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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


domingo, 29 de abril de 2012

La 'mala fama' de Heberto Padilla

Belkis Cuza Malé. El Nuevo Herald, septiembre 27, 2002.

En la foto, Belkis, Heberto y Pablo Armando Fernández

Han pasado dos años desde aquel 24 de septiembre de 2000, cuando Heberto Padilla fue hallado muerto en su apartamento de la Universidad de Auburn, en Alabama. Desde entonces se ha escrito mucho sobre su obra y su persona. Más sobre su persona. Y eso se debe, seguramente, a esa ''mala fama'' que Fidel Castro se encargó de endilgarle al autor de Fuera del juego, como se cuelga una medalla de oprobio en el corazón de un poeta, de modo que fuese una mancha o ''un nudo en la madera de mis contemporáneos'', como diría el propio Heberto de sí mismo en uno de sus más conocidos versos.
Nuestros escritores y artistas, en apariencia auspiciados al principio por la revolución castrista, se convirtieron pronto en sus víctimas más sutiles al ir perdiendo no sólo las ilusiones, sino incluso la vida, en circunstancias que ahora vemos cada día más claras. Como en las extrañas muertes o suicidios de ciertos políticos y personajes liquidados por el gobierno, habría que preguntarse quiénes fueron los verdaderos culpables de la desaparición física de José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Enrique Labrador Ruiz, Guillermo Rosales, René Ariza, Reinaldo Arenas y hasta el poeta Eliseo Diego, así como la de tantos otros artistas que han perecido a lo largo de estos años, dentro o fuera de Cuba, la mayoría silenciados, expulsados de los círculos de creación, encarcelados, o negados en su condición de intelectuales.
Víctimas también lo son los que se convierten en burócratas de la cultura oficial, en defensores de la dictadura, por la ambición de ver su nombre impreso, por un viajecito, un premio o un libro en una editorial extranjera. Porque, ¿de qué se nutre un verdadero escritor, un artista, sino de la libertad que necesita para expresarse, de ese flujo y reflujo del pensamiento que no yace en cárcel oprobiosa, sino en la dimensión sin fronteras de la imaginación?
En el caso de Heberto, nadie puede impugnarle errores que no cometió. La mayoría ignora qué sucedió realmente con él, por qué saltó a la fama (''la mala fama'', diría él) en un abrir y cerrar de ojos, cuando las cárceles del país estaban llenas y se fusilaba a diario. ¿Qué importancia tenía que un poeta fuera a dar a la cárcel? En 1971, en las celdas de la Seguridad del Estado de Villa Marista, las paredes guardaban la última señal, la última marca de algún recién fusilado. Entonces, no todos los que eran puestos a disposición del Tribunal Revolucionario Número Uno de la Cabaña salían con vida o sin largos años de condena. Y ése era el Tribunal que se encargaría de juzgarnos a Heberto y a mí.
En uno de sus más temibles discursos, el que pronunció en marzo de 1971, Castro señaló que en los próximos días se harían ''revelaciones trascendentales'' sobre una nueva conspiración de la CIA. Y es que entre los planes del tirano estaba el encausar a Heberto como agente de la CIA, cosa que impidió la reacción mundial de los intelectuales del mundo, muchos de ellos defensores a ciegas de la revolución. En lugar de condenarnos a cadena perpetua, Castro escogió con mucho sadismo la destrucción de Heberto Padilla.
Pero la autocrítica de Heberto Padilla, de la que participaron por voluntad propia Pablo Armando Fernández, César López, Manuel Díaz Martínez y yo, pone de relieve la naturaleza estúpida del sistema comunista, la mentalidad siniestra de sus jueces. ¿A quién se le ocurrió la autocrítica de un grupo de escritores, rodeados de policías vestidos de paisanos? A Castro no le importaba que la gente creyese o no en nuestra autocrítica. Sólo pedía --en lugar de la cabeza de Padilla--, la humillación, la retractación. No se trataba de un castigo, sino de algo peor, una muerte silenciosa, el deshonor eterno.
Hace unos días, el poeta y crítico cubano Cintio Vitier, a quien no se cansan de hacerle homenajes en el exilio, y encontrar excusas para su triste papel de abogado del diablo (él, tan católico), concedió una entrevista al periódico Reforma de México donde dice que a Heberto Padilla nunca lo torturaron en Villa Marista, como si la definición moderna de tortura siguiese siendo la que vemos en el cuadro del Bosco, la de aquel hombre al que le están perforando el cráneo.
Yo, que fui la única persona que lo vio en la cárcel, a los catorce días de permanecer incomunicado, puedo asegurar que Heberto fue torturado por la Seguridad del Estado, que se le inyectaron drogas en las venas para que hablara (o escribiera con su puño y letra una declaración de autodegradación que le fue presentada), y que lo golpearon y maltrataron, al extremo de que enfermó de los riñones, y tuvo que ser ingresado en el hospital militar, y permanecer allí durante el resto del tiempo que estuvo detenido.
Alrededor de la figura de Heberto Padilla se ha movido siempre la controversia: por un lado los admiradores de su poesía, de su gran talento creador, de los que entienden verdaderamente ''su caso'', la opresión del sistema comunista; y por otro los enemigos políticos, sus detractores más feroces, esa izquierda abominable que le puso siempre zancadillas en las universidades y en muchos otros sitios.
Apesar de lo que decía, Heberto no supo o no pudo arrancarse de una vez por todas esa segunda piel en que se había convertido su ''mala fama''. Vivía con una depresión crónica, producto de todo lo sufrido, de la desilusión y el dolor de haber escrito una poesía profética, tras haber permanecido un año en la antigua Unión Soviética.
La oficilidad de la Unión de Escritores quisiera, sin embargo, que todos padeciéramos de ''mala memoria'' y olvidásemos los hechos que condujeron a esa odiosa autocrítica. Que se borrase para siempre ''el caso Padilla''. No los vamos a complacer, no vamos a borrar nada. Lo que hoy pretende ser llamado un ''error'' de la revolución es una muestra inolvidable de que la opresión intelectual, el escarnio y la falta de libertades no han dejado de existir desde que se produjo ''el caso Padilla''. En cambio, la poesía de Heberto es cada día más trasparente, más útil, más hermosa. Y los que lo recuerdan, que son muchos, saben que ''sí fue un poeta del porvenir''. Un gran poeta. Floreciendo como las palmas.
belkisbell@aol.com

