mostrar detalles 17:05 (Hace 10 minutos)
POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 8 de diciembre de 2011

UN POEMA INÉDITO DE BELKIS CUZA MALÉ DEDICADO A LA MEMORIA DE NUESTRA QUERIDA ELENA TAMARGO


Elena Tamargo en el recuerdo


Belkis Cuza Malé
 Hace un par de semanas murió mi querida amiga, la poeta cubana Elena Tamargo, mujer de entrañable dulzura y de una calidad humana extraordinaria.  Como si fuera poco, Dios la dotó de sensibilidad exquisita, de modo que todo lo que escribió, y sus traducciones del poeta alemán Holderlin, pertenecen a la gran literatura
.  En abril, Elena escribió y leyó en la Alianza Francesa de Miami,  unas hermosas palabras de presentación  de mi libro Los poemas de la mujer de Lot.  Hacía tiempo que estaba enferma, pero eso no le impidió seguir haciendo su vida, escribiendo y compartiendo con los amigos. En octubre, ya con la salud muy quebrada, y caminando con ayuda de un andador, presentó el libro Yo, el arquero aquel, de su amigo del alma, Manny López,
        Ese día, llorando las dos, puse mis manos sobre su cabeza,y oré y pedí por ella. Fue un emotivo encuentro:  estaba temblando, y me miraba con esos ojos suyos llenos de interrogantes.  Quería vivir, se aferraba a la vida, y estaba ansiosa porque alguna palabra profética le asegurara que lo lograría.
        Dos días antes de morir, el escritor Baltasar Santiago Martín y yo  la visitamos en el hospicio. Estaba en coma, pero cuando puse mi mano sobre su cabeza y oré y hablé con ella, le dije que había muchos ángeles a su alredor y que estaba rodeada de luz, que el Señor la esparaba, que no tuviese miedo, que partiera en paz, sentí que sollozaba desde el mundo del insconsciente y su cuerpo, ya casi sin energías, se estremecía.  Le hablé de lo mucho que la amaba el Señor, y nosotros todos, sus amigos. Que no la olvidaríamos ni a ella, ni a su inmensa obra poética, le recalcé.  Abrió por un momento los ojos y dejó escapar un murmullo entrecortado.  Con aceite consagrado le hice la señal de la cruz en la frente, dándole gracias a Dios por su vida. La unción del Espíritu Santo se derramó sobre ella.
        De pronto, tocaron a la puerta, y apareció un joven de rostro sereno y hermoso, y extendiéndonos la mano se presentó. Le pregunté si era un familiar de Elena, pero me respondió que era un voluntario, que había venido para sentarse a su lado, cuando nos fuésemos, para que ellla supiera que estaba acompañada, y no se sintiera sola.
        Sin duda, aquel joven tenía que ser un ángel.  Era día laboral, cerca de las cinco de la tarde, y su presencia llenó la estancia de interrogantes y de luz.  Dos días después, el 20 de noviembre, Elena moriría. A su lado estaba su único hijo. De seguro la acompañaban también cientos de ángeles hacia su encuentro con el Señor.
      En julio, yo había escrito este poema para ella, que nunca le mostré, ni he publicado hasta ahora. He aqu[i el poema:
Para que la muerte no te toque
                   A la dulce Elena en su tránsito

Para que la muerte no te toque
con su lapislázuli
hemos preparado los instrumentos de alabanza,
el salterio, el arpa, los címbalos,
y añadido el clavicordio y el trombón,
pero la trompeta se la dejamos
a Dios.
Sólo él puede rugir desde lo alto del monte
y apedrear con su voz a los cernícalos,
y trozar las espadas del Maligno
para que no deshollen tu cuerpo,
ni hagan pasto de tus ojos.
El veneno ha sido puesto a buen recaudo
al igual que los enseres del doctor.
Sométete, dulce presencia,
a sus designios,
y dibujemos, para protegerte, el círculo de fuego
donde yazgas como piedra preciosa
escondida en el polvo.
Agarrados de las manos, 
--árbol de mil ramas--,
entonemos cantos de alabanza a Dios,
por habernos regalado tu presencia,
por compartir con nosotros los días y las noches
del exilio, sus nardos, sus tiernas azucenas,
la fina capa de hielo conque amuralla la ciudad
para que no escapes todavía.
                                                                   (Julio 27, 2011)
(De mi libro in[edito Los Salmos de la Reina de Saba)
    
Doy gracias al Señor por la vida de mi amiga Elena Tamargo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario