombi total porque, cuando escribía para él, no existía nadie: ni el lector ni el crítico de la familia".

Él era un lector. En ese libro de artículos aparecen algunos de sus monstruos sagrados, y aquellos que se le iban evaporando, como Hemingway. William (Bill) Faulkner siempre estuvo en primer plano; puso su foto en todas sus casas (tenía muchas fotos, que iban turnando, desde Raymond Chandler a Humphrey Bogart, pasando por la Reina Sofía); "también él [Faulkner] supo mucho de ironía y de piedad". Borges le parecía una palabra mayor. Y en su diccionario estaban en primer término Balzac, Cervantes, Shakespeare, Dostoievski. No vivía para escribir, escribir le sobrevenía; pero había aprendido de don Pío Baroja que "con sangre no se hacen novelas, sólo morcillas". Era desdeñoso con los monigotes hinchados por la vanidad y le hubiera gustado, seguro, que le pasara lo que pedía Bill Faulkner: "Espero ser el único individuo del mundo que no haya dejado huellas de su paso". Le regocijaba recordar lo que de veras sucedió cuando murió su maestro: los escaparates de los negocios de su pueblo, Oxford, en el profundo sur americano, pusieron este cartel: "En memoria de William Faulkner este negocio permanecerá cerrado desde las 2.00 hasta las 2.15 p.m. Julio de 1962". "Es decir, ¡quince minutos sin ganar un mísero cent!", escribió Onetti, para añadir: "El muerto no podría imaginar un homenaje mayor y más sacrificado que éste de los pequeños gold diggers de su país".

Era un bromista; con la cara de Buster Keaton ("esa cabeza de caballo triste") gastaba bromas sin cesar. A Ramón Chao (que escribió un libro sobre él, Un posible Onetti, y que le hizo un documental importante para la televisión francesa), le recibió de uñas porque llegó tarde con su equipo. "Perdón, perdón, perdón", le decía el periodista gallego, implorante. "¿Me lo pides humildemente?" "Sí". "Si es humildemente, que pase tu equipo". A una ayudante de Chao le dijo: "¿Te fijás que tengo un solo diente? Pues te advierto que tengo una dentadura perfecta, pero se la he regalado a Mario Vargas Llosa". Félix Grande le discutió la primacía tanguera de Carlos Gardel; él se levantó de la cama, acudió al pasillo, seguido por el poeta, a quien le mostró la salida: "Si usted ningunea a Gardel, hágame el favor de salir de inmediato de aquí". Y luego lanzaba una carcajada que era también el último estertor de una sonrisa.

Una vez, ya cerca de su muerte (que fue en mayo de 1994, a los 84 años) este montevideano que desde el exilio tuvo dificultad para escribir la palabra Uruguay, llamó por teléfono a la escritora argentina Liliana Mindurri. Ésta había ganado el Premio Rulfo de cuentos creado por Chao en París, con un relato titulado Onetti a las seis. "¿Qué hora es en Buenos Aires?". Liliana creyó que era un bromista, y a pesar de la insistencia divertida de su ídolo colgó el teléfono sin creerse que era Onetti quien le estaba llamando. Dolly le comentó meses después del fallecimiento del escritor quién había sido el insistente bromista.

Dolly lo cree: su marido era un humorista; su sarcasmo partía de sí mismo, y se proyectaba en los demás, y en sus libros, pero sobre todo en sus artículos. Perseguía "aquella tristeza repentinamente perfecta", pero se reservaba el humor para los suyos. Su hija Isabel María, hija de la holandesa Isabel, de la que Onetti se separó en 1952, hablaba inglés desde la infancia, y fue profesora de su padre. "Me engañaba, hacía como que todo lo entendía al revés. Y yo me decía: ¿puede haber un hombre tan bruto como éste?". Litti (a quien Onetti dedicó Una tumba sin nombre) estuvo años "ignorando ser su hija"; pero hace cuatro años le pidieron en Colonia que interviniera en un homenaje, "y a partir de entonces lo he ido reconstruyendo dentro de mí, desde mi propia madurez". Ahora recuerda que la relación en la niñez "era cariñosa, distante, irónica. Pero luego nos escribimos, y ahora veo que nos hemos escrito mucho. Yo le decía que tenía dentro de mí muchas máscaras, y él me pedía que me las quitara. Lo que he sabido luego, ahora mismo, es que tengo muchas de las cosas que significan su actitud ante la vida. ¿Leíste El pozo? Pues yo también soy ese personaje al que le resulta difícil encontrar un alma ante la que desnudarse. El otro día mi hija de 22 años me preguntó por él, y qué debía leer suyo. Le leí entero El pozo, de un tirón, y luego me pregunté cómo será la vida a los 22 años después de leer El pozo. ¿Tú crees que hice bien?".

