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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


martes, 16 de febrero de 2010

MEMORIAS DE "PARADISO" POR: RAFAEL ALCIDES TOMADO DEL DIARIO DE CUBA.

MEMORIAS DE "PARADISO" POR: RAFAEL ALCIDES TOMADO DEL DIARIO DE CUBA.

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En estos días anunciaban aquí en La Habana la salida al mercado de una nueva edición de la novela Paradiso, de José Lezama Lima. La cuarta, si no me equivoco. La tercera fue hace tres años o por ahí; la segunda, una edición crítica promovida por la UNESCO, es de la década de los noventa y no vino a aparecer hasta casi treinta años después de la primera, es decir, la de 1966, la edición príncipe cuyo secuestro, después de días muy tranquilos, inofensivos por completo, causó un gran escándalo y el comienzo del mito de Paradiso y su autor. "Ellos no saben lo que han hecho", me dijo Lezama en esos días, entre ofendido y feliz. Es verdad, Paradiso se moría de olvido en la UNEAC. Cuando la prohibieron, Bienvenido, el administrador de dicha institución —dispuesto a no perder los costos del libro si se lo hicieran pulpa—, se buscó a dos vendedores, entre ellos uno con espejuelos y un gran bigote que se metía en las fábricas con un par de maletines, leía un pedazo del capítulo 8, decía que era un libro prohibido, perseguido, y allí mismo vaciaba sus dos maletines y volvía a la UNEAC a cargar más. La gente creía que estaba comprando literatura pornográfica.
Una tarde coincidí en el periódico Revolución con el funcionario que encendió el caldo de la prohibición, un acucioso joven de veintiséis años de edad. Estaba él allí en representación de la Comisión de Orientación Revolucionaria para integrar un Consejo Editorial que luego no tendría lugar, el de las ediciones Dragón, que dirigía Oscar Hurtado.
"¿Viste lo de Lezama?", me dijo el funcionario. Me asusté. Él me aclaró, "el libro que ha escrito. Piensa tú en la juventud, si eso cayera en manos de un joven". Me quedé mirándolo. Tras haber tenido excelentes relaciones, no nos hablábamos desde hacía años, pero él sintió aquella tarde la necesidad de comunicarme sus miedos. Estaba aterrado.
Aterrados igualmente, pero por distintas razones, otros de los de entonces no sabían qué sería ahora del pobre Lezama, magnífico en todo: como poeta, como ensayista, como editor, y de repente, echando por el suelo tales prestigios, se aparecía con un libro menor, aburrido, indigno de su genio. Lezama, sin embargo, que sabía lo que se traía entre manos, le confió la edición de aquel libro a su buen amigo, el más joven de ellos, el poeta, narrador y crítico Armando Álvarez Bravo, consciente de que si se descubría lo que el voluminoso Paradiso contenía, no vería la luz. Como un conspirador procedió Armando. La última revisión de las pruebas de galera la hizo en casa un lunes por la tarde y después llevó el libro a la imprenta por su cuenta.
En la calle, en cambio, no había nadie aterrado. Desde su aparición, Paradiso fue el libro de los libros y Lezama el Escritor. Había escrito un libro tan importante que con sólo un capítulo del mismo, el 8, había vuelto anticuada toda la literatura precedente, según la entusiasta propaganda que le hiciera el vendedor clandestino de los espejuelos y el bigote sacado por Bienvenido de quién sabe qué novela gótica.
Recuerdo a mi grabador preferido en Radio Progreso, planta en la que entonces era yo escritor y locutor. Al salir de allí un día, me alcanzó en el portal: "¿Tú conoces en la UNEAC a un tipo llamado Lezama?" Cuando le dije que sí, exclamó admirado, casi envidiándome: "¡Compadre, ese tipo es un bárbaro. Me han dicho que escribió un libro donde hay un tipo que tiene una pinga así de este tamaño", y al decirlo abrió los brazos triunfalmente dejando entre mano y mano un espacio de medio metro por lo menos. Sin haber leído el libro, ya mi grabador preferido le había levantado un templo a Lezama, quien sabía detenerse en las cosas que valía elogiar.
Nuevas lecturas aparecerían después, muy diferentes de las que en su día le hicieron los farraluqueños y los intelectuales aterrados, y hoy, a la velocidad con que se viene reeditando en Cuba aquel libro secuestrado, pensando sobre todo en el Hombre Nuevo, tal vez la quinta edición ocurra la semana que viene. Me imagino a Lezama con su tabaco, allá donde esté, mirando todo esto muy divertido.

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