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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


lunes, 22 de diciembre de 2014




RETRATO DEL OTRO HEBERTO PADILLA
MI RESPUESTA AL INFAME ARTÍCULO DE JORGE EDWARDS EN EL PAÍS
Por Belkis Cuza Malé

Con tristeza y asombro he leído el artículo ''Disidente despistado'', de Jorge Edwards (El País, Madrid, diciembre 20, 2014). Con tristeza, porque Heberto no fue ni remotamente ese hombre que intenta mostrarnos el amigo Jorge Edwards. Y asombro, porque su diatriba está llena de inexactitudes y tergiversaciones.
Heberto no fue funcionario de Cuba en la Unión Soviética en los años sesenta, sino periodista y corresponsal de Prensa Latina y como tal trabajó allí y en la publicación en español de la revista Tiempos nuevos. Tampoco ''se hizo'' amigo de Evstuchenko, como si hubiese buscado su amistad y la de esos disidentes que dice Edwards a los que se acercó. Y no se soñó dirigiendo la disidencia cubana. Tenía un carácter abierto, era espontáneo, pero no un desenfrenado, ni un despistado. Era, sin duda, un hombrre brillante, que atraìa por su personalidad. Estaba más claro que el agua, y por eso escribió todo aquello que sentía y que vio venir para Cuba, tras su temprana estancia en la Unión Soviética. Nunca, jamás, buscó encabezar vanidosamente ninguna posición. A Heberto no le interesaban ni la fama ni la gloria. De sencillo que era prefería la conversación amena de seres que nada tenían que ver con la literatura y el arte, sino con la vida misma. Sus poemas fueron un aldabonazo en la cabezota dura de la Revoluciòn, y del Máximo Líder, y se anticipó a la época, aunque él negase en uno de sus versos que sería un poeta del porvenir. Pues sí que lo es.
Me pregunto a qué se está refiriendo Edwards cuando señala que Heberto pensaba que su presencia en La Habana lo podrìa ayudar. ¿Ayudar a què? ¿A interceder ante Fidel Castro por un poeta disidente? ¿O a que sacase por valija diplomática su novela En mi jardín pastan los héroes? ¿O estarà sugiriendo que en algún momento Heberto le iba a pedir le ayudase a comprar mercancias, comida, en la tienda de los diplomáticos? Nada de eso ocurrió, por supuesto. ¿En qué podía ayudarlo Edwards, un diplomàtico mal visto por la Revolución, precisamente por tratarse de un intelectual, un escritor, palabra que de por sì levantaba sospechas en las altas esferas del gobierno, no importaba que fuese un diplomático de Salvador Allende? ¿Despistado porque se expresara francamente con él y le comentara sobre la situación cubana?
Recuerdo perfectamente la noche de la despedida de Edwards, a la que él hace referencia. Heberto me había pedido que pasada una hora lo llamase al hotel Riviera para confirmar si estaba allí, pero que lo hiciera no desde nuestro teléfono, sino que bajase a la calle y lo llamase desde uno público. La reunión sería también con Saverio Tutino y Norberto Fuentes. Norberto no era amigo de Heberto, sino un antiguo compañero mío en el periódico Granma, y un agente de la Seguridad del Estado, que con el pretexto de los últimos acontecimiento -- tras la detención del fotógrafo francés Pierre Golendorf--, se había pasado tres días visitándonos, conversando con él, preparando sin duda su informe sobre el poeta de Fuera del juego. Fueron los tres días que precedieron nuestra detención; que no ocurrió esa noche, como dice Edwards, sino a la mañana siguiente, el 20 de marzo de 1971.
La autocrítica de Heberto no se debió al despiste del poeta, sino a la única opción posible, para evitar consecuencias mayores, entre otras, que fuésemos acusados de agentes de la CIA, como tramaba Fidel Castro, y que se nos condenase a largos años de cárcel. Pero la idea de la autocrítica, y su imposición, fueron parte de los planes de Fidel Castro, que sin duda deseaba la humillación del poeta. Tanto Heberto como yo habíamos sido torturados en la prisión de la Seguridad del Estado, al extremo de que los últimos días de su encarcelamiento los pasó en el Hospital Militar, con problemas renales, producto de las inyecciones de pentotal que le administraban en las venas para lograr que confesara.
Sin embargo, Heberto logró convertir la autocrítica en una acusación contra el régimen, como hemos visto. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que una declaración como aquella dejaba muy a las claras su parentesco con los Procesos de Moscú. Sentados allí entre el público, los policías de la Seguridad del Estado, vestidos de civil, vigilaban atentamente la escena, mientras las cámaras del ICAIC grababan aquel degradante espectáculo, que luego iba a ser mostrado al Comandante en Jefe.
Edwards no entendió nunca a Heberto, como se puede ver por la forma en que escribió sobre él en su Persona non grata. Y es triste que al cabo de catorce años de su fallecimiento quiera seguir mostrándolo como un enloquecido, o un tonto, cuando fue sin duda uno de los intelectuales cubanos más lúcido de los últimos cincuenta años, y con una cultura política superior a muchos que se consideran especialistas en la materia.
En su autobiografía La mala memoria (que escribió a regañadientes, pues el tema le producía náuseas) no quiso ahondar en detalles, y prefirió enfocarla desde la experiencia más bien literaria del que se mira a sí mismo como si se tratase de otro. De ahi que en inglés el título se acerque más a su intención: ''Self-Portrait of the Other'' (Autorretrato del otro). Pasados los años, y como soy la otra parte del llamado ''Caso Padilla'', he escrito mi propia versión de los hechos (ya en proceso final), de todo lo que vivimos y padecimos juntos, y la he titulado La buena memoria, porque es hora de que se sepa toda la verdad sobre Heberto Padilla y esos años de enfrentamiento contra el régimen totalitario de Cuba.
Lástima que el amigo Edwards haya contribuido a mostrar un Heberto Padilla muy diferente al que realmente existió, al gran poeta de El justo tiempo humano, Fuera del juego, y otros. Lástima, repito, que se opaque su figura de hombre honesto, sincero e inteligente, que no buscó nunca la fama, aunque para algunos, entre ellos Edwards, haya quedado en la historia por su ''mala fama'', no por su talento y su disidencia.
BelkisBell@Aol.com

En la foto Belkis y Heberto en New Jersey.

sábado, 6 de diciembre de 2014



 


HOMENAJE A REINALDO ARENAS UNA COLABORACIÓN EXCLUSIVA DE IVETTE MARIE SERRANO PARA NUESTRO BLOG

Mi nombre no es Reinaldo Arenas, yo soy el mar
Por: Ivette Marie Serrano

“Al principio no había tomado en serio aquella idea.
 Pero (estaba seguro de ello)
a todo el mundo podía ocurrírsele alguna vez, 
no como solución,
sino como la consecución de un principio inefable:
ir siempre en contra de todo lo previsto”

Sobre los astros, Reinaldo Arenas (1943-1990)

           
            Cuando este mundo perdió la presencia física de Reinaldo Arenas yo era muy niña para entender la gravedad de ese terrible acontecimiento.  Hoy que constato la dura realidad de que hace veinte años una persona tan valiosa dejó de respirar, algo muy dentro de mi se entristece.  Pero entonces encuentro consuelo en las palabras de Goethe (1747-1832), cuando dice que las personas que viven en nuestros corazones no dejan de existir.  Y esto tiene mucho sentido, aun para los que no le conocimos y partimos del punto que nos ofrecen sus libros.  Ciertamente, por medio del estudio de los textos arenianos, podemos adivinar un poco sobre su carácter, su personalidad y formas de pensar. Hasta podríamos llegar a entender gran parte de sus sufrimientos, porque aun hasta los que no somos cubanos podemos solidarizarnos con un perseguido que sólo quería ser libre: libre como el viento, libre como el mar.  Curiosamente, Arenas es eso: es un mar de palabras, de sueños rotos y de genialidad.  Como si fuese una broma del destino, su apellido es una parte integral de las imágenes que tenemos del mar: arena y mar parecen ir de la mano todo el tiempo.  El mar ha sido para muchos poetas el mejor lugar para empezar el día, mientras que otros disfrutan de su orilla para recibir la noche.  En su obra literaria, Reinaldo Arenas, completa este círculo que parece empezar con Celestino antes del alba (1967) y concluir con  Antes que anochezca (1992).        
            El proceso de mi descubrimiento de la obra de Arenas es uno continuo, ya que aún en estos momentos en los cuales se le rinde tributo a su recuerdo en el aniversario de su muerte, descubro en  sus obras matices de surrealismo, de los cuales es muy poco lo que he podido observar en las opiniones de los autores que han analizado su obra. Por eso hoy mi homenaje es: recordarlo, tratar de acompañarlo en su exploración del mar y re-valorar su obra.
            Entonces, parada en la orilla del mar areniano percibo en Celestino antes del alba características que podemos apreciar en la poesía surrealista, como por ejemplo: la incongruencia y la manera coloquial cultivada por Louis Aragón (1897-1982), el llamado mal gusto exhibido por Benjamín Péret (1899-1959) la distancia entre dos términos tan utilizada por André Bretón (1896- 1966) y la movilidad visionaria empleada por Vicente Aleixandre (1898-1984).  Del mismo modo, creo relevante recordar que en el 1967, estando en la Habana, Arenas, conoció a Jorge Camacho (1934- ), pintor cuya obra está dentro de la idea surrealista.  Ambos artistas tuvieron lazos estrechos de amistad y colaboraron en proyectos mutuos. Del mismo modo, creo que debemos tener presente que Arenas no sólo fue muy amigo de Camacho, también vivió mucho tiempo con un pintor, por ello no debe sorprendernos en él la influencia del surrealismo por medio del arte pictórico. 
            Considero necesario mencionar que Hieronymus Bosch,“El Bosco” creó una pintura llamada El jardín de las delicias y que podría ser más que casualidad que Reinaldo Arenas tenga una novela llamada: El color del verano o el Nuevo “Jardín de las Delicias”.  “El Bosco” (1450-1516),  está considerado por críticos internacionales de arte y por algunos miembros de su movimiento como el primer artista que acogió esa tendencia, aunque su obra está enmarcada en el periodo del Renacimiento.  Ambas obras, la de Arenas y la de Bosch, se caracterizan por tener escenas eróticas, llenas de lujuria, que utilizan la sexualidad como agente conectivo.  Las producciones de estos dos autores se configuran como una representación de un nuevo paraíso que, en ambos casos, sirve para escapar del panorama de angustia y opresión.  Por otro lado, la obra de Arenas se puede apreciar una fuga ante la represión del Estado contra los homosexuales.
            La experiencia surrealista de Bretón y de otros autores franceses ligados a este movimiento de vanguardia, proponen que las palabras, en su pronunciación vertiginosa, dejan aflorar situaciones oníricas que después el espíritu reconoce como productos de emoción pura, como se aprecia en la obra de Alejandra Pjzarnik (1936-1972).  Es por ello que encuentro inevitable notar las coincidencias entre Celestino antes del alba y algunas piezas surrealistas francesas, como por ejemplo: las obras de Roger Vitrac (1899-1952), Robert Desnos (1900-1945) y Georges Hugnet (1906-1974), en las que se asiste a la dramatización de los sueños.  Es notorio también el estilo espontáneo e incluso clásico de algunas de estas obras en donde el delirio automático se enseñorea. 
            De esta forma, espero en un futuro no lejano ofrecer más evidencia de la naturaleza surrealista de los textos de Arenas y así poder demostrar que el surrealismo francés, por medio de las artes, dejó una huella en el Caribe hispánico más profunda de lo que pensábamos; qué no sólo son surrealistas Wilfredo Lam (1902-1982) y Jorge Camacho, por mencionar algunos. 
            En mi opinión las creaciones literarias de Arenas están pautadas conforme a módulos conceptuales precisos y el lenguaje manejado por el autor en su función metalingüística y en su capacidad de experimentación onírica cumple con sus roles de definición y de representación de la realidad anhelada que se acerca al surrealismo.
 