Isabel María tiene ahora 57 años, representa en Buenos Aires a la Universidad de Cambridge. Y Liliana, casi su contemporánea, a los 54 años, que nunca conoció a Onetti, a veces juega con ella a ser la otra hija de Onetti. Como a Muñoz Molina, como a Vargas Llosa, como a muchos de los que consultamos para este escrito sobre el solitario de la Avenida de América, a Liliana le parece que "Onetti es un resplandor; habla sobre montículos de basura, pero de ese montículo sobresale siempre la belleza". No, qué va, no era un hombre triste, dice Dolly. "Si vieras las cosas que me decía cuando me escuchaba ensayar con el violín; a veces salía del cuarto, enseñándome sus garras, simulando que era un ratón que me iba a devorar por hacer ruido a cualquier hora. '¿Por qué estudiás tanto?', me decía. 'Yo te compro un disco con aplausos, vos tocás y te pongo los aplausos, y así te quedás feliz'. Cuando se puso tan enfermo, lo metimos al hospital, y cuando mejoró el médico le fue a dar el alta; él lo atajó: 'No me quiero ir hasta que no termine de leer esta novela".

Mario Vargas Llosa, que ahora escribe un libro sobre él, lo vio, en Uruguay, como un hombre huraño, "sumido en una especie de meditación"; y luego esa relación fue creciendo, hasta que en otro encuentro le dijo el uruguayo al peruano: "Mirá vos, Mario, vos tenés una relación conyugal con la literatura. Yo tengo la relación de un amante". Vargas Llosa lo ha redescubierto; "es un escritor enormemente original, coherente; su mundo es un universo de un pesimismo que supera gracias a la literatura. Los que no le lean se pierden la modernidad que él inauguró en un territorio donde, con la excepción de Borges, dominaba el costumbrismo".

Onetti, dice Vargas Llosa, como dice Carmen Balcells, su agente, a la que dedicó su última novela, Cuando ya no importe, ha superado la prueba del tiempo. Balcells: "Muchos están destinados a desaparecer. Él va a quedar intacto la vida entera". Muñoz Molina cree lo mismo. "Onetti es una epifanía, la celebración de la belleza, la emoción y la ternura. ¿Que vuelve? Si no ha dejado de estar".

Ahora, dice Antonio Muñoz Molina, se lee su obra como el resultado de un proyecto, "como si lo tuviera todo en la cabeza; no pretendió ser monumental, ni grandilocuente, pero alcanzó una obra insuperable".


Un relato inédito para redescubrir a Onetti
La revista 'Turia' publica un cuento del escritor de culto uruguayo de cuyo nacimiento se cumplen cien años en julio

ANTONIO FRAGUAS

En: www.elpaos.com / Madrid: 16 de junio de 2009.


"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto". Así arranca El último viernes, relato inédito del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) que este mes publica la revista literaria Turia para conmemorar el centenario del nacimiento del autor. El texto, hallado por la hija de Onetti, cuenta la historia de un periodista (Carner) y sus rutinarias entrevistas con un policía (Miller). Fue escrito en los años cincuenta, a lápiz, en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando el autor vivía en el barrio bonaerense de San Telmo. "Este relato, ajustado a las claves de desarraigo y pesimismo que caracterizan la literatura de Onetti, no va a ser publicado en sus obras completas", señala a ELPAÍS.com por vía telefónica el director de Turia, Raúl Carlos Maícas.
Juan Carlos Onetti 1980
Juan Carlos Onetti 1980- TIEDRA

El original del manuscrito fue donado el pasado mes de marzo por Isabel María Onetti a la Biblioteca Nacional de Uruguay. En aquella ceremonia de entrega, la hija del escritor contó que el cuaderno con el manuscrito quedó olvidado en el apartamento en el que el escritor, su esposa e Isabel María vivían en San Telmo. "En el cuaderno había también unos palotes, porque yo hice mis primeros ejercicios de escritura en sus páginas, y luego lo utilicé como diario íntimo" señaló Isabel a Montevideo.com . "Luego dejé de emplearlo como diario y lo abandoné. Pero antes extraje las hojas (escritas por mi padre) para conservarlas" agregó la hija del escritor.

Según relata en un comunicado el escritor hispanouruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el número monográfico, El último viernes demuestra que para Onetti la literatura era "mentir bien la verdad". "De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza".

Autor de obras como El pozo, Los adioses, La vida breve o El astillero, Onetti se convirtió en una figura de culto en la literatura hispanoamericana. Si bien no alcanzó la reputación universal de compatriotas como Mario Benedetti, recientemente fallecido, es el único uruguayo acreedor del Premio Cervantes. Buena parte de los miembros del club de los onettianos, en expresión de Maícas, se da cita en este número de Turia, cuya aparición se enmarca dentro de un ciclo de actos se celebran a ambos lados del Atlántico y que culminan el primero de julio, día en que nació Onetti.

En Madrid, la Casa de América acoge mañana una conferencia del escritor peruano Mario Vargas Llosa sobre la figura del autor uruguayo. Vargas Llosa publicó el año pasado un ensayo, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara) , en el que analiza en profundidad la vida, la obra y las motivaciones que subyacen al imaginario onettiano. En la Casa de América, además, se proyectará El infierno tan temido, basado en un relato de Onetti, incluido en la representación teatral La verdad de las mentiras, con Mario Vargas Llosa y la actriz Aitana Sánchez Gijón.
Comienzo de 'El último viernes', de Onetti

"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando rígidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza".