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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


martes, 31 de mayo de 2016





A CONTINUACIÓN LES OFREZCO LA SEGUNDA ENTREGA DEL PRECIOSO LIBRO DE JEAN PRIEUR "EL PAÍS DE DESPUÉS!  LA PRESENTE RECOGE LOS CAPÍTULOS IV, V Y VI DEL LIBRO. !QUÉ LOS DISFRUTEN!


JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (4) Capítulo IV: “Sueños y ensoñaciones”
octubre 27, 2013 in El País de después
Es sorprendente descubrir cómo, según vamos avanzando, la lectura de este libro de Jean Prieur se nos va haciendo más y más interesante. Y eso que solo acabamos de empezar y todavía nos ha de hablar sobre “manifestaciones”, “apariciones”, “animales en la otra vida”, “el suicidio”, “la reencarnación” …
En este capítulo IV nos habla Prieur sobre “sueños” y “ensoñaciones”, distinguiendo así entre los sueños producto de nuestro ser terrenal y los sueños vehículo de mensajes enviados desde otros niveles de existencia. Éste ha sido siempre un tema conflictivo, porque es fácil olvidar estos últimos en beneficio de los primeros. O magnificar los segundos y despreciar los primeros. Y todos tienen su importancia.
Lo más curioso es leer en estos textos cómo los franceses, que cuentan en su lengua con dos palabras distintas (“rêve” y “sogne”) para definir ambos conceptos, sienten que no pueden expresar con ellas claramente sus ideas y experiencias. ¡Cuánto más nosotros, que con una única palabra (“sueño”) pretendemos explicar todos los casos! Ésta es una carencia de nuestra lengua, que nos obliga a utilizar otros términos, tales como “ensueño”, “ensoñación” o “mensajes”, palabras que en sí mismas no tienen el mismo significado.
De cualquier forma, lo que importa no son las palabras en sí, sino lo que hay detrás de ellas. Y de eso está lleno este capítulo.
¡Buen día!
CAPÍTULO IV– SUEÑOS Y ENSOÑACIONES
IV.1 – Muchos lectores me han propuesto la pregunta de Luc: «¿Opina usted, como Freud, que el sueño tiene siempre una significación y que sea, inevitablemente, la expresión de un deseo, de un temor o de una represión inconsciente?»
No, eso sería demasiado simple. En realidad, las cosas son más matizadas y es necesario distinguir cuatro clases de sueños:
- aquellos que son el descanso de nuestro mental, desordenados, inverosímiles. Es muy difícil recordarlos. No tienen ninguna explicación y sería perder el tiempo buscarse una.
- los que tienen un origen puramente corporal. Ciertas pesadillas pueden entrar en esta categoría.
- los que están provocados por espíritus benéficos, situados, así mismo, bajo influencia divina. Estos sueños enseñan verdades, contienen advertencias saludables y revelan el futuro. Se desarrollan según una lógica interna. Es muy fácil recordarlos, depositan en nosotros una profunda impresión, enriquecen nuestra espiritualidad. Al despertar, nos dejan tranquilos, confiados. Conviene llamarles ensoñaciones.
- los provocados por espíritus maléficos. Son las pesadillas propiamente dichas.
IV.2 – Violette: «Las personas, conocidas o desconocidas, que distinguimos en el curso de nuestro sueño ¿son creaciones del inconsciente o de los espíritus venidos a visitarnos? ¿Salen de nuestra imaginación (en el sentido de facultad de producir las imágenes) o de una realidad no concreta sino psíquica?»
Las personas vistas en el sueño son tanto proyecciones de nuestra memoria como verdaderas apariciones. Si escuchamos palabras que nos anuncian un suceso imprevisible, si el desaparecido dice o hace, en el curso del ensueño, alguna cosa insólita o novedosa, alguna cosa que ignoramos, en ese caso hay grandes probabilidades de que haya venido a nuestro lado en su cuerpo espiritual.
Un ejemplo: pasé una noche en una casa de campo que había habitado el filósofo Jacques de Marquette. Yo no le conocí mientras vivía, pero vi fotos de él. En el curso de una ensoñación, le distinguí en un jardín alto, en colores, lleno de flores exuberantes, en un ambiente, por tanto, de luz correspondiente a su mental. Un detalle me sorprende, está tocado con un canotier[2]
Al día siguiente por la mañana, hice partícipe de esta visita y de mi sorpresa a la que fue su colaboradora y amiga. Me respondió: «Todas las fotos que están aquí le presentan con la cabeza descubierta. Pero, en efecto, cuando permanecía en esta casa o cuando paseaba por ese jardín en el que apareció transfigurado, llevaba siempre un viejo canotier, perpetuo sujeto de bromas entre nosotros dos.»
«¡Acabaré por echar al fuego tu espantosa francesada!» le dije más de una vez. Es pues seguro que Jacques vino esta noche. Le dio esa señal de identidad que usted no podía conocer.»
IV.3 – Vivien: «¿Puedo recordarle lo que escribió usted sobre el sueño? “Este cine permanente ocupa en nuestra vida un lugar importante, fundamental. El sueño no es un estado de inconsciencia. Es, al contrario, en el sueño cuando estamos más activos mentalmente. La imaginación y la memoria adquieren entonces una fuerza que no poseen en el estado de vigilia. Porque el sueño es una situación en la cual se corta con el mundo físico, se puede entrar en relación con el mundo metapsíquico, ese mundo que nos rodea y que está también en nuestro interior. Bergson dijo que en el sueño nos desinteresamos… nos desinteresamos, sobre todo, del mundo material y corporal. Es entonces cuando se puede entrar en contacto con ese mundo de los espíritus, poblado de inteligencias benéficas o maléficas. Depende de nuestra tonalidad personal. Los pensamientos bajos atraen las entidades malvadas, los pensamientos altruistas atraen las entidades superiores.” ¿Quiere usted decir que todos los sueños son incursiones en el mundo de los espíritus?»
¡Por supuesto que no! Numerosos son los sueños de origen fisiológico: malas digestiones, deseos sexuales, mala posición del durmiente. Sueños así son los preferidos de los psicoanalistas y han sido estudiados suficientemente. No entran en mi objeto de estudio. Tampoco esos sueños que son la liquidación de nuestra jornada, la evacuación de nuestro sobrante.
No hablo más que de los sueños que por su valor premonitorio, espiritual, psicopedagógico, constituyen verdaderas comunicaciones. Esos sueños son los mensajes de los que no los reciben. Se deberían llamar siempre ensoñaciones.»
Los desaparecidos nos transmiten su pensamiento, sea bajo la forma elaborada de mensajes, sea bajo la forma difusa de ensoñación. Son raras las personas que los reciben, pero todo el mundo sueña. Por la ensoñación podemos, de alguna manera, seguir la evolución de los que nos han precedido. El cuadro en el cual aparecen, la luz que hay a su alrededor, su expresión y sus palabras serán, por lo tanto, índices de su situación actual en el mundo metafísico.
IV.4 – Geoffroy: «¿Existe una diferencia entre sueño y ensoñación? En todo caso, los verbos correspondientes se prestan a confusión: ensoñar no tiene verdaderamente el sentido de soñar.»
Eso es exacto, una vez más estamos cogidos por el vocabulario. En realidad, sueño y ensueño son dos actividades mentales profundamente diferentes. El sueño es el dominio privilegiado del acto fallido. En lo que me concierne, pierdo el tren, pierdo los papeles, no encuentro la dirección de la salida cuando debo pronunciar una conferencia.
El sueño es lo que fabricamos con nuestros recuerdos antiguos o recientes, con nuestros deseos, satisfechos o no, con nuestras sensaciones psicológicas, penosas o agradables. El sueño, potpurrí de aventuras, es una película deshilvanada que aborda treinta y seis asuntos de los que no termina ninguno. Es el terreno de elección del subconsciente, la liquidación de la vida cotidiana. No supera el plano natural.
La ensoñación, al contrario, nos es enviada. Nos pone en relación con los planos superiores y, por eso mismo, tiene una significación para nuestra vida. Centrada sobre un solo asunto, presenta una notable continuidad, tiene a menudo valor de advertencia. La ensoñación emana de ese superconsciente del cual no se habla nunca. Al despertar, deja en el mental una marca tan precisa, tan profunda, que el individuo, completamente desfasado, no sabe ya si vivió o soñó la situación. Necesita cierto tiempo para volver a poner pie en la realidad y siempre conservará la nostalgia de esa hora estrellada. La ensoñación es una puerta entreabierta al Más allá.
IV.5 – Emma: «Acabo de tener un sueño que me inquieta mucho. Recibía un telegrama expedido por mi marido, fallecido hace seis meses. Ese telegrama decía simplemente: “Estoy ciego y sordo”. Sin embargo, mi marido, que por otro lado era una persona excelente, no creía en nada y, además, se jactaba gustando repetir: “Yo no creo más que en lo que veo.” ¿Hay una relación entre su incredulidad anterior y su ceguera actual?»
Hay ciertamente una relación entre la incredulidad de su marido y lo que usted me dice ahora. Como él se imaginó el Más allá sea como un mundo inexistente o como un lugar sin colores ni sonoridades, se despertó al otro lado no ciego, sino en lo negro; no sordo sino en una suerte de desierto que corresponde a su mental de antaño. Poco a poco, la luz se hará a su alrededor. Oirá voces amigas que le hablarán de vida espiritual. Es necesario que escuche, si no recaerá en su marasmo. Por los sueños sucesivos, tendrá una idea de su evolución. Si le ve en la luz, eso será una buena señal.
IV.6 – Hélène: «En el curso de un paseo por Niza, distinguí en un escaparate un abrigo de pieles. Tentada, entro en la tienda y pido probarlo. Como el precio me conviene, lo reservo diciendo que recogeré la prenda la semana siguiente.
Al anochecer, me acuesto a la hora habitual, muy satisfecha de mi jornada. Durante la noche, veo en un sueño a mi madre fallecida. Es la primera vez que sueño con ella, está bien peinada y vestida con la falda de seda negra que se ponía para salir el domingo. No me habla y me mira largamente. Después, bruscamente, desaparece.
Al despertar, me acuerdo de todo, de su cara, de su actitud, de su expresión. Me digo: o viene a advertirme de algún suceso inmediato o bien me pide alguna cosa.
