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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


martes, 25 de marzo de 2014





Viaje a La Habana de Gertrudis Gómez de Avellaneda
 
Belkis Cuza Malé
 
    El San Francisco de Borja entra majestuoso en la bahía de La Habana el 24 de noviembre de 1859. A bordo vienen el Capitán  General y su séquito. Una multitud de curiosos se ha agolpado junto a los muelles para ver desfilar a los batallones de soldados que con paso marcial rinden  los honores a los recien llegados. Los más hermosos carruajes  esperan pacientemente alrededor de los edificios de la aduana, para trasladar a su destino a la nueva autoridad de la Isla, Francisco Serrano, Conbde de San Anton io y Duque de laq Torre.
    Uno de los carruajes es para Gertrudis Gómez de Avellaneda y su esposo, Domingo Verdugo, convaleciente aún de un atentado, y viajeros también del empavesado buque de guerra. Viene él a recuperar la salud perdida, a ocupar un alto cargo político en  la tierra de su mujer,  y ella, a respirar aires patrios. El éxito de la escritora en suelo español,. su larga ausencia de la Isla, su imponente figura, han despertado curiosidad en círculos literarios y políticos. Tula, como se have llamar, es amiga de la gloria, y parece sentirse feliz al recuperar lo que creía irremediablemente perdido en ella, su cubanía. Por eso escribe al llegar: '' Por esos campos felices, / Que nunca el cielo maltrata, / y cuya pompa perenne / Melïfluos sinbsontes cantan / Esos caminos do la ceiba / Hasta las nubes levanta / De su copa el verde toldo...''
    Como viene en el séquito de Serrano, casada con un señor tan español y tan político, los escritores de su tierra se debaten entre la abierta y sincera admiración hacia su talento, y la cautela de los que ven con horror su vida cortesana. Pero nada de esto le ha impedido que la inviten a cuanta tertulia literaria se celebra en La Habana, que la homenajeen en bailes y salones y sea la comidilla general de literatos, mujeres y periódicos. A poco de llegar, en diciembre, el matrimonio acompaña a los Condes de San Antonio en un viaje de recreo e inspección a Trinidad. En el mismo vapor viaja el escritor y científico Ramón de la Sagra, que se convierte en gran amigo de la poetisa.
    La villa de Trinidad ha sido engalanada para recibir a la Condesa, oriunda de allí, y brillan por todos lados  las floridas iluminaciones, la música y los bailes.  La quinta del señor Cantero acoge a la comitiva y hasta el lugar llegan las elegantes señoras del brazo de sus señores condes o marqueses. Del esplendor trinitario, que ha visto abrirse las grandes y cómodas cocinas a los manjares exquisitos, al humeante perol criollo, al boniatillo cuajado con cal..., el grupo se traslada al ingenio Santa Rosa, propiedad de Miguel Aldama, en cuya espléndida quinta celebraron la Navidad. El Santa Rosa, a casi tres kilómetros de Unión de Reyes, era la mayor fábrica de azúcar que poseían los Aldama.
    A su regreso, el Liceo Artístico y Literario de La Habana decide festejar en grande a la primera de sus escritoras. El acto se celebró el 27 de enero de 1860, en el Teatro Tacón, y asistieron el Capitán General y las personalidades más sobresalientes de la época. Todo fue pompa y lujo en la noche famosa. Luisa Pérez de Zambrana, la gran poetisa que competía en calidad con la Avellaneda, pero no en apoyo oficial, colocó en sus sienes una abigarrada corona de laureles, empastada en oro.
    Hubo, sin embargo, detalles que casi dieron al traste con el éxito del espectáculo, como el que narra Enrique Piñeyro, en que un desagradabe señor todo negro: ropa, barba, cabellos, adelantándose al proscenio leyó desacompasadamente un romance de su inspiración, que indignó a los espectadores y, claro, a la señora Avellaneda, que pálida y frenética,  se mordió con rabia el labio, mientras sus ojos  parecían querer asesinarlo. Aquel malhadado vampiro había conseguido humillarla, pero quizás sin percatarse de ello, como ocurrió ante los gritos de los espectadores.
    Al día siguiente, hospedada con su esposo en la residencia del Capitán General, mientras desayunaba, un criado le llevó el "Diario de la Marina". Observó la primera página, leyó con interés la crónica de su coronación y se dedicó a curiosear los anuncios: "D. Carlos Finlay, médico, cirujano y oculista... Gratis para los pobres de solemnidad'... ''En la calle de O¨Relly n. 53 se compra cobre viejo..'',  ''Bailes en Navajas''... ''Nuevo Museo de la Moda''-
