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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


lunes, 26 de diciembre de 2011

Las cartas de odio de Augusto Ena Columbié TOMADO DE : http://elexegeta.blogspot.com/

Las cartas de odio de Augusto

Augusto Lemus


                             Ena Columbié





Cartas de odio, amor y otras nimiedades, es uno de los títulos que salió a la luz en este año y que sería bueno presentar una nota antes de que termine el curso del mismo, y así dar a conocer a los lectores sobre esta honda poesía del cubano Augusto Lemus. El libro fue editado por la Colección Linden Lane Press que dirige la insigne escritora cubana Belkis Cuza Malé. Cuenta con 35 poemas sui géneris, que comienzan con una carta en la que Lemus se presenta a sí mismo: Nacido bajo el signo de Capricornio/…/hijo de Abraxas/…/vengo a dejar mi fardo en tus manos. Y termina con el más emblemático y famoso de sus poemas A Las Doce.

A las doce
hay un tufo a carroña en la estancia,
a descompás entonan los grillos
sus cantos quejumbrosos.

Reunidas están las alimañas
para tomar declaración de Dios
por la muerte de los ratones.

Al amanecer
la humareda azul
anuncia que el cabildo terminó en llamas.

Con este libro, el poeta hace un recorrido autobiográfico por medio de cartas y notas, que fue escribiendo y esparciendo en los momentos y situaciones significativas de su largo andar. Por él desfilan sus amores, los que encontró en Sunset Boulevard y en “El Bouquet” legendario bar de su antiguo Guantánamo— versos escritos a esos amores, que nos abren las puertas a la personalidad sensible y lírica del poeta, Amor, su tú supieras/ que el espejo de tus ojos miente/ si me vieras/ sabrías de la dicha/ de dormir entre tus brazos. También aparecen sus fantasmas más queridos, que lo han guiado por el camino de la luz y las palabras, Guillén, Neruda, Eliseo Diego, Borges, Lezama…

Mi herencia
               Son las cosas que escogió Dios para sí
                                Eliseo Diego

El vino ardiente en el cáliz
El llanto en la redoma
El hambre del justo
La compañía del huérfano cincuentón
La soledad multitudinaria del preso
Y tu nombre, paloma en todas las auroras.

Desmesuradamente irónico puede parecer este poeta; pero Augusto se escuda tras dicha arma, para protegerse de la enorme fragilidad que enfrenta con respecto a los sentimientos humanos. Los que tenemos el privilegio de conocerlo hasta la empuñadura, sabemos de esa sensibilidad que él, considera una debilidad y la esconde tratando de mostrar indiferencia sin permitirse ser vulnerable. Casi nunca lo logra, porque aunque se esfuerza en parecer indiferente, todos sabemos de su enorme bondad, desprendimiento y entrega siempre al otro. He aquí un poema que lo descubre.

Carta del desamparo

Abrir el paraguas
será un acto de urgencia
todo indica que en este día
nos amenaza la ternura
y no puedo permitirlo.

Se descubrirá que llevo puestas las venas
me verán en “los acuosos ojos del venado”
o me sentirán flotar en el vaho de la poesía.

Quién ha visto que un hombre llore
que se conmueva hasta el paroxismo
que cargue con las angustias del Universo
en el afilado estilete de su lengua.

Lo dicho,
presuroso acudo a abrir el paraguas
de las ironías
no podría soportar el peso de la ternura.

Lemus es un poeta del amor, pero también podemos encontrar en él, desengaño, el desgarre del dolor y mucha tristeza. Tiene una fuerza extraordinaria para presentar las melancolías, y prefiere hacerlo valiéndose de la poesía críptica que maneja muy bien; donde resalta su ingenio creativo y su facilidad para ahondar con sólida inteligencia y tacto, en los lugares neurálgicos del ser. Quizás sintamos su poesía oscura y enigmática en ocasiones, yo preferiría llamarla simbólica, ya que por medio de los símbolos, camufla el verso y construye la cripta del poema profundo que ha de tocar la llaga.

Carta del homosexual ofrecido en el altar de la hombradía
  (a todos los que en el UMAP enfrentaron sus miedos)

Las aves de la furia trituran mi lengua
ávidas, rapaces e imprudentes.
Inertes yacerán a mis pies atados
uniendo el verdinegro de sus plumas
al bermellón de mi sangre.
Curioso es el mundo desde esta perspectiva
mundo diferente el que mi ojo capta
en su lento descender por la mejilla.
Un salto lo transporta a la altura del ombligo
y en su último reflejo, me regala
el sorprendente acto del hígado
floreciendo en el costado.
Ya las carnes desgarradas de mis piernas
van mostrando la blancura de los huesos
y el azul acrisolado de las venas.
Mis dedos al fin libres
danzan macabramente junto al lodo
mezcla de sangre, lágrima y orine.
Mis nalgas, otrora alegres bailarinas
han sido marcadas a hierro candente
desechas a golpes de palos
¡Qué mala suerte Vallejo!
Solo mi oído parece conservar
su función primigenia
me regala el alegre trepidar de sus risas.
No lo sé
pero parece que aún respiro,
en realidad qué importa.
Yo no vivo.

Cartas de odio, amor y otras nimiedades, es un poemario para leer sin apuro, para adentrarse en el mundo de la ironía y de la sorna; pero también del amor. Magníficos versos que nos regala Lemus, El Augusto.

sábado, 24 de diciembre de 2011

UN POEMA PARA SORPENDER A BELKIS

Pour Belkis

Tu es celle qui fait briller
En moi le métal de la joie
Tu es celle qui peut répetér
Ce que le vent confie á l'herbe
Ce que la nuit rconte aux feuilles.

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Il y aussi en toi un cyclone
Qui sait soudain s réveiller.

René Depestre


Pour Belkis
Ces jours-là je t'attends  
Avec ma poésie en éruption
Nous faisons des merveilles
Dans l'herbe du plaisir
Toi le vent millénaire
Moi le feu central
Nous réinventons l'innocence
Et ses oiseaux.

René Depestre

jueves, 8 de diciembre de 2011

UN POEMA INÉDITO DE BELKIS CUZA MALÉ DEDICADO A LA MEMORIA DE NUESTRA QUERIDA ELENA TAMARGO


Elena Tamargo en el recuerdo


Belkis Cuza Malé
 Hace un par de semanas murió mi querida amiga, la poeta cubana Elena Tamargo, mujer de entrañable dulzura y de una calidad humana extraordinaria.  Como si fuera poco, Dios la dotó de sensibilidad exquisita, de modo que todo lo que escribió, y sus traducciones del poeta alemán Holderlin, pertenecen a la gran literatura
.  En abril, Elena escribió y leyó en la Alianza Francesa de Miami,  unas hermosas palabras de presentación  de mi libro Los poemas de la mujer de Lot.  Hacía tiempo que estaba enferma, pero eso no le impidió seguir haciendo su vida, escribiendo y compartiendo con los amigos. En octubre, ya con la salud muy quebrada, y caminando con ayuda de un andador, presentó el libro Yo, el arquero aquel, de su amigo del alma, Manny López,
        Ese día, llorando las dos, puse mis manos sobre su cabeza,y oré y pedí por ella. Fue un emotivo encuentro:  estaba temblando, y me miraba con esos ojos suyos llenos de interrogantes.  Quería vivir, se aferraba a la vida, y estaba ansiosa porque alguna palabra profética le asegurara que lo lograría.
        Dos días antes de morir, el escritor Baltasar Santiago Martín y yo  la visitamos en el hospicio. Estaba en coma, pero cuando puse mi mano sobre su cabeza y oré y hablé con ella, le dije que había muchos ángeles a su alredor y que estaba rodeada de luz, que el Señor la esparaba, que no tuviese miedo, que partiera en paz, sentí que sollozaba desde el mundo del insconsciente y su cuerpo, ya casi sin energías, se estremecía.  Le hablé de lo mucho que la amaba el Señor, y nosotros todos, sus amigos. Que no la olvidaríamos ni a ella, ni a su inmensa obra poética, le recalcé.  Abrió por un momento los ojos y dejó escapar un murmullo entrecortado.  Con aceite consagrado le hice la señal de la cruz en la frente, dándole gracias a Dios por su vida. La unción del Espíritu Santo se derramó sobre ella.
        De pronto, tocaron a la puerta, y apareció un joven de rostro sereno y hermoso, y extendiéndonos la mano se presentó. Le pregunté si era un familiar de Elena, pero me respondió que era un voluntario, que había venido para sentarse a su lado, cuando nos fuésemos, para que ellla supiera que estaba acompañada, y no se sintiera sola.
        Sin duda, aquel joven tenía que ser un ángel.  Era día laboral, cerca de las cinco de la tarde, y su presencia llenó la estancia de interrogantes y de luz.  Dos días después, el 20 de noviembre, Elena moriría. A su lado estaba su único hijo. De seguro la acompañaban también cientos de ángeles hacia su encuentro con el Señor.
      En julio, yo había escrito este poema para ella, que nunca le mostré, ni he publicado hasta ahora. He aqu[i el poema:
Para que la muerte no te toque
                   A la dulce Elena en su tránsito

Para que la muerte no te toque
con su lapislázuli
hemos preparado los instrumentos de alabanza,
el salterio, el arpa, los címbalos,
y añadido el clavicordio y el trombón,
pero la trompeta se la dejamos
a Dios.
Sólo él puede rugir desde lo alto del monte
y apedrear con su voz a los cernícalos,
y trozar las espadas del Maligno
para que no deshollen tu cuerpo,
ni hagan pasto de tus ojos.
El veneno ha sido puesto a buen recaudo
al igual que los enseres del doctor.
Sométete, dulce presencia,
a sus designios,
y dibujemos, para protegerte, el círculo de fuego
donde yazgas como piedra preciosa
escondida en el polvo.
Agarrados de las manos, 
--árbol de mil ramas--,
entonemos cantos de alabanza a Dios,
por habernos regalado tu presencia,
por compartir con nosotros los días y las noches
del exilio, sus nardos, sus tiernas azucenas,
la fina capa de hielo conque amuralla la ciudad
para que no escapes todavía.
                                                                   (Julio 27, 2011)
(De mi libro in[edito Los Salmos de la Reina de Saba)
    
Doy gracias al Señor por la vida de mi amiga Elena Tamargo.





lunes, 5 de diciembre de 2011

PUBLICAMOS ESTA INTERESANTE ENTREVISTA A LA MADRE DEL ESCRITOR CUBANO REINALDO ARENAS QUE HEMOS TOMADO DEL DIARIO DE CUBA, OMO UN SENCILLO TRIBUTO A LA MEMORIA DE REINALDO EN EL VIGÉSIMO PRIMER ANIVERSARIO DE SU TRÁGICA MUERTE.

Arenas, l'enfant terrible

Liliane Hasson
Liliane Hasson, traductora de varios títulos de Reinaldo Arenas, entrevista a la madre del escritor.
Oneida Fuentes, en la casa donde vivió hasta sus últimos días. La Habana, 2002. © Suzanne Nagy
Es una muchacha bonita, Oneida Fuentes. Vive con sus padres, campesinos humildes, en una finca de Oriente, ubicada no lejos de Birán, el pueblo natal de Fidel Castro, en la actual provincia de Holguín. En la casa, son once hermanos y hermanas. Un día, en un baile, Oneida conoce a un buen mozo del lugar, José Antonio Arenas. Tienen una "aventura" y queda embarazada. Relación efímera, es la única de su vida. En julio de 1943, trae al mundo a Reinaldo Arenas. Con el consentimiento de su familia, el seductor da su apellido al niño, pero no se casa con aquella madre que regresa a Perronales, donde sus padres.
En 1995, en La Habana, visité a una de las tías de Reinaldo en su chalé de Miramar, barrio residencial de diplomáticos y de miembros de la nomenklatura. Pasamos horas juntas. Detalle simpático: los nombres de la madre y de las tías de Reinaldo Arenas comienzan todos con la letra O. Orfelina Fuentes me contó: "Oneida parió asistida por una simple comadrona. Fui en caballo a verla. Era en un bohío con techo de yaguas y piso de tierra. A los diecinueve días, ella regresó a casa de nuestros padres con la criatura".
En 1985, en París, Reinaldo me concedió una larga entrevista que citaré con frecuencia. Me aseguró que su abuela había tenido once hijas. "Sí, hembras. Ellas tenían hijos pero, muy desafortunadas en el amor, cada hija volvía a la casa paterna sin marido, y yo soy un fruto de eso. O sea, que mi madre volvió, como se dice en Cuba, abandonada, soltera pero con un hijo. Desde luego en aquella sociedad, una mujer soltera y con hijo era muy difícil que volviera a casarse. ¿No?"
Ya al final de su vida, Reinaldo escribió sus memorias, Antes que anochezca. Autobiografía, donde se lee, con algunos matices, casi lo mismo: "Mi madre era una mujer 'abandonada', como se decía en aquellos tiempos. Difícil era que pudiera volver a encontrar un marido".
La madre, heroína literaria
Oneida Fuentes se ha convertido en heroína literaria. Aparece en la Pentagonía, cinco novelas de inspiración autobiográfica; en algunos cuentos, como el admirable La Vieja Rosa (Termina el desfile); en Adiós a mamá y, por supuesto, en las memorias.
Un año después del suicidio de Reinaldo, en 1991, yo comencé a escribirle a su madre. Nuestra correspondencia era caótica por la lentitud del correo. Confieso haberme cansado de enviar cartas por Navidad que llegaban en Semana Santa. Más constante, Margarita Camacho ha mantenido, contra viento y marea, el envío de cartas y paquetes.
En 1995, estando yo en Cuba, hablé largamente con Oneida por teléfono, imposibilitada de visitarla en Holguín, donde ella vivirá hasta el 2002.Al año siguiente pude por fin conocerla en La Habana, y la entrevisté varias veces. Ella, al cabo de sesenta años, aún atormentada por la culpa y el resentimiento, nunca aludirá directamente a aquel nacimiento extramatrimonial.
El niño fue criado en el "odio feroz" hacia el padre desconocido. Las mujeres de la familia le enseñaron a cantar una canción de moda, dedicada al hijo de una mujer ultrajada: "El muchacho creció y se hizo un hombre/ y a la guerra se fue a pelear/ y en venganza mató a su padre./ Así hacen los hijos que saben amar". (Antes que anochezca).
Un episodio de su infancia que lo marcó enormemente, hasta el punto que Reinaldo lo relató en términos casi idénticos en un par de ocasiones: primero, en el documental Havana de Jana Bokova; luego en sus memorias.Ese episodio debió gustarle mucho al pintor Julian Schnabel, director del filme Before Night Falls, libremente inspirado en su autobiografía, de ahí que lo cuente dos veces, al principio y al final de la película. He aquí la historia: Reinaldo tiene cinco años y camina con su madre a orillas de un río. Aparece un hombre muy bello de cabellos rizos. Su madre, furiosa, lo insulta y le lanza piedras; sin embargo, el hombre se acerca, acaricia la cabeza del niño, le da dos pesos y desaparece. Conclusión: "No lo volví a ver más, ni tampoco los dos pesos". (Antes que anochezca). Era su padre. La ausencia del padre, un tema recurrente en su obra, está evocado aquí con "patetismo y humor". (América)
Holguín, donde ni siquiera existe el mar
En septiembre de 2003, la fotógrafa Suzanne Nagy y yo visitamos La Habana. Después de un primer contacto con la madre de Reinaldo Arenas, viajamos a Holguín, la cuna familiar. La ciudad se encuentra a más de 700 kilómetros de la capital y preferimos el avión. Tuvimos suerte con Cubana de Aviación, porque bastó con reservar nuestras plazas en la víspera, mientras que para un ciudadano cubano de a pie, la espera puede ser de algunas semanas y, en algunos casos, hasta de meses.
Vista desde arriba, Holguín me sugiere la ciudad "chata" repetidamente descrita y aborrecida por Arenas. Cuenta con algunos espacios verdes. Vamos a dar a un motel de la periferia, situado en un bosque. El decorado y la gestión del lugar son de inspiración soviética. En la piscina se estanca un agua verdosa. Una música estridente, que no incita a bailar a los escasos clientes, escapa de los altavoces.
Es domingo y, en nuestra primera noche, vamos, como todos, a pasear por el parque Calixto García, una plaza bastante grande con árboles frondosos, lugar de ligue de todos los géneros, según Arenas. En su época, quizás.
La banda municipal toca en la glorieta. Una pequeña multitud impecable, endomingada, deambula: las niñas, emperifolladas como muñecas, apenas se atreven a jugar. Los enamorados apenas se atreven a agarrarse de las manos, bajo las miradas inquisitivas. En esa capital de provincia, el ambiente es el de un pueblito. La España de los años de plomo no está muy lejos de allí. A ratos, me da la impresión de encontrarme en 1956, en Calle Mayor, la inolvidable película de Juan Antonio Bardem que evocaba el clima agobiante y feroz de un pueblo de provincias.
Esa impresión viene reforzada por la presencia de calesas y carretas del "período especial". La gente se espía, se critica con dureza —sorprendo algunas conversaciones. Muy correcto todo, muy conformista; contrasta fuertemente con el atuendo desenfadado y las costumbres de los habitantes de la capital. En el tedio de la noche, añoramos la brisa habanera. Reinaldo se quejaba mucho de eso: ¿Qué es una ciudad donde ni siquiera existe el mar? ¿Una ciudad con un parque arrasado?
"En el parque Calixto García mostramos nuestra gran colección de disfraces. Las viejas, desde los bancos, nos agasajaban con gladiolos que no sé cómo consiguieron en aquella región, en aquel desierto donde no se veía ni un árbol". (Que trine Eva, de Viaje a La Habana)
Pues, vamos a cenar: hay allí justamente, a dos pasos, una pizzería, bajo una agradable enredadera. Sin embargo, está tan desprovista de clientes como de pizzas. Tratamos en otro sitio: una soberbia residencia de estilo colonial convertida en restaurante. Lamentablemente, ni los dorados relucientes ni los mármoles resultan comestibles. Músicos de otra época cantan con entusiasmo un antiguo éxito, el inevitable Bésame mucho.
En la casa familiar
Al día siguiente, salimos a buscar la casa familiar de los Fuentes en el barrio de Vista Alegre. La calle Diez de Octubre, con casas bajas y uniformes, resulta interminable. A un pedido nuestro, el taxi nos deja un poco lejos. Recorremos a pie el resto del trayecto, y pronto nos sigue un tropel de chiquillos risueños que preguntan con amabilidad: "¿Vienen por Reinaldo?"
Interior de la casa familiar de los Fuentes en Holguín, 2003. © Suzanne Nagy.
Vamos primero a donde Carlos Fuentes, tío del escritor. A escasas puertas de él vivían sus dos hermanas, Oneida y Onelia. Reinaldo tenía una buena opinión del tío:
"Carlos era del Partido Comunista, pero para él la familia era primero que todo y se portó muy bien conmigo". (Antes que anochezca) Carlos y su mujer Nersa Arencibia nos reciben, campechanos. Se muestran dispuestos a cooperar, probando una simpatía por los miembros de la familia que no son "fanáticos", y sobre todo, demostrando un gran cariño por Oneida. La casa donde ésta viviera tiene un pequeño jardín, un traspatio con lavadero y árboles. Ciertamente una casa modesta, pero de ningún modo miserable: una salita de estar, dos dormitorios, una cocina, un cuarto de baño. Debió haber sido cómoda, agradable, a juzgar por las casas idénticas de enfrente.
Aquí vivió la numerosa familia del escritor desde finales de los años 50, aquí es donde vivirá Oneida, sola pero no aislada, rodeada de mucha gente, no sólo familiares. Un enjambre de vecinos y amigos acuden, avisados por Radio Bemba, el boca a boca de los cubanos. Rosa Fernández Ricardo, su gran amiga; Sara, que vive enfrente; Mercedita y Antonio Cruz (alias Crucito), ahora un cincuentón, el benjamín del grupo, todos están allí.
Crucito asegura que debe su primera borrachera, que casi lo mata, a Reinaldo, quien en un juego le había hecho beber aguardiente haciéndole creer que era agua. Él tenía ocho años y Reinaldo iba ya por los veinte. Todos nos bombardean con preguntas sobre Oneida, el cariño hacia ella es manifiesto. Se entiende que la madre de Reinaldo añore su casa y su ciudad, a pesar del lujo del apartamento en que vive ahora en La Habana, y de todas las atenciones médicas que se le prodigan.
Ella nos alertó: su antigua casa había sido invadida por una "negra y diez negritos". De hecho, viven en ella una pareja de raza negra y sus cinco niños, más otro por venir. "Para evitar problemas" colgaron a la entrada un letrero del Comité de Defensa de la Revolución (CDR). Las habitaciones están vacías de objetos, sólo hay colchonetas en el suelo. Y una escoba contra un muro. Me acuerdo entonces de esas sobrecogedoras páginas de Arenas acerca de las visitas a su madre: Oneida barriendo, sin descanso, el polvo y las derrotas de su vida. "La madre tuvo una vez un marido que la abandonó dejándole un hijo que siendo casi un adolescente también se largó del pueblo. Le quedaba la escoba. Lo que siempre tuvo". (El color del verano)
Un padre desaparecido
No se conocía casi nada del progenitor de Reinaldo hasta la búsqueda realizada por Manuel Zayas para su documental Seres extravagantes. Él encontró su rastro con la ayuda de Carlos Fuentes y lo entrevistó. El hombre vive en Puerto Padre, en la misma provincia.
Los dos octogenarios sólo se habían visto décadas atrás. Un diálogo picante tiene lugar entre el tío y el padre biológico de Reinaldo, quien hace de Oneida un elogio en el que expresa el orgullo de haber "conquistado" a una mujer así y, también, cierto remordimiento. Reconoce haber sido muy aventurero en su juventud y recalca con convicción, refiriéndose a Oneida: "Bueno, esa señora que tuve yo, nunca se casó más, ni tuvo novio, ni querido ni nada. Esa aguantó ahí toda la vida. Es una mujer muy honrada. Ella educó muy bien a su hijo. (…) Yo la conocí en un baile y me casé con ella. Después que nació el niño, yo la dejé por otra. Si yo me hubiera casado con Oneida, su hijo hubiera sido diferente".
El arte del eufemismo llega aquí a un punto cumbre. Carlos Fuentes tampoco se queda atrás: "Él tenía cosas de no normal. Pero siempre fue inteligente. La madre nunca supo que él era homosexual. Lo sabíamos algunos de los hermanos. Yo nunca estuve de acuerdo con que aquello fuera correcto, pero hoy en día ya veo que es casi normal".
Como si hermano y hermana le hubieran dado la palabra, otro miembro de la familia Fuentes, la tía Ozaida, que vive en Miami desde 1957, califica así a su sobrino: "Era un muchacho normal, sí, normal, como le digo, un muchacho normal. Muy juguetón, vaya, que hacía muchas maldades, muchísimas. Pero estudiaba muy bien en la escuelita rural, era muy inteligente".
Un día, con mucha cautela, intenté preguntarle a Oneida sobre el padre de Reinaldo: "¿Usted volvió a verlo, intentó él aproximarse a su hijo?"
—Nunca en la vida. Hace poco, unos amigos [se trata por supuesto de su propio hermano Carlos y de Manuel Zayas] fueron a verlo a Puerto Padre. Parece que está muy envejecido, que es un viejo canoso. Era un tipo bajo. ¡Jesús! Era terrible, de esos hombres que abusan de las mujeres.
—¿Reinaldo nunca intentó encontrarlo?
—Eso nunca le interesó.
—¿Y la escena de las piedras que él narra en sus memorias?
—Sí, eso es verdad.
—Bueno, siempre me lo pregunté, porque su hijo tenía mucha imaginación y nunca se sabe. Oneida se ríe con gusto.
—Él inventaba muchas historias, nos desternillábamos con ellas. Tenía tanto humor e imaginación, que no parábamos de reírnos. Inventaba comentarios y trabalenguas con los apellidos de todo el mundo. Siempre tuvo mucho talento… era temible (risas). Pero eso fue verdad. Pequeño como era, comenzó a tirarle piedras…
—¿Él? ¿Y usted no?
—¿Yo? No. Entonces su padre le dio tres pesos y se fue.
Me asombra que el niño lleve el patronímico del padre. Oneida lo admite a regañadientes: su seductor aceptó darle su apellido, a fin de evitarle a ella la humillación de traer al mundo un niño sin padre.
Unos treinta años después, será Reinaldo Arenas quien dará su apellido a Roberto, hijo de su esposa Ingrid González, a pesar de que él no era el padre. Y existe otro Roberto Arenas, hijo legítimo de José Antonio y, por tanto, medio hermano de Reinaldo. Me cuido de hablar de él frente a Oneida.
Arenas creció en el campo, en la finca de sus abuelos. Más tarde, evocará con lirismo su comunión con la naturaleza, tanto en su primera novela, Celestino antes del alba, como en sus últimas obras. De ello me había hablado con elocuencia a raíz de nuestra entrevista: "Para mí el ambiente era extraordinario, con el campo, con el río, con aquel mundo de animales. El pueblo más cercano estaba como a cinco leguas (…). Nosotros vivíamos allí, y una de las cosas que desarrollé en mi mundo imaginativo y que me ha motivado a escribir era quizás la soledad. Recuerdo que las noches, cuando nos reuníamos, uno hacía un cuento, otro hacía otro (…). Y se fue despertando en mí la pasión de también hacer cuentos inventados, aquello fue un estímulo para la imaginación".
Una expresión literaria muy cercana se encuentra en sus memorias: "Creo que el esplendor de mi infancia fue único porque se desarrolló en la absoluta miseria, pero también en la absoluta libertad; en el monte, rodeado de árboles, de animales, de apariciones…" (Antes que anochezca)
Visitando a Oneida
Fue en La Habana donde vi a Oneida Fuentes, quien debió dejar, a pesar suyo, la humilde casa de Holguín donde viviera desde 1957. Cuando la visité compartía techo junto a su hermana Onelia, su cuñado Elpidio Polanco (fallecido poco después), tipógrafo jubilado, y Maricela Cordovez, inválida de nacimiento, nacida de un primer matrimonio de Onelia.
Estamos en el barrio residencial del Vedado, frente a un flamante edificio nuevo gestionado, como luego supimos, por el Consejo de Estado. La explicación resulta de lo más simple: Rogelio Polanco, hijo de Onelia y, por tanto, primo hermano de Reinaldo, es una personalidad influyente dentro del régimen castrista. Cuadro del Partido Comunista de Cuba, director del periódico Juventud Rebelde, es presentador de la mesa redonda televisiva, programa de "debates" entre personas de las misma opinión sobre temas sociales o políticos.
Rogelio Polanco sólo tenía catorce años cuando Reinaldo Arenas se marchó al exilio. Polanco pudo obtener para su familia dos apartamentos en este edificio de alto nivel. En la planta catorce, en un penthouse, vive él con su mujer y sus hijos.
Debido a la avanzada edad y a una salud en declive, Oneida no podía quedarse sola en Holguín, pues precisaba de atenciones médicas adecuadas. En su casa holguinera recibía visitas cada vez más frecuentes de admiradores de su hijo, periodistas, cineastas, bibliotecarios, investigadores… Para resumir, las condiciones materiales en las que vive ahora son excelentes, pero sufre por estar alejada de los suyos.
El edificio está vigilado día y noche por un custodio en uniforme, armado, que tiene acceso al interfono, una rareza en Cuba. Los visitantes deben identificarse; sólo el centinela puede preguntar al morador si acepta, o no, recibirlos. Suzanne Nagy y yo llegamos por fin, con grabadora y cámara de foto. Las dos hermanas, ya avisadas de nuestra visita, tan impresionadas como nosotras, nos esperaban en la puerta del ascensor de la tercera planta, correctas, dignas, impecables. La madre de Reinaldo, ayudada por su hermana más joven, apenas ve, tiembla un poco debido al mal de Parkinson y su elocución se hace difícil, aunque está perfectamente lúcida.
Entramos en un magnífico apartamento luminoso, moderno, de esos que nunca vimos en Cuba, dotado de una cocina americana muy bien equipada. El apartamento tiene una gran vista a las casas del barrio y a una iglesia que Oneida frecuenta. Aunque ella echa de menos a su consejero espiritual, el padre Jean-Pierre Borderon, sacerdote en Holguín.
En la sala hay un sofá donde descansa Maricela. Su primo Reinaldo, generoso, le había dedicado su primera novela, Celestino antes del alba, "para Maricela Cordovez, la muchacha más linda del mundo". Cuando se publicó el libro, ella tenía unos diez años. La madre de la inválida, conmovida, nos confirma que Reinaldo quería mucho a su hija. La infeliz gime sin cesar. El ir y venir continuo de la casa, a la manera cubana, y la llegada de un joven fornido que ayuda a transportar a la muchacha a la cama, no impiden que continuemos la entrevista. Es hora de salida de la escuela y alguien trae a una de las nietas de Onelia.
Ambas hermanas conocen la razón de nuestra visita y nos siguen el juego de muy buena gana. Primero preguntan por Manuel Zayas, lamentándose con sinceridad de que el rodaje no haya podido realizarse allí, debido a la oposición firme de los Polanco. Pero que eso no sea un obstáculo, nosotras intentaremos organizar un nuevo encuentro con el cineasta. A todas luces, Oneida quiere perpetuar la memoria de su hijo. ¿Qué tiene de raro?
—Sufro mucho —dice— al ver que, en vida, no le dieron importancia, y después de muerto es que se la dan. Era un muchacho amargado que cargaba con el peso de la soledad, desde niño. Era muy raro. A su edad, le gustaba jugar con fantasmas, pero… (largo silencio). Yo fui su primera maestra. Vivíamos en el campo, sin luz eléctrica. Por la noche, yo encendía un candil y le enseñaba a leer, a escribir, a contar, todo lo que me habían enseñado en la escuela rural de Perronales, donde él estudió luego.
Son casi las mismas palabras de Reinaldo de la entrevista ya citada:
"Era un campo totalmente primitivo donde no conocíamos ni la luz eléctrica ni el agua corriente (…). Mi madre fue quien me enseñó a leer y a escribir, en la casa, a la luz de un candil".
—Papá siempre nos compró libros —puntualiza Oneida—, manuales escolares, teníamos de todo. La escuela estaba a cuatro kilómetros de la casa, más o menos, pero siempre fuimos a clase todos los días, los once hermanos y hermanas, y en esa época no vayas a creerte que era muy fácil. Reinaldo no faltó nunca a clase, jamás de los jamases, lloviera o relampagueara. En el campo, sólo había una maestra para alumnos de todos los grados y todas las asignaturas.
—A pesar de todo —confirma su hermana Onelia—, me acuerdo que nosotros teníamos mejor ortografía que la gente de ahora. Veo jóvenes que apenas saben escribir, siendo estudiantes. Allá, en el campo, la maestra nos metía la ortografía en la cabeza.
En efecto, conservo cartas de Oneida en las que el estilo y la ortografía son irreprochables. Ella respondió a mi primera carta disculpándose por su extensión: "Discúlpame, ¡me gusta tanto escribir!".
Oneida manifiesta gran ternura por su madre; Reinaldo también quería a su abuela y admiraba su sabiduría. Ambas mujeres elogian al padre, que frecuentó también la escuela y leía todo lo que le cayera en mano: libros, periódicos, revistas de la época. Oneida dice: "No era como ahora, había muchos libros de clase, o lo que sea. Hacía falta ir a la escuela todos los días, nuestro padre era intransigente en eso".
—Reinaldo iba impecable con su uniforme —añade Onelia— porque mi hermana hacía un punto de honor de que fuera bien vestido. Nunca le faltó de nada, ni cartapacio, ni cuadernos, ni libros, él tenía de todo, de todo.
De adolescente, ya Reinaldo escribía: su madre ha conservado dos novelas garabateadas en cuadernos escolares: ¡Qué dura es la vida! y también, ¡Adiós, mundo cruel!, directamente inspiradas en las radionovelas que las mujeres de la familia escuchaban. Más tarde, él hablará de aquellas novelas riendo a carcajadas. En todo caso, su ortografía era a veces fantasiosa, como pude constatar a través de sus cartas y a veces en sus textos mecanografiados. Pero escribía acosado, usando máquinas defectuosas. En Estados Unidos, tampoco le fue mucho mejor: "Yo me acuerdo de una máquina horrible, a la cual le faltaba la letra S; para rematar, estos teclados americanos carecen terriblemente de letra Ñ y de acentos".
Un café de despedida
Más tarde, voy a tener la oportunidad de reencontrarme con Oneida, tan deseosa de volver a ver al cineasta: "Manuel [Zayas] es buena persona, él me inspira confianza". ¿Pero cómo dejarse filmar en este apartamento? Se fija la cita, iremos a almorzar a un restaurante tranquilo, el Vuelta Abajo. Zayas podrá filmarla, Suzanne podrá hacer fotos y yo misma, seguir grabando la entrevista.
En el restaurante, una orquesta ataca con Bésame mucho. Hay que ver… A Oneida le encanta esa vieja canción que le recuerda su juventud.
—Era mamá quien cocinaba para todos nosotros. Se cocinaba con carbón. Lechón asado, tamales, una delicia.
—Rey me habló de la temporada en qué se desgranaba el maíz por las noches, de casa en casa, y la gente contaba historias.
—Oh, sí, y cantábamos. A Reinaldo le gustaba mucho cantar. Pero… no ha tenido suerte, no, ninguna suerte, no pudo disfrutar…
Vamos a tomar el café en la terraza del hotel Ambos Mundos, lugar célebre gracias a Hemingway. La vista de la entrada de la bahía de La Habana es extraordinaria. Al frente, la antigua prisión del Morro, donde estuvo preso Reinaldo. Oneida, agitada, se acuerda de sus esperas interminables en los días de visita, muy escasos. Sus recuerdos se amontonan.
Se acuerda muy bien de Lázaro Gómez Carriles, al que vio en La Habana y más tarde en Nueva York. Un joven bien parecido, "muy amable", que no había estudiado, pero con el deseo de instruirse. Ahora, dice ella, Lázaro es fotógrafo gracias a Reinaldo, que le pagó sus estudios. Había otros, "allá", que eran tipos terribles. De repente, muy vengativa, suelta:
—En La Habana hay un montón de gente que no trabaja, ni estudia, ni hace nada. Lo sabes, todo estaba prohibido, y a él le gustaba mucho la libertad, él no soportaba la dictadura. En Cuba siempre tuvimos dictadores, incluso antes de Batista. Él hubiera podido vivir aquí, más o menos. Pero él no aguantaba… Decía siempre que no podía vivir en un país sin alma. Ah, si no hubiera sido por el comunismo. Es verdad que Castro hizo cosas buenas, sobre todo a favor de los pobres, en la educación, pero él es muy… él, siempre él, no hay nada que no sea él, un dictador. En cuanto a la medicina, antes había que esperar meses para operarse y era de pago, mientras que ahora, hay miles de hospitales, y todo es gratis. Pero, ¿por qué tanto odio, porque él tiene que fajarse con la tierra entera? Todo le pertenece, la gente no puede tener nada.
—Recuerdo un buen episodio de su hijo. Fue en Francia, el 3 de junio de 1988, en la televisión. Bernard Pivot lo invitó a Apostrophes, el programa literario más visto, después de la publicación en francés de dos de sus libros, El portero y Termina el desfile.
Oneida lo ignoraba."Él no me contaba su vida". Se emociona tanto como si, retrospectivamente, tuviera miedo escénico por su hijo.
—¿Y él llego a ir? ¡Es impresionante!
—Por supuesto que fue. Él hablaba bien el francés, había estudiado en la Alianza. Y, a pesar de su acento y de su vocabulario limitado, se impuso. Su hijo veía lejos. En su novela El color del verano, concebida en los años 70, predecía que esto duraría todavía varias décadas y la historia le ha dado la razón. Oneida no se muestra sorprendida, siempre supo que su hijo era un visionario. Aparte de eso, a él le gustaba la comida sana, bebía poco, en su juventud, y fumaba mucho. Y cuando se ponía a escribir, entonces… ¡Ay, su máquina!
Post-Scriptum
Oneida Fuentes falleció en La Habana el 4 de junio de 2010, a sus 87 años, afectada de Parkinson y cáncer. Como su hijo, eligió ser cremada. Sus cenizas fueron depositadas en el panteón de la familia Fuentes en el cementerio de Holguín.
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Texto tomado del primer capítulo, "L'enfant terrible", del libro de Liliane Hasson: Un Cubain libre. Reinaldo Arenas. (Photographies de Suzanne Nagy). Actes Sud, Coll. Archives Privées, París, 2007.
Traducción del francés: Carlo Landestoy.
TOMADO DE: http://www.ddcuba.com/de-leer/arenas-lenfant-terrible