                
                                                                                 IVETTE MARIE SERRANO

                Nació en Mayagüez, Puerto Rico en enero del ochenta y cuatro, pero se considera pepiniana, ya que toda su infancia y adolescencia vivió en el hermoso campo de San Sebastián de las Vegas del Pepino.
Posee un Bachillerato Magna Cum Laude, en Artes en Educación Secundaria, Español, de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Aguadilla. En dicha universidad, fundó la Asociación de Escritores, Frecuencia Literaria, que a su vez obtuvo la Copa Tigre 2006, máximo galardón otorgado a las asociaciones estudiantiles. Además es directora y fundadora de la revista artístico-literaria, Púrpura. También fundó junto a la Profa. Ana Carmen Melón de Lausell, las memorias  estudiantiles, conocidas como Trayectoria. Por su destacada labor en el campo de las humanidades fue reconocida por la Interamericana con la medalla Dr. Manuel Méndez Ballester.
Actualmente está finalizando sus estudios postgrado en literatura, especializándose en literatura puertorriqueña y del caribe en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en el Viejo San Juan.

jueves, 23 de octubre de 2014

POESÍA

Gonzalo Salesky en primera persona

8-10-2014 / CulturaLiteratura
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Te presentamos a un matemático decidido a narrar historias y escribir poesía. Ganó su primer premio en el V Concurso Internacional de Poesía “Caños Dorados”, en España.




El artista en cuestión tiene 35 años, nació y vive en Córdoba. Gonzalo Salesky estudió profesorado de matemática (aunque todavía no se recibió) y trabaja en dos colegios de la ciudad. Escribe poesía, narrativa corta y hace poco empezó con pequeñas obras de teatro.
Tiene el hábito de la lectura que imitó de sus padres. “Aurelio, mi papá, también escribía. Publicó ocho libros, ganó concursos literarios y fue una gran influencia para mí. Y quien ahora me ayuda y motiva muchísimo es mi hijo Tomás, de 12 años. Es el único que lee mis borradores, me sugiere correcciones y es un crítico implacable”, comenta Gonzalo.
¿De qué se tratan sus cuentos? Son relatos pertenecen al género fantástico, a la ciencia ficción o al terror. ¿Cuándo los empezó a compartir? Recién en el año 2008 mostró lo que al principio escribía sólo para él. Recibió dieciséis premios, ocho de ellos en España. A través de los concursos, pudo publicar obras en más de cuarenta antologías de distintos países. Sus creaciones son tres libros, titulados “2011” (de poemas y cuentos), “Presagio de luz” (poemas) y “Ataraxia” (poemas y cuentos). Los tres tuvieron pequeñas tiradas, pero se los puede encontrar en Internet para su descarga gratuita.
Aquí compartimos su poema “Calla”, ganador del V Concurso Internacional de Poesía Caños Dorados
Calla cuando llora,
cuando escribe,
cuando se derrama o se vende la poesía.
Calla porque el vértigo es inútil
y las palabras sobran.
Porque su vida, sin callar,
casi no es vida.
Porque el látigo del alba lo desvela.
Calla cuando otros cantan,
cuando gritan,
cuando dan rienda suelta a la pasión.
Porque el dolor aún no termina,
se mantiene delante de sus párpados.
Se calla aunque no sangre
porque las heridas más profundas
maduran en silencio.
Calla cuando escapa,
cuando pierde,
cuando quiere querer,
cuando enamora.
Cuando lo olvidan como a un ave de paso,
cuando imagina lo feliz que pudo ser.
Cuando la brisa amontona los recuerdos,
se encuentra con sus miedos
y el silencio lo envuelve cada noche.
Calla
porque el mundo ha sido así y lo será siempre,
porque las náuseas lo mantienen despierto,
porque es mejor callar que estar dormido.
Es mejor imaginar la primavera,
palpar las huellas que deja la nostalgia,
oír al cielo y sus plegarias por la lluvia.
Calla
porque es inútil vivir, seguir viviendo
o soñar que sirven de algo las palabras.
Calla porque el dolor es sabio,
el llanto y el sudor van de la mano,
la memoria ha sido buena compañía.
Calla cuando delira,
cuando implora,
cuando anhela dejar de ser silencio.
Porque el reloj y el almanaque son tiranos,
porque la luna también calla como él
y las estrellas son tantas y tan pocas…
porque el sol ya se ha olvidado del otoño.
Porque la verdad no es una sola,
porque en la tinta, tan llena de mentiras,
los profetas del odio se consumen.
Porque el amor es excusa
y el fuego y la pasión siempre se apagan.
Porque la pena es alimento del espíritu,
la sangre tira,
no olvida y se subleva,
el destino se hace cómplice del viento,
la soledad va estrechando los caminos.
Calla al recordar otras vidas,
al contemplar las huellas que se alejan
cuando galopa en su pecho
el arco iris blanco y negro del olvido.
Calla
cuando lo obligan a ser
y cuando todo lo que existe alrededor
se desvanece,
fugaz,
se hace invisible.
Porque la historia está llena de secretos,
de dioses y de hombres que han callado,
que han visto más allá de las tormentas.
Que han probado alguna vez la libertad,
que tienen poco y nada pero sueñan,
que arrojan piedras a un estanque vacío.
Que enfrentan al futuro
aunque jamás lo entiendan,
saben que el tiempo es mucho más que la nostalgia,
que el alma sólo existe si se entrega.
Calla por tantos que se han ido,
que ahora son polvo y huesos o agonía.
Porque el momento de esperar ya ha terminado,
porque comprende que pronto ha de partir
callado como el viento,
acariciando el mar,
cumpliendo las promesas del pasado.
 TOMADO DE: http://redaccion351.com/gonzalo-salesky-en-primera-persona/


