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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


martes, 23 de octubre de 2012


                    EL AUTOR ROBERTO FERNÁNDEZ-RIZO

 

23 octubre 2012

El Valle de Nipe (III)



El Valle de Nipe (III)
Tierra de perdigones

El siglo XIX, los asentamientos más importantes y el comienzo del desarrollo

En el libro “Caminos de la isla de Cuba” de Esteban Pichardo, publicado en 1865, se describe como Camino General la vía principal que va desde Mantua, al occidente de la isla, hasta Baracoa, su extremo oriental. En su itinerario, que va de la primera villa fundada hasta Guantánamo, de esta a Cuba, luego a Palma Soriano, Jiguaní, Bayamo y Las Tunas, por ese orden, el pueblo de San Isidoro de Holguín aún no estaba ubicado dentro del Camino General concebido por las autoridades coloniales. Indicación de la poca importancia económica de la zona del norte oriental que rodeaba a la bahía de Nipe. Gibara, pueblo más importante de la zona, inclusive con mayor población que Holguín durante todo el XIX, había desarrollado su comercio a través del mar.  Mayarí, partido pedáneo de Cuba, pasó en 1860 a formar parte de la jurisdicción de Holguín. Esto aumentaba el territorio holguinero más no su importancia económica. No fue hasta finales del siglo XIX, cuando el gran capital industrial norteamericano comenzó a asentarse en la zona, que el fértil valle adquirió relevancia.  Primero fue la industria minera y luego le siguió la agricultura.  Entre minas, centrales azucareros, vegas de tabaco y grandes extensiones de plátano, surgieron gran cantidad de pueblos alrededor de la bahía de Nipe y entre las faldas de las sierras de Nipe y Cristal.



San Isidoro de Holguín



Francisco García Holguín, conquistador español que tomó parte en la fundación de la villa y el Cabildo de Bayamo en 1514, donde llegó a ser Alcalde Ordinario, es recompensado con una Encomienda en el territorio norte de esa villa. Partió a México en 1520 a las órdenes de Hernán Cortés y se convirtió en Alcalde Ordinario de su capital en 1533. Regresó a Cuba en 1535, recuperó sus tierras y comenzó a mercedarlas en hatos y corrales. El 4 de abril de 1545 fundó el hato de San Isidoro de García Holguín. Mismo lugar donde se originó, en igual fecha pero de 1720, el Pueblo de San Isidoro, convertido, en enero de 1752, en Ciudad y nueva jurisdicción del departamento oriental.
  
El crecimiento de la población y la redistribución de las tierras por herencia familiar contribuyeron a la desarticulación de los hatos primitivos en fincas, estancias y sitios de labor. El ganado y el tabaco siguieron constituyendo la base de su producción mercantil. De las incipientes producciones de azúcar en pequeños trapiches familiares del siglo XVIII se pasó, a comienzos del siglo XIX, a la producción de azúcar de caña con fines mercantiles.   En 1804 se crean las primeras capitanías pedáneas: Maniabón, Auras, Fray Benito y Bariay.

La ley de desestanco del tabaco de 1817 y la del libre comercio de 1818, en sinergia con las Reales Cédulas referidas al fomento de la población blanca de 1818 y la de entrega de tierras baldías y de realengos de 1819, hicieron posible un poblamiento extranjero a partir de esa década. Según los Anales de la Isla de Cuba(6), la población del distrito civil de Holguín se incrementó en casi un ochenta por ciento entre 1855 y 1861. De treinta y cuatro mil pasó a cincuenta y tres mil en sólo seis años. En ese impresionante incremento, dado el lento crecimiento poblacional de la zona, la mayor proporción fue de españoles, principalmente canarios, que  finalmente se constituyeron en la base del campesinado de toda la zona(7).
La Periquera. Sede del gobierno colonial. Hoy Museo Provincial

Entre 1820 y 1840, norteamericanos e ingleses que provenían de las Bahamas comenzaron a fundar pequeños ingenios azucareros en los partidos pedáneos de Bariay y Gibara. Los pequeños hacendados anglos fueron los primeros de la zona en exportar azúcar y colocarla en el mercado mundial. Entre ellos, Samuel Chapman, William Chapman, Santiago Patterson y Samuel Clark, aparecen registrados entre los propietarios con mayor cantidad de esclavos en Holguín. Fueron además los primeros en incorporar la máquina de vapor en toda la zona norte del departamento oriental. No por ello la industria azucarera dejaba de ser esencialmente rudimentaria en toda la región. Fue a finales de la década de 1850, fecha en que comenzó el despegue, cuando lo que primeramente fue un trapiche se convirtió en un ingenio para llegar a convertirse, a finales del siglo XIX, en uno de los centrales más grandes y modernos de toda Cuba: el Santa Lucía.