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Be careful, it’s my heart Un homenaje a Bola de Nieve Por: Diego Arroyo Gil TOMADO DE: EL NACIONAL DE CARACAS, VENEZUELA.

EL NACIONAL - Sábado 29 de Octubre de 2011 Papel Literario/2
 

Papel Literario

Be careful, it’s my heart Un homenaje a Bola de Nieve
Por: Diego Arroyo Gil
Rafael Alberti lo llamaba "el García Lorca negro" y Neruda, que aunque era antipático tenía mucho acierto, llegó a decir que Ignacio era quien más le recordaba a Lorca tal como era por dentro



DIEGO ARROYO GIL


Tenían razón los caracoles de Mamaquina, que era una vieja que tenía el oído hecho para escuchar la risa de los santos". Así me decía Rita, una ancianita extraordinaria que conocí hace años en La Habana gracias a un allegado de mi padre que se comprometió con él a servirme de iniciador durante una vacación en la capital cubana. Como vi que era tan amiguero, se me ocurrió preguntarle una mañana si conocía a alguien que hubiese conocido a su vez a Bola de Nieve y, para mi sorpresa, dijo que sí. Mi interés por la música de Ignacio Jacinto Villa lo entusiasmó tanto, que me prometió que iríamos ese mismo mediodía a encontrarnos con Rita. "Le voy a pedir que nos prepare almuerzo". Estuvimos con ella alrededor de una hora y media. Todavía la oigo hablar y moverse con una soltura envidiable que ignoraba sus 90 años, una soltura de pájaro que vuela rozando las cosas erizándoles el ánima.

--Mamaquina era tía abuela de Bola --escucho en presente su voz cubana--, y te digo que tuvieron razón sus caracoles porque según me contó mi madre fueron ellos los que le indicaron que su sobrino tenía futuro de artista. Entonces convenció a quien tuvo que convencer de que siendo todavía niño lo metieran a estudiar música en una academia y así fue.

--¡No puede ser! --Yo te cuento lo que me contaron a mí y lo que viví yo misma en este cuerpo.

Tú cree lo que tú quieras. Yo he vivido creyendo y mírame que estoy entera. Mamá conoció muy bien a Mamaquina porque eran amigas en Guanabacoa, donde nació Bola lo mismo que Rita Montaner, la mejor mujer que ha tenido Cuba y por quien yo me llamo así aunque me bautizaron con otro nombre. Le decían "La Única" y con justicia de Dios porque lo era. Mamaquina se hizo eterna gracias a Bola de Nieve.

--¿Es verdad que él quería ser doctor en Filosofía y Letras? --Sí, él quería, pero una cosa es la vida que uno quiere y otra la que la propia vida quiere para uno, como tú sabes. De todas maneras yo creo que Bola sí fue doctor en Filosofía y de paso también en Letras. Rafael Alberti lo llamaba "el García Lorca negro" y Neruda, que aunque era antipático tenía mucho acierto, llegó a decir que Ignacio era quien más le recordaba a Lorca tal como era por dentro.

--¿Usted conoció a Alberti y a Neruda? --No, niño, esas cosas me las contó Bola aquí en La Habana. Y me dijo: "A mí me luce que es muy difícil que dos poetas se equivoquen".

Él hablaba con mucha emoción sobre lo que se comentaba de su persona. Tenía emoción para lo bueno y para lo malo. Bola quería a México como su segunda patria y me acuerdo que se ponía triste cuando recordaba que un periodista de allá había escrito que su debut era una amenaza. Hay gente muy comemierda. Ese viejo no tenía corazón sino una lata. Para nadie con corazón es una amenaza escuchar a Bola de Nieve, a menos que se tenga un corazón muy débil para la alegría o la tristeza. Tú sabes que todo lo que canta Ignacio tiene de esas dos cosas y hay almas que no soportan. Cuando uno está tarumba es muy peligroso oír a un hombre así. Aunque yo más bien le debo a Bola el haberme dado aguante para todos mis males...

--¡Que bueno está este congrí, mi sangre! --interrumpe el amigo de mi padre, que está extasiado con el manjar que Rita nos ha puesto para comer: moros con cristianos y masas de puerco.

--Esa era una comida preferida por Bola, ¿tú sabes? Y espérate que veas lo que te tengo de postre que te vas a caer de culo: ¡boniatillo con canela! --y volteándose hacia mí, continúa--: Te estaba contando de Guanabacoa, donde nació Rita La Única. Yo digo que ha sido la mejor mujer de Cuba porque no le bastó con ser ella sino que además fue la que descubrió a Ignacio y la que lo presentó al mundo como Bola de Nieve. Eso fue en los años treinta. Lo conoció aquí, en el Bar Biltmore del Hotel Sevilla.

Allí lo escuchó un día por causalidad, lo contrató como su pianista acompañante y se lo llevó a México en una gira. No era plan que Bola cantara pero una noche allá La Montaner no pudo actuar y él tuvo que hacerle el quite. Salió a la escena a pesar del susto. A la gente le entró la sirimbeca cuando lo escuchó diciendo "Vito Manué, tú no sabe inglé". A mí me gusta mucho esa canción porque él le dice a Vito Manué que no se puede enamorar porque no sabe "decí yé". Enamorarse es decir "yes", ¿tú estabas enterado? Si no estabas enterado pues entérate. "Con tanto inglé que tú sabía, Vito Manué, con tanto inglé, no sabe ahora decir yé. La mericana te buca, y tú le tiene que huí; no te enamore má nunca, Vito Manué, si nos sabe inglé".

--Ah, pero usted también canta.

--Bueno, niño, hago el esfuerzo. ¿Quién no canta en Cuba? En Cuba quien no canta está... --Rita enfatiza las primeras palabras de la frase y va hundiendo la voz en el silencio a medida que pronuncia las que siguen. En Cuba quien no canta... ¿tú me entiendes? La cosa con Bola es que dentro de su cantar tan alegre había como una tristeza. Él decía: "Fui y soy un ser tan triste, que no he necesitado estarlo jamás". ¡Era doctor en Filosofía, chico! --¿Siempre hablaba así? --Hablaba y cantaba siempre así. Le salía natural. Fíjate que a él le gustaba decir que tenía una voz de mango, que tenía voz de manguero, de vendedor de duraznos, de vendedor de ciruelos, y que entonces se había resignado a vender ciruelos en el escenario, sentado en el piano.

--¿En qué año lo conoció usted? --Ay, muchacho, pero qué pregunta. Yo conocí a Bola cuando los dinosaurios estaban todavía sobre la tierra, calcula. Lo conocí estando en la panza de mi madre. Cuando desde allá dentro le escuché la voz de fiñe negrito con la cabeza pelada supe que iba a nacer donde tenía que nacer.

-- Usted nació en Guanabacoa.

--Calle Nazareno, entre Luz y Pepe Antonio, para servirle.

Ignacio vivía en calle División, entre Luz y Maceo. Éramos vecinos y por eso fui su amiga, de él y de sus hermanas. Inés, su madre, tuvo trece hijos. Era una negra fértil, de cascos sueltos en el baile, criada por congos y carabalíes. Te imaginarás que tenía carácter. El padre de Inés era ñáñigo y capataz de muelles.

--¿Y el papá del Bola? --El papá de Ignacio se llamaba Domingo Villa, cocinero.

Él cocinaba en los cascos con que la madre bailaba, por así decirte. Por eso es que Bola era tan sabroso hablando y cantando. Y por eso también era tan gordo. Llegó a pesar cien kilos. Me contaba que cuando llegaba a cualquier ciudad de cualquier país, examinaban su corpulencia y su color y le preguntaban, inevitablemente: "Señor, ¿contra quién viene a boxear?" --Rita se carcajea.

¡Es que Bola comía con hambre! ¡Por algo Dios le puso esos dientes blancos! ¡Así como tocaba el piano, ¿tú lo has oído?, así también tocaba el piano de dientes que tenía, todos en fila, ni uno encaramillado! Así deben ser los dientes de Yemayá.

--Me hubiera gustado conocerlo.

--¿Pero cómo lo ibas a conocer si acabas de nacer, muchacho? --alarga la "a" a la manera cubana.

--Si se hubiera muerto más viejo a lo mejor hubiese llegado a conocerlo.

--No me hables de la muerte de Bola, te lo pido, que cuando me enteré se me puso el cuerpo como pan crudo. El día que Ignacio se murió el viento se llevó los algodones.

--El viento se llevó los algodones es un verso de García Lorca que está en el "Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías", el torero.

--Ah, pero qué casualidad, para que tú veas-- Rita se hace la loca. Déjame buscarle a este el boniatillo que ya tiene la boca abierta --entra a la casa y regresa en breve con el dulce y con tres platos. Mientras sirve, retoma la conversa--: Entonces me dices que el versillo me lo robó García Lorca. Me estoy desayunando. Bola lo conoció en Madrid, pero fue un apretón de manos y nada más, aunque no es poco. Debe haberse alborotado el firmamento.

--¿Usted cree? --¡Pero claro niño, imagínate, dos dioses juntos! Eso no se puede aguantar --dice y pasa a comerse una buena porción de boniatillo. Lo degusta--: ¡Alabado sea el Señor, caballero! --se florea y prosigue--: Ahora, ven acá, hablando de todo, ¿a ti cuál canción te gusta de Bola? --Me han gustado todas, una tras otra. La última que me gustó fue "Be careful, it’s my heart".

--¡Ah, es que tú no eres como Vito Manué, tú sí sabe inglé! Pues te diré que a mí también me gustan todas, pero no sólo me gustan sino que además las saboreo --Rita se lanza a cantar--: "Amor, yo sé que quieres llevarte mi ilusión, amor, yo sé que puedes también llevarte mi alma, pero ay amor, si te llevas mi alma, llévate de mí también el dolor, lleva en ti todo mi desconsuelo y también mi canción de sufrir..." --el amigo de mi padre se entusiasma y aplaudimos. Y como esta pudiera cantarte "Vete de mí", "No quiero que me olvides", "Si me pudieras querer", "El Manisero" y hasta "La vie en rose", ¡porque así como tú habla inglé yo hablo francé! --nos destornillamos de la risa.

--Bola dio a conocer todas estas canciones al lado de Ernesto Lecuona, ¿no? --Así es. Al lado de Ernesto Lecuona, también orgullo de Guanabacoa y de Cuba y del Caribe que es lo mismo.

Tocaron juntos en el Teatro Principal de La Habana y luego recorrieron América, Europa, Rusia, China, Corea.

¡Lo único que les faltó fue la luna! Dicen que hay fotos de Bola con Mao pero yo no las he visto. Tú sabes que Ignacio era revolucionario, aunque un revolucionario muy particular: un revolucionario asmático, ¿tú has visto? Reinaldo Arenas decía que Bola de Nieve era "el calesero del Partido Comunista", pero eso no es verdad.

--¿Bola alguna vez le habló de Venezuela? --Tenía muchos amigos en Caracas y recuerdo que en Maracaibo... ¿Maracaibo es que es? En Maracaibo se abrazó en plena escena con Libertad Lamarque... --Rita guarda silencio. Se ha puesto pensativa. El amigo de mi padre me hace una seña. Luego ella dice--: Mira, a mí me están dando ganas de tomar agua de cayena, ¿tú quieres? --Sí, pero antes déjeme hacerle una última pregunta.

--La última, porque te das cuenta que ya me estoy poniendo triste.

--Prometido. Si pudiera decir en una frase cómo era Bola de Nieve, ¿qué diría? --Te diría lo que él decía de sí mismo: "Bola de Nieve, un negro en flor". Y ya está.


Nota Rita es un personaje ficticio, pero el viaje a La Habana sí ocurrió y los datos sobre Bola de Nieve suministrados aquí son verídicos. Los hallé en entrevistas o artículos de prensa de Darío Carmona, Mariana Gumá Montalvo, Deny Extremera y Dionisio Rodríguez. Además, me fueron de mucha ayuda conversaciones que mantuve con una amiga que conoció a Bola en Caracas, así como los datos que me suministró una vecina suya de Guanabacoa).

domingo, 27 de noviembre de 2011

PARA SORPRENDER A BELKIS

IMAGINACIÓN

Imagínense un cielo, una muralla,
una caja de cartón para guardar los sobresaltos.
Imagínense la luz creciendo en el jardín,
inundándolo todo con su cabellera,
y la tarde que rechina
entre las maderas de la casa.
Imagínense la desasón
de no sber qué se han hecho los dioses,
a dónde fueron a parar con sus barbas
y sus mujeres de terciopelo perfumado.
Imagínense lo imposible,
la felicidad,
que todas las puertas se abran
y usted descubra que no está ahí,
que la llevaba siempre
prendida como una mariposa en su pelo.