viernes, 30 de mayo de 2014

Entrevista con Alfredo Guevara

No creo que mi pueblo valga la pena

Alfredo Guevara (1925-2013), una de las figuras más influyentes de la política cultural de la Revolución cubana y amigo personal de Fidel y Raúl Castro, murió el año pasado en La Habana. Desde el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que fundó y dirigió por varias décadas, se exportaron imágenes épicas que dieron la vuelta al mundo en medio de la Guerra Fría. El ICAIC contribuyó a que la Revolución fuera una representación, una gran película, de la que aún desconocemos el final.
Unos meses antes de morir, y gracias al cineasta Arturo Sotto, sostuvimos un par de entrevistas con Alfredo Guevara. El resultado de esas conversaciones, o más bien confesiones, es una visión inédita y de primera mano de alguien que estuvo en el epicentro mismo del poder. Seguro de su corto tiempo de vida, Guevara habló sin tapujos de los líderes de la Revolución, de las intrigas y luchas intestinas que marcaron las primeras décadas; de su papel como censor, de la viabilidad del socialismo en Cuba y las recientes reformas planteadas por Raúl Castro.
El primer encuentro ocurrió en su casa de El Vedado habanero, en febrero de 2012. La conversación se dio en un ambiente lujoso, adornado con cuadros de famosos pintores cubanos –podían distinguirse al menos, un Servando Cabrera y un Amelia Peláez–. Los bienes de Guevara –considerados “patrimonio cultural de la nación”– se encuentran hoy en el centro de atención de las autoridades cubanas, luego de que un inventario realizado en su casa tras su deceso arrojara la ausencia de tres obras importantes. El segundo y último encuentro fue en su oficina del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, un mes después. Su salud ya estaba deteriorada. “Siento que tengo poco tiempo de vida”, dice apenas comienza a hablar, “por eso me ha entrado en estas últimas semanas un deseo inmenso de apurar la vida que quede. Les estoy dando la entrevista porque no quiero que se queden cosas dentro de mí”.
La obsesión de Guevara por la trascendencia está implícita en el título de su último libro ¿Y si fuera una huella? (Ediciones Autor, 2010), que junto a Tiempo de fundación (2003) y Revolución es lucidez (1998) intenta no solo asentar su legado y biografía sino también reescribir la memoria y la historia de la Revolución cubana. “Yo no sé cómo nos van a juzgar; debía saberlo porque ya empezaron y puedo sentir que van a ser muy agudos y a veces muy crueles, injustos”, comenta a pocos minutos de comenzar el primer encuentro y aclara: “Yo leí el último libro de Fidel [Fidel Castro Ruz: Guerrillero del tiempo, de Katiuska Blanco Castiñeira] y no le voy a mandar una carta diciéndole que las cosas no fueron de la manera en que él las está contando. Pienso que él tiene su versión y yo tengo la mía; pero no quiero ninguna contradicción. Quiero ser muy cuidadoso, yo tengo miedo... No es que esté cambiando la Historia pero es que se pone a hablar y a hablar... como hacen los viejos, que se les olvidan las cosas.”
A Guevara le gustaba pensarse como un romántico: “Yo quería que mi vida pudiera mirarse hacia atrás como una novela, que me pasaran muchas cosas, que viviera muchas cosas, esa era mi imaginación y pensaba que para eso había que ser o millonario o revolucionario. Decidí escoger el camino de la Revolución. Claro, también era más difícil emprender el camino de ser millonario. Lo bueno sería ser millonario y a la vez revolucionario” [ríe]. Su vida fue, efectivamente, agitada y marcada por las luchas dentro del poder. Interpelado sobre el tema, cita a Marguerite Yourcenar y su Memorias de Adriano. El emperador Adriano “era un dios porque podía con su sola voluntad disponer de la vida de los demás. Esa es la clave del poder, y la clave de la educación antipoder es ejercer el poder como una obligación moral. Yo he tenido esa experiencia y es desgarrador pensar que la vida y el destino de otros dependen de ti. Efectivamente, el que tiene el poder es un censor, porque si yo tenía dinero para producir siete películas pero tenía doce guiones, tenía que censurar también al decidir a cuáles de ellas les iba a poner el dinero y a cuáles no. Eso es censura también, eso es gobernar. Cuando Raúl Castro está invirtiendo en el puerto del Mariel y no en el mercado mayorista que hace falta para desarrollar el sector privado y para que los cuentapropistas no tengan que robar, porque todos roban, está censurando y tomando una decisión política, está ejerciendo un poder. ¡Las cosas que me han hecho decir! Ya no me importa”.
Rápidamente su memoria regresa varias décadas y salen a relucir sus desavenencias con el Partido Socialista Popular –antiguo Partido Comunista de Cuba– al que culpa de imponer el estalinismo dentro de la Revolución: “Muchos de los errores que se cometieron a inicios de la Revolución son responsabilidad de los miembros del partido, que no tenían más méritos que el de ser confiables, pero eran unos incapaces y estaban en todas partes. Algunos eran obreros con ninguna formación política, sin la más mínima creatividad, era gente limpia y abnegada pero estaban deformados por el estalinismo, con una interpretación del marxismo que produjo una cosa que se llamó marxismo-leninismo, que no era otra cosa que la doctrina estalinista. Así no se puede dirigir un país”, concluye. Para Guevara, este partido había perdido legitimidad tras haber construido una alianza con la dictadura de Fulgencio Batista: “El Partido Socialista Popular seguía las instrucciones de Stalin de crear un frente único antifascista, y para instaurarlo en Cuba establecieron incluso una alianza con el dictador Fulgencio Batista. El libro Los fundamentos del socialismo en Cuba de Blas Roca, en el que acaba con la historia de Cuba, se había publicado antes de la edición que seguramente ustedes conocen, que es la de 1961. Esa edición de la que hablo, que fue la primera, estaba dedicada a Fulgencio Batista. Eso no era condenable, porque estaba siguiendo la línea de la Internacional Comunista, pero esa alianza los derrotó para siempre políticamente; el partido se manchó.”
Al referirse al impacto nefasto de las fórmulas estalinistas en el diseño y manejo de la cultura en esos primeros años y sus intentos por imponer el llamado “realismo socialista”, Guevara rememora la polémica que estableciera con el secretario del partido, Blas Roca Calderío, quien en 1963 lanzó airadas críticas al ICAIC por proyectar en los cines de La Habana las películas La dolce vita de Federico Fellini, Accattone de Pier Paolo Pasolini, El ángel exterminador de Luis Buñuel y Alias Gardelito de Lautaro Murúa. En una carta que nunca se publicó entonces, sino muchos años después en su libro ¿Y si fuera una huella?, Alfredo Guevara comparaba a Blas Roca con Stalin y Beria: “Yo creo que fui muy duro con él entonces. Él no era una mala persona, pero sí estaba muy aferrado al modelo y a la experiencia soviética que ellos consideraban triunfadora, y al final se demostró que era un fracaso. La Internacional Comunista era el Partido Comunista Internacional, o sea que estaba más allá de las naciones mismas. Es un ideal al igual que el anarquismo, que el cristianismo. La Internacional era un Vaticano. Yo ya no creo en una globalización partidista y en consignas que sirvan a todos por igual.”
Pero las ambiciones de los líderes del psp iban más allá de imponer criterios estéticos. A inicios de la década de los sesenta coexistían en la cúpula del poder al menos tres grupos bien diferenciados: el Movimiento 26 de Julio, dirigido por Fidel Castro; el Directorio Revolucionario, con una fuerte base estudiantil y de clase media, y el psp. Miembros de este partido, liderados por Aníbal Escalante, intentaron aumentar su control sobre las instituciones –entre ellas el ICAIC– y desplazar del poder a los líderes del 26 de Julio, incluso a Fidel Castro, a quien consideraban un “pequeñoburgués”.*
