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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 22 de enero de 2011

viernes, 21 de enero de 2011

La viuda de un gran poeta es la portadora de una peregrinación, por Elena Tamargo. TOMADO DE: http://projectzu.blogspot.com/2011/01/la-viuda-de-un-gran-poeta-es-la.html

La viuda de un gran poeta es la portadora de una peregrinación, por Elena Tamargo

(Foto cortesía de Belkis Cuza-Malé)

Mañana es el cumpleaños del poeta Heberto Padilla. Para celebrar esta fecha mi querida Elena Tamargo me ha mandado este precioso texto y Belkis esta linda foto, que comparto con ustedes. Además, les recuerdo que también mañana a las 8:30 pm la Fundación Apogeo, de Baltasar Santiago Martín, dedica su Tertulia de Intimity Forever al poeta Heberto Padilla, con la presencia de Belkis Cuza-Malé, en Cuba 8.


La viuda de un gran poeta es la portadora de una peregrinación

(Unos recuerdos para mi amiga, la sabia poeta Belkis Cuza Malé)

Elena Tamargo

Aunque lo había leído en mi adolescencia, en los pasillos de la escuela de Letras de La Habana, luego en los parques de Moscú, de la mano de otro poeta, mirando las cornejas abrir sus grandes cuevas después de los inviernos; aunque lo había recordado en los bosques de Rusia, donde yo había visto un abedul, en Navilsk o en Intá; y sabía que su capita de nylon, que el novelista Gustavo Eguren le había traído de Finlandia, se la habían querido comprar en una plaza por cien rublos; aunque en los aeropuertos, en los sitios que estuve, también había sentido que me gritaban por mi nombre; y pude imaginar a Macha “ágil como un demonio por no perder el tren de Odessa”, y desde luego que había buscado su casa en Smolensk, todo eso todavía de la mano de un poeta que también envejeció de claridad, fue en la Ciudad de México, donde por fin pudimos conocer a Heberto Padilla, a quienes nosotros, Osvaldo Navarro y yo, teníamos hasta entonces, por único modelo de lo que ha dado en llamarse para los que nos interesa el tema, los poetas de la tormenta, la poesía del dolor, poetas que vienen de ese mismo socialismo que abriga. Nosotros, que veníamos de Moscú, que habíamos releído a Padilla en esas noches frías, que con frecuencia lo invocábamos con Eugenio Stushenko, en su casa de Piridielkino, con champage ruso, y con nuestro amigo Yuri Paporov, ante una botella de buen vodka, vinimos a conocer a Heberto en ese valle a donde fuimos a parar, también después de Rusia.

Mi generación había seguido la huella de Heberto como si hubiera sido un antepasado de familia, no pudimos conocerlo en La Habana, ya lo habían expulsado, pero por circunstancias comunes sí podíamos comprobar la libertad que se recortaba en la cotidianidad, como le había pasado a él, y esa guerra entre el hombre amoroso, que no sólo tiene miedo a expresar sus sentimientos, sino que reacciona con humor e ironía ante ello, y a tiempo supimos con su experiencia, que buscar a toda costa materializarse en el cuerpo del poema, es el drama mayor de los poetas.

El, como ser extremadamente sensible e inteligente que sin dudas era, sabía con toda certeza que las formas, si de poesía se trata, son sólo invenciones, cuya novedad brilla un instante y después se apaga. Sabía también, y lo repitió hasta la saciedad en sus poemas, que en esa materia ya no existe nada nuevo que aportar, sino una incesante mezcla de la misma baraja, un “eternoretornógrafo”, para decirlo con palabras de Wichy Nogueras. Sabíamos también que por Padilla, se alejaban y perdíamos para nuestra formación un grupo grande de escritores casi imprescindibles, y que esa ciudad, por donde pasaba el mundo, se cerraba.

Pero Osvaldo y yo, en Moscú, corríamos con suerte y más que nunca recordábamos de memoria los poemas de Fuera de juego. Por eso, aunque yo no acostumbro, cuando escribo, hablar de cosas personales, más bien soy crítica con quienes lo hacen, este día he decidido compartir con mi amiga Belkis y con ustedes estas emociones, estas comparaciones. Nunca he escrito de Padilla, pero estoy segura que lo haré, porque en algo han coincidido nuestras vidas, no sé si en la tumba de Pasternak o en la Casa de Fontanka de Anna Ajmatova, o en unas noches blancas en el Neva, pero yo he visto llorar a un poeta en Moscú.

Heberto, como poeta, estaba por una determinada poesía que no se aparta de la realidad inmediata, que mezcla sin pudores la tribulación y la esperanza, que habla de las ciudades y de las melancolías... le escuché decir en la sala de mi casa de México, que un poeta lo es primero, porque es sincero, y porque escribe de la realidad, esa misma realidad que lo expulsó con Belkis y su niño.

Uno de los momentos supremos que nos dio el exilio a Osvaldo y a mí fue conocer a Heberto. Osvaldo, cuando lo despidió en la puerta de nuestra casa, aquella primera tarde de las que nos visitó, me dijo, y no exageraba: ¨Ele, ya valió la pena el exilio¨. Y tenía razón, porque de otro modo nunca hubiera sido posible sentarnos a la mesa con Padilla.

El poeta que habíamos recordado en tantos sitios y momentos se alejaba en un taxi después de algunos brandys, un arroz con pollo y los recuerdos de Rusia y de La Habana, y sin rencor, como diciendo, quiero merecer que al corazón me apunten.

La reconstrucción histórica de una época no puede mostrar la dolorosa evolución de la pérdida, pero la poesía si puede hacerlo. Si hablo aquí tanto de Rusia es por estar segura que es el único país del mundo donde se moría por un puñado de versos, y donde los poetas eran perseguidos no sólo porque se les consideraba importantes sino influyentes, y tal vez por eso, dentro de mi generación, puedo sentirme más cerca de Padilla que los demás que no tuvieron la suerte de haber vivido en Rusia.

También de Belkis me siento muy cercana. Ahora mismo me parece oir a Osvaldo decir “Una muchacha se está muriendo entre mis brazos. Dice que es la desconcertada de un peligro mayor/una muchacha muriéndose irremediablemente entre mis brazos, torpe, como se mueren las muchachas”; y como aquella tarde en México, hasta llegar a Miami es que pude conocer a esa muchacha, que también, como a Nadiezda Mandelstan, le hubiera podido tocar la misión de aprenderse de memoria los libros de su poeta, para salvarlos. La viuda de un gran poeta es, inevitablemente, la portadora de una peregrinación.

9 comments:


Magia Insular said...
Mi querido Manny, gracias por dejarnos llegar el artículo de Elena. Traté de colgarlo en facebook y no me permitieron porque según ellos el contenido del articulo habia sido detenido por abusivo. Me quedé como sorprendida. Te aviso porque es una pena que no podamos compartirlo. me encantaron las reflexiones de Elena, el hilo de las memorias que hacen la vida.
Manny Lopez said...
Maya querida, eso mismo me dijo Margarita. No se que sera, pero yo logre ponerlo en FB. Gracias por pasar por aca...Besitos, Manny
RI said...
Elena, profundo y conmovido texto -como todo lo tuyo. Cual cena entre cuatro amigos donde dos de ellos salieron a la terraza, a la brisa nocturna, al silencio blanco de las estrellas, y otras dos quedaron recogidas, rumiando versos bajo la luz mortecina de las velas.
Cristina said...
Hermoso, evocador.
EL SITIO DE LA LUZ said...
Hermosa esta crónica de Elena, Manny he disfrutado mucho venir acá. Un gran saludo a todos, Juan C Recio
Anonymous said...
bravo Elena!!!sabias palabras,punsantes y llenas de lo que muchos quisieramos decir,los que crecimos leyendo en secreto los poemas de Heberto Padilla sabemos que eso nos dio de la poesia un sentido determinante y esperanzador,bello homenaje para quien ha consegudo un lugar especial entre los hombres. juan c valls.
Mabel Cuesta said...
Gracias, Manny y gracias Elena, por tan bello texto... por tan tremenda invocación... Heberto marcó un antes y un después en la historia intelectual de Iberoamerica y si no peco de exageración cubana, en la historia intelectual de Occidente... su poesía y su vida fueron muestras de cuán dolorosamente lejos puede conducir el genio creador, el ansia de libertad... fuerte abrazo a los dos...
Anonymous said...
Ele, como siempre brillante y dándonos de su luz, Gracias Manny, es bueno celebrar la vida. Un abrazo Ena
Anonymous said...
Emocionante la evocación de nuestra bella amiga Elena Tamargo, siempre sutil y de finisima sensibilidad poética, que seguramente Heberto Padilla hubiera disfrutado como ahora nosotros. Bello homenaje a Madame Cuza Malé. Alberto Lauro

sábado, 8 de enero de 2011

PARA SOÑARTE UN POEMA A LA MUY DIVA CIUDAD SAN CRISTÓBAL DE LA HABANA

PARA SOÑARTE

A San Cristóbal de La Habana

Antes que el tiempo borre las cosas
voy a devolverte a mi vida,
mágica ciudad de mi memoria.

Tú amparas al amante desgarrado
que oculta en una sombra de vergüenza
el nombre de su amor.

Abres tus puertas al posible suicida,
al poeta delirante, al bohemio empedernido.

Al atardecer junto al muro cantado por Varela*
ofreces un espectáculo único:
el desfile inigualable de las rosas carnales,
jóvenes priápicos, mulatas cálidas.

Eres la ciudad más frívola
asentada en los dominios de Yemayá,
eterna madre de las aguas y los espíritus.



© René Dayre

*El Muro, canción de Carlos Varela.

domingo, 2 de enero de 2011

Zenaida Manfugás, manos de luz sobre el teclado Entrevistó: Ana Viñas Texto: Baltasar Santiago Martín. Fundación Apogeo TOMADO DE: BLOG GASPAR EL LUGAREÑO

Sunday, November 28, 2010
Zenaida Manfugás, manos de luz sobre el teclado
Foto/Blog Gaspar, El Lugareño (by Eva M. Vergara)
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Entrevistó: Ana Viñas
Zenaida Manfugás, manos de luz sobre el teclado
Foto/Blog Gaspar, El Lugareño (by Eva M. Vergara)


    Entrevistó: Ana Viñas
Texto: Baltasar Santiago Martín. Fundación Apogeo
(para el blog Gaspar, El Lugareño)


Zenaida Manfugás, una de las pianistas más respetadas y admiradas por los cubanos y en el mundo, nació en Guantánamo, ciudad pródiga en talentos aunque no tan reconocida por ello como Matanzas o Guanabacoa. Gracias al apoyo y visión de su madre, gran pianista y una adelantada de la pedagogía moderna, pudo descubrir desde temprano su vocación por el piano, pues su progenitora se empeñó en enseñar a tocarlo a todas sus hijas a partir del mismo día en que cumplían los 5 años, y ya a los siete, Zenaida tocaba dos conciertos: el de la Coronación y el Primero de Beethoven.

En un medio hostil, indiferente, clasista, y por ende, racista, transcurrieron 9 años de lucha y batallas, y al fin, ya adolescente, gracias al tesón obsesivo del Maestro Gonzalo Roig, que la apoyó sin reservas, al igual que Ernesto Lecuona, debutó en 1949 como pianista en el Anfiteatro de la Avenida del Puerto, con la Banda Municipal de La Habana, tocando el Concierto en La Menor de Grieg, con un arreglo del propio maestro Roig.

El Maestro Gonzalo Roig afirmaba que Zenaida Manfugás era la mejor intérprete de la música cubana, y una de las mejores pianistas que había dado Cuba, y el propio Lecuona la consideraba también como la mejor intérprete de su música, por el especial talento con que ejecutaba sus composiciones.

Gastón Baquero escribió en las páginas del Diario de la Marina: “Zenaida Manfugás interpreta ya a los grandes maestros con tanta alma, con tanta elegancia, que no se necesita ser un técnico de la apreciación musical para comprender que se tiene delante a una promesa genuina". Y añadía: “Conmovía verla ante el piano, desarrollando la difícil y austera estructura de un Haydn, o la tremenda espiritualidad de Federico Chopin”.

Cursó luego estudios en el Conservatorio Municipal, y obtuvo una beca del Ministerio de Educación para estudiar en España, pero pasaron más de 3 años antes de que pudiera viajar.

En 1952 matriculó al fin en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, donde tuvo como profesor, entre otros, al reconocido Tomás Andrade de Silva. En la Madre Patria tuvo en 1955 a su único hijo, Andrés Montes, que con los años se convertiría en uno de los periodistas deportivos más populares de la radio y la televisión en España, fallecido en el 2009, a los 53 años.

En España, Zenaida logró realizar todo lo que no pudo hacer en su país natal, donde, a pesar de contar con el apoyo de músicos del prestigio de Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona, encontró muchas trabas por su condición de mujer, negra y pobre.

En 1958 regresó a Cuba, donde desarrolló una significativa actividad como pianista, y en ocasiones acompañó a las mejores orquestas clásicas como la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta de Cámara Nacional. Fue muy aplaudida también en todos los países en que se presentó, tanto en Europa como en Asia.

Radicó su residencia en 1974 en Estados Unidos, donde se ha presentado en plazas tan selectas como el Carnegie Hall de Nueva York, y también trabajó como solista con la Orquesta Sinfónica del Nuevo Mundo, radicada en Miami Beach.

Ha sido además profesora del Kean College, de Nueva Jersey, donde impartió clases de Historia de la Música, y grabado varios discos en vivo, sin el apoyo de ningún sello disquero, donde recoge algunas de sus magníficas interpretaciones de los compositores cubanos, cuya obra tanto ha contribuido a divulgar.

Hace ya más de cincuenta años el destacado intelectual cubano Jorge Mañach escribió en el Diario de la Marina:

“Antier, en la Casa Cultural de las Católicas, Zenaida Manfugás tocó 'como los ángeles' en más de un sentido. Quiero decir que se hizo ella misma incorpórea, mera presencia musical. Ni siquiera se deslizaron en sus modos de interpretación aquellos acentos que una crítica sobreaguda suele asociar a su raza —la exuberancia, la voluptuosidad en el regodeo melódico, cierto íntimo patetismo superpuesto. Fue (hasta donde se le alcanza a quien sabe poco de estas cosas) música de una gran sobriedad, castidad, pureza interpretativa; esa música que no cae en los engreimientos a medias y que, por consiguiente, sólo se escucha en la etapa reveladora o en la etapa ya muy gloriosa de los grandes talentos”.

Afortunadamente, en este año 2010 que ya casi llega su fin, todos esos atributos de la pianista refrendados por Mañach siguen intactos; después de escucharla, si la música es la voz de Dios, no nos quedarán dudas de que las manos prodigiosas de Zenaida sobre el teclado son las cuerdas vocales de su garganta.


—Zenaida, desgraciadamente el racismo que tanto la afectó al inicio de su carrera todavía no ha desaparecido de la mente de muchos cubanos ni de la sociedad actual, ¿cuál fue su recurso para lograr imponerse en aquella época tan clasista y prejuiciosa, y que los jóvenes talentos negros de hoy pudieran tomar como ejemplo a seguir?

—Mi madre siempre nos decía: —“Los pies en la tierra y la cabeza en las alturas”; a lo intermedio no hay que hacerle mucho caso, para que nada te distraiga en el logro de tus metas, y creo que así fue como logré imponerme.

— ¿Quiénes son sus héroes de la vida real?

—Admiro a Martin Luther King, que con su filosofía de la “no violencia” —a diferencia de Malcolm X—, fue el que consiguió la victoria en la lucha por los derechos civiles de los negros norteamericanos.

— ¿Cuál considera que es su mejor cualidad?

—La sencillez, creo que esa es mi mejor cualidad.

— ¿Hay algo que se reprocha en la vida?

—No haber podido grabar discos profesionalmente para que quedara registrada así mi música para la posteridad, pues las pocas grabaciones que tengo fueron hechas con una grabadorita “mikimouse”, no con un sello disquero en un estudio con todas las condiciones adecuadas.

— ¿Quiénes son sus compositores preferidos?

—“Las tres B”: Johann Sebastian Bach, Beethoven y Johannes Bhrams, y Federico Chopin, que fue un innovador del Romanticismo.

— ¿Quiénes son sus escritores favoritos?

—Mis autores preferidos son José Ortega y Gasset, y Miguel de Unamuno. Prefiero leer a tocar música; entre la lectura y la música, me quedo con la lectura.

— ¿Cuál considera que ha sido mayor logro personal?

—Quieran o no quieran, yo pertenezco a la cultura cubana.

— ¿Cómo le gustaría que la recordaran?

— ¿Y usted cree que me van a recordar?; ojalá que de verdad me recuerden, por mis interpretaciones y por mi personalidad; todo el que me trata me quiere.

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ver en el blog: Miami le rindió homenaje a Zenaida Manfugás
Posted by Joaquin Estrada-Montalvan at 10:03 PM
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Labels: Cuba, Foto, Musica, USA
2 comments:

Justo J. SANCHEZ said...

Zenaida Manfugás es una fuente de orgullo para el pianismo cubano. Recuerdo con alegría escucharla cuando llenaba la sala Gusman de la Universidad de Miami. Me contaba telefónicamente de su actuación en el Merkin Hall. Es lástima que esta artista permanezca circunscrita al repertorio isleño porque es una gran beethoveniana y chispeante con las sonatas de Scarlatti.
November 29, 2010 12:14 AM
Belkis Cuza-Malé said...

Muy bonita tu entrevista, amigo Baltasar. Realmente tomaste la esencia de lo que Zenaida dijo esa noche memorable en que Miami le rindió homenaje a esta gloria de Cuba.
A ti, a la Fundación Apogeo y al querido Augusto Lemus, autores del lindo y merecido homenaje, mil gracias de corazón.
Bendiciones
November 29, 2010 11:07 AM

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