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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


viernes, 25 de junio de 2010

LO INTANGIBLE DE LO TRASCENDENTE EN LA PLÁSTICA Y DESENCANTO EN MATANZAS POR: BALTASAR SANTIAGO MARTÍN


Lo intangible de lo trascendente en la plástica.

Recorriendo la feria ARTEAMÉRICA el viernes 26 de marzo del 2010, día de su inauguración oficial, estuve conversando con mi amigo Miguel Alzate, co-director de nuestra Fundación APOGEO para el arte público, multicultural y multimedia, sobre qué  determina la trascendencia de la obra de un artista plástico, específicamente en el terreno de la pintura, y observando los cientos de cuadros de artistas latinoamericanos allí expuestos,  entre los que sobresalen los de los grandes autores ya muertos, como Wifredo Lam, Amelia Peláez, René Portocarrero, Servando Cabrera y Cundo Bermúdez, entre tantos que se pudieran mencionar, y algunas pocas excepciones de factura reciente, creo que logramos definir los elementos  intangibles del autor que están presentes en toda obra plástica trascendente:

1- El talento
2- El oficio
3- El sello, estilo o marca propia, que lo diferencia de los demás, y permite identificarlo aún sin ver su firma.
4- El tener algo que decir con su obra.
5-La renovación o reinvención, para no repetirse ni estancarse.

Si hay talento innato, pero no se cultiva con estudios adecuados, aunque sea de forma autodidacta, el artista carecerá del oficio necesario, y en el mejor de los casos, su obra siempre será considerada como naïf. 
Si no hay talento innato, los estudios pueden dar el oficio, e incluso el sello o estilo propio, pero será difícil que sin talento un artista tenga algo que decir que sea trascendente.
Aún con talento, oficio y sello propio, si el artista no ha encontrado qué decir – y se sabe ya muy bien que el propio medio puede ser el mensaje– la obra carecerá de alma, y no rebasará lo meramente decorativo, sin mayores consecuencias artísticas.
Y si un artista talentoso, con oficio,  sello o marca propia, repite su mensaje sin evolucionar y renovarse, su obra dejará de ser trascendente.

Ejemplos sobran.

La palabra crisis ha sido una variable constante –me perdonan el oxymoron– en todas las épocas, , por lo que no quiero recurrir al abusado término, pero algo pasa cuando salimos de Art Basel con esa sensación de vacío abrumadora, y ahora de ARTEAMÉRICA, llenos de admiración por los maestros del pasado reciente, y de estupor o decepción ante el ¿relevo?
La feria está muy bien montada, y el recorrido es agradable e ilustrativo de tendencias, galerías y países, pero el pasado opaca con creces al presente, porque pocas de las obras expuestas satisfacen la ecuación talento-oficio-sello-mensaje, no calificando todavía sus autores para el juicio de la renovación, por razones obvias.

                                                    Baltasar Santiago Martín
                                                       Fundación APOGEO
 







Desencanto en Matanzas.
(con todo el respeto a Carilda, pero no al culpable del desencanto)

Por el Pompón donde
ya no es prudente beber,
por el Canímar que aún cruza
hacia el mar desde mi blusa
por esta pena que muevo,
lo juro, oh, ruinas de Pueblo Nuevo
-que es de rodillas jurar-:
quisiera hacer un cantar
con versos, con margaritas,
de a dos chavitos el ramo,
(si los puedo jinetear);
sin jarcias
(porque cerraron la fábrica secular)
ni estalactitas,
ya imposibles de robar
de la Cueva Bellamar,
reservada a los turistas.

Matanzas lenta: yo adoro
los líquenes putrefactos,
extraño tus rayoneros
(la fábrica también cerró),
tus pactos
con crepúsculos de oro
(por suerte, no pudo cerrar el sol);
y sigo aquí, no demoro
mi cariño en otros valles.
Desde la Playa a Versalles
te repito como un cuento:
verás el ciclón violento
que asolará nuestras calles.

