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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 26 de enero de 2012

EL DEMIURGO INSOMNE EL BLOG DEL POETA Y ARTISTA PLÁSTICO NICARAGÜENSE OTTO AGUILAR http://ottoaguilar.blogspot.com/

CAVAFIS EN ATENAS. 1932 - Luis Antonio de Villena

Es una foto. Triste, si son tristes las fotos…

Sin los lentes, un hombre mayor mira con vaga tristeza.

No parece lustrosa la chaqueta ni la bufanda cualquiera

entorno al cuello. Todo es viejo y gastado,

como la foto misma. Probablemente el viejo

o avejentado señor sabe que va a morir, que está

tocado, y clama: ¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?

La esencia del pasado está en la pulcritud del silencio.

Y él es ya sólo pasado, irreal materia que está en cada

uno, en ninguno y en todos.Palpa el aire ático

y la mano de piel olivácea está vacía…

¡Polvo de Píndaro y Cirene, polvo de los Lágidas o Alejandro!

Sólo está pensando: volveré a casa. Diré a Dimitri

que traiga a sus amigos algunas noches

y veré (agradecido, llorando sin ser visto) esa misma

belleza esplendente que me consumió y adoro. La festejaré

callado. Un óbolo o treinta piastras. No diré: No queda

nada. Después no somos nada. Huimos como el polvo

de las arenas libias. Todo florece para un dios desconocido.

Soy nada, fui nada y nada seré. Todo y nada para nadie.

Sí, ¿para qué habré venido? He repetido esa pregunta…

Me consuela la belleza de Calímaco y de Míisco.

Me consuelan los muchachos de los antros de estío.

Me consolaron el deseo y la luz. Pero ahora sólo

hay polvo del desierto. Somos nada y nada queda…

Desolado, se alza ante mi la Santa Sabiduría

y los mosaicos y el oro que soñé de niño…

Galileos o sin galileos ¿cuál fue nuestra culpa,

ofendidos, manchados, execrados del Tiempo?


 

Madrid, 28-Octubre-2011.
Poema de Luis Antonio de Villena
Foto tomada de : CAVAFI A Biography by Robert Liddell

Thursday, September 1, 2011

Antes y ahora.


“ … el eterno reloj de arena de la existencia,
será vuelto de nuevo y con èl tú, polvo del polvo…”
“… el río siempre refluye sobre sí mismo, y
os embarcáis en el mismo río, vosotros, que
tambièn sois los mismos…”
Federico Nietzsche

   “Antes y ahora“, una paradoja que nos reta a sacar conclusiones dialècticas, excluyentes?, como síntesis de evoluciones o involuciones ?. Cada crisis social amerita su solución en el juego de las contradicciones. Lo injusto provocará su contraparte y en esa lucha de contrarios, uno de los dos al final prevalecerá, cual?., lo justo?… “Antes y ahora“, parece ser el lema de una lógica evolución en cualquier desarrollo social, una supuesta superación a algo mejor o superior?, … no siempre?, claro depende del curso que tomó la solución de ese mal pensará alguno… o depende desde el ángulo o de la cúspide desde donde se contemple. Siempre habrá una visión microscópica y otra macroscópica, depende desde donde veamos el problema o las paradojas.

   Considerando que el tiempo es una ilusión… tan real que en mis más de medio siglo de vivir girando junto con el planeta y al ritmo de sus caóticos acontecimientos, concluiríamos que me han hecho ser una persona más optimista de lo que fuí antes, en mi aventurera y romántica juventud?, ilusorio verdad?… quizás acertado sería decir: ni optimista ni pesimista, entonces què?… y que opinaría mi supuesto hermano gemelo (el cual parecería fisicamente quizás 20 años más joven que yo), al regresar ahora al planeta, quizás unos treinta o más años despuès de gravitar en algún lugar del infinito espacio, y desde su punto ahistórico flotando en alguna nave haber contemplado sin inmutarse, los acontecimientos que yo su hermano gemelo viví en mi convulsionado país, y en nuestro peripatètico planeta?… en su mente cabría la idea de optimismo o pesimismo en cuanto a un futuro?, o simplemente en cuanto a la historia apreciada desde lejos, como tal?… claro para ello, asumir el ser optimista o pesimista tendria que ser el resultado de haberse involucrado ( o quizás sólo pasivamente) en un proceso, en algún acontecimiento de los que han convulsionado nuestro planeta?. Quizás èl sería como el extranjero que llega por primera vez a una ciudad cuyo promisorio pasado comunista ya muerto, parecía imperecedero, inmutable. El como turista comodamente contemplaria tanto la estatua de Lenin, eregida inmediatamente despuès del fallecimiento del “indiscutible” lider, que desde su pedestal señala a la ciudad un futuro esplendoroso, (depositado en las manos del fèrreo estalinismo ), y caminando unas cuantos metros en el otro extremo en los alrededores de dicho monumento leninista, este mismo turista, se topará con otro monumento, el de la zarina Ekaterina II, amante de la artes y tambièn de los mozos sexualmente bien “dotados“. Quizás nuestro turista haya leido un poco de la historia del pueblo ruso y su lucha contra el zarismo, quizás sepa de algunas interpretaciones tanto anticomunistas como procomunistas de la historia soviètica y apartir de allí haya sacado la suya. Pero en ese mismo espacio que el recorre, “ahora” sus pasos de turista pisarán las huellas de “antes”, tanto de los soldados bolcheviques en la lucha contra el zarismo, así como las huellas de desterrados excomunistas o de algún disidente ruso perseguido por el estalinismo.