    ¿Conocía ella las relaciones de amistad que unían al Conde de San Antonio y al hombre que tanto la había hecho padecer, el poeta ydiplomático Gabriel García Tassara? Es probable que ignorara la existencia de este vínculo, que no supíera el juego político en que estaban enfrascados estos personajes. García Tassara, Ministro de España en Washington, sostenía una amplia correspondencia política con el Conde, a raíz de llegar éste a La Habana, donde le informaba en detalle sus actividades de espíonaje en aquellas tierras. Eran cartas cifradas, con informes confidenciales, obtenidos por las vías más diversas, referidos casi siempre a la situación mexicana y al gobierno de Juárez en medio de la guerra de los Tres Años, apenas dos años antes de la intervención de los franceses. Hay datos allí de conspiraciones, de participación de cubanos: hay consejos sobre cuál ha de ser la actitud del gobierno español, sobreavisos de preparativos bélicos, entrada y salida de emisarios, etc. En una de estas cartas, Tassara le avisa a Serrano que piensa visitar La Habana. ¿Lo hizo realmente? Todavía en 1861 hablaba de su propósito. ¿Se enfrentaría de nuevo la Avellaneda con el hombre que desoyó sus desgarradas súplicas?
     Lo cierto es que el 13 de febrero, Domingo Verdugo es designado Gobernador de Cienfuegos y allá se dirige, dejando en La habana a su esposa, que ahora está enfrascada en la publicación de una revista, "Álbum cubano de lo Bueno y lo Bello". El primer número salió con retraso el 15 de febrero, y durante seis meses, y con una regularidad quincenal, las mujeres capitalinas contaron con una revista de arte y literatura y también con buenos consejos sobre modas y modales. A manera de editorial, la Avellaneda escribe en el primer número: "¿Qué es lo bueno, qué es lo bello?". He aquí su ética y su estética. Y aunque el contenido de la revista es ameno y variado: biografías de mujeres célebres, poemas, cartas, recomendaciones para el cuidado de los niños y máximas para solteras, y publicaron en ella destacados escritors cubanos (Ramón Zambrana, Rafael María Mendive,  Ramón de la Sagra, entre otros), su mayor acogida obedecía a la fama de su directora, que con sus relaciohnes oficiales tenía aseguradas de por sí todas las suscripciones. Vemos así que en carta inédita a Zenea (al que tenía como jefe de redacción y su más cercano colaborador en la revista), le da quejas de que dos militares (uno de ellos el jefe de La Cabaña), amigos suyos, no han recibido la revista. Por esa carta sabemos que la Elena Gómez de Avellanedad que publica en uno de los primeros números es su sobrina, aunque no su heredera literaria. La carta a Zenea está llena de de recomendaciones sobre la publicación, y sobre sus aspiraciones de lo que será el "Álbum...", le dice:"Yo no aspiro a dar ocho pliegos con la menor lectura posible, por consiguiente no quiero letronas: mi aspiración es fundar una publicación amena, bonita, curiosa, interesante, y para que lo sea doy ocho pliegos que como se ve por la primera entrega, es lo bastante para una lectura regular y variada". Termina con una despedida informal. "Su aburrida amiga Tula".
    El 21 de marzo sse dirige a Cienfuegos con su amigo Ramón de la Sagra, donde la espera su esposo. En La Habana todo ha quedado arreglado para que no se interrumpa la publicación de "El Álbum..". Ramón de la Sagra señala que tuvieron muchos retardos durante el viaje, que hicieron por tierra en el camino de hierro, y por mar en un vapor cuya caldera estaba en malas condiciones. Pasaron una noche a bordo anclados en Batabanó, y llegaron a Cienfuegos la tarde siguiente.
    El propio La Sagra da cuenta del arribo a la villa y de las atenciones que le dispensaron en su casa el señor Verdugo y su esposa, aunque "las músicas y las visitas no dejaron descansar, de la fratigosa travesía, a la querida viajera...".
    A Verdugo, que parece que desempeñaba a gusto su cargo, se deben algunas mejoras del Cienfuegos de entonces. Terminó la cionstrucción del teatro (que llevó el nombre de Teatro de la Avellaneda), se ocupó del arreglo de algunas calles, establelció un  cuerpo de serenos, y se preocupó por aumentar los cuerpos de vigilancia en los campos, que por esa época estaban, en esse sentido, sin protección.
    El 17 de mayo realizaron Tula y su esposo un viaje a Puerto Príncipe. Quería ver de nuevo ella el escenario de su infancia y a sus viejas amistades que seguramente permanecían en la ciudad.  La Sociedad Filarmónica le ofreció un homenaje, y luego de fiestas y más fiestas y de recorrer el bello paisaje de sus progenitores, abandonó para siempre su ciudad natal.
    No todo fue halago y homenaje, también tuvo que soportar la crítica mordaz, la sátira.  El Camafeo que le dedica Ängel Mestre y Tolón es casi insultante.  La revista publica una caricatura donde se acentúa la corpulencia de la poetisa.
    El "Älbum..." dejó de publicarse el primero de agosto. El nueve de ese mes, Verdugo entregó el mando de Cienfuegos. En enero de 1863 daría allí a Domingo Sarría, en depósito, la cantidad de diecisiete mil trescientos nueve pesos, pues además de los asuntos políticos, era Verdugo hombre de negocios, como lo demuestran sus papeles.