¿Y qué decir de mi herida
que por la hierba se mete,
sin alcohol para curarla,
 ni hilo para su cierre?
¿Qué decir de este zoquete
que paraliza tu vida?
¿Qué decir, tierra querida
donde acabaré este viaje
sin transporte ni equipaje,
de aquel hombre, de aquel hombre
que le hizo gala a tu nombre
 y nos destruyó el paisaje?

Te quiero porque eras triste,
sin valorar el Edén;
muy triste tristeza aquélla
de canarios con alpiste
y pobreza con bistec.
Te quiero porque trajiste
 el verde justo en la sien;
pero te quiero a la vez
por tu Pan que tiene sueño,
y pesadillas también,
con la cuota racionada
que te impondría Fidel;
por tu porvenir incierto
sin fósforo ni henequén;
cerraron la tenería,
no se fabrican zapatos
y la pobre Cubanitro
no ve pasar ya ningún tren.

Te quiero porque me asombro
de tu majestad humilde,
y te quiero por la tilde
del nombre con que te nombro;
por esto, que bajo el hombro
me defiende y me combate;
por mi corazón, que late
rebeldemente inconforme,
como aquel campanario enorme
que hubo un tiempo en Monserrate,
y que hoy pura ruina es.

Pareces sola una palma,
castigada por un rayo.
Exhibes en cada esquina
tu decadencia  y desmayo.
Cuando madrugas en calma,
mi alma sueña con carne
 y no con comer frijol.
Tus ciegos se sienten mal
(y también los que aún pueden ver),
pues ruina es la Catedral;
tampoco existe el Ten Cents:
ayer frívolo injerto
que hoy quisiéramos tener.

Matanzas, bendigo aquí
(ya autorizaron creer)
tu malecón desplazado por horrible pedraplén,
los árboles descuidados del Paseo de Martí
y el eco en el Yumurí.
Y van mis lágrimas, van
como perlas como imán
o como espejos cobardes
a vaciar todas las tardes
sus aguas en el San Juan.

Tan quieta, tan solitaria,
amiga de la marea;
sueña, sueña que pasea
Plácido con su Plegaria,
que te viene a redimir.
Sé honesta, sé legendaria;
vuélvelo todo al revés,
rompe el silencio; tal vez
cuando suena así la brisa
está llorando por Cuba
 el alma de Milanés.

Aunque a tu parque mejor
-ese bello como un cuarzo-
ahora lo están reparando
(previniendo lo peor),
la gente que tiene honor,
la gente azul de verdad,
la gente con claridad,
seguidora de la Estrella,
añora vivir en calma,
con vergüenza y libertad,
sin dictatoriales huellas.

Matanzas: siempre me curas
después que el amor me enferma.
Si tengo la dicha yerma
(ya no hay palomas ni oscuras)
me das tus vendas ¿seguras…..
Si me sobra el corazón
(cuidado no lo trasplanten
a un gallego billetón),
si mis labios besos son
y no le encuentro remedio
voy a la calle del Medio
a soñar con la ilusión
de poder comprar con pesos
sin que medie conversión.

Tu pasado tiene un brillo
que no para de crecer
(¡Carilda, qué clase de predicción!)
¡Qué pena da recoger
en tu historia algo amarillo;
pero pienso en el Morrillo
y en que vendrá algo peor,
que ensuciará con hoz y con cruel martillo
rojinegra redención!
¡Qué pena da recordar!

Matanzas-misa en mis venas-:
Beso tus patios sin flores, sin negros ni blancos estibadores
(no hay ya casi qué cargar),
tus puentes a reparar.
Matanzas -droga en mis venas-:
beso tus cultísimas jineteras,
beso también los pingueros,
que a falta de ruido de palas,
también son hoy sexi-obreros,
igualados como hermanos
 y beso tus veteranos
que sienten no tener alas
para poder volar lejos.

Ya no hay cines, sí hay escuelas,
en estado como inerte,
fui a tu parque, adolescente,
y cayó amorosamente
tu tierra sobre mi abuela.
Te debo la luz que vuela,
si no viene el apagón,
una cita en el recuerdo,
y gracias a los milagros
nunca pierdo la razón,
y un dolor como una F
que vaya si sé que duele
debajo del seno izquierdo,
donde hice mi elección.