Tres días después, llega una carta certificada del Ayuntamiento apremiando que nuestra tumba está gravemente dañada y que, si yo no la hago reparar, la municipalidad recuperará el terreno y enviará los restos a la fosa común. Me asesoro con un marmolista: ¿cuánto costaría un monumento nuevo? Me dice el precio: es exactamente el del abrigo. Anulé mi encargo e hice construir una nueva sepultura.
Desde entonces, mi madre no se ha manifestado nunca. Cuando vivía, era médium, su madre lo era también. ¿Qué piensa usted de todo esto?»
Pienso que hay muchas enseñanzas a extraer de su carta. Contrariamente a lo que se suele creer, los desaparecidos tienen noción del tiempo. Otra, la degradación del monumento. La concesión debía estar a punto de expirar y por eso el ayuntamiento hablaba de recuperar. Como ellos tienen también la noción de las cifras, su madre ha visto muy bien que el precio del abrigo equivalía al precio del monumento y por ello intervino la noche siguiente. Ella sabía que había urgencia. Está, por otra parte, muy al corriente de sus hechos y gestos. Notamos así que los desparecidos tienen interés en que su «última morada» (expresión falsa, puesto que ellos no la habitan) sea regularmente arreglada. Por fin, constatamos una vez más que las personas que han recibido los dones psíquicos los mantienen en el Más allá, donde encuentran su pleno empleo. Gracias a sus dones, su madre pudo enviarle el ensueño, que era a la vez advertencia y petición.
IV.7 – Irène: «Desde hace varios meses nos persiguen sueños siniestros. He soñado que un gran féretro negro llegaba lentamente sobre mi casa y se posaba sin ruido en el jardín de nuestra vecina de enfrente. Por otro lado, mi hija ha soñado, al menos cuatro veces, que un avión caía arriba de mi calle, sobre el estadio. Y su hijo, con seis años de edad, ha tenido el mismo sueño, pero solo una vez.
El 31 de enero de 1978 soñé la muerte de mi hijo Christian y me desperté llorando. Cuatro años más tarde, casi en el mismo día, él nos dejaba. Tenía veinte años. Monique Simonet llegó a percibirlo, lo que nos aportó algún consuelo.»
Todos los sueños, gracias a Dios, no son tan exactos, tan premonitorios como el concerniente a su hijo. Constato que esta predicción fue única en su género y que usted, inmediatamente, comprendió que era, desgraciadamente, verídico. De ahí sus lágrimas; el corazón no se equivoca jamás. El sueño del féretro negro parece concernir no a su familia, sino a la vecina, puesto que aterriza en su jardín. Es posible también que haga alusión a un hecho del pasado. Ocurre que ciertos espíritus muy evolucionados, muy bien informados, o igualmente muy bien intencionados, presentan como venideros los eventos que fueron ya producidos. De todas formas, ya conciernan al pasado o al futuro, las ensoñaciones presentan un gran margen de error. Un ejemplo: hace ya 40 años, una de mis amigas, entonces joven, sueña que pasea por un cementerio y distingue dos tumbas de niños. Se aproxima y lee en una de ellas el nombre de su hijo (de cinco años) y en la otra el de su hija (de tres años). Pasa el tiempo, se convierte en una señora mayor y su hijo y su hija son adultos prósperos y de perfecta salud. Dos explicaciones posibles: o la Providencia ha modificado sus proyectos o el amor maternal, muy ferviente e inquieto, había imaginado lo que temía más en el mundo. Nuestros sueños son la imagen de nuestros deseos y también de nuestros temores.
IV.8 – Lucie: «Mi marido acaba de fallecer bruscamente de un infarto. Estábamos casados desde hacía 40 años y nos llevábamos 15 años de diferencia. Tuvimos cinco hijos; he sido muy feliz con él. Dos días antes de su entierro me desperté a las seis de la mañana; él fue mi primer pensamiento. Recé por él y me dormí casi enseguida. Entonces se me apareció en sueños. Se inclinaba sobre mí y me besaba la cara. Parecía tener 35 años, pero cuando partió tenía 78 años. A la entrada de nuestra habitación aparecía un hombre del cual no veía la cara. Parecía esperar. “He venido a verte- me dijo mi marido-, pero no me quedo. Ya sabes que estoy bien Allí arriba”.Y yo le supliqué: “¡René, te lo ruego, no te vayas, no te vayas!”. Y se aleja. El desconocido le precede en la escalera que sube al piso superior…
En mi sueño, le sigo viendo; deja caer sobre los escalones un trozo de cadena y dos tarjetas de visita, que recojo. En una leo el nombre de un amigo de mi marido, un hombre de su edad fallecido hace mucho tiempo. La otra tarjeta de visita está en blanco: nada por un lado ni por el otro. A continuación, me despierto. Todo era tan verdadero, tan real, tan concreto que me levanté para ver si las dos tarjetas de visita y el fragmento de cadena estaban en la escalera. Por supuesto, no había nada y me dije: todo esto es absurdo.»
No, esto no es absurdo, y usted ha tenido una bella experiencia psíquica; muy rica y muy completa. René, que no se quedó mucho rato en el período de sueño que sigue inmediatamente a la muerte, en realidad ha bajado para verla, abrazarla y afirmar su amor.
Usted le ha visto rejuvenecido, con buena salud, radiante, lo que muestra su estado actual. Como era un hombre de bien, se encuentra en un plano de felicidad y luz. La cadena simboliza el lazo que le une a él. Una cadena no es siempre un símbolo de gravedad y de coacción; aquí se trata, evidentemente, de una cadena de amor.
En cuanto al hombre que esperaba en el umbral de la habitación, es el amigo cuyo nombre figuraba en la tarjeta de visita.
Es él quien ha posibilitado a su marido llegar hasta usted. René, fallecido hace solamente cuatro días, no habría sabido cómo hacer para llegar a reunirse con usted.
La tarjeta de visita sin ningún nombre atañe a alguien que está aún sobre la Tierra y para quien ninguna decisión ha sido tomada aún en lo Alto.
IV.9 – Daniela: «_He perdido a mi hijo a causa de una meningitis a la edad de 15 años. Una noche, en sueños, vino a buscarme y volé con él muy poco tiempo, pues me dijo que estaba apurado, que le esperaban. Parecía enfadado. ¿Por qué? Sobre su tumba, incluso de lejos, sé si han desplazado alguna cosa. Estos días he percibido con claridad su cara a la altura de mi cabeza. Estaba guapo, me dijo que iba mucho mejor y creí escuchar: “mamá”. ¿Es mi hijo quien se manifiesta, o es mi imaginación?»
¡Oh, no! No es su imaginación quien lo causa. Su hijo viene realmente junto a usted en su cuerpo espiritual. El sueño del vuelo es muy bonito. Es usted misma quien, por la noche, se desdobla para reunirse con él en las zonas del Más allá que están cerca de la Tierra. Si parece enfadado es porque el escepticismo de los vivos irrita a los desaparecidos que se esfuerzan en enviar sueños y señales. Si persistimos en nuestra duda corren el riesgo de desanimarse y se apartan de nosotros. Cuando usted señala su tumba y los incidentes que pueden allí ocurrir, no es que sea talmente atacado ese lugar, es simplemente para probaros que él está al corriente de los pequeños hechos de la vida terrestre. Lo mismo cuando le dice: «Voy mucho mejor», es todo un hecho real. Él está allí donde no hay más enfermedad, ni dolor, ni pena. Está feliz y usted lo sabe. El lazo de amor no está roto.
IV.10 – Lucien: «Estoy muy turbada por un sueño que tuve, donde veía a mi padre (que falleció hace cuatro meses) enterrado en el barro hasta la cintura. Me sonreía y gritaba: “Estoy vivo”. Debo subrayar que él era muy escéptico para todo cuanto concierne al Más allá y yo también. Sin embargo, quisiera saber qué significa este sueño.»
Este hombre, su padre, está desnudo porque no tiene creencia; el barro en el cual está enterrado representa su materialismo. Pero, felizmente, comienza a emerger.
Está confiado, puesto que le sonríe. Otro día, o quizá otra noche, le verá acaso completamente despejado y vestido. Sin embargo, quédese con lo esencial del contacto: «Estoy vivo.»
Es en realidad lo que dicen al principio todos los desaparecidos que llegan a comunicar, sea por mensajes, sea por sueños como el que usted nos relató.
IV.11 – Marianne «En el verano de 1992, en el curso de mis vacaciones, conocí un joven americano. Durante un mes vivimos una relación sentimental de lo más armoniosa, hasta pensamos en el matrimonio. Después, Ronald regresó a los EEUU y yo prolongué mis vacaciones una semana. Él convino que me escribiría para precisar sus intenciones.
Pasaron las semanas sin la menor noticia, hasta meses. Una amiga me aconseja dar el primer paso y escribirle, pues su carta podía estar perdida…Me negué. Por orgullo. Ella me hizo notar, igualmente, que acaso él intentaba no forzar mi decisión…Me dije que no estaba equivocada del todo, pero permanecí en mis posiciones.
Después, tuve varios sueños bastante incoherentes, en los cuales siempre había un problema de refrigerador.
Pasados tres años, necesité trasladarme y cuando desplacé ese armatoste vi un sobre, gris de tanto polvo. En una carta fechada el 3 de septiembre de 1992 Ronald me pedía en matrimonio… La portera había echado con fuerza mi correo por debajo de la puerta y la carta se había deslizado por el suelo de la cocina… hasta debajo del refrigerador. Ésta es mi historia.»
La argumentación de su amiga era la buena, era necesario hacer prevalecer su amor sobre su orgullo. La advertencia humana era más clara que la venida por medio del sueño. El Más allá habría podido ser más imperativo, más explícito, mostrándole, por ejemplo, una punta del sobre rebasando la base del aparato. Una medio advertencia no es una advertencia.
Su historia me hace pensar en otra, más dramática aún: un pastor al que le habían regalado una entrada de teatro, escuchó a una voz interior que le murmuraba: «¡No vayas al teatro, renuncia a ese espectáculo!» Se dijo que el lugar de un servidor de Dios no era lo mundano y entregó la localidad a un amigo. Esa tarde se declaró sobre el escenario un incendio que se propagó a la sala y el desgraciado pereció en la catástrofe. La voz interior había omitido precisar: «Las llamas, las llamas, veo un edificio en llamas.»