    Afectado por las viejas dolencias, que habían reducido su capacidad física, fue atacado por la fiebre amarilla. Durante todo el período de convalescencia se mantuvo  en una aldea próxima a Cienfuegos, atendido por Tula.
    El 20 de agosoto de 1860, ya restablecido, pasa a ocupar el gobierno de Cárdenas. Viaja con Tula a esa localidad, pasando por Sagua la Grande, donde la cubana es también muy celebrada.  Verdugo continúa hacia Cárdenas, pero Tula marcha a La Habana, reuniéndosele ésta finalmente en los primeros días de septiembre.
    En 1861 se publicó en La Habana su novela  El artista barquero o los cuatro cinco de junio. Al año siguiente se celebran en Cárdenas grandiosas fiestas con motivo de la inauguración de la primera estatua que en América tuvo su descubridor, Cristobal Colón.
     Su hermano, que se encontraba entonces en Cuba, se marcha a París con su esposa, dejándola en estado lamentable, pues la enfermedad de Verdugo hacía muy difícil su vida. El 18 de agosto de 1863, Tula desmiente la noticia de que ha sufrido una apoplejía, pero es cierto que padece intensos ataques de dolor de cabeza y que tiene los nervios destrozados.
    Son muy escasas las veces en que puede dejar a Verdugo y trasladarse por unos días a La Habana. En una carta inédita dirigida a José Miguel Angulo, fechada en Cárdenas, el 14 de agosto de 1861, le dice: "Mi apreciable amigo: Mme. Parent, directora del acreditadio colegio de señoritas que tenemos en esta villa, y persona por todos conceptos recomendable pasa a esa ciudad donde permanecerá unos días. Se la recomiendo a Ud. para que la atienda...".
    Aunque muy enfermo, Verdugo es nombrado Gobernador en Pinar del Río. El 30 de septiembre de 1863 ya se contraban él y Tula en esa ciudad. Ocuparon una enorme casa frente frente a la plaza principal. Ella, conociendo la cercanía de la muerte, manda a buscar a los notarios. Días antes de su fallecimiento, hace que Verdugo firme su testamento. Todas sus propiedades han de pasar a la viuda, que será su heredera universal. Por estos documentos nos enteramos de la fortuna del Jefe de Caballería y Teniente de Gobernación de esa Jurisdicción, que había nacido en Tenerife cuarenta y seis años atrás.
    Durante su estancia en Cárdenas había entrado en negocios y poseía diez acciones de quinientos pesos cada una en el ferrocarril de esa villa; sus bienes en España no eran pocos, como lo demuestra su testamento del 14 de abril de 1858, otorgado en Maddrid, y donde ya ha instituido a Tula como su única heredera.  En 1862 había comprado una casa en Guanabacoa y como consecuencia de una hipoteca que grababa sobre la misma recibió trece mil pesos que depositó en manos de Antonio Nattes, vecino también de esa villa. Entre sus propiedades estaban también  los esclavos a él consignados, y que aparecen repartidos en sus papeles, unos pertenecientes a Tula, y otros a él. Rosendo, Teresa, Juan (cuya madre pagó al matrimonio 850 pesos por la libertad del hijo), Pedro Regalado y Felipe, eran algunos de los nombres de los esclavos en poder de la pareja. (Escribanía de Guerra. Legajo 723. Número 1124. Archivo Nacional).
    El 28 de octubre de 1863, mientras bebía una taza de chocolate, Verdugo sufrió un desvanecimiento; horas después moría.Tula visityó elegantemente el cadáver y lo hizo retratar, sentado, con las piernas cruzadas. En aquella época era costumbre retratar a los muertos, pero no en semejante posición. (Foto que me mostró el escritor pinareño Gustavo Eguren, en poder entonces de un familiar).
    Para el embalsamamiento y traslado a La Habana de los restos de su marido,  solicitó a título de heredera una suma de dinero que le permitió alojarse durante un tiempo en esa ciudad, hasta la partida definitiva. Se mudó para extramuros, en la Calzada del Monte 66, y el 11 de enero de 1864. luego de solicitar ayuda a su fiel amigo José Ramón Betancourt, es declarada heredera universal de su difunto esposo. En los documentos se pide que dé cuenta al gobierno de los negros emancipados, según fue voluntad de su marido.
    Manuel, el querido hermano, que ha regresado a La Habana, la invita a marcharse con él. En el vapor americano Eagle hicieron la travesía hasta los Estados Unidos. Ahora se marcha para siempre, no habrá otro "Al partir" , la acompañan su soledad y la viudez.  Los versos con que saludó su arribo a la Isla parecerían flotar en el aire de sus tristes pesadumbres:
    "!Respiro entre vosotras Oh hermanas mías!
     !Oh hijas bellas de Cuba! !Oh hermanas mías!
     Que aquí término el cielo ponga a mis días.
     Y aquí el sonido
     Postrero de mi lira vague perdido...*
 
    No fue así, , nos abandonó para ir a morir a la tierra en que tanta fama ganó y tanto padeció,.
    
    

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