Para 1863 ya existían en la jurisdicción 76 ingenios azucareros, 753 vegas de tabaco y cientos de fincas rústicas atendidas por esclavos. La producción de tabaco, su renglón más importante, ocupaba el cuarto lugar entre los distritos civiles de la isla. Producía cera, miel de abeja, café, azúcar, miel de caña y aguardiente(8).
  




San Gregorio de Mayarí



En el año 1757, en una zona conocida como El Cocal, varios indios construyeron sus ranchos y bohíos alrededor de una ermita que levantó el dueño del lugar bajo la advocación de San Gregorio Nacianceno, de ahí su nombre inicial de San Gregorio de Mayarí. En 1777, el lugar fue declarado oratorio público, por el obispo diocesano, al contar con libros de bautismo, defunciones, matrimonios y contabilidad. Para ese momento era capitanía pedánea de la jurisdicción de Cuba (Santiago de). En 1786 fue elevada a categoría de parroquia y para 1827, casi medio siglo más tarde, además de la rústica ermita, se levantaban 112 viviendas para uso de una población de 667 personas.

San Gregorio de Mayarí. Siglo XIX
Fue nombrado como Ayuntamiento en 1878 y constituido en municipio un año más tarde. Dentro de su territorio surgiría, treinta años después de ser nombrado cabecera municipal, el poblado de Cueto.




Gibara



Su nombre proviene del vocablo aborigen Jibá. En sus alrededores ocurrió el primer encuentro entre los europeos recién llegados al Nuevo Mundo, comandados por Cristóbal Colón, y los aborígenes isleños, pertenecientes a uno de los más grandes asentamientos taínos de la zona oriental, el cacicazgo de Baní. Fue allí donde los conquistadores vieron por primera vez la planta de tabaco y el uso que le daban los indios.
El lugar se fue poblando muy lentamente durante los próximos tres siglos. Las leyendas del uso de la bahía como guarida de piratas y contrabandistas tal vez contribuyó al lento asentamiento que tuvo la zona.
En 1804 el lugar pasó a formar parte de la recién fundada capitanía de Auras y el 16 de enero de 1817, año en que se colocó la primera piedra de la fortificación ordenada a construir por el cabildo de Holguín desde 1773, es reconocido como el día de su fundación.

Gibara

Ya en 1822, en el pequeño asentamiento de algo más de veinte casas que se fue conformando a la entrada de la bahía, se construye un puerto. La bahía es considerada, según la historia oral marinera, la de más fácil acceso de toda la costa norte oriental. Este hecho le imprime a Gibara un desarrollo de tal magnitud que, en 1862 y con menos de dos mil vecinos, es considerado uno de los sitios mejor fortificados de la isla.
En 1868, después de comenzar la Guerra de los Diez Años, muchos habitantes de las zonas próximas se fueron a vivir a la ciudad. La zona oriental, especialmente su parte norte, fue el lugar donde se escenificó con mayor afán el inicio de la guerra . La historiografía cubana recoge, con abundantes testimonios, los desmanes cometidos por el incipiente ejército cubano alrededor de los pequeños asentamientos y pueblos donde ocurrían las batallas y enfrentamientos entre ambas fuerzas militares, durante y después de las mismas. Gibara, con una defensa inusual para un poblado de su tamaño, se convirtió en sitio seguro para las familias que salían huyendo de la violencia.



Banes



El territorio de Banes perteneció a la jurisdicción de la villa de Bayamo desde 1513 hasta 1752, año de fundación del ayuntamiento de Holguín y al cual Banes perteneció como parte de la capitanía pedánea de Bariay. A partir de 1823 perteneció a Gibara.
En 1882 el lugar comenzó a poblarse, pero el florecimiento comenzó en 1887 con la llegada de los hermanos Dumois, Hipólito y Alfredo, procedentes de Saint Domingue; junto a los también fundadores Juan Cárdenas, Octavio Silva y Delfín Pupo.

Banes. United Fruit Company. La chispita era una carro de rieles para recorrer las plantaciones azucareras. Foto: Col. William Navarrete.