   "Ahora" un joven en Nicaragua, como el que yo fui hace más de 25 años, concluiría que en la lucha política que los jóvenes actualmente llevan contra lo que consideran injusto en el gobierno que les desgobierna, hay que protestar luchando a pesar de las represiones… y claro no cabe al respecto la menor duda!, no cabe más que luchar para buscar la solución de esta injusticia, y esta paradoja trae consigo su solución, quizás… quizás como yo creí en mi romántica juventud. Pero esa injusticia social no es ni la primera ni será la última en la triste historia de la política criolla nicaraguense, la cual claro, para alguien que la haya vivido y la haya recorrido sin ojos de turista, no tendrá del todo una visión optimista de la lucha en la solución de la crisis, lo que no significa no estar de acuerdo en lo justo y necesario de tal lucha.

   A sabiendas que el “ahora” que creemos, comienza plagado de promesas, lleva en su vientre el “antes” contra el cual luchamos, el “Antes y el ahora” siempre será nuestra referencia, nuestra tabla de valores entre los cuales fluctuaremos, a la hora de las soluciones de tantas paradojas!, de tantas contradicciones en nuestro caótico e irreconciliable mundo!… sabiendo que siempre seremos inevitablemente el polvo del polvo en el reloj de arena de Nietzsche dando vueltas eternamente.

Otto Aguilar- 1/sept/-2011

jueves, 19 de enero de 2012

 
http://www.larevistadeldiario.com/noticia/4188/linden-lane-magazine 
La Revista del Diario
Publicado el 01-19-2012
Linden Lane Magazine
Por Luis de la Paz
DeLaPazL@aol.com

Belkis Cuza Malé señala que “a pesar de que éste debería ser un número de celebración por las Navidades, nuestras páginas recogen tres dramáticas noticias: la desaparición física de los poetas cubanos Elena Tamargo, David Lago-González y del narrador José Miguel González-Llorente”. Y eso es muy cierto y muy triste; el exilio cubano y la literatura cubana perdieron en los últimos meses del año 2011 a tres de sus más importantes escritores. Linden Lane Magazine, en su número 4 del volumen 30, correspondiente al invierno del 2011, se hace eco de tales infortunios como corresponde entre artistas, con poemas de Tamargo y Lago, faltando para completar el merecido reconocimiento, algún texto de González-Llorente, al que destaca como “escritor y publicista cubano, colaborador de LLM”.

La propia Cuza Malé entrega el primer texto del número: Tania Díaz Castro: “seguiré escribiendo hasta que la muerte me lo prohíba”, donde se ofrece una semblanza biográfica de la escritora y disidente, que formó parte del Comité Pro Derechos Humanos de Cuba, fundado y presidido por Ricardo Bofill en el difícil año 1987. “Aunque ha sido muy dura la vida de esta mujer poeta, en una isla gobernada por el horror, Tania Díaz Castro es una de esas estrellas que brillan en lo alto, sin que hayan podido apagarla a escopetazos, odios, cárceles y penurias”, señala la articulista.

La narración de Antonio Álvarez Gil, Variaciones sobre un tema de Bulgakov, ambientada en el Moscú del autor de El maestro y Margarita es una de las buenas lecturas en esta entrega de LLM. Interesante es la entrevista que le hace Ihosvany Hernández a la escritora Ana Cabrera Vivanco, en torno a su obra y en particular sobre su novela Las horas del alma, pieza que “abarca el último siglo de vida en Cuba: arranca con un general que luchó en la manigua insurrecta y acaba en el año 2000”.

Dos cuentos de Emilio Mozo, Sueño y Timón, enriquecen la narrativa en este número, que la completa el relato testimonio de Alejandro F. Pascual 28 y Playa, un texto escrito con soltura y minuciosidad narrativa. Aunque no es un relato propiamente dicho, el trabajo de Isis Wirth, Napoléon y Chateaubriand, denota el dominio que posee la autora sobre estas dos figuras históricas.

Para el cierre, las ya tradicionales notas de libros. Entre ellas se leen unas palabras (quizás las finales) de Elena Tamargo sobre el libro Yo, el arquero aquel de su amigo Manuel A López, del que considera: “El anhelo de armonía es el primer axioma de la estética de Manny López, y así lo expresa en Yo, el arquero aquel, donde prima el deseo de abrazar el mundo, pues para él la realidad no es el conjunto de cosas que hay sino el fruto de un encuentro con ellas”. Por su parte Manuel C. Díaz reseña la novela El instante de José Abreu Felippe, última entrega de su pentalogía El olvido y la calma, donde Díaz afirma: “El instante es un cierre justo a uno de los proyectos literarios más abarcadores emprendidos por un escritor cubano exiliado. [...] Escrita con increíble franqueza es también, en cierta medida, la historia de una generación. Una generación cuya asfixiante existencia sirvió de telón de fondo para que Abreu pudiera deshacerse de algunas de sus más antiguas obsesiones”.

Para suscripciones, escribir a lindenlanemag@aol.com por correo electrónico.

miércoles, 18 de enero de 2012

Cartas a Toutouche, de Alejo Carpentier: un comentario Por Roberto González Echevarría TOMADO DE: http://www.letraslibres.com/revista/libros/cartas-toutouche-de-alejo-carpentier-un-comentario?page=full

Cartas a Toutouche, de Alejo Carpentier: un comentario

Alejo Carpentier
Cartas a Toutouche
Textos introductorios y notas de Graziella Pogolotti y Rafael Rodríguez Beltrán, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 2010, 461 pp.

