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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 8 de mayo de 2010

EL TREN Y LA VIDA DE GEORGE CLAUDE Y SANTIAGO MARTÍN BY BELKIS CUZA MALÉ ESPECIAL/ EL NUEVO HERALD


El tren y la vida de George Claude y Santiago Martín

Especial/El Nuevo Herald

La vida es un tren, dicen poetas y filósofos. Y también los que miran con ojos mágicos pasar el tiempo. Y nada más oportuno que ese título, Una vida, un tren, escogido por Santiago Martín para su libro recién publicado por Alexandria Library, de Miami.
La novela --yo la llamaría mejor relato testimonial-- abre con la construcción del primer ferrocarril en Matanzas, Cuba, y de modo riguroso y detallado, de la mano del niño Santiago, vemos multiplicarse en la zona los caminos de hierro, al igual que las locomotoras, desde que La Junta hizo su recorrido en el primer tramo entre Matanzas y Guanábana. Pongan atención: estamos en 1845.
La narración es bellísima y logra su cometido: mostrarnos no sólo ese hecho memorable de la construcción del ferrocarrril, sino, la vitalidad de una ciudad que ya era llamada La Atenas de Cuba, por la pasión con que descollaban allí las artes y las letras. En medio de este recuento histórico, el autor aprovecha para darle vida a dos grandes escritores cubanos, José Jacinto Milanés y Gertrudis Gómez de Avellaneda, lo que constituye una fina muestra del talento de Martín para recrear una escena casi teatral. Al reunirlos ficticiamente en un espacio de tiempo muy especial en la vida de la Avellaneda, tras su vuelta a Cuba, Martín intenta lo que parecería imposible, que dos genios literarios se admiren y quieran. Recuérdese que la Avellaneda, a pesar de la coronación en el teatro Tacón, y luego en el Liceum de Matanzas, no era querida por muchos. Su vuelta a Cuba, casada ahora con Verdugo, quien había sido gobernador de Cienfuegos, de Cárdenas y luego de Pinar del Río, la distanciaba de los cubanos, según algunos. Pero, gracias a Martín, le seguimos los pasos tras la muerte de Verdugo, envenenado con una taza de chocolate que estaba destinada a la poetisa, hasta que se marcha para siempre de la Isla.
Cambia el espacio de tiempo y estamos ahora en los años 20. De seguro no son muchos los que recuerden a George Claude, el inventor de las luces de neón. Ni siquiera los matanceros, donde el científico e inventor realizó una de sus proezas, la de intentar producir enegía eléctrica usando las capas submarinas a diferentes temperaturas. El espectáculo en torno suyo y las peripecias de los casi tres años que vivió en Cuba marcaron de modo muy especial a esa ciudad. La llegada del francés a Matanzas, en 1927 --alternada con varios viajes a Nueva York, Italia y París, en el periodo de tres años-- dotaron de una inusitada vitalidad a la zona, y su experimento encontró siempre eco en El Imparcial, el periódico local.
¿Cómo y por qué un científico y millonario de la talla del francés George Claude escogió la bahía de Matanzas para producir electricidad sin combustible? ``(...) El hombre escogió Matanzas --nos dice Martín-- porque la topografía del fondo de su bahía era la ideal entre todas las visitadas...'' Hay que ir a las páginas de Una vida, un tren, para conocer al detalle los pormenores no sólo de este invento, sino de la personalidad de Claude. Verdad o ficción, Martín no descuida los datos y de pronto la obra parecería convertirse en un informe de ingeniería, pero sin que perdamos jamás interés en su lectura. Todo lo contrario, ya estamos sumergidos de cabeza y de ahí saldremos con un mayor conocimiento. No por gusto Santiago Martín, además de crítico de teatro, ópera y ballet, es también ingeniero. Esta faceta de su vida no lo separa de las otras sino, por el contrario, las nutre, como hombre renacentista que parece ser. De ahí que también ejerza la labor de promotor cultural desde la fundación Apogeo, creada por él hace un par de años.
Vuelven a pasar los años y hace su aparición ese tercer personaje, Enrique, que no es otro que el propio Santiago Martín. Lo vemos desde la cuna, y lo seguimos en sus andanzas de niño y de joven. Claude está muerto hace años, y también el Santiago que vio con ojos de niño asombrado el viaje de La Junta, la primera locomotora. Ahora son los años 60. Plena Revolución cubana. Los espíritus de Claude y Santiago --convertidos en guardianes celestiales de este Enrique/Santiago-- servirán de enlace a la tercera parte del libro.
El personaje de esta etapa crece y vive ya entre Matanzas y La Habana. Siempre fiel a los suyos, especialmente a su madre, Clara Elsa. Se hace ingeniero y promotor cultural, y seguimos su vida, como si abriéramos un libro. Su viaje de trabajo a la antigua Unión Soviética, sus amigos, sus alegrías, sus enojos, sus sueños. Y también, la vuelta a la fe, los milagros, la aparición de la Virgen de las Mercedes, y su nueva devoción a San Lázaro. Sólo por milagro, cree, que haya podido lograr la salida hacia México, hacia Querérato, donde se establece, --tras un primer viaje, que la inminente muerte de su padre acortó--, al mismo tiempo que sus amigos Abel y Martha. Pero llegan a Querétaro y allí desarrolla una activa vida cultural. Seis años bien aprovechados, como diría luego. Un paso más, y cruzará la frontera. Un paso más y estará en Miami.
Leer este relato testimonial es leer un mapa biográfico de Cuba, de los cubanos. Pero Santiago Martín no ha tenido reparos en contarlo todo, con pelos y señales.
Es una lectura muy refrescante, hermosa y obligada para mirarnos en ese espejo que es Una vida, un tren. • 
BelkisBell@Aol.com
El Nuevo Herald

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