La familia Dumois, productora y exportadora de plátano en la zona de Baracoa desde antes de la llegada de la United Fruit Company a la región, en la búsqueda de terrenos para aumentar su producción compran, en 1887, una hacienda llamada Banes. Fundan, en esas tierras, la compañía Banes Fruit Company. Entre sus propiedades y las de otros campesinos de la zona, con los cuales los Dumois firmaron contratos, manejaban unas 8 mil hectáreas para la producción de la fruta tropical, que por entonces hacía furor en el mercado norteamericano.
La producción de la compañía, en el año 1895, alcanzó más de dos millones de racimos de bananos con destino al mercado norteamericano.
Fue el comienzo del desarrollo que alcanzó la zona de Nipe en la primera mitad del siglo XX.
  Al comenzar la Guerra del 95 los Dumois viajan a Nueva York, donde poseían intereses comerciales y financieros, y se establecen mientras dura el conflicto armado. Hay indicios de conversaciones y pactos entre los jefes del Ejército Libertador y los hermanos Dumois. Los mambises, enfrascados en la guerra contra España por la liberación de Cuba, destruyen gran parte del complejo económico de la zona de Nipe.
En febrero de 1898 explota el acorazado Maine en el puerto de La Habana, dando comienzo a una "nueva guerra": American-Spanish War o Guerra Hispano Americana. Así se ha empeñado en reconocer la historiografía un conflicto armado entre dos fuerzas militares que, por la rápida, solícita y forzada aceptación a la solicitud de ayuda de una de las partes, terminó convirtiéndose en un enfrentamiento con tres jugadores.
  

miércoles, 17 de octubre de 2012


                      ROBERTO FERNÁNDEZ-RIZO

 

16 octubre 2012

El Valle de Nipe (II)