sábado, 28 de abril de 2012

"El coro mágico" La cultura rusa de Tolstoi a Solzhenitsyn:
Un repaso por la difícil relación del intelectual ruso con el poder
En un ensayo ameno, documentado y lleno de anécdotas sorprendentes, el periodista ruso Solomon Volkov expone las conflictivas relaciones de los intelectuales con el gobierno durante el siglo XX, desde el zarismo a la era soviética.  
Pedro Pablo Guerrero 
Excomulgado en 1901 por el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa -dependiente del emperador-, Tolstoi envió una carta a Nicolás II un año más tarde: "La autocracia es una forma de gobierno obsoleta". Como el zar ni siquiera se dio el trabajo de responderle, el autor de La guerra y la paz lo trató de "patético, débil y estúpido". Por mucho menos, otro escritor que no fuera Tolstoi hubiera terminado en Siberia. El editor de un diario escribió: "Tenemos dos zares. ¿Cuál es más fuerte?". La pregunta rondaría a lo largo de todo el siglo XX. Un "gallito" permanente entre el poder y el artista, incluso en situaciones de colaboración, algo que llegó a ser común durante la era soviética, alcanzando momentos de una franqueza brutal.
"Te sugiero que entierres todos los teatros. El comisario de Educación del Pueblo no debería estar ocupándose del teatro, sino enseñando gramática", reprendió un exasperado Lenin a Anatoli Lunacharski, quien se empecinaba en mantener abierto el Bolshoi, contra la opinión del líder revolucionario, para quien la ópera y el ballet eran "ejemplos de cultura puramente burguesa". El mensaje de Lenin a Lunacharski llegó un día después de la ejecución del poeta Nikolái Gumilev. Inspirado en el ejemplo de Tolstoi, aunque sin tener igual de seguras las espaldas, Gumiliov se ufanaba en público: "Los bolcheviques no se atreverán a tocarme".
En El coro mágico -expresión acuñada por Anna Ajmátova- el historiador y periodista Solomon Volkov reúne a los mayores exponentes de la cultura rusa, centrándose en los escritores Lev Tolstoi, Maksim Gorki y Alexandr Solzhenitsyn. Los tres habrían desarrollado, a su manera, una idea que Solzhenitsyn expresa en su obra autobiográfica El primer círculo : "en Rusia, un gran escritor es como un segundo gobierno". El ensayo de Volkov no sólo ofrece un panorama documentado y ameno de la intelligentsia -concepto específicamente ruso, según el autor- en sus relaciones con los gobernantes, desde comienzos del siglo XX hasta los años de la perestroika. El coro mágico también desmiente arraigadas idealizaciones de sus protagonistas y más de un prejuicio acerca de los omnipotentes líderes a los que desafiaron.
¿Creería alguien, por ejemplo, que Stalin era un apasionado del cine, de la música clásica, el ballet y, sobre todo, de la ópera rusa (Glinka, Borodin, Mussorgsky, Chaikovski y Rimsky-Korsakov)? ¿Cómo se puede entender que consumiera más alta cultura que el propio Lenin y que éste, en cambio, confesara: "Soy incapaz de considerar las obras del expresionismo, el cubismo, el futurismo y cualquier otro ismo como la mayor manifestación del genio artístico"? ¿Quién podría imaginar hoy el entusiasmo con el que el dictador soviético leía literatura, asistía al teatro y publicaba críticas anónimas en la prensa oficial? ¿Por qué condenó a muerte a más de 600 escritores y, en cambio, perdonó la vida de un puñado -Ajmátova, Platónov, Tsvetáieva, Pasternak, Shólojov- que desafió los dogmas del realismo socialista y la historia oficial?
Ni siquiera el exhaustivo autor de El coro mágico puede resolver totalmente estos enigmas, pero entrega una imagen de Stalin que destaca por su habilidad para captar el favor de artistas de talento y aplicar a los intelectuales más díscolos la estrategia del palo y la zanahoria mientras le resultaban útiles.
La maldición del Nobel
Volkov recuerda los casos de tres intelectuales prominentes acusados por la inteligencia soviética de integrar un grupo trotskista y de participar, como agentes de gobiernos extranjeros, en una "organización terrorista conspirativa". Se trataba del escritor Isak Bábel, el director teatral Vsevolod Meyerhold y el periodista Mijail Koltsov. Todos fueron arrestados a finales de 1938 y principios de 1939, y ejecutados en 1940 después de ser obligados a denunciar, bajo tortura, a otros miembros de la intelligentsia rusa.
Pero en el implacable libro de Volkov ni siquiera estas muertes, dignas de compasión, convierten automáticamente a los intelectuales en mártires del régimen. El autor se refiere a Bábel, el excelente cuentista de Caballería roja , como "un tipo con un pasado lleno de sombras", que trabajó en su juventud para la Cheka (policía secreta) y, a diferencia de Shólojov, guardó silencio durante el cruel proceso de colectivización agraria. Koltsov, por su parte, fue el periodista favorito de Stalin, hasta que, tras la muerte de Gorki, cayó en desgracia por su amistad con Malraux. Oportunista, Meyerhold, militante bolchevique desde 1918, se arrimó a la sombra de escritores notables -Chéjov, Blok, Mayakovski- que nunca llegaron a confiar por completo en él.
Un caso patético fue el de Boris Pasternak, que trabajó diez años en su libro más querido: Doctor Zhivago . Volkov destaca los puntos de contacto con Tolstoi, partiendo por su filosofía cristiana. El padre de Pasternak había ilustrado la novela Resurrección . Pasternak incluso llegó a inventar que había visto a Tolstoi cuando tenía cuatro años. En todo caso, superó al maestro en temeridad: se atrevió a mandar los originales de su novela al extranjero, donde fue publicada. El escándalo estalló cuando recibió el Premio Nobel en 1958. Pasternak -anota Volkov- fue expulsado del Sindicato de Escritores, como Tolstoi había sido expulsado de la iglesia ortodoxa. Jruschov, que no leyó la novela, sino un resumen de unas cuantas páginas, inició una campaña feroz contra su autor: denuncias en los diarios, como en los viejos tiempos; cartas airadas de "trabajadores soviéticos anónimos"; condenas de escritores rusos, algunos de ellos talentosos, y una diatriba ante 14 mil personas del líder de las Juventudes Comunistas, con insultos dictados por el propio Jruschov.
El mundo quedó atónito cuando Pravda publicó dos cartas de arrepentimiento del novelista, una de ellas dirigida a Jruschov en la que anunciaba su "negativa voluntaria" a recibir el Nobel. La historia se repitió en 1970, año en que la Academia Sueca otorgó el Nobel a Alexandr Solzhenitsyn. El disidente ruso tampoco pudo viajar a recibirlo.
Pero cuando en 1987 ganó el premio Joseph Brodsky -exiliado en Estados Unidos-, el gobierno de Gorbachov permitió a una revista publicar varios de sus poemas. Los tiempos habían cambiado. La perestroika hizo posible la edición, por primera vez en Rusia, de libros como Vida y destino , de Vasili Grossman; Réquiem , de Ajmátova, y Corazón de perro , de Bulgákov. Desde los archivos de la KGB, salieron a la luz pruebas irrefutales de crímenes contra la intelectualidad, expuestas por el investigador Vitali Shentalinski en su trilogía Esclavos de la libertad , Denuncia contra Sócrates y Crimen sin castigo (Galaxia Gutenberg). Gracias a esta apertura documental, se han escrito libros tan importantes como el ensayo El baile de Natacha: Una historia cultural rusa (2002; Edhasa, 2006), de Orlando Figes, y la novela Europa Central (2005), del norteamericano William T. Vollmann.
Pero no todo es tan positivo. Volkov describe al final de su ensayo la cara menos amable de la cultura rusa: las encuestas de opinión revelan durante los últimos años un rápido descenso en la influencia de los intelectuales sobre la sociedad. Esta crisis de la élite fue advertida por Solzhenitsyn ("el único escritor cuyo nombre surgía todavía como barómetro moral y líder cultural"). Muerto en 2008, los escritores hoy aparecen desplazados como referentes. Toman su lugar, dice Volkov, cineastas como Nikita Mijalkov, Alexei Guerman y, sobre todo, Alexandr Sokurov. Su película "El arca rusa" (2002) muestra el país, igual que a principios del siglo XX, en una encrucijada.
"Navegaremos para siempre, viviremos para siempre", son las últimas palabras de la cinta. Expresan, tal vez, el deseo de perduración de una intelligentsia que ha convivido siempre con la autocracia. Desaparecida o debilitada esta última, escritores y artistas podrían correr la misma suerte. Si quieren sobrevivir, deben optar entre un nuevo poder omnímodo, por difuso que sea, o la erradicación de cualquier forma de totalitarismo.
 Stalin como crítico musical de Shostakovich
Uno de los mejores ejemplos del doble vínculo entre el dictador y los artistas es la relación que mantuvo con el músico Dmitri Shostakovich, tema sobre el que Volkov escribió un libro entero: Shostakovich and Stalin: The Extraordinary Relationship Between the Great Composer and the Brutal Dictator (2004).
El primer contacto con la obra del compositor ruso desató la ira de Stalin. Luego de asistir el 26 de enero de 1936 a una función de la ópera "Lady Macbeth del distrito de Mtsensk", el dictador inició una virulenta campaña de prensa contra el formalismo de Shostakovich. Abrió el fuego un editorial del Pravda titulado "Ruido en vez de música", escrito o dictado por el mismo Stalin, según ha logrado establecer Volkov. "Desde el primer minuto, el público queda anonadado por el confuso aluvión de sonidos, intencionadamente desprovistos de armonía (...). Es una música difícil de seguir e imposible de recordar", decía el artículo, atacando a continuación la "fealdad izquierdista" de la ópera, para rematar con una amenaza velada: "Estos juegos con lo esotérico pueden acabar muy mal".
Shostakovich recibió dos andanadas más en el mismo diario, ambas sin firmar.
Inesperadamente, una de las glorias vivas de la literatura soviética, el escritor Maksim Gorki, salió en defensa del compositor. En su opinión, los ataques ponían en riesgo el proceso de "culturización" forzado de una sociedad mayoritariamente analfabeta, a la vez que perjudicaban la imagen internacional de la Unión Soviética. Intelectuales amigos, como Romain Rolland y André Malraux, también intercedieron por el músico.
Luego de que Gorki le enviara una carta a Stalin, los ataques cesaron. El misterioso crítico musical del Pravda cambió de opinión. La "Quinta sinfonía", compuesta por Shostakovich en 1937, fue descrita como una "respuesta creativa y seria de un artista soviético a unas críticas justas". Para Volkov, en cambio, es una obra profundamente "ambigua". Plena, a la vez, de un socialismo patriótico y reflejo del gran terror desatado a fines de los años treinta. "La partitura de Shostakovich es una vasija mágica que cada oyente llena imaginariamente a su antojo", resume.
En el proceso de rehabilitación del músico, le fue concedido a su "Quinteto para piano" (1940) el premio Stalin. La invasión alemana de 1941 estrechó aún más esta alianza instrumental. Durante el asedio a Leningrado, Shostakovich escribió el primer movimiento de la "Séptima sinfonía". Luego fue evacuado en un avión enviado por Stalin. Lo mismo se hizo con Ajmátova, Zoshchenko y el cineasta Sergei Eisenstein, a quien sacaron de Moscú cuando empezaba a dirigir "Iván el terrible".
Terminada la Segunda Guerra, Stalin ya no necesitó a los intelectuales. Reemprendió entonces su campaña contra el formalismo. Durante la purga ejecutada por Zhdanov en 1948, Shostakovich fue condenado al silencio, junto a los compositores Prokofiev, Khachaturian, Miaskovsky, Shebalin y Popov. La misma suerte corrieron Ajmátova y Eisenstein.
Según Volkov, Shostakovich nunca se hizo ilusiones acerca del régimen estalinista, y aceptó dar al César lo que era suyo. Únicamente lo salvó su carácter. "Neurótico y agitado, con un aspecto más propio de un escolar asustado gracias a sus gafas redondas y su cabello revuelto, Shostakovich poseía, sin embargo, una disciplina inigualable y una extraordinaria confianza en su talento creativo, lo que le ayudó a sobrellevar los ataques personales de Stalin".

