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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


miércoles, 1 de junio de 2016








AQUÍ VAN LOS SIGUIENTES CAPÍTULOS DE LA EXCELENTE OBRA "EL PAÍS DE DESPUÉS", DEL SIETE AL NUEVE. ¡QUÉ DISFRUTEN LA LECTURA!


JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (7) Capítulo VII: “Las apariciones”
diciembre 15, 2013 in El País de después
En algunas ocasiones las personas inician actividades para las cuales o no están debidamente preparadas o no midieron los riesgos que conllevan aparejadas. Son actividades que, aunque con apariencia inocua, si no se realizan con las protecciones adecuadas pueden acarrear problemas personales enormes.
La escritura automática, por ejemplo, la ouija y otras prácticas llaman a seres ávidos de mostrarse. En casi todos los casos, buscan que los humanos les abramos la puerta y así introducirse en nuestras vidas, y no precisamente para hacerlas más fáciles. Al cabo de un tiempo de práctica, esas personas van perdiendo autonomía y un espíritu o varios, ya mediante apariciones ya desde dentro de su cuerpo, les hacen la vida difícil hasta el punto de no ser dueños apenas de sus actos.
Espíritus apegados a la Tierra se presentan y percibimos su lamentable estado, perdidos, desconcertados, muchos que todavía no se han percatado de su muerte terrena. Deambulan y no encuentran acomodo.
Por suerte, algunas visitas se manifiestan para hacernos partícipes de su nueva realidad en la cual la belleza y el amor emanan. Estas apariciones no son frecuentes, pues, aunque nuestros seres queridos las deseasen seguro que se impone su temor a asustarnos. Es demasiado frecuente que muchas personas, incluso creyentes, sientan y transmitan a su entorno un temor infundado a que los fallecidos se muestren. No es una conducta censurable, pero sí coarta las posibilidades de que nuestros seres queridos, tras su fallecimiento, den señales de vida.
Tengamos todo esto muy en cuenta.
¡Buen día!
CAPÍTULO VII – LAS APARICIONES
VII.1 Aparición es la manifestación visible (a veces audible y tangible) de un ser del otro mundo mostrándose de pronto ante nosotros en su cuerpo espiritual. Puede tratarse de un difunto, de una entidad del bajo astral o, raramente, de un ángel. La aparición se distingue de la visión en el sentido de que la última es toda interior y se sitúa en el nivel del mental.
Siempre breve, la aparición es la mayor parte de las veces inesperada, nocturna y muda. Los latinos lo llamaban simulacrum, que significa también imagen, figura reflejada… estatua, lo cual es bastante exacto, puesto que posee las tres dimensiones. No es una especie de foto en blanco y negro, es un holograma en colores.
El espectro más ilustre de la Historia romana es el que anunció a Junius Brutus su derrota y su muerte.
La sombra de Samuel, juez de Israel, evocada y provocada por la pitonisa de En-Dor, predijo al rey Saúl sus desastres.
En las siguientes dos cartas, se estudian apariciones constituidas por vapores blancos, grises o negros, que parecen provenir de espíritus erráticos, más bien mal intencionados y que no llegan a materializarse.
En el apartamento que Fernande y su amiga ocupan desde hace cuatro años, pasan cosas incomprensibles y desagradables: la electricidad oscila, las puertas y ventanas se abren y cierran por sí solas sin razón. Corrientes de aire frío recorren las habitaciones.
«Mi amiga y yo vemos formas, tanto blancas como negras, que parecen desearnos el mal. Tengo dos hijos de tres y cuatro años y tengo miedo por ellos. Se han vuelto hiperactivos, agresivos, coléricos. Creo en Dios, en el amor, en el Paraíso, y voy con frecuencia a la iglesia para rezar, pero mi fe es más vacilante a causa de esas presencias hostiles que residen en mi casa. ¡Tengo también visiones que se producen de manera fortuita y que, a veces, son confirmadas por los acontecimientos! Algo más: ella y yo hacemos escritura automática. Se ha convertido en una obligación, una necesidad imperiosa, pero ello no nos aporta ningún alivio, más bien al contrario.
Díganos qué es necesario hacer para expulsar el mal de nuestra casa. Tenemos proyectado mudarnos.»
Comience por abandonar la escritura automática. De esa manera atrajo a su casa a las entidades maléficas que le perturban e inquietan. Usted tiene la mediumnidad, pero eso puede acabar en una catástrofe si no es canalizada, bien dirigida. Deje caer el lápiz… definitivamente.