“Para hablar de la conspiración en el ICAIC tengo que hablar de Edith García Buchaca, quien vive todavía y sigue fastidiando con más de noventa años. Era la directora de la comisión de cultura del psp y, a la vez, secretaria del Consejo Nacional de Cultura. Ella se había planteado tomar el ICAIC con la anuencia de unos cuantos de sus fundadores, que se asombrarían si les dijera quiénes eran. Fue al ICAIC como presidenta de la Comisión Cultural del partido y dijo algo así: ‘Fidel, como ustedes saben, nos está pasando el poder al partido’, lo cual era mentira porque yo estaba al lado de Fidel y de Celia Sánchez y ellos no sabían de esto. Ella siguió hablando y me dijo que yo debía aceptar la presencia de un comisario político. Yo no puedo juzgarme ahora, debo de haber estado muy desconcertado. Le pedí un tiempo para pensar qué decisión tomar, si iba a renunciar o iba a aceptar al comisario político. Del ICAIC salí para la calle 11 en El Vedado, Fidel vivía ahí con Celia Sánchez, y en el momento que llego a la casa Fidel no estaba pero hablo con Celia y le cuento. Ella empezó a gritar y a decir malas palabras porque Celia era fuerte, y me dijo que eso estaba pasando en todo el país. Me dijo que los sacara a todos ‘a patadas por el culo’, ‘¡nos tiene tomados los teléfonos, incluso el de aquí de la casa!’, me dice. En ese momento me di cuenta de que lo que se conoció después como la microfracción estaba andado ya.
”Yo no hice lo que Celia me dijo. Cuando al cabo de los días regresó a una reunión en el ICAIC con Edith García Buchaca, le dije que había decidido renunciar, pero no ante ella, sino ante Fidel, a quien le iba a explicar lo que ella decía acerca del traspaso de poder al partido. En ese momento, ella empezó un recoge velas, que si esto, que si lo otro... Ella se fue y yo regresé a mi despacho y me puse a pensar, y decidí que todos los que [se] me habían colado en el ICAIC se iban de allí. Iba a dejar solo a los que yo consideraba que eran cineastas o tenían potencial para serlo. Por ejemplo, a Santiago Álvarez lo dejé de milagro porque en aquel momento no parecía que iba a ser el cineasta que fue, parecía más un militantón [sic] que otra cosa; pero después fue algo extraordinario.”
El 26 de marzo de 1962, Fidel Castro anunciaba ante las cámaras de televisión la existencia de una corriente sectaria –así se prefirió llamarle a la conspiración– al interior de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ori), que agrupaban a los miembros del Movimiento 26 de Julio, al Partido Socialista Popular y al Directorio Revolucionario. Años más tarde, en 1968, el mismo Aníbal Escalante volvería a estar involucrado en lo que se conoció en Cuba como la “segunda microfracción”.
Al parecer, entre Aníbal Escalante y Alfredo Guevara, quien provenía del 26 de Julio, existían serias contradicciones. “Estoy seguro –señala Guevara– de que si llega a triunfar Aníbal Escalante, que intentó dos veces tomar el poder, yo no estaría vivo. Lo que no hizo la dictadura [de Fulgencio Batista] lo habría hecho el partido, del cual fui militante en mi juventud. Aníbal pretendía acusarme de agente de la inteligencia francesa, y comenzó a hacerme un expediente. Esto se basa en que, en una ocasión, estando yo en París, se me acercó la inteligencia francesa para enviarle una información a Fidel a través de mí. Así se hizo, yo le traje los documentos a Fidel y él me pidió que se los diera al Che, quien estaba manejando el asunto de una conspiración que estaba en curso para frustrar una negociación azucarera cubana; y ello afectaba a Francia, que dependía en ese momento del azúcar cubano. Esa conspiración la estaban llevando a cabo personas que estaban incluso en el Consejo de Ministros y con los que Fidel se reunía frecuentemente, pero Fidel, como buen estratega, sabía quién iba a ir renunciando y abandonando el país. Aníbal guardó toda la información para conformarme un expediente que me desacreditara.”
Pero aunque Guevara insiste en distanciarse del psp, no dudó en utilizarlo para acabar con el proyecto “Lunes de Revolución”, encabezado por Carlos Franqui –también miembro del 26 de Julio– y que agrupaba a varios intelectuales de renombre, entre ellos a Guillermo Cabrera Infante y Virgilio Piñera. En abril de 1961, Guevara aunó esfuerzos con Edith García Buchaca para censurar el documental PM, realizado por Sabá Cabrera Infante, hermano de Guillermo, y Orlando Jiménez Leal. El filme documentaba una parte lúdica y extravagante de la noche habanera, que permanecía desconectada del contexto de plaza sitiada y del discurso revolucionario del momento. La censura de este material desencadenaría acontecimientos cuya repercusión sería muy negativa en la cultura cubana. En la entrevista Guevara confiesa que el asunto fue más lejos de lo que él habría querido o imaginado. “Con la experiencia que tengo hoy digo que no debí haberme prestado para eso, aunque yo no estaba de acuerdo con la distribución de PM porque estábamos en el preludio de Playa Girón; ya estaban las ametralladoras emplazadas en las azoteas y en las calles. Estábamos esperando una invasión a Cuba. El problema es que el viejo partido se metió de cabeza en el asunto y llevó las cosas más lejos de lo que yo quería. Yo no tenía la experiencia que tuve después, pude haber jugado mejor, pero no jugué con toda la inteligencia. Pero aprendí a ser diabólico después. Aunque asumo responsabilidad en el asunto, a lo que me negué fue a distribuir la película en los cines, pero yo les entregué la copia.”
Un mes después de nuestro último encuentro con Guevara, entrevistamos a una nonagenaria pero aún lúcida Edith García Buchaca en su casa, donde se encuentra recluida en prisión domiciliaria desde 1964. De acuerdo con García Buchaca, fue Alfredo Guevara quien se le acercó para manifestarle su preocupación por la exhibición de PM y solicitar su ayuda pues no quería prohibirlo él directamente. Aunque ambos relatos no concuerdan en lo relativo a las cuotas de responsabilidad de cada quien, lo cierto es que García Buchaca, con otros miembros del partido, convocó a una reunión en Casa de las Américas para discutir el material y de esa reunión salió un documento que prohibía oficialmente, con la anuencia del ICAIC, la proyección y circulación del documental.
Sin embargo, la censura al documental PM fue solo el acontecimiento más visible de una lucha que sucedía tras bambalinas por el control de los medios de comunicación. El propio Guevara da las pistas y cuenta también cómo asaltaron una de las televisoras más importantes del país, cuando el proceso de nacionalizaciones aún no había sido planteado en la isla: “Mi problema con Franqui viene dado porque yo vi un interés de él en apoderarse de las televisoras; el Che también se dio cuenta de eso. Carlos Franqui sabía que aquel que dominara los medios podía obtener mucho poder y eso fue lo que trató de hacer, pero gente clave de la Revolución comenzó a conspirar conmigo para adelantarnos a él y así fue. Asaltamos literalmente la televisora de Gaspar Pumarejo, que era el dueño del Canal 12 que estaba en la calle Prado y tenía una salida por la parte de atrás. Ustedes me ven así ahora pero yo era un joven calientico y con muchas posibilidades físicas. Fui acompañado de unos cuantos salvajes con mandarrias. Asaltamos aquello por la noche y en la mañana, cuando entraron las secretarias y el personal que trabajaba allí, se encontraron que yo era el nuevo Pumarejo. Ya teníamos dos televisoras. Esa noche me acompañaron el Che, Ramiro Valdés y el propio Raúl. Esto lo estoy diciendo por primera vez.”
Al final, Alfredo Guevara acudió directamente a Fidel Castro y cuenta: “Entonces yo hablé con él y le planteé mi preocupación con respecto a ‘Lunes de Revolución’. Mi posición era que ellos no podían seguir hablando en nombre de toda la juventud intelectual del 26 de Julio y Fidel hizo lo que le dio la gana y convocó a las reuniones en la Biblioteca Nacional y dio el discurso famoso que se conoce como ‘Palabras a los intelectuales’.” Dicho discurso, cuya sentencia más conocida es “dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada”, estableció públicamente el marco que, hasta la fecha, no solo ha regido el campo de la cultura sino también el de la política más general. Guevara, no obstante, insiste en que Fidel solo buscaba dirimir las diferencias internas de miembros del 26 de Julio que se disputaban el campo cultural y, de paso, menciona que las ideas socialistas en Fidel se remontaban a mucho antes de 1959: “Para mí ‘Palabras a los intelectuales’ es una acción de Fidel para tratar de mantener la unidad de la Revolución a un nivel superior; pero desde luego que ese es mi punto de vista. Todo esto es un enredo, no vayan a creer que esto fue fácil. Fidel no aceptaba ni acepta que dentro del movimiento 26 de Julio hubo divisiones internas. Y sí las había, porque no todos en el 26 de Julio aceptaban las ideas socialistas. Fidel tenía las ideas socialistas incluso antes de embarcarse en el yate Granma, pero no las transmitía. Fidel era el cemento de todos nosotros, y tenía una idea clara de lo que debía ser la unidad, por eso las divisiones en el 26 de Julio nunca afloraron, nunca se supieron.”
