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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


miércoles, 5 de mayo de 2010

Un escritor de oficio Por: Mario Szichman Especial para TalCual.

Un escritor de oficio

Con Yo, el Supremo, Augusto Roa Bastos legó a América Latina una novela excepcional, difícil de emular, con muchos secretos discípulos

Mario Szichman Especial para TalCual



Con Roa Bastos emergió un nuevo modo de ser escritor Cortesía Letras Uruguay Espacio Latino
Miami."Es preciso releer, corregir hasta el último pelo de error", nos propone El Supremo dictador José Gaspar Rodríguez de Francia.

"Únicamente así, a las cansadas, cuando ya uno ni siquiera lo espera, surge el filo sobre el cual resbala, tras la última gota de sudor, una primera gota de verdad". Es una de las mejores definiciones que ofreció Augusto Roa Bastos sobre el oficio de escritor en su excepcional novela Yo el Supremo, marcando la diferencia entre aquel que repite palabras prestadas intentando crear una verdad más eficaz, y aquel que las repite para devaluarlas.

Bertolt Brecht decía de la mayoría de los escritores de su época que se valían del inconsciente para predicar la ignorancia: los demonios interiores, la búsqueda de una imposible inspiración, eran coartadas que disimulaban la falta de lecturas y de conocimiento, y el desfasaje entre la literatura y otras ciencias humanas. El escritor se utilizaba a sí mismo como conejillo de indias, y presumía que su verdad era universal. Lo que lograba era transmitir, a través de su cuerpo, la verdad a medias de la clase en que se sustentaba. En vez de hablar, era hablado.

Referirse a Roa Bastos, es hablar de una nueva forma de narrar en América Latina. Él logró sintetizar la dicotomía entre dos formas de escribir: la que proponía Jorge Luis Borges y la que encarnaba Alejo Carpentier. Entre la escritura pulcra, medida, eficaz, que es, también, una nítida reflexión sobre los poderes desdobladores del lenguaje, y la escritura desbordada, que intenta recuperar un pasado mítico.

Escritor de público roto, ubicado en ese filo en el cual resbala una primera gota de verdad, Roa Bastos, al contar la historia del doctor Francia, de las tres primeras décadas de vida independiente del pueblo paraguayo, habló simultáneamente al vencido y al vencedor, pronosticando ese sombrío futuro en que la guerra de la Triple Alianza ­formada por Argentina, Brasil y Uruguay­ destruyó al Paraguay entre 1864 y 1870.
LA MUERTE CONCLUYE EN UN LIBRO Roa Bastos intentó ser el memorista de la tribu, el hombre que creó un libro en el cual las actuales y venideras generaciones puedan abrevar a fin de rescatar la verdadera historia y desenmascarar la falsa. Y para concretar esa tarea se instaló en el hueco entre las propuestas de escritores sobresalientes. De Borges asimiló el manejo y la indagación del lenguaje; de Carpentier, el modo de hacer actual lo pasado (el pasado, señalan algunos historiadores, se ha inventado para acomodar el presente), de valerse de anacronismos sin caer en la reconstrucción arqueológica. Pero también en esa tarea, aprendió a desechar: de Borges, su pasión por los vencedores, de Carpentier, cierta tendencia a creer que el barroquismo consiste en nombrar gran cantidad de viandas.

La tarea del escritor puede compararse a la de una araña. Cuando la tela se rompe ésta no la remienda, porque carece de memoria. Comienza nuevamente a partir de cero. Es la rutina del obsesivo. Yo el Supremo está construido como sucesivas telas de araña. De "Memoria sin grietas.

Sin descuidos, rigor puro", califica su tarea el dictador que dicta.

Hilos tendidos desde la historia hacia la leyenda, desde un hombre hacia un pueblo constituyen, paso a paso, una obra eslabonada de escrituras ajenas: "novelas, memorias, folletos, periódicos, cartas y toda suerte de testimonios ocultados, consultados espigados, espiados en bibliotecas y archivos privados y oficiales. Así se va tejiendo el texto, posibilitando que palabras, frases, párrafos, fragmentos, se desdoblen, continúen, se repiten o invierten en ambas columnas en procura de un imaginario balance".

Ese incesante ir y venir no sólo permite una reflexión sobre el protagonista y su retorno, sino también, sobre la escritura que se va desarrollando. Así como Roa Bastos fue conformando a su dictador "en el delirio de las semejanzas", el dictador fue cancelando su prosa en el enjuiciamiento del estilo que calificó de "Abominable, laberíntico callejón empedrado de alteraciones, anagramas, idiotismos, barbarismos, paronomasias de la especie paroli parulis: imbéciles anástrofes para deslumbrar a invertidos imbéciles que experimentan erecciones bajo el efecto de las violentas inversiones de la oración".

Ese recorrido de lanzadoras es, también, una reflexión sobre la imposibilidad de concretar un personaje, sobre la necesidad de delinearlo, justamente, con base en esa imposibilidad.

"Del Poder Absoluto no pueden hacerse historias", dice El Supremo."Si se pudiera, El Supremo estaría de más".

De ese modo se traza el delirio mayor del escritor, el que tuvo el marqués de Sade al querer que la subversión del lenguaje sirviera para la subversión de la vida, el que tuvo Balzac cuando soñaba ser el Napoleón de la literatura.

Sin hacer concesiones ni al esnobismo ni al populismo, Roa Bastos narró la tragedia de su pueblo. Y el doctor Francia, a pesar de ser el protagonista, y exhibir una personalidad tan vasta y compleja como la de un príncipe del Renacimiento italiano, tan rica y matizada como ese Ricardo Tercero que dio en simple frase la clave de la política al decir: "Los que usan el veneno, no por ello aman el veneno", fue su magnífica excusa. No hubo en Yo, El Supremo, complacencia ni fervor por el caudillo, sino una eximia indagación en las raíces de la nación paraguaya. Hubo una elegía y una denuncia de inusitada calidad artística.

Con Roa Bastos emergió un nuevo modo de ser escrito

1 comentario:

  1. Me leeí a Roa Bastos muy joven y aportó mucho a mis lecturas, en esa época fui insaciable en todo el boom Latianoamericano, Yo el supremo fue una de las primeras obras de ese Boom.

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