IV.12 – Marc-André «Usted ha hablado de sueños metafísicos y espirituales, pero ¿existen también sueños científicos?»
Conozco el caso de Luis Agassiz (1807-1873), naturalista suizo, célebre por sus investigaciones sobre los peces fósiles.
El profesor Agassiz trabajaba para reconstruir la forma de un pez de la era terciaria, pero no poseía más que una parte: una huella sobre un bloque de pizarra. Sus esfuerzos resultaban vanos. Renunció momentáneamente. Sin embargo, una noche vio en un sueño su pez viviendo, reconstruido, restaurado. Cuando al despertar intentó recordar la imagen le resultó imposible. La noche siguiente volvió a ver al pez. Se despertó, pero no pudo recordar la imagen entrevista. La tercera noche colocó sobre su mesilla de noche un lápiz y un papel. El pez reapareció en su sueño, un sueño de madrugada, al principio de manera confusa, después nítido. Esta vez, Agassiz no tuvo ninguna duda sobre los caracteres morfológicos del animal. Medio dormido, esbozó con grandes trazos en la oscuridad lo que había visto. Al despertar, tuvo la sorpresa de descubrir en la hoja de papel la reproducción de sus sucesivas visiones. Se retiró al “Jardín Botánico”[3] y, armado de su dibujo, pudo compararlo con la parte fósil que poseía en el bloque de pizarra. El pez prehistórico había resucitado.
¿Qué había pasado? ¿Un colega del mundo espiritual, un sabio con acceso al mundo de los arquetipos, donde toda cosa se conserva, había proyectado en el mental de Agassiz la imagen del vertebrado de sangre fría?
IV.13 – En 1973, Anita, hoy fallecida, me envió esta carta conmovedora, en la que revive su calvario:
«Veo en sueños un desierto de arena, quemado por el sol. Estoy en el paisaje. Es una escena que me muestran; es un cliché. Hay un soldado tumbado sobre la espalda. Tiene un agujero en el pecho, un agujero que parece hecho por una barrena. No hay sangre. No veo su cara, pero sé que es mi segundo hijo, Michel. Mi primer hijo, Jacques, murió en Indochina. De este sueño sobre Michel que tuve en abril no le hablo a nadie, ni a mi marido ni a mi hijo superviviente. Llevo sola mi espantoso secreto. En mayo, Michel, que es subteniente, recibe su orden de movilización. Debe partir para Argelia.
Multiplico los trámites para que sea destinado en Francia. Hago destacar que Jacques ha muerto. Se me responde: “Usted ha perdido un hijo, no va a perder un segundo”. Un poco lo que dicen los combatientes: un obús no cae jamás en el agujero de otro obús.
Entonces me dirijo a Michel, quiero que ponga de su parte. Que se esfuerce como yo, que haga alguna cosa para impedir su partida. Le digo: “¡No puedes hacernos esto!”. Tuvo esta extraña respuesta: “Es necesario que yo parta para ayudar a Jacques.”»
“¿Qué es lo que dices? ¡Reflexiona! Jacques está muerto, ¿Cómo quieres ayudarle?” Pareció volver a la realidad: “¡Ah! Si, ¡es verdad!¡Qué digo!”
Partió algún tiempo más tarde. En octubre del año siguiente murió en la frontera argelino-tunecina.»
¿Para qué sirvió este sueño premonitorio? ¡Para nada, desgraciadamente! Anmita Morange, advertida del drama, no pudo impedir que se produjera, ni con sus gestiones, ni con las conversaciones con su hijo. Más adelante, recibió comunicaciones provenientes de los dos jóvenes, resultando que, en efecto, Michel ayudaba a Jacques en su nueva vida.
Este drama me deja siempre sin voz.
IV.14 – Anna: «Tengo sueños que se realizan. Mis sueños se relacionan, a menudo, con personas desaparecidas. Por la noche veo rostros que se dibujan sobre las paredes de mi habitación; al principio me daba miedo, pero más ahora. En ciertos lugares me siento mal, a disgusto, porque percibo ondas negativas.
Me interesa mucho la videncia y el Más allá me atrae como un imán. Echo las cartas desde hace dos años, con éxito. Me gustaría saber si puedo ejercerlo como oficio. ¿Qué opina usted?
Todos mis deseos han sido siempre confirmados por una aparición percibida en el sueño. Se trata de una vieja dama muy maquillada, que se apoya sobre un bastón, que me dice así: “Mi pequeña, soy Madame Argine, la célebre vidente de los años 50. Puedo decirte que posees grandes dones y que si los pones en práctica podrás hacer una carrera parecida a la mía.”»
Todo eso es perfecto. Desgraciadamente Madame Argine (la reina de espadas) no ha tenido nunca existencia real. Es un personaje ficticio resultante de mi imaginación, hablé de ella en “Les sourires du monde parallèle”. Es un recuerdo de una lectura que ha reaparecido en su mental y que el sueño ha desconectado de la existencia concreta. Este fenómeno se llama: criptomnesia.
Es seguro que usted tiene dones psíquicos, pero eso no es suficiente para que pueda establecerse como vidente. Es un oficio que no es tan fácil como se cree. El don no es suficiente. Es preciso apoyarse sobre conocimientos, sobre estudios previos. El ocultismo es un saber que se aprende como todo lo demás.
Seguro que puede obtener un contacto con un fallecido o una persona de su familia y de su entorno, pero no es seguro que eso se produjera en presencia de un desconocido. La mediumnidad es un fenómeno caprichoso e imprevisible, sujeto a muchas ilusiones y errores.
Personalmente, he tenido en bastantes ocasiones experiencias psíquicas, pero era siempre en relación con el libro que estaba a punto de escribir y jamás en relación con mis problemas personales. Se trataba de instruirme y no de decirme la buena ventura. De todas formas, yo no quiero saber el futuro, prefiero la sorpresa. Volviendo de nuevo a usted, continúe echando las cartas a sus amigos y conocidos, si eso le entretiene, pero no pienso que usted pudiese hacer de ello un oficio.
IV.15 – Maryvonne: «La última vez que vi en un sueño a mi hermano, muerto a la edad de veinticuatro años, estaba vestido con un jersey color burdeos y un pantalón de pana verde. Desde aquella noche viene periódicamente a visitarme y cuando se va me dice tirándome de la manga: “Ya sabes, Maryve, se está bien donde yo estoy, ¡vente conmigo!
Siempre he tenido graves problemas de salud: el año pasado tuve un principio de rotura de aneurisma. ¿Este sueño es una llamada de su parte? ¿Quiere él advertirme que, allí donde él está, no se sufre más, que la vida Allí es más bella que aquí? La muerte no me asusta. Estoy preparada y pienso en ella a menudo; no puede ser peor que la vida que llevamos. Acabamos de pasar un decenio terrible: falta de dinero, cáncer de mi marido, paro para él y mi hijo.
Desde mi enfermedad (cáncer), tengo sueños premonitorios, en todos sueño mi llegada. Es horroroso para mí y mi entorno.»
Usted ha interpretado muy bien el sueño repetitivo. Su hermano, vestido con un jersey rojo y un pantalón verde para hacerse reconocer, quiere comunicarle la felicidad que él goza en la actualidad. Acabados los problemas de salud o de dinero, sin desavenencias o la soledad. Sin embargo, queda una sombra en esta luz: su presencia que le falta, pero él debe esperar y no buscar atraerla. Usted también debe esperar. Debe cumplir su ciclo aquí abajo. Seguro que, como a la mayoría de las personas, le amenaza una vida muy dura. La existencia terrestre no es un valle de rosas, se está lejos del mundo optimista y beatífico de la publicidad televisada que nos presenta personas que no trabajan nunca y pasan su tiempo al borde de las piscinas, al volante de coches suntuosos o en los palacios encantados con criaturas de ensueño. Todas esas películas son un insulto a las personas en su situación. Más vale la dura realidad que esas mentiras con colores cursis.
En lo que atañe a sus premoniciones, se tiene observado que la enfermedad o la tristeza desarrollan las facultades mediúmnicas que están latentes en el interior de todos los seres.
IV.16 – Marion: «Hace catorce años, perdí a mi abuela paterna, a la que quería mucho. Sabía que estaba muy enferma, y dos días antes de su muerte soñé que una novia tenía un bebé en sus brazos. En aquel momento tuve un mal presentimiento, sin saber por qué.
Tres años después, mi abuelo la seguía y se repitió el mismo sueño; lo mismo con mis otros abuelos, fallecidos algunos años más tarde. ¿Qué debo pensar? ¿Es una coincidencia?
Otra cosa más, una noche, estando acostada, dispuesta a dormirme, vi a mi lado en la cama un niño, como dibujado en blanco sobre un fondo negro. Sorprendida, creí que era mi hijo que necesitaba alguna cosa. “¿Qué quieres, Loïc?”, le pregunté, pero me miraba sin hablar, sonriente. A continuación, se giró hacia mi marido, siempre sonriente. De nuevo repetí mi pregunta: “¿Qué quieres, Loïc?” y encendí la lámpara; en ese mismo instante desapareció. Todo esto duró apenas un minuto. No lo he vuelto a ve. ¿Qué pensar? Esto me tiene muy confundida. ¿He soñado despierta?»
Los sueños, para hablarnos, toman prestado el lenguaje de los símbolos. Sin embargo, cosa curiosa, los objetos alegóricos presentados en el sueño son a veces lo contrario exacto de lo que presagian. Usted ha comprendido bien que esa novia sujetando un bebé en sus brazos no anunciaba ni un matrimonio ni un nacimiento, sino la muerte inmediata de su abuela. Observe que la muerte es un nacimiento a la otra vida. Por ello, en ciertas civilizaciones, lo que nosotros llamamos un día de duelo era considerado como un día de regocijo. Lo que es destacable es la recurrencia de ese sueño de la novia, que cada vez anuncia la partida de personas mayores. Estoy tanto más impresionado por cuanto una señora de mi familia tuvo la misma experiencia: «Cuando sueño con el velo de novia, me decía, estoy segura de conocer un fallecimiento en los días siguientes.» Creí durante mucho tiempo que era su código personal, pero percibo (y su carta lo confirma) que otras personas han tenido la misma experiencia.
