mostrar detalles 17:05 (Hace 10 minutos)
POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


viernes, 22 de octubre de 2010

MIS POEMAS EN LA ÚLTIMA EDICIÓN DE "LA PEREGRINA MAGAZINE".http://www.laperegrinamagazine.org/otono_invierno_2010.html

                                                  Ventisca, obra de Cándida Rodríguez
La canción del peregrino

En parajes que nadie vio
hay un remanso escondido
para abrevar tu sed,
oh, peregrino.

Túmbate sobre el tapete verde
y déjate arrullar por el canto de la rueca
chirriando desde lejos.

Una ronda de hadas
te velarán el sueño.
Y al reemprender tu viaje
te llevarás contigo
la inmensidad del día.

Apurarás tus pasos con premura
hacia esa luna tibia
donde siempre florecen girasoles.


California / Exilio Septiembre 14 del 2010.




Retrato de un niño simple

Yo fui ese niño retraído
que quiso descubrir rostros en las nubes
en medio de una clase.

Que a solas escribía
intentos de poemas
invocando a las musas.

Y se perdía en divagaciones
mientras explicaban matemáticas
sin entender jamás una palabra.

Amigo del bosque y sus criaturas
creyó entender el canto de los pájaros
improvisando diálogos .

Sí, yo fui ese niño.
Ingenuo y simple como un animalito
que no sabe que le llevan a morir
y canta alegremente.


René Dayre Abella

California/Exilio Mayo 10 del 2010.


Biografía



Recomendamos la lectura de esta magnífica revista de generalidades culturales La Peregrina Magazine:
http://www.laperegrinamagazine.org/otono_invierno_2010.html















 

miércoles, 6 de octubre de 2010

REALIDAD E IDENTIDAD EN  LA VIDA  REAL, DE MIGUEL BARNET.

Por: Hidelisa Velázquez Pratts.



Los que hemos visto a los emigrantes cubanos en tierras extranjeras, nos enfrentamos a la dura circunstancia de conocer las penurias, las dificultades, las nostalgias de los que se han ido de Cuba; también comprobamos esa triste verdad encerrada en la expresión martiana retomada por Miguel Barnet en la introducción de su novela: “No hay casa en tierra ajena”.

Comenta el autor de La vida real que hasta el momento en que la escribió,   no había conocido una obra que mostrara esos sentimientos del emigrado cubano en tierras del norte. Por el tema, ya esta novela testimonio se agradece. Significa revivir situaciones, sufrir nuevamente, solidarizarse con los emigrados cubanos y no  cubanos, llevar para siempre en el corazón tantas vivencias que son comunes a todos los que se encuentran en tierra extranjera. Para los que no han tenido estas experiencias, aquí pueden conocer un poco ese mundo tan bien descrito y narrado por Barnet.
La vida real (1986) es un libro que aborda la vida y los avatares de un emigrante cubano en Estados Unidos, específicamente en Nueva York. El tema la incluye y tiene que ver con nuestra propia identidad. En una entrevista  a Miguel Barnet,  se le preguntó si seguía   el mismo patrón etnográfico de otras novelas testimoniales para revelar las costumbres y modos de vida de un cubano en el exilio y si consideraba este testimonio parte integrante de la identidad cubana. El novelista explicó:
M. B. —La vida real sigue el mismo patrón en lo histórico para definir costumbres y modos de vida de un exiliado cubano en Nueva York. La vida cubana, la cultura, no puede prescindir de la influencia norteamericana, como no puede prescindir de la española, la africana y la asiática. Por esa razón considero esta obra como parte integrante de la identidad nacional. (Cañete, 2004).
Nunca podré olvidar la primera vez que vi a un latinoamericano en un metro de Madrid: después de cantar acompañándose de un acordeón, pasó por los asientos con la gorra en función de alcancía para tomar las “ofrendas” que quisieran darle. A ella se suman otras diversas en cualquier lugar. Situaciones similares  golpean a un cubano de la segunda mitad del siglo XX, no acostumbrado  a ellas.

Muchos emigrantes –ya sea en los Estados Unidos, en Europa, en todas partes- pueden ser autores de estas amargas palabras dichas por Julián Mesa, personaje central de La vida real: “Para mí hablar de Cuba es como hablar de una persona. En realidad yo nunca he salido de allá verdaderamente”.

Se pueden ver cubanos en tierra extraña en mejor o peor situación económica, pero la nostalgia está presente siempre o casi siempre. Diversas reacciones y acciones no son más que expresión de un mismo mensaje: los que se desvelan por enviar de todo y si pudieran, mandarían hasta los edificios y lugares favoritos; los que llaman constantemente y se les va el dinero de su apretada bolsa en teléfonos e Internet; los que toman fotos, dedicadas antes de ser postales; los que nunca dicen nada porque les duele más si lo hicieran. La lista de opciones sería interminable y si no alerto la pluma, no podría hablar nada más de lo propuesto.

¿Pero qué tiene esta novela testimonio que ata, hace volver a ella, nos convierte en seguidores del escritor buscando la nueva obra que edita, que la sentimos tan viva, tan real, tan útil, tan dolorosa…? Contenido y forma han hallado aquí un sello de excelencia.

¿Por qué, si este hombre –Julián Mesa, personaje central de la novela- se fue en la década del 50, habla como un cubano que ya vive el siglo XXI en Cuba?
¿Por qué constantemente rememora hechos comunes, históricos, incluso familiares, como si se hubiera ido la semana anterior?
¿Por qué, si fue a encontrar un modo de vida superior, soñado, dice que desea estar en Cuba?
¿Por qué siente que la lengua española lo hace sentirse en Cuba?
¿Por qué si vive en un país inmenso, cuya lengua es universal –los más jóvenes creen que es superior al español, su lengua materna-  mantiene la lengua española para las múltiples situaciones cotidianas (y los hispanos hasta hacen que se imponga como lengua oficial en algunas zonas convirtiendo estas en bilingües?

Muchas  preguntas se pretenden contestar aquí; algunas de ellas se responden por boca del mismo personaje - narrador de la obra. Otras son un llamado de atención para que el lector analice, opine, valore. Al resto, trataremos de darle respuesta, porque ellas son el móvil para  el presente análisis.

El autor, quien se ha dedicado en novelas anteriores a recorrer imaginariamente el pasado, esta vez nos presenta un hombre en una sociedad cercana geográfica y temporalmente. Pertenece a nuestra época, es parte de nuestra historia y se sigue sintiendo nuestro y de los nuestros aun cuando trasladó su mundo a uno que no tenía que ver con él. Por eso se siente cerca del lector y se sufre con él, porque además, es síntesis y expresión de cualquier emigrante, de cualquier latinoamericano, de cualquier hispano que lucha contra un mundo adverso a su historia como ser humano, a su cultura, a su lengua.

Barnet mismo lo ha dicho: no grabó en cinta magnetofónica, no copió frases: ha recreado situaciones y personajes. Ello permite que capte lo esencial y común
haciendo de situaciones y personajes algo universal movible: cada lector puede trasladar situaciones a personas cercanas, conocidas; solo tiene que cambiar los nombres y lugares para verlo como hecho individual en un amigo, un primo, en él mismo en el caso de que sea un emigrado.

Además de la temática, otro rasgo que sustenta la gran vitalidad de esta obra es el lenguaje adecuadamente utilizado, bien contextualizado y representativo de una realidad lingüística de los emigrantes cubanos en los Estados Unidos. Su español, por un lado, refleja el empleado en Cuba –a veces en una etapa anterior, generalmente de la etapa vivida en la tierra patria- y por otro, se ha mezclado con el inglés en el caso del emigrado cubano en Estados Unidos.  Algunos de los  emigrados cubanos o hispanos en general,  usan un spanglish casi incomprensible para otros hispanohablantes o anglohablantes.

Ahora bien, no se puede obviar que el primer material de construcción de una obra literaria es el lenguaje. Es su medio idóneo para la expresión de significados lingüísticos, e incluso, paralingüísticos. Tampoco se puede olvidar que el autor de esta novela es de los que creen que “el lenguaje en una obra literaria marca el carácter de la obra, define la entonación y lo dice todo”. Asegura Barnet: “Yo creo que la lengua es la Patria”. (Cañete, Ibíd.)

Más de veinte millones de personas -10% de la población- habla español en Estados Unidos y hay que considerar que, más o menos la mitad de ellos nacieron en aquel país. (Beardsley, 1979-1980:15).

Es sorprendente que frente a una lengua universal como el inglés, en un país, cuya población la componen hablantes de todas las regiones del mundo, ninguno de los idiomas de estos inmigrantes tenga o alcance una posición como la del español, al extremo de que se ha suscitado el tema, controvertido, del posible bilingüismo en los Estados Unidos.

Cuba aporta a esta problemática lingüístico-cultural estadounidense una de las comunidades hispanohablantes más numerosa, fundamentalmente en La Florida (Miami, Cayo Hueso y Tampa), New York, New Jersey y California.

Julián Mesa se fue del oriente de Cuba a La Habana buscando mejorías económicas; con este objetivo se fue de La Habana a Estados Unidos. Llegó a este país el 28 de diciembre de 1951. Es una época cuando las informaciones de los censos señalan que los emigrantes cubanos no sobrepasaban las treinta mil personas. En 1962 la cifra se elevó a 200 mil y cada vez se ha ido incrementando.

Señala Betanzos (1991: 14) que “todos los pueblos que conquistan procuran imponer su lengua; pero en el caso que nos ocupamos, la imposición de la lengua del que conquista al conquistado no ha sido posible. Razones: La fuerza y la universalidad de la lengua que se intenta suplantar”.

Tal importancia ha tenido la inmigración de hablantes del español en Estados Unidos que ya en la década de 1980, este país ocupaba el cuarto lugar por cantidad de hispanohablantes (solo superado por México, España y Argentina). Este incremento que cada vez aumenta hay que verlo relacionado con hechos políticos, económicos, demográficos, históricos e inmigratorios.

Si bien no podemos hablar de un “español estadounidense” (Valdés Bernal y Gregori Torada, 1997:13) sin embargo, sí existen modalidades hispánicas diseminadas a lo largo y ancho de los 44 estados de la Unión (sin contar entre ellos a Alaska, las islas Hawai y el estado asociado de Puerto Rico). Claramente, no  se puede hablar de unidad e identidad nacional donde el español no es lengua oficial de toda la comunidad y sí lo es una lengua internacional como el inglés; esta última es la que funciona para todos independientemente de su origen cultural o geográfico y es, por tanto, la que cubre todas las necesidades comunicativas y las funciones de supervivencia. Hablar inglés implica una posibilidad de empleo, mejorías en el mismo y hasta  un mayor ingreso económico.

El aspecto económico reflejado anteriormente, puede ser determinante o decisivo en el destino de las lenguas. En este caso, el español queda supeditado al inglés; aquel se relega entonces a situaciones familiares o a determinadas esferas de la vida de la comunidad hispanohablante.

Aunque es normal que el español influya sobre el inglés de Estados Unidos, asimismo en el español hablado en este país también son continuas las intromisiones de estructuras del inglés. Se han de ver muchas escenas como la que encontramos en la novela analizada: “Allí cogimos un taxi y fuimos a un boarding house de cubanos en Ibor City, donde había estado Martí. Era todavía un barrio podrido de cubanos” (p. 218-219) Casa de huéspedes es sustituido por su forma inglesa. Así se puede observar en: “Union Square es un lugar histórico, lleno de hawkers” (p. 322). Es decir, de vendedores ambulantes o pregoneros.

De aquí se deriva la característica esencial del español que se habla en Estados Unidos: la mezcla de estructuras de ambos sistemas que pueden afectar desde el nivel fonológico y el plano fonético hasta las estructuras sintácticas y textuales.

Las necesidades cotidianas obligan al uso del   inglés,      pero          también se
presentan complejos de inferioridad y afán de igualarse a los elementos nacionales o anglohablantes. Para ilustrar con la novela, léase esta cita: “Hay quien se enorgullece de ser ciudadano americano habiendo nacido en América Latina y teniendo sus raíces allí. Los conozco chapurreando el inglés, queriendo hacerse pasar por gringos. Son unos vende patrias…” (p. 213).

En contraste de ese tipo de hablante, aparece un Julián Mesa que afirma:

“[…] cuando me preguntan:
-       Cuban – American?
-       Yo digo:
-       - No, only Cuban.

Por eso me he fajado con algunos pendejos. […] Por eso yo vivo orgulloso de ser cubano y de tener mis raíces allá”. (p. 218)

El hombre, el emigrado ha de ser cubano o americano. Es natural que Julián no acepte esa mezcla como modo de identificarse con un grupo. Él es cubano.

Los cubanos fueron incorporando palabras del inglés –primero aisladas- a su discurso. En los hablantes que tienen un alto nivel de lengua las interferencias tardan en aparecer. Algunos han afirmado que “después de los 25 años el habla de los cubanos conserva las mismas características que el español de Cuba y de otros países hispanoamericanos. (Varela, 1984).

La necesidad, sin embargo, se impone.  En una sociedad, un individuo significa poco. Llega el momento en que tiene       que asimilar su nuevo status. Además, las actitudes frente a la lengua española va cambiando según la edad de los hablantes y el tiempo que llevan viviendo entre anglohablantes.

Ya existen varias generaciones de hispanohablantes en los Estados Unidos. Algunos nacieron antes de llegar, otros nacieron allí. En estas últimas tiene mayor éxito e influencia el inglés: el español es la lengua de una minoría, aunque numerosa; muchos universitarios consideran que el inglés es superior al español por ser más universal, por ser la lengua de la tecnología y del comercio, del poder y de la influencia. (Valdés Bernal y Gregori Torada, 1997).

En 1973, en virtud de la alta inmigración de hispanohablantes, se fundó la Academia Norteamericana de la Lengua Española en Estados Unidos. Esta ha intentado analizar las variedades del español en el país. Para tal fin, la Academia se ha visto en la necesidad de clasificarlo en cuatro zonas que, si bien estas no representan totalmente la realidad lingüística del español, “al menos es un intento loable por la sistematización de los estudios regionales sobre el español en este inmenso país” (Betanzos: 1985.1986: 130).


  1. Noroeste, con predominio de hablantes mexicanos.
  2. La Florida, con predominio de cubanos desde tiempos de la colonia y engrosada su población por migraciones posteriores durante todo el siglo XX.
  3. Este: aquí hay predominio de puertorriqueños, dominicanos y cubanos, aunque están representados todos los pueblos hispanoamericanos.
  4. Chicago: con predominio de mexicanos y puertorriqueños.

Llama la atención cómo en La Florida y California predomina la modalidad de habla cubana occidental, que tiene como foco irradiador a La Habana, sobre la central –con Santa Clara y Camagüey- y la oriental –con Santiago como normativa. Cuando se habla con hispanohablantes cubanos de origen oriental que viven actualmente en  La Florida  asombra cómo ha asimilado esa modalidad lingüística del occidente cubano, a pesar de  nunca haber vivido en La Habana.

Mucha mayor influencia ha de tener en aquellos que –no siendo oriundos de  La Habana  -  vivieron un tiempo en la capital cubana antes de emigrar del país. Si esto se convierte en regla general en los demás emigrantes procedentes de los distintos países hispanoamericanos, se puede entender que sobre la base del peso demográfico  micro regional, puede establecerse una norma de comunicación; aun cuando no se  pueda reconocer “un español estadounidense”.

Toda esta gama de normas, esa riqueza discursiva y la sobresaliente heterogeneidad lingüística en relación con el español hablado en los Estados Unidos, se manifiesta en La vida Real. Por ello, en cuanto al aspecto lingüístico, el título de la novela se corresponde perfecta y satisfactoriamente con la realidad de la vida de los emigrantes hispanos.

Existen valoraciones lingüísticas en el mismo personaje central que refleja los aspectos tratados. En uno de sus momentos, Julián Mesa opina: “me llamó la atención [en New York] ver cómo en un grupo de gentes cualquiera había alguien que hablaba español” (p. 223).

Incluso de esta misma ciudad de New York –que no es la de mayor población hispana-   nos dice el personaje: “No conozco otras ciudades, pero difícilmente se encuentra una donde haya tanta mezcla de razas como esta. Por eso le dicen la Torre de Babel”.

En medio de esa heterogeneidad, el cubano reconoce a otro cubano dentro de otros muchos hispanohablantes. Creo que este asunto de la identidad ofrece lazos tan fuertes a los hispanos en los Estados Unidos que detiene el proceso
de formación de una norma ideal única que pueda denominarse “español estadounidense”. Como dice Julián Mesa –personaje y narrador de su historia- “a pesar de la mezcolanza, el idioma y la forma de vestir delatan al cubano dondequiera que esté. El cubano es más abierto, más conversador y más alardoso”. (p. 224).

El mismo personaje contrapone al latino y al americano:
[…] el latino es muy curioso y se mete en los Shopping Centres grandes para ver, para pasar el rato, para echarse perfume del probador o para coger una tela en alto y gritar:
-       ¡Fulanito, mira qué color más bonito!

Y ese escándalo aquí no gusta, no entra en el juego. Los americanos son secos y van al grano. Nosotros, los hispanos, le damos muchas vueltas a las cosas, armamos un revolú donde quiera. El boricua inventó la rivalidad […] y el cubano inventó la guapería […] antes a un cubano se le reconocía a mil leguas por fanfarrón. Ya hoy la educación ha mejorado. De todos modos, siempre nos destacamos. […] (p. 253-254).

Aquí se hace referencia a la elevación del nivel educacional. Esta novela es de 1986, pero ya en 1985 se había realizado un censo en el Condado de Dade o Gran Miami que arrojaba altos niveles educacionales de los cubanos. Se reportaba, por ejemplo, que el 51% de los   mayores de 25 años poseía 4 años de enseñanza preuniversitaria y alrededor del 15% eran graduados universitarios. Muchos de los emigrados cubanos llegaron a aquel inmenso país después de aprovechar las altas posibilidades de educación en Cuba.

En este Condado vive más de la mitad (52%) de los emigrados cubanos. Constituye el 77% de la población de este Condado, seguidos por los de Puerto Rico, Nicaragua  y Colombia. Después de 1970 los emigrados cubanos tenían enseñanza primaria terminada, alrededor de 50% tenía enseñanza media y 12% habían terminado los estudios universitarios. (V: Bernal y Gregori T., 1997).

Julián Mesa no es un hombre culto. Por su origen campesino y pobre no pudo estudiar. Salió de los campos de Cuba para tratar de buscar mejor vida en La Habana. Aquí pasó trabajo para lograr el sustento precisamente porque tenía un nivel cultural ínfimo y poco tiempo después emigró a los Estados Unidos. Después de deambular un poco por otras ciudades, se estableció en New York. Fue conociendo  a individuos con situaciones similares desde el punto de vista económico y cultural. Aprendió de la calle, de algunos socios, de mujeres que vivieron con él y de los golpes recibidos en Cuba primero y luego en el nuevo país que lo acogió; también aprendió de la soledad, como dice él mismo: “La
vida del emigrado es lo más solitario del mundo”

Un pueblo unido a Cuba histórica y lingüísticamente  ha sido siempre Puerto Rico. Cuando se acercan un cubano y un puertorriqueño no sienten las diferencias que sí se aprecian entre ellos y los de Suramérica, de Centroamérica o América del Norte. Este hecho aparece reflejado en La vida real: “Celia caminó todo New York con alcancías para recoger chavos para la Sierra. Como ella, muchas otras boricuas. Y eso es necesario decirlo. Cuando en los posters [carteles] ponen: «Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas», no lo hacen por gusto. Es porque de verdad somos pueblos con historias muy parecidas y unidos en este país”.

Uno de los personajes que rodean a Julián puede caracterizarse como hablante de nivel bajo cuando dice:
-       Lambe eso para que se te quite el hambre. (p. 280)
-       […] Margarito, un negro reportero que aseguraba haberse acostado con una mujer mitad peje de la cintura para abajo. (p. 176).

Aunque todos los cambios fonéticos, morfológicos léxicos no repercuten en el sistema general del español o del inglés, se pueden apreciar variaciones de palabras inglesas adaptadas a la estructura española entre hablantes hispanos.

Vg. Mi sueño era con una casa propia, un carro y tres o cuatro fluses. (p.204)

         […] me fui metiendo en los delis y las peleterías… (p.222) [delis: proviene de delicatessen (donde se venden víveres listos para comer, ya procesados)]

         Fufú: What is fufu?

         “El junkero profesional viaja mucho. Es quien trae la mercancía gruesa del campo”. (p. 313)

         “La calle está llena de joloperos […] el jolope es el asalto a mano armada. Viene del inglés hola-up, pero es una palabra bastante común. Aquí la gente la dice siempre. Bognano ha sido uno de los joloperos más famosos del Manhattan”.

Como se puede observar en los textos anteriores, los hispanos han incorporado palabras y frases en inglés a su discurso. Otras veces, mezclan estructuras de ambas lenguas en una misma palabra –ya partiendo del español o del inglés.


El lenguaje popular toma expresión en las unidades léxicas de uso muy frecuente en las normas hispanas, cubana o americana y en los fraseologismos
y estos son numerosos en la novela de Miguel Barnet. Algunos expresan la cubanía del personaje central; otros, la presencia de las distintas comunidades hispanas establecidas en los Estados Unidos. Para ilustrarlo, se han seleccionado solo algunos ejemplos porque son abundantes en la obra.

Formas léxicas simples  y fraseológicas  auténticamente españolas: amainó, desguazada, cochiquera, desgañitarse (con significado de esforzarse violentamente gritando o voceando), trajinar, pintiparado, lumpen, empacho, cerrero (guajiro cerrero) chulos (rufián), pollonas (muchachas jóvenes) y fraseológicas: venir con cuento chino (embuste), de esta agua no beberé, levantar cabeza (prosperar), vivir en las nubes (estar distraído), ser el acabose, de un tirón, irse a pique (hundirse, fracasar), cortada por la misma tijera, harina de otro costal.

Como todas estas unidades aparecen registradas en el diccionario –para lo que hemos utilizado el de RAE, 2001-, no consideramos necesario añadir todos los significados, en especial las unidades con significados denotativos. Para las de otras normas más específicas como las de determinados países hispanoamericanos y Cuba en particular, sí se expresan sus sentidos. La razón básica es que muchas de ellas no aparecen registradas o en algunos casos aparece la forma, pero no el nuevo sentido   que se actualiza en la obra analizada de Barnet. Incluso, a veces se trata de formas de determinadas regiones de un país.

Unidades léxicas simples, de uso frecuente y popular:

U n i d a d                          s i g n i f i c a c i ó n

Pega            Bol., Col., Cub., Echad., Perú)     ´ trabajo, empleo ´

Timbiriche    Cuba tendejón // quiosco al aire libre.
´
 Revolico     Cub. Revuelo (turbación, o agitación)     ´      ´   

Salación      Cuba y Méx. Coloq. Calamidad (//desgracia)  Fernando Ortiz explica      
                    El origen y evolución de este vocablo junto a los de salado,
Revigido      ´ muy pequeño y delgado ´ La RAE no lo registra ni otros 
                     Diccionarios utilizados para esta búsqueda.

Cochiquera      ´ antro, porqueriza ´   En Cuba se transpola este a situaciones
                         Humanas de poca limpieza física o moral.
Resolana     2. Cuba y Méx. ´ solana, resol ´ 3. Méx. Resistero (//calor).


Ensopado     Cuba, Méx. Y Ven. Acción y efecto de ensoparse (//empaparse)

Empacho        ´      ´

Guajiro cerrero   ´ montaraz, poco civilizado´

Bayuses   <  bayú   Cuba: Casa, sitio o reunión indecente u obscena, ´ prostíbulo ´

Expresiones fraseológicas frecuentes en el español::

Pedir agua por señas  ´ estar en una situación difícil ´

Correrla en grande   ´ por todo lo alto ̀

Doblar el lomo   ´ trabajar mucho, con intensidad ´

Trabajando como un mulo  ´ ídem ´

Le salió el tiro por la culata  ´ le salió mal, no se cumplió el objetivo ´

Andaba con una mano alante y la otra atrás  ´ sin dinero ´

De la época de Ñañá Seré   ´ época muy remota ´

Pasaba más trabajo que un forro de catre  ´ pasaba situaciones muy difíciles ´

No quedó títere con cabeza  ´ no quedó nadie ´

Harina de otro costal  ´ es otro el asunto ´

Echada para adelante ´ soberbia, arrogante, insolente´

Echando un pie ´ bailar ´

Tener musarañas en la cabeza  ´ pensar cosas sin importancia, estar distraído ´

Al garete  ´ sin control, sin rumbo fijo´

Decía de un tirón  ´ decir de repente,  sin pensarlo ´

Dar en el clavo ´ acertar ´

Como puede verse, aunque se tomaron las unidades léxicas simples y las complejas    (fraseologismos)   al   azar,   predominan    las   que    constituyen
cubanismos o son usadas en algunos países hispanoamericanos (Venezuela, México, Ecuador, Bolivia, Colombia, Perú). Creo que esto obedece a dos razones fundamentales: el personaje que narra la historia es cubano por un lado; por otro, es representativo de una clase baja y un nivel de escolaridad también bajo. Esta última razón determina que el lenguaje es predominantemente popular, coloquial. Aquí se refleja que la lengua  se aprende a través de la norma y esta marca al hablante social y geográficamente. Sin dudas, Barnet no obvió este principio.

Los elementos valorados anteriormente   contribuyen al alto realismo que desde el punto de vista lingüístico alcanza La vida real.
                                   

BIBLIOGRAFÍA:

1.- Alcántara, V. (1993): Los medios de comunicación social en español en los Estados Unidos. En Presente y futuro des español en los Estados Unidos. POCMM, Santiago de los Caballeros, p.p. 169-181.
2.- Álvarez, O. (1976) Estudio demográfico, social y económico de la comunidad latina del Condado de Dade [s. n.], Miami.
3.-Betanzos Palacios, O. (1985-1986): “Situación y destino del español en Estados Unidos de América”. En Boletín de la Academia Norteamericana de la lengua Española, New York (6-7): 129-131.
4.- --------------------------- (1991): Situación y destino del español en Estados Unidos de América. En Presencia y destino del español de América hacia el siglo XXI. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, p.p. 11.40.
 5.-  Barnet, Miguel (1986) : La vida real. La Habana, Editorial
6.- Beardsley, T. S. (1979-1980): “El español en La Florida; 1980”, Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Nueva Cork, (4-5): 21-23.
 7.- Cañete, Carmen (2004): Entrevista con Miguel BArnet. Número 696.  Diciembre 04. Insula. Entrevista con Miguel Barnet. Xxx.insula.es/Articulos/INSULA 696.htm – 23k -
8.- Castellanos, Isabel (1980) “Actitudes sociolingüísticas hacia el español del Caribe”. Lenguaje, Cali, (11): 73-91.
9.- Chang Rodríguez, E. (1979.1980): El español en el nordeste de los Estados Unidos. Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, New Cork, (4-5): 24-27.
      10.- Cuadernos Cervantes de la Lengua Española: Madrid (1995), no. 2, p.p. 74-75, mayo.
11.-  López Morales, Humberto : El español en La Florida: los cubanos de                            Miami http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/morales/>
  12.- Rodríguez Chávez, E. (1992): El patrón migratorio cubano: cambio y continuidad. Cuadernos de Nuestra América, La Habana, 9 (18): 77-95.
 13.- Valdés Bernal, Sergio y Nuria Gregori Torada (1997). La lengua española en los Estados Unidos.  La Habana, Editorial Academia.
14.- Varela Cuéllar, B. (1988) “El español en los Estados Unidos”. En Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Arco – Libos, Madrid, t. 2, pp. 1575-1579.
15.- --------------------- (1984): “25 años de habla cubano-americana en Miami”. En Actas del VII Congreso de ALFAL. Santo Domingo, t. 1, pp. 639-645.



Hidelisa Velázquez  Pratts (1952) Licenciada en Letras y Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Santiago de Cuba. Trabajó desde 1978 en el Instituto José de la Luz y Caballero y a partir de 2001 en la Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya. Máster en Historia y Cultura Cubana y Profesora Auxiliar. Autora de artículos y ensayos publicados en periódicos y revistas provinciales y nacionales como Ahora, Juventud Rebelde y Ámbito. Tiene publicaciones en monografías.com e ilustrados.com. Coautora del libro Conferencias de Lingüística (1991). Ha desarrollado distintas investigaciones profesorales y pertenece a las Cátedra Hispanoamericana y a la de Miguel de Cervantes y Saavedra. Ha trabajado en la radio en programas sobre la lengua española.


martes, 5 de octubre de 2010

Paco Mir: La poesía y los días Por: Julio Pino Miyar TOMADO DE: http://aldeacotidiana.blogspot.com/2010/02/paco-mir-la-poesia-y-los-dias.html


Paco Mir: La poesía y los días

Francisco (Paco) Mir Mulet. Banes, Oriente 1953- Isla de la Juventud 1998.

Fue instructor de Literatura, asesor Literario del grupo Teatro Guiñol de la Isla de la Juventud. Presidió la Comisión Permanente de Estudios Martianos.
Obtuvo mención en el género poesía en los concursos David (1976,1979) y el 13 de marzo (1978).

Es autor de los libros.
Proyecto de olvido y esperanza (1981)
Las hojas clínicas (1985)
Pianista en el restauran (1990)
Sinfonía fantástica (1993)
La antología Teatro de los días (1998)
Un pájaro verde y solo (1999)


Libros inéditos
El olvido es un rezago burgués
Animalitos, me aman en sus labios
La resolución de Juaquinito


Banes
Eres la voz acuciante de Francisco Mir gritando:
"¡ No quiero las flores negras !".
René Dayre Abella Hernández





Por Julio Pino Miyar
Este es el ensayo que debí escribir en vida de Francisco Mir, el que él sin dudas debió haber leído, comentado y tal vez disfrutado. Hoy me acompaña la superstición de pensar que los amigos muertos devienen en fantasmas tutelares; en duendes que habitan el lado oscuro y silencioso de las alcobas, que releen por encima de nuestros hombros las escrituras gastando irreverentes la tinta de las plumas.

Cuando me visita una ausencia como esta prefiero sumergirme en la meditación de lo que acaso fue su escritura: la transcripción continua, aunque breve, que hiciera de sus cuitas una sensibilidad asediada; un cuerpo maltratado desde su juventud por la enfermedad y las prolongadas estancias en los hospitales.

Hoy no me cabe dudar sobre la pulsión eminentemente lírica que preestableció los mejores aciertos del poeta que sin dudas fue Francisco Mir. Ensoñaciones diurnas en las que él era próvido, sobre las que construyó al unísono lenguaje y fábula; árbol y pájaro metafóricos; entorno cotidiano, mañanero, de una sensibilidad como la suya eminentemente campesina; la anecdótica reminiscencia familiar nacida en medio de los acordes, a ratos impulsivos, de una perenne y levantisca vocación de poetizar.

Mir era un poeta preocupado por la luz, obsesionado por la idea de una próxima muerte, puesto a sufrir por las limitaciones que progresivamente la enfermedad imponía a su cuerpo. Desde ese ejercicio trino: enfermedad, muerte y luz, esparció su vocación lírica, esperando ingenuamente que la realidad se le develara como se devela el significado de las cosas que duermen en espera que el poeta desate sobre ellas su expresión más vital, su invitación a nupcias.

La luz para Mir no fungía, como se infiere en la doctrina estética del griego Platón, como el vehículo que permite configurar cognoscitivamente al objeto poetizado para entenderlo en su plástica unicidad. La luz, devenía en cambio, para nuestro poeta, en pura focalización escénica, bajo la cual lograba la exteriorización dramática de su discurso poemático. Luz que cobraba en él un efecto teatralizador sobre el que debía ejecutar la pieza de su vida; de su enfermedad y de su muerte. Siendo, por tanto, su propia vida la esencia imperiosamente buscada, verbal y angustiosamente trasmitida. Recuerdo en Mir, aunque esto pueda suponer para el lector una simple e infundada digresión, que su rostro sanguíneo, su piel lechosa, tenía una forma muy especial de reflejar la luz. Pero, sobre todo, y era eso lo más desconcertante para mí: Francisco Mir temía a la luz. La temía porque afectaba su frágil retina, su piel sensitiva y descubría su propia naturaleza sometida a los hábitos de silencio más dolorosos, que nos remitía a una configuración poemática lograda siempre a medias, acaso inmerecida; sensualmente susurrante, tartamudeante. No es casual que Francisco admirara al poeta francés de las Iluminaciones, Arthur Rimbaud, como a ningún otro poeta. Y como él, en la brevedad de sus versos, padecía de esa “mudez que habla”, que germina desde lo profundo del alto ventisquero de paredes de canto en el que habitan, sumergidos en el fango, el sufrimiento y la vida.


Hay un poema de Mir que tiene la extraña virtud de hacerme volver sobre él en determinados períodos de mi existencia. Es entre todos uno de los que más prefiero, no sólo porque sea uno de los más bellos, sino por ser además el que nos cuenta de sus particulares nupcias con la poesía, mientras escenifica, por centésima vez, su despedida sobre un retablo previamente iluminado:





“Cuando yo muera
—perdona que no dé fechas como hacen los maestros—
tu rostro no se apartará del mío.

(…) Cuando yo muera
perdona que por primera vez no te acompañe:
estaré muy lejos mirándote detenida –siempre mirándote detenida—

Cuando yo muera
han de ser azules mis vestiduras
el color que escogimos de las aguas y los cielos.

Cuando yo muera, tu rostro no se apartará del mío”.


El poeta nació en el extremo oriente de la isla de Cuba, en el pueblito de Banes, en su primera juventud emigró con su familia a la Isla de la Juventud, canjeando un entorno típicamente campesino por otro más proletario, un poco menos rural y vivió alternativamente en La Habana…

Cito estas referencias porque creo que hay una historicidad de la poesía. Un fundamento sociohistórico del quehacer literario y la personalidad psicológica de los poetas. Francisco Mir fue, de algún modo, parte de esa generación campesina que fuera trasladada del campo a la ciudad, separado tempranamente de su familia y de su entorno rural para ir a nutrir las filas del proyecto socioeconómico de la nación. No es casual que haya sido integrante de esa generación de escritores que convirtieron el paisaje campesino en sustancia metafórica de sus creaciones literarias, al tener que revivir la infancia y la adolescencia desde la nostalgia por el paisaje perdido; hijo privilegiado de la reminiscencia, del culto que el pensamiento originario realiza, desde siempre, sobre la expresión lírica y el entorno bucólico.

En Cuba lo que de cierta forma conserva los retazos de una composición bucólica, es el núcleo sobreviviente de la familia económicamente aparcera, que se reparte desde el amanecer sus labores, el cuidado de los animales y divide el tiempo anual en la roturación de la tierra, la siembra y la cosecha. Recuerdo nítidamente que en la primera conversación que tuve con Mir me citó varias veces a Serguei Esenin, el poeta soviético de la tierra. A estas alturas me parece lógico que la reacción lírica, que habitó nuestros predios nacionales de los años 70’ del pasado siglo, frente a la llamada poesía conversacional, fuera sustentada por poetas de origen u orientación campesina. Poesía que tiene para mí su mejor fundamento en la tradición romántica nacional y en la literatura bucólica universal.

No creo que tampoco sea casual que el paradigma cultural del amor biológico sea Dafnis y Cloe, el gran texto pastoril de la Grecia antigua. Dafnis y Cloe son dos adolescentes que se aman, porque sobre ellos late el silente despertar de la necesidad sexual, de la pura pulsión física, que tiene su natural concomitancia con la llegada de la estación de la cópula entre los animales y el crecimiento vegetativo que llena el aire primaveral de esporas. Ese es, sin dudas, el contexto privilegiado del poeta, del creador de origen campesino. Novelas como El rey en el jardín de Senel Paz y Celestino antes del alba de Reinaldo Arenas, se convierten de hecho en obligados referentes del nacimiento simultáneo, en el adolescente del campo, de la sexualidad y la poesía. En mi opinión ambos son textos de aprendizaje como lo son Damian de Hermann Hesse y Retrato del artista adolescente de James Joyce. Novelas cubanas que narran alegóricamente las razones internas del proceso de creación y establecen un paralelo entre la germinación, la flor, la espora y el hombre; el poeta y la sexualidad humana indiferenciada. Obviamente son textos que carecen del fundamento teológico-cultural de las obras europeas antes citadas, porque su nacimiento es ajeno a una tradición occidental que hizo del pecado original, el pilar de la cosmovisión filosófica y literaria. Francisco Mir pudo haber sido el poeta de esa generación situada antes del pecado original. No lo fue. Él, como otros importantes creadores de su generación, se nutrió de las fuentes paradisíacas de la campiña cubana, dejándonos, a partir de eso, un testimonio fragmentario. Sin embargo, sería bueno releer su primer poemario que juzgo su mejor escritura. Quisiera invitar al lector a que medite sobre esta prosa poética que conforma a “Proyecto de olvido y esperanza”:

