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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 15 de marzo de 2012


 
A propósito de la visita del Papa a Cuba
Cuba y la religión en el tercer milenio: con Dios pero sin dogma.
 
Cuando estaba escribiendo mi artículo “La nación cubana y la Iglesia Católica. Recordatorios y desafíos para una sana relación en libertad”, publicado en la revista digital Cubaencuentro el lunes 5 de marzo del 2012, no me imaginé ni por un momento que el tema que más controversia iba a provocar sería el del creacionismo versus darwinismo como podrán ver si consultan los 26 comentarios recibidos hasta la fechaa partir de mi opinión de que  “el creacionismo y el darwinismo pueden convivir sin darse golpes entre sí, complementándose y reafirmándose el uno con el otro, así que ojalá que el pueblo cubano, tan necesitado de Dios como ninguno, sepa verlo y amarlo sin las trampas de la fe católica”, por lo que decidí escribir una segunda parte, que es esta que ahora me ocupa.  
      Cuando yo tenía 9 años, en 1964, precisamente mi temprana lectura de El origen de las especies, de Charles Darwin, me llevó a la conclusión de que lo de Adán y Eva era solo una fantasía de la Biblia para explicar la génesis del hombre, por lo que inferí que todo el Catecismo que me daban en la iglesia de La Caridad, en Matanzas, mi ciudad natal, también era pura mitología cristiana y no realidad.
      Debido a Darwin, le dije a Elsa Garrote, mi madre, que no iba más a la Iglesia a recibir el Catecismo, y me quedé bautizado y con la primera comunión tomada, pero sin la fe religiosa tradicional –bastante pragmática por cierto– de mi familia y del pueblo cubano, aunque tampoco quise ser pionero –fui el único niño no pionero de mi escuela primaria– ; mire usted qué cosa, ateo, pero negado a ser pionero; ni con la Iglesia ni con Fidel, y con solo 9 años.   
      Tuve que vivir 15 años más para que, a los 24 años, empezara a creer en los santos, las vírgenes y los espíritus, y por ende, en Dios, por lo que me expongo a referir mi propia experiencia porque estoy convencido de que la relación con Dios –o el Todo, como le llama Hermes Trismegistus en el Kybalion– debe ser un encuentro personal, basado mucho más en el conocimiento y en las vivencias de cada quien que en la obediencia ciega a un dogma, aunque el mismo tenga ya 2012 años.
      A los 24 años yo me burlaba de las promesas a San Lázaro, al decirle que si me paraba un auto para ir de La Habana a Matanzas “en botella” (autostop), yo iba a ir al Rincón con un bola de hierro en el pie, cosa que nunca cumplí, pese a que más de cuarenta veces me pararon y me llevaron, y un día, de repente, perdí el control de mis piernas y me quedé inválido. Ya en el hospital, escuché mentalmente una voz que me dijo: “No te asustes, es San Lázaro, que quiere que de ahora en adelante lo respetes”, y entonces le dije, también mentalmente: “Si yo vuelvo a caminar, voy al Rincón y me disculpo”.
      Al otro día, al despertarme, pude caminar y fui al Rincón como había prometido, y a partir de ahí comenzó una relación de respeto, de fe y de amor con San Lázaro, que ha ido in crescendo con el tiempo, pues he sido testigo de muchos  de sus milagros, y en consecuencia también comencé a creer en Dios y a cultivarme leyendo la Biblia   –Antiguo y Nuevo Testamento–; el Kybalion; textos sobre la religión hindú, egipcia, yoruba (en la que creo con mucha fe “pese a ser blanco”, con dos santeros de confianza con los que me consulto cada vez que voy a La Habana); libros sobre las vidas pasadas, y los de Depra Chopra, etc.
      Todo ello me ha llevado a configurar mi propia visión del mundo sobrenatural, como yo le llamo, que me gustaría compartir con los lectores, en estos momentos en que el Papa visitará pronto a Cuba, para que el ansia de otro mensaje diferente no nos lleve a retroceder en la libertad de pensamiento, y que el resto del tercer milenio cubano sea  con Dios pero sin dogma.
 
