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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


domingo, 23 de septiembre de 2012

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ElNuevoHerald.com

Artes y Letras

Publicado el domingo, 09.23.12

José Triana todavía tiene mucho que ofrecer


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BELKIS CUZA MALÉ

ESPECIAL / EL NUEVO HERALD

Antes de ser un escritor famoso, un teatrista de renombre, que había marcado un hito en el teatro cubano con La noche de los asesinos, José Triana Pepe para sus amigos, no fue un cubano típico, uno de esos jóvenes nacidos para vivir una vida sencilla y sin complicaciones, como el resto de sus contemporáneos de los años 50.
Todavía era muy joven cuando a mediados de 1960 lo conocí en una deslumbrante Habana. Aún conservo la imagen de entonces cuando paseabamos por la populosa calle La Rampa, en compañía del poeta Pablo Armando Fernández y de Maruja, su esposa.
Conocer a Pepe Triana aquella vez fue un verdadero regalo: vivaz, lleno de juventud y frescura. Por esa época ya había publicado algunas de sus obras de teatro y tenía entre manos otras de las que hablaba con pasión. También había actuado, y ayudaba en el teatro a Morín, el gran director.
Han pasado casi cinco décadas desde aquella primera vez en que paseando por la Rampa habanera, con la brisa del mar refrescando la noche, sospeché que Pepe Triana seguiría siendo joven y entusiasta, aunque la vida hubiese cambiado para él. Cuando le pregunto, no me extraña su respuesta:
“No creo que mi vida haya cambiado mucho. Los posibles arreos de la fama, me decía en tono de burla la querida Elena Garro, deben llevarse como una hermosa fatalidad. Pienso que los acepto, en verdad, igual a un festivo y delirante corre-corre. Algo que se cumple amorosamente. Porque si he escrito un texto que complace a mis contemporáneos, eso me da energía y sosiego y a la vez una secreta exaltación del deber cumplido”.
Familia de artistas la de Pepe Triana: con hermanas pintora y actriz respectivamente, y él, teatrista y poeta, el autor de Medea en el espejo (1960), La muerte del Ñeque (1963), La noche de los asesinos(1965), y otras, parecería haber crecido en un hogar de creadores e intelectuales. Nada más lejos.
“Mis padres eran de extracciones sociales diferentes”, me cuenta. “Mi madre pertenecía a una familia que poseía tierras en la zona de Jovellanos y de Carlos Rojas. En la finca se cultivaba caña, arroz y conservaba hermosos plantíos de árboles frutales. Se llamaba Santa Sabina, situada muy cerca del Canal de Roque. De la familia de mi padre puedo decir que eran jornaleros de origen canarios que tenían un pequeño pedazo de tierra que llamaban Las Piedras. Toda mi infancia y juventud las pasé en viajes a ver a mis abuelos, tíos y primos, paternos y maternos. Conservo una plácida afección, mejor decir, amor, por esa región y por mis familiares. Es un instante de júbilo nombrarlos ahora. A mi tías y tíos Leonarda, a Otilia, a Bruno, a Oscar y a Luis. Como a mis tías Cirita y Nélida, hermanas de mamá. De niño aprendí a conocer de cerca las diférencias en las clases sociales.
“Tanto mi padre como mi madre determinaron mucho en nuestras vidas, las de mis dos hermanas y la mía. Siempre nos inculcaron el deseo de buscar un estado espiritual donde confluían el poema, el teatro, el cine y la pintura. Mi padre me sentaba en sus piernas en su pequeño escritorio, rodeado de libros y revistas culturales, y me leía paginas de La Divina Comedia de Dante o páginas de Víctor Hugo y Alejandro Dumas. A mi madre le gustaba leerme Los cantos de la tarde, de Juan Clemente Zenea. Mi padre adoraba Mozart y a Beethoven y las zarzuelas cubanas. Todos los años iba a las temporadas del Teatro Martí, en Hatuey, Camagüey, papa invitaba a escritores como Marcedes Pinto y Luis de Zulueta a que dieran conferencias en los salones de una sociedad que, creo, le llamaban Liceo.”
¿Cuándo y en qué condiciones llegaste a La Habana? ¿Viviste en París como algunos de tu generación o en Nueva York?
Ir a La Habana, en aquel entonces, dentro de nuestra familia, era un privilegio, y podíamos ir según las notas escolares que tuviéramos. Cuando muchacho fui varias veces con mi padre. Después, teniendo 23 años, nos escapamos un grupo de amigos y nos fuimos a ver la pieza de teatro Las Criadas de Jean Genet, que drigió Francisco Morín con Miriam Acevedo, Ernestina Linares y Dulce Velasco en un teatro improvisado en la Asociación de Reporteros de Cuba. . Al tiempo pasé por Nueva York rumbo a Madrid, donde viví cuatro años y medio. Fui a las clases de Filosofía y Letras y me sentí muy decepcionado pues el filósofo era Jaime Balmes. Hablo de 1955. Y me dije, ‘Dios mío, has cambiado la vaca por la chiva’, pues en la Universidad de Santiago de Cuba recibía los cursos extraordinarios de Enzo Mella sobre el existencialismo de Martin Buber, Gabriel Marcel, Sartre, Camus y Heidegger. Por esa época leía de Dostoyevski Memorias del subsuelo, Los hermanos Karamazov y los textos de Soren Kierkegard,Temor y Temblor y Diario de un seductor. No olvidaréa jamás el legado de Nietzsche. Esas eran las obras y las ideas que me rodeaban en la provincia cubana y me veo de pronto huérfano de ese ambiente. Pero, afortunadamente, conocí en Madrid a tres hombres excepcionales: Trino Martínez Trives, José Franco (el gran actor) y a Juan Guerrero Zamora, acompañados por la innolvidable Carmina Santos y Maruchi Fresno. En la vida siempre hay grandes compensaciones.
La noche de los asesinos fue Premio de Teatro Casa de las Américas. A partir de ahí la puesta en escena por Teatro Estudio te lanzó a la fama. Pero casi que coincidió con tu salida de Cuba. ¿O cómo fue?
Mi salida definitiva fue el 18 de diciembre de 1980, después de celebrar la fiesta de San Lázaro. La puesta de La noche de los asesinos fue un espléndido trabajo de actores y de un Vicente Revuelta inspirado. No me gusta hacer comparaciones, pero ese fue un gran momento en mi vida.
¿Qué te llevó a abandonar Cuba?
La permanente persecución, el ponerme en duda todo el tiempo. Frente a la esterilidad, la creatividad y la soledad. En mi país me sentía acosado por la dirigencia. Mi país, hermoso y luminoso. Mis amigos forman parte de mi eternidad.
¿Cómo ha sido tu vida de exiliado en París?
La compañía de Chantal es una fiesta refiriéndose a Chantal, su esposa de tantos años, una fiel y eterna compañera, que ha sido para Triana fuente inagotable de bendiciones. Como décia Lezama de Cuba, una fiesta innombrable.
Recientemente has publicado una antología de tu poesía, o ¿hay poemas recientes?
Hay nuevos poemas, dice.
¿Qué le pides a la vida?
Lo que me ofrezca.
Así de sencillo y espontáneo es José Triana, este famoso escritor y poeta, uno de los grandes en el ámbito de la literatura latinoamericana. El año pasado Aduana Vieja, de Valencia, publicó dos volúmenes con su teatro completo, y recientemente otro con su poesía. A sus 83 años Pepe Triana tiene todavía mucho que ofrecernos.•
EXTRAÍDO DE:  http://www.elnuevoherald.com/2012/09/23/1305672/jose-triana-todavia-tiene-mucho.html

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