Evidentemente, eso no les gustará a los espíritus que les obsesionan y comenzarán a obsesionar a los niños; la cólera permanente es un principio de infestación. Pero aguante y rece para ser liberado. En ello va su salud física y mental. Conozco varias personas que perdieron la razón por abusar de esos contactos con el Otro Mundo; sea como sea, no debe convertirse en un hábito, una droga de la que no se puede pasar. Necesita cuidar que queden como una cosa excepcional. En su caso, le aconsejo renunciar definitivamente. Verá como las cosas irán mejorando. De todos modos, mudarse no serviría de nada; donde usted vaya, «ellos» le seguirán. Es su mental el que necesita purificar con la meditación y la música sagrada.
VII.2 Chantal: «Una tarde estaba en mi casa con mis dos hijitos (mi marido trabajaba en otra localidad); vi una forma blanca en un rincón de mi salón. No me inquietaba, pues no la sentía como malvada. La miré fijamente y le dije: “¡De acuerdo, puedes venir! Como si respondiese a una llamada de su parte, aunque evidentemente no me había pedido nada. A continuación, sin pensar más, me acosté. Me coloqué sigilosamente cerca de mi hijo mayor que tenía tres años en esa época.
En el momento en que encendía la luz, notaba un calor en la parte baja de la columna vertebral, que se intensificaba al llegar a la nuca. Tenía la impresión de que alguien quería sacar algo del interior de mi cuerpo hacia el exterior. Estaba segura de estar despierta y no dormida.
Quise coger de la mano a mi hijo, pero mi brazo estaba paralizado. Esta vez tuve verdadero miedo y ordené que cesase. Encendí la luz. Me levanté y el fenómeno desapareció. A continuación, me acosté y vi colores, así como formas que atravesaban mi habitación. Después apareció un rostro, una cara de hombre muy guapo. El desconocido pronuncia una sola palabra: “MICHEL”. Lo que turbaba era su belleza, su sonrisa luminosa. Sin embargo, el miedo era más fuerte; me puse a rezar y pedí a ese desconocido que cesase. Sentí que él compartía mi temor. Siento todavía el calor a lo largo de mi columna vertebral. Eso fue todo. ¿Ese Michel era un ángel?»
¡Seguro que no! Las apariciones de ángeles son rarísimas; hay grandes santos que no las han tenido. Si ese Michel hubiese sido un ser celeste no habría tenido sentimiento de miedo, no habría intentado deslizarse en usted y no habría paralizado su brazo. No se trata de un ser maléfico disfrazado como ángel de luz. Se trata, en realidad, de un espíritu errante que tiene nostalgia de la vida en la Tierra y que desea reencarnarse provisionalmente. Si vuelve hágale comprender (puesto que estuvo en contacto telepático con él) que debe alejarse de la Tierra, elevarse hacia planos superiores y no importunarla.
Tuvo una buena reacción rezando y ordenándole cesar. Nosotros tenemos un cierto poder sobre los espíritus. Si les hablamos con autoridad, si somos puros, nos obedecen. Existe peligro al acogerlos (algo que usted hizo), atraerlos (cosa que no hizo). El riesgo de infestación o de posesión es real. Tanto más cuanto que tiene dos hijos pequeños que podrían acabar siendo sus víctimas.
VII.3 En las cartas que van a leer ahora, el ser espiritual supo recrear su apariencia física y vestidos. En general, sus intenciones son buenas, no busca inquietar y desea simplemente el contacto.
Una noche, hacia la medianoche, Christa acababa de acostarse, tenía los ojos cerrados hasta que vio una luz iluminando su dormitorio.
«Una mujer joven, alrededor de la treintena, salió de la pared, vestida con un largo camisón blanco, cuello y muñecas de encaje, una pequeña cofia sobre sus cabellos rubios y rizados. Tenía la tez pálida y el rostro petrificado. Se aproximó a mí e iluminó mi cara, yo no osaba moverme. Alumbró también a mi marido, que dormía; después dio media vuelta, atravesó la pared y bajó una escalera. Lo que me extraña, porque en ese lugar no había ninguna. Tengo la impresión de encontrarme en un albergue del siglo pasado. En varias ocasiones me ocurrieron casos similares; me gustaría comprender lo que le acabo de exponer.»
Tenía los ojos cerrados, luego ha visto a esa persona con el cuerpo sutil, y la luz que le alumbraba no era una luz natural. Si su casa es antigua, hay muchas buenas ocasiones para esa joven mujer, la de los vestidos anticuados; habitó en ella hace tiempo y vuelve para ver lo que allí pasa. Puede parecer extraño, pero se ha constatado más de un ejemplo de este tipo.