Te debo, Matanzas, ratos
de bohemia y de locura,
te debo una noche pura
 y unos niños, hoy pioneros,
 que seguirían sin zapatos
si Miami no existiera,
y te debo aquellos gatos,
que no tienen qué comer,
al fondo de mi, ¿alegría?,
la Plaza de la Vigía,
muchos versos en la frente,
el tedio de ser decente
y este azul de la bahía,
virgen sin barco alguno que lamer.

Todo te debo, Matanzas:
la Biblioteca,
cuyo segundo piso hoy en ruinas
 no se acaba de caer,
el Estero,
donde los peces esquivos
 se ausentan de las cazuelas;
tener alma y no chavitos….
Te debo las esperanzas.
A mi pecho te abalanzas
con una pasión tan fuerte
que no basta con saberte
en mi sangre, y el tiempo, detenida:
ya que te debo esta vida
te quiero deber la muerte,
para renacer urgente,
en pos de tu redención.
Santiago Martín, 10/06/08



























  

martes, 22 de junio de 2010

HOLOCAUSTO II POR: DALIT RAFAEL ESCORCIA MARCHENA


HOLOCAUSTO  II


...si en el cielo
Se adormece la noche,
Es insustancial la primavera.

...si en mi patria
De la tierra brota sangre
Es inminente un holocausto.

...si todos sentimos
En carne propia la injusticia
Algo está por construirse
En medio de un desierto...

Pero hace falta...
Que la arena sienta,
El viento cante
Y el sol sea el clima de la vida...

Si nada de aquello germina,
El libro de San Juán, será
Un juego de fuegos artificiales
Frente a la furia
De la humanidad entera...

Y después nacerán
Miles de primaveras
Sin el homo Sapien
Que marchite las rosas...
Y vendrán nuevas generaciones
Que aspiren sus perfumes…
Pero jamás la tierra
Será ese nido de nobleza
Y la raza humana
No tendrá memoria…
Sólo las mujeres conservaran
Sus hilos… Y colgaran
En sus vientres las semillas.


Dalit R. Escorcia Marchena.









RENDIDO CAIGO  Y CANTO


Son murmullos hechos gritos…
Un dolor único y puro.¿ Hojas,
De qué árbol fueron arrojadas
Y vinieron, a mí, en el viento?

Tengo mi cabeza cana, calva…
Un solo gemir llevo por dentro.
Abro de par en par esta ventana
Y espero,  inquieto, mi otro vuelo…

Enlazo mis manos y mis piernas
Y no soporto este amargo dolor.
Hay piedras en mis zapatos…
Arden mis pies y, rendido, caigo.

He revisado, lentamente, mi calendario.
Son pocos los años que me quedan…
Una migaja de pan llega a mis dedos
Y un trozo de barro para el alfarero…

Me sentí un dios… y esto lo pago…
No temo ni al cielo ni al infierno
Y pierdo la fe, mirando al cielo…
Caen las estrellas desde lo alto…

Un anciano recoge su manto
Y hace con él un tétrico vestido
Que dona a unos mendigos
Haciéndose con su fe un santo…
Dalit R. Escorcia Marchena.

















VERSOS Y CANTOS

…mi corazón, latiendo,
Impulsa mi savia de fuego…
Y mis ojos, con sus lágrimas,
Construye un diminuto lago.

Mis manos, con sus dedos,
Tejen un manto de bellos sueños
Y mis pies, con sus huellas,
Abren infranqueables caminos.

Mis pies… mis manos y mis ojos
Con sus huellas, sus dedos y sus lágrimas
Dejan verter mi sangre… lo añejo,

Para abrir desde este corazón
Un ramillete de versos y cantos…
Con la fuerza de un angustioso soneto.





Dalit R. Escorcia Marchena.


























AGUA Y ARENA…

…entre el agua y la arena
Cuatro manitas juegan,
Unas acarician el agua
Y las otras amasan la greda.

…son tan pequeñas las niñas,
Que hay temor que ellas se pierdan
Al destruir sus castillos de arena
O al detener los vientos y las olas.

…son tan pequeñas las niñas
Que sus ojos nos revelan
Un manantial de inocencia
Escondido entre sus lágrimas.

…ellas son luz y lluvia
Claro humedal de palmera,
Formas irregulares que se expanden
Hasta tocar el borde de sus carnes bellas.

…lindas son esas niñas…
Van vestidas de alabastro
Y de boquitas rosadas,
Una me mira de frente,
La otra roza mi cara
Y me sonríe dulcemente
Desde el fondo de la nada…
¡Abrazándome… la muerte!






Dalit R. Escorcia Marchena.













¿QUIÉN VINO?

¿Quién vino a buscar la noche,
Si ya no se necesitaba?
La guardé entre mis manos
Como una prenda sagrada…

¿Quién vino a atrapar la noche,
Si ella nos atrapaba?
Era un manto tan triste…
Un dolor a mitad del alma.

¿Quién vino a liberar la noche,
Si era sombras represadas?
Un dejo sin luz ni risas…
Un silencio hecho de ganas.

¿Quién vino a buscar la noche,
Al píe de nuestra ventana?
Si ella estaba en el centro
De tu profunda mirada…

¿Quién vino a encerrar la noche
En un cofre de esperanzas?
Si con sus manos nos ata
Y nos golpea, con sus lanzas…

La noche se hizo más noche
Sin luciérnagas ni luna…
Ella, con tez de aceituna
Y él, con azabaches cabellos.

¿Quién vino a mirar la noche
Si el poeta ya la guarda…
Como si ella fuera un manto
Que cubre sin afán su alma?





Dalit R. Escorcia Marchena.











OTROS TIEMPOS


Ahora…
Es tan exacto el ritmo dulce de la gaita
Que su sonido llega hasta el confín del cielo
Los ángeles mitigan, con su llanto,
Los acordes de los tambores negros…

Luego…
Se escucha una flauta de millo, el trinar
Del aborigen que alivia, en las entrañas,
El dolor de los abuelos… nuestros viejos,
Sombras en el río…  tejiendo sus orillas.

Entonces…
Huellas descalzas abiertas, en el suelo.
Otro arcoíris que germina sólo…
Entregando haz de luz, sin desconsuelo.
Aroma de mujer… mecha de fuego.

Ayer…
Bello panorama de los recuerdos…
Cuerpo de gaviota en pleno vuelo.
Amo el danzar de esta cumbia
Desde lejanos tiempos. Es sortilegios.






Dalit R. Escorcia Marchena.



















ÉXTASIS I


Estuve disolviendo
Mis besos en tus noches…
Y entrando en tu gozo
Se vinieron mis desdichas.
…y el éxtasis en tus labios
Marcó la agonía de mis silencios.
Rediles de quejidos
Abrieron otras dimensiones…
Se perdieron tus ojos
En el nublar de mi mirada
Y nacieron mil mañanas
Centellantes en tu rostro…
Y no pude ver más nada,
Yo estaba alegre,
Estaba casi  yerto
En medio de tus requiebros…
Y eras, tú, un océano de sonrisas.










Dalit R. Escorcia Marchena.


















CRONOLOGÍA III


…allá al fondo, está la luna,
Esa invitada secreta de tus besos,
La misma huella de tus carnes
Ese color de plata que se derrama
Sobre el interior de tus muslos.

Y se enciende mis deseos, con tus perfumes
De flores que se despertaron de tus brotes
Esa pequeña úvula que se levanta
Y me adhiere al aroma indiscreto de tu cuerpo.

Allá en el fondo, veo esa delicadez de tu existencia,
Ese rosado color que me enloquece
Pero siento, que de ansiedad, me voy muriendo
En cada recodo de tus intersticios.

…ya tu piel me arropa con sus calores
Y tu fiebre hace arder mi cuerpo.
Voy hacia ti, y nada me detiene…
Una sinfonía de colores, se plasman
Y en medio de mis  placeres, tú, me torturas.

Ya se ordenan los silencios, detrás
De cada quejido disuelto en el sudor
De dos cuerpos que se arriman
Y erizan cada vello, cada cabello
Enredado entre los dedos y los sueños.

