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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


lunes, 14 de abril de 2014


‘La amante del pintor’ y Eduardo Manet, el cubano

 

Especial/El Nuevo Herald

En 1967 conocí en La Habana a Eduardo Manet. Era ya un destacado director y crítico de cine, pero mi timidez me impidió en más de una ocasión acercarme y saludarlo. Recuerdo con precisión al Manet de entonces, y a su primera esposa, una francesita delgada, que a veces lo acompañaba.
Han pasado los años, más de cuatro décadas, y Manet se ha convertido en un famoso escritor, vive en París desde 1968 y ha publicado más de una docena de novelas, donde el tema de su isla no ha dejado de estar presente: La Isla del lagarto verde, Rapsodia cubana, Un cubano en París, y más recientemente, Los tres hermanos Castro, así lo demuestran.
Manet ha incursionado en diversos géneros, y Las monjas, por ejemplo, es ya una obra clásica de la dramaturgia, que no cesa de presentarse en los teatros. Como director de cine tiene en su haber tres filmes que lo sitúan con solidez en la cinematografía de Cuba, y entre la que descuella la comedia musical Un día en el solar, con la participación de la bailarina Sonia Calero, y el coreógrafo Alberto Alonso.
Como Manet escribe casi toda su obra en francés hay que celebrar que Plataforma Editorial, de Barcelona, haya traducido ahora su más reciente título, La amante del pintor (en francés, Le fifre), para regocijo de los lectores hispanos. Una novela única en su género, inspirada en un secreto familiar, y que a la vez nos permite conocer de primera mano al París de finales del siglo XIX y el surgimiento de los pintores impresionistas.
La historia se sustenta en los diarios de Jeanne, la hermana de la joven, de origen español, Eva González, quien a su vez era conocida como la discípula preferida del gran pintor Edouard Manet. De la pasión de Eva por Manet y de sus secretos y turbulentos amores, se nutre la narración.
El novelista ha creado personajes femeninos únicos, a la manera en que lo hicieron Stendhal, Flaubert y Tolstoy, por ejemplo, mujeres que vivirán eternamente en la literatura universal. Eso de por sí convierte al novelista Manet en un escritor de primera. Su personaje central masculino, el célebre pintor Edouard Manet, aparece en cambio dibujado, casi opacado por la pasión de Eva, por ese amor que la llevó a morir casi al mismo tiempo que él. Pero la escena de la enfermedad y muerte del autor de Desayuno en la hierba es sencillamente conmovedora e impresionante, sobre todo cuando luego de que le amputan la pierna comida por la gangrena, el médico la lanza al fuego.
La trama se bifurca, y encuentra soluciones casi inexplicables, pero comprensibles a la larga, cuando Eva se casa con uno de los personajes secundarios de la novela, y tras la muerte de su hermana, Jennie ocupa su lugar junto al viudo.
El nacimiento del hijo de Eva y Manet nos hace recordar una historia parecida: el de la hija clandestina de Gertrudis Gómez de Avellaneda, resultado de sus frustrados amores con el poeta Gabriel García Tassara. Pero el hijo de Eva y el pintor Manet no muere, sino que crece en España y luego... bueno, ahí comienza la parte biográfica del novelista cubano Eduardo Manet.
Un día, siendo un joven, el padre de Manet le confiesa que proceden del famoso pintor de igual nombre, y le muestra los diarios de la tía Jeanne.
El nombre original de Manet es Eduardo González Manet, nacido en 1930 en la ciudad de Santiago de Cuba, quien atraído de seguro por esa extraña fuerza que lo arrastraba, decide indagar en la verdadera historia de sus apellidos, y viaja a Francia en los años 1950, donde estudia para convertirse en la figura literaria que vemos hoy.
Con la llegada de la Revolución, regresa a Cuba, ya que sus antiguos amigos, ahora en el poder, le han ofrecido importantes cargos en la vida cultural de esos años: director del Teatro Nacional, cineasta y crítico de cine, además de promover su obra como teatrista. Pero, tras conocer de primera mano la realidad del sistema imperante en Cuba, Manet decide regresar en 1968 a París, e instalarse para siempre en la que habría de ser desde entonces, su ciudad.
En Francia, Eduardo Manet se ha labrado una reputación como narrador y teatrista, y ha obtenido varios premios importantes. Su obra se ha publicado en las mejores editoriales francesas. Para los cubanos, tanto los de la Isla como los que viven fuera, Manet es una figura a la que debemos reconocimiento y mayor difusión.
Para el ganador del premio Goncourt de los estudiantes, y de muchos otros, la publicación en español de La amante del pintor es una buena oportunidad para rendirle el tributo que se merece: leer su obra, y dar gracias por contar con este gran escritor cubano que, para mayor gloria, es nieto de los pintores Eduardo Manet y Eva González.• 
BelkisBell@aol.com
TOMADFO DE: http://www.elnuevoherald.com/2014/04/12/1723975/la-amante-del-pintor-y-eduardo.html

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lunes, 7 de abril de 2014

 HEIDY
 
Este lunes 7 de abril, Aida Marta Lora Martínez, nuestra adorada y recordada "Heidy", estaría cumpliendo 64 años de vida. Como un humilde tributo a su memoria quiero compartir con todos ustedes un fragmento de mi libro de memorias, donde relato mi encuentro con ese ser maravilloso . Mi agradecimiento eterno a su adorada prima, mi querida Leticia Martínez Acosta y a mi querida Carmen Duconger, que al igual que yo, no queremos dejar pasar inadvertida esa fecha que nos hace evocar con desgarramiento la brevedad de su vida.