“Laguna no sabe que los caracoles duermen en la orilla por su vestido ligero (…) Laguna escoge las horas en que los patos salvajes se echan a volar y los perros calman su sed con minúsculas señales de agua, en un vuelo desprendido de sus faldas. Laguna y los peces que, en un único beso, hacen amanecer burbujas doradas en la manigua: guayacanes, biajacas, madres de agua. Laguna y yo nos amamos desde antaño (…) del detalle escondo la herida, padrenuestros y campanillas estallaban a las seis de la mañana, el niño Jesús por un pan se fajaba conmigo, harina, migajas, piedras en las manos y semana santa. Laguna entiende mi tristeza, sus sirenas estrellan la noche, les entrego el laúd que dio origen a la familia: tatarabuelo mambí (…) Laguna empieza en mi pecho, sigue la sabana hasta el nacimiento de la luz en los líquidos y desnuda, a lo lejos, el corazón de la sierra”.


Creo que estamos en presencia de una inusual teogonía campesina. Un texto integrador de los más variados accidentes que constituyen el paisaje cubano. Un paisaje que, en su expresión, quiere cifrarlo todo, reflejado sobre la superficie pulida de la pequeña laguna serrana; seres que la habitan en lo profundo, credos y ave marías; familia y antepasados; laúd francés. Este poemario de Mir, me atrevo a afirmarlo, trae consigo mucho del imaginero medieval, del bestiario creado por los poetas ingenuos, que hace las veces, bajo el horizonte ilimitado de nuestras serranías, duplicado en el reflejo verborante de la laguna y sus patos que vuelan hacia el cielo; de catauro compilador. Tiene a favor suyo la expresión matutina de una gran poesía en gestación que desata, desde su centro, los remolinos oscuros del estuario. No sé cómo la habría catalogado un poeta e investigador como Samuel Feijóo experto en catálogos imposibles y en franquezas campesinas. Feijóo fue nuestro gran poeta naïf. Mientras que Francisco se adelantó a explorar un camino, que de continuarse bien hubiera podido nutrirse de las más copiosas floraciones naturales; la libido del bosque tropical llevada y traída por las abejas entre la muchedumbre de árboles en flor. No sé tampoco si estaríamos entonces frente a una nueva surrealidad tropical que la expresión lírica ha reencontrado en los accidentes propios de la sabana.

Hoy tengo el convencimiento de que Mir intentó con sus visiones y su talento afiebrado, regalarnos un plano poético general, constituido por las relaciones realistas más diversas, que pasa, sin solución de continuidad, de esencialmente descriptivo a expresamente connotativo, metafórico, alegórico. Entregándonos de paso una propuesta de sobrerrealidad que rebasa con creces la mirada visual para incorporar, como parte estrechamente vinculada al paisaje, la sensualidad de su visión, la memoria afectiva y también secular de su existencia. Y del mismo modo que la laguna serrana deviene, en el poema citado, en el epicentro de una cosmovisión que se vuelve sorprendentemente integradora, paridora de mayores e inesperadas relaciones, el poeta, en su expresión, nos muestra con su lenguaje el lado más luminoso de la sensibilidad y la experiencia personal.

Pero la gran controversia que labró la dicotomía cultural por la que anduvieron importantes poetas de la civilización de Occidente, no visita siempre necesariamente los predios de nuestra poesía nacional. Es decir, en Cuba no existe de manera obligada una historicidad cultural que se desarrolle bajo el signo de la contradicción entre lo pagano y lo cristiano; entre una inteligencia puramente sensual de la naturaleza y la naturaleza de una revelación poética eminentemente conceptual, ideal. No es común, por ejemplo, entre nuestros poetas, el repudio ético como respuesta a la energía natural que nos impregna en la campiña de deseos y tentaciones, que es la forma esencial de manifestarse entre nosotros la naturaleza y la propia sensibilidad.

Uno de nuestros más grandes poetas del siglo XIX, José Martí, entendió la religión como una forma pura de sensibilidad. A despecho de la gran tradición romántica que trae en su haber una separación abisal entre las sensaciones, la idea, el concepto, la razón y la realidad sensible. No es que quiera decir con esto que sobre nuestra Isla gravite un paganismo fundamental, que impida la intelección moral que quiera catalogar de mórbido cualquier modo de existencia estrictamente natural del poeta y su poesía. Lo que quiero decir, es que en la campiña cubana las imágenes del deseo se vuelven puras, aun aquellas que fueran originalmente estigmatizadas, condenadas por una secular moralidad imperativa. Y al señalar estas cosas pongo de ejemplo lo que fue o lo que pudo ser la poesía de Francisco Mir. Obviamente, lo mórbido sí nos visita, aunque es más propio del paisaje citadino, del encuentro de la conciencia poética con otras formas de expresión cultural más cosmopolitas y quizás, por eso, menos originarias.

