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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


domingo, 3 de abril de 2011

Publicado el 04-02-2011
http://diariolasamericas.com/noticia/119611/0/0/los-poemas-de-la-mujer-de-lot
Los poemas de la mujer de Lot

Por Armando Álvarez Bravo

Sucede a la poesía algo muy singular que sólo hace reafirmar su necesidad y la trascendente visión del mundo y las cosas que comunica. Desde sus calidades y valores es muy distinto el latido de lo expresado cuando se hace en el propio paisaje y cuando se escribe en el destierro. Así, la poesía es indefectiblemente, más allá de otros factores, una expresión de presencia o de ausencia. De igual suerte, debo agregar de resistencia. Por ello, si se escribe en el exilio, la poesía deviene sutil u obviamente una relación y meditación del proceso de adaptación del poeta a un entorno en que es un extraño. Esto es algo que le otorga una especial resonancia e insondable hondura a los versos.
Me une a Belkis Cuza Malé una larga y entrañable amistad. Se afianzó en los tiempos difíciles, como los calificó su esposo, el poeta Heberto Padilla, en que padecimos las furias de los policías culturales del castrismo. Ella era conmigo y con Manolo Díaz Martínez y Reinaldo Arenas, otro “redactor” de La Gaceta de Cuba. ¿Qué significaba eso? Que en las tinieblas exteriores a las que nos habían reducido a la condición de no persona, éramos unos “indeseables” limitados a revisar sin decir esta boca es mía, abrumadoras galeradas de literatura panfletaria. Recuerdo que para hablar a nuestras anchas teníamos que salir de la mansión que albergaba la policial sede de la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba, donde las paredes escuchaban. El monstruoso “caso Padilla” puso fin a esa etapa de nuestra andadura pero no a nuestros trabajos y tribulaciones. Quiero aprovechar estas páginas para decir que fui yo el que leí a un entrañable amigo y magnífico crítico, J.M. Cohen, el libro premiado/maldito de Heberto. También uno de los selectos “escogidos” ─, los “malos” de las películas de vaqueros─, para ir a la UNEAC, previa identificación a pesar de ser bien conocido por trabajar allí, a la deplorable noche de la impuesta “autocrítica” del poeta. Eso y el resto es historia. Debo agregar que, entonces y siempre, Belkis es un poeta con todas las de la ley y es también exponente de lo que es la integridad y el amor a la libertad de la creación que el totalitarismo castrista no cesa de condenar y aplastar.
de publicar en la Colección Poesía de la revista Linden Lane Magazine, que edita contra viento y marea desde 1982, “Los poemas de la mujer de Lot”, ilustrado con sus delicadas, ingenuas y poéticas pinturas. Reúne poemas, conforme escribe en la contraportada, “escritos en su mayoría en la década del los ochenta, en Princeton, New Jersey”, y que “recorren junto a su autora las vivencias de una nueva etapa: la de descubrirse extranjera y en la que debería, no sólo inventarse un nuevo mundo, sino a ella misma, sin mirar atrás”. En este punto es importante subrayar que el título del poemario alude directamente a la mujer del patriarca bíblico Lot, que al escapar de la destrucción de Sodoma y Gomorra se convirtió en un puñado de sal al desobedecer a Dios y mirar hacia atrás.
Belkis ha hecho eso, inventarse a sí misma, que es tan difícil, pero sin dejar de ser lo que siempre es y será. Puro milagro. Mi compleja y dividida generación ─que académicamente se designa con “la generación del cincuenta”, aunque creo que conviene a su identidad, como no me canso de repetir, el que se le designe como “la generación arrasada”─ se definió desde el prisma de la poesía coloquial o conversacional. Ella se reafirma en “Los poemas de la mujer de Lot” como un exponente de continuidad y posibilidad de nuestra poesía más próxima en el tiempo. Y entiendo que continuidad lleva aparejado la coherencia y desarrollo de la tradición. Los poemas de éste su nuevo libro lo reafirman con su indudable calidad y, sí, belleza.
Los versos de este volumen son de alguna manera la mirada, la posibilidad de recomenzar de nuevo su existencia que perdió la mujer de Lot por su desobediencia. Miran al ahora, al otro paisaje y circunstancia y se adentran en un rehacerse de la persona y espíritu de su autora, para quien lo recordado es siempre una fija referencia, pero no una trampa que la paraliza en el paso del tiempo. Esa nueva realidad está colmada de las cosas sencillas de la cotidianidad, en su tangibilidad y en su carácter catártico. El lenguaje directo que utiliza Belkis, aun cuando toca lo desgarrador, destaca por su delicadeza, por su incorporación de sus lecturas y de todo lo que la formó.
en una nueva vida a cuyo estilo, costumbres y cultura se ve enfrentada sin vuelta atrás la autora. En ese discurso, creo que es fundamental subrayar la capacidad que ha tenido Belkis de no idealizar, sino sin renuncia de la belleza de la poesía más íntima y delicada, tocar el mundo circundante y hacerlo suyo en su amplitud y detalle con tanta inocencia como lucidez y compasión. Este es un libro que expresa el desgarramiento de la pérdida, el destierro, la distancia y la separación y, a su vez, el encuentro imprescindible. Ese paulatino descubrimiento en que tiene que reconocerse y al que debe asimilarse desde ella misma para inventarse.
Sólo puedo agregar que la lectura de “Los poemas de la mujer de Lot” es algo muy raro en los tiempos que corren: un hermoso y acabado libro de poesía. Mucho lo agradezco a mi vieja y entrañable amiga. Estoy seguro que también lo harán los que lo lean.

Para adquirir una copia del libro ir a
www.belkiscuzamale.blogspot.com

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