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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 11 de febrero de 2010

UN MODESTO TRIBUTO A LA MEMORIA DE JUAN CARLOS ONETTI TOMADO DE EL PAÍS, ESPAÑA.

Juan Carlos Onetti  Foto del año 1980 

© www.elpais.com
La visita literaria de Vargas Llosa a Juan Carlos Onetti
Presentado en Madrid 'El viaje a la ficción', un estudio sobre la obra del fallecido escritor uruguayo

EFE / ELPAÍS.com - Madrid - 19/11/2008

Mario Vargas Llosa descubrió a Juan Carlos Onetti en los años sesenta, y desde entonces no ha dejado de admirar a quien considera "uno de los grandes escritores de la lengua española" y cuya obra "es una metáfora del gran fracaso de América Latina". La admiración que el escritor peruano siente por el novelista y cuentista uruguayo se palpa en el ensayo El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, que Vargas Llosa ha presentado hoy en la Casa de América y que Alfaguara acaba de publicar en España y en Hispanoamérica.


Juan Carlos Onetti
Juan Carlos Onetti- FRANCISCO ONTAÑÓN

Vargas Llosa durante la presentación de su libro sobre Onetti
Vargas Llosa durante la presentación de su libro sobre Onetti- EFE

Foto
Comience a leer 'El viaje a la ficción'
DOCUMENTO (PDF - 721,12Kb) - 19-11-2008

En ese ensayo, Vargas Llosa analiza en profundidad la vida y la obra de Onetti y ofrece, como diría hoy Juan Cruz, "el mapa más extraordinario que se haya hecho jamás de la improbable geografía de Santa María", ese territorio imaginario donde el autor uruguayo solía situar sus libros.

Como la de todo gran escritor, la obra de Onetti (1909-1994) se puede analizar "desde mil perspectivas diferentes", y Vargas Llosa se ha centrado en ese "viaje a la imaginación y a la fantasía" que el novelista uruguayo realiza en sus libros, "como respuesta a la derrota cotidiana".

También, y aun a sabiendas de que Onetti "rechazaría esta interpretación", el autor de "La casa verde" cree que la obra del uruguayo, "tan desasida de referencias políticas, históricas y sociales", es representativa del mundo que le tocó vivir. "Es una fuga de América Latina". "Frente a América Latina no hay sino una escapatoria: huir, aunque sea con la imaginación", afirmaba Vargas Llosa, para quien las novelas y cuentos de Onetti simbolizan "la frustración". Todos sus personajes "nunca pueden materializar sus sueños ni sus anhelos en ninguno de los campos de la experiencia vital".

"Y ¿no es eso la América Latina en la que Onetti nace, escribe y vive? ¿No es ése el continente donde todos los intentos de salir adelante fracasan?", se preguntaba el autor de "La fiesta del Chivo". En América Latina, prosiguió, los intentos de democratización "fracasan una y otra vez; los hombres decentes al final son barridos por los espadones, por los militares, y los gobiernos deshonestos, ladrones una y otra vez, embarcan a los países en aventuras que los empobrecen". Ese es el mundo que los escritores más jóvenes que Onetti han heredado.

Como recordó Vargas Llosa, cuando Onetti nació, Uruguay era "un país próspero y culto", al igual que Argentina, que fue "una de las grandes potencias del mundo". Poco a poco, esa realidad fue cambiando y el deterioro "contaminó inconscientemente" a Onetti. Por eso, su obra se puede leer "como una involuntaria pero inequívoca alegoría del gran fracaso, de la gran frustración de la América Latina que él vivió", subrayó.

En el libro, fruto de un curso de seis meses que Vargas Llosa dio en 2006, en la universidad de Georgetown (Washington), el escritor destaca "la modernidad" que emana de los primeros textos de Onetti y asegura que fue "un soberbio cuentista", comparable a Borges, Rulfo, Scott Fitzgerald o Faulkner.

Este último escritor fue uno de los que más influyó en Onetti, al igual que en los restantes escritores modernos latinoamericanos, deudores de "la enorme riqueza del mundo" del autor norteamericano y de "la genialidad técnica con que construye sus obras", diría Vargas Llosa.

Joyce y Céline influyeron también en ese hombre de carácter retraído y hosco, que tenía fama de "escritor maldito" y que pasó sus últimos años literalmente acostado en su cama. A Vargas Llosa le ha fascinado siempre "la gestación de las grandes obras literarias" y ha dedicado libros a Madame Bovary, Cien años de soledad o Los Miserables. En el caso de Onetti, hoy aludía a El infierno tan temido, "el más extraordinario de sus cuentos" y, acaso, "la más inquietante exploración del fenómeno de la maldad humana".

