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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 3 de mayo de 2012


EL LIBRO QUE VIAJABA

                                                                   “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”
                                                                                                        Santa Teresa de Jesús.

    Soy pequeño e insignificante a plena vista, pero mi portada incitaba hasta al más desorientado a dedicarme algo de tiempo. Me dio vida la Editorial Arte y Literatura de la Ciudad de la Habana Vieja en la calle en la calle O’Reilly no. 4, esquina a Tacón. Tuve algunos amigos muy distintos en forma y tamaño, no me sentí identificado ni siquiera con los de mi edición. Yo era especial, era único, estaba lleno de errores garrafales, que si la tinta corrida de varias páginas, que si algunas estaban en blanco, en fin que nunca me sacaron a la venta. Transcurrieron más de diez años para ver la luz, si no hubiera sido por aquel niño travieso hijo del director de la Editorial aún estaría durmiendo en aquel cuartucho de los libros olvidados o quien sabe triturado en algún basurero. Me hubiera gustado haber tenido otro color, otra imagen y hasta deseaba cambiar de dueño. Cada día aquel pequeñajo me hojeaba sin parar, donde no habían letras el ponía las suyas, unos garabatos indescriptibles con la ingenuidad de un niño de tres años. Sinceramente os digo que me sentí afortunado el día que salí de la oscuridad, aunque cuando fui tomando conciencia de lo que se estaba convirtiendo mi vida sentí lástima de mi suerte.
Cada día recibía algunas gotas de agua durante mi estancia en el lavabo, de la cocina salía con algún trozo de papilla de niño. Eso por no contarles que cuando se enojaba me tiraba contra el suelo con tanta rabia que siempre terminaban rasgándose algunas de mis páginas imperfectas.
    En aquellos tiempos ya me estaba haciendo madurito, no tenía un lugar decente donde estar sin tener algún percance. Así que pensé que sería interesante buscarme una nueva vida por mis propios medios, no tenía otra alternativa. Mi vida comenzaba a ser aburrida. Por primera vez el niño me dejó caer al lado de un periódico, el Granma, uno de los más populares de la época. Me miró con aires de superioridad y me dijo: sabes que no vales un duro. En ese instante me sentí el libro más indeseable del mundo, medité la respuesta y me dije para mis entrañas: no vas a caer en la trampa, éste es como los demás un provocador por naturaleza.
    En cuanto me disponía a tomar fuerzas y contestarle, algo imprevisto me detuvo, ocurrió tan de repente que ni siquiera reaccioné a la gran fechoría que estaba pasando. El pequeño niño tomó el periódico entre sus manitas y zas, zas, zas, lo destrozó en mil pedazos.  El padre se quedó mirándolo y el rostro se le trasformó en una maqueta de cera a medio hacer, con las cejas levantadas, los ojos por fuera de los párpados, su cuerpo estaba lleno de perplejidad, sólo su mano derecha con el índice en firme le indicó el lugar donde debía ir en ese mismo instante.
    El muy gamberro lo obedeció sin rechistar, ni siquiera suplicar. No me alegré pero pensaba: vamos a ver ahora quien es el que no vale un duro.
    Muchos fueron los días en que pensé que si hubiera nacido pájaro mi rumbo hubiera sido otro, por lo menos con unas alas volaría y llegaría hasta el lugar más deseado. Me podría ir por el bosque con los amigos contemplando los amaneceres y atardeceres que tanto se describen en las páginas de uno u otro libro, sería libre de escoger y de decidir como los hombres. Pero con las mismas ansias que yo lo deseaba así mismo estaba de equivocado divagando con tantos sueños imposibles e ilusorios propios de mi origen.
    Pasaron cinco terribles meses y después de atraer todo el polvo típico de un viajero andante me llené de fuerzas y empecé a luchar desde lo alto de aquella estantería hasta lograr caer al suelo, alguien pasó y me recogió, la verdad es que no pude definir quién, porque estaba aún boca abajo. Lanzándome desde una distancia de unos tres metros llegué hasta la mesa del salón.
    Allí no se encontraba nadie, aunque curiosamente estaba la tele encendida. Recuerdo que hablaban de la producción de azúcar y de los centrales de las provincias de Oriente dando unas cifras de producción algo espectaculares, y yo pensaba ay si estuviera vivo Diego Velázquez estaría diciendo: esa planta la llevé yo a Cuba desde Santo Domingo en mi época de conquistas en el Caribe.