 “Hay golpes tan duros en la vida”, dijo César Vallejo. El suceso que traumatizó a Alejo Carpentier hasta su muerte fue la desaparición inopinada del padre cuando el futuro novelista contaba con diecisiete años. Georges Carpentier le dejó a Alejo tres dilatadas tribulaciones: la penuria, el acento francés y la madre. La súbita pobreza, luego de una niñez acomodada, hizo de Carpentier un hombre obsesionado por la estabilidad económica por el resto de sus días, algo que ya se transparenta en estas cartas. La porfiada “r” gutural lo torturó sin cesar, especialmente si pensamos que Carpentier hizo radio en Caracas, y luego pronunció muchísimas conferencias públicas cuando alcanzó la fama. En una de las Cartas a Toutouche  dice sentirse cómodo hablando francés en París porque “no tengo la obsesión de mi acento” (p. 46). La madre fue una carga para Alejo a partir del abandono del padre: tuvo que dejar sus estudios para mantenerse y mantenerla, se desvela por ella desde París y le envía dinero, y la apoya hasta su muerte, aparentemente ocurrida en 1964.
Todo esto se hace patente en esta colección de cartas que Carpentier le escribió a su madre luego de su partida a París en 1928, motivada en parte por la agitación política de Cuba, debida a la dictadura de Gerardo Machado. Carpentier se vio envuelto en algunas de las protestas y escapó a París como resultado, pero también por su ambición de abrirse paso en la capital francesa como escritor. Aunque aburrido y carente de grandes revelaciones, Cartas a Toutouche  es un libro que aclara dos áreas oscuras de la vida de Carpentier: su actividad política temprana y la relación con el padre. Hay, además, atisbos dispersos de interés sobre su personalidad y aspiraciones artísticas y económicas.
La introducción y el aparato editorial del libro son deficientes, sobre todo la primera; no respetan ni las prácticas establecidas en la crítica e investigación, ni la verdad. El texto de Pogolotti está plagado de omisiones, reticencias, vaguedades y evasivas. Por ejemplo, se dice muy poco sobre el origen y conservación de las cartas, que estuvieron en manos de Lilia Esteban Hierro, viuda de Carpentier, lo cual nos hace sospechar sobre la integridad de la colección, si no sufrió censura por parte de quien fue cómplice de Carpentier en todos sus tapujos y mentiras acerca de su familia y actividad política. No se explica nunca a cabalidad quién fue Toutouche.
Sabemos que Lina era de origen ruso, pero dio a luz a Alejo en Suiza, y Carpentier, hasta en el cariñoso mote, con frecuencia se dirige a ella en francés, como si fuera su idioma o el que compartieron a causa de Georges. Tiene que haber en Cuba documentación sobre los orígenes de la madre de Carpentier y los sesenta años que vivió en la isla. Hay otras omisiones. Se habla en la introducción del manuscrito de una novela inédita intitulada El clan disperso, pero se dice muy poco sobre este, como por qué nunca fue publicado y cómo ha llegado a manos de Pogolotti y la Fundación Alejo Carpentier, que ella dirige. También se hace referencia a una autobiografía inconclusa, pero sin dar detalles sobre su conservación, o la posibilidad de que vea la luz algún día. El origen y la procedencia de los documentos comentados es una cortesía fundamental en este tipo de libro.
Se soslaya además la desaparición del padre, a quien se alude como “intelectual librepensador” (p. 12) sin explicaciones o pormenores. Pogolotti también pasa como gato sobre ascuas en lo referente a la militancia de Carpentier en el grupo, luego partido político antimachadista conocido por el ABC, de centro-derecha y rival de los comunistas, que es el descubrimiento más sorpresivo y revelador en este volumen. En suma, Pogolotti se pliega a las directrices del régimen cubano sobre lo que se puede o no decir sobre Carpentier, y se hace eco de clichés de su manida retórica, como “frustración republicana” y “dependencia del imperio” (p. 10), al referirse a la época de las vanguardias en Cuba cuando, a pesar de todo, surgieron entonces, en medio de una vigorosa actividad intelectual, editorial y política, figuras como el propio Carpentier, Nicolás Guillén, Fernando Ortiz, Juan Marinello, Wifredo Lam, Jorge Mañach y otros, pléyade que no ha tenido igual durante los más de cincuenta años de dictadura fidelista. Pogolotti derrocha espacio, que podía haber dedicado a temas de mayor relevancia, en anécdotas sobre su propia familia.
Las notas de Rafael Rodríguez Beltrán, que identifican a los artistas, políticos, periodistas e intelectuales que Carpentier menciona, son competentes; no se podía esperar menos en época de la red y de Google. Pero se permite una apostilla gratuita y fuera de tono sobre Herminio Portell Vilá, a quien acusa, sin mayores justificaciones, de haber “abandonado” el país “luego del triunfo de la Revolución”, y de haberse convertido “en una de las voces más reaccionarias de la emigración cubana en Estados Unidos” (p. 189). Y en la nota en que identifica a Jorge Mañach (p. 139), Rodríguez Beltrán no dice nada sobre su liderazgo en el ABC, a tono con las evasivas al respecto de Pogolotti en su introducción.
En un breve texto introductorio, “El recurso al bilingüismo”, Rodríguez Beltrán le consagra una nota a identificar a Lina Valmont en la que acota lo siguiente (p. 21):
Nombre con el que se conoce de Ekaterina Vladímirovna Blagoobrázova (1884-1964), madre de Alejo Carpentier. Este se dirige siempre a ella con ese cariñoso apodo, cuyo posible significado a partir de la lengua francesa o acaso (menos probable) del ruso sería pura especulación.