©Belkis Cuza Malé
Miami Beach, julio de 1984.

BELKIS CUZA MALÉ

Belkis was born in Guantánamo, Cuba. She studied Humanities in la Universidad de Oriente. In 1967 she married Cuban poet Heberto Padilla. Though initially a supporter of the Castro Revolution, Belkis later became a censor critic of his regime. She was jailed with Padilla in 1971 charged with "subversive writing", It was known later as the "Padilla affair". She went into exile in the United States with her little son in 1979, until the Cuban goverment authorized him to leave Cuba. She founded Linden Lane Magazine, a review of Latin American and North American writers in 1982. And in 1996, La Casa Azul. Libros publicados: El viento en la pared,1962. Los alucinados,1963. Tiempos de sol,1963. Cartas a Ana Frank,1966. El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero, 1984. Woman on the Front Lines. (Includes Juego de damas y El patio de mi casa . Trans. Pamela Carmell). Greensboro: Unicorn Press, Inc., 1987. Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows, 1994, Juego de damas, 2002 and La otra mejilla, Ediciones Lunáticas ZV, Paris, 2008. In 2011, Linden Lane Press published her nook of poems Los poemas de la mujer de Lot.

viernes, 18 de noviembre de 2011

NGUYEN BAO CHAN - (Vietnam, 1969)
 


MEMORIA

La memoria juega al yo-espío
Con aquellas cosas que uno recuerda

Halla una muñeca de madera
Y sueña un bosque

Recoge un caracol
Y escucha las olas del océano

Ve los rayos del sol naciente
Y experimenta la tibieza de los besos

Roza una piel desnuda
Y se quema con las brasas del amor

Sorbe el rocío de la noche
Y sufre nuevamente una antigua sed

Toca el río
Y las ondas se alejan

Se oculta
Y descubre el cielo

Gira sobre sí misma
Y cae en el abismo...

AMOR SILENCIOSO

Nunca me has visto
Soy la suave luz del amanecer.
Tú siempre despiertas más tarde
Que mi amor puro.

Tú nunca me has escuchado.
Soy el murmullo de la noche
En los brotes del árbol.
Tú nunca te estableces.
Siempre te hallas en nuevos lugares.

Tú nunca me has reconocido.
Los rostros de tantas mujeres
Permanecen en tu memoria
Ninguna de ellas tiene mi rostro.

Muchos pequeños pétalos
Han caído de tu mente.
Uno de ellos soy yo
Desde entonces la flor libera su fragancia.

SILENCIO

Hay algo que no puedo decirte
Soy tan silenciosa como un gusano de seda
Hilando una brillante hebra.
Despliego mi amor a los rayos del sol.
Tejo mi amor en el interior de la luz.
Tú eres la impaciente lluvia
Que humedece la seda que hilo.


Traducciones de Esteban Moore

Bio-bibliografia

NGUYEN BAO CHAN nació el 23 de noviembre de 1969 en Haiphong, Vietnam. Se graduó del programa de Escritura y Edición de la Universidad de cine y teatro de Hanoi en 1991, y actualmente trabaja como editora y guionista para Vietnam Television. Nguyen Bao Chan ha publicado dos libros. El primero, El río quemado, 1994, recibió un premio de la Unión vietnamita de arte y literatura. El segundo, Atravesando el invierno, fue publicado en 1999. Es una de las cien poetas vietnamitas incluidas en el resiente antología bilingüe La musa desafiante: Poemas vietnamitas desde la antigüedad hasta el presente, publicado en 2007. En un ensayo suyo sobre la poeta, Una nueva voz dentro de la antigua fortaleza, afirma Trinh Y Thu: “La poesía moderna puede ser brutalmente seca y carente de emoción. Pero, puedo decir con cierta certeza que este no es el caso de Nguyen Bao Chan, quien en años recientes ha emergido como una de las voces más importantes entre las mujeres poetas de la literatura vietnamita. La poesía vietnamita, con
su larga tradición que data de los períodos Li-Tran e incluso antes, tiende a lo lírico y se halla cargada de emoción. La poesía de Nguyen Bao Chan, al menos en la superficie, parece gravitar hacia esa tendencia, aunque en ocasiones su lenguaje dirige al lector en la dirección contraria. Ella ha vivido, de hecho desde su segundo cumpleaños, en la ciudad de Hanoi, denominada como la tierra de la cultura de los mil años; y la ciudad tiene una gran influencia sobre su pensamiento y actividades culturales. Este hecho se refleja con claridad en sus poemas. Hanoi no es solamente la ciudad antigua del país, es también testigo del nacimiento de una nación hace miles de años. Rodeada por esa tradición, no nos sorprende entonces que su voz tenga un tono tiernamente nostálgico. Aquí, la poesía puede ser tan blanda como la nieve y la melancolía en sus palabras es irreprimible. No obstante, no sería correcto categorizarla como una tradicionalista. A pesar de que no podemos referirnos a sus poemas como experimentales, son modernos en el sentido que los sentimientos se expresan de un modo íntimo. No hay nada que ocultar, y el ser interior es examinado enérgicamente por la conciencia, casi como si estuviera realizando una meditación. El resultado es una poesía que nos habla desde el alma. Viviendo y comprendiendo perfectamente las molestias y dificultades de la vida moderna. Sin embargo, ella no desea causar una “onda expansiva” explorando demasiados tabúes como sucede en la obra de sus contemporáneos. Su lenguaje extremadamente sensual y pleno de significado crea una esfera de intimidad que acerca a sus lectores a sus propios sentimientos. Y, ese es el propósito de su trabajo, compartir sus sentimientos con el otro. Ella no tiene la necesidad de arrojar su desesperación dentro de su poesía. Cada una de sus palabras han sido cuidadas y valoradas por ella con amor, tierno y afectuoso. Y esa es la cualidad de un verdadero poeta. Su uso de la lengua vietnamita es siempre innovador…”
TOMADO DE: http://antologiavirtualpoetasdelmundo.blogspot.com/2008/12/nguyen-bao-chan-vietnam-1969.html

jueves, 10 de noviembre de 2011

CARTA A DANIEL OTRA MUESTRA DE LA EXCELENTE NARRATIVA DE OTTO AGUILAR

Friday, July 1, 2011

Carta a Daniel.

Daniel, hoy primero de Julio cumples 25 años que nos nos vemos!, que no conversamos, ya ni siquiera nos escribimos. Siempre para estas fechas releo tu carta que recibí en Moscú desde Managua, aquel septiembre de 1984, en la cual escribías:

“ Querido hermano, despuès que ya han transcurrido meses desde que te marchaste a la tierra de Lenin, aquí te recordamos siempre…  aquí negrito, todos te queremos. Fijate que que se conmovió bastante Eduardo cuando nosostros te dejamos la maleta al lugar donde te reconcentraban y que pronto partirías para allá, lo mismo Jorge mi madre y yo. En la U.M. me llegaron a dejar por parte del batallón 5010, un certificado que dice asi:

Ejercito Popular Sandinista
Batallon 5010 - Hèroes y mártires de Nueva Guinea
Se reconoce la participación del cro Otto Aguilar Rojas
por su labor vanguardista en la lucha contras las bandas contrarrevolucionarias.

… te felicito mi gran hermano por todo eso…”

No sabes Daniel, cuanto me gustaría hablar con vos!, pues esa única carta tuya que guardo desde hace 25 años, me deja con mucha curiosidad de saber como estás ahora, como piensas, que ha cambiado en tí desde entonces el caprichoso destino del cual somos simples marionetas paraplèjicas colgadas de esos hilos que nos jalan en impredecibles derroteros. Te acuerdas, cuando estando yo en mina Rosita con la cruzada de alfabetización y lleguè hasta la base militar Luis Delgadillo de puerto Cabezas, donde te encontrabas asignado?.   Esa noche conversamos tanto!, eran los inicios de una utopía de la cual los dos èramos cómplices, junto con toda la familia, una utopía que nos envolvía como nuevas verdes epidermis, una autopía envolvièndonos y poniendonos a levitar como el humo de tu cigarrillo, que intermitente ponía pausas a aquel íntimo intercambio de experiencias y consejos. Los dos caminábamos sobre la misma cuerda floja y tensa de aquellos álgidos años de Guerra de los 80’s. Tu cigarrillo ponía pausa a la perorata de los dos, había tanto de que hablar!, habia tanto entusiasmo y tanta incertidumbre en nuestra vidas entonces!. De esa conversación recuerdo que tu insistías en que tu timidez te hacía pasar dificiles momentos, cuando tenías que mostrar un carácter enèrgico como jefe en la unidad asignada, y yo conocièndote como eras, igual a mí de tímido, te aconsejaba que recordaras los momentos dificiles que pasamos juntos en la guerra de insurrección allá en las calles de nuestro barrio de las Americas y que a pesar de ello estábamos allí todavía vivos. Te decía que si habíamos pasado lo peor, que era enfrentarnos casi sin armas a la guardia, entonces podíamos ahora enfrentar esos momentos y otros más como retos que nuestros destinos nos habían impuesto. Yo ingenuo esto pensaba, pensaba que lo peor había pasado, pues como intuir todo lo peor que nos deparaba los años por venir?.

Pero el destino ahora de nuevo nos ha lanzado a cada uno por diferentes mundos, y ahora ya perdimos todo contacto, donde estarás mi hermano?, te he buscado, algunas personas me han dicho que te han visto en Nicaragua, pero nadie me da ninguna pista de vos. He tratado de buscar a tu última novia, dicen que ella tuvo un hijo tuyo, es cierto?, sería de mucha alegría para todos nosotros en especial para nuestra madre que siempre te recuerda y espera algun día volver a verte. Daniel, como es possible que ya pasaron 25 años? , y no sepamos el uno del otro?

Yo se que somos pasajeros en esta vida, pero es dificil acepartarlo, no?, todo lo va devorando el tiempo inevitablemente. Que fugaz fuè todo esto Daniel!, que fugaces somos los seres humanos!, e ilusos sintièndonos eternos y poderosos, cuando ostentamos irrisorios y futiles cargos o posiciones de poder imponièndonos sobre los demás!. Nos olvidamos de lo pasajero de cualquier poder, de cualquier riqueza, de lo fugaz de la existencia. Nos falta recordar, que cada uno de nosostros sólo somos un microsegundo, en el tiempo transcurrido desde el primer humano haciendo historia en nuestro planeta.

Cuantas cosas nos pasaron a vos y a mí, en todo este tiempo, en un cuarto de siglo?. En esos 25 años la revolución nicaraguense se murió. Tambièn el fèrreo y cruel socialismo ruso sucumbió, a escasos cuatro años de mi salida de Moscú; y con ese desplome se vinieron abajo muchos muros que dividían muchos pueblos, muchos seres queridos, como el muro de Berlín. Hoy podemos acceder a la desclasificación de la información de los crímenes cometidos por esas utopias. Todavía me resulta pasmoso el haber estado en esa tierra rusa y en esos días haber sido ignorante de todos esas víctimas del stalinismo. Sólo al haber caido yo tambièn al nivel del poscrito, del lacra para cualquier oficialismo, me dí cuenta de la falsedad de todo aquel idilio tanto en Rusia como en nuestro sufrido país. Pero haber abierto los ojos allá, me permitió tambièn abrir los ojos para lo se llevaba a cabo en mi propio país, a ese engaño, a ese fingimiento de ideales que quedaron enterrados y podridos con los hèroes de antaño. Yo se que en este punto nosostros discrepamos y hasta llegamos a los golpes, te acuerdas?, cuando nuestras conversaciones con el correr de los dificiles años 80s, se alejaron de aquella conversación que hermanablemente sostuvimos en Puerto Cabezas.

Hoy, acumulados los años, veo y repaso una y otra ves, viejas fotos que congelaron esos momentos de nuestra fugaz existencia, de años de inocencia, de timidos rostros, de juveniles ímpetus y ánsias de aventuras, lanzándonos a explorar y vivir el impredecible mundo, aún que con ello peligrara nuestra vida misma, en los precisos años en que comenzábamos a vivir. Releyendo Viejas cartas relamidas por el tiempo, hojas de mis diarios y del tuyo que abandonaste conmigo, logro recordar momentos vividos que a veces me parecían que eran producto de mi imaginación, y me sumerjo en esos días preguntándome, como se fueron?, como es que estoy todavía aquí habiendo vivido todo eso?, por que no sucumbí como tantos?.

Te confieso que a veces me sentía culpable de ser sobreviviente de esas difíciles pruebas, de los riesgos de mi aventurera e idealística juventud, pues ya ves cuantos jóvenes sucumbieron. Ellos se merecían más que yo, ellos deberían de estar hoy recordando como lo hago yo ahora, todos esos años de apasionada juventud, estar a la par de sus nietos y hablarles de aquellos tiempos que ahora parecen míticos o puro cuento de borracho. Ellos más que nadie se merecían apesar de los desengaños, gozar del placer de hollar con sus cansados pies de viejos, este bello planeta y respirar el olor del salitre en una costa lejana, de cualquier país, quizás lejos del que les vió nacer.

 Pero la vida impredecible que nos llevó  por derroteros insospechables, está aquí sin más remedio que vivirla, sabiendo que otros que estuvieron a nuestro lado no nos acompañan más en este incansable y peripatètico girar del mundo. Nuestra fugaz existencia es devorada por microsegundos, quizás esos seres imperturbable y devorados ya por el tiempo, a nuestro lado deambulan, en esa otra dimensión paralela, en la cual un día tambièn nosotros imperturbables devorados por el tiempo, les acompañaremos. Quienes te acompañan ahora Daniel, allí donde andas?. Donde estès, siempre te recuerdo hermano mío.

Abrazos y besos de nuestra madre y tus hermanos
Otto
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viernes, 4 de noviembre de 2011

UNA PEQUEÑA MUESTRA DE LA NARRATIVA DE OTTO AGUILAR, NARRADOR Y PINTOR NICARAGUENSE, EXTRAÍDO DE SU BLOG DEMIURGO INSOMNE

Garabatos insomnes.


... la vida es un sueño fuerte
de una muerte hasta otra muerte,
y me apresto a despertar

Severo sarduy


-Sólo cuentos sos vos!, le espetaba, escupièndole las palabras en el rostro , un incrèdulo contertulio a su compañero de mesa; ambos, personajes pernoctantes de esas pinturas de la post guerra del pintor alemán Otto Dix,trasnochaban ahora en aquel arrabal perdido entre oscuras calles, atestado de mustios inmigrantes, prostitutas trasnochadas, desdentados y enajenados drogadictos, ebrios y caricaturescos travestidos que resucitaban en su senectud a la Greta Garbo, a la Rita Hayworth, entre otras luminarias de un glamouroso pasado.

Aquello era un pandemonium de esperpentos, garabatos del infortunio, fetos de abortadas revoluciones, funambulistas saltando de frontera en frontera,insomnes de pesadillas americanas, rusas, africanas y europeas en la decadencia s.XX. Víctimas de los dos sistemas económicos antagónicos, en sus mejores tiempos cuando cada uno de ellos y en sus respectivos países, defendían a capa y espada sus filosofías domèsticas enfrentándose a muerte, ahora se contaban sus peripecias, cada uno autocensurando o inventándole nuevos detalles al cuento, de acuerdo al interlocutor de turno.

A esos arrabales, como tumores ribeteando la ciudad, acudian todos aquellos solitarios espectros, uniformados por la miseria, a buscar refugio allí donde ya no había ninguna esperanza, más que la de encontrar a alguien con el cual solazarse y revolcarse en una noche de embriaguez, rumiando penas que metamorfoseaban en crueles chistes, de explosivas y vulgares carcajadas.

Todas las tardes cual sonámbulo, David arrastraba sus pasos al sórdido refugio, despuès de escapar del tedioso trabajo diario,olvidándose de las pinturas de su serie de Exodos, que inconclusas languidecían colgadas de las paredes de su estudio.

En la crisis económica estadounidense, que recordaba la gran depresión de los años treinta, el arte era un lujo menos asequible de lo que usualmente era, y ese lujo ya no se lo podían dar aquellos que habían venido adquirèndo sus pinturas desde hacía quince años, en que había emigrado de Nicaragua. En realidad todavía el no podía quejarse de su suerte. Acostumbrado a vivir solo, y sólo con lo básico, la agudización de la crisis no le llevaba a fatales decisiones. A cambio de borrarse del mapa, se perdía en èl, sumergièndose en sus oscuras zonas, allí donde pululaban aquellos seres convocados por el infortunio. Algunos de ellos le traían recuerdos de aquella Sebastiana nica, de ese pavo real coqueto, que caminaba por las calles de Managua, todo emperifollado en su papel de martir gozosa de su metamorfosis. De ellos, David aprendería a sobrellevar con más estoicismo los malos tiempos y sus limitaciones, aprendería ahuyentar el dolor con la carcajada, a convertir la rabia en ironía, a travestirse de cinismo ante los novatos y creyentes de nuevos mesianismos, que la historia repetía una y otra vez, como trampa para incautos y aprendices. Quizás sólo en la soledad de su estudio, entre fotos de familia, lamidas por el tiempo, mudas y perplejas siguièndole con la vista desde la pared donde colgaban; quizás sólo entre cartas releidas, manoseadas, y olfateadas, como queriendo encontrar el olor que pincha dolorosamnete el recuerdo; o quizás entre vetustos libros con dedicatorias de sus autores, habitantes ya de un más alla, es que volvía a ser vulnerable, allí donde trataba de convocar el recuerdo como bálsamo ante el indiferente olvido.

Rodrigo era otro asiduo de aquella taberna,una y otra vez repetía que obligado a emigrar de Nicaragua, antes de irse ilegalmente, sólo se despidió de su hermano y amigos enterrados en el cementerio. Atrás dejaba una revolución enterrada con todo y sus muertos, dejaba al pueblo pequeño devenido en infierno grande, donde los nuevos revolucionarios eran como aquellos muñecos de paja, que el general de las Segovias había dejado en el cerro del Chipote para engañar a los marines en su ofensiva, mientras su pequeño ejèrcito loco se retiraba por veredas.

Sí, sólo eso era lo que había quedado,despuès de que se terminaran todas aquellas guerras. Sólo monigotes habían quedado de los viejos guerrilleros. Los monigotes menos afortunados, ahora por medio de soplos divinos, hambrientos pululaban en polvorientas calles, arremolinándose en rotondas con salmos y oraciones alrededor de imágenes de vírgenes, que amanecían milagrosamente bañadas en sangre. Y de los hèroes, monigotes afortunados que habían tomado el poder, sólo quedaba un fuerte consorcio de neuvos ricos, compitiendo con los viejos ricos.

Y así,al unísono como un coro desafinado, el cuento de cada parroquiano en aquella taberna, siempre era el mismo, aunque matizado con diferentes detalles, producto del etílico elixir que anegaba las neuronas.

