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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 13 de febrero de 2010

http://www.letralia.com/193/articulo06.htm


EL CASO PADILLA Y EL PRIMER CONGRESO NACIONAL DE EDUCACIÓN Y CULTURA
René Dayre Abella

En la primavera del año 1971 el mundo conoció del Caso Padilla, una gran farsa montada por las llamadas autoridades culturales cubanas y que recordaba a los tristemente célebres Procesos de Moscú, donde intelectuales de prestigio, principalmente poetas y escritores, eran obligados a retractarse de su obra en una especie de autocrítica.

Este nuevo proceso involucraba a Heberto Padilla y a su esposa Belkis Cuza-Malé, escritores y poetas ambos de reconocida trayectoria, con obras premiadas y un amplio currículo en el mundo de las letras, no solamente cubanas. Ambos intelectuales tuvieron que repetir un guión previamente acordado y orquestado por la Seguridad del Estado. En la llamada autocrítica Heberto se declara culpable de su condición de contrarrevolucionario y de haber cometido una serie de “crímenes” eminentemente políticos e implicó, previo acuerdo, a su esposa, Belkis Cuza-Malé, quien a su vez sufrió prisión y una serie de vejámenes por parte de la temible Seguridad del Estado. Esta “autocrítica” también incluyó a otros escritores que finalmente, al paso de los años, aceptaron “rehabilitarse” a cambio de prebendas y aún permanecen en la isla. No vale la pena nombrarles.

Lo burdo del espectáculo hizo recordar a la intelectualidad progresista del mundo que se trataba de un nuevo proceso similar a los instaurados por Stalin en la antigua Unión Soviética, y reaccionaron de inmediato enviándoles dos cartas a Fidel Castro firmadas por lo más granado y prestigioso de los intelectuales lúcidos que, aunque militando en posiciones de la izquierda política, no cejaron en su empeño de denunciar ante el mundo la gran farsa y sacar a luz el verdadero carácter totalitario del dictador caribeño como un nuevo émulo de Stalin. Quiero significar que no se trató, como luego llamaría Castro, de intelectuales de salón preocupados sólo por brillar y destacarse en una sociedad decadente, no, basta el caso del intelectual comunista mexicano Revueltas quien tuvo que firmar desde la cárcel donde cumplía condenas por sus acciones revolucionarias de militante comunista.

Según los propios castristas el “Caso Padilla” vino a significar la primera gran herida abierta a la Revolución Cubana. De hecho fue la primera gran toma de conciencia que se produjo en la izquierda internacional para abrirnos los ojos a toda la podredumbre que se esconde detrás de la fachada de los llamados paraísos comunistas.

La llamada “autocrítica” se produjo en los salones de la Uneac el 27 abril de 1971 y Fidel Castro convocó al llamado Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura justo tres días después, el 30 de abril de aquel mismo año. En ese Primer Congreso, que como dijo un reconocido intelectual cubano, “menos mal que sólo se celebró uno, porque de lo contrario no hubiera quedado nadie”, Fidel Castro dijo —refiriéndose evidentemente al libro premiado de Heberto, Fuera del juego—: “Por cuestión de principios hay algunos libros de los que no se debe publicar ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una página”,(1) evidenciando el verdadero carácter totalitario de su régimen.

En ese Congreso también se dictaron normas tan ridículas como de qué forma debían vestirse los jóvenes cubanos, destacando el uso de la guayabera como “prenda de vestir de identidad nacional” y la música que debía escucharse en la radio. Se prohibieron de manera oficial y radical toda música que conllevase al diversionismo ideológico, o sea el rock y otras modalidades. Se fustigó a la homosexualidad como figura delictiva y se llegó hasta más lejos cuando, en uno de sus acápites decía: “Un homosexual será llevado ante las autoridades y procesado legalmente solamente por la pública ostentación de su condición”. Y así nació el “parametraje”.
Sammy Bayer, Belkis Cuza-Malé y Heberto Padilla
Belkis Cuza-Malé y Heberto Padilla junto a Sammy Bayer, casi un año después de la famosa “autocrítica”. La foto, con autorización de Cuza-Malé, ha sido tomada de su blog, BelkisCuzaMale. Por intercesión de ella, el autor de este artículo entró, como assistant editor, a la plantilla del tabloide Linden Lane Magazine, que fuera fundado por ella y Padilla en Nueva Jersey en 1982 y que se convirtiera en el decano de la prensa literaria cubana en el exilio.


(1) Fidel Castro Ruz. Discurso de clausura del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura. La Habana, 30 de abril de 1971.

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