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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 28 de febrero de 2013



ROSAS ROJAS


En la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos que le aplicaban en el rostro.
Habían comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que golpeaba de manera feroz que por su ropa parecía ser el taxista le asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.
Me pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto antes.
Perdí de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.


Unos segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña apuntó a mi pecho.
Haciendo ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas manchas de color oscuro. Y sus dientes...
Corrimos un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude soltarlo.
Subimos a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez. Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta adhesiva, y me la entregó sin decir nada.
Al detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.
Abajo, la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.
Habló como si estuviera leyendo mi mente.
No tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta, debajo de la nuez de Adán, y disparó.
Se desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi ropa, mis zapatos y el ramo de flores.
Me lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.
En pocos minutos llegó la policía. Tarde, como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la pequeña pared que nos rodeaba.
Guardé la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se fueran, la abriría.


Ya en mi departamento, cerca de las cinco, aún no había podido almorzar. Seguía asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo. Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.
Me senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario a cargo de la investigación.
Sin embargo, algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus pertenencias.
Pero no iba a poder hacerlo.


Unos minutos más tarde estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas horas.
Llegué a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso. Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado.
Me preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por allí, para esperar el obvio desenlace.
Les agradecí. Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.


Después de subir a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De una vez por todas.
Nunca hubiera podido imaginarme lo que contenía.


Tenía que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de llevar a cabo lo que la caja pedía.
Vi por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.
Estacionó a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… pero no la solté. La guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.
Tratando de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia dónde iba, empecé a buscar al próximo destinatario.
Advertí que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía llevar algo pesado en sus manos.
Lo seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber cómo iba a convencerlo de que acepte.
Se me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido. La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis dientes…
Encontré al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a correr junto a mí, para alejarnos de todo.
Nos refugiamos en un ascensor. Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento, le di la caja y le indiqué:
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores que yo.
No tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta del pequeño revólver a mi garganta y disparé.
Caí sobre él. Y mi sangre... por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos, como si fuera un maldito trofeo.


Gonzalo Salesky
http://gonzalosalesky.blogspot.com.ar



Gonzalo Salesky nació en Córdoba, Argentina, en 1978. Ha publicado tres libros, titulados 2011 (poemas y cuentos, publicado en el año 2009), Presagio de luz (poemas, en 2010) y Ataraxia (poemas y cuentos, en 2011). Obtuvo distinciones en certámenes literarios de España, México, Venezuela, Estados Unidos y Argentina. Sus libros pueden descargarse gratuitamente desde http://gonzalosalesky.blogspot.com.



jueves, 21 de febrero de 2013

Cuba edita obra de Padilla, símbolo de la censura castrista

La persecución contra Heberto Padilla, en 1971, quebró la relación de los intelectuales con La Habana.

por Roberto Careaga - 20/02/2013 - 08:28
El libro fue publicado en 1968, avalado con el premio de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos, pero tres años después, Fuera de juego era casi una pesadilla. Para la Revolución Cubana y sobre todo para su autor, Heberto Padilla. El volumen era un poemario muy crítico del curso político en la isla en manos de Fidel Castro. Padilla terminó encarcelado, por “actividades subversivas”, y obligado a leer una denigrante declaración donde renegaba de sus libros. El caso explotó en el mundo y desde Mario Vargas Llosa a Jean-Paul Sartre pidieron a Castro que el poeta fuera liberado. En 1980, finalmente, Padilla se exilió en EE.UU.
Muerto en septiembre de 2000, a los 68 años, Padilla representó siempre un antes y un después en la tirante relación entre la intelectualidad mundial y la Revolución Cubana. El fin del idilio. Por supuesto, tras el caso sus libros desaparecieron de la isla. Cuarenta años después, se acaba el hielo: en el marco de la Feria del Libro de La Habana, la editorial Luminaria, en conjunto con la estatal Letras Cubanas publican Una época para hablar, libro que reúne toda la obra poética de Padilla.
Un acto infame
El volumen contiene los cinco libros que Padilla publicó, entre 1949 y 1981, incluido el polémico Fuera de juego. Trae artículos de su obra y opiniones de algunos de sus compañeros de generación, como Francisco de Oraá, Antón Arrufat, Miguel Barnet y Roberto Fernández Retamar. Este último, el “sargento de la cultura” como lo llamó Neruda, dijo a la revista cubana Esquife que la poesía de Padilla “es una de las más relevantes de su generación”.
Pero el rescate trae también una nueva controversia: la viuda de Padilla, Belkis Cuza Malé, denuncia que la edición blanquea la oscura historia de esposo. La escritora, que salió al exilio en 1979, dijo al sitio Cubaencuentro.com que Una época para hablar incluye un prólogo en el que “no se habla, por supuesto, del verdadero motivo por el cual la poesía de Heberto ha sido silenciada en Cuba durante más de cuarenta años, ni del bochornoso proceso conocido como el Caso Padilla”.
Inicialmente, el poeta fue un entusiasta de la Revolución. Un viaje en 1966 por el bloque soviético lo hizo retroceder; luego se desencantó en privado del régimen castrista. Tras Fuera de juego, su posición quedó expuesta. En 1971, hostigado sistemáticamente por las autoridades, conoció a Jorge Edwards, que llegaba en una accidentada misión diplomática a Cuba. Padilla le contó de las trabas a la libertad en La Habana, que Edwards sumó a su propia experiencia en la isla en el libro Persona non grata.
“Así opera Cuba. Los mismos que lo censuraron ayer, ahora lo publican”, dice Edwards a La Tercera. “Está bien que se le publique, pero con fidelidad, con respeto”.
Sin embargo, Cuza Malé acusa que nadie le pidió permiso para editar los poemas de su esposo. “El gobierno cubano no ha pedido permiso a los herederos de Heberto Padilla para publicar ese libro. Un acto infame de piratería y de maquiavelismo, que desde ahora denuncio, pues quieren usar su nombre y su obra para presentarlo en esa bochornosa feria del libro y aparentar que ya hay libertad de expresión en la isla”.
  • Cuba
  • Padilla
  • censura
  • castrista 
  • TOMADO DE:  http://www.latercera.com/noticia/cultura/2013/02/1453-509956-9-cuba-edita-obra-de-padilla-simbolo-de-la-censura-castrista.shtml#


