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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


viernes, 25 de junio de 2010

LO INTANGIBLE DE LO TRASCENDENTE EN LA PLÁSTICA Y DESENCANTO EN MATANZAS POR: BALTASAR SANTIAGO MARTÍN


Lo intangible de lo trascendente en la plástica.

Recorriendo la feria ARTEAMÉRICA el viernes 26 de marzo del 2010, día de su inauguración oficial, estuve conversando con mi amigo Miguel Alzate, co-director de nuestra Fundación APOGEO para el arte público, multicultural y multimedia, sobre qué  determina la trascendencia de la obra de un artista plástico, específicamente en el terreno de la pintura, y observando los cientos de cuadros de artistas latinoamericanos allí expuestos,  entre los que sobresalen los de los grandes autores ya muertos, como Wifredo Lam, Amelia Peláez, René Portocarrero, Servando Cabrera y Cundo Bermúdez, entre tantos que se pudieran mencionar, y algunas pocas excepciones de factura reciente, creo que logramos definir los elementos  intangibles del autor que están presentes en toda obra plástica trascendente:

1- El talento
2- El oficio
3- El sello, estilo o marca propia, que lo diferencia de los demás, y permite identificarlo aún sin ver su firma.
4- El tener algo que decir con su obra.
5-La renovación o reinvención, para no repetirse ni estancarse.

Si hay talento innato, pero no se cultiva con estudios adecuados, aunque sea de forma autodidacta, el artista carecerá del oficio necesario, y en el mejor de los casos, su obra siempre será considerada como naïf. 
Si no hay talento innato, los estudios pueden dar el oficio, e incluso el sello o estilo propio, pero será difícil que sin talento un artista tenga algo que decir que sea trascendente.
Aún con talento, oficio y sello propio, si el artista no ha encontrado qué decir – y se sabe ya muy bien que el propio medio puede ser el mensaje– la obra carecerá de alma, y no rebasará lo meramente decorativo, sin mayores consecuencias artísticas.
Y si un artista talentoso, con oficio,  sello o marca propia, repite su mensaje sin evolucionar y renovarse, su obra dejará de ser trascendente.

Ejemplos sobran.

La palabra crisis ha sido una variable constante –me perdonan el oxymoron– en todas las épocas, , por lo que no quiero recurrir al abusado término, pero algo pasa cuando salimos de Art Basel con esa sensación de vacío abrumadora, y ahora de ARTEAMÉRICA, llenos de admiración por los maestros del pasado reciente, y de estupor o decepción ante el ¿relevo?
La feria está muy bien montada, y el recorrido es agradable e ilustrativo de tendencias, galerías y países, pero el pasado opaca con creces al presente, porque pocas de las obras expuestas satisfacen la ecuación talento-oficio-sello-mensaje, no calificando todavía sus autores para el juicio de la renovación, por razones obvias.

                                                    Baltasar Santiago Martín
                                                       Fundación APOGEO
 







Desencanto en Matanzas.
(con todo el respeto a Carilda, pero no al culpable del desencanto)

Por el Pompón donde
ya no es prudente beber,
por el Canímar que aún cruza
hacia el mar desde mi blusa
por esta pena que muevo,
lo juro, oh, ruinas de Pueblo Nuevo
-que es de rodillas jurar-:
quisiera hacer un cantar
con versos, con margaritas,
de a dos chavitos el ramo,
(si los puedo jinetear);
sin jarcias
(porque cerraron la fábrica secular)
ni estalactitas,
ya imposibles de robar
de la Cueva Bellamar,
reservada a los turistas.

Matanzas lenta: yo adoro
los líquenes putrefactos,
extraño tus rayoneros
(la fábrica también cerró),
tus pactos
con crepúsculos de oro
(por suerte, no pudo cerrar el sol);
y sigo aquí, no demoro
mi cariño en otros valles.
Desde la Playa a Versalles
te repito como un cuento:
verás el ciclón violento
que asolará nuestras calles.

¿Y qué decir de mi herida
que por la hierba se mete,
sin alcohol para curarla,
 ni hilo para su cierre?
¿Qué decir de este zoquete
que paraliza tu vida?
¿Qué decir, tierra querida
donde acabaré este viaje
sin transporte ni equipaje,
de aquel hombre, de aquel hombre
que le hizo gala a tu nombre
 y nos destruyó el paisaje?