Entre los asiduos a aquel minguitorio, había una vieja bailarina rusa, que había huido de la revolución bolchevique; en París había envejecido, esperando el regreso del zarismo a la Rusia de Lenin, ahora abandonada a su suerte había denuevo emigrado hasta aquí. Ella era Olga, la cual de vez en cuando había posado para David, intentando con dificultad, retomar aquellas poses clásicas de bailarina, que la hacían remontarse a sus mejores tiempos. Aquellos tiempos, donde su elástico y estilizado cuerpo encorsetado, vibraba siguiendo el ritmo de las notas del ballet El lago de los cisnes. Olga había emigrado con los ballets rusos de Daguiliev a París. Muchas veces estuvo en medio de las trifulcas que se armaban, por los celos entre èste y su amante y preferido primer bailarín Nijinsky. Muchas veces ella interfirió por Nijinsky ante Daguiliev, cuando èste le había cerrado todas las puertas a su carrera de bailarín, en cruel venganza por haverlo abandonado por una bailarina. Años despuès acabaría loco el desdichado Nijinsky, uno de los más destacados bailarines del ballet imperial ruso.

Esta historia la había contado Olga a David, mientras posaba para èl, con quebrada voz y ojos turbios de un azul grisaceo; escuchándola, David recordaba a ese otro genial loco escritor llamado Gogol, cuyo triste final se le asemejaba. La tragedia hermanaba a Vaslab Nijinsky y el escritor Nikolai Gógol, para ambos el precio de la genialidad habia sido la locura. El atormentado bailarín se habría de refugiar en las faldas de su esposa Romola, tratando de olvidar aquellas pasiones prohibidas con el impetuoso empresario de las artes rusas Serguè Daguiliev; mientras que el cuasi necrófilo escritor de "Las almas muertas", aquejado de muchos males y de sentimientos pecaminosos y manipulado por un frayle fanático, se refugiaría en la religión en sus últimos días, sometidos por el mismo frayle a múltiples torturantes penitencias, como aquellas de aplicarle sanguijuelas a su concuspicente y esquelètico cuerpo; ese cuerpo al cual no concedió quizás la caricia con que el placer del pecado nefando le atormentaba. Gógol moriría arrepintièndose y renegando de la obra por èl escrita, obra que habría de influenciar al mismo Dostoievsky, quien afirmaría que todos los escritores rusos despuès de Gógol, habían surgido del cuento que este escribiera, titulado El capote.

Quizás todos los que allí pululaban, habían en realidad escapado de los cuentos de Gógol!, pues sólo cuentos eran todos!, en puro cuento de almas muertas como la suya, se habían convertido. Puro cuento de esperpentos eran, garabatos garabateando su variopinto pasado, escapandose como sobrevivientes de capitulos inconclusos del cuento de sus vidas.

sábado, 29 de octubre de 2011

LA POESÍA DE MARÍA EUGENIA MAIZTEGUI GRACIAS A LA HOJA LITERARIA "POEMANÍA"

POEMANÍA

la manía del poema…
Hoja literaria de aparición virtual
Nº 248/2011

El poeta, a quien nada limita, trae en ocasiones
 una perla de las profundidades a las que
el sabio demuestra que es imposible bajar.…”

Jean Cocteau





Poeta invitada: MARÍA EUGENIA MAIZTEGUI  (*)




arte poética / 6

1
detrás de las puertas
vislumbra la memoria
a veces
esperamos
la noche inhabitable
como celdas
como palabras
                        sin respiración

a veces
sólo a veces
temblamos lo indecible

2
porque decir en la intemperie
oculta el agua
y los instintos

cuánta asfixia olvidamos bajo tierra


3
sin embargo
el aire
nos sigue protegiendo

extraña versión dormida de tinieblas


4
demasiada furia
demasiado hambre
demasiada tempestad

para los ojos



5
una sola visión del paraíso inacabado



6
desvanece la noche a espacios del diluvio
del frágil perfume
que divide los enigmas

desvanece la noche en silencio animal



7
acaso
la dimensión del poema
en trance y sin reflejos

las cáscaras ausentes de la desolación



8
tocar el barro
como herencia indivisible

tocar la soledad

                           y despertarnos


9
todavía la grieta sobrevive al paisaje

a la música ingenua
a los labios perdidos

el paisaje está lejos

todavía



10
tantos versos anestesian la luz
deambulan al compás de fuegos imposibles



11
y buscar el antídoto
para olvidarnos de toda orfandad

soy un cráter antiguo
esperando salvarse

destino final
                    de cicatrices



12
alejados en sueño
              en amarguras
              en aguas turbulentas



13
permanece la voz
en medio
del espanto

la belleza y el delirio
las mariposas y los túneles

la tensión exacta de vivir



14
pronunciar la piel atemporal
como ladridos
como látigos de tierra

fugar la piel
en un solo movimiento



15
y quizás el naufragio
es un papel ilegible
      una lucha inconsciente
      una herida en la sala de espera

y quizás el cuerpo
aturde los escombros

se vuelve fogata en toda su extensión



16
hay dolores inversos/ suburbios y piedras/
cenizas estables/disparos decisivos


una calle nombrando el desencanto



17
abrimos las puertas y la noche

y volvemos a decir
un tatuaje reciente en la memoria





* * *




linternas incipientes

Todos teníamos adentro
el sol
la sombra
un sol distinto para cada uno
una sombra idéntica
Raúl Gustavo Aguirre


1
el frío
latente
en las palabras
en el idioma de un país
que agoniza
                      entre soles exiliados

2
el sueño
la otra cara del mundo
                                    silenciosa
                                    inaccesible

el sueño
es la noche invertida
    la noche que diseña una esperanza

3
esperamos el barco que nos salve
esperamos una puerta tan definitiva
esperamos el final de toda fábula
esperamos
esperamos

4
y la niebla
concluyó
con este paraíso inexistente

5
tantas veces
el tiempo se revela
como un incendio de contradicciones

6
y silenciamos el fuego
como única respuesta
y las palabras se vuelven
un lugar donde dormir

7
atravesamos la noche con linternas incipientes

8
luz
cegueras
soledad prematura
                              amaneciendo

9
murallas en el cuerpo
                   en la huérfana costumbre de sufrir

10
este dolor
                universal
                interno

este dolor escondido
que levanta sus banderas

                para escucharse en los sótanos del mar


11
tanta agua disfrazando el horizonte
tanto cielo

12
a veces
el viento gatilla
las últimas luces
a veces
un huracán sostiene
la primera llama

13
el fuego original
el humo cansado
la primer batalla
el suspiro siguiente

                              el amor y la tormenta

14
una lluvia inocente
naciendo desde la alcantarilla

no sabemos leer tanta decepción


15
cada cuerpo
                   sostiene el vacío

cada encrucijada
                   sostiene el lamento


16
un inventario de voces clausuradas

pronunciar el poema
                                a quemarropa
                                a quemasangre


17
entonces
comenzamos a espiar
en los bolsillos
del mundo que esperamos

18
y diseñamos otro sueño
para no morir
nuevamente
cada otoño

19
quizás
alguien sugiera
                        alejarnos del temblor y los destellos

quizás
alguien invente
                     el pasaje de salida
                     el escape nocturno

                     una ausencia de antorchas

para auxiliar
el duelo
                  sin descanso




(de “voces de un país en lluvia”)




* * *




soberanía del tiempo

1
un sueño tácito y en llamas
demasiados pretextos en la casa vacía
demasiada fórmula incierta
demasiados nombres
                                 en el jardín alguien llueve

entonces
cada tormenta desnuda los costados


2
el cuerpo de un país en fuga


3
presentir la noche no nos salva
diseñar umbrales para el pulso
                                               débil
                                               humano
                                               interminable


4
contra el vidrio
respiramos otro invierno
                       marginal y oscuro

absortos
ante cada desencuentro

5
un insomnio de brazos
que abandonan la evidencia

6
inevitable desnudez
                               ahora llueve adentro de todos los paisajes



(de “voces de un país en lluvia”)



* * *



un disfraz nocturno
           entre fisuras

aparentes mitades en peligro

quizás sean muchos
           los piratas asustados

deshojando laberintos
este incendio              de voces clandestinas

y entonces
                 optamos por la noche
                por un crónico
                e s t a l l i d o
                de palabras


(de “voces clandestinas”)





* * *


en las cerraduras del mundo
todas las llaves son oscuras

por eso
abrir las puertas
es inundarse con un poco de muerte
estrenar una libertad gastada
volver a girar
en esta calesita que nos miente




(de “poemas bajo llave [o una interpretación para las puertas]”)



(*) María Eugenia Maiztegui: nació en San Nicolás (Buenos Aires, Argentina) en 1972. Obtuvo el título de abogada en la Facultad de Derecho de Rosario en 1997. Actualmente se desempeña como Juez de Garantías n°3 de la ciudad bonaerense de San Nicolás. Durante ocho años coordinó el Taller Literario “Nuevas voces” (junto a las escritoras Silvia Mathieu, Cecilia Civilotti y Cintia Bravo) en la Biblioteca de la Casa del Acuerdo de su ciudad natal; luego, el Taller Literario del Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial de San Nicolás, y actualmente, el Taller Literario del Colegio de Abogados de la misma ciudad. En coautoría con las mencionadas poetas publicó “Poemas bajo llave (o una interpretación para las puertas)”, Editorial Dei Genitrix, Diciembre de 1998. Publicó: “Voces clandestinas” (poesía), Ediciones Relámpago, Septiembre de 2000, libro que obtuvo Faja de Honor de la Sociedad de Escritores de la Provincia de Buenos Aires (SEP) y Faja Nacional de Honor de la Asociación de Escritores Argentinos (ADEA); y “Voces de un país en lluvia” (poesía), Ediciones de las Tres Lagunas, Abril de 2003, Premio Publicación del Certamen Nacional de Cuento y Poesía “JUNINPAIS2002”. Ha sido convocada como jurado en concursos literarios locales y nacionales. Participó de distintas antologías a nivel local, provincial y nacional. Fue seleccionada para integrar el libro “Poesía de la Feria”, en el concurso organizado por la Fundación “El Libro”, en el marco de la 26 ° Feria Internacional del Libro “Del autor al lector” de la ciudad de Buenos Aires. Ha obtenido numerosos premios y distinciones en certámenes locales, provinciales, nacionales e internacionales, en los géneros poesía, cuento y ensayo. Para comunicarse con la autora: mariaeugeniamaiztegui@yahoo.com.ar


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