Durante las primeras décadas de la Revolución, Alfredo Guevara supo navegar con acierto en las turbulentas aguas del poder. Al parecer, su cercanía a Fidel Castro lo mantuvo a flote ante las embestidas de algunos miembros del Partido Comunista en los años sucesivos. Sin embargo, en 1981, un altercado con Antonio Pérez Herrero, quien supervisaba el campo de la cultura desde el buró político del Comité Central del partido, lo hace salir del ICAIC. Cuenta Guevara que el pretexto del altercado fue una polémica que se dio a partir de Cecilia, una coproducción cubano-española que demandó grandes sumas de dinero: “Se decía que yo había dilapidado el presupuesto del ICAIC para producir esa película y eso era mentira, porque esa película recuperó la inversión incluso antes de terminarse. Todo fue un montaje. En ese montaje estaba metido Antonio Pérez Herrero; habíamos tenido broncas tremendas que el propio Fidel conocía. Yo me reuní en un momento dado con Pérez Herrero y le dije que no aceptaba los métodos que estaba utilizando en el área de la cultura y le dije que si continuaba haciendo eso iba a provocar un problema para la Revolución. ‘Voy a tener que matarte’, le dije en una ocasión y saqué mi pistola. Antonio Pérez Herrero le llevó calumnias a Raúl de mí, y Raúl me llamó la atención y me dijo que Pérez Herrero tenía unas grabaciones que me perjudicaban. En ese momento le dije a Raúl que exigiera la grabación completa del material que él había recibido. Esa fue una de las causas que me llevaron a París... Fidel me pidió que saliera del ICAIC y que no hiciera comentarios, que se supiera inmediatamente que me iba para la unesco.”
Luego de una década en París, Fidel Castro le pide a Alfredo Guevara que regrese a dirigir el ICAIC, pero Guevara encuentra un nuevo escenario. Había ya caído el Muro de Berlín y, con él, el gobierno cubano había perdido sus principales socios económicos, comerciales y políticos. En ese nuevo panorama de los años noventa, aquel viejo marco binario –que redujo la cubanidad a estar dentro o fuera de la Revolución– comenzó a fracturarse. Una vez de regreso, Fidel Castro le pide que trabaje junto a él en una nueva política dirigida a los emigrados cubanos en Miami para tratar de incentivar el consumo de estos en la isla.
Casi al finalizar la segunda entrevista, Guevara se veía ya un tanto fatigado. Convino que tocaría un tema más, las reformas de Raúl Castro, y luego haría una pausa hasta un próximo contacto, que nunca llegó a ocurrir. Se mostró optimista ante las reformas, aunque realizó una extensa crítica al papel del Estado en Cuba: “Yo creía, incluso mucho antes de estos cambios que se están dando y de la convocatoria al Congreso del Partido, que si se empezaba el desmantelamiento de un Estado que usurpa a la sociedad –porque el Estado que ha sido creado en Cuba es usurpador de la sociedad, y la desburocratización es un modo de desmantelarlo de modo realista– resurgirá entonces una sociedad civil que ya existe pero que está aletargada. Con eso se puede crear una sociedad civil que presione al Estado.”
Desde su posición muy cercana a Fidel y Raúl Castro, Guevara confirma las versiones de quienes creen que las reformas no se han acelerado debido a la cautela que ha mostrado el general presidente, no solo para no cometer errores estratégicos, sino para no incomodar a su hermano Fidel. Sobre esto dice: “Yo soy muy optimista, sigo creyendo a veces que de verdad vamos a cambiar. Y Raúl es amigo mío personal y conoce a mi familia también, venían aquí a cenar y a estar con nosotros. Mi hijo siempre me interpela diciéndome que lo que yo le digo se lo he repetido muchas veces y que nada cambia, y tiene razón; pero yo sigo optimista, porque conozco muy bien a Fidel y a Raúl. Creo que con Raúl llegó el momento en que se pudiera transformar esta sociedad. Pero es que Fidel le tiene tanto miedo al capitalismo, a que toda su obra se desmorone, que Raúl no quiere contradecirlo. Raúl tiene que ir arrancando los cambios. Yo creo que ya él arrancó tanto, tanto de lo que parecía más difícil, que tal vez, si logra dar algunos pasos más, ya los cambios que se necesitan puedan venir más rápido. Yo se lo he dicho muchas veces a la cúpula del gobierno, a la dirección, ya no movilizamos a nadie porque la gente no se siente protagonista.”
También se refiere a la inmovilidad de las estructuras del Partido Comunista, al que compara con la Iglesia: “Yo no veo diferencia alguna entre un cristiano y un socialista aquí en la Tierra; en el cielo, veremos [...] ¿Cuál es la diferencia entre la organización estructural de la Iglesia y la del partido? La pregunta me hace pensar en las cruzadas y en la Revolución también, porque la Revolución es el proyecto de imponer o propagar una idea en la conciencia de un individuo o de una colectividad. Ahí está la clave de que el proyecto socialista no haya funcionado, porque una cosa es proponer una idea al otro y otra cosa es imponerse al otro.”
Pero, aunque Guevara intenta presentarse como un miembro más crítico y lúcido de la élite en el poder, su distanciamiento de la realidad de la isla se hace evidente y lo lleva a negar y relativizar el empobrecimiento que han sufrido grandes sectores de la población como consecuencia de la crisis de las últimas dos décadas: “Algunas veces, personas cercanas a mí me reclaman que nosotros no vemos la miseria, y no se dan cuenta que antes de la Revolución sí había miseria. Me viene a la mente ahora un restaurante que estaba al costado del Capitolio, en esa cuadra que está entre el Gran Teatro de La Habana y las ruinas del Campoamor, donde les vendían a los niños abandonados los cartuchos de las sobras de los platos en cinco centavos. Eso sí es miseria y entonces ahora le llaman miseria a la gente que vive en edificios de microbrigada con las tendederas en la calle y la gente medio en cueros. A mí no me pueden decir que esa miseria existe.”
Mucho más sorprendente, por su descarnada franqueza, es su visión del “pueblo”, aquel en nombre del cual dirigió instituciones, escribió borradores de las primeras leyes revolucionarias y obtuvo una silla en el parlamento. Guevara, como Raúl Castro en su discurso del 8 de julio en la Asamblea Nacional, sentía una gran decepción del pueblo cubano y sus cualidades: “De todas maneras, y me lo creo, soy portador de una visión casi mística de mi país y de mi pueblo, pueblo en el que no creo, no creo que mi pueblo valga la pena. Creo en sus potencialidades pero no en su calidad. A nosotros siempre nos han querido meter en el molde de la Unión Soviética. Conversando con un intelectual francés sobre las particularidades de Cuba en una ocasión, yo lo quería convencer de que éramos muy diferentes y ese día lo convencí, porque le dije: ‘Sal a la calle. ¿Tú crees que con esos culos y con esas licras alguien puede entender Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana? ¿Tú crees que es posible eso?’ Acto seguido se rio y me entendió. Hay que tomar en cuenta el trópico, dios mío. En el trópico no se pueden aplicar ni siquiera las fórmulas más puras de Carlos Marx.”
Sin embargo, a pesar de sus críticas y dudas, el anciano Guevara se resiste a hablar del fracaso del socialismo en Cuba. Puesto a juzgar, en definitiva, su propia vida, Alfredo Guevara prefiere creer que la Revolución y con ella algo de su propio legado tendrá cabida en la Cuba del futuro: “Nunca ha existido el socialismo, tampoco en Cuba. En Cuba lo que hay es una sociedad más solidaria, más preocupada por lo social. Nuestro proyecto original ha sido deformado y la única esperanza que nos queda es que tengamos la fuerza para cambiar, no la imagen sino la esencia estructural del proyecto. Si me equivoco, entonces habré perdido toda mi vida y será una novela como la he soñado, pero trágica. Porque lo único que merecería mi vida es que me suicidara.” ~
*Véase Raúl Castro, “Informe ante el Comité Central del partido”, en Verde Olivo. Órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, año IX, núm. v, 4 de febrero de 1968, pp. sup. III-XV.