Mir quiso hacer del tema del sufrimiento la fuente de legitimidad de su existencia y el núcleo generador de toda su poesía. Las hojas clínicas, su segundo poemario, está construido de modo intencional sobre esa razón. Mas, las relaciones entre el arte y la vida no están del todo claras, un hilo muy fino pero firme separa a la realidad de la creación; a la experiencia íntima del poeta de lo objetivamente dado. Encontrar en la vida el preciado fundamento de lo que se siente y se escribe, sería como encontrar la clave de sol de la existencia y la poesía. La legitimidad ansiada, perseguida, añorada, justamente allí donde lo que pensamos de nosotros, o escribimos, es lo que somos como un acto tenazmente volitivo de nuestra conciencia, sólo pudiera ser realidad para el poeta dotado de la más alta misión…

En mi opinión, Mir se percató de que el poeta podía, como parte del proyecto de su imaginación, reorganizar el paisaje cubano y anudar un nuevo sistema de referencias entre su experiencia personal y la realidad misma, alterando para eso las usuales perspectivas, el orden de importancia y significado de los accidentes de la geografía. Muchas veces la poesía ha operado así, como gnoseología. De esta manera José María Heredia fue, en la poesía cubana del siglo XIX, el gran descubridor del mar. Martí opuso, por su parte, la sagrada brevedad del “arroyo manso”, como sitio de recogimiento espiritual y de máxima intimidad del espíritu universal, ante la amorfa infinitud indiferenciada del océano que nos rodea y nos limita. Mir en Las hojas clínicas, confinado en su cama de enfermo, percibe su enfermedad como un retiro involuntario de la naturaleza. Los gorriones que vuelan por los amplios espacios del blanco pabellón aparecen, ante sus ojos perennemente asombrados, como una visitación del númen poético que aletea sus alas frente a él.

Dejé de ver a Mir a mediados de 1986, meses después yo partiría al extranjero. En el año 2000 me enteré que hacía sólo unos meses había muerto. Rememorando nuestro último encuentro, el poeta pernoctó en una de las habitaciones disponibles en el departamento que entonces yo tenía en la calle de San Juan Bautista, aledaño a un pequeño, abandonado y derruido cementerio. Francisco se mostró profundamente impresionable, le afectaba la soledad del lugar y no quiso hacerse eco de mis bromas sobre posibles fantasmas y aparecidos… Hoy para mí, evocar estos hechos es como extraer del baúl de los recuerdos a una persona muy especial que dejó marcada huella entre mis afectos. No creo que sea tan importante valorar hasta qué punto Mir encarnó o no con su dolor personal la más verdadera legitimidad que pide encarnar la poesía; porque hay algo en el juicio moral, el moralista sólo atento a nuestros grandes descuidos existenciales, que hiede a fontana abandonada. Una de esas noches transcurridas el poeta nos leyó a un grupo de amigos la versión completa, original y manuscrita, de su poemario Pianista en el restaurant. Fue una excelente velada. Al terminar Francisco estaba exhausto, se había pasado toda la tarde arreglando mi departamento ante la inminente visita, mientras yo le miraba escéptico y sin moverme un ápice.

Un libro, un poema no es en esencia más que unas hojas de papel que contienen un mensaje, quizá una alegórica explicación. Se vuelve extraordinariamente complicado exponer esto en su completa literalidad ante quienes nos leen, pero es así. Porque la literatura en primera instancia (no en la última) no es más que una escritura.

Mir estuvo siempre muy preocupado por el destino de su poesía, así lo demostró, una vez más, aquella noche. La enfermedad padecida tiende a que apreciemos mejor la finitud de la vida y es muy difícil entonces apartarnos de su dimensión dramática. Es algo que el común de los mortales, atareados por el vivir cotidiano, no pueden, o no quieren entender. En el fondo porque les asusta demasiado. Hay, por supuesto, un amaneramiento conformista y pequeño burgués en todo eso que solamente el artista puede hacer denotar, buscando otras formas de reglamentación de la existencia, otra tabla de valores vividos siempre en el límite. No es nada fácil, debo recalcar, llegar a tener en el medio de la vida esta certeza.

Muy pocas cosas son perdurables. De la enfermedad que deviene en parte constituyente de lo que somos, deviene además un modo de expresar lo que somos para intentar explicarnos. Francisco Mir, sumergido en el polvo de sus días, hizo de su escritura una pasión. Creo que es lo más esencial que sobre él puedo decir. En vida de él disfruté como pude y cuanto pude de su amistad y hoy casi no me conmuevo al decir esto. No sé si será el peso de los años lo que nos hace ser mucho menos dramáticos. Aunque al término de los días nos quede, de un modo sobrio o meramente especulativo, la energía tajante de estos versos de Mir:

“A quién le tocara mañana envolverse de blanco,
atados la cabeza y los pies.
A quién le tocara mañana
dejar la palabra en las gavetas de un archivo
y tomar camino definitivo a la tierra.”

Necesito seguir creyendo con él que ese camino definitivo, al que alude como final de su periplo vital, corresponde más a una constante de su espíritu, que al anonadamiento fundamental que el poema, a todas luces, parece sugerir. Y es que la última línea se desliza inesperadamente hacia una distinta acepción enmarcada dentro de la orbita total de su poesía. La de un insobornable regreso al origen para retomar allí, sin preámbulos, las imágenes de siempre; aquellas que nunca debieron de haber partido. Las imágenes que narran, entre nosotros, el convite a la tierra, las últimas nupcias del poeta visceral, inserto definitivamente en el paisaje: la laguna, la yagruma, la tojosa, la campiña estelar…
Hasta aquí el magnífico ensayo de Julio Pino Miyar que hemos extraído del Blog ALDEA COTIDIANA que edita nuestro buen amigo César Hidalgo Torres, en Holguín, Cuba. Yo también he querido sumarme humildemente al homenaje y a continuación comparto con todos mis amigos y lectores mi poema dedicado a la memoria del amigo ausente:
UN POEMA BREVE PARA PACO
       
           A la memoria de Francisco Mir, poeta.

Paco ya tiene su jardín en el país de los nomeolvides.
Su propia fuente.
Un pasto verde
y un campo de girasoles donde se esconde
para escribir poemas.

Paco, al fin, pudo gritarle a la Muerte:
“dime, oh, Muerte, ¿dónde quedó tu victoria?”
Paco, un poeta existencial,  alcanzó al cielo
y se puso a jugar con las estrellas.

© René Dayre Abella


Aquí va el enlace al archivo de audio con la lectura del poema en la voz de Liliana Varela, del programa Al Borde la Palabbra, de Radio Arinfo, Buenos Aires, Argentina.

René Dayre - Un poema breve para Paco.mp3René Dayre - Un poema breve para Paco.mp3
881 K   Reproducir   Descargar