martes, 12 de febrero de 2013

JULIO CÉSAR GUERRERO POEMAS



Otra vez navego
en domingo de aparentes soledades
sobre los inciertos mares de tu ausencia.
El viento, con violenta rebeldía arrastra las hojas,
y levanta la arena en densos remolinos
que deforman la naturaleza de los gestos.
Aunque no se atreve con la fuerza de mis búsquedas.
Queda intacta mi sed de tu orilla,
y arraigado el deseo
del encuentro de mis manos con tu piel.
He besado tres veces
el blanco y terso cuello de la chica
que fugazmente me acaricia
haciendo desaparecer sus dedos entre mis cabellos.
Pero regreso a la noche donde habitas.
Espero.
Mis ojos se prolongan en la puerta.
Son la puerta por la que podrías entrar,
arrollador,
como estos vientos.
Si no ocurre,
yo seguiré a la deriva
en este domingo de aplazadas ternuras
sobre los mares, más ciertos ahora,
de tu estar en mí que parece irrevocable.

SONETO
Apareces en el cielo de mi vida
espantando aquellas nubes del pasado:
terca sombra y tiempo castigado
que enmascaran el instante de la huida.
Esperaba solamente la salida
de un amor ilusorio que ha emigrado.
Pero llegas como río eternizado
fundando pasiones que la noche cuida.
Los nocturnos cigarrillos y la palabra,
tiempo inmóvil en la puerta imaginaria.
La prudencia fluye impidiendo que se abra
un deseo y se trastoque en necesaria
la fuga del beso tibio que me labra
y me deja esta mudez involuntaria.


Julio César Guerrero Martínez (Banes, Cuba 1971). Poeta y periodista. Ha desarrollado su carrera profesional en emisoras cubanas y también ha trabajado como productor de radio en la Cadena COPE de Barcelona, ciudad donde reside desde 1999.


jueves, 7 de febrero de 2013

Belkis: PUERTA DE GOLPE: MI ANTOLOGIA PERSONAL DE HEBERTO PADILLA EN LLP
Recibidos
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BELKISBELL@aol.com
20:18 (hace 3 horas)