Si su casa es moderna, debe estar emplazada en el lugar donde hubo un albergue y su visitante debía dormir en la planta alta; de ahí la presencia de una escalera que estaba acostumbrada a utilizar. En los dos casos la escalera fue suprimida. La joven mujer con la cofia de encaje me parece ser una sirviente.
VII.4 Bettina: «En la primavera de este año, uno de mis vecinos partió solo hacia el Midi[1]; murió en el coche: muerto a causa del golpe. Después del entierro, su familia, bastante numerosa, llegada de otra provincia, no quiso permanecer en la casa, súbitamente vacía, con su esposa e hijos absolutamente hundidos. Les llevaron con ellos una semana o dos.
Unos días después, yo pasaba el aspirador en mi casa y no pensaba seguramente en esas personas, con las cuales estaba en buenas relaciones, sin que tuviésemos grandes cosas que decirnos; me los encontraba fortuitamente. De pronto la súbita aparición del difunto, a unos tres metros de mí, me deja descorazonada. Tenía el aire totalmente perturbado, inconsciente, ausente, mirándome como alguien que acaba de darse un cabezazo. No me dijo nada y no parecía desear hablarme. En cuanto a mí, estaba demasiado desconcertada para haberlo soñado y no creo que eso pudiera serle útil en el estado en que se encontraba. Permanecimos así de quince a veinte segundos como máximo; después giró sobre sí mismo, y se deslizó rápidamente fuera de mi casa pasando a través de la pared.
No le he vuelto nunca a ver y no dije nada a los suyos, pues de momento estamos demasiado lejos los unos de los otros para que este relato les pueda ser de alguna ayuda. El tiempo ha pasado, su mujer se volvió a casar y el joven muchacho encontró cómo situarse.»
Me parece fácil comprender el desarrollo de esa escena: comenzando a tomar conciencia del otro lado del vuelo, pero aún mal despierto, ignorando todo el accidente, ese hombre no ha comprendido que está muerto. Pudo atribuir a una enfermedad el estado curioso en el que se encontraba y no pensó más que en volver a su casa, a donde fue transportado instantáneamente. Constató con extrañeza y decepción que la vivienda estaba vacía y sin signos de vida: postigos cerrados, persianas echadas, todas las habitaciones bien ordenadas por la familia antes de su partida. Perplejo, debió escuchar vagamente el ruido de su aspirador. Solo usted está en condiciones de proporcionar información sobre esos sucesos a aquella familia. Habiendo pensado en su casa, él se vio propulsado demasiado pronto. Muy turbado de descubrir que no había ni viajado, ni llamado a la puerta, se percató de la incongruencia de su visita. En ese momento usted le percibió y es lamentable que no haya podido explicarle (ya que estaba al corriente de la situación) lo que había pasado, puesto que nadie había ido a acogerle en la otra vida. Lo que me confiesa es preocupante.
VII.5 Marie Claire: «Una tarde, sin estar dormida, tuve la siguiente visión: ante mis ojos cerrados pasa una claridad. Veo, entonces, a un hombre elevarse lentamente. Sé, de pronto, que es mi padre, muerto en enero pasado; tiene una venda sobre los ojos, sus manos están atadas a su espalda. Lentamente, pasa ante mí sin detenerse.
¿Es un mensaje lo que él quiso transmitir?
Días después, mi hija, que tiene diecinueve años, le vio a su vuelta: sentado en una silla, en una habitación oscura.
Debo decir que mi padre siempre vivió con sus hijos de una manera fría, distante, sin el menor afecto. Siempre he echado de menos esa falta de comunicación y de sensibilidad, pues hubiera querido conversar con él de su vida, y eso no fue nunca posible.»
Su padre es en la nueva vida como fue sobre la Tierra. El símbolo de la venda indica que su falta de amor hizo de él un ciego en el otro mundo. Pasa ante usted sin girar la cabeza (la ignora deliberadamente), sin tenderle la mano (simbolismo de las manos atadas, que expresa también el rechazo de dar). El ensueño de su hija es igualmente muy explícito: Está sentado (negativa de avanzar, de seguir adelante), en una habitación oscura (está encerrado en sí mismo), se complace en la inactividad. En suma, en el País de Después, le tratan como él les trató. Su soledad es el castigo de su insensibilidad.
En cuanto a usted, no se culpabilice, no es su falta. Si está inmerso en el silencio y la inmovilidad, es él quien rehusó el diálogo.
VII.6 Audrey: «Soy médium no profesional y noto que después de haber visto espíritus, estoy depresiva y fatigada. ¿Qué pasa? ¿Cómo remediar esto?»
Cesando de atraerles con invocaciones o por el simple pensamiento. Esos seres que le agotan provienen del Astral, se sirven de su vitalidad para materializarse. Todas las tradiciones dicen que los espíritus llenan nuestra atmósfera y rondan a nuestro alrededor en enjambres apretados. No piden más que entrar en relación; las experiencias espíritas lo prueban abundantemente. Cohabitamos con ellos a la manera de los inquilinos de un gran edificio; pero, lo mismo que no se abre la puerta a no importa quién, es juicioso no invitar a nuestra casa a los errantes del astral. Por la noche es prudente echar el cerrojo. Si les invitamos, es por nuestra cuenta y riesgo.
VII.7 Umberto: «¿Los difuntos se aparecen solamente a los que tienen los ojos espirituales abiertos? ¿Ciertas virtudes, ciertas disposiciones, ciertos dones son necesarios para verlos?»
Si se necesitasen solamente virtud y perfección, no habría nadie en el mundo para percibirlos. Apenas algún elegido por siglo. Algo, un mínimo de pureza, de desinterés a la vista del dinero y de la notoriedad es indispensable. Es la condición necesaria, pero no suficiente. Eso no es lo esencial. Lo esencial es el don, la disposición innata. Sin embargo, es necesario admitir, aunque eso nos choque, que todo el mundo no los posee. Es lo mismo en la pintura o la música, todo el mundo no es Delacroix o Berlioz.
El don de visión directa del Más allá es extremadamente raro. Solo lo han recibido los verdaderos médiums, los grandes místicos. Pero a menudo debieron pagarlo muy caro.
Sin embargo, todo el mundo sueña, todo el mundo puede ver y escuchar en el ensueño a los padres, los amigos que nos han precedido en la segunda vida. Así fue como de esta manera el hombre prehistórico llegó a la noción de inmortalidad. Cuando él veía en sueños viviendo y en buen estado a un cazador que murió a su lado, comprendía que su compañero continuaba viviendo en otra vida misteriosa, pero real.
El hombre tuvo entonces las nociones de supervivencia, por ello se han encontrado juguetes, adornos o armas en las sepulturas de niños, mujeres o de guerreros. Algo conmovedor: la cabeza de esos muertos, tan alejados en el tiempo, estaba siempre girada hacia el Oriente, hacia la aurora eterna.
VII.8 Anne Marie: «Desconcertada por una reciente experiencia, quisiera pedir a uno de sus especialistas lo que opina de esto:
Algunos días después de la muerte, brutal y del todo inesperada, de mi madre reemprendí mi trabajo, esperando reponerme del golpe, la pena y el vacío cruelmente experimentados. Profesora, supervisaba mis clases, muy aplicada a un deber escrito. El curso tenía lugar en una sala semejante a una antigua capilla y el tiempo estaba pesado y cubierto. Bruscamente vi (o creí ver) en el fondo de la sala, bastante alto en el aire, el busto de mi madre, sonriente, como un relámpago plateado y brillante.
El tiempo de cerrar los ojos y levantar la cabeza, allí no había nada… Pero la visión había sido tan nítida que, algunos meses después, lo recuerdo con precisión: mi madre, rejuvenecida como con cincuenta de años, parecía una de esas antiguas fotos que habíamos mirado juntas antes de su desaparición. En esa foto, yo era un bebé al lado suyo y de mi abuela; nuestro grupo había sido fotografiado de lejos y cada persona era minúscula y un poco distinta.
Al contrario, yo había visto a mi madre sola, como agrandada en sus dimensiones naturales. Guardo la fuerte impresión de su sonrisa alegre y cómplice, de una mirada feliz y de puntos luminosos que habría podido creer en movimiento en un espacio muy negro.
A la vez impresionada, inquieta y, a pesar de todo, un poco reconfortada, me planteo cuestiones sobre las formas y la realidad de esa visión.»
