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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 12 de mayo de 2012

Cuba

Linden Lane Magazine, tres décadas del empeño de Belkis Cuza Malé

Un total de 186 colaboradores entre poetas y autores cubanos del exilio, además de 67 pintores y artistas, incluyendo un texto de Nelson Rodríguez, escritor fusilado por el régimen de la isla.
Linden Lane Magazine
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Armando de Armas
La escritora Belkis Cuza Malé es natural de la ciudad de Guantánamo, en Cuba, y estudió Humanidades en la Universidad de Oriente. Casada con el poeta Heberto Padilla, padeció junto a él persecución, acoso y encarcelamiento por parte de la policía política del régimen comunista de la isla en lo que la historia recoge como El Caso Padilla y, sobre todo, como el final de la luna de miel de una parte sustancial de la izquierda intelectual en el mundo con la revolución castrista, en 1971. Exiliada en Estados Unidos desde 1979, ha fundado y dirigido las publicaciones Linden Lane Magazine y la Casa Azul. Ha publicado los libros El viento en la pared, 1962. Los alucinados, 1963. Tiempos de sol, 1963. Cartas a Ana Frank, 1966. El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero, 1984. Woman on the Front Lines, 1987, y Elvis. The Unquiet Grave or the True Story of Jon Burrows, 1994, y Juego de damas, 2002.

Con motivo del número extraordinario de la revista Linden Lane Magazine en el 30 aniversario de su fundación, Armando de Armas realizó la siguiente entrevista, en exclusiva, a Belkis Cuza Malé para MartiNoticias.

¿Cómo se hace para sostener la sistemática publicación de una revista literaria durante 30 años, sin ayudas estatales ni mecenazgos individuales de ninguna índole y, por si fuera poco, en idioma español en un país de idioma inglés?

 Yo en realidad no sé cómo ha sido posible, sin dinero, sin salario, sin ayuda de nadie, y con lo costoso que resultaba publicar cada número.  Por eso siempre digo que es una misión que Dios me encomendó para que los escritores y artistas del exilio no se sintieran tan exiliados, para que pudieran contar con un espacio, sin que mediaran el amiguismo, la piña literaria o los gustos.  Han publicado la gran mayoría de los escritores cubanos, muchos nunca los había visto en persona.
    Yo era más optimista de lo que me imaginaba y ni siquiera me detuve a pensar en los problemas que esa publicación me acarrearía.  Pero también tengo que añadir que los escritores, los artistas y los estudiosos de la literatura cubana pronto comenzaron a subscribirse y a cooperar. Entonces costaba $10 pero la mayoría de las veces, a instancias mías, añadían algo más. Y así iba yo colectando el dinero para cada número. Una vez ofrecí enviar una hoja del árbol del tilo que teníamos frente a la casa, a los que donaran algún dinero.  Otra, pedí que me enviasen los centavos que de seguro conservaban en alguna jarra en sus casas.  Y siempre insertaba en cada ejemplar un papelito con un mensaje personal para cada persona.  Un trabajo agotador.

¿En qué circunstancias funda usted Linden Lane Magazine?
 Las circunstancias no eran las más propicias, si miramos a esos años. Ni Heberto ni yo teníamos un salario, ni nos invitaban a presentar la revista, ni había la más remota posibilidad de que se convirtiera en una publicación llena de anuncios.  Los escritores y artistas cubanos del exilio éramos unos apestados (y no lo hemos dejado de ser para la mayoría de las editoriales y los departamentos de español de las universidades).  Y en especial, Heberto Padilla era para ellos el peor de todos, pues les había aguado la fiesta con el castrismo. No quiero dejar de señalar el sufrimiento que significaba llegar al exilio y no contar con una editorial donde publicar ni ser invitado a exponer la realidad cubana para que se conociese lo que estaba pasando en la Isla.
    Muy pronto me di cuenta de que el camino no era solicitar fondos a las instituciones de gobierno, ni a las privadas.  Las grandes fundaciones nos negaron siempre los grants, salvo la Guggeheim que en 1984 le otorgó su beca a Heberto.  Pero eran unos $20,000 y ése era todo el dinero para una familia de tres durante un año.
    Aún así, Linden Lane Magazine continuó publicándose porque yo le entregaba todo mi tiempo y mis energías, a la vez que vería crecer a mi hijo Ernesto. El magazine y él crecieron juntos. Pero por otro lado vivía también con un gran sufrimiento, el gobierno cubano no dejaba salir a mi hija y sólo logré reunirme con ella al cabo de 16 años de yo haber llegado a Estados Unidos.