Pero esto es lo que todos sabemos sobre Lina. Interesante sería averiguar por qué se le conocía por Lina Valmont. ¿Cambió de nombre en Suiza o en Cuba? Toutouche, “toca todo”, pudiera ser derivación femenina de “toutou”, apodo afectuoso que se les da a los perritos en francés, por cierto, pero quién sabe si es algo ruso. En esta introducción, Rodríguez Beltrán, presa de un delirio de adulación, se refiere a Carpentier como “perfecto bilingüe” (p. 22) cuando, aparte de que no hay perfectos bilingües, el escritor habla en varias cartas de tener que rogarles a allegados de lengua francesa que le corrijan sus escritos en esa lengua porque comete, entre otros, errores de ortografía. Habría que añadir que a Carpentier se le deslizan en las cartas algunos galicismos. Por ejemplo, se refiere a “piezas para piano y canto de [Alejandro García] Caturla con palabras [es decir, “letras”] mías” (p. 167); y “no tuve literalmente el tiempo de hacer nada otro [rien d’autre]” (p. 324). No hay perfectos bilingües porque en los que manejamos varias lenguas se nos contaminan unas con otras y hay áreas de conocimiento que se dominan en una, pero no en otra. No estaría de más, por cierto, rastrear los galicismos en las obras mayores de Carpentier, que los hay.
Cartas a Toutouche  es un libro repetitivo, tedioso, en que hay muy poco, casi nada, sobre la creación de las obras importantes de Carpentier. Esto se debe a dos razones. La primera es que el libro abarca de 1928 a 1937, y Carpentier se convirtió en el gran escritor que llegó a ser a partir de su regreso a Cuba en 1939. Su primer libro importante, La música en Cuba, es de 1946, y su primera gran novela, El reino de este mundo, de 1949. En Cartas  nos enteramos de los esfuerzos de Carpentier por dar forma a lo que llegó a ser ¡Écue-Yamba-Ó!, que él veía entonces como la respuesta cubana a Don Segundo Sombra, y de obras de teatro musical, no carentes de interés, pero que forman parte todas, con la novela, de la iuvenilia  carpenteriana. La segunda razón de la monotonía del libro es que son cartas a la madre, que no era una intelectual o escritora, aunque se ve una mujer instruida y políglota, a la que no le iba a hacer confesiones muy profundas sobre sus inquietudes artísticas. Lo que sí tenemos son detalles profusos sobre las crónicas que Carpentier enviaba a Cuba, especialmente a la revista Carteles, en gran medida para mantener a Toutouche en La Habana. También tenemos las insistentes garantías de Carpentier a su madre acerca de su solvencia en París, tratando de convencerla (y convencerse) de que se impone en la capital francesa tanto en términos monetarios como artísticos. Sabemos así que el propósito de su “exilio” a Francia fue sobre todo ese, y resulta enternecedor percibir cómo Alejo se esfuerza por justificarle a Lina su ausencia, el haberla dejado sola y desamparada en Cuba, un país extranjero para ella.
La relación de Carpentier con Lina debe ser interesante para los que quieran dibujar el perfil psicológico del escritor, así como el sufrimiento de asma en su niñez, que lo hizo retraído y tímido con el sexo opuesto en su primera juventud, según le dice a la madre. Todo lo que le cuenta sobre sus mujeres es también significativo, pero también lo que le oculta. Carpentier me dijo a mí que estuvo casado a fines de los veinte con una suiza, que se le murió de tuberculosis en un sanatorio de los Pirineos, lo cual explica los episodios en esa región de El siglo de las luces porque hacía largas caminatas cuando no podía estar junto a su esposa. Pero este matrimonio no se menciona en Cartas. Tampoco se alude a Eva Fréjaville, con quien Carpentier tuvo una larga relación, con la que regresó a Cuba y con quien, en efecto, se casó en La Habana en 1939. Fréjaville, se dice, era hija natural del pintor mexicano Diego Rivera y una francesa casada. Fue, según la chismografía, una mujer de insaciable sexualidad, que dejó a Carpentier a poco de casarse con él y luego sostuvo relaciones con buena parte del mundo artístico e intelectual cubano, hombres y mujeres. Ahora me entero por medio del especialista en Neruda, Hernán Loyola, que Eva además le fue infiel a Carpentier con el poeta chileno durante un viaje que la pareja hizo a España durante la Guerra Civil.
Es extraño que Alejo no se la mencionara a Toutouche, aunque ella, se ve en las cartas, fiscalizaba la vida amorosa de Carpentier, lo cual es en sí significativo, y probablemente habría desaprobado a Eva. Lina fue la pareja que el padre tránsfuga le pasó a Alejo. Pero lo más asombroso del vínculo entre madre e hijo que se desprende de Cartas, visible en las fotos de la portada (Lina) y contraportada (Alejo), es el extraordinario parecido entre ambos, como si la cara de Carpentier negara la intervención del padre perdido en su origen.
En cuanto a él, las Cartas  descubren que Lina y Alejo lo encontraron en Colombia, que Carpentier intentó infructuosamente establecer relaciones epistolares con él, que la familia, acomodada, era de Burdeos, donde Alejo la había visitado a los doce años (p. 104), que tuvo contactos tenues con ella más tarde durante sus años en París, y que sentía gran resentimiento contra Georges por el abandono. Siempre se refiere a él como “el otro”, recuerda que lo dejó “a los diecisiete años, débil, sin oficio, sin dinero, sin recursos ante la vida” (p. 65). No ha olvidado tampoco los malos tratos a los que el padre lo sometió de niño (p. 285). Todo esto contrasta con las declaraciones de Carpentier que pintaban al padre como un europeo harto de Europa, adepto a Dreyfus y por lo tanto asqueado de Francia, que emigró a Cuba en 1902 y consiguió brillantes empleos como ingeniero-arquitecto, a quien se deben algunos edificios importantes de La Habana de principios de siglo. Pero la capacidad de fabulación de Carpentier en lo que respecta a su vida, que he documentado en mi libro Cartas de Carpentier, es ya conocida, a partir de la mentira que siempre dijo de haber nacido en La Habana (en la calle Maloja, para más detalles), cuando ahora sabemos que había nacido en Lausana, Suiza.