En lo que concierne a la segunda parte de su carta, no se entiende si su hijo pertenece a esta vida o a la otra. Si es el primer caso, llegó al lado de sus padres, en un desdoblamiento inconsciente y espontáneo. Estoy seguro que del sueño él no recordaría nada. Su pensamiento amoroso, y también dinámico, ha guiado hacia usted su cuerpo sutil, mientras su cuerpo físico estaba en reposo. Ese fenómeno es conocido bajo el nombre de fantasma del vivo.
IV.17 – Reine: «En febrero de 1991, sueño que me encuentro en el pasillo blanco de un hospital, luego en una sala de operaciones hacia la cual avanza un carrito llevando una joven mujer inanimada. Un sentimiento de angustia me aprieta la garganta; me aproximo y reconozco a mi hija, inerte, muy pálida, los ojos cerrados. Una voz dice: “Está muerta”. Grito: “No, no, yo no quiero, eso no es posible.” Estallo en sollozos, llamo a Irène, como si pronunciando su nombre la pudiese resucitar. En ese momento, una niña me dice, tirándome de la falda: “¿Y yo entonces?” “¡Tú, no me importas, es mi hija a quien yo quiero!” A continuación, todo se borra. Al despertar, telefoneo rápidamente a Irène y le pregunto qué le pasa: “Pero si no tengo nada, mamá. Estoy perfectamente sana. ¡Olvida esa pesadilla!”
Un año después, avisada por mi yerno, llego al hospital. Me meto en el mismo pasillo blanco, veo avanzar el mismo carro. Irène reposa allí inerte, muy pálida, los ojos cerrados, muerta.
Desde entonces, criamos a Renée, nuestra nieta, la niña que decía: “¿Y yo, entonces?”»
Mi amiga Lydia vivió un hecho semejante. Tenía trece o catorce años cuando soñó que debían operarle y que su madre la llevaba en taxi a Niza. La madre y la hija llegan ante una cancela cerrada, se les abre, y se encuentran en un jardín con una gran casa al fondo que resulta ser una clínica. Entran; enfrente de la puerta hay un ascensor, suben y paran en la segunda planta, desembocan en un largo pasillo todo blanco. A la derecha una puerta se abre, dejando pasar una enfermera que empuja un carrito llevando un enfermo.
El sueño acaba ahí. Lydia está muy impresionada. En aquella época está más sana que una manzana.
Pasan dos años y ha olvidado el sueño. Crisis de apendicitis, es necesario operar con urgencia, su madre llama un taxi… y el escenario se desarrolla idénticamente: la cancela cerrada, el jardín, la enfermera que empuja un carrito sobre el cual yace alguien. Y bruscamente, Lydia se acuerda… está estupefacta porque todo se reproduce hasta en los menores detalles.
A diferencia del precedente, este sueño no terminó con muerte.
IV.18 – Gaëtan: «Era la primera vez que soñaba con mi madre, la condesa de Becq, muerta hace mucho tiempo. La veía apoyada en su piano de cola, en ropa de noche de satén bordado con lentejuelas, exactamente como está representada en el retrato a tamaño natural de Bastien-Lepage.
A continuación, la imagen se borra. Veo entonces nuestro salón desamueblado, mejor dicho, los muebles están agrupados en el centro. Los tapices están enrollados, los retratos de los antepasados descolgados y las figuritas guardadas en cajas de cartón. Mi madre reaparece, no parece afectada, me sonríe y me dice solamente: “Esto no será nada grave.” Y luego me despierto. ¿Cómo se debe interpretar este sueño?»
Opino que se trata de una premonición relacionada con una mudanza, que la hace sea para sacaros de esos lugares donde están agrupados todos sus recuerdos, donde su familia ha vivido durante generaciones, o sea alguna cosa grave. He comentado que las advertencias dadas por los desparecidos son siempre muy alusivas, en su caso, me habrían gustado más explicaciones.
Segunda carta de Gaëtan:
«¡Pues bien, no! No se trataba de una mudanza, sino de un accidente que podría haber sido mortal. Quince días después de ese sueño, Marcelle, mi mujer, y yo, veíamos la televisión. Un crujido horroroso, como si el techo se nos viniera encima. El gran retrato de mi madre se descuelga y cae con estruendo. En su caída, se detiene a pocos centímetros de la cabeza de Marcelle. Examinamos el enorme cuadro de madera labrada, los dorados han volado hechos pedazos, el gran clavo que lo sujetaba está en su sitio, pero la cuerda estaba desgastada… hasta la cuerda, me atrevo a decir.
«Al día siguiente llamamos a un tapicero. Sus trabajadores y él dejaron el lugar limpio, reunidos los muebles en el centro del salón, descolgaron los otros cuadros para verificar los anclajes, enrollaron los tapices; y el salón tomó el aspecto que tenía en el sueño. Esto no fue grave… pero, gracias a mi madre, Marcelle Maurette había escapado a la muerte.»
Marcelle Maurette, autora de “Anastasie y de “Madame Capdet”.
IV.19 – Monica: «Perdí mi hijo de veintiún años en un accidente en la carretera hacia Portugal. Tres meses después de su muerte tuve un sueño. Estaba en un pueblo, en el extranjero, subía una calle estrecha y oscura; al final de la calle había una plaza circular inundada de sol. En el centro se encontraba mi hijo. Me tomaba en sus brazos y me decía: “Ya ves que no estoy muerto”. Bailamos el vals toda la noche, los dos solos. ¿Qué quiere decir este sueño?»
El ensueño que usted relata es extremadamente favorable. Es el regreso de una realidad feliz y de una persona amada; es decir, su hijo. El pueblo extranjero es el mundo donde él vive. Todo es claro allí, todo es luz, como esa gran plaza donde le espera, siempre joven, siempre bello. Todo su sueño está bañado en la certeza, la supervivencia y la alegría que acompaña esta certeza. La alegría está simbolizada por el baile en el cual le guía, así como por ese mundo transparente donde se encuentran los que son amados. Usted misma ha hecho una incursión rápida, después de haber subido una calle estrecha y oscura que representa las primeras zonas del mundo de los espíritus.


[1] En el texto original en francés se utilizan dos palabras diferentes para indicar hechos diferenciados: “rêve” es el sueño habitual, “songe” es el sueño mediante el cual contactamos con el mundo metafísico. En este texto emplearemos ensueño y ensoñación para referirnos a “songe”. (NdT)
[2] El “canotié” o canotier es un sombrero de paja de copa recta, parte superior plana y ala corta, plana y rígida, usualmente adornado con una cinta de color, o negra. (NdT)
[3] En el original francés “Jardin des Plantes”, nombre del célebre Jardín Botánico creado por Luis XIII en París en 1635 como jardín medicinal. En 1793 se instaló en las inmediaciones del Museo de Historia Natural (NdT)

JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (5) Capítulo V: “Manifestaciones”
noviembre 11, 2013 in El País de después
Nos habla ahora Prieur de uno de los temas más conflictivos cuando tratamos de la supervivencia a la muerte física: las manifestaciones de aquellos que se fueron.
Cuando aparecen ruidos, chasquidos, olores, sensaciones … y las personas relatan cómo lo han experimentado, cómo lo han vivido, ¿de qué hablamos? Una de las cartas que aparecen en el texto de Prieur se atreve a decir: “Cuando uno se preocupa por estos temas es porque está pasando por una gran prueba y necesita algo a lo que aferrarse.” Pero la respuesta de Prieur es tajante: “Estas manifestaciones son como resplandores en el cielo gris de los que aquí se han quedado …son advertencias, avisos a nuestra atención, signos espirituales para testificar la supervivencia…”
¿Cómo una persona como Prieur, que ha dedicado prácticamente toda su vida a estos temas, podría estar equivocada? Son tantos los años dedicados por él a estudiarlos que parece imposible que no hubiera descubierto el engaño o el error. Y nadie más firme que él en afirmar su veracidad.
Por el contrario, a cada uno de nosotros nos corresponde no solo posicionarnos ante los hechos sino, lo que es más importante, ofrecer una respuesta e incorporarla a nuestras vidas. Por eso este libro es tan importante, porque puede ayudarnos a conseguirlo.
¡Buen día!
CAPÍTULO V– MANIFESTACIONES
V.1 – Cuando son espontáneas, las manifestaciones se presentan como claros en el cielo, con frecuencia gris, de aquellos cuya otra mitad está en Otro lugar. Pueden adoptar las formas más inesperadas: desde estrellas sonoras en medio de un bosque hasta perfumes y arpegios de cristal, sin olvidar las intervenciones milagrosas en caso de accidente grave.
Martial se interroga. Se pregunta si los desaparecidos tienen un verdadero poder sobre la materia.
«¿Pueden actuar sobre los objetos? ¿Pueden protegernos eficazmente? ¿Sus intervenciones, sus manifestaciones físicas, son reales o se trata de coincidencias?»
Para responderle, voy a recurrir a un testimonio impresionante del cineasta Pierre Billon:
«En la noche del 2 al 3 de agosto de 1975, mi apartamento parisino fue volado con goma dos[1]. No era a mí a quien los terroristas apuntaban: simplemente se habían equivocado de piso. La onda expansiva de la explosión hizo volar en añicos la puerta de entrada. Por todas partes fragmentos de madera, de vidrio y de cemento. La puerta de mi habitación fue arrancada de sus bisagras: pequeños cuadros hechos añicos, la hoja derecha destrozada, la izquierda pulverizada. Sin embargo, tras la hoja izquierda se encontraba una cómoda antigua sobre la cual sonaba un reloj de péndulo de doble cuadrante y un magnífico ramo de rosas rojas. Los amigos me lo habían enviado para que lo pusiera ante el retrato de mi mujer, la comediante Ketty Gallian, fallecida tres años antes. Esas rosas se fueron poco a poco momificando, su color oscureciéndose, pero permanecían siempre igual de bellas. Tal como estaban situadas en el eje de la explosión, como yo mismo por otra parte, estaban intactas. Ni una hoja, ni un pétalo se había caído. Y yo no tenía ni un rasguño.
Esto no es todo, sobre dicha cómoda el reloj de péndulo, que daba simultáneamente la hora, el día y el mes, se había parado milagrosamente en las 8 horas 43 minutos en el cuadrante izquierdo y en el día 31 de octubre en el cuadrante derecho. Ketty Gallian había partido el 31 de octubre de 1972, a las 8 horas 43 minutos.»