Ese cuento nació en realidad de una mera anécdota que el presidente uruguayo le contó a Onetti, pero en él alcanzó "extremos de lucidez insospechados" y de intuición de lo que es el mal. El escritor acaba de pasar dos semanas en el Congo para recorrer los escenarios de la nueva novela en que trabaja, y ha visto "hasta qué extremos vertiginosos de horror puede llegar la crueldad humana. Pero, hoy, todos los honores eran para Onetti y su obra, y Vargas Llosa prefirió no hablar ni del Congo ni de su nueva novela. Tan sólo contó que ese viaje no lo hubiera podido realizar "sin la ayuda de Médicos sin Fronteras" y que le ha servido para ambientar la novela que prepara sobre la vida del irlandés Roger Casement, que fue cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo del escritor Joseph Conrad.

Alfaguara ha publicado los Cuentos Completos de Juan Carlos Onetti y sus obras Cuando ya no importe y Confesiones de un lector. Sus novelas han sido editadas en bolsillo en Punto de Lectura.
Volver a Onetti

Juan Cruz

En: www.elpaos.com / Madrid: 10 de noviembre de 2007.


La literatura del autor uruguayo remite cada vez más al sustantivo genio. Vargas Llosa escribe un libro sobre él y Círculo de Lectores y Punto de Lectura recuperan sus obras, mientras un grupo de escritores recuerda al creador de ese territorio llamado Santa María, donde se puede vivir feliz sin motivo.

Esa cabeza de caballo triste", apoyada en la almohada de su cama, en la penumbra del cuarto que tenía en la casa donde vivió en el exilio de Madrid, albergaba "la mejor literatura de la segunda mitad del siglo XX". Era la cabeza del uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) y en ese primer puesto de la clasificación le coloca José Manuel Caballero Bonald. "Sabías que era un genio antes de leerlo: su aspecto, su huida violenta de la vida social".

"Nunca se fue; es un genio, está y estará siempre presente", afirma Antonio Muñoz Molina

"Mirá vos, Mario, vos tenés una relación conyugal con la literatura. Yo tengo la relación de un amante"

Para Caballero Bonald, ese universo "existencialista" que edifica Onetti condensan la vida

A Dolly le dedicó 'La cara de la desgracia': "Para Dorotea Muhr, ignorado perro de la dicha"

Lo dicen muchos. Mario Vargas Llosa reclamó en 1967 (cuando recibió en Caracas el Rómulo Gallegos) que quien debería ser premiado en América Latina era "el gran Onetti". Juan José Millás: "Y nadie nos indujo a leerlo, se impuso su genio; mientras otros venían con brío él nos dio la lección de su sigilo". Antonio Muñoz Molina, a quien Onetti defendió -como a Julio Llamazares- de las dentelladas de Cela, cuando el elegido Nobel arremetió contra ellos, nos dijo cuando le preguntamos por el regreso de Onetti: "Nunca se fue; es un genio, está y estará siempre".

Están pensando en hacer una película a partir de Para esta noche; en Buenos Aires tienen en escena una obra teatral que parte de sus textos y del cuento Onetti a las seis, de una especialista en su obra, Liliana Díaz Mindurri. Muñoz Molina tiene notas para un libro sobre él. Y Vargas Llosa trabaja en una obra que tiene como protagonista a ese hombre que en La vida breve desgrana frases que parecen cristales de su figura: "Esa cabeza de caballo triste", "de ojos cansados, semidisueltos, salientes", incapaz de luchar "contra aquella tristeza repentinamente perfecta"...

No quería saber nada ni de su fama ni de la calle, y se pasó acostado una década, acaso por la nostalgia de la infancia. Escribió en un cuento sobre el padrinazgo de su ahijada, a quien llaman Biche, una frase que vale una autobiografía: "Ya en la calle vi empañarse mis lentes; estaba mezclando a la hija ausente con mi única ahijada. Y recordé que ambas iban a crecer y perder para siempre el paraíso de la infancia". 'La hija ausente', Isabel María recuerda con emoción esas líneas.

Él buscaba no perder el paraíso de la infancia; nos dijo un día que no se levantaba "para que Biche [así llamó a su perra] no me muerda las canillas", pero nos dijo también que seguía en la cama, porque así no perdía el contacto con la cuna que le albergó en ese paraíso irrecuperable.

¿Presencia? Ahora Punto de Lectura publica en bolsillo la mayoría de sus libros (comienza con El pozo, Tierra de nadie, La vida breve, Para esta noche, Los adioses) y Círculo de Lectores agrupa su obra completa, de la que ya han salido dos tomos; al frente de esta última aventura esta Hortensia Campanella, que siempre vio en Onetti "la conciencia de la muerte"; de eso trata su obra. Su compatriota la poeta y narradora Cristina Peri Rossi, que eligió el mismo camino del exilio en España, ve en Onetti "a uno de los pocos existencialistas en lengua castellana"; el existencialismo sartreano llegó a Uruguay por la influencia de tanto emigrado de la última guerra mundial, se impregnó en "el concepto trágico de la existencia de Onetti", consciente de que ya el nacer es el gran error, que se confunde con el error de la muerte... Para Caballero Bonald, ese universo "existencialista" que edifica Onetti "es un mundo tan fascinante, tan alejado de un realismo pueril; condensa la vida", y desemboca en la tristeza "del tango", como dice Peri Rossi. Lo dice su viuda, Dolly: "Uno de sus grandes tangos es Sus ojos se cerraron", un tango que se lee como si fuera una banda sonora onettiana.

Millás dice que la clave de la presencia de Onetti "es la capacidad de llegar a lo cotidiano por la puerta de atrás". Y eso se advierte en su sentido del humor, que domina como una carcajada sus artículos de prensa. "Era sarcasmo", dice Félix Grande. El poeta era director de Cuadernos Hispanoamericanos cuando Onetti fue encarcelado por la dictadura uruguaya en 1974, y fue él quien recogió firmas de escritores para presionar a los secuaces de Bordaberry, y Onetti vino a España, exiliado, en 1975, con su mujer, Dorotea Muhr, a quien todo el mundo llama Dolly; a Dolly le dedicó La cara de la desgracia con esta inscripción tan onettiana: "Para Dorotea Muhr, ignorado perro de la dicha".

A Félix Grande le avisó Rafael Conte del genio que se avecinaba en la literatura en español: "Si quieres conocer qué es el infierno lee La vida breve. Una obra maestra". Después vino el episodio militar que perturbó (aún más) el descreimiento vital de Onetti. En Madrid hizo de su casa un santuario de su peregrinaje, por la amistad y por las lecturas. Grande y su esposa, la también poeta Paca Aguirre, fueron habituales, como lo fue su paisano Mario Benedetti... Su hijo Jorge, escritor como él, fallecido en 1998, a los 66 años, prologó una colección de sus artículos y en ese texto dejó una descripción que ya podría inscribirse como el retrato que su padre quiso dejar de sí: "Puedo volver a verlo. El torso desnudo en aquel pegajoso domingo de verano, apresado en su departamento del barrio Sur de Buenos Aires tan mezquino de espacio que le apretaba en las sisas y la entrepierna. Un habitáculo, no mayor que el pozo de Eladio Linacero, donde Jota Carlos Onetti -así prefería el sonido de su nombre-, yacente y silente, era sólo un hombre solitario amputado de paisajes que leía y fumaba indiferente a ese lugar de la ciudad como a cualquier otro del mundo o del universo".

Ahí Onetti se revolvía entre lo que su hijo llamaba ataques. "... Se levanta súbito, abalanzándose sobre el escritorio de colegial al que se sienta. El lomo curvado como el de un oso sobre su presa: un cuaderno o unos cuantos folios en blanco y un manojo de lápices con puntas quirúrgicas. El cigarrillo humea olvidado. Me atrapa la certeza de que, si es perturbado, dará dentellada por respuesta. Se había convertido en un zombi total porque, cuando escribía para él, no existía nadie: ni el lector ni el crítico de la familia".

Él era un lector. En ese libro de artículos aparecen algunos de sus monstruos sagrados, y aquellos que se le iban evaporando, como Hemingway. William (Bill) Faulkner siempre estuvo en primer plano; puso su foto en todas sus casas (tenía muchas fotos, que iban turnando, desde Raymond Chandler a Humphrey Bogart, pasando por la Reina Sofía); "también él [Faulkner] supo mucho de ironía y de piedad". Borges le parecía una palabra mayor. Y en su diccionario estaban en primer término Balzac, Cervantes, Shakespeare, Dostoievski. No vivía para escribir, escribir le sobrevenía; pero había aprendido de don Pío Baroja que "con sangre no se hacen novelas, sólo morcillas". Era desdeñoso con los monigotes hinchados por la vanidad y le hubiera gustado, seguro, que le pasara lo que pedía Bill Faulkner: "Espero ser el único individuo del mundo que no haya dejado huellas de su paso". Le regocijaba recordar lo que de veras sucedió cuando murió su maestro: los escaparates de los negocios de su pueblo, Oxford, en el profundo sur americano, pusieron este cartel: "En memoria de William Faulkner este negocio permanecerá cerrado desde las 2.00 hasta las 2.15 p.m. Julio de 1962". "Es decir, ¡quince minutos sin ganar un mísero cent!", escribió Onetti, para añadir: "El muerto no podría imaginar un homenaje mayor y más sacrificado que éste de los pequeños gold diggers de su país".