Cartas a Toutouche  no resuelve las contradicciones que ahora surgen, y las incógnitas que estas versiones cruzadas crean. ¿Cómo fue que Georges llegó a conseguir tan jugosos contratos? ¿Qué fue de las propiedades que tuvo en Cuba, como la finca cerca de El Cotorro, donde Carpentier dice haberse criado? ¿Cómo fue que los poderosos socios de Georges no ayudaron al joven Alejo al verlo desamparado? Una biografía cabal, documentada, sin genuflexiones al aparato represivo cubano debía aclarar todo esto. Lo que sí queda claro leyendo las cartas a Lina es el rencor de Alejo contra Georges, lo cual tal vez ilumine la fisonomía de las (pocas) figuras paternas en su ficción, como las de Los pasos perdidos  y El siglo de las luces. También debe quedarnos de su lectura esa admiración por lo mucho que Alejo Carpentier logró, a pesar del traumático percance de la desaparición de su padre: el tesón y la disciplina que revela. Él mismo especula, en carta de 1931 (p. 262), si la desgracia no fue un acicate para sus éxitos, que entonces eran mínimos comparados con los que vendrían.
Descubrir ahora que Carpentier fue militante del ABC, desde París dicho sea de paso, es de sumo interés y permite aclarar no pocas incógnitas, no tanto sobre su conducta política temprana, como de su actuación en la Cuba de Fidel Castro. El ABC fue un grupo político de clase media, que contó con intelectuales probos y prestigiosos como Jorge Mañach y Francisco Ichaso, entre otros, que alcanzaron posiciones políticas relevantes durante la República, pero que se conoció también por sus actividades terroristas. En 1933, el ABC estuvo a favor de pactar con Sumner Welles, el procónsul enviado por los Estados Unidos a Cuba para intervenir en la caída del dictador Gerardo Machado y su secuela. Esto, y algunos roces con los comunistas, le crearon al ABC la reputación de ser una organización de derechas, lo cual es solo parcialmente cierto. En todo caso, Carpentier, que yo sepa, nunca manifestó pública ni privadamente su militancia en el ABC, lo cual hace con vehemencia en estas cartas a su madre, donde alardea de haber estado a cargo de propaganda en París. Hay que partir de que Carpentier fue en extremo precavido en cuestiones políticas, pero por encima de todo hay que tener en cuenta que el ABC fue estigmatizado por el régimen de Fidel Castro. Saber hoy que Carpentier fue miembro de este grupo explica varias cosas, entre otras los equívocos de Carpentier sobre su participación en la lucha contra Machado, pero especialmente la hostilidad contra él que siempre manifestó Juan Marinello, viejo comunista, que escribió reseñas negativas de ¡Écue! y de El acoso, y que en 1974, durante los festejos para celebrar los setenta de Carpentier y su incorporación al Partido Comunista, dijo que de entonces en adelante iba el novelista a hacer su mejor obra... ¡a partir de los setenta! Revela además este descubrimiento la conspiración de silencio que ha habido en la Cuba de Castro sobre el pasado político de Carpentier; muchos tienen que haber conocido la participación de Carpentier en el ABC, pero nunca se mencionó, ni apareció en las múltiples notas biográficas, cronologías, historias de la literatura, antologías, recopilaciones de artículos, ni ninguna de las tantas publicaciones de divulgación a todos niveles que han salido desde 1959. Fue un secreto colectivo impuesto por motivos partidistas, como el del lugar de nacimiento de Carpentier que, según me dicen, algunos siempre supieron en Cuba. La introducción y notas del presente libro perpetúan estas prácticas.
Lo que nunca llegamos a saber leyendo estas cartas es cuándo tuvo Carpentier el tiempo para hacerse de la vasta y profunda cultura que sin duda poseyó, cuándo leyó tanta literatura e historia, dónde aprendió tanto de historia del arte y de la música. Sus actividades con músicos contemporáneos, sobre las que sí nos enteramos en Cartas, nos permiten ver cómo Carpentier pudo estar tan al día en cuestiones de música clásica y popular de su momento. Pero la sólida preparación que llegó a tener, por ejemplo, en historia de América tuvo que exigirle horas de lectura de largos, complicados textos coloniales, algunos de difícil acceso en su época. En cuanto a su capacidad como investigador, que se manifiesta en todas sus grandes novelas, debe haberla adquirido solo, porque Carpentier, aparte del bachillerato cubano, y los inicios de una carrera de arquitectura en la Universidad de La Habana, fue un autodidacta. De la síntesis de todos esos conocimientos surgió su obra grande, cuando aprendió, probablemente del Dante, a conciliar la experiencia personal y la historia, en relatos en que los orígenes del Nuevo Mundo son el tema principal; por ejemplo en esa joya tardía suya que fue El arpa y la sombra. El cómo y el porqué del secreto de esa síntesis no lo íbamos a descubrir en Cartas, ni en ninguna otra parte. ~