La virgen de la Caridad del Cobre


El comienzo del siglo XVII marca uno de los hitos religiosos más importantes de la zona y de toda Cuba. El primero de abril de 1687, en la parroquia de Santiago del Prado del Cobre y en confesión y juramento del negro esclavo Juan Moreno, de ochenta y cinco años de edad, ante Juan Ortiz Montejo de la Cámara, cura rector de la Parroquial del sitio, se da fe de la aparición, de entre las aguas de la bahía de Nipe, de la virgen de la Caridad. Moreno, que en ese entonces tenía diez años, y los hermanos Rodrigo y Juan de Joyos, indios nativos del Hato de Barajagua, habían visto a la virgen mientras se dirigían a recoger sal a cayo Francés. Al lugar se llegaba atravesando toda la bahía por su parte este.
La sal común (cloruro de sodio), fundente primitivo con el que se mejora la calidad del metal de cobre, era utilizada en las minas. Es muy probable que a ambos indios, por ser vecinos de un asentamiento cercano a la bahía, les fuera encomendada la búsqueda de la sal. Llevando con ellos al niño Juan Moreno, hijo de un esclavo de la dotación de Santiago del Prado.
El documento firmado ese día (3), tras una diferencia de setenta y cinco años entre suceso y confesión, registra la aparición de la virgen de entre las aguas de la bahía, dejando constancia, para fe pública, que el lugar de veneración lo sería las minas del Cobre, asentamiento a veinte kilómetros de la capital de la jurisdicción de Cuba (Santiago de) y a ochenta y cinco del Hato de Barajagua, donde fue llevada por primera vez.
Los hermanos de Joyos, descendientes de taínos, que con seguridad trabajaban en las minas de cobre de Santiago del Prado, llevaron la virgen hasta Barajagua y le construyeron un lugar de veneración. De alguna manera y sin explicación documentada, la virgen fue trasladada a la mina en fecha desconocida, pero cercana a su aparición en 1612, dado el arraigo presente en el pueblo minero al momento de redactar el documento. ¿Qué puede explicar, en fecha tan temprana, el reconocimiento de la virgen por el poder colonial?
  La ciudad de Cuba había perdido, mediante Cédula Real de 1607 y apenas cinco años antes de la aparición de la virgen, su condición de capital de la isla. Aunque desde 1556, cuando San Cristobal de La Habana fue declarada punto de reunión de la Flota de Indias, las funciones de centro político y comercial se habían trasladado al occidental puerto de Carenas.
   La iglesia reconocía, mediante el documento de confesión de Juan Moreno, la existencia de la veneración a la virgen entre los pobladores del lugar. Al este pertenecer a la jurisdicción de Cuba, la leyenda le añadía valor y reconocimiento a la ciudad ante el poder colonial. Aunque el hecho nunca fue tomado en cuenta para tal reconsideración, en aquel momento pudo haber sido uno de los motivos del reconocimiento parroquial, después del hecho más importante de todos: la sublevación de los esclavos diez años antes de la redacción del documento.
  El lugar comenzó a poblarse en el año 1530, fecha en que fue descubierta una mina de cobre. Este metal, por ser utilizado en la fabricación de armas, tenía un valor estratégico para la corona española. El Rey Carlos I ordenó adquirir una dotación de esclavos y comenzar la explotación de la mina. Por ser una dotación con características especiales, el Rey les otorgó a los esclavos ciertos derechos.
En 1597, el capitán Francisco Sánchez de Moya llegó a La Habana, procedente de Cádiz, con la misión de explotar las reservas cupríferas que existieran en el país. Luego de dos años de prospección en diferentes lugares de la isla tomó posesión de las minas cercanas a Santiago de Cuba. Su acción colonizadora comenzó el 8 de enero de 1599, al plantar una cruz y bautizar el lugar con el nombre de Santiago del Prado.
  Había llegado con dos fundidores más algunos peones. Multiplicó las labranzas para garantizar el sustento de los esclavos, sembró yuca, maíz, plátano, caña de azúcar. Fabricó tejas para la casa de fundición, construyó los hornos, hizo carbón, curó pieles para hacer tres fuelles con cueros y madera. Hizo caminos, un sitio en torno a los bohíos y hasta una campana para la iglesia, que en un primer momento fue de guano. Finalmente comenzó los trabajos a flor de tierra para extraer las piedras con el mineral. Además de los técnicos con los que había viajado, contaba con una fuerza de trabajo previamente adiestrada que heredó de los anteriores asientos.
 En 1607, Sánchez de Moya solicitó autorización metropolitana para fundir 30 quintales de cobre para la construcción de las pailas de su ingenio del hato de Barajagua.
 En 1610, los esclavos tenían oficios de mineros, carboneros, fundidores, herreros, serradores, boyeros y arrieros, pero no todos los esclavos trabajaban en la fábrica porque Sánchez de Moya, además de las labranzas, había adquirido un hato de ganado mayor fomentado con 800 reses (era parte del de Barajagua), añadió el hato de Puerto Pelado y un corral de ganado menor.
  Aunque en 1620 se le entregó el asiento de las minas a Juan de Eguiluz, ya las condiciones originarias habían variado, resultando mucho más difícil su explotación. Detrás de todo estaba su ambición por el fomento de las fábricas de azúcar. Dos años más tarde, por la mala gestión de Eguiluz, los esclavos estuvieron a punto de rebelarse.
  En 1648, la administración de las minas pasó a manos Francisco Salazar y Acuña, yerno de Juan de Eguiluz. En la práctica, las labores de extracción y fundición terminaron por extinguirse definitivamente. Salazar nunca pudo cumplir con las exigencias impuestas desde la metrópoli para saldar la deuda de su suegro y la que él contrajo.
  En 1653, el ochenta y tres por ciento de los esclavos eran criollos y ejecutaban labores calificadas: fundidores, herreros, músicos, maestros de carpintería, caldereros y un maestro de hacer azúcar(4).
  Mediante Real Cédula del 30 de mayo de 1670, Francisco Salazar y Acuña tuvo que entregar la administración de las minas y fue puesto preso por el gobernador del Departamento Oriental Andrés de Magaña, al ser deudor de más de ciento veinte mil reales del asiento. En 1677, siendo Rey Carlos II, el teniente de gobernador de La Habana, Juan Antonio Ortiz de Matienzo, debía averiguar cual era la situación existente en la mina e inventariar todo con vistas a la venta a algún vecino o en su defecto vender los 275 esclavos que residían en ese momento. Unos cien de ellos se alzaron en las montañas que rodeaban el lugar. Juan Moreno, en representación de los esclavos y al conocer la decisión del Rey de vender a toda la dotación y trasladarlos hacia La Habana, le envió al Juez Don Antonio de Matienzo un carta de petición(5). La carta, considerada como texto fundacional, no solo de la villa El Cobre sino también de una incipiente y temprana cubanía, le pedía al juez su intermediación ante la decisión del Rey de trasladar a los asentados hasta La Habana y venderlos.
   Las bases que sustentaban tal petición, escritas por el mismo peticionario y con mucha certeza elaboradas, según transpira la lectura de la misma, por una parte de los pobladores, era la unidad familiar y el arraigo a la tierra de nacimiento. En casi ciento cincuenta años desde su fundación, habían nacido allí varias generaciones de la primigenia dotación de  esclavos asentados por ordenanza Real. El cumplimiento pacífico del trabajo en las minas y la obediencia mostrada durante todo ese tiempo, expresaba la esperanza de los esclavos en la concesión Real de la licencia solicitada. Trasciende en la carta que ellos, considerados históricamente en posesión de ciertas libertades otorgadas por el Rey al momento de establecerse la comunidad, formaban parte de una estructura civil al servicio de la comunidad, al trabajar no sólo en las minas, sino también en diferentes labores, oficios y profesiones. Igualmente la petición nos informa del cumplimiento de labores de apresamiento de negros fugitivos, lo que refuerza que la población del lugar tenía concesiones muy diferentes al resto de la masa esclava de la isla. El propio Juan Moreno era capitán del lugar, según se expresa en el juramento de confesión, lo que implica una estructura militar que velaba por los intereses civiles, tanto de las autoridades coloniales como de los pobladores. La presencia de la virgen, como guía espiritual del asentamiento, refuerza todo lo anterior. Aunque no se hace mención a la virgen en la carta de petición, se puede corroborar su arraigo entre los pobladores en la declaración y juramentación que haría Juan Moreno diez años después.
   El reconocer la veneración a la virgen, mediante documento público, por los habitantes del lugar como su patrona y protectora, era un hecho que sería bien recibido por los pobladores de la villa y con ello evitar otro acto de desobediencia civil, además de reforzar la evangelización, acto primero de la iglesia católica en su misión americana.
  Como dato que ratifica las condiciones especiales de los esclavos del asentamiento, el 19 de mayo de 1801, a través de la mediación del padre Alejandro Ascanio, los trabajadores semi esclavos del Cobre obtuvieron su libertad por Real Cédula –ocho décadas antes de la abolición de la esclavitud en Cuba–, la cual fue leída ante la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre.