Allá quedaron los gemidos
Aquí,  sólo los gritos del recuerdo…
Allá tu voz susurrante y tierna
Acá,  ya no te acuerdas de mi rostro.
La oscuridad borró mis huellas…
Ya el sol se hizo el dueño
Y rompió las maravillas
De aquel erótico sueño.

Dalit R. Escorcia Marchena.



Escribir en zumo la fragancia…


Disuelvo el perfume de una rosa
En una gota de licor... y recojo,
Gota a gota, y por amor,
El hilo sustancial de mi derrota…

Escupo al viento mi fetidez rodante
Envuelta en los tiempos sin retorno.
Recojo del jardín olor eterno...
Y húmedo sol de los pensantes.

Pequeña ave que se hace  andante,
Con su vuelo, en  el iris del dolor...
Pienso en ti por ese amor

Y nada me detiene en este arte
De escribir en zumo la fragancia
De aquellas…  sin sentido de tu parte.



Dalit R. Escorcia Marchena.



















Voy camino a ser historia...

Los pasos se quedan silenciosos
Moldeados por el barro de tu cuerpo
Y siento morir como una estrella
En el leve refulgir de los ocasos...

Son tímidos mis quejumbrosos ruegos
Mas tiemblo porque es tan  largo
Este camino de espinas torturantes,
Y a pesar de todo canto… sin embargo,

Siento el dolor hecho de llanto
En el melodioso sonido de una puya[1]
Ha sido tanto  la amargura  tuya…

Y es  tanto mi sufrir bajo este cielo
Que nadie quiere apacentar mi vuelo,
Prefieren verme morir ante tu orgullo.


Dalit R. Escorcia Marchena.


[1] Puya: ritmo vallenato, folklor colombiano.






                         Foto que recoge el homenaje que se le rindiera al poeta Manuel Escobar (q.e.p.d)
                         De derecha a izquierda aparecen Javier Marugo, Concepción Márquez, Dalit Rafel Escorcia Marchena
                         quien sostiene el affiche del poeta homenajeado y por último, el pintor, escultor y serigrafista Samuel
                         Buelva.

domingo, 20 de junio de 2010

MURIÓ EL POETA VENEZOLANO DARÍO LANCINI

)

DARÍO LANCINI.
NACIÓ EN CARACAS, EN 1932 Y FALLECIÓ  EN CARACAS  EL 20 DE JUNIO DE 2010.
POETA PERTENECIENTE AL GRUPO "EL TECHO DE LA BALLENA". SU POEMARIO MÁS CONOCIDO ES OÍR A DARÍO (PALINDROMOS).

LOS DÍAS EN SIBERIA DE KARLO STAJNER (1902-1922) ALMAS MUERTAS POR: VIRGINIA MARTÍNEZ

Los días en Siberia de Karlo Štajner (1902-1992)
Almas muertas

Virginia Martínez

EN JUNIO DE 1956, en uno de los encuentros entre el secretario general del Partido Comunista soviético Nikita Kruschev y el presidente yugoslavo para poner fin a la ruptura entre los dos países, y aprovechando el buen humor de Kruschev, el mariscal Tito le entregó un papel: "Esta es la lista de nuestros 113 antiguos funcionarios que estaban en la Unión Soviética. ¿Qué pasó con ellos?". Kruschev pidió 48 horas para informarse. Dos días después la respuesta fue: "100 están muertos". La escena, narrada por el escritor yugoslavo Danilo Kis, abre el prólogo del libro 7000 días en Siberia, de Karlo Štajner, uno de los 13 raros sobrevivientes de la lista de Tito.



La KGB comenzó a investigar el paradero de esos viejos comunistas yugoslavos cuya existencia el Estado soviético había olvidado. Habían pasado 20 años desde que un tribunal militar los condenara como enemigos del pueblo. A Štajner finalmente lo ubicaron en el pueblo siberiano de Maklakovo, desterrado a perpetuidad tras cumplir 17 años de trabajo forzado.

Agente del Komintern. Carl Steiner, tal su verdadero nombre, nació en Viena en 1902. Hijo de una familia pobre, padeció en carne propia la miseria de la que hablaban los folletos marxistas que comenzó a leer en la adolescencia. Obrero tipográfico, se afilió a la Juventud Comunista y poco después estaba al frente de las huelgas del gremio. Casi enseguida tuvo su bautismo de fuego: lo hirieron en un enfrentamiento con la policía y conoció la prisión.