¡Y alguno dirá después de esto que, en la otra vida los espíritus no tienen ya la noción del tiempo!
V.2 – Edmée tiene graves problemas en la casa familiar donde ella pasa sus vacaciones. Situada en Normandía, en un bello cuadro natural, tendría todo para disfrutar… si no estuviera encantada.
«Hemos tenido acceso a fenómenos clásicos como son estos ejemplos: en el momento en que va a dormirse, una de mis amigas siente una mano pasar sobre su frente y acariciar sus cabellos; mi hermano, que es un racionalista convencido y que el solo tema de “casa encantada” hace estallar de risa, escucha pasos pesados en la sala situada justo al lado de su habitación, que se encuentra cerca del granero. “¡Esta vez tendré el valor suficiente! se dice; se levanta y se asoma al granero. ¡No hay nadie! Se acuesta y de nuevo lo mismo. Yo misma, que creo en esas cosas de allá, sin ser crédula, los he escuchado, pasos arrastrados. Pero todo eso no es tan grave y me esfuerzo en no hacer caso.
No, lo peor, son los olores indefinibles, pero francamente repugnantes, hasta el punto de que cierta noche, nos obligó a ir a un hotel. A la mañana siguiente, exploramos todo, desde la planta baja al granero: nada sospechoso. Ninguna ropa sucia o mohosa olvidada en una maleta, ningún alimento estropeado, ningún pequeño cadáver de animal: rata, ratón o gato. Nada, absolutamente nada. Reconozco que estaba desalentada y que esa casa me hundía. Decido, impulsivamente, ponerla en venta. Telefoneo a mi notario con esa intención. Los olores invadían todas las dependencias, eran insoportables.
El fin de semana siguiente es soleado y con un tiempo excelente. Me siento descansada, extraordinariamente feliz y me digo: “No, no puedo hacer esto. No puedo deshacerme de esta morada que era la de mi familia. No, esta venta es imposible.” Después, telefoneé al notario para pedirle que anulara todo.
La noche siguiente es de gran calma. Los ruidos sospechosos cesan y sobre todo los olores fétidos han desaparecido. Hasta como prueba contraria, mi fantasma permanece tranquilo. Decididamente, no podría vender nunca esa propiedad. El dueño del lugar, no sé por qué razón, me lo impide».
Su actitud es verdaderamente curiosa. Al principio, es usted perseguida: fuertes golpes, pasos arrastrados, contactos en la cara, olores pestilentes, como si quisieran hacerla partir. El caso de espíritus demasiado apegados a la materia es frecuente y tienen fijación sobre su antigua casa. Como se creen todavía en su casa, quieren a toda costa expulsar a los nuevos ocupantes y les hacen la vida intolerable. En un segundo momento, su fantasma, al saber que usted no está decidida a vender, lo reconsidera y renuncia a toda manifestación desagradable u hostil, como si intentara mantenerla. ¿Acaso es algún pariente?
De todos modos, si por razones financieras u otras usted tiene necesidad de vender, ¡hágalo! No son las entidades quienes le deben dictar su conducta. Háblele, explíquele su problema, hágale comprender que no tiene nada que hacer sobre la Tierra, que será más feliz en el Más allá y que no le es posible vivir entre los vivientes. Debe aceptar salir de nuestro mundo. Prométale velas y oraciones. No olvide que los espíritus ceden y obedecen, si se hace con buena fe y uno se dirige a ellos con autoridad, pero con benevolencia.
V.3 – Simone: «Me llega una cosa espantosa: mi hijo mayor acaba de ser asesinado por seis vagabundos. Golpeado, estrangulado y finalmente ahogado. Su cuerpo fue encontrado por hombres rana. Tenía veintisiete años. Era poeta, dulce, pacífico. Desde entonces, tengo un extraño sueño. Vi un río tranquilo y, sobre un montículo, hay un caballo blanco que me miraba. Tenía la sonrisa de mi hijo y me dijo: “Esto no es penoso.” Sentí el peso de la mano de Pascal sobre mi espalda y, después, percibí su olor. ¿Su muerte horrible va a impedirle ser feliz? Me gustaría saberle libre, en paz. Soy creyente, pero odio a sus asesinos.»
Su carta conmocionará a todos los padres (cada vez más numerosos) de esos jóvenes que han sufrido una muerte atroz. Comprendo muy bien que no pueda perdonar a los asesinos de su hijo. Quizá, para que usted consintiese en perdonar (pero, ¿quién le puede pedir esto?), sería preciso que los culpables tomasen conciencia de su acto y se arrepintiesen.
Como es creyente, conoce estas palabras: «Perdónales, pues no saben lo que hacen». Tengo la impresión de que esos seis vagabundos asesinos, a los cuales Pascal llevaba regularmente socorro en dinero, sabían muy bien lo que hacían.
En esta inmensa prueba su fe y sus dones psíquicos son de gran ayuda. Usted sintió en su espalda la mano dulce y firme de su nuevo cuerpo, percibió el olor de su perfume, pues él quería decirle: “Estoy vivo, estoy junto a ti y te quiero como antes. Espero pacientemente nuestros reencuentros”.
Me pregunta que si él es feliz y ha respondido él mismo por el sueño que le envió. Es una especie de ley que el entorno de un desaparecido nos informe sobre su estado en la otra vida. Sin embargo, usted no ha visto un paisaje luminoso, colinas armoniosas, árboles en flor, sino un río en calma que marca la frontera entre los dos mundos y un caballo blanco. No lo dice, pero tengo la impresión de que ese caballo estaba al otro lado del río. Éste es, siempre, uno de los símbolos más beneficiosos. Significa la victoria del Espíritu. Lea el Apocalipsis donde aparece el caballo blanco, símbolo de victoria, y el cielo abierto (Apo. VI, 2 y XIX, 11). Si, es la victoria después del martirio.
En otra carta, me comunica que ha sido empujada (seguro que por él) a visitar los lugares del crimen; y allí ha visto un caballo negro, dos caballos blancos y, algo más lejos, solitario, un caballo blanco. Su sueño simbólico era también premonitorio. Lo mismo que usted no ha podido acariciar al caballo blanco, que se alejaba cada vez sonriendo, no ha podido acariciar al caballo blanco de la realidad.
No siendo ya posible el contacto físico, queda el contacto espiritual con su hijo, ya resucitado, que le ha dado la prueba. Porque ¿no será feliz él cuya vida no era más que amor por el bien y la belleza?
V.4 – Jean es incapaz de decir si la experiencia siguiente pertenece al sueño o a la realidad. ¿Ha tenido al otro lado del hilo telefónico a su tío fallecido hace cincuenta años?
«Es de noche, el teléfono suena largo rato, mucho tiempo. No descuelgo, no se telefonea a este tipo de horas. Debe actuar alguna mala persona o alguien que quiere saber si el apartamento está habitado. El soniquete continúa. Es exasperante, hasta tal punto que acabo por responder:
- “¿Diga? ¿con quién hablo?” Y oigo la voz de mi tío Emile, fallecido en 1948. No se identifica, pero estoy seguro de que es él. Está muy irritado y me reprocha que nunca le telefonee. No sé qué responder, estoy confundido y me limito a preguntar:
- “¿Dónde vives ahora?”
- “¡Muy cerca, a menos de 100 metros de tu casa!” responde él
- “Dame tu dirección para ir a verte”
- “No, ahora no, ¡es demasiado pronto!”
Y cuelga sin más explicaciones.
Escribiendo todo esto ¡tengo la impresión de haberlo vivido en realidad!»
Esa llamada impetuosa de teléfono, sea simbólica o real, es una llamada para los buenos pensamientos y oraciones. El tío Emile se queja de estar olvidado. Falleció hace cincuenta años, pero continúa pensando e interesándose por usted. Tengo la impresión de que no tiene usted buenos recuerdos de él y que su irritación no es más que la expresión de su amor decepcionado. Y cuando rehusa verle le dice: «No, ahora no, es demasiado pronto», lo que significa que estará usted todavía un buen trecho de tiempo sobre esta Tierra. Ese «ahora no» no es un final de no volverse a ver.
V.5 – Marina: «Para el entierro de mi sobrino había pensado que llevaría una bella rosa y la depositaría sobre su ataúd. Pero, por una serie de circunstancias desfavorables, no la pude comprar. En el momento en que salía de la iglesia, una rosa cayó justo a mis pies. Miré alrededor mío sin encontrar de dónde podía haber venido. La recogí y coloqué entre las otras flores como había previsto. ¿Piensa usted que esa rosa se deslizó justo ante mí por azar? Acaso un bello azar.»
Existen los «azares» teledirigidos y tal es la señal dada por ese joven muchacho, que parece no haber dormido mucho tiempo.
Precisaría saber si la rosa fue arrancada de una corona o si ha caído desde lo alto. Habría sido necesario que alguien que conociera su deseo la recogiera y la hiciera aterrizar justo a sus pies. Pudo tratarse también de un aporte, operación muy rara por la cual un espíritu se apodera de un objeto real, lo desmaterializa y lo reconstituye en un lugar elegido por él.
El color de la rosa transportada hasta usted es igualmente importante: ¿era blanca, rosa, roja, amarilla, naranja? ¿El color de la rosa caída correspondía a la que habría comprado? ¡Trate de recordar!
Respuesta de Marina: «Era una rosa roja, parecida a la que yo había pensado.»
V.6 – Alix: «El 24 de octubre pasado, a las 21 horas y 15 minutos, escuché dos golpes más bien sordos en la puerta de mi apartamento. Estaba en la cama con un libro de espiritualidad. Me levanté y grité con voz segura: “¿Quién está ahí?” Ninguna respuesta. No era cosa de abrir. Soy viuda, vivo sola en el tercer piso de un viejo edificio, por encima de dos plantas vacías, en pleno centro de Douai. No hay en el entorno inmediato más que almacenes o tiendas, cuyos propietarios viven en otra parte. Estaba, pues, muy temerosa. Permanecí atenta durante más de una hora: ningún ruido, ninguna luz. En la parte alta de la puerta hay un vidrio. A pesar de la cortina que hay colocada, habría visto igualmente cualquier rayo de luz, escuchado pasar a alguien o moverse en la sombra para buscar la rampa de la escalera. ¡Nada! Entonces me dije que acaso era algo paranormal. Pensé que esos golpes significaban algo. Pero ¿qué?»