viernes, 27 de abril de 2012

Jorge Luis Borges entrevistado por Mario Vargas Llosa


 
 
 
 
Entrevista a Jorge Luis Borges
por Mario Vargas Llosa
En 1963, en París, Mario Vargas Llosa, en aquel entonces toda una promesa de las letras peruanas, tuvo la ocasión de entrevistar a uno de sus ídolos: el escritor argentino Jorge Luis Borges.
-Discúlpeme usted, Jorge Luis Borges, pero lo único que se me ocurre para comenzar esta entrevista es una pregunta convencional: ¿cuál es la razón de su visita a Francia?
-Fui invitado a dos congresos por el Congreso por la Libertad de la Cultura, en Berlín. Fui invitado también por la Deutsche Regierum, por el gobierno alemán, y luego mi gira continuó y estuve en Holanda, en la ciudad de Amsterdam, que tenía muchas ganas de conocer. Luego mi secretaria María Esther Vázquez y yo seguimos por Inglaterra, Escocia, Suecia, Dinamarca y ahora estoy en París. El sábado iremos a Madrid , donde permaneceremos una semana. Luego, volveremos a la patria. Todo esto habrá durado poco más de dos meses.
-Tengo entendido que asistió al Coloquio que se ha celebrado recientemente en Berlín entre escritores alemanes y latinoamericanos. ¿Quiere darme su impresión de este encuentro?
-Bueno, este encuentro fue agradable en el sentido de que pude conversar con muchos colegas míos. Pero en cuanto a los resultados de esos congresos, creo que son puramente negativos. Y, además, parece que nuestra época nos obliga a ello, yo tuve que expresar mi sorpresa -no exenta de melancolía -, de que en una reunión de escritores se hablara tan poco de literatura y tanto de política, un tema que es más bien, bueno, digamos tedioso. Pero, desde luego, agradezco haber sido invitado a ese congreso, ya que para un hombre sin mayores posibilidades económicas como yo, esto me ha permitido conocer países que no conocía, llevar en mi memoria muchas imágenes inolvidables de ciudades de distintos países. Pero, en general, creo que los congresos literarios vienen a ser como una forma de turismo, ¿no?, lo cual, desde luego, no es del todo desagradable.
-En los últimos años, su obra ha alcanzado una audiencia excepcional aquí, en Francia. La "Historia universal de la infamia" y la "Historia de la eternidad" se han publicado en libros de bolsillo, y se han vendido millares de ejemplares en pocas semanas. Además de "L'Herne", otras dos revistas literarias preparan números especiales dedicados a su obra. Y ya vio usted que en el Instituto de Altos Estudios de América Latina tuvieron que colocar parlantes hasta en la calle, para las personas que no pudieron entrar el auditorio a escuchar su conferencia. ¿Qué impresión le ha causado todo esto?
-Una impresión de sorpresa. Una gran sorpresa. Imagínese, yo soy un hombre de 65 años, y he publicado muchos libros, pero al principio esos libros fueron escritos para mí, y para un pequeño grupo de amigos. Recuerdo mi sorpresa y mi alegría cuando supe, hace muchos años, que de mi libro "Historia de la eternidad" se habían vendido en un año hasta 37 ejemplares. Yo hubiera querido agradecer personalmente a cada uno de los compradores, o presentarle mis excusas. También es verdad que 37 compradores son imaginables, es decir son 37 personas que tienen rasgos personales, y biografía, domicilio, estado civil, etc. En cambio, sí uno llega a vender mil o dos mil ejemplares, ya eso es tan abstracto que es como si uno no hubiera vendido ninguno. Ahora, el hecho es que en Francia han sido extraordinariamente generosos, generosos hasta la injusticia conmigo. Una publicación como "L'Herne", por ejemplo, es algo que me ha colmado de gratitud y al mismo tiempo me ha abrumado un poco. Me he sentido indigno de una atención tan inteligente, tan perspicaz, tan minuciosa y, le repito, tan generosa conmigo. Veo que en Francia hay mucha gente que conoce mi "obra" (uso esta palabra entre comillas) mucho mejor que yo. A veces, y en estos días, me han hecho preguntas sobre tal o cual personaje: ¿por qué John Vincent Moon vaciló antes de contestar? Y luego, al cabo de un rato, he recapacitado y me he dado cuenta que John Vincent Moon es protagonista de un cuento mío y he tenido que inventar una respuesta cualquiera para no confesar que me he olvidado totalmente del cuento y que no sé exactamente las razones de tal o cual circunstancia. Todo eso me alegra y, al mismo tiempo, me produce como un ligero y agradable vértigo.
-¿Qué ha significado en su formación la cultura francesa?; ¿algún escritor francés ha ejercido una influencia decisiva en usted?
-Bueno, desde luego. Yo hice todo mi bachillerato en Ginebra, durante la primera guerra mundial. Es decir que durante muchos años, el francés fue, no diré el idioma en el que yo soñaba o en el que sacaba cuentas, porque nunca llegué a tanto, pero sí un idioma cotidiano para mí. Y, desde luego la cultura francesa ha influido en mí, como ha influido en la cultura de todos los americanos del Sur, quizá más que en la cultura de los españoles. Pero hay algunos autores que yo quisiera destacar especialmente y esos autores son Montaigne, Flaubert –quizá Flaubert más que ningún otro -, y luego un autor personalmente desagradable a través de lo que uno puede juzgar por sus libros, pero la verdad es que trataba de ser desagradable y lo consiguió: Leon Bloy. Sobre todo me interesa en Leon Bloy esa idea suya, esa idea que ya los cabalistas y el místico sueco Swedenborg tuvieron pero que sin duda él sacó de sí mismo, la idea del universo como una suerte de escritura, como una criptografía de la divinidad. Y en cuanto a la poesía, creo que usted me encontrará bastante "pompier", bastante "vieux jouer", rococó, porque mis preferencias en lo que se refiere a poesía francesa siguen siendo la Chanson de Roland, la obra de Hugo, la obra de Verlaine, y -pero ya en un plano menor- la obra de poetas como Paul-Jean Toulet, el de las "Contrerimes". Pero hay sin duda muchos autores que no nombro que han influido en mí. Es posible que en algún poema mío haya algún eco de la voz de ciertos poemas épicos de Apollinaire, eso no me sorprendería. Pero si tuviera que elegir un autor (aunque no hay absolutamente ninguna razón para elegir un autor y descartar los otros), ese autor francés sería siempre Flaubert.
-Se suele distinguir dos Flaubert: el realista de "Madame Bovary" y "La educación sentimental", y el de las grandes construcciones históricas, "Salambó" y "La tentación de San Antonio". ¿Cuál de los dos prefiere?