La aparición es muy fugaz (lo son siempre), pero presenta los caracteres de la autenticidad. Las condiciones favorables estaban juntas: tiempo gris y silencio de los alumnos concentrados en su composición. Esa especie de antigua capilla debía formar una bóveda ojival bajo la cual su madre se pudo mostrar. Como a menudo he escrito y dicho, la expresión de los desaparecidos, el ambiente que ellos desprenden nos enseñan sobre su estado actual. Y esa dama está rejuvenecida, sonriente, feliz. Aunque no está llena de claridad, está rodeada de numerosos puntos luminosos. Todo eso presupone la bondad. Todo eso anuncia las maravillas del mundo espiritual.
VII.9 Evelyne: «¿Los difuntos llevan vestidos? ¿Los ángeles tienen alas? ¿El cuerpo espiritual lo llevamos ya sobre la Tierra o lo recibiremos cuando entremos en el Cielo? ¡Perdone el desorden de mis preguntas!»
La respuesta le va a llegar con el mismo desorden. Los moribundos tienen a menudo una extraordinaria presciencia de las cosas de la vida futura. He aquí el caso de una niñita de diez años que había comprendido todo y que le va a responder. Lo que dijo en sus últimos días resume exactamente todo lo que usted desea saber, lo que yo aprendí a lo largo de muchas investigaciones y experiencias.
Se llamaba Daisy, era hija del Reverendo David Anderson Dryden, misionero de la Iglesia Metodista. Murió de fiebre tifoidea en casa de sus padres, en San José de California. Su caso fue relatado por la revista de la American Society for Psychical Research, según las notas tomadas por su madre.
«Mamá, quisiera que pudieras ver a Allie (un hermanito fallecido) que se encuentra junto a ti. Dice que no le puedes ver porque tus ojos espirituales están cerrados y que yo puedo porque mi espíritu no está ya pegado a mi cuerpo más que por un delgado hilo de vida (Daisy no había nunca oído mencionar el cordón de plata)».
«¿Te habla en este momento?» – pregunta la madre.
«Si, en este momento… y yo le respondo».
«¿Cómo le entiendes? ¿no mueves los labios?»
«Nosotros nos hablamos con el pensamiento», explica Daisy, que no conocía la palabra telepatía.
«¿En qué forma se muestra nuestro Allie? ¿Le ves vestido?».
«Se diría que tiene el cuerpo envuelto en algo muy blanco, en algo maravilloso. Si vieras cómo de ligero es ese manto, resplandeciente; ¡y cómo es de blanco! Sin embargo, no se perciben pliegues, ni señales de costuras, lo que prueba que no es un vestido corriente. Sin embargo, ¡Qué bien le va!»
«Está vestido de luz», dijo el Reverendo Dryden citando un salmo.
«¡Oh! Si, ¡es verdaderamente eso!» Gritó Daisy
Mientras su hermana le cantaba un cántico donde preguntaba a los ángeles alados, ella continuaba:
«¡Qué extraño! Siempre habíamos pensado que los ángeles tenían alas: pero es un error, no las tienen».
«Es necesario que las tengan para volar por los cielos».
«Ellos no vuelan, se transportan. Mira, cuando ensueño con Allie, lo nota y viene de inmediato».
«En efecto, ellos vienen a ella a la velocidad del pensamiento».
«¿Cómo haces para ver a los ángeles?» Le preguntó su madre»
«Yo no los veo siempre, pero cuando los percibo, se diría que las paredes de la habitación desaparecen y mi vista llega a una distancia infinita.»
Esto es los que dicen todos los videntes auténticos.
VII.10 Emilio: «¿Existen fantasmas de vivientes? Si es que sí ¿puede darme ejemplos?»
Con seguridad. Comenzaré con un ejemplo histórico. Una noche, la emperatriz Isabel[2] de Rusia, hija de Pedro el Grande, fue despertada por sus damas de cámara enloquecidas. Le comunicaron esta noticia extravagante: un fantasma que se le parecía exactamente estaba sentado en su trono, inmóvil, silencioso, mirando al vacío. Los contornos eran nítidos, pero la sustancia parecía vaporosa. La zarina se levantó, se presentó en la sala de recepciones y constató que sus damas habían dicho la verdad. Contempló durante un rato esa réplica de ella misma que parecía no quererse disipar. Disgustada, por ignorancia de las realidades ocultas, tuvo una mala reacción. Hizo llamar a la guardia y ordenó a los soldados fusilar a su doble. Ella murió poco tiempo después. Se ha constatado que todo atentado hecho al doble exteriorizado repercute sobre el cuerpo físico.