    Seguidamente ponían imágenes de unos macheteros en medio de un cañaveral sudando la gota gorda bajo un sol abrasador y sin embargo conservaban la sonrisa que los caracteriza. Alguien que se está riendo se acerca hasta la sala, ya no estoy solo ahora me acompaña la mujer del dueño de la Editorial, una mujer alegre, entretenida y también algo despistada. Se sienta súbitamente en el sofá y se queda mirando la tele fijamente.
    Cambiando de tema, dice el presentador: les animamos a todos a que lleven sus libros viejos y que no utilicen hasta alguna biblioteca y los donen para que otras personas puedan disfrutar de la lectura. Esa misma tarde cuando llegó su marido se lo comentó y él le dio su aprobación, así comenzó a seleccionar algunos libros viejos de cuentos de distintos autores latinoamericanos y también cubanos, la verdad es que eran muy valiosos, los empezó a colocar en la misma mesa donde yo estaba reposando.
    Al día siguiente mi sorpresa fue que por error a mí también me habían incluido en esa lista de libros y me sentí el más afortunado de todos mis compañeros. La mujer del Editor llegó a media mañana a la biblioteca, después de entregarlos le dieron las gracias y una señora algo mayor comenzó a seleccionarlos por temática, algunos fueron al salón de jóvenes donde los cuentos, otros subieron una planta más a historia de Cuba, y así sucesivamente.
    Fui el último, como siempre, parecía una maldición. Se quedó mirándome, me hojeó detenidamente y se percató de mis problemas, me dejó sobre la mesa otra vez suspirando qué pena de libro. Se alejó con pasos cansados y me dejó en aquella oscura habitación de libros olvidados. 
    Cuando la soledad y el silencio se apoderó de todas mis páginas, sentí por primera vez que mi destino de haber nacido en aquella situación de desventaja respecto a los demás ya me estaba pasando factura, y mis temores de desaparecer definitivamente ya se estaban haciendo realidad.       Aunque mi sorpresa fue cuando pasada unas horas ya dormido por el cansancio, repentinamente un joven encendió la luz canturreando una canción: .... aunque tú me has echado en el abandono, aunque ya has muerto todas mis ilusiones.... tiene lágrimas negras...
    Increíblemente me sentí identificado con aquella canción a pesar de que la voz del solista no le acompañaba, el sentido de la letra era como mi vivo retrato. Era el hombre de la limpieza, muy delgado, negro como un Totí y parecía disponerse a eliminar el polvo incrustado en la habitación.
    Me quedé inmóvil, casi sin respirar, eso sí sin dejar de reflexionar sobre las intenciones de este nuevo personaje que parecía salido de una obra de teatro. Comenzó a hacer un ruido espantoso, tropezaba con todo a su paso, y refunfuñaba diciendo: otra vez limpiar el polvo, ya estoy cansado de esto cada día. Bah, me quedaré descansando un poco y luego pasaré por encima el trapo, aquí nunca viene nadie.
    Se puso a rebuscar entre los libros y escogió el de las aventuras de Tom Sawyer, sin siquiera abrirme me tomó entre sus manos hábiles introduciéndome dentro de un bolsillo del pantalón. Nos mantuvo ocultos hasta que llegó a su casa, donde le esperaban sus hijas, que no paraban de gritar: papá, papá que nos trajiste hoy. Eran dos niñas mulatas con unos cabellos indomables pero muy dulces y cariñosas. Estábamos encogidos de la mala postura guardada en sus pantalones, nos sacó y nos fuimos estirando poco a poco hasta recuperar nuestra figura, las niñas nos abrieron con sumo cuidado y comenzaron a leer.
    La más pequeña se llamaba Lucía, cuando vio los garabatos que tenía incrustados en las páginas en blanco tuvo una idea fantástica, recortó un folio blanco de la misma medida y la pegó donde estaban los garabatos e inteligentemente continuo la historia encajándola con la página siguiente. Los hombres pícaros suelen triunfar, pero, ¿y los libros? los libros como yo ¡Qué afortunados  somos!

©Marucha Carracedo Fernández

Maruxa Carracedo Fernández es Licenciada en Español y Literatura, por el Pedagógico José de la Luz y Caballero de la ciudad de Holguín, Cuba.
Licenciada, además, en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, España.
Ha trabajado como Profesora de Español en Cuba durante los años 1992-1995.
Tiene un postgrado en ELE (especialista en la enseñanza del español como segunda lengua) por la Universidad UNED, año 2007-2008.
Casada y madre de una preciosa niña, Antía. Actualmente reside en Madrid, España.

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