-Bueno, creo que tendría que referirme a un tercer Flaubert, que es un poco los dos que usted ha citado. Creo que uno de los libros que yo he leído y releído más en mi vida es el inconcluso "Bouvard y Pecuchet". Pero estoy muy orgulloso, porque en mi biblioteca, en Buenos Aires, tengo una 'editio princeps' de Salambó y otra de la Tentación. He conseguido eso en Buenos Aires y aquí me dicen que se trata de libros inhallables, ¿no? Y en Buenos Aires no sé qué feliz azar me ha puesto esos libros entre las manos. Y me conmueve pensar que yo estoy viendo exactamente lo que Flaubert vio alguna vez, esa primera edición que siempre emociona tanto a un autor.
-Usted ha escrito poemas, cuentos y ensayo. ¿Tiene predilección por alguno de esos géneros?
-Ahora, al término de la carrera literaria, tengo la impresión que he cultivado un solo género: la poesía. Salvo que mi poesía se ha expresado muchas veces en prosa y no en verso. Pero como hace unos diez años que he perdido la vista, y a mí me gusta mucho vigilar, revisar lo que escribo, ahora me he vuelto a las formas regulares del verso. Ya que un soneto, por ejemplo, puede componerse en la calle, en el subterráneo, aseando por los corredores de la Biblioteca Nacional, y la rima tiene una virtud mnemónica que usted conoce. Es decir, uno puede trabajar y pulir un soneto mentalmente y luego, cuando el soneto está más o menos maduro, entonces lo dicto, dejo pasar unos diez o doce días y luego lo retomo, lo modifico lo corrijo hasta que llega un momento en que ese soneto ya puede publicarse sin mayor deshonra para el autor.
-Para terminar, le voy a hacer otra pregunta convencional: si tuviera que pasar el resto de sus días en una isla desierta con cinco libros, ¿cuáles elegiría?
-Es una pregunta difícil, porque cinco es poco o es demasiado. Además, no sé si se trata de cinco libros o de cinco volúmenes.
-Digamos, cinco volúmenes.
-¿Cinco volúmenes? Bueno, yo creo que llevaría la "Historia de la Declinación y Caída del lmperio Romano" de Gibbons. No creo que llevaría ninguna novela, sino más bien un libro de historia. Bueno, vamos a suponer que eso sea en una edición de dos volúmenes. Luego, me gustaría llevar algún libro que yo no comprendiera del todo, para poder leerlo y releerlo, digamos la "Introducción a la Filosofía de las Matemáticas" de Russell, o algún libro de Henri Poincaré. Me gustaría llevar eso también. Ya tenemos tres volúmenes. Luego, podría llevar un volumen cualquiera, elegido el azar, de una enciclopedia. Ahí ya podría haber muchas lecturas. Sobre todo, no de una enciclopedia actual, porque las enciclopedias actuales son libros de consulta, sino de una enciclopedia publicada hacia 1910 o 1911, algún volumen de Brockhaus, o de Mayer, o de la Enciclopedia Británica, es decir cuando las enciclopedias eran todavía libros de lectura. Tenemos cuatro. Y luego, para el último, voy a hacer una trampa, voy a llevar un libro que es una biblioteca, es decir llevaría la Biblia. Y en cuanto a la poesía, que está ausente de este catálogo, eso me obligaría a encargarme yo, y entonces no leería versos. Además, mí memoria está tan poblada de versos que creo que no necesito libros. Yo mismo soy una especie de antología de muchas literaturas. Yo, que recuerdo mal las circunstancias de mi propia vida, puedo decirle indefinidamente y tediosamente versos en latín, en español, en inglés, en inglés antiguo, en francés, en italiano, en portugués. No sé si he contestado bien a su pregunta.
-Sí, muy bien, Jorge Luis Borges. Muchas gracias.
Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Por influencia de su abuela inglesa, fue alfabetizado en inglés y en español. En 1914, viajó con su familia a Europa y se instaló en Ginebra, donde cursó el bachillerato. Pasó en 1919 a España y allí entró en contacto con el movimiento ultraísta. En 1921, regresó a Buenos Aires y fundó con otros importantes escritores la revista Proa. En 1923, publicó su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires. Desde esa época, se enferma de los ojos, sufre sucesivas operaciones de cataratas y pierde casi por completo la vista en 1955. Tiempos después se referiría a su ceguera como "un lento crepúsculo que ya dura más de medio siglo".
En 1945 se instaura el peronismo en Argentina, y su madre Leonor y su hermana Norah son detenidas por hacer declaraciones contra el nuevo régimen: habrán de acarrear, como escribió muchos años después Borges, una "prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos", pero lo cierto es que, a causa de haber firmado manifiestos antiperonistas, el gobierno lo apartó al año siguiente de su puesto de bibliotecario y lo nombró inspector de aves y conejos en los mercados, cruel humorada e indeseable honor al que el poeta ciego hubo de renunciar, para pasar, desde entonces, a ganarse la vida como conferenciante.
La policía se mostró asimismo suspicaz cuando la Sociedad Argentina de Escritores lo nombró en 1950 su presidente, habida cuenta de que este organismo se había hecho notorio por su oposición al nuevo régimen. Ello no obsta para que sea precisamente en esta época de tribulaciones cuando publique su libro más difundido y original, El Aleph (1949), ni para que siga trabajando incansablemente en nuevas antologías de cuentos y nuevos volúmenes de ensayos antes de la caída del peronismo en 1955.
En esta diversa tesitura política, el recién constituido gobierno lo designará, a tenor del gran prestigio literario que ha venido alcanzando, director de la Biblioteca Nacional e ingresará asimismo en la Academia Argentina de las Letras. Enseguida los reconocimientos públicos se suceden: Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cuyo, Premio Nacional de Literatura, Premio Internacional de Literatura Formentor, que comparte con Samuel Beckett, Comendador de las Artes y de las Letras en Francia, Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina, Premio Interamericano Ciudad de Sèo Paulo...
Inesperadamente, en 1967 contrae matrimonio con una antigua amiga de su juventud, Elsa Astete Millán, boda de todos modos menos tardía y sorprendente que la que formalizaría pocos años antes de su muerte, ya octogenario, con María Kodama, su secretaria, compañera y lazarillo, una mujer mucho más joven que él, de origen japonés y a la que nombraría su heredera universal. Pero la relación con Elsa fue no sólo breve, sino desdichada, y en 1970 se separaron para que Borges volviera de nuevo a quedar bajo la abnegada protección de su madre.