HEIDY
Confieso que cada vez que he intentado describir mi
encuentro con
este bello ser
que nos dejó tan
temprano, una
vez que lograba
escribir las primeras
líneas ya
no podía continuar.
Un vacío
enorme en mi
interior y una
angustia inenarrable
me lo impedía.
No obstante,
siempre
consideré que
debía relatar ese
particular y singular
encuentro,
pues ella fue
muy importante
en mi vida. Por
lo que omitirla de estas páginas de mi Banes en la memoria sería
algo que no me perdonaría jamás.
Una tarde de verano en Banes, en 1966, me encontraba
cuidándole la dirección de la Biblioteca Pública “Carlos
Fernández” a una gran amiga bibliotecaria, Freda Abreu. Afuera
el sol reverberaba --así son las tardes en el trópico. Yo estaba a
cargo de atender a los lectores y mantener cierto control dentro
del recinto.
Como una visión seráfica apareció una muchacha vestida
totalmente de negro, vaqueros de mezclilla negros, una camisa
negra, lentes de sol oscuros, con una bicicleta, y regalándome la
más abierta de las sonrisas, me preguntó si podía entrar su
bicicleta. Le respondí que no estaba permitido pero, que la dejara
en el vestíbulo, y yo le echaría un vistazo de vez en cuando.
No sé por qué se me ocurrió preguntarle si no tenía calor
y me respondió positivamente, entonces cometí una estupidez
preguntándole por qué si tenía calor se vestía así, toda de negro y
sobre todo con vaqueros de mezclilla, y su respuesta me dejó un
poco confundido: “Me visto siempre de negro porque soy
existencialista”. Entonces creí que había llegado a la biblioteca
en busca de algún autor existencialista y le dije: “Si buscas algo
de existencialismo te advierto que no vas a encontrar nada. Lo
poco que teníamos de Heidegger y Jaspers, lo recogieron. Si
encuentras algo de Sartre vas a tener mucha suerte porque lo
único que tenemos es El Ser y la Nada y anda de mano en mano”.
Su respuesta me ruborizó y por supuesto nunca me lo creí:
“Muñeco, yo no vine buscando ningún libro, pasé por aquí y te
vi y me gustaste y por eso entré”. “¿Quieres ser mi amigo?”.
Por supuesto, le respondí, balbuciando. Yo era un chico
provinciano y Heidy aunque había nacido en Banes sus padres se
fueron a vivir a La Habana y toda su infancia y adolescencia la
pasó allá. Comprendí que sólo se quería divertir un poco y le
seguí el juego. Al rato llegó Freda y le entregué el local y nos
marchamos a la casa de sus abuelos para conocerlos, pero antes,
me dijo que fuéramos al Parque Cárdenas a sentarnos a platicar
un rato. Me comentó que se iba del país junto a toda su familia,
menos su abuela. El abuelo murió unos meses después de
conocerla. Se iría con su mamá, su hermana y su tía Bertha, que
en paz descanse, y una amiga de Bertha y su pequeño hijo. En fin
se irían todos. Me sentí muy contento y a la vez triste pues aunque
luzca irreal me enamoré perdidamente. Fue un amor a primera
vista. Se lo confesé y sólo se reía. Me dijo, “Mira, muñeco, si
nos casamos me fastidias la salida. Si esperas pacientemente
nos podemos casar por poder y te reclamo y nos reunimos en
Estados Unidos, ¿qué te parece?”. Por supuesto que acepté, pero
me costaba trabajo pensar que hablaba seriamente. Unos días
más tarde cumplió dieciséis años. Se lo celebramos como
pudimos. Ya las cosas en Cuba se hacían difíciles de conseguir,
pero tuvo su fiesta. Comencé a frecuentar su casa, la de sus
abuelos, pues su madre y demás familiares vivían en Marianao.
Nuestros encuentros fueron esporádicos, pero intensos;
en el año 1968 fue a Banes y no me encontró pues había ido a
estudiar la Carrera Magisterial en el Instituto Pedagógico “Manuel
Ascunce Domenech”, en Topes de Collantes, en el centro del
país. A través de mi hermano supo la dirección y cómo llegar, y a
su regreso a La Habana me fue a visitar a Topes. Fue una despedida
muy triste. El próximo año fue a Banes y yo estaba de vacaciones.
Iba a despedirse de sus familiares en Banes y de mí. Venía
acompañada de una amiga, Amelia Destrampes. Amelia nos tomó
unas fotos que desgraciadamente perdí en México.
Luego, más tarde dejamos de comunicarnos. Me resultaba
muy doloroso todo. En abril de 1975 recibí de labios de su abuela
Mariana la infelíz noticia de que Heidy había muerto en un
accidente de coche, ya viviendo en Estados Unidos.
Aunque tengo la certeza de que no la hemos perdido y
que sólo se cambió de casa, la angustia y la nostalgia a veces me
invaden el alma al pensar en Heidy, quien tal vez presintiendo su
muerte tan repentina, me decía siempre: “No me llames Heidy,
llámame algo para recordar”.
©René Dayre Abella

Extraído de Banes en la memoria, publicado por linden Lane Press Colección / Memorias 2013. A la venta en:http://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss?url=search-alias%3Daps&field-keywords=banes+en+la+memoria+rene+dayre+abella