martes, 10 de enero de 2012

Falleció el poeta luso venezolano Jorge Nunes, en Caracas

El escritor luchaba desde hace más de treinta años con la esclerosis

EL UNIVERSAL
martes 10 de enero de 2012  12:00 AM
El poeta y narrador luso venezolano, Jorge Nunes, falleció el viernes 6 de enero en Caracas.

Nació en Lisboa en 1942, y se graduó de psicólogo en la Universidad Central de Venezuela. Cursó estudios de posgrado en Inglaterra, y fue docente en la Universidad Nacional Experimental Simón Bolívar.

La información la suministró la narradora Silda Cordoliani, a través de la red social Facebook, y resaltó que Nunes "tuvo como condiscípulos a José Balza y a Carlos Noguera, y juntos formaron parte de varios grupos literarios", y añadió que "durante más de treinta años estuvo luchando contra la esclerosis".

En el portal www.artepoetica.net/jorge_nunes.htm se indica que fue "fundador en los años sesenta y setenta de revistas literarias y grupos editoriales como Intento, en Haa, Jaque mate y Falso cuaderno".

Nunes fue ganador del XXVII Concurso de Cuentos de El Nacional, en 1972, así como del Concurso de Cuentos del Festival de la Juventud y los Estudiantes en 1985. Su novela Ninfas, fábulas y manzanas obtuvo mención en el Concurso Guillermo Meneses de la UCV, en 1975.

Entre la obra poética publicada está Oscilaciones (1966), Imágenes y reflejos (1967), Fuego sucesivo (1972), Oculto en su memoria (1978), Aproximaciones al roce (1980) y Antología Poética (1997).



Jorge Nunes
http://www.artepoetica.net/Barras%20Gif/bar.gif

Antología poética
 

De “Oscilaciones”

III

La palabra es una proyección de lo imposible y el silencio su reflejo.
Estoy en un punto donde el delirio del pensamiento me aplasta.
Pese a todo, mi sombra me devuelve la plenitud de mi integridad.
Las manos comprimen los puñales y me asedian con constancia.
Mis ojos han perdido el brillo característico de su juventud.
Estoy en medio de una guerra que no comparto convertido en soldado infeliz de uno de los bandos.
El caos asiste a mi ruina y comprendo la inutilidad de toda actitud antagónica.
Mis músculos se aflojan en la medida en que comprendo que todavía me quedan posibilidades de vivir.
Tras sus huellas, en esta batalla increíble, asciendo hacia las vertientes del castillo opulento.
La cumbre me asfixia pero persiste la conciencia de la redención.
Pienso que al llegar a la torre podré, finalmente, atraparlos y concluir así mi explicación.
Las escaleras se multiplican mientras subo cada vez mas a prisa.
Contemplo la estancia vacía y los muebles en desorden.
Los enemigos han huido después de haber sido humillados por los vencedores.
A pesar de haber desertado, me siento satisfecho de esta victoria absurda.
Después supe que me habían fusilado.



X
5

Ahora, creo fenecer sin destruirme.
Soy, mientras imagino que las cosas existen.
Luego dejo de ser esa región y mi realidad se diluye.
La dimensión espacio-temporal ha dejado de ser una pesadilla.
Me esfuerzo por crear mientras destruyo y, en tanto, la realidad adquiere características reversibles que le permiten disolverse y constituirse.
Mi travesía se realiza en etapas.
Estoy en la oscuridad.
Ahora me acerco, ligero de vestiduras, a la pendiente.
Las cosas desaparecen y yo desaparezco con ellas.



De “Imágenes y reflejos”

VI

Te sobrepones.
El espejo te ha vencido antes de iniciarse la batalla.
Revisas la utilidad de tus armas de combate.
Compruebas que tu ataque ha sido abatido con la utilización de una estúpida defensa.
Planificas de nuevo la estrategia.
Te colocas entre dos sillas en posición horizontal, tocas el suelo con el dedo índice y te absorbes en el sueño.
...«Te sientes proyectado hacia el vacío. Contemplas el espejo girando alrededor de tu nariz... Extiendes la mano tratando de atraparlo»...
Te levantas del suelo, dolorido. El espejo, inmóvil, te observa con tus innumerables ojos.
Tratas de descubrirte en cada uno de ellos y compruebas que se multiplican mientras los desechas.
El espejo te aventaja porque tiene solo dos ojos que mirar. Tu reflejo ha comenzado a desplazarte.



XXV

Colgado en la pared  testimonias la derrota.
Estático, dispuesto a obedecer el llamado del asombro.
Desconcertante e inverosímil como al principio de cualquier historia.
El espejo, testigo que el tiempo aun no ha podido sobornar. Allí, silencioso...
Si usted se acerca y mimetiza su oído a la tenue superficie, podrá descubrir la confusión de la catástrofe; son gritos que intentan escaparse, como llamaradas del infierno que nos seducen e invitan a traspasar sus puertas.
Silencioso...
Desde adentro  usted lo oirá a él, todos los días, a cada instante.
Desesperado, le dará vueltas. Desgarrará la cara opaca.
Procederá a la resurrección de los escombros.
Constatará que le ha perdido el rastro a su existencia.
Entonces, también usted se verificara colgado en la pared, siempre deslumbrante, en un inagotable estallido de reflejos.