Usted hizo bien al anotar la fecha. ¿Qué le había ocurrido un 24 de octubre? Busque en sus recuerdos. ¿Se produjo por entonces un suceso importante?
Respuesta de Alix:
«No, ningún suceso. Los últimos días eran calma chicha en mi vida, en la que jamás pasa nada. Sin embargo, el 24 de octubre debería tener significado para mí. Era el aniversario de mi matrimonio. Me agradaba y me da vergüenza haberlo olvidado, de no haber hecho la asociación de inmediato.»
Eso prueba una vez más que los desaparecidos tienen la memoria de las fechas… más que nosotros. Su marido vino en esa ocasión a visitarla y no había ninguna intención de asustarla. Agradézcale mentalmente haber pensado en usted.
V.7 – Ivonne: «Mi hijo, ingeniero aeronáutico, que regresaba de París, donde había trabajado hasta su último día en el Rafale[2], desapareció en un accidente de avión. El aparato se estrelló en el Vercors, el 30 de abril de 1989.
De este dolor no me recupero absolutamente nada.
Los funerales tuvieron lugar junto a Romans, región de su familia política, el 13 de abril de 1989.
El 13 de abril del 90, exactamente al cumplirse el aniversario, en mi apartamento de Cagnes se produjo el fenómeno siguiente: al salir de la salita donde guardo mis vestidos, donde cogí una falda, percibo un pequeño ruido. Creyendo que era la caída de algún objeto quise volver a esa pieza, pero un armario muy pesado que no habíamos movido desde hacía años, se había desplazado solo y cortaba completamente la entrada como unos veinte centímetros, dejando solo un pequeño hueco, apenas para pasar la mano. Imposible entrar. Debí renunciar y esperar el regreso de mi nuera, que había salido a pasear mi nieto de siete años.
Aunque es joven y fuerte, pasó toda clase de penalidades para empujar el mueble por la estrechez de la puerta y entre las dos, con mucha dificultad. Los pusimos en su sitio …
«¿Las nociones del tiempo y de las fechas continúan para los desaparecidos?»
Las nociones de tiempo y fechas persisten de un modo cierto, lo constato tanto por el correo que recibo como por mis experiencias personales. «Ellos» se las apañan para provocar estos fenómenos sorprendentes en las fechas de aniversarios de su partida o de su nacimiento, por lo que no pueden atribuirse al azar. Es necesario, pues, darles las gracias por esas señales que nos envían, a veces a costa de grandes dificultades. Lo que usted recibió es particularmente espectacular, nos prueba que los espíritus tienen realmente un poder sobre la materia, sobre todo si son jóvenes, como era el caso de su hijo.
Las señales son frecuentes al principio de su nueva vida, se trata para ellos de llamar la atención de los que quedan y decirles, de gritarles: «¡Estamos vivos!». Y eso mediante los medios más diversos, los más inesperados: objetos desplazados, caídas de cuadros sin rotura del vidrio, flores cortadas que no se marchitan, crujidos en los muebles que les habían pertenecido, bombillas eléctricas que se apagan y se encienden de nuevo. Su imaginación no tiene límites.
Sin embargo, debemos saber que esto no es más que durante un tiempo, el tiempo de consolarnos de su ausencia y de convencernos de su supervivencia. Seguidamente, esas manifestaciones se distancian porque tienen prisa por ascender. Pero eso no significa que nos olviden.
V.8 – Christelle: «Hace dos años perdí una amiga que me era muy querida. A la hora exacta de su muerte la vi en un sueño volando hacia el cielo. Me desperté bruscamente y al día siguiente supe de su fallecimiento, que nada permitía prever. Desde entonces, se me ha acercado dos veces, durante la noche, y he sentido hundirse mi colchón, como si se sentase en el borde. En ese momento estoy perfectamente despierta, no es un sueño.
Hace ya algún tiempo, tuve la impresión de que “alguna cosa” se movía sobre mi cama y se echaba contra mí con una sensación de calor. Una vez más: no se trata de un sueño, pues yo me pellizco, me muevo y acabo por encender mi lámpara. ¿Estas manifestaciones pueden provenir del Más allá?»
Seguro, son de una destacable precisión y asombrosa realidad. Usted está siendo muy favorecida. El hecho de que el colchón se hunda prueba que el cuerpo espiritual tiene un cierto peso. Contrariamente a lo que se cree en general, no es algo inconsistente, como humo o vapor. Es un cuerpo orgánico que tiene todos los caracteres de la vida y comprende el calor. No es «cualquier cosa» lo que ha saltado sobre su cama, sino «alguien». Hay 90 posibilidades entre 100 de que ese alguien sea su amiga desaparecida. En cuanto a la posibilidad de entrar en comunicación con ella, es otra cuestión. Si ella tiene que hacerle saber alguna cosa, se lo comunicará en sueños. Me parece muy dotada para las manifestaciones psíquicas espontaneas y no tendrá dificultades para transmitirle su pensamiento.
De todos modos, usted ha recibido preciosos testimonios de presencia y de supervivencia que deben consolarla de su partida.
V.9 – Natacha: «La mañana del 9 de junio de 1994, un torbellino de viento frío penetró en mi oreja derecha. Entonces mi corazón se aceleró y se puso a latir más y más de prisa. Traté de librarme de ese espíritu que entraba en mí y luché desde las 8 a las 9 contra el intruso. Continué luchando y llamando a mi amigo, al que amaba y que no quería más de mí desde hacía poco tiempo. Finalmente escuché un largo estertor.
Logré expulsar a ese desconocido y espero no revivir eso. Tanto más cuanto que ya tuve esa situación hace ocho años y tuve la impresión de que era la misma persona. Me gusta la vida y me atrae. Aunque soy médium, dejo de lado este campo.»
No entiendo bien si el amigo que usted llamó en su socorro pertenece a este mundo o al otro. Siempre valdrá que usted tuvo una buena reacción: la negativa enérgica contra el violador del bajo astral. Su fuerza psíquica le hizo huir y el largo grito en forma de estertor marcó su derrota, la cual hubiese sido inmediata si hubiese llamado a una personalidad celeste. Necesitó toda una hora para desembarazarse de esa infestación. Usted tiene mil razones para no mezclarse en esas regiones peligrosas del mundo paralelo. Tengo la impresión de que corrió el riesgo de sufrir una crisis cardíaca.
V.10 Aliette: «Me llega un objeto del extranjero. Eso ocurre durante mi sueño, ya sea durante la siesta,
después del mediodía, o por la noche. Me recorre un gran escalofrío y siento que mi cuerpo se desliza hacia un lado o se eleva un poco. Se desplaza aproximadamente a un metro del suelo. En esos momentos hago esfuerzos terribles para despertarme, pero no puedo moverme. A parte de este gran escalofrío, me siento extrañamente bien. Siento una armonía, una alegría que jamás había sentido anteriormente. ¿Es lo que usted llama descorporación?»
Sí, eso es, y usted dio una buena descripción; se llama también desdoblamiento. En su caso no hay peligro, pues no recurrió a ningún medio artificial. En usted todo pasó espontáneamente; no buscó provocar el fenómeno. El hecho de que no se aleje de su cuerpo físico es también una buena cosa.
Esa separación del cuerpo de carne y del cuerpo sutil o espiritual permite comprender lo que se produce en nuestra última hora. ¿Qué es la muerte sino un desdoblamiento definitivo? La muerte es un tránsito, un tránsito hacia la inmortalidad.
V.11 Armande: «Desde hace varios meses, todas las noches, a las 22 horas 8 minutos exactamente, escucho claramente un ruido seco sobre el suelo de la entrada. Eso no me espanta nada de nada, al contrario. Estoy persuadida de que una entidad quiere hacerme una visita, de modo cotidiano, para protegerme. ¿Acaso sea mi abuelo fallecido hace catorce años? Yo le adoraba, pues era un hombre bueno de verdad en quien pienso a menudo.»
El hecho de que usted no tenga miedo prueba de que se trata de una personalidad benéfica. Opino como usted que se trata de su abuelo. Si viene puntualmente a las 22 horas 8 minutos, es para hacerse reconocer. ¿Qué representan las 22 horas 8 minutos? ¿La hora de su muerte, la hora en que usted nació, o la de su mujer?  Haga usted memoria y pregunte a sus seres familiares. Una vez más se constata que los desaparecidos tienen una noción exacta del tiempo terrestre, como el de los relojes o del calendario. La puntualidad de su abuelo es sorprendente.
V.12 Martine: «Hace tres semanas perdí un amigo muy querido, con el cual viví cuatro años.
No asistí a los funerales: sus padres no querían nada de mí, pero yo sé que fue incinerado contra su voluntad, pues nosotros nos sentíamos ya unidos hasta la muerte. Quince días después de su desaparición, después de haber hablado de él con alguien, sentí como una perla o una lágrima helada que se “deslizaba” sobre mi seno izquierdo. Todo pasó muy deprisa.
Hasta el momento no he conseguido “captarle”, pero espero que eso llegará un día, ¡eso debe ser maravilloso! En sus escritos algunas personas dicen sentir la presencia, aunque invisible, de los desparecidos. Pero yo no siento nada ¿eso depende del difunto?»
Cómo puede usted decir: «no siento nada, no he conseguido captarle» si sin haberlo pedido recibió una señal: esa lágrima que usted llama una perla. Si no reconocemos las manifestaciones que ellos nos envían, les desanimaremos de enviarnos noticias. El escepticismo corta las relaciones.
Conozco la señal de la perla. He descubierto una recientemente entre el vidrio y la foto de un amigo fallecido. Mme de Jouvenel tuvo la misma experiencia con un retrato de Rolan. Cuenta el hecho en uno de sus libros. La señal de la perla es una prueba de presencia y una petición de oraciones y pensamiento de amor. Es grave no respetar las voluntades de un moribundo: si él temía la incineración, había que aceptarlo.
V.13 Valentine: «Perdí toda mi familia, no me queda más que mi marido. A menudo pienso en mis padres, que ya no tengo y quería mucho.