Mi segundo ejemplo será menos trágico, menos espectacular, pero puedo hablar con conocimiento de causa. Llamada telefónica de una amiga de Bélgica, Mme Rémy-W, muy al corriente de los fenómenos psíquicos:
«Le he visto desdoblado durante la tarde de ayer sábado. Estaba entre despierta y dormida, cercana a dormirme. Usted entró en mi habitación, vestido con un traje azul marino, corbata burdeos anudada, no nudo de pajarita. No me dijo nada, la expresión de su rostro era neutra, la aparición no duró más que algunos minutos. En aquel momento creí que usted había partido bruscamente hacia el otro mundo y que vino a decirme adiós. Constato con placer que no es nada, ¿qué hacía la tarde del sábado?»
La tarde de ese sábado me encontraba muy bien, estaba invitado por lectores amigos. Iba vestido como un fantasma: completamente de azul marino, corbata burdeos; pero no pensé ni un solo instante en esa dama belga. De todos modos, nuestros lazos de amistad son puramente intelectuales y espirituales, nada de sentimentales. Por otra parte, no hice ninguna tentativa de desdoblamiento; estoy en contra de ese tipo de ejercicio. Pero un desdoblamiento involuntario siempre es posible.
Habría otra explicación: imágenes de personas, objetos y de paisajes viajan a través del espacio y pueden ser captadas por personas beneficiadas de dones mediúmnicos. La dama belga es de este tipo. Esas imágenes errantes serían alguna vez recogidas en una pantalla de televisión. Serían tomadas por fotografías del Más allá, aunque provengan de la Tierra, con sus edificios, sus montañas, sus bosques, sus playas, sus habitantes. Así es como nos han enseñado, en petit comité, una bañista saliendo a flote. Se maravillaban, se pasmaban al pensar encontrar en el otro mundo los placeres de la natación, mientras que sólo se trataba del fantasma de un viviente.
VII.11 El cuerpo espiritual no tiene ninguna tara, ninguna enfermedad, es lo que Rose descubrió gracias a una visión:
Rose: «Sarah, mi amiga de la infancia, fallecida hace diez años, se me apareció anoche. Me decía: “Te veo, no estoy ciega.” Me enseñó sus ojos de un azul intenso. Añadió: “¡Mira! ¡Mi cáncer desapareció!” Me mostró la piel de su cara absolutamente intacta. Esto pasó al amanecer y yo no dormía, estaba perfectamente lúcida. La veía ante mí con los ojos abiertos. Pero lo más extraño es que si yo cerraba los ojos, la seguía viendo.»
Eso significa que vio a Sarah no con los ojos físicos sino con los ojos de su cuerpo metafísico.
Yo he tenido una experiencia semejante. Vi (era durante un ensueño) los ojos de un azul intenso de una amiga que había conocido ciega. Vi también a una vieja dama, paralítica en los últimos tiempos de su vida, caminar a paso ligero en un camino del Verano Eterno. Exclamaba con tono de éxtasis: «¡Qué bien me siento! ¡Qué feliz soy!»
VII.12 Marie-France: «Eran las 5 horas de la mañana de aquella noche. No había logrado aún dormirme, tal era la atmósfera electrizada y sobreexcitada. De pronto, veo a alguien vestido con una larga túnica blanca aparecer en el umbral de mi habitación y dirigirse hacia mi cama. Se echa sobre mí, pasa las dos manos sobre mis espaldas y me cubre de besos con gemidos de ternura. Le vi muy de cerca. Vi sus ojos y sus manos morenas. De pronto, desapareció. ¡Me pongo luego sobre el lado izquierdo, girando la espalda a la puerta! Y pruebo a dormir de nuevo. En vano. Entonces siento una presencia muy fuerte aproximarse a mí irresistiblemente. La atmósfera es más y más eléctrica. Siento un cuerpo que se acuesta contra mí. No me muevo temerosa de hacerle partir y siento dulcemente un abrazo que, al cabo de un cierto tiempo, se afloja… y se acaba todo.
«Cuando recuerdo todo esto me reprocho mi pasividad.
«La víspera por la tarde había pensado en Karim: “¿Por qué no me has enviado nunca un mensaje? ¿Por qué no has venido nunca a verme?»
Usted experimentó una bella y rara manifestación. Se trataba de una manifestación temporal, pero completa. Dio muestras de una gran sangre fría; pues si hubiese tenido miedo, él se habría alejado enseguida y no le habría visto de nuevo.
En cuanto a esa pasividad que se reprocha sin razón, es necesario atribuirla a una especie de fuerza un poco paralizante ejercida por los espíritus.