De “Fuego Sucesivo”

Mi padre quiso repetir en mí
todas sus historias.
puso sobre mis ojos una venda
que con el tiempo habría de caer.

Sobre tu cuerpo o bajo tu cuerpo
pasa el amor
como un amigo de siempre.
En tus ojos
o fuera de ellos
los ruidos se suceden como estertores de invierno.


******


Cada tiempo posee su símbolo
y cada habitante su tristeza.
La vida es para ser gastada antes que la muerte llegue.

Mi madre pequeña
grande en cada gesto o palabra regalada.
mi madre en la casona de amplios cuartos
preparando girasoles
para un porvenir
que nunca habría de llegar
deshojando cada día los mismos hábitos
haciéndose de horas y minutos
como un reloj.


****

Hay días en que uno se siente
desterrado de su propio corazón.
La ciudad permanece inalterable
Con sus calles, sus automóviles
sus parques sin amantes,
la ciudad de ruidos y cornetas
de humo y de voces extranjeras.
Es un exilio lento, triste e inesperado.
Como si de pronto las cosas
hubieran roto las unas con las otras,
como si los lazos y las posibles relaciones
se hubieran desvanecido.
Es la ciudad reptando pálida
delirando en gritos de protesta
víctima de una fiebre que nadie puede combatir.


Y aquí estamos. El uno con el otro
y sin embargo tan solos.
Como si la otra existencia
nada nos dijera de la propia
como si la ora voz
fuera apenas un ruido extraño en el espacio,
como si los otros brazos
nos prodigaran caricias
que en realidad no nos pertenecieran.


***



Mis amantes,
cada una que llega
trae el recuerdo de la que ya no está;
mis amantes,
ellas han sido cada una y todas
las vidas que me amaron,
ellas, como tú ahora,
también fueron las otras
y habrán de ser las de mañana.

****



De “Oculto en su Memoria”


Nada nos regresa

A Sael Ibáñez


Si no fuese posible
Hacer de la vida un barco
e irse por el mar
como si nada
como si por la vida.

Estamos aquí
                                   todavía pensando
en si la orilla es nuestra
y ya remontando el mar
todavía pensando en si esta playa es la playa
 y ya navegando
ebrios
ebrios
y la vida sobria
¡Cuántos fetiches y locuras
                                   y sueños!
Es inútil
nada nos regresa.




El viento tiende designios y otras profecías

A Eleazar León

Queda tan poco tiempo
Las cosas no estarán delante del ojo que las ve
Sólo conocemos rostros
que ahora huyen
silenciosos y sombríos
Viajan estériles y convulsos
a tientas
circundan las horas
a lo largo de orillas
cuya arena ya no acaricia nuestros pies
cuya arena ya no refleja nuestra
                                                           sombra.

¡Tan poco el tiempo que nos queda!
Solamente lo que ha sido conocido
podría después de todo descifrarse
y aún así sería nada.
Sólo la ilusión de la piel
                                                   justifica nuestro tránsito
Yo no soy de lo que habré todavía de
                                                                       Vivir
Incierto y presuroso
                                   navego
                                               en mi memoria        
Los relámpagos yacen donde la tormenta
                                                                       Diseña rostros diferentes
Junto a los antiguos malecones
                                                           el viento tiende designios
                                                                                  y otras profecías.



De “Aproximaciones al roce”

5

“Desde el fondo con la sed de ser”

Palabra y silencio. Certeza y duda. Bruma contenida entre los bordes de la elipse. Posible, engañosa bifurcación: lo cotidiano y lo infinito. La luz congrega sus propios resplandores: lo visto es el espacio que separa el acto de ver de la visión. El tiempo arde en lenguas de oro sobre las cenizas de los frutos. La imagen es el reflejo de la imagen como el círculo es el punto donde confluyen (desaparece) los ejes.


8

“Mientras las manos trazan un nuevo pensamiento del roce”

Todo intento de alcance concluye en aproximación. Desde adentro el espacio se comprime desterrando la imagen iniciada. Desecha y múltiple, socavando el infinito, la otra imagen desde afuera.



 
 
De “Retratos de arena”


9

Emily Dickinson


la nieve
desafío de sal
vedando el color
la calle
ramillete de lunares
la muchacha camina con la cesta de mimbre
regala huellas mínimas
el rostro convoca complicidad
capucha capa roja pasos blancos
emily dickinson danza en su bosque de abedules
música desde otra orilla
observo un sueño inconcluso
la miro repleta de invierno
como si contemplara sus propios pensamientos
el tránsito de sus pasos es la pérdida
la capa roja iluminando las señales
congeladas.



20

Picadilly


intacto
sombra custodiada por la noche
el invierno
racimo de picos embriagados de rocío
las palomas rasgan el aire
dulcemente contaminado por reciente primavera
medio día de abril
los pasos parecen fracturarse
el corazón anda a tientas por la calzada desierta
el abrigo de la muchacha es una interminable cobija negra
forra su cuerpo y sus sueños
los labios se comprimen las manos se enguantan
las bufandas ocultan rostros
la ciudad como de tránsito se apea
y persigue el curso de los dardos
cupido dispara sobre un blanco móvil
sólo el amor permanece desnudo
atrapado en las caricias de esta estación sin prisa.