¿Es cierto que Heberto Padilla era contrario a la idea de fundar una revista literaria en idioma español en Estados Unidos?

Sí, Heberto me dijo desde el principio que él no había venido a Estados Unidos para hacer una revista en español.  En realidad el soñaba con vivir en España, país que adoraba, y que constituía el ámbito de su lengua. Por la década de los cincuenta había vivido en New York y Miami y esa experiencia de entonces aunque fue positiva para él, pues se sentía muy afín a la poesía en lengua inglesa, parece que ya había sido suficiente.  Por mi parte, yo no deseaba irme a España, así que me complació y nos quedamos, y no le quedó más remedio que ayudarme con la revista, porque teníamos que publicarla en New York y recogerla nosotros mismos en la imprenta de unos coreanos, y otras veces en la de los vietnamitas.  Y también llevar cajas repletas de magazines a Elizabeth, New Jersey, para que los Ómnibus La Cubana las transportaran a Miami.  A cambio de eso, LLM publicaba un anuncio de La Cubana, lo que me gustaba mucho, porque siempre he concebido a la literatura y el arte ligados a la vida, a sus pequeños y grandes detalles.  Para mí, una revista literaria debería llevar anuncios de toda clase de negocios y comercios, reflejar la realidad a la que pertenece. Nada de torre de marfil.

Uno pensaría que poder reunir un total de 186 colaboradores entre poetas y escritores cubanos del exilio, además de 67 pintores y artistas, también cubanos del exilio, para el presente número de Linden Lane Magazine requeriría el poder contar con un formidable equipo editorial. ¿Cómo logró llevar a cabo esa faena cuando menos titánica?

Yo no tengo equipo editorial ni nada por el estilo. Suelo parodiar a Flaubert y decir: Linden Lane Magazine soy yo. Porque siempre he hecho yo sola la revista: desde el emplane, el diseño, a la parte administrativa y la espantosamente dura tarea de dejar los magazines listos para que el correo los despachase.  A veces arrastraba yo sola catorce sacas de correo llenas de magazines (3.000 ejemplares tamaño tabloide, con 36 páginas), luego de que las clasificaba, de acuerdo a los códicos de correo, y siguiendo una normas muy rígidas y trabajosas que exige ese tipo de tarifa. Pagaba cada vez más de $500 por los envíos.
      Pues este número lo hice también sola, trabajando unos 3 meses durante 10 o 12 horas al día (bueno, mi horario abarca toda la madrugada y las horas de la tarde).  En realidad, el trabajo de edición y diseño lo disfruto enormemente.  De no ser así no hubiera sido posible. Sólo hago lo que amo.
     En realidad, lo confieso, no me gusta compartir ese trabajo con nadie.  Considero que la sobreviviencia de LLM se debe precisamente a eso: a que la he hecho yo solita, sin otros metiendo la cuchareta y diciéndome lo que tengo o no tengo que hacer... ja.

Este número extraordinario de Lane Magazine cuenta con nombres imprescindibles de la cultura cubano, por mencionar sólo a Enrique Labrador Ruíz, Guillermo Cabrera Infante, Eugenio Florit, Severo Sarduy, Justo Rodríguez Santos, Lydia Cabrera, Heberto Padilla, Reinaldo Arenas y Levi Marrero. ¿Cómo se las arregló con el siempre complicado tema de los derechos de autor, sobre todo cuando ya los autores han muerto?

Todos esos materiales que publiqué de personalidades de la literatura cubana ya fallecidos están en mi poder, ellos fueron en su mayoría gente muy querida por mí y Heberto, que nos escribían y colaboraban generosamente.  Son parte de mis archivos, allí están ellos guardaditos y esperando que pronto puedan formar parte del Museo de la Literatura y el Arte del Exilio, como una rama de La Casa Azul.  Me gustan los museos con vida cotidiana, y ojalá que pueda lograr los fondos suficientes para abrir de nuevo La Casa Azul y poner allí todos los archivos que conservo.  De no ser por ellos no hubiera podido realizar este número.  Me he mudado siempre con mis archivos y con todos mis libros, y estos son parte de la literarura cubana del exilio.  Me ha dado mucho gusto abrir esos libros, y encontrar los mensajes de sus autores, sus firmas, su cariño hacia nosotros. Ha sido como revivirlos y conversar con ellos.  He sentido a mi lado la presencia de todos durante las largas horas de trabajo.