En 1921 el secretario general de la Juventud Comunista Internacional Willi Münzenberg le propuso que fuera a apoyar el trabajo del Partido en Yugoslavia. Allí, con el nombre Karlo Štajner, comenzó su carrera política. La persecución policial lo obligó a emigrar a París, donde también fue detenido.

En 1932 llegó a Moscú para ponerse al frente de la imprenta y la editorial del Komintern. En las calles de la capital grandes carteles proclamaban "El proletariado del mundo nos contempla con admiración". Desmintiendo la propaganda oficial, Štajner vio las diferencias sociales que atravesaban la sociedad soviética. La gente común hacía fila para conseguir pan negro y un sucedáneo de café, que era lo que se podía obtener con la tarjeta de racionamiento, mientras que en las tiendas y hoteles reservados a extranjeros y funcionarios se compraba de todo, caviar, champagne y jovencitas. Igual división encontró en el comedor de la editorial que dirigía, en un salón desangelado comían los obreros y en una discreta sala, exclusiva para la Dirección, se servía la mejor comida moscovita.

Enemigo del pueblo. Como muchos de los funcionarios caídos en desgracia, poco antes de su detención, Štajner supo que las cosas no iban bien. Al regresar de las vacaciones le presentaron a su nuevo asistente. Las autoridades del Partido se justificaron diciéndole que se lo veía abrumado por el trabajo y que la empresa estaba creciendo. El hombre era agente de la NKVD, la policía política, y casi enseguida empezó a alzar la voz contra el jefe y a criticarlo por el "espíritu burgués" de sus disposiciones.

Štajner no tenía amigos pues los extranjeros ya no eran bien vistos en Moscú. Hasta la familia de Sonia, su mujer, lo mantenía a distancia, y ni siquiera cambiaron de actitud al enterarse que era funcionario del Komintern. Hostigado en el trabajo y hastiado de reuniones partidarias en las que solo se elogiaba el genio del camarada Stalin, Štajner se refugió en la vida de pareja. Cuando lo detuvieron, Sonia estaba embarazada a término.

La madrugada del 4 de noviembre de 1936, la NKVD golpeó a la puerta de su casa. Lo acusaron de integrar una organización criminal responsable del asesinato de Sergei Kirov, hombre de confianza de Stalin, cuya muerte sirvió de excusa para la gran represión que comenzó ese año.

En las cárceles de Lubianka, Butyrki y Lefortovo, símbolos de lo más oscuro del Gran Terror estalinista, se encontró con viejos compañeros. Militantes de trayectoria política, que habían conocido la vida dura y seca de la clandestinidad y la cárcel, no conservaban rastro del coraje de antaño. Destruidos moralmente, la mayoría aceptaba las acusaciones de la NKVD porque -decían- los comunistas deben saber sacrificarse por la causa.

Aunque comprendió que cuando el régimen detenía a alguien ya lo había sentenciado, Štajner soportó meses de interrogatorios diarios y no aceptó firmar los cargos. Su suerte fue igual a la de aquellos que habían cedido ante la tortura. Lo condenaron a diez años de prisión en régimen severo.

Siberia. En la centenaria cárcel de Vladimir, primera escala en el viaje a Siberia, supo que Sonia había tenido una niña. Poco después la bebé murió de hambre y frío. "Nadie imagina la situación terrible de la familia del detenido en la Unión Soviética: mujeres despedidas del trabajo, niños expulsados de la escuela, confiscación de apartamentos, exilios. (…) Los diarios soviéticos estaban llenos de avisos en los que las mujeres renegaban de sus esposos o los niños renegaban de sus padres porque eran enemigos del pueblo", dice Štajner.