Los últimos reveses políticos le sobrevinieron con el renovado triunfo electoral del peronismo en Argentina en 1974, dado que sus inveterados enemigos no tuvieron empacho en desposeerlo de su cargo en la Biblioteca Nacional ni en excluirlo de la vida cultural porteña.
Dos años después, ya fuera como consecuencia de su resentimiento o por culpa de una honesta alucinación, Borges, cuya autorizada voz resonaba internacionalmente, saludó con alegría el derrocamiento del partido de Perón por la Junta Militar Argentina, aunque muy probablemente se arrepintió enseguida cuando la implacable represión de Videla comenzó a cobrarse numerosas víctimas y empezaron a proliferar los "desaparecidos" entre los escritores. El propio Borges, en compañía de Ernesto Sábato y otros literatos, se entrevistó ese mismo año de 1976 con el dictador para interesarse por el paradero de sus colegas "desaparecidos".
De todos modos, el mal ya estaba hecho, porque su actitud inicial le había granjeado las más firmes enemistades en Europa, hasta el punto de que un académico sueco, Artur Ludkvist, manifestó públicamente que jamás recaería el Premio Nobel de Literatura sobre Borges por razones políticas. Ahora bien, pese a que los académicos se mantuvieron recalcitrantemente tercos durante la última década de vida del escritor, se alzaron voces, cada vez más numerosas, denunciando que esa actitud desvirtuaba el espíritu del más preciado premio literario.
Para todos estaba claro que nadie con más justicia que Borges lo merecía y que era la Academia Sueca quien se desacreditaba con su postura. La concesión del Premio Cervantes en 1979 compensó en parte este agravio. En cualquier caso, durante sus últimos días Borges recorrió el mundo siendo aclamado por fin como lo que siempre fue: algo tan sencillo e insólito como un "maestro".
Borges es sin duda el escritor argentino con mayor proyección universal. Se hace prácticamente imposible pensar la literatura del siglo XX sin su presencia, y así lo han reconocido no sólo la crítica especializada sino además las diversas generaciones de escritores, que vuelven con insistencia sobre sus páginas como si éstas fueran canteras inextinguibles del arte de escribir.
Borges fue el creador de una cosmovisión muy singular, sostenida sobre un original modo de entender conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. Sus narraciones y ensayos se nutren de complejas simbologías y de una poderosa erudición, producto de su frecuentación de las diversas literaturas europeas, en especial la anglosajona -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad son referencias permanentes en su obra-, además de su conocimiento de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía. Su riguroso formalismo, que se constata en la ordenada y precisa construcción de sus ficciones, le permitió combinar esa gran variedad de elementos sin que ninguno de ellos desentonara.
El primer libro de poemas de Borges fue Fervor de Buenos Aires (1923), en el que ensayó una visión personal de su ciudad, de evidente cuño vanguardista. En 1925 dio a conocer Luna de enfrente y, tres años más tarde, Cuaderno San Martín, poemarios en los que aparece con insistencia su mirada sobre las "orillas" urbanas, esos bordes geográficos de Buenos Aires en los que años más tarde ubicará la acción de muchos de sus relatos.
Puede decirse que en estos primeros libros Borges funda con su escritura una Buenos Aires mítica, dándole espesor literario a calles y barrios, portales y patios. El poeta parece rondar la ciudad como un cazador en busca de imágenes prototípicas, que luego volcará con maestría en sus versos y prosas.
En 1930 publicó Evaristo Carriego, un título esencial en la producción borgeana. En este ensayo, al tiempo que traza una biografía del poeta popular que da título al libro, se detiene en la invención y narración de diferentes mitologías porteñas, como en la poética descripción del barrio de Palermo. Evaristo Carriego no responde a la estructura tradicional de las presentaciones biográficas, sino que se sirve de la figura del poeta elegido para presentar nuevas e inéditas visiones de lo urbano, como se manifiesta en capítulos tales como "Las inscripciones de los carros" o "Historia del tango".
Hacia 1932 da a conocer Discusión, libro que reúne una serie de ensayos en los que se pone de manifiesto no sólo la agudeza crítica de Borges sino además su capacidad en el arte de conmover los conceptos tradicionales de la filosofía y la literatura. Además de las páginas dedicadas al análisis de la poesía gauchesca, este volumen integra capítulos que han servido como venero de asuntos de reflexión para los escritores argentinos, tales como "El escritor argentino y la tradición", "El arte narrativo y la magia" o "La supersticiosa ética del lector".
En 1935 aparece Historia universal de la infamia, con textos que el propio autor califica como ejercicios de prosa narrativa y en los que es evidente la influencia de Robert Louis Stevenson y Gilbert Chesterton. Este volumen incluye uno de sus cuentos más famosos, "El hombre de la esquina rosada".
La obra de Borges se reparte también en un buen número de volúmenes escritos en colaboración, tanto dedicados a la ficción como al ensayo. Engrosan el caudal de sus escritos una gran cantidad de notas de crítica bibliográfica y comentarios de literatura, aparecidos en diferentes publicaciones periódicas argentinas y extranjeras, además de conferencias y entrevistas en las que desplegó con inteligencia y mordacidad sus puntos de vista. Se trata de una parte de su obra que, casi a la misma altura que sus libros considerados mayores, ha sido objeto recurrente de comentario y estudio por parte de la crítica y de numerosas recopilaciones.
Desde su primer libro hasta la publicación de sus Obras Completas (1974), trascurrieron cincuenta años de creación literaria durante los cuales Borges superó su enfermedad escribiendo o dictando libros de poemas, cuentos y ensayos, admirados hoy en todo el mundo. Recibió importantes distinciones de diversas universidades y gobiernos extranjeros y numerosos premios, entre ellos el Cervantes en 1980. Su obra fue traducida a más de veinticinco idiomas y llevada al cine y a la televisión. Prólogos, antologías, traducciones, cursos y charlas dan testimonio de la labor infatigable de ese gran escritor, que cambió la prosa en castellano, como lo han reconocido sin excepción sus contemporáneos. Borges falleció en Ginebra el 14 de junio de 1986.
 
 
Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació un domingo 28 de marzo de 1936 en la ciudad de Arequipa (Perú). Sus padres, Ernesto Vargas Maldonado y Dora Llosa Ureta, ya estaban separados cuando vino al mundo y no conocería a su progenitor hasta los diez años de edad.
Estudia la primaria hasta el cuarto año en el Colegio La Salle de Cochabamba en Bolivia. En 1945 su familia vuelve al Perú y se instala en la ciudad de Piura, donde cursa el quinto grado en el Colegio Salesiano de esa ciudad. Culmina su educación primaria en Lima e inicia la secundaria en el Colegio La Salle.
El reencuentro con su padre significa un cambio en la formación del adolescente, que ingresa al Colegio Militar Leoncio Prado de Lima, en el cual sólo estudia el tercer y cuarto año; sin embargo, termina la secundaria en el Colegio San Miguel de Piura.
En 1953 regresa a Lima. Ingresa a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudia Letras y Derecho. Su opción no fue aceptada por su padre, por lo que fue una etapa sumamente difícil, más aún cuando a los dieciocho años decide contraer matrimonio con su tía política Julia Urquidi, lo que aumentó sus urgencias económicas. Paralelamente a sus estudios desempeña hasta siete trabajos diferentes: redactar noticias en Radio Central (hoy Radio Panamericana), fichar libros y revisar los nombres de las tumbas de un cementerio, son algunos de ellos. Sin embargo, sus ingresos totales apenas le permitían subsistir.
En 1959 parte rumbo a España gracias a la beca de estudios "Javier Prado" para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid; así, obtiene el título de Doctor en Filosofía y Letras. Luego de un año se instala en París.
Al principio su vida en la ciudad de la luz transcurre entre la escasez y la angustia por sobrevivir, por lo que acepta trabajos que, o bien lo mantenían en contacto con su idioma a través de la enseñanza (fue profesor de español en la Escuela Berlitz), o le permitían trabar amistades literarias, como cuando fue locutor en la ORTF francesa o periodista en la sección española de France Presse.
Los esfuerzos por llevar a cabo su vocación literaria dan su primer fruto cuando su primera publicación, un conjunto de cuentos publicados en 1959 con el título Los jefes, obtiene el premio Leopoldo Arias. Anteriormente había escrito una obra de teatro, el drama La huída del Inca.
En 1964 regresa al Perú, se divorcia de Julia Urquidi y realiza su segundo viaje a la selva donde recoge material sobre el Amazonas y sus habitantes.
Viaja a La Habana en 1965, donde forma parte del jurado de los Premios Casa de las Américas y del Consejo de Redacción de la revista Casa de las Américas; hasta que el caso Padilla marca su distanciamiento definitivo de la revolución cubana en 1971.
En 1965 se casa con Patricia Llosa. De la unión nacen Álvaro (1966), Gonzalo (1967) y Morgana (1974). En 1967 trabaja como traductor para la UNESCO en Grecia, junto a Julio Cortázar; hasta 1974 su vida y la de su familia transcurre en Europa, residiendo alternadamente en París, Londres y Barcelona.
En Perú, su trayectoria sigue siendo fructífera. En 1981 fue conductor del programa televisivo La Torre de Babel, transmitido por Panamericana Televisión; en 1983, a pedido expreso del presidente Fernando Belaúnde Terry, preside la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay para averiguar sobre el asesinato de ocho periodistas.
En el ´87 se perfila como líder político al mando del Movimiento Libertad, que se opone a la estatización de la banca que proponía el entonces presidente de la República Alan García Pérez.
El año 1990 participa como candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático-FREDEMO. Luego de dos peleados procesos electorales (primera y segunda vuelta), pierde las elecciones y regresa a Londres, donde retoma su actividad literaria.
En marzo de 1993 obtiene la nacionalidad española, sin renunciar a la nacionalidad peruana.
En la actualidad colabora en el diario El País (Madrid, España, Serie Piedra de toque) y con la revista cultural mensual Letras Libres (México D.F., México y Madrid, España, Serie Extemporáneos).
Los méritos y reconocimientos lo acompañan a lo largo de su carrera. En 1975 es nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y en 1976 es elegido Presidente del Pen Club Internacional. En 1994 es designado como miembro de la Real Academia Española.
El 7 de octubre de 2010 se le concedió el Premio Nobel de Literatura. El discurso de aceptación del Premio Nobel, titulado "Elogio de la lectura y la ficción", lo ofreció en la Gran Sala de la Academia Sueca el 7 de diciembre de 2010. El galardón le fue entregado el 10 de diciembre de 2010, en la Sala de Conciertos de Estocolmo, por el Rey Carlos XVI Gustavo de Suecia. Durante el banquete de gala posterior a la recepción de los Premios Nobel, Vargas Llosa pronunció un brindis de agradecimiento en forma de cuento.
Asimismo, ha sido Profesor Visitante o Escritor Residente en varias universidades alrededor del mundo, como en el Queen Mary College y en el King´s College de la Universidad de Londres, en la Universidad de Cambridge y en el Scottish Arts Council (Inglaterra); en el Washington State, en la Universidad de Columbia, en el Woodrow Wilson International Center for Scholars del Smithsonian Institution, en la Universidad Internacional de Florida, en la Universidad de Harvard, en la Universidad de Siracusa, en la Universidad de Princeton y en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos); en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (Puerto Rico); en el Wissenschaftskolleg y en la Deutscher Akademischer Austauschdienst (Berlín, Alemania), en la Universidad de Oxford, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander, España), en la Universidad Rey Juan Carlos (Aranjuez, España); entre otras.
Por otro lado, ha participado como jurado en los siguientes eventos:
"Premios Casa de las Américas", La Habana, Cuba (1965); "Festival de Cine Iberoamericano de Huelva" (1995), donde ocupa el cargo de Presidente del Jurado; "Premio Miguel de Cervantes", España (1998 y 1999); y "ECHO Television & Radio Awards" (1998); "Festival Internacional de Cine de San Sebastián", España (2004), donde ocupa el cargo de Presidente del Jurado.
Las siguientes obras forman parte de su vasta producción literaria:
La huída del Inca, pieza de teatro (1952); El desafío, relato (1957); Los jefes, colección de cuentos (1959); La ciudad y los perros, novela (1963); La casa verde, novela (1966); Los cachorros, relato (1967); Conversación en La Catedral, novela (1969); Carta de batalla por Tirant lo Blanc, prólogo a la novela de Joanot Martorell (1969); Historia secreta de una novela, ensayo (1969); García Márquez: historia de un deicidio, ensayo literario (1971); Pantaleón y las visitadoras, novela (1973); La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary, ensayo literario (1975); La tía Julia y el escribidor, novela (1977); La señorita de Tacna, teatro (1981); La guerra del fin del mundo, novela (1981); Entre Sartre y Camus, ensayos (1981); Kathie y el hipopótamo, teatro (1983); Contra viento y marea, ensayos políticos y literarios (1983); Historia de Mayta, novela (1984); La suntuosa abundancia, ensayo sobre Fernando Botero (1984); Contra viento y marea, volúmenes I (1962-1972) y II (1972-1983), (1986); La Chunga, teatro (1986); ¿Quién mató a Palomino Molero?, novela policial (1986); El hablador, novela (1987); Elogio de la madrastra, novela (1988); Contra viento y marea, volumen III (1983-1990), (1990); La verdad de las mentiras, ensayos literarios (1990); A Writer's Reality, colección de conferencias dictadas en la Universidad de Siracusa (1991); Un hombre triste y feroz, ensayo sobre George Grosz (1992); El pez en el agua, memorias (1993); El loco de los balcones, teatro (1993); Lituma en los Andes, novela (1993); Desafíos a la libertad, ensayos sobre la cultura de la libertad (1994); Ojos bonitos, cuadros feos, obra dramática para radio (1994); La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo, ensayo (1996); Making Waves, selección de ensayos de Contra viento y marea, publicado sólo en inglés (1996); Los cuadernos de don Rigoberto, novela (1997); Cartas a un joven novelista, ensayo literario (1997); La fiesta del Chivo, novela (2000); Nationalismus als neue Bedrohung, selección de ensayos políticos, publicado sólo en alemán (2000); El lenguaje de la pasión, selección de artículos de la serie Piedra de toque (2001); El paraíso en la otra esquina, novela (2003); Diario de Irak, selección de artículos sobre la guerra en Irak (2003); La tentación de lo imposible, ensayo sobre Los Miserables de Victor Hugo (2004); Un demi-siècle avec Borges, entrevista y ensayos sobre Borges, publicado sólo en francés (2004);
Mario Vargas Llosa. Obras Completas, Vol. III Novelas y Teatro (1981-1986), (2005); Dictionnaire amoureux de l’Amérique latine, ensayos publicado solo en francés, (2005); Israel/Palestina. Paz o guerra santa, recopilación de artículos, (2006); Travesuras de la niña mala, novela, (2006); Odiseo y Penélope, teatro (2007); Diálogo de damas, poemas relacionados con las esculturas de Manolo Valdés, Aeropuerto Barajas de Madrid (2007); Touchtones. Essays on Literature, Art and Politics, ensayos publicados en inglés (2007); Wellsprings, conferencias y ensayos publicados en inglés (2008); Al pie del Támesis, teatro (2008); El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, ensayo (2008); Sables y utopías. Visiones de América Latina, selección de ensayos sobre temas de arte literatura y política (2009); Las mil noches y una noche, teatro (2009); Fonchito y la luna, cuento infantil (2010) y El sueño del celta, novela (2010).
Sus obras han sido traducidos al francés, italiano, portugués, catalán, inglés, alemán, holandés, polaco, rumano, húngaro, búlgaro, checo, ruso, lituano, estonio, eslovaco, ucraniano, esloveno, croata, sueco, noruego, danés, finés, islandés, griego, hebreo, turco, árabe, japonés, chino, coreano, malayo, cingalés, serbio, letón, bosnio, georgiano, Bahasa, indonesio, Malayalam, macedonio, Sinhala, hindi, vietnamita, estonio y gallego.

