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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 13 de marzo de 2010

HEBERTO PADILLA, EL NACIMIENTO DE UNA ESPERANZA. TOMADO DE EL PAPEL LITERARIO DEL DIARIO VENEZOLANO "EL NACIONAL".


EL NACIONAL - Sábado 13 de Marzo de 2010 Papel Literario/2
 

Papel Literario

Heberto Padilla, el nacimiento de una esperanza "Dichosos los que miran como piedras más elocuentes que una piedra, porque la época es terrible".

Heberto Padilla


ÉRIKA ROOSEN



"El hombre al margen" Contrario a lo que él hubiese querido, siempre que se recuerda a Heberto Padilla se da prioridad a su padecimiento político por encima de su creación poética. Suele comentarse que la Revolución cubana, aunque había mostrado en sus inicios un falso interés por fomentar el pensamiento crítico e intelectual, pronto reveló su verdadero espíritu totalitario al condenar y encarcelar a Padilla por su poemario Fuera del juego.

Las consecuencias de esta injusta condena no se hicieron esperar en el mundo intelectual, propiciando así la primera ruptura generalizada con los ideales de la revolución. Escritores de izquierda, como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, encabezaron las protestas que, si bien consiguieron la liberación de Padilla, no lograron influir profundamente en los basamentos totalitarios del régimen. Por eso, tras el "caso Padilla", fueron muy pocos los intelectuales que a nivel mundial continuaron apoyando a Castro, como si la actitud obediente y complaciente que su revolución exigía fuera ajena al espíritu reflexivo, crítico y libre que marca siempre el genuino interés intelectual.

Es comprensible que, luego de su temporada en la cárcel y su exilio político posterior, a Padilla se le relacione siempre con esa temporada de sufrimiento. Sin embargo, mucho más elocuente y profundo que esta historia conocida resulta ese "peligroso" poemario por el que fue condenado. En su totalidad, Fuera del juego está compuesto por poemas que no apelan a la profusión de imágenes sino a la palabra cruda y fuerte, "a la desnudez del alma que sólo busca llegar al lector a través de su tono estremecido", como alguna vez afirmara Eugenio Montejo sobre la poesía de Leoncio Martínez.

Y ese tono estremecido, en el caso de Padilla, tiene que ver con un sentirse desencajado, sacado de su centro y de su calma por un tiempo ineludible. En este sentido, uno de los poemas centrales de su libro se titula "El hombre al margen" y sus versos reflejan una suerte de confesión desgarrada: "Él vive más acá del heroísmo / (en esa parte oscura); / pero no se perturba; no se extraña. / No quiere ser un héroe, / ni siquiera el romántico alrededor de quien / pudiera tejerse una leyenda; / pero está condenado a esta vida y, lo que más le aterra, / fatalmente condenado a su época". Una época en la que "los poetas cubanos ya no sueñan" porque "está obligado el ojo a ver, a ver, a ver". Así, la imagen que aparece constantemente a lo largo del poemario es la de ese hombre arrancado de su paraíso, condenado a una realidad que se adueña de su vida y lo arroja a la intemperie.

"¡Al poeta, despídanlo!" Se trata claramente de una terrible lucidez. Las líneas de los poemas de Padilla se van convirtiendo en espacios para la revelación puesto que, en todo momento, la imagen poética tiende los puentes que la historia y la política niegan. Así, el "enemigo" se va convirtiendo en el "condenado": sutil diferencia de términos que, sin embargo, hace añicos cualquier justificación ideológica. "Cuando alguien muere, / alguien (ese enemigo) muere / de frente al plomo que lo mata, / ¿qué recuerdos, / qué mundo amargo, nuestro, se aniquila?", se pregunta el poeta y, tras ese cuestionamiento, se lanza a un discurso que pretende, sin lugar a dudas, ser entendido en su sentido exactamente opuesto: "pero, Revolución, no desertamos". Es así como queda finalmente el poeta Fuera del juego, convirtiéndose en un hombre al que hay que despedir porque "No se entusiasma. / No pone en claro su mensaje. / No repara siquiera en los milagros. / Se pasa el día entero cavilando.

/ Encuentra siempre algo que objetar".

Al intuir que en la muerte de los condenados hay un mundo "amargo, nuestro" que se aniquila, Padilla entiende las consecuencias terribles del silencio. "Los transeúntes que compran los periódicos del mediodía / por pura curiosidad, son los verdugos de los condenados". Y, a lo largo de su poemario, vemos que el horror de su tiempo reside, en consecuencia, más que en ese tirano que impone a la fuerza un sueño, en todas las personas en su entorno que aplauden, que obedecen, que "bailan bonito, / como les piden que sea el baile".

"Di la verdad / di al menos tu verdad" En un artículo editado en la revista Letras Libres, Leonardo Rodríguez comentaba que "Padilla es una rara ave en la poesía y la literatura de su país, donde el desenfreno barroco, convertido hace rato en `banquete canónico’, tiene sazones tan ricas y diversas como las de Martí, Lezama Lima, Cabrera Infante o Severo Sarduy". Su imagen sosegada, directa, hace escribir a Padilla en uno de sus poemas finales que "definitivamente él no fue un poeta del porvenir. / Habló mucho de los tiempos difíciles / y analizó las ruinas, / pero no fue capaz de apuntalarlas".

Es cierto que, como comentaba Eugenio Montejo, "un espacio verbal libre, en un ambiente donde casi nada podía serlo", por lo general, "se convierte a sí mismo en un espacio verificador". Sin embargo, la obra de Padilla no es únicamente eso y en las imágenes que se gestan por debajo de la palabra verificadora, reside la esencia de lo poético.

Padilla sabía que, ante todo, necesitaba decir "su verdad", y algunos de sus poemas se convirtieron por eso en una crítica necesaria. Por lo demás, no es extraño que a causa de esos poemas Padilla haya sido perseguido y encarcelado: la imagen poética cala siempre más hondo que el discurso, que la arenga, porque no trata de convencer sino de revelar. Pero justamente en esos poemas es en donde el poeta se encuentra menos a gusto, más desencajado de su centro por la época terrible. Habla en ellos de los héroes que "no dialogan / pero planean con emoción / la vida fascinante de mañana" y que "al final nos imponen / la furiosa esperanza". Una esperanza escrita con "letras toscas", un sueño obligado y forzado que, por eso mismo, nunca puede ser genuino. Padilla se pregunta, angustiado, entonces "¿dónde pudiera uno meterse, al cruzar una esquina, después / de haber oído las últimas noticias?".

Y, sin embargo, por debajo de ese apremio, se va gestando la imagen poética final, como si todos los dolores de ese parto estuvieran llamados a dar origen al nacimiento de la esperanza.

"Y ahora, vámonos cuervo", exclama el poeta a esa ave negra que lo ha acompañado terriblemente a lo largo del poemario, "vámonos a buscar (...) el hilo roto / de la cometa de mis niños / que se enredó en el trípode viejo del artillero".

Se trata, como vemos, de una imagen de reencuentro, de unión: el hombre vuelve a estar "al margen", encuentra ese espacio anímico donde aun es posible, a pesar de la época terrible, a pesar de cualquier horror, encontrar el hilo roto de las cometas, la infancia perdida en el trípode del artillero, y volver a comenzar.


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