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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 1 de mayo de 2010

CUATRO POEMAS DEL LIBRO INÉDITO LOS POEMAS DE LA MUJER DE LOT, DE BELKIS CUZA MALÉ.


HOMENAJE A LO COTIDIANO




En el jardín chino latente en cada sueño,

de piedras azules y bambú,

el tiempo se precipita en las aguas.

Allí es posible trazar una raya en la tierra

y luego otra, y otra más,

líneas que se devoran

hasta que surge un ojo, una boca, un cuerpo

con largas trenzas

y el traje de sirvienta

de la dinastía Ming.

Amparados en su inmortalidad,

los dioses comercian en la plaza:

lechuga, berros, finos peces de agua dulce,

cerezas y misteriosos mensajes caligráficos

adivinando el pasado --lo no vivido--,

posponiendo el futuro --lo no soñado.

Ya no hay arte más que en vivir

el sueño real.





HOMENAJE A JOSE CID



No sé en qué ciudad del Infierno

--de ésas que usted pintaba para darle un hogar

a sus monstruos--

estará sentado ahora

a la puerta de un café de verano,

que allá ha de ser eterno,

con la mitad del cigarro sin prender en la boquilla,

temeroso de quedarse allí sin provisiones,

viendo pasar como Dante a las adolescentes impúdicas

de los versos renacentistas.

Recuerdo sus cartas, sus largas misivas

informándome de todo cuanto ocurría en mi ausencia,

contándome que La Muerte se había paseado

por la oficina,

dándome noticias de Heberto, de mi hija,

de mis amigos,

de la vieja higuera cercenada por el odio,

pero recuerdo especialmente la última,

la que escribió ya sin vida, pero confiado,

casi rozagante,

incapaz de sospechar la traición y la muerte.

La recuerdo porque es un documento para el museo

de lo imprevisible.

Hablaba allí de un viaje,

de lo bien que se sentía entonces,.

de la posibilidad entrevista de que a un español

se le permitiera viajar fuera de Cuba

--nada menos que a España, su tierra-.

Y la recuerdo también

porque me daba consejos

sobre mi hija,

consejos que ahora han pasado a engrosar

sus obras inéditas.



Casi noche tras noche,

en medio de la sala habanera,

teniendo que acercar el oído enfermo a la palabra,

lanzaba conjeturas desde su sillón,

como una emisora de circuito cerrado,

y prometía revelar un gran secreto,

pero sólo cuando estuviéramos todos sentados

a la mesa de un café de verano,

en alguna ciudad extranjera

que todavía estaba por pintar.

Y mientras esperábamos con impaciencia ese momento,

usted probaba todos los dulces que yo le ofrecía,

intercambiaba anécdotas,

apagaba y encendía sus cigarritos

---en un tiempo demasiado terrible, recogidos en basureros,

calles, plazoletas, o no sé dónde--,

hacía crecer entre sus manos la ciudad prometida,

y para ese instante,

usted, yo, y Heberto transformábamos el mundo,

le poníamos alas a la noche,

y nos lanzábamos de cabeza

contra las viejas murallas habaneras.



SUMMERTIME IN PRINCETON



Bienvenida la mañana

y la música casi vulgar de los pájaros

recien nacidos,

mientras el niño,

bebe su jugo de frutas

sentado como un jefe indio frente a la TV.



El verano quiebra la paz de esta casa,

y andamos por ahí todo el tiempo,

empujando la puerta de tela metálica,

dando vueltas con la sangre ardiendo,

dispuestos a olvidar,

aunque luego no recordemos qué,

ni a quién, pues

el olvido llega de tarde en tarde

como el verano,

y llena de pulgas al perro

y de telarañas al árbol,

ese tilo que crece en el patio,

olvidado,

a la interperie,

a ratos delirando,

deshojándose, crucificado,

y convertido luego en espantapájaros.

Hasta que una tarde cualquiera

lo arrancan de cuajo,

como el que arranca un ojo al enemigo,

ese vecino que no habla nuestra lengua.



Ten paciencia, me digo sin éxito,

es el verano:

abre las ventanas de esta casa,

y que la música de los pájaros recien nacidos

picotee en tu alma.





APOSTASIA MODERNA



Una fregona

de Vermeer sirviendo en un club

de niños ricos

Frutas y cereales corren por sus venas:

entran y salen adormilados todavía

por las noches cínicas

y la cerveza que esta mañana ella limpió del piso.

Tras las ojivas que dan al jardín

contempla sin mirar

las ardillas que cruzan temblando

bajo el ridículo sol de otoño, su otoño,

y que parecen muy viejas,

porque saltan agarrándose

las hambrientas barriguitas.



Este mundo no se detiene para nadie;

en la gigantesca pantalla de cine,

en el campo de golf todo de mármol verde

hay ángeles y predicadores.

El cielo, condenado a parecerse a ellos.

!De prisa, de prisa!, grita Jessey,

el cocinero negro,

dando salticos con la música

de foxtrop que se sabe de memoria

como la liturgia.

!De prisa, mi amigo, de prisa!



Envuelta en el blanco delantal

ella atraviesa los siete velos de la realidad,

sus puertas batientes:

una bandeja en la mano

y un fuerte olor a desinfectante de naranja

invadiéndolo la estancia..

!Qué pequeño es el mundo,

que cabe en cualquier sitio!


©Belkis Cuza Malé


Del libro inédito Los poemas de la mujer de Lot

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