¿Opina usted que los ruidos que escucho en mi casa, por ejemplo golpes violentos en el reloj antesala[3], las puertas que chirrían, chasquidos en la televisión cuando está apagada, un mar de agua en el sótano sin que tras la verificación haya ninguna fuga, son señales de aquellos que piensan en nosotros Allí abajo?»
En efecto, esas señales provienen del Más allá, pero ¿de qué Más allá se trata? Sobre nuestro globo se vierten tantos influjos negativos, tantas fuerzas malvadas vienen a reclamarnos.
En su caso, sin embargo, estoy convencido de que son sus parientes próximos quienes le piden pensar en ellos, rezar por ellos, no olvidarles en sus conversaciones, colocar velas ante sus retratos y flores, asociarlos a sus fiestas, a los instantes agradables de la existencia; en resumen, tratarlos como seres vivos.
Mediante el uso de ruidos, de chasquidos en los objetos de madera o vidrio, ellos solicitan vuestros mejores recuerdos. Pero es necesario saber que esas manifestaciones no pueden durar siempre. Ellos no pueden ni quieren renovarlos indefinidamente.
V.14 Maud: «Todas las mañanas, una enorme paloma blanca, a la cual no doy ni migas ni granos, viene a posarse sobre mi balcón y no se espanta si me aproximo. Pienso entonces intensamente en un amigo predilecto recientemente desaparecido y en esta preciosa canción: “La paloma”
“Niña, si yo muero
y una bella tarde
una blanca paloma
viene a verte,
ábrele tu ventana
pues será
mi alma que, acaso,
te viene a visitar…”
¿Será él, Gérard, quien bajo esa forma viene a verme?»
No, no es él. La metempsicosis, si existiese, sería una regresión contraria a las leyes naturales y divinas. Los reencarnacionistas serios, que creen firmemente en la evolución, lo rechazan con razón.
No es Gérard quien viene hacia usted, sino un pájaro que se dirige a su ventana como una vibración de amor.
V.15 Sophie: «Todas las noches, cuando me acuesto, escucho una música que no es de la Tierra. Al principio creía que era un vecino y su equipo de sonido y preguntaba a mi marido si sabía de dónde procedía; en cada ocasión me respondía que él no escuchaba nada.
Esto dura cerca de seis meses. Ahora me voy habituando y yo misma espero con impaciencia el momento de relajación y armonía. A veces escucho música clásica o de gaita. Pero nunca fragmentos que yo conozco. ¿Puede usted explicarme ese fenómeno?»
Personalmente he constatado esa (¡ay! demasiado rara) maravilla. Una o dos veces escuché sinfonías fantásticas de las que ignoraba su existencia y pensaba: «¡Si sólo pudiera transcribirlas o grabarlas!» El filósofo Gabriel Marcel, que era muy psíquico, tuvo la misma experiencia, también a título excepcional.
En su caso, la manifestación es más duradera; usted tiene mucha suerte. Es un favor debido a su mediumnidad auditiva y a estar unida a las esferas benéficas del mundo paralelo.
Pienso, de pronto: ¿Tiene un compositor en su familia? ¿Un músico habitó en su casa en un pasado lejano? Eso podría explicar bien las cosas.
V.16 Mona: «He leído varios de sus libros y desde entonces pienso que cuando se presta atención a este tipo de obras es porque uno se encuentra pasando una prueba y buscando a qué aferrarse. He perdido a mi marido hace un año. Desde entonces, siento frecuentemente como un ligero roce en mis cabellos y mi cara, un poco como de electricidad. No lo he sentido nunca cuando él estaba conmigo. ¿Puede usted decirme si, entre los numerosos testimonios que usted recoge, algunas personas han tenido este género de sensación?»
En efecto, me han llegado varios casos del fenómeno que usted describe y que es bien conocido por los sensitivos y psíquicos. Se trata de un certificado de presencia afectuosa y benéfica que viene a decirnos: «Nada se ha acabado, todo continua, nos reencontraremos. ¡Solamente ten paciencia!» No es una premonición propiamente dicha, es un aviso, una llamada a su atención, una señal espiritual para testificar la supervivencia. Es preciso acogerla con gratitud.
V.17 Mathilde: «Desde el fallecimiento de mi hijo (atropellado por un conductor ebrio) he recibido muchas manifestaciones: una voz interior diciendo: “Estoy cerca de ti, estoy vivo, más vivo que nunca”; crujidos en los muebles de su habitación y solo en los de allí; sueños en los que siempre aparece guapo y sonriente; acontecimientos felices que se producían en el día de su aniversario de nacimiento o de muerte, igualmente en el día de mi cumpleaños. Eso tuvo lugar regularmente en los dos primeros años de su nueva vida… y ahora no obtengo ya nada. ¿Qué ha pasado? ¿Está enfadado? ¿Quiere abandonarme? Tengo la impresión de que le he perdido por segunda vez.»
No se inquiete, es el proceso habitual. Al principio, las pruebas de presencia y de sobrevivencia son frecuentes, ya que se trata de arrancar al ser amado (usted, en este caso) de la desesperación y de la duda. A continuación, las manifestaciones espontáneas, tan preciosas para aquellos que se quedan, se espacian sin desaparecer nunca completamente. Ese silencio, por otra parte, provisional, no significa que le olvide, pero su evolución continúa y él sube más alto. Si él no está presente en vuestra vida cotidiana, estará a su lado en todos los momentos importantes de su existencia, para inspirarla y protegerla. Sin duda está llamado a otras tareas de las cuales no sospechamos la naturaleza; la vida en los planos superiores es esencialmente activa y altruista. La beatitud es un estado dinámico y no estático, está orientado tanto al servicio como al conocimiento.


[1] Material explosivo
[2] El Dassault Rafale (ráfaga en francés) es un avión caza polivalente, bimotor, y con una configuración en ala delta, diseñado y construido en Francia (NdT)
[3] Reloj de péndulo con un mueble generalmente muy vistoso y elaborado que sirve de caja de resonancia (NdT)





JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (6) Capítulo VI: “Los mensajes escritos”
diciembre 2, 2013 in El País de después
En muchas ocasiones el contacto con los traspasados se logra establecer mediante la escritura. Contacto no exento de dificultades que puede llevar en muchos casos a situaciones críticas si no se efectúa con prudencia y buena preparación. Todas las precauciones son pocas y no es aconsejable iniciar la escritura automática cual se tratara de un juego inocuo.
Los contactos muestran, en su mayoría, que los seres con los cuales se logra establecer comunicación no son mejores que lo fueron cuando vivían en la Tierra, ni tienen mayores conocimientos, ni conocen el futuro más allá de conjeturas que nosotros podríamos hacer con mayor acierto.
Pero a veces, las menos, se reciben mensajes crísticos (mensajes con permiso de Cristo) que muestran cómo corregir nuestra conducta para con el prójimo y nuestra relación con Dios. Estos nunca emplean la amenaza o el pronóstico catastrófico, ni aventuran el futuro de la humanidad.
Desgraciadamente, en muchas otras ocasiones, a través de estos contactos conocemos seres del mundo intermedio en el cual vagan perdidos o sufren una angustiosa soledad que escogieron voluntariamente y de la que no logran salir. En la mayoría de estos casos, los encuentros se establecen con espíritus errantes, ignorantes, charlatanes, a veces impostores que se hacen pasar por antepasados nuestros para embaucar y confundir.
Así que, como siempre, aviso para navegantes: cuidado con el peligro de infestación u obsesión, que la mayor parte de las veces, son fuente de clientela para los centros psiquiátricos.
¡Buen día!
CAPÍTULO VI– LOS MENSAJES ESCRITOS
VI.1 Alexis: «¿Desde el punto de vista de la técnica de los mensajes, existe alguna diferencia entre la escritura automática y la escritura dictada?»
Si, una diferencia considerable. En la escritura automática es un espíritu, conocido o desconocido, benéfico o malvado, quien se apodera de su mano y traza los caracteres. En la escritura dictada, que me parece mucho más interesante, la persona tiene libre su mano. Escucha (no por el oído, sino al nivel del corazón) las palabras que transcribe. Ella no comprende el mensaje más que en el momento en que lo relee por entero.
Yo mismo practiqué este ejercicio con una amiga que tenía ese don. Estaba perfectamente calmada y consciente y, según escribía, enunciaba lo que oía. Yo dirigía las operaciones proponiendo las preguntas en voz alta e inteligible.
Un día, contactamos con un desconocido que decía había muerto muy joven al comienzo del reinado de Luis XV[1]. Le pregunto algunos detalles sobre su vida y oficio. Responde: «yo soy vendedor de olvidos».
Mi amiga y yo nos quedamos paralizados, pero sigo el diálogo:
«¿Qué quiere decir? ¿Toma usted «olvido» en el sentido de perder la memoria? ¿Su frase tiene un sentido simbólico?».
«No, yo era olvidador, yo voceaba los olvidos. Vendía por la tarde en las calles de París esas pequeñas cosas en forma de corneta que se llamaban “olvidos”».
“¿Puede usted escribir esa palabra mediante la mano de la señora?”.
El joven hombre argumentó que no sabía leer ni escribir, pero le gustaba hablar, que hablaba bien y estaba muy contento de tener una conversación con personas de otra época. Un poco como una petición: ·¿qué hora es? Él nos preguntó: ¿qué siglo es? Se quedó estupefacto al conocer que estábamos ya en el final del siglo XX. Parecía ignorar que existían los trenes, aviones, bombas atómicas, gases asfixiantes y otros «progresos» acaecidos entre medias.
Esta experiencia nos probaba que se trataba de dictado en el sentido escolar del término y que 260 años después de su muerte el desenfadado joven seguía viviendo en el mundo de los espíritus y, sobre todo, que no estaba reencarnado.
A propósito de la reencarnación, releo la respuesta de Monique Simonet a Marthe, de Valence[2]: « Mediante grabaciones he contactado con entidades traspasadas hacía mucho tiempo, varias decenas y decenas de años, y que no estaban reencarnadas» He aquí un punto de vista que me complace confirmar con los hechos.