A lo largo del libro, el protagonista y autor retrata a muchos de los hombres con quienes compartió el cautiverio e hizo amistad, y a los que el lector verá desaparecer asesinados, diezmados por la enfermedad, trasladados con destino incierto. A veces los muertos no tienen nombre y no por eso el relato de su destino es menos conmovedor. Es el caso de los españoles refugiados en la Unión Soviética tras la guerra civil. Recibidos con honores, luego arrestados y condenados a años de trabajos forzados, de los 250 que entraron en el campo de Norilsk, 180 fueron enterrados allí. Al resto lo transfirieron en 1941 a Karaganda y no se supo más de ellos.

En diciembre de 1937, Štajner llegó a las islas Solovki, donde estaba uno de los más antiguos gulags. Dos años después, el preso fue evacuado junto a cuatro mil detenidos. El viaje en barco hacia el nuevo destino duró una semana. Viajaron hacinados, casi sin agua ni alimentación, anulados por la violencia de los presos de derecho común que, ante la indiferencia de los guardias, golpeaban y apuñalaban a todo el que se resistiera a los robos y el saqueo. Al fin de la travesía habían muerto 200 hombres.

MORIR COMO MOSCAS. En Norilsk, una de las ciudades más septentrionales del mundo, donde el frío, las tormentas de nieve y el aislamiento hacían casi imposible la vida humana, Stalin ordenó que se construyera un gulag. En 1936 llegaron los primeros deportados -ingenieros, obreros, campesinos, médicos- que debían levantarlo. El primer año solo pudieron construir unas barracas y las oficinas de la administración. En Norilsk todo exigía un esfuerzo descomunal: no había madera, no se podía cultivar la tierra ni criar ganado, la nieve duraba todo el año y todo había que transportarlo por mar. Esa misma tierra árida y helada también tenía una casi inagotable riqueza en estaño, cobalto, cobre y carbón, que la convirtió en estratégica para el gobierno.

En 1937 llegaron al campo 20.000 detenidos; el año siguiente se sumaron 35.000 más. Como las barracas no daban abasto, dormían en carpas. Mal alimentados, trabajando 12 horas por día, seis días por semana, los presos morían como moscas; y aún así la explotación de los materiales indispensables para la preparación militar del país no lograba despegar.

Finalmente el campo se organizó en torno a los principios que regirían a todos los gulag: estratificación de la población carcelaria, premios a la productividad y tolerancia ante la corrupción. Las tareas más duras pesaban sobre los presos políticos y la vida cotidiana era dirigida por los detenidos de derecho común, en su mayoría soplones y aliados de las autoridades. En la base de la pirámide estaban los últimos desheredados, a quienes no por casualidad llamaban "indios". Hombres esqueléticos, llenos de sabañones, famélicos, que se dejaban congelar las manos o los pies para que se los amputaran y salvarse así del martirio del trabajo esclavo. Habían entrado en la antesala de la muerte.

Estado invisible. Štajner afirma que los campos de concentración no fueron la enfermedad juvenil de la nueva sociedad sino la esencia del régimen que nació con Stalin y destruyó el socialismo. El sistema de gulags tenía una función política -dominar a la población por el terror- y una económica: eran el motor productivo del régimen.

El pescado salado que comían los detenidos venía de Murmansk y era pescado por presos; el hilo y los tejidos para la vestimenta eran producidos en el campo de mujeres de Potjma. Buena parte del cobre, cobalto, níquel y uranio para la exportación salía de Norilsk; en Vorkutá -donde se instaló uno de los campos más grandes de la Rusia soviética- se extraía carbón, y fueron presos los que construyeron los 2.000 kilómetros de vías férreas que conducían al pueblo. Las minas de oro de Kolyma se explotaban con mano de obra esclava y en las refinerías de Embaneft trabajaban deportados, que también habían construido las instalaciones de la empresa.

Así define Štajner el sistema de campos de concentración: "Es un Estado que no existe en ningún mapa. Se llama Gulag (Glavnoe upravlenie lagerei- Dirección central de los campos). Y sus habitantes se llaman prisioneros. Su número, de acuerdo a la estimación de 1938, era de 21 millones, a los que hay que agregar los 800.000 "libres", que forman su personal administrativo, la guardia, etc." Ese Estado invisible tenía una organización equivalente a la que se daban los Estados políticos, solo que en lugar de Ministerios había gulags: el de la industria metalúrgica, el del petróleo, el de la industria forestal.