Era un bromista; con la cara de Buster Keaton ("esa cabeza de caballo triste") gastaba bromas sin cesar. A Ramón Chao (que escribió un libro sobre él, Un posible Onetti, y que le hizo un documental importante para la televisión francesa), le recibió de uñas porque llegó tarde con su equipo. "Perdón, perdón, perdón", le decía el periodista gallego, implorante. "¿Me lo pides humildemente?" "Sí". "Si es humildemente, que pase tu equipo". A una ayudante de Chao le dijo: "¿Te fijás que tengo un solo diente? Pues te advierto que tengo una dentadura perfecta, pero se la he regalado a Mario Vargas Llosa". Félix Grande le discutió la primacía tanguera de Carlos Gardel; él se levantó de la cama, acudió al pasillo, seguido por el poeta, a quien le mostró la salida: "Si usted ningunea a Gardel, hágame el favor de salir de inmediato de aquí". Y luego lanzaba una carcajada que era también el último estertor de una sonrisa.

Una vez, ya cerca de su muerte (que fue en mayo de 1994, a los 84 años) este montevideano que desde el exilio tuvo dificultad para escribir la palabra Uruguay, llamó por teléfono a la escritora argentina Liliana Mindurri. Ésta había ganado el Premio Rulfo de cuentos creado por Chao en París, con un relato titulado Onetti a las seis. "¿Qué hora es en Buenos Aires?". Liliana creyó que era un bromista, y a pesar de la insistencia divertida de su ídolo colgó el teléfono sin creerse que era Onetti quien le estaba llamando. Dolly le comentó meses después del fallecimiento del escritor quién había sido el insistente bromista.

Dolly lo cree: su marido era un humorista; su sarcasmo partía de sí mismo, y se proyectaba en los demás, y en sus libros, pero sobre todo en sus artículos. Perseguía "aquella tristeza repentinamente perfecta", pero se reservaba el humor para los suyos. Su hija Isabel María, hija de la holandesa Isabel, de la que Onetti se separó en 1952, hablaba inglés desde la infancia, y fue profesora de su padre. "Me engañaba, hacía como que todo lo entendía al revés. Y yo me decía: ¿puede haber un hombre tan bruto como éste?". Litti (a quien Onetti dedicó Una tumba sin nombre) estuvo años "ignorando ser su hija"; pero hace cuatro años le pidieron en Colonia que interviniera en un homenaje, "y a partir de entonces lo he ido reconstruyendo dentro de mí, desde mi propia madurez". Ahora recuerda que la relación en la niñez "era cariñosa, distante, irónica. Pero luego nos escribimos, y ahora veo que nos hemos escrito mucho. Yo le decía que tenía dentro de mí muchas máscaras, y él me pedía que me las quitara. Lo que he sabido luego, ahora mismo, es que tengo muchas de las cosas que significan su actitud ante la vida. ¿Leíste El pozo? Pues yo también soy ese personaje al que le resulta difícil encontrar un alma ante la que desnudarse. El otro día mi hija de 22 años me preguntó por él, y qué debía leer suyo. Le leí entero El pozo, de un tirón, y luego me pregunté cómo será la vida a los 22 años después de leer El pozo. ¿Tú crees que hice bien?".

Isabel María tiene ahora 57 años, representa en Buenos Aires a la Universidad de Cambridge. Y Liliana, casi su contemporánea, a los 54 años, que nunca conoció a Onetti, a veces juega con ella a ser la otra hija de Onetti. Como a Muñoz Molina, como a Vargas Llosa, como a muchos de los que consultamos para este escrito sobre el solitario de la Avenida de América, a Liliana le parece que "Onetti es un resplandor; habla sobre montículos de basura, pero de ese montículo sobresale siempre la belleza". No, qué va, no era un hombre triste, dice Dolly. "Si vieras las cosas que me decía cuando me escuchaba ensayar con el violín; a veces salía del cuarto, enseñándome sus garras, simulando que era un ratón que me iba a devorar por hacer ruido a cualquier hora. '¿Por qué estudiás tanto?', me decía. 'Yo te compro un disco con aplausos, vos tocás y te pongo los aplausos, y así te quedás feliz'. Cuando se puso tan enfermo, lo metimos al hospital, y cuando mejoró el médico le fue a dar el alta; él lo atajó: 'No me quiero ir hasta que no termine de leer esta novela".