NOTA DE LA REDACCIÓN: En el siguiente reproductor pueden escucharse algunos fragmentos de la entrevista, gentilmente otorgados por los autores. 
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Comentarios (3)

Mostrando 3 comentarios.
Quiero preguntarles si la decisión de no tocar la etapa de París y su regreso a Cuba fue de los entrevistadores o del entrevistado. Es comprensible que al disponer de un tiempo limitado por sus condiciones de salud y otras, ustedes se vieran obligados a elegir ciertas etapas o que él las eludiera. Si no hay más (me temo que no), se ha perdido una ocasión única pues recuerdo muchísimos contactos de Guevara con nosotros –los jóvenes de entonces– algunos de los cuales fueron con él a París, así como cuando le correspondió, así decía, «atender» y ocuparse de los norteamericanos interesados en Cuba. Creo que no hay casi nada de eso en sus muchos libros.
Estimado Guiilermo Torres, soy Abel Sierra Madero, uno de los entrevistadores. El proceso de armar este material fue muy engorroso debido a la cantidad de horas de grabaciones y a la complejidad misma del entrevistado. Con respecto al formato debo decirle que en modo alguno puede confundirse este texto con una reseña. Es sólo una entrevista que aparece en un formato diferente al tradicional de preguntas y respuestas. Eso no es nuevo, existen numerosos ejemplos de este tipo de trabajo, los de Oriana Fallaci, por ejemplo, es uno de los que pudieran citarse. Por otra parte, en la versión para Ipad de “Letras Libres” existe un track de  una de las grabaciones de la entrevista. Seguramente los editores de esta prestigiosa publicación podrían, tal vez, adecuar ese track para que acompañe la entrevista en esta página. Muchas gracias por su interés y por escribir.
Buenas tardes (desde esta parte del mundo, Barcelona). Me resulta interesante lo publicado por ustedes. Pregunto, fueron los entrevistadores?, está completa la entrevista?, existen grabaciones de la entrevista? De esto contesten lo que tengan a bien contestar, es que conversando con una amiga al respecto esta mañana, nos surgieron estas dudas a modo de curiosidad.
En principio entiendo que la entrevista es vuestra, pero se me confunde con una reseña. En todo caso es una suerte poder haberla hecho. En mis tiempos en cuba sólo logré dos conversaciones medianamente relevantes con personajes públicos: Retamar y la Loynaz. He de señalar que no hicieron grandes confesiones (risas).
Me alegra haber encontrado esta publicación. Gracias.
TOMADO DE: http://www.letraslibres.com/revista/entrevista/entrevista-con-alfredo-guevara?page=full

lunes, 14 de abril de 2014


‘La amante del pintor’ y Eduardo Manet, el cubano

 

Especial/El Nuevo Herald

En 1967 conocí en La Habana a Eduardo Manet. Era ya un destacado director y crítico de cine, pero mi timidez me impidió en más de una ocasión acercarme y saludarlo. Recuerdo con precisión al Manet de entonces, y a su primera esposa, una francesita delgada, que a veces lo acompañaba.
Han pasado los años, más de cuatro décadas, y Manet se ha convertido en un famoso escritor, vive en París desde 1968 y ha publicado más de una docena de novelas, donde el tema de su isla no ha dejado de estar presente: La Isla del lagarto verde, Rapsodia cubana, Un cubano en París, y más recientemente, Los tres hermanos Castro, así lo demuestran.
Manet ha incursionado en diversos géneros, y Las monjas, por ejemplo, es ya una obra clásica de la dramaturgia, que no cesa de presentarse en los teatros. Como director de cine tiene en su haber tres filmes que lo sitúan con solidez en la cinematografía de Cuba, y entre la que descuella la comedia musical Un día en el solar, con la participación de la bailarina Sonia Calero, y el coreógrafo Alberto Alonso.
Como Manet escribe casi toda su obra en francés hay que celebrar que Plataforma Editorial, de Barcelona, haya traducido ahora su más reciente título, La amante del pintor (en francés, Le fifre), para regocijo de los lectores hispanos. Una novela única en su género, inspirada en un secreto familiar, y que a la vez nos permite conocer de primera mano al París de finales del siglo XIX y el surgimiento de los pintores impresionistas.
La historia se sustenta en los diarios de Jeanne, la hermana de la joven, de origen español, Eva González, quien a su vez era conocida como la discípula preferida del gran pintor Edouard Manet. De la pasión de Eva por Manet y de sus secretos y turbulentos amores, se nutre la narración.
El novelista ha creado personajes femeninos únicos, a la manera en que lo hicieron Stendhal, Flaubert y Tolstoy, por ejemplo, mujeres que vivirán eternamente en la literatura universal. Eso de por sí convierte al novelista Manet en un escritor de primera. Su personaje central masculino, el célebre pintor Edouard Manet, aparece en cambio dibujado, casi opacado por la pasión de Eva, por ese amor que la llevó a morir casi al mismo tiempo que él. Pero la escena de la enfermedad y muerte del autor de Desayuno en la hierba es sencillamente conmovedora e impresionante, sobre todo cuando luego de que le amputan la pierna comida por la gangrena, el médico la lanza al fuego.
La trama se bifurca, y encuentra soluciones casi inexplicables, pero comprensibles a la larga, cuando Eva se casa con uno de los personajes secundarios de la novela, y tras la muerte de su hermana, Jennie ocupa su lugar junto al viudo.
El nacimiento del hijo de Eva y Manet nos hace recordar una historia parecida: el de la hija clandestina de Gertrudis Gómez de Avellaneda, resultado de sus frustrados amores con el poeta Gabriel García Tassara. Pero el hijo de Eva y el pintor Manet no muere, sino que crece en España y luego... bueno, ahí comienza la parte biográfica del novelista cubano Eduardo Manet.
Un día, siendo un joven, el padre de Manet le confiesa que proceden del famoso pintor de igual nombre, y le muestra los diarios de la tía Jeanne.
El nombre original de Manet es Eduardo González Manet, nacido en 1930 en la ciudad de Santiago de Cuba, quien atraído de seguro por esa extraña fuerza que lo arrastraba, decide indagar en la verdadera historia de sus apellidos, y viaja a Francia en los años 1950, donde estudia para convertirse en la figura literaria que vemos hoy.
Con la llegada de la Revolución, regresa a Cuba, ya que sus antiguos amigos, ahora en el poder, le han ofrecido importantes cargos en la vida cultural de esos años: director del Teatro Nacional, cineasta y crítico de cine, además de promover su obra como teatrista. Pero, tras conocer de primera mano la realidad del sistema imperante en Cuba, Manet decide regresar en 1968 a París, e instalarse para siempre en la que habría de ser desde entonces, su ciudad.
En Francia, Eduardo Manet se ha labrado una reputación como narrador y teatrista, y ha obtenido varios premios importantes. Su obra se ha publicado en las mejores editoriales francesas. Para los cubanos, tanto los de la Isla como los que viven fuera, Manet es una figura a la que debemos reconocimiento y mayor difusión.
Para el ganador del premio Goncourt de los estudiantes, y de muchos otros, la publicación en español de La amante del pintor es una buena oportunidad para rendirle el tributo que se merece: leer su obra, y dar gracias por contar con este gran escritor cubano que, para mayor gloria, es nieto de los pintores Eduardo Manet y Eva González.• 
BelkisBell@aol.com
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