[1] Midi: designa, vagamente, el territorio del sur de Francia
[2] 1709 – 1762









JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (8) Capítulo VIII: “Los niños y los jóvenes”
enero 20, 2014 in El País de después
¡Cuántas veces, ante la muerte de un niño, hemos escuchado expresiones duras contra Dios! La muerte de un niño siempre resulta dolorosa, como si no debiera ocurrir bajo ningún concepto y no tuviera nunca justificación. ¡Eran tantas las esperanzas puestas en esa nueva vida!
Veremos como la gran escritora francesa George Sand, en 1848, sabe transmitir un mensaje cargado de esperanza a una madre en tan angustioso trance.
En la mayor parte de los casos, la persona que pierde ese pequeño ser siente un verdadero dolor muy difícil de superar y que nunca se borrará de su memoria. Da igual que hubiera nacido o estuviera en formación. Se le recuerda siempre y una extraña fuerza de la mente le rememora de vez en cuando, como si siguiera creciendo con el tiempo.
Nos tranquiliza conocer que en el Más allá los pequeños son acogidos con amor y educados y formados por quienes hayan mostrado una especial sensibilidad hacia la infancia y la juventud. Allí, esos infantes crecerán, madurarán y adquirirán un conocimiento progresivo.
Como siempre, Jean Prieur no tiene miedo a ser políticamente incorrecto y aborda el tema del aborto, iluminando con sus respuestas, abriendo puertas a quienes desean saber qué ha sido de su pequeño que nació muerto. Compasivo, ayuda a superar ese trance doloroso, ya de por sí un sufrimiento para quienes perdieron a la criatura involuntariamente; o con un remordimiento purificador si se acompaña del arrepentimiento, cuando la pérdida fue voluntaria. Porque, como leeremos en el texto que sigue, esos no nacidos nos hablan con afecto, no saben del rencor ni del odio. Ellos perdonan y nos aman.
Los jóvenes del Más allá, con su alegría, nos enseñan a sobrellevar la espera para el reencuentro.
¡Buen día!
CAPÍTULO VIII – LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES
VIII.1 Como la mayor parte de las madres, Diane se inquieta por los hijos que fueron muy pronto proyectados al Más allá.
«¿No están afectados, asustados, lejos de la protección de sus padres? Esa nueva vida, de la cual no saben nada, ¿no va a parecerles como una pesadilla?»
“Tranquilícese,”-dice Georges Morrannier- “los niños están felices. Desde que llegan aquí, son inmediatamente puestos a cargo de los miembros de su familia, abuela o tía abuela y, en su ausencia, por extraños.
Al principio los dejamos siempre en manos femeninas, aunque no es necesario que la diferencia de vida les haga buscar a su madre. Existe, destaco, una gracia del astral para esos pequeños que llegan solos aquí. Se acostumbran en un instante, todo les parece natural, no se extrañan de nada.
Se diría que se acuerdan y que encuentran una vida conocida. La fuerza espiritual que nos dirige hace tan bien todo lo que prepara que no están asustados en ningún momento. Es increíble y aún me sorprende. Los niños mayores encuentran también siempre alguien para acogerles y explicarles lo que ha pasado, en la medida en que puedan comprender.
La dificultad comienza para los jóvenes que habían hecho proyectos en la Tierra, deben renunciar a ellos y adaptarse a otra vida.”
VIII.2 Marie: «Acabo de perder mi niñito de diez años, estoy desolada, loca de dolor. Me siento maldita. En mi angustia nadie me podrá consolar.»
¡Si! La misma George Sand. He aquí la carta tan sincera y calurosa que escribió a su amiga Mme Dorval, quien, como usted, se llamaba Marie y había visto morir a su pequeño Georges.
“Nohant, 16 de junio de 1848:
No podía creer esa horrorosa noticia que me habían dado como cierta y no osaba preguntarte, mi pobre querida Marie. Tu carta me parte el corazón. Si, comprendo tu desesperación y lloro contigo por ese hermoso niño bendito de Dios, que regresa a Él antes de haber conocido nuestra triste y horrorosa vida. ¡Él está feliz! Vivió solo cuidados, amor, caricias y alegría. No está en la tumbita donde vas a llorarle. Está en el seno de Dios. Cualquiera que sea su paraíso, está bien allí donde está, porque regresó como vino. ¡Estate tranquila por tu niño!