Mario Vargas Llosa, que ahora escribe un libro sobre él, lo vio, en Uruguay, como un hombre huraño, "sumido en una especie de meditación"; y luego esa relación fue creciendo, hasta que en otro encuentro le dijo el uruguayo al peruano: "Mirá vos, Mario, vos tenés una relación conyugal con la literatura. Yo tengo la relación de un amante". Vargas Llosa lo ha redescubierto; "es un escritor enormemente original, coherente; su mundo es un universo de un pesimismo que supera gracias a la literatura. Los que no le lean se pierden la modernidad que él inauguró en un territorio donde, con la excepción de Borges, dominaba el costumbrismo".

Onetti, dice Vargas Llosa, como dice Carmen Balcells, su agente, a la que dedicó su última novela, Cuando ya no importe, ha superado la prueba del tiempo. Balcells: "Muchos están destinados a desaparecer. Él va a quedar intacto la vida entera". Muñoz Molina cree lo mismo. "Onetti es una epifanía, la celebración de la belleza, la emoción y la ternura. ¿Que vuelve? Si no ha dejado de estar".

Ahora, dice Antonio Muñoz Molina, se lee su obra como el resultado de un proyecto, "como si lo tuviera todo en la cabeza; no pretendió ser monumental, ni grandilocuente, pero alcanzó una obra insuperable".


Un relato inédito para redescubrir a Onetti
La revista 'Turia' publica un cuento del escritor de culto uruguayo de cuyo nacimiento se cumplen cien años en julio

ANTONIO FRAGUAS

En: www.elpaos.com / Madrid: 16 de junio de 2009.


"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto". Así arranca El último viernes, relato inédito del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 - Madrid, 1994) que este mes publica la revista literaria Turia para conmemorar el centenario del nacimiento del autor. El texto, hallado por la hija de Onetti, cuenta la historia de un periodista (Carner) y sus rutinarias entrevistas con un policía (Miller). Fue escrito en los años cincuenta, a lápiz, en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando el autor vivía en el barrio bonaerense de San Telmo. "Este relato, ajustado a las claves de desarraigo y pesimismo que caracterizan la literatura de Onetti, no va a ser publicado en sus obras completas", señala a ELPAÍS.com por vía telefónica el director de Turia, Raúl Carlos Maícas.
Juan Carlos Onetti 1980
Juan Carlos Onetti 1980- TIEDRA

El original del manuscrito fue donado el pasado mes de marzo por Isabel María Onetti a la Biblioteca Nacional de Uruguay. En aquella ceremonia de entrega, la hija del escritor contó que el cuaderno con el manuscrito quedó olvidado en el apartamento en el que el escritor, su esposa e Isabel María vivían en San Telmo. "En el cuaderno había también unos palotes, porque yo hice mis primeros ejercicios de escritura en sus páginas, y luego lo utilicé como diario íntimo" señaló Isabel a Montevideo.com . "Luego dejé de emplearlo como diario y lo abandoné. Pero antes extraje las hojas (escritas por mi padre) para conservarlas" agregó la hija del escritor.

Según relata en un comunicado el escritor hispanouruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el número monográfico, El último viernes demuestra que para Onetti la literatura era "mentir bien la verdad". "De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza".

Autor de obras como El pozo, Los adioses, La vida breve o El astillero, Onetti se convirtió en una figura de culto en la literatura hispanoamericana. Si bien no alcanzó la reputación universal de compatriotas como Mario Benedetti, recientemente fallecido, es el único uruguayo acreedor del Premio Cervantes. Buena parte de los miembros del club de los onettianos, en expresión de Maícas, se da cita en este número de Turia, cuya aparición se enmarca dentro de un ciclo de actos se celebran a ambos lados del Atlántico y que culminan el primero de julio, día en que nació Onetti.

En Madrid, la Casa de América acoge mañana una conferencia del escritor peruano Mario Vargas Llosa sobre la figura del autor uruguayo. Vargas Llosa publicó el año pasado un ensayo, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara) , en el que analiza en profundidad la vida, la obra y las motivaciones que subyacen al imaginario onettiano. En la Casa de América, además, se proyectará El infierno tan temido, basado en un relato de Onetti, incluido en la representación teatral La verdad de las mentiras, con Mario Vargas Llosa y la actriz Aitana Sánchez Gijón.
Comienzo de 'El último viernes', de Onetti

"En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando rígidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza".

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