Bibliografía, citas y documentos


(3) Transcripción de fragmentos de Depósito de Juan Moreno en la aparición de la virgen”. 1687.  


Dijo que sabe este declarante que siendo de diez años de edad fue por ranchero a la Bahia de Nipe que es en la banda del norte de esta Isla de Cuba en compañia de Rodrigo de Joyos y de Juan de Joyos que los dos eran hermanos y Indios Naturales los cuales iban a cojer sal y habiendo rancheado en Cayo Frances que esta en medio de dicha Bahia de Nipe para con buen tiempo ir a la salina.
[f. 13v] Estando una mañana la mar en calma salieron de dicho Cayo Frances antes de salir el sol los dichos Juan y Rodrigo de J[H]oyos y este declarante embarcados en una canoa para la dicha salina. Y apartados de dicho Cayo Frances vieron una cosa blanca sobre la espuma del Agua que no distinguieron lo que podria ser y acercandose mas les parecio pajaro y a mas cerca dijeron los dichos Indios parece ina Niña y en estos discursos llegados reconocieron y vieron la Imagen de Nuestra Señora la Virgen Santisima con un Niño Jesus en los brazos sobre una tablita pequeña y en dicha tablita unas letras grandes las cuales leyo dichho Rodrigo de Joyos y decian Yo soy la Virgen de la Caridad y siendo sus vestiduras de ropaje se admiraban que no estaban Mojadas. Yen esto llenos de gozo y alegria cojiendo solo tres tercios [?]
[f. 14] de sal se vinieron para el Hato de Barajagua donde estaba Miguel Galan Mayoral de dicho hato y le dijerno lo que pasava de haber hallado a nuestra Señora de la Caridad, Y dicho mayoral muy contento y sin dilacion envio luego a Antonio Angola con la noticia de dicha Señora al Capitan don Francisco Sanchez de Moya que administraba las minas de dicho Lugar para que dispusiese lo que habia de hacer. Y mientras llegaba la noticia pusieron en la casa de vivienda de dicho Hato un altar de tablas y en el la Virgen Santisima con luz encendida. Y con la referida noticia el dicho Capitan don Francisco Sanchez de Moya envio orden al dicho mayoral Miguel Galan que viese una casa en dicho hato y que alli pusiese la Imagen de nuestra Señora de la Caridad. Y que siempre la tuviese con Luz ....