Es amado en otra parte en este momento, y el amor que tú le envías siempre, a pesar de la muerte, le acompaña y le protege en otra esfera de la existencia desde donde te ve y sonríe sin cesar… Dios es justo, Él no es en absoluto implacable y vindicativo como los hombres; Él ama, hasta que nos hace amantes…
No hay locura ni tontería al creer en una mejor vida dónde van aquellos que nos dejan y donde les encontraremos. Me sería imposible, en cuanto a mí, no creerlo; y los que he perdido y amado me esperan siempre bien vivos.
Si la muerte fuera algo absoluto, la vida no existiría…
Tu amiga George”
VIII.3 Daria: «La hija de mi mejor amiga partió… muerta por un coche hace dos meses. Se llamaba Severine y tenía diecisiete años. Severine tiene un hermanito, Romain, de trece años. He aquí lo que Romain acaba de confiar a su mamá:
“Esta noche estuve con Severine. Me pidió vestidos. Fui a su habitación para buscarle una falda y una camisa. No veía su cara, entonces tomé un pincel blanco y pintura blanca y pinté su cara. Hemos jugado al escondite toda la noche y nos hemos divertido”.
Mi amiga me dice que Romain estaba radiante por haber tenido ese sueño, pero que no estaba seguro de haberlo soñado. Gracias por responderme, ella lo está necesitando.
Personalmente, creo en el Más allá desde el suicidio de mi hermano René. Pero ¿cómo hacer para ayudar a alguien, cuando nosotros mismos no tenemos pruebas?»
El ensueño del joven Romain es atractivo. Séverine pide sus vestidos, de otra forma, le pide que piense en ella, que rece por ella, que el lazo de amor sea mantenido. El hecho del pincel mojado en la pintura blanca que hizo aparecer la cara de la joven niña significa que se encuentra en las esferas felices. Se deduce del sueño una impresión de alegría; Romain dijo que se rió mucho y que estaba encantado de haber tenido ese sueño; tenía tal intensidad, tal densidad, que la presencia de Séverine aparecía como real; vino en su cuerpo sutil, para visitar a su hermano pequeño.
En lo que concierne a René, No hay necesidad de pruebas para ayudar espiritualmente a un desaparecido. Por otra parte, hay pruebas, usted tiene una: el ensueño del joven Romain que, no habiendo leído ninguna obra sobre el Más allá, sería incapaz de inventar el testimonio que acaba de describir.
¡Muerto por un coche! ¡Cuántas veces he oído o leído esta frase! Me viene a la cabeza en cada ocasión que la tele nos muestra, con una música dulce y sobre un fondo de paisajes exóticos, unos amantes que se lanzan a toda velocidad en coches suicidas.
VIII.4 Denise: «La dolorosa historia siguiente, que confirma lo que usted dice sobre las apariciones objetivas a la cabecera de los moribundos, ha ocurrido en las proximidades de Liège, en un hogar de obreros agobiados por preocupaciones materiales debidas al paro del marido.
Una tarde de noviembre, Celine, su pequeña hija de cinco años, regresa del cole quejándose de fuertes dolores de cabeza. Su madre se alarma y la mete en la cama. Acaba por reconocer que unos bribones le golpearon repetidas veces la cabeza contra una pared “para hacer como en las películas de la tele”.
Apenas se acuesta cuando la sangre brota de su nariz y de sus orejas. Enloquecida, la madre se precipita sobre el teléfono y llama al médico, que promete ir de inmediato.
Céline declaró entonces muy apesadumbrada:
“Veo a mi hermana, está ahí, me hace señales”.
“Veamos -protesta la madre-, eso no es posible. Lo sabes bien…” (se sobreentiende que murió hace tres semanas).
“¡Sí! Te lo aseguro, está ahí, cerca de mí, me tiende la mano. Es necesario que yo la siga. ¡Adiós, mamá adiós!”»
Tras estos hechos, el médico llega y no puede más que constatar el fallecimiento»
¡Qué responsabilidad tienen los autores y los programadores de esas películas televisivas! Me quedo sin palabras ante esos crímenes cometidos por niños. Vea lo que ha pasado en Noruega donde una pequeña niña de la edad de Céline fue muerta por dos pilluelos un poco mayores que ella. Y, en Inglaterra, en las mismas circunstancias, el asesinato del pequeño James, ¡un bebé de dos años!
Ni la certeza de que la resurrección es inmediata y que nuestros seres queridos vienen a buscarnos quita nada al horror de esas lastimosas historias.
VIII.5 Géraldine: «Quisiera proteger a mis dos hijos pequeños (cinco y once años) de los azares, trampas, riegos que el “progreso” ha multiplicado. Tengo miedo de no poder estar