Motivo para vivir. Sonia Štajner tenía 20 años cuando su marido fue detenido. Sufrió la muerte de su bebé, se quedó sin trabajo, fue perseguida y torturada. De casi nada de eso se enteró Štajner. Los primeros años de prisión recibió noticias suyas o algún dinero que le confirmaba que Sonia estaba viva y se preocupaba por él. Luego perdió todo contacto. Al fin de la guerra, escéptico, se decidió a escribirle. Tiempo después recibió una carta en la que Sonia le contaba que lo creía muerto, y terminaba con palabras de amor tan tiernas que lo iluminaron: "Fue el primer día de felicidad en un campo. Ahora yo tenía al fin una respuesta a la terrible pregunta: ¿para qué vivir? Sí, había valido la pena sufrir todas las torturas para vivir un día como aquel".

Todavía pasarían ocho años antes de que volvieran a verse. El 22 de setiembre de 1953, tras 17 años en prisiones y campos, Štajner fue liberado "a la soviética", es decir deportado a Krasnoiarsk, región de Siberia a 5.000 kilómetros de Moscú. La decisión del tribunal militar incluía una pena de 20 años de cárcel en caso de que el liberado se ausentara sin permiso de su ciudad de residencia.

En mayo de 1954 Sonia le escribió anunciándole que había obtenido autorización para ir a verlo. A último momento le retiraron el permiso y el encuentro se postergó hasta mayo del siguiente año. "No has cambiado", le dijo ella cuando por fin se unieron en un abrazo. Se juraron no volver a separarse. "Los días siguientes fueron los más hermosos de mi vida. Bajo un sol brillante, todos los días paseamos por el bosque vecino, contándonos por turno lo que había vivido cada uno. Supe de sus sufrimientos y le conté de mi vida en el campo", escribe en una de la pocas páginas en las que la vida parece no ensañarse con él.

El regreso. En julio de 1956, gracias a las gestiones del embajador yugoslavo, pudo dejar la Unión Soviética. Dos años después terminó la redacción de 7000 días en Siberia. Dedicado a Sonia ("que me esperó fielmente") y escrito "para contarle al mundo y a mis amigos del Partido mi terrible experiencia", el libro demoró 14 años en ver la luz. Cuando se publicó en 1972 obtuvo el mayor premio literario de Yugoslavia. Antes, el autor había sido tentado por editores europeos y estadounidenses pero se negó a que la obra se publicara en el extranjero antes que en su país.

En 1976, Danilo Kis y Štajner se encontraron en un bar de Zagreb. Kis sentía una gran admiración por el autor de 7000 días en Siberia, libro que, según se honró en subrayar, había sido una preciosa guía a la hora de escribir sus novelas cortas reunidas bajo el título de Una tumba para Boris Davidovich. Lo que más sorprendió al novelista fue que al ver llegar a su héroe nada en él denunciaba los años de gulag. No tenía la marca de las víctimas ni la arruga vertical que, había escrito Solzhenitsyn, rajaba la comisura de los labios de los sobrevivientes. En Štajner todo era vitalidad y fortaleza. La mirada, la manera de andar y de hablar. "¿Dónde están las cicatrices?", se preguntó Kis ante esos luminosos ojos.

Las cicatrices, invisibles en el sobreviviente, las encontró en el rostro de su mujer: "Los ojos de Sonia Štajner no son ojos vacíos de expresión, están muertos como en un muerto, mirada vidriosa, mirada petrificada, ojos en los que solo queda la ceniza de la brasa de antaño (…) pozos que solo nos remiten a estrellas extinguidas sobre un cielo muerto. Y entre ellas, un surco profundo, la marca del martirio".

Kis sabía de qué hablaba. Parte de su familia y amigos de infancia habían sido asesinados por fascistas húngaros; su padre murió en Auschwitz y él mismo sufrió persecución en Yugoslavia hasta que se decidió a emigrar.

NOTA: En Occidente circuló como 7000 jours en Sibérie, editorial Gallimard, 1975. Hay edición en español de editorial Planeta, 7000 días en Siberia, 1984, que se consigue usado por Internet.

http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/06/18/cultural_495397.asp