Nelson Rodríguez es probablemente el único escritor fusilado por una dictadura en este hemisferio. ¿Por qué el manto de silencio sobre su figura?

Supongo que un escritor fusilado por el castrismo, como sucedió con Nelson Rodríguez, pasó al rincón de la memoria al igual que ha pasado con los nombres de los miles de fusilados por la tiranía. Pero gracias a Dios ahora tengo en mi poder ese libro de Nelson, sacado de Cuba, y que quisiera que Linden Lane Press publicase en una edición fascimil.  Nunca lo conocí, pero me da mucha satisfacción pensar que nos acompaña en este número extraordinario, que su espíritu logró estar presente aquí, a pesar de que nadie parecía acordarse de él. Debemos a Reinaldo Arenas el que su nombre no se hubiera perdido para siempre en la nebulosa del olvido, y también a la persona que hizo posible que el libro llegase al exilio. Al menos ahora, a través de Linden Lane Magazine, también podrán leerlo. Sus cuentos son magníficos y extrañamente proféticos.  No hay más que ver los temas.

Y ya que hablamos de la muerte, de autores muertos, hay en este número al menos 21 autores muertos. ¿Se siente algo especial al publicar la obra de los que ya han partido?

Tristeza, sí, porque para mí el tiempo no ha pasado, pero ellos ya no están en este plano, aunque tengo que admitir que conversé largo con todos ellos mientras preparaba este número. La parodia del título que escogí para el artículo conque abro el número: " Treinta años es nada"  --como diría Gardel en su tango, pero pensando en veinte no en treinta años-- refleja muy acertadamente mi idea de la relatividad del tiempo, sólo una dimensión más.  Vivo y viven todos ellos conmigo. Sólo se han mudado a otra dimensión.

¿Qué criterios siguió a la hora de escoger a los autores?

Quise incluirlos a todos, todos. Pero no creo que ha sido posible. Envié mensajes a los vivos, pero decidí que no me interesaban ciertos recién llegados, una nueva ola que parece alentar la desunión. Me detuve en Camilo Venegas Yero, que escribe un blog interesante y a quien considero un escritor muy lúcido y un ser humano muy honesto.
    Nunca he censurado ni excluido de LLM a aquellos que no me son afines, ni siquiera a los que nos han atacado alguna que otra vez.  Desde el principio decidí que en LLM no tendríamos enemigos. Bueno, ya sabemos quién es el único enemigo de los cubanos todos, los de aquí y los de allá: la dictadura castrista.

¿Le complace la labor editorial?

Me complace mucho la labor editorial y si llegase a tener el dinero necesario en lugar de comprarme un castillo publicaría todos los libros de los escritores cubanos y de otros, claro, y LLM contaría al menos con 100 páginas. Y, por supuesto, pagaría muy bien pagadas las colaboraciones.

¿Dónde y a qué precio se puede adquirir este número de Linden Lane Magazine?

Hay dos ediciones:  la de lujo que publica la prestigiosa compañía HP (MagCloud) y la de Amazon.  Ahora, hasta el Día de las Madres, MagCloud está dando un descuento, y el precio es de $28 con envío. Luego costará de nuevo $38, con envío :http://www.magcloud.com/browse/issue/375606  Por su parte, Amazon (a través de su rama CreateSpace) la está vendiendo a $28 con envío.
Esta de Amazon (https://www.createspace.com/3859233) tiene ahora 154 páginas porque añadí a Juana Rosa Pita y a Jorge Oliva, que por razones ajenas a mi voluntad no estaban en la primera edición.
Estoy muy agradecida a todos los que han colaborado con este número y feliz porque podemos decir que el exilio cubano es parte del Universo.

jueves, 3 de mayo de 2012


EL LIBRO QUE VIAJABA

                                                                   “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”
                                                                                                        Santa Teresa de Jesús.