30

Duendes

me visitan
susurran sortilegios
el crepúsculo
habla del encanto de los bosques
arcoiris
fuego siempre ceniza
astros goteando sombra
luz y proximidad
trapecio
el salto
vacío
la forma.



39

Secreto

amo el rastro
el aroma
lo de ti ausente
días cómplices, efluvios
esta lluvia diseñando paisajes rasgados
de esa muerta nadie habla
¿la infancia?
¿el secreto deseo?
oculto en la humedad del sótano
el baúl te espera todavía.


Géminis (Poema independiente incluido en la Antología Poética de Monte Ávila Editores, 1997)

Géminis
de tu infancia nada queda
Apenas uno que otro rasguño en las rodillas
y quizá la falda demasiado corta
sobre los muslos.

Géminis atrevidamente diseñada
sobre inmensos ojos verdes
extendida como hilo de seda
sobre un nombre que sabe a vodka
y transpira el olor de las estepas. 

Géminis
de casaca roja
empuñando los senos como armas
mientras el sable
traza caminos rotos en el aire.

Géminis
de junios incestuosos
descubierta en la garganta del invierno
violada sin promesas
sacrificada a todos los tormentos
por ahí andan los negros sombreros de las brujas
cabalgando tu ternura en sus escobas.

Géminis
adivinada
intuida
Géminis
vikinga y sarracena
despedazada y destronada.

Géminis
afrodisíaca y tumultuosa
hiriente y sacrosanta
Géminis
ruidosamente silenciosa
acorralada siempre en tu sonrisa
como en una media luna adolescente.

Géminis
profana y profanada
escondida a gritos
detrás de unos caballos casi rubios
mordiendo las palabras lentamente
diluyendo los días por venir
sobre el reflejo de los días recordados.

Géminis
de tu adolescencia nada queda
Apenas uno que otro libro de lectura
unas medias cortamente tobilleras
y algunas risas de cinco de la tarde a la salida del liceo.

Géminis absolutamente renunciada
¿Dónde comenzó este desastre?
¿En qué guerra extraviaste tu inocencia?
¿En qué combaste perdiste para siempre tu ternura?

Géminis
piccola bambina
cuerpo de gacela blanca haciendo nubes
el pubis más oscuro
y el sexo ajeno a las más cotidianas alegrías.

Géminis
marmalade baby
¿Dónde están las mandarinas del verano
 y las muñecas de aserrín
que decían mamá y hasta lloraban?

Géminis
Alicia miúda do país das insignificancias
¿Dónde para nunca los castillos de chocolate derrumbados?
¿En qué muelle para siempre las barcas de caramelo derretidas?

Géminis
cuento tus dedos de las manos y los pies
 y me sobran números aún
para contar todas tus historias.
Cuento las lunas y los soles
los días de semana y los feriados
cuento tus lunares y cuento tus estrellas
y los números me sobran todavía
para contar todas tus tristezas.

Géminis de otoño
árboles grises y hojas secas.
Géminis de primavera
violetas y rosas extrañamente muertas.
Géminis de verano
nostalgia y girasoles
gaitas escocesas
y cisnes en los lagos.
Géminis de invierno
calles desiertas y lluvia en los cristales.
Géminis de nieve
Géminis erótica
Géminis de sombras inflexibles
Géminis desnuda en las postrimerías del orgasmo
Géminis de lenguas terminantes
poderosa
intermitente
y deleznable.

Géminis
de ríos caudalosos
montañas cálidas
y volcanes explosivos.
Géminis
huyendo hacia la casa del misterio
rescatando en Venus las promesas no cumplidas.

Géminis
diluida en finas transparencias
ciega sola
sobre arcoiris y relámpagos
Géminis
apetecida y apetecible
de ojos públicos
y vertientes inauditas.

Géminis
ofrecida
prestada
o tomada por asalto.

Géminis
creciendo desde otra edad
que no fue la infancia.
Géminis menuda
rostro lánguido
sobre el relieve de los senos púberes.

Géminis
huyendo por la noche
alcanzada
penetrada
oscurecida.

Géminis
de flores no regadas
de horas sumergidas
de hímenes desechos.

Géminis
desafiada
combatida y derrotada.
Géminis
aferrada a los presagios
inundada de horas y silencios
de falos no deseados
y húmedos paisajes escolares.

Géminis diminuta
creciendo siempre desde otra edad
que no la infancia
abordando naves lejanas a tu vida
Géminis terrena
vencida
vikinga y sarracena.

Géminis
nada queda
Apenas uno que otro rasguño
en las rodillas
quizá la falda demasiado corta sobre los muslos.
Géminis
nada queda
apenas uno que otro libro de lectura
unas medias cortamente tobilleras
y algunas risas de cinco de la tarde a la salida del liceo.

Géminis
de tu adolescencia y de tu infancia
nada queda.

Géminis
si no la niña
si no la joven
¿Quién eres entonces?
¿De qué oscuro maleficio
proviene tu locura?
¿En qué inextricable laberinto
te condenas?

Géminis
si no en tus quince transparencias
si no en tus quince dudosas estaciones
si no en tus quince desvanecidos cumpleaños
¿En qué mármol frío se anuncia tu esqueleto?
¿En qué tumba milenaria
vigilas tu aún no decretado nacimiento?

Géminis
invento mío
dulce pesadilla
de los años por venir
estate ahí
callada y circunspecta
sonríe desde mi memoria sin tormento
hoy es junio
y tu eres virgen todavía.

 


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