Te quiero porque eras triste,
sin valorar el Edén;
muy triste tristeza aquélla
de canarios con alpiste
y pobreza con bistec.
Te quiero porque trajiste
 el verde justo en la sien;
pero te quiero a la vez
por tu Pan que tiene sueño,
y pesadillas también,
con la cuota racionada
que te impondría Fidel;
por tu porvenir incierto
sin fósforo ni henequén;
cerraron la tenería,
no se fabrican zapatos
y la pobre Cubanitro
no ve pasar ya ningún tren.

Te quiero porque me asombro
de tu majestad humilde,
y te quiero por la tilde
del nombre con que te nombro;
por esto, que bajo el hombro
me defiende y me combate;
por mi corazón, que late
rebeldemente inconforme,
como aquel campanario enorme
que hubo un tiempo en Monserrate,
y que hoy pura ruina es.

Pareces sola una palma,
castigada por un rayo.
Exhibes en cada esquina
tu decadencia  y desmayo.
Cuando madrugas en calma,
mi alma sueña con carne
 y no con comer frijol.
Tus ciegos se sienten mal
(y también los que aún pueden ver),
pues ruina es la Catedral;
tampoco existe el Ten Cents:
ayer frívolo injerto
que hoy quisiéramos tener.

Matanzas, bendigo aquí
(ya autorizaron creer)
tu malecón desplazado por horrible pedraplén,
los árboles descuidados del Paseo de Martí
y el eco en el Yumurí.
Y van mis lágrimas, van
como perlas como imán
o como espejos cobardes
a vaciar todas las tardes
sus aguas en el San Juan.

Tan quieta, tan solitaria,
amiga de la marea;
sueña, sueña que pasea
Plácido con su Plegaria,
que te viene a redimir.
Sé honesta, sé legendaria;
vuélvelo todo al revés,
rompe el silencio; tal vez
cuando suena así la brisa
está llorando por Cuba
 el alma de Milanés.

Aunque a tu parque mejor
-ese bello como un cuarzo-
ahora lo están reparando
(previniendo lo peor),
la gente que tiene honor,
la gente azul de verdad,
la gente con claridad,
seguidora de la Estrella,
añora vivir en calma,
con vergüenza y libertad,
sin dictatoriales huellas.

Matanzas: siempre me curas
después que el amor me enferma.
Si tengo la dicha yerma
(ya no hay palomas ni oscuras)
me das tus vendas ¿seguras…..
Si me sobra el corazón
(cuidado no lo trasplanten
a un gallego billetón),
si mis labios besos son
y no le encuentro remedio
voy a la calle del Medio
a soñar con la ilusión
de poder comprar con pesos
sin que medie conversión.

Tu pasado tiene un brillo
que no para de crecer
(¡Carilda, qué clase de predicción!)
¡Qué pena da recoger
en tu historia algo amarillo;
pero pienso en el Morrillo
y en que vendrá algo peor,
que ensuciará con hoz y con cruel martillo
rojinegra redención!
¡Qué pena da recordar!

Matanzas-misa en mis venas-:
Beso tus patios sin flores, sin negros ni blancos estibadores
(no hay ya casi qué cargar),
tus puentes a reparar.
Matanzas -droga en mis venas-:
beso tus cultísimas jineteras,
beso también los pingueros,
que a falta de ruido de palas,
también son hoy sexi-obreros,
igualados como hermanos
 y beso tus veteranos
que sienten no tener alas
para poder volar lejos.

Ya no hay cines, sí hay escuelas,
en estado como inerte,
fui a tu parque, adolescente,
y cayó amorosamente
tu tierra sobre mi abuela.
Te debo la luz que vuela,
si no viene el apagón,
una cita en el recuerdo,
y gracias a los milagros
nunca pierdo la razón,
y un dolor como una F
que vaya si sé que duele
debajo del seno izquierdo,
donde hice mi elección.

Te debo, Matanzas, ratos
de bohemia y de locura,
te debo una noche pura
 y unos niños, hoy pioneros,
 que seguirían sin zapatos
si Miami no existiera,
y te debo aquellos gatos,
que no tienen qué comer,
al fondo de mi, ¿alegría?,
la Plaza de la Vigía,
muchos versos en la frente,
el tedio de ser decente
y este azul de la bahía,
virgen sin barco alguno que lamer.

Todo te debo, Matanzas:
la Biblioteca,
cuyo segundo piso hoy en ruinas
 no se acaba de caer,
el Estero,
donde los peces esquivos
 se ausentan de las cazuelas;
tener alma y no chavitos….
Te debo las esperanzas.
A mi pecho te abalanzas
con una pasión tan fuerte
que no basta con saberte
en mi sangre, y el tiempo, detenida:
ya que te debo esta vida
te quiero deber la muerte,
para renacer urgente,
en pos de tu redención.
Santiago Martín, 10/06/08



























  

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