El mundo sobrenatural que nos tutela
 
“La esencia de todo lo existente en el Universo es la energía divina –su fuente primigenia natural–, que dota de alma a los seres vivos, que sin ella no serían más que máquinas perfectas de sangre, carne, piel y huesos.
Esta energía divina tiene dos dimensiones naturales: la terrenal y la sobrenatural, conectadas entre sí por un ciclo cerrado de vida y muerte regido por esta última.
Cuando alguien muere, su espíritu cambia de dimensión y se incorpora al Banco de Energía del Universo, gobernado por Dios –el Todo–, con sus variantes multiculturales: Alá, Krsna, Olofi, Amón-Ra, etc.
Los que fallecen después de una vida plena, en la que pudieron aportar algo valioso a la humanidad, después de haber evolucionado por varios ciclos de vida-muerte en busca de su perfeccionamiento, permanecen en el éter con una especie de frecuencia radial propia, a disposición de quienes en el mundo terrenal necesiten de su ayuda y se pongan en esa misma frecuencia, investigando o interpretando su vida, por lo que es común que los actores y bailarines “sientan” que los personajes muertos que interpretan se comunican con ellos –o con sus archivos o registros akáhsicos, si es que ya han reencarnado–. Los registros akáshicos (de akasha, en sánscrito: cielo, espacio, éter), son una especie de memoria de todo lo que ha acontecido desde el inicio de los tiempos, que estaría registrada en el éter –ese fluido impalpable, inmaterial, sutil e intangible, que los antiguos hindúes suponían que penetraba todo el universo, y que era el vehículo del sonido y la vida–, hoy rebautizado como “ciberespacio”. El adjetivo akáshico es un neologismo acuñado por la teósofa británica Annie Bésant (1847-1933), aunque hay quienes se lo atribuyen a Helena Blavatsky. Según la Bésant, quienes pueden acceder a estos registros son aquellas personas con dones espirituales –como los chamanes u otro tipo de médiums–, y el modo de ingreso a dichos registros sería por medio del sueño lúcido, la proyección astral u otras formas de “experiencias fuera del cuerpo”. Este concepto es de uso mayoritario en las diferentes doctrinas que componen “la Nueva Era”. Sus partidarios creen que estos registros akáshicos han existido desde el principio de la creación del universo, creados por Dios para algún propósito específico, desconocido para el hombre, cual una “base de datos” de los mundos vegetal, animal, mineral y humano; así como de la historia, los fenómenos paranormales, el conocimiento trascendental de las cosas y la vida cotidiana.
 
Aquellos que al morir dejan cosas importantes inconclusas, o que su desarrollo espiritual aún es insuficiente, vuelven a reencarnar después de limpiar su memoria superficial en el Banco de Energía del Supremo, para continuar su ciclo-espiral de crecimiento humano, que cesa cuando se vuelven santos, a imagen y semejanza de Dios, siendo los intercesores de la Humanidad ante él, como San Lázaro, San Judas Tadeo, y tantos y tantos otros que existen así en esa dimensión, al haber renunciado al éxtasis de la absorción por el Todo con el fin de ayudar a la Humanidad en su viaje hacia arriba, a lo largo de los sucesivos ciclos de vida-muerte mencionados.
Quienes perecen jóvenes, por enfermedad o muerte violenta, sea ésta por su propia mano, asesinados o en accidentes, sufren una ruptura en su ciclo, y su ascensión al Banco de Energía del Universo se dificulta, quedándose pegados al plano tierra y a sus familiares cercanos, que deben darles misas en la Iglesia para que se eleven y acepten su muerte y la separación de sus seres queridos, sin tratar de molestarlos ni de “llevárselos”, cosa que a veces intentan.
Cuando los familiares ignoran todo esto, dichas almas truncadas se aparecen en cuanta sesión de la Ouija se celebra en la Tierra, y perturban a los que los convocan de este modo, hasta que los familiares y amigos recurren a las mencionadas misas.
Otros, más atrasados aún, son utilizados por hechiceros alejados de Dios para hacerle daño a sus semejantes por encargo de sus enemigos inescrupulosos, pero esto Dios lo desaprueba y generalmente se vira contra el que lo usa.
Los hay que “vienen” a las sesiones espiritistas a manifestarse ante sus familiares y amigos para alertarlos de algo malo que pudiera pasarles,  sea por destino o por daños de terceros, pues en el mundo sobrenatural es totalmente factible conocer el futuro (de ahí la fuente del conocimiento de adivinos y pitonisas).
Solo la comunión con Dios, a través de las mencionadas misas, puede lograr que estas almas se eleven al fin y se incorporen de nuevo a su ciclo- espiral de desarrollo, aunque algunas, que no logran esa suerte, se quedan pegadas a la Tierra para ayudar a los médiums a predecir el futuro, y a leer el pasado y el presente de los que los consultan a través de caracoles, runas, cocos o cartas, sean las tradicionales o las del Tarot.
La Ley de la Naturaleza determina entonces que después de abandonar definitivamente su cuerpo temporal, cada alma tendrá que aceptar otro cuerpo conforme a su karma, decisión que depende del juicio de la agencia superior de Dios (de Krsna, de Olofi, de Alá, como se le quiera llamar), y tras este juicio recibirá ya ese otro cuerpo.
      Debemos aceptar que Dios es el propietario de todo, y el Todo. Nosotros ahora somos solamente sus invitados en el mundo terrenal durante 50 o 100 años; el cuerpo es el vehículo, el tren del alma. Si alguien comprende y acepta esto, alcanzará la paz, al conectar su inteligencia circunscrita con la inteligencia no circunscrita del Todo”.
      No pretendo imponerle a nadie mi cosmovisión sobre lo que yo llamo “el mundo sobrenatural” y su relación con el terrenal en que vivimos, sino que mi objetivo es que cada quien encuentre su verdad por sí mismo, sin acatar ningún dogma nuevo o antiguo, para que la visita del Papa representando a la Iglesia Católica le sirva al pueblo cubano para exorcizar a sus demonios a través de las misas que se celebrarán, pero sin regresar a la Edad Media ni entrar en conflicto con sus creencias yorubas o de cualquier otra religión.
                                       Baltasar Santiago Martín
                                   Miami, 8 de marzo del 2012

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