    Soy pequeño e insignificante a plena vista, pero mi portada incitaba hasta al más desorientado a dedicarme algo de tiempo. Me dio vida la Editorial Arte y Literatura de la Ciudad de la Habana Vieja en la calle en la calle O’Reilly no. 4, esquina a Tacón. Tuve algunos amigos muy distintos en forma y tamaño, no me sentí identificado ni siquiera con los de mi edición. Yo era especial, era único, estaba lleno de errores garrafales, que si la tinta corrida de varias páginas, que si algunas estaban en blanco, en fin que nunca me sacaron a la venta. Transcurrieron más de diez años para ver la luz, si no hubiera sido por aquel niño travieso hijo del director de la Editorial aún estaría durmiendo en aquel cuartucho de los libros olvidados o quien sabe triturado en algún basurero. Me hubiera gustado haber tenido otro color, otra imagen y hasta deseaba cambiar de dueño. Cada día aquel pequeñajo me hojeaba sin parar, donde no habían letras el ponía las suyas, unos garabatos indescriptibles con la ingenuidad de un niño de tres años. Sinceramente os digo que me sentí afortunado el día que salí de la oscuridad, aunque cuando fui tomando conciencia de lo que se estaba convirtiendo mi vida sentí lástima de mi suerte.
Cada día recibía algunas gotas de agua durante mi estancia en el lavabo, de la cocina salía con algún trozo de papilla de niño. Eso por no contarles que cuando se enojaba me tiraba contra el suelo con tanta rabia que siempre terminaban rasgándose algunas de mis páginas imperfectas.
    En aquellos tiempos ya me estaba haciendo madurito, no tenía un lugar decente donde estar sin tener algún percance. Así que pensé que sería interesante buscarme una nueva vida por mis propios medios, no tenía otra alternativa. Mi vida comenzaba a ser aburrida. Por primera vez el niño me dejó caer al lado de un periódico, el Granma, uno de los más populares de la época. Me miró con aires de superioridad y me dijo: sabes que no vales un duro. En ese instante me sentí el libro más indeseable del mundo, medité la respuesta y me dije para mis entrañas: no vas a caer en la trampa, éste es como los demás un provocador por naturaleza.
    En cuanto me disponía a tomar fuerzas y contestarle, algo imprevisto me detuvo, ocurrió tan de repente que ni siquiera reaccioné a la gran fechoría que estaba pasando. El pequeño niño tomó el periódico entre sus manitas y zas, zas, zas, lo destrozó en mil pedazos.  El padre se quedó mirándolo y el rostro se le trasformó en una maqueta de cera a medio hacer, con las cejas levantadas, los ojos por fuera de los párpados, su cuerpo estaba lleno de perplejidad, sólo su mano derecha con el índice en firme le indicó el lugar donde debía ir en ese mismo instante.
    El muy gamberro lo obedeció sin rechistar, ni siquiera suplicar. No me alegré pero pensaba: vamos a ver ahora quien es el que no vale un duro.
    Muchos fueron los días en que pensé que si hubiera nacido pájaro mi rumbo hubiera sido otro, por lo menos con unas alas volaría y llegaría hasta el lugar más deseado. Me podría ir por el bosque con los amigos contemplando los amaneceres y atardeceres que tanto se describen en las páginas de uno u otro libro, sería libre de escoger y de decidir como los hombres. Pero con las mismas ansias que yo lo deseaba así mismo estaba de equivocado divagando con tantos sueños imposibles e ilusorios propios de mi origen.
    Pasaron cinco terribles meses y después de atraer todo el polvo típico de un viajero andante me llené de fuerzas y empecé a luchar desde lo alto de aquella estantería hasta lograr caer al suelo, alguien pasó y me recogió, la verdad es que no pude definir quién, porque estaba aún boca abajo. Lanzándome desde una distancia de unos tres metros llegué hasta la mesa del salón.
    Allí no se encontraba nadie, aunque curiosamente estaba la tele encendida. Recuerdo que hablaban de la producción de azúcar y de los centrales de las provincias de Oriente dando unas cifras de producción algo espectaculares, y yo pensaba ay si estuviera vivo Diego Velázquez estaría diciendo: esa planta la llevé yo a Cuba desde Santo Domingo en mi época de conquistas en el Caribe.