domingo, 8 de abril de 2012


Callejones de Arbat
Antonio Alvarez Gil
Editorial Terranova, Puerto Rico, 2012.

Corren los años finales de la perestroika y se derrumba el bloque de los países socialistas en Europa del este. Un periodista y escritor cubano, empleado en una organización internacional en Moscú, se ha embarcado en la escritura de un libro sobre los poetas rusos de las primeras décadas del siglo XX. Y poco a poco va descubriendo y reflejando en el texto los horrores cometidos por el régimen estalinista contra los intelectuales del país de los soviets. Al conocer el manuscrito, los representantes del gobierno cubano en la capital de Rusia lo tachan de panfleto contra el socialismo. Finalmente, ante la evidencia de que él también será víctima de medidas represivas, el escritor toma una decisión que resultará traumática para él y su familia.

En las páginas de Callejones de Arbat se habla de Ajmátova, Pasternak y otros grandes escritores reprimidos cruelmente por Stalin y proscritos en la Rusia de entonces. Pero también de El maestro y Margarita, la extraordinaria novela de Mijaíl Bulgakov, que en la trama del presente libro es puesta en escena en un imaginario teatro de Moscú. En ese contexto, el periodista cubano vive un intenso romance con una actriz hispano-rusa que interpreta el papel de Margarita en la obra. Los amantes parecen desdoblarse y confundirse con la pareja de enamorados de la sátira de Bulgakov.

En Callejones de Arbat Álvarez Gil recrea figuras y pasajes de varias obras importantes de la literatura rusa escrita en la primera mitad del siglo XX. Pero la novela es mucho más que eso; es una reflexión sobre la vida de los escritores y artistas en los países de gobierno totalitario, y más aún, un análisis del modo en que ciertos regímenes reprimen y aplastan el talento creador de muchos de sus mejores intelectuales. Es, en suma, el drama de esos intelectuales en cualquier lugar del mundo donde la libertad individual del ser humano puede ser un valor en falta.

El autor: Antonio Álvarez Gil (1947, Melena del Sur, Cuba). Desde el 1994 reside en Estocolmo, Suecia. Su obra discurre de manera paralela a su vida y refleja los conflictos y avatares de su pueblo, tanto en la Isla como en su ya largo peregrinar por el mundo. Ha publicado doce libros en Cuba, Uruguay, Puerto Rico y España. Entre sus múltiples galardones se encuentra el Premio Vargas Llosa de novela de 2009 por la obra Perdido en Buenos Aires. Entre sus libros más importantes se encuentran Delirio nórdico (2004), Nunca es tarde (2005), La otra Cuba (2005), Concierto para una violinista muerta (2007), Después de Cuba (2009) y Perdido en Buenos Aires (2010). Álvarez Gil figura en varias antologías del cuento contemporáneo. Cuentos y artículos suyos han aparecido en publicaciones de España, Italia, Suecia, Estados Unidos y Latinoamérica. Es miembro de la Asociación de Escritores de Suecia

El libro está disponible en Barnes & Noble en el siguiente enlace: http://www.barnesandnoble.com/w/callejones-de-arbat-antonio-alvarez-gil/1109196015