Quedaba el misterio de esas pequeñas cosas que se llamaban «olvidos». Cuando acabó el dictado, me precipité al diccionario y encontré esto: «Olvido, palabra caída en desuso, no viene de olvidar, sino del latín «oblata», cosas ofrecidas. Los olvidos eran pasteles muy pequeños en forma de corneta[3]. Eran hechos al final de la jornada con los restos de masa que se dejaban para los jóvenes pasteleros. Estos últimos, a los que se llamaba «olvidadores» o bien «barquilleros», iban por las calles de París y de Lyon voceando «olvidos».
Esta palabra desapareció del lenguaje, no existía en mi mental ni en el de mi acompañante.
VI.2 Pauline: «¿Es posible comunicar con un desaparecido, obtener un mensaje cuando no se posee el don de la escritura automática, ningún médium capaz en el entorno, ningún sueño venido del Más allá?»
Si, es un hecho posible y usted puede ver que está a la mano de todo el mundo. Es necesario en principio situarse en un lugar tranquilo (ya sé que en la ciudad es raro), siempre en el mismo y a una hora fija. Aconsejo a primera hora de la mañana, cuando el cuerpo está bien descansado. Sobre todo, evite los asuntos materiales: desayuno, aseo, limpieza del hogar. Todo eso llegará después. Pero sí puede lavarse la cara y tomar una taza de café o té para estar bien despierto, en forma. Evite también encender la tele o la radio, que pueden distraer, sobre todo con músicas crispantes, las malas noticias, las vibraciones brutales. Pero si tiene una cinta o disco con música suave póngala. Crearán el ambiente adecuado.
Debe hacer una preparación psicológica, para olvidar las inquietudes y las preocupaciones de la semana. Para ello, lea un libro espiritual de su gusto y medite sobre algunas frases que le hayan impactado. Si es usted creyente, en su interior o según las religiones, diríjase a Dios y pídale por el desaparecido. Eso en presencia de su foto rodeada de flores frescas.
VI.3 Simon constata con desaliento que los desparecidos no conocen el futuro mejor que nosotros: «Las predicciones de sus mensajes generalmente no aciertan. ¿A qué se debe?»
Esto se debe al hecho de que ellos siguen siendo humanos con todas las debilidades que ese estado comporta. Me canso de repetirlo, y Paqui[4] se lo va a explicar con más detalle:
«Vuestro error es creer que desde que hemos partido de la Tierra, desde que hemos dejado nuestro cuerpo para ir hacia las esferas más ligeras, nos volvemos sabios y poderosos y que podemos predecir el futuro. Si habláis del futuro, del único que cuenta, de vuestra alma, podríamos ya responder mejor; pero vuestro propio futuro, el que os preocupa de modo más inmediato, está compuesto de aquellos años que van a seguir a los que vivís – y a nosotros nos es imposible predecirlo.
No debemos y no podemos, más que vosotros, vislumbrar vuestra suerte inmediata. Algunos privilegiados lo hacen a veces, pero ¡cuántos errores se deslizan! ¿Pensáis que somos más clarividentes y que deberíamos ayudaros, apartaros los obstáculos de vuestro camino? Los iniciados, algunos, pueden sumergirse en los fluidos del futuro, pero es raro y no siempre exacto, pues las corrientes se interponen y los destruyen a veces.
No nos pidáis predeciros el porvenir y los sucesos que deben llegaros antes de la muerte. No sabemos nada: solo nos interesa vuestra alma; y aunque para vosotros seamos unos privilegiados, no somos omniscientes.»
VI.4 Augustin: «Me sirvo de un péndulo con la esperanza de contactar con espíritus y obtener mensajes, pero los resultados son extremadamente decepcionantes. No obtengo más que respuestas estúpidas o contradictorias. Si me baso en los datos que me da, estoy seguro de equivocarme. Tengo ganas de renunciar a este género de práctica.»
Eso es lo mejor que puede hacer. Aplicado al Más allá, el péndulo está extremadamente sujeto a cautela. No hace más que reflejar nuestras ideas, creencias, nuestros deseos y temores. Los médiums serios reconocen que es una fuente de errores y que es nuestro subconsciente el que responde a nuestro consciente: dialogamos con nosotros mismos.
Si no es el subconsciente quien responde, son los espíritus errantes, impacientes por comunicar. No son siempre maléficos, sino solamente ignorantes, mitómanos, ofensivos: impostores que se hacen pasar por nuestros desaparecidos o por personajes ilustres y que vienen a contar no importa qué. Todo eso representa mucho tiempo y energía perdidos.
VI.5 Magali: «Me gustaría tener alguna información sobre la escritura automática. Ensayé y no creo que eso sea un acierto. No obtengo más que trazos y algunos dibujos. Sin embargo, siento que mi mano que sujeta el lápiz está guiada por una fuerza. ¿Podría usted decirme si se trata de un fenómeno de comunicación? Intento entrar en contacto con mi abuela, fallecida hace ocho años. ¿Es ella quien me responde? ¿Cómo saber si se trata de un buen o mal espíritu? ¿Cuáles son las precauciones a tomar? Me interesa mucho lo paranormal, pero soy de una naturaleza que duda de todo, hasta de mí.»
La escritura automática comienza siempre por arabescos, dibujos simbólicos que se necesita saber interpretar. A continuación, vienen las frases. Tiene razón en ser escéptica; en este campo nunca se es demasiado prudente. Hay siempre peligro de infestación y de obsesión por los espíritus maléficos. Conozco personas que han vivido un infierno por volcarse sin consideración en la escritura automática.
El día en que usted reciba un mensaje coherente, será su contenido el que le diga si es de su abuela o de un impostor del bajo astral.
¿Cómo protegerse? Por la oración, así de simple. Si usted no sabe cómo empezar, lea un pasaje del Nuevo Testamento o de un libro de auténtica espiritualidad.
VI.6 Francesca: «Cuando leo los mensajes de Roland de Jouvenel[5], tengo la impresión de que se dirige directamente a mí. Una vez cierro el pequeño volumen azul, me siento relajada y confiada. ¿Es una ilusión?
No, no es una ilusión. Numerosos lectores han conocido su experiencia y me lo han dicho. Cuando se lee una obra mística, se establece un contacto espontáneo con el Cielo. Estamos repentinamente en la misma longitud de onda que el autor, ya sea aquí abajo o de allí arriba.
Alguna cosa pasa, alguna cosa ocurre. Sin haberlo pedido, obtenemos una respuesta. Nuestros problemas se aclaran, nuestras inquietudes se diluyen. Una lectora me decía (exactamente en los mismos términos que usted): «Cuando estoy inmersa en los mensajes dictados por Roland a su madre, Marcelle de Jouvenel, tengo la impresión de que se dirige a mí, menos para describirme la otra vida que para ayudarme a comprender esta… que no siempre es fácil. Como los mensajes están fechados, leo preferentemente el del día y encuentro siempre algo.»
Esta señora tiene razón, no es necesario leer ese género de obras en su continuidad, como una novela. Como esos textos son muy densos, con el tiempo aparece una especie de fatiga y de aburrimiento. Está bien hacerlo como mi comunicante: leer y meditar la misiva del día, es lo que yo hago, hoy 26 de marzo de 1991.
El 26 de marzo de 1948, en “Cuando las fuentes cantan”, Roland de Jouvenel dicta estas líneas: «El viaje al Más allá es largo; se previsora y llena tus manos de pan de los ángeles, si no te morirás de hambre… Tú no emprenderías un inmenso viaje sin aprovisionarte de algunos víveres: que sepas que no tendrás nada más para subsistir que tu provisión espiritual.»
VI.7 Richard: «¿Se puede tener confianza en todo lo que viene del Más allá? ¿Todas las comunicaciones son dignas de fe? ¿Los mensajes son fiables al 100%?»
Con seguridad no. Como el mundo de los espíritus es una reproducción de la Tierra, existen tantos ignorantes, farsantes y mentirosos en el otro lado como en este. Es necesario saberlo y admitirlo. Se debe saber también que al principio los recién llegados son como los novatos que tienen todo por aprender; valdría la pena aconsejarles útilmente. Pueden pues inducirnos a error, no por maldad, sino por falta de conocimientos.
Las características de los mensajes dignos de fe son las siguientes: Lógica del pensamiento, sobriedad en la expresión, nada de charlatanería, ni obviedades, nada de exuberancia, ni retórica, ni banalidades, nada de tono autoritario. El espíritu comunicador es de alto nivel, no hace alarde de sus poderes, no busca imponer sus ideas y, en todas las circunstancias, respeta nuestra libertad.
Y ¿qué es la libertad? ¿Es hacer no importa qué ni cómo? ¿Es lanzarse en coche en sentido contrario o encender un cigarro en el vagón de no fumadores? No, es una decisión voluntaria y lúcida para el servicio de Dios, en este mundo y en el otro. «Yo pongo ante ti el bien y el mal», nos dice Él, «¡Elige!» Eso es la libertad.
VI.8 Bertrand: «Las intervenciones del Más allá no se producen más que bajo la forma de inspiración y mensajes. Un escritor como usted, en contacto mental con los mundos superiores, puede describir los seres y los paisajes como si hubiera hecho un viaje por el otro lado. Quiero admitir que esté dirigido y aconsejado por entidades que no siempre conoce y que están en sintonía, en armonía con su investigación. Pero, esas mismas entidades, puesto que ya no tienen cuerpo físico ¿serían capaces de intervenir en el mundo material?»
Ellas tienen el cuerpo sutil, que no pertenece al dominio de lo imaginario sino al mundo de la energía. En este momento, pienso en Mme. Laval. En la época de eso que es preciso llamar milagro, la joven mujer estaba desesperada. Continuar viviendo le parecía imposible, no veía otra salida que el suicidio. Tenía, pues, sobre su mesita de noche una botellita de veneno. En el momento en que la cogía, una mano invisible, pero bien materializada, se apodera con fuerza de su brazo y le quita el frasco. Fue salvada por el mundo paralelo que tenía necesidad de su talento de médium; ella es quien, durante años, recibió los asombrosos mensajes del espíritu llamado Symbole.


[1] 1710 – 1774 (NdT)
[2] Localidad francesa (NdT)
[3] En España se ponen a la venta como “barquillos” (NdT)
[4] Paqui Lamarque “Encuentros celestes. Mensajes del Más Allá crístico” Texto disponible en el Grupo Aquí-allá.
[5] Los mensajes están traducidos al español y disponibles en el Grupo Aquí-allá (NdT)

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