    Seguidamente ponían imágenes de unos macheteros en medio de un cañaveral sudando la gota gorda bajo un sol abrasador y sin embargo conservaban la sonrisa que los caracteriza. Alguien que se está riendo se acerca hasta la sala, ya no estoy solo ahora me acompaña la mujer del dueño de la Editorial, una mujer alegre, entretenida y también algo despistada. Se sienta súbitamente en el sofá y se queda mirando la tele fijamente.
    Cambiando de tema, dice el presentador: les animamos a todos a que lleven sus libros viejos y que no utilicen hasta alguna biblioteca y los donen para que otras personas puedan disfrutar de la lectura. Esa misma tarde cuando llegó su marido se lo comentó y él le dio su aprobación, así comenzó a seleccionar algunos libros viejos de cuentos de distintos autores latinoamericanos y también cubanos, la verdad es que eran muy valiosos, los empezó a colocar en la misma mesa donde yo estaba reposando.
    Al día siguiente mi sorpresa fue que por error a mí también me habían incluido en esa lista de libros y me sentí el más afortunado de todos mis compañeros. La mujer del Editor llegó a media mañana a la biblioteca, después de entregarlos le dieron las gracias y una señora algo mayor comenzó a seleccionarlos por temática, algunos fueron al salón de jóvenes donde los cuentos, otros subieron una planta más a historia de Cuba, y así sucesivamente.
    Fui el último, como siempre, parecía una maldición. Se quedó mirándome, me hojeó detenidamente y se percató de mis problemas, me dejó sobre la mesa otra vez suspirando qué pena de libro. Se alejó con pasos cansados y me dejó en aquella oscura habitación de libros olvidados. 
    Cuando la soledad y el silencio se apoderó de todas mis páginas, sentí por primera vez que mi destino de haber nacido en aquella situación de desventaja respecto a los demás ya me estaba pasando factura, y mis temores de desaparecer definitivamente ya se estaban haciendo realidad.       Aunque mi sorpresa fue cuando pasada unas horas ya dormido por el cansancio, repentinamente un joven encendió la luz canturreando una canción: .... aunque tú me has echado en el abandono, aunque ya has muerto todas mis ilusiones.... tiene lágrimas negras...
    Increíblemente me sentí identificado con aquella canción a pesar de que la voz del solista no le acompañaba, el sentido de la letra era como mi vivo retrato. Era el hombre de la limpieza, muy delgado, negro como un Totí y parecía disponerse a eliminar el polvo incrustado en la habitación.
    Me quedé inmóvil, casi sin respirar, eso sí sin dejar de reflexionar sobre las intenciones de este nuevo personaje que parecía salido de una obra de teatro. Comenzó a hacer un ruido espantoso, tropezaba con todo a su paso, y refunfuñaba diciendo: otra vez limpiar el polvo, ya estoy cansado de esto cada día. Bah, me quedaré descansando un poco y luego pasaré por encima el trapo, aquí nunca viene nadie.
    Se puso a rebuscar entre los libros y escogió el de las aventuras de Tom Sawyer, sin siquiera abrirme me tomó entre sus manos hábiles introduciéndome dentro de un bolsillo del pantalón. Nos mantuvo ocultos hasta que llegó a su casa, donde le esperaban sus hijas, que no paraban de gritar: papá, papá que nos trajiste hoy. Eran dos niñas mulatas con unos cabellos indomables pero muy dulces y cariñosas. Estábamos encogidos de la mala postura guardada en sus pantalones, nos sacó y nos fuimos estirando poco a poco hasta recuperar nuestra figura, las niñas nos abrieron con sumo cuidado y comenzaron a leer.
    La más pequeña se llamaba Lucía, cuando vio los garabatos que tenía incrustados en las páginas en blanco tuvo una idea fantástica, recortó un folio blanco de la misma medida y la pegó donde estaban los garabatos e inteligentemente continuo la historia encajándola con la página siguiente. Los hombres pícaros suelen triunfar, pero, ¿y los libros? los libros como yo ¡Qué afortunados  somos!

©Marucha Carracedo Fernández

Maruxa Carracedo Fernández es Licenciada en Español y Literatura, por el Pedagógico José de la Luz y Caballero de la ciudad de Holguín, Cuba.
Licenciada, además, en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, España.
Ha trabajado como Profesora de Español en Cuba durante los años 1992-1995.
Tiene un postgrado en ELE (especialista en la enseñanza del español como segunda lengua) por la Universidad UNED, año 2007-2008.
Casada y madre de una preciosa niña, Antía. Actualmente reside en Madrid, España.