Ver documento original: http://humweb.ucsc.edu/elcobre/voices_apparition.html



(4) Los orígenes de la minería en Cuba. Las minas del Prado hasta 1600. Irene Wright, en La reforma social, pp, 460-61.


(5) Petición de Juan Moreno al juez don Antonio Matienzo. Minas de Santiago del Prado, 13 de julio de 1677.


El capitán Juan Moreno, negro criollo y natural de las minas de Santiago del Prado de esta ciudad de (Santiago de) Cuba, por mi y en nombre de los demás negros criollos naturales de esta minas, esclavos que somos de Su Majestad, que Dios guarde y particularmente los que fuéremos nombrados en la dirección y alcance.... parecemos ante (Vuestra Merced) en la mejor vía y forma que haya lugar en derecho y decimos que por cuanto todos los más negros y mulatos criollos de estas minas somos casados y tenemos nuestras familias que siempre hemos sustentado quieta y pacíficamente, estando ocupados cuando se ha ofrecido en el trabajo de las minas, (las) fábricas de la Santa Iglesia, y demás en que se nos ha ocupado en ocasiones de rebate. Y como leales vasallos de Su Majestad hemos acudido con toda prontitud a nuestra costa y mención, guardando y obedeciendo todas las órdenes de los superiores y demás justicia de la Ciudad de (Santiago de) Cuba en que nos han ocupado, así en esto como en rancherías y palenques de negros esclavos fugitivos de los vecinos de toda esta Isla (a quienes) hemos apresado. (Hemos estado) deseando siempre mayores ocasiones del Real servicio (y) que nos ocuparan para conseguir acciones militares grandes. Que aunque no se nos premiaran sólo quedaremos contentos de haberlas conseguido. Y siendo como es esto tanta verdad, y se hallara entre nosotros estar con grande prevención para la ocasión y defensa de la plaza de (Santiago de) Cuba u cualquier otro lugar, que aunque es verdad que todos sus vecinos lo están también y que conseguirán cualquier acción, en todo, cuanto se ha ofrecido ocasión de alguna novedad, los Señores gobernadores nos han ocupado haciendo memoria de nosotros, aunque (seamos) negros humildes esclavos de Nuestro Rey y Señor, por haber reconocido quizá nuestro buen deseo.
Y ha venido a nuestra noticia que los que llegaremos a quedar en el alcance que dicen hará Nuestro Rey y Señor a nuestro amo don  Francisco en muchos esclavos (que) se han de sacar de Vuestra Merced para llevarnos a la ciudad de La Habana. Y porque parece (que) el amor de nuestra patria y nuestros trabajos nos mueven a suplicar a Vuestra Merced que si es posible se nos conceda de merced que quedemos en nuestro pueblo pagando tributo, conforme el estilo que se dispusiere, mientras buscamos (los medios) para (comprar) nuestra libertad, o lo que más bien se dispusiere por derecho en que de equidad y piedad por Vuestra Merced debemos ser amparados en nombre de nuestro Rey y Señor (y) habiendo lugar para ello.
Por tanto, a Vuestra Merced pedimos y suplicamos nos haya por presentados mandando concedernos licencia, que será justicia y merced que pedimos y lo más (necesario? ilegible).


Juan Moreno


Minas de Santiago del Prado, trece de julio de mil seiscientos setenta y siete, Ministerio de Cultura, Archivo General de Indias, Sevilla, Santo Domingo 1631, fols. 451, 424-52v, 425v.

14 octubre 2012

El Valle de Nipe (I)

A los cuetenses. En busca de nuestras memorias y ancestros.



EL VALLE DE NIPE (I)
Tierra de perdigones


Desde lo alto del Parque Nacional la Mensura, en el macizo montañoso de la Sierra de Nipe, provincia de Holguín, la vista se pierde a través de un extenso valle, que desde el comienzo de las montañas se desliza hasta el Océano Atlántico sin apenas quebrar el paisaje.
Este valle, poblado de bosques tropicales hasta bien entrado el siglo XIX, se extiende por toda la costa norte, desde el pueblo de Mayarí, que serpentea por el río del mismo nombre al este, hasta las primeras lomas, unos veinte kilómetros al oeste, en las alturas de Maniabón, pequeño macizo montañoso que bloquea el paisaje en dirección a la ciudad de Holguín, y que se conoce como la loma de Rejondones.
Levantando la vista hacia el norte, se aprecia en casi toda su extensión la bahía de Nipe.  Extendiendo la vista un poco más allá y hacia el noroeste , entre las penumbras azules de las montañas distantes, a unos veinticinco kilómetros del lugar, podemos apreciar sus valles más lejanos, que bordeando el pueblo de Banes son irrigados por su río más importante: el Tacajó. El otro río de importancia, el Nipe, cubre el centro del valle y desemboca casi cercano a la playa Juan Vicente. 
Todo este hermoso territorio delante de nuestros ojos cubre una extensión de algo más de seis mil kilómetros cuadrados, al incluir, si queremos verlo como una gran zona socio-económica interdependiente, el territorio que va desde Levisa, extremo noreste del valle, hasta Moa, el último pueblo en los bordes de la Sierra Cristal, en el extremo este del grupo montañoso.
Antes de llegar Cristóbal Colón a Bariay el 27 de octubre de 1492, el hoy municipio de Gibara, uno de los grupos aborígenes que habitaban la isla, los taínos, vivían agrupados en los cacicazgos de Baní, hoy municipio de Banes, y el de Barajagua, hoy municipios de Cueto y Mayarí. Se cuenta que varios indígenas de la bahía de Gibara donde estuvieron ancladas las carabelas durante casi dos semanas debido al mal tiempo, fueron capturados y llevados a España para ser presentados a los Reyes.
El Almirante luego de remontar hacia el este, bordear toda la costa holguinera y llegar a su extremo oriental, anotó en su libro de navegación señales de valiosos minerales en el lecho y terrazas del río Moa.
Hay pocos indicios de poblamiento europeo en la zona durante el primer siglo de la conquista. En octubre de 1513 Diego Velázquez, en su primer viaje de reconocimiento y colonización de la isla, luego de ser nombrado por el Rey Adelantado, Teniente del virrey y Gobernador de la misma, visita la zona de Baní atraído por el conglomerado de población aborigen asentada en la zona. Corroborado hoy por arqueólogos e historiadores como uno de los sitios precolombinos más poblados de Cuba.
En carta de Velázquez al Rey Fernando de Aragón, donde explica de sus viajes a través de la isla de Fernandina, le cuenta cómo llegó primero a las provincias indias de Baní y Barajagua, y que haciendo convocatoria para reunirse con los principales jefes de aquellas provincias estuvo cuatro o cinco días en la zona, donde finalmente acudieron los caciques con numerosos indios que le acompañaban. No especifica el lugar de la reunión, pero los historiadores Fernando Portuondo y Leví Marrero lo ubican entre la bahía de Banes y la península de El Ramón. Incluso, el periodista banense Rene Dayre lo establece, con mayor precisión, en la playa de Puerto Rico, a unos diez kilómetros al este de Banes, por las características de las corrientes marinas del lugar.
Entre 1520 y 1542, fecha en que son extinguidas legalmente las Encomiendas, la zona de Baní es considerada centro principal del enfrentamiento entre aborígenes y conquistadores en su lucha por el territorio.
Entre los años 1600 y 1752, año este último del comienzo de la jurisdicción de San Isidoro de Holguín, el territorio se lo dividían las dos jurisdicciones más importantes del departamento oriental: todo el oeste a la jurisdicción de Bayamo, y todo el este a la jurisdicción de Cuba (Santiago de). El área, periferia de ambas jurisdicciones, era habitada por dueños de hatos y realengos muy dispersos entre sí, dedicados a la ganadería, el cultivo del tabaco y la tala de árboles.
Entre 1723 y 1728, desde La Habana y Santiago de Cuba, se realizaron consultas con Madrid para que la corona otorgara a los criollos las tierras realengas, prácticamente  despobladas, alrededor de la  bahía de Nipe, con el propósito de fundar una ciudad como centro de las producciones agropecuarias, principalmente tabacaleras, a fomentar en el lugar. Cabe recordar que el 17 de abril de 1717 se instaura en Cuba la “Ley del Estanco del Tabaco”, ordenanza del rey Felipe V para establecer el monopolio de la corona sobre el tabaco producido en la isla. En ese momento, y durante casi todo el siglo XVIII, el tabaco le produce a la metrópoli las mayores ganancias desde la isla. Había que aumentar la producción y los gobiernos central y del departamento oriental coincidieron en aconsejar a Madrid, que uno de los lugares propicios se encontraba en los alrededores de la bahía de Nipe.




El Hato de Barajagua arrendado por el padre Ramos


   En carta(1) de Nicolás de Montenegro, esclavo mulato e “hijo de una esclava del contador de las minas de cobre” Juan de Eguiluz, a la esposa de éste, doña Paula de Eguiluz y Montenegro, fechada el 7 de julio de 1672 y con destino La Habana, queda registrado que Barajagua era el hato más al norte de la jurisdicción de Cuba(2). Muy probablemente, dada la lejanía y el relieve abrupto a atravesar para llegar hasta sus límites, el trasiego de su territorio se debía más a los asentamientos de los indios arahuacos, que desde el siglo VIII se habían asentado en la zona, y a algunos sitieros y estancieros dispersos en el territorio. Los indios deben haberle enseñado a los europeos y criollos que se atrevieron a conquistar la zona -varios decretos y ordenanzas reales dan cuenta de los deseos metropolitanos de poblar el lugar-, los recovecos y recursos naturales, incluyendo las ventajas de las diferentes bahías que conforman el entorno de Nipe. Se sabe, según juramentación del negro esclavo Juan Moreno acerca de la aparición de la virgen en aguas de la bahía de Nipe, que la zona era utilizada para la recolección de sal desde tiempos precolombinos.

   El padre Ramos fue uno de los clérigos de Santiago del Prado, lugar donde se encontraban las minas de cobre que explotaba el Rey desde el siglo XVI al oeste de la capital oriental. El clérigo arrendó al Rey el hato de Barajagua por doscientos pesos, según indica la mencionada carta del esclavo Nicolás, corroborando el poco valor que para ese entonces tenía el territorio. La siembra de tabaco y la explotación ganadera eran los renglones principales de la economía oriental hasta el siglo XVIII, época en que comenzó, con fines comerciales domésticos, la producción de azúcar mascabado, miel y raspadura, renglones principales de la parte occidental de la isla. Lo más probable era que el padre Ramos la utilizara para producir tabaco con fines comerciales, dada la importancia de este producto para la corona española, y debido a la lejanía de la ciudad de Cuba y el acceso montañoso a ésta, para la cría de ganado para consumo local y la venta de carne salada y pieles. El poco comercio se centraba en la costa sur y entre las cabeceras de las dos jurisdicciones. Durante los primeros siglos de la colonización y hasta bien entrado el siglo XVIII, la economía de la mitad oriental de la isla se reducía, además del tabaco, al comercio de pieles, carne salada y madera. Una cantidad nada despreciable de los últimos tres productos se comerciaban, mediante el contrabando, hacia las islas caribeñas y la costa de Tierra Firme.







Bibliografía
(1) Carta de Nicolás de Montenegro a doña Paula de Eguiluz y Montenegro.

Dos tengo escritas y ésta tres y en éstas he avisado a mi Señora de lo que por acá ha pasado después que mi Señora falta de estas minas. Y ahora vuelvo a hacerlo en ésta de (las) muchas novedades que de hora a hora se ofrecen y suceden.... Mi Señora, en cuanto a los cobres del río ha sido y es sin ajuste.... el cobre es la moneda que corre hoy en las minas pues hombres y mujeres y niños no se ocupan de otra cosa desde que amanece hasta que anochece.... Queriendo yo estorbarlo me dijo Pedro Viojo que estas minas no las (re)conoce por de mi Señora Doña Paula, sino por del Rey. Y lo mismo todos los demás.... Antes eran (muchas las) soberbias de hombres y mujeres, como mi señora sabe, pero hoy es cosa mucha pues dicen públicamente que son horros.... El hato de Barajagua lo arrendó el padre Ramos en doscientos pesos, sólo las yerbas, dejando libres las monterías para la gente de estas minas. Y no les pareció a su gusto porque dicen que Barajagua y las monterías es suyo todo, que el Rey se los dió.... Miguel Congolo desde que mi Señora salió de estas minas se fue y plantó en la covacha y se ha aprovechado de todo el cacao de ambas cosechas de este año pasado. Y diciéndole yo cómo hacía eso, que aquellos cacaos son de mi Señora doña Paula, me respondió que son del Rey y él también. Manuel del Río después que estuvo por su voluntad por allá en paseos vino a solo acabar de ayudar (a) azotar estas minas de cobre.

(2) Kathryn Joy McKnight. Afro-Latino Voices: Narratives from the Early Modern Ibero-Atlantic World. 1550-1812. Hackett Publishing Company, 2009, pg. 134.