para karin_aldrey, milenarg, msrabelo71, anacavivanco, lamanzana50, marthafernande., hedy.habra, soysalvador, emarti, otsocas, lacerjeyli, san1leon, edwinjuly
Queridos amigos: Hace mucho deseaba poder reunir en un libro aquellos poemas de Heberto Padilla que impactaron mi vida a lo largo de todos estos años junto a él. Poemas que vi nacer y con los que conviví desde época muy temprana. Y el nombre de Puerta de Golpe, tan poético y extraño  --lugar donde naciera Heberto-- aparecía siempre como el título de esta selección personal.  Y así ha sido. Este es un libro, repito, personal, lleno de claves, si se quiere, acompañado de algunas viejas fotos, y  de una viñeta que escribí a petición del poeta Camilo Venegas para su hermoso blog El Fogonero, a raíz de que él encontrase la foto de la estación de trenes de Puerta de Golpe. 
         También, hallarán aquí la magnífica entrevista que el poeta peruano Miguel Ángel Zapata le hiciese a Heberto en 1987, y que cumple a cabalidad un propósito, el de oirle en sus propias palabras su fervor por cierta poesía y ciertas lecturas, y su radical opinión sobre la poesía española y la inglesa. Con los años, sus poetas favoritos seguirían siendo los mismos, al igual que su gusto por la sencillez y su desprecio por lo barroco. 
        Este libro sale a la luz en un momento oportuno. En Cuba, la dictadura castrista ha anunciado con descaro inaudito la publicación de un libro que abarcará, dicen, la poesía completa de Heberto Padilla, y su presentación en la Feria del Libro de La Habana, la próxima semana.  Anuncian que el libro no se venderá, y que lleva prólogo y artículo efumísticos en donde no se habla, por supuesto, del verdadero motivo por el cual la poesía de Heberto ha sido silenciada en Cuba durante más de cuarenta años, ni del bochornoso proceso conocido como *el caso Padilla*.  Pero sí se calumnia a Heberto en ese libro cuando se señala que en varias ocasiones pidió al gobierno de Cuba regresar a la Isla y le fue negado el permiso, algo que a raíz de su fallecimiento algunos escritores oficialistas comenzaron a propagar, abonando el terreno para esto que ahora vemos.
        En primer lugar, el gobierno cubano no ha pedido permiso a los herederos de Heberto Padilla para publicar ese libro.  Un acto infame de piratería, y de maquiavelismo, que desde ahora denuncio, pues quieren usar su nombre y su obra para presentarlo en esa bochornosa feria del libro y  aparentar que ya hay libertad de expresión en la Isla.  Una feria del libro que se celebre en la antigua fortaleza de La Cabaña no podrá ser nunca un espacio que auspicie la creatividad, sino un teatro del horror, pues allí murieron ejecutadas miles de personas, y otros guardaron prisión por años, en condiciones inhumanas.  !Cuántos escritores no vivieron esos horrores, cuántos no sufrieron el espanto de ese siniestro lugar, donde hoy continúan oyéndose los gritos de los condenados como almas en pena!  Sitio macabro que no puede dejar de serlo por decreto, pues los fantasmas no descansan en paz en medio de sus murallas. 
        Cuando la Seguridad del Estado asaltó nuestro apartamento habanero aquella mañana del 20 de marzo de 1971, colocaron un sello en la puerta que decía: Los habitantes de esta morada han sido puestos a disposición del Tribunal Revolucionario Número 1 de La Cabaña. 
        Y todavía hoy el gobierno castrista pretende usar a Heberto Padilla para que sea él, precisamente él, quien les saque las castañas del fuego, anunciándole al mundo que ya no hay represión contra los escritores y artistas en Cuba.  Se equivocan, porque aunque Heberto ya no puede defenderse de tamaña infamia, está su obra y estamos los que lo queremos y honramos su memoria, para decirle al régimen que NO PUEDE USAR LA OBRA DE HEBERTO PADILLA SIN PERMISO, QUE SUS LIBROS TIENEN COPYRIGHT Y QUE LA LLAMADA FERIA DEL LIBRO DE LA HABANA NO PUEDE PRESENTAR ALLI SU OBRA. NO ESTAN AUTORIZADOS PARA HACERLO Y DESDE AHORA LO DENUNCIAMOS COMO UN HECHO DE INFAME PIRATERIA.
 
    Queridos amigos, les invito a que adquieran un ejemplar de esta antología personal, de este homenaje, nunca más oportuno, al poeta de tantos y tantos hermosos versos, que ahora Linden Lane Press se honra en presentarles, de modo que también las nuevas generaciones puedan disfrutar con su lectura. Para adquirir su ejemplar, por favor, entrar en el enlace de Amazon que les acá les pongo. 
        Desde ahora les agradezco que me acompañen en esta relectura y disfruten como yo de una poesía que cambió el rumbo de muchas cosas, no sólo en el ámbito cultural sino político de nuestra Cuba.
Con bendiciones,
Belkis
 
Aquí el enlace:                
 

Project Summary

Puerta de Golpe: Mi antología personal de Heberto Padilla Authored by Belkis Cuza Malé
List Price: $20.00
5.25" x 8" (13.335 x 20.32 cm) 
Black & White on Cream paper
122 pages
Linden Lane Magazine & Press
ISBN-13: 978-0913827024 
ISBN-10: 0913827029 
BISAC: Poetry / Caribbean & Latin American
Una selección de los poemas de Heberto Padilla, con alguns fotos personales y entrevista realizada a Padilla en 1987 por el poeta y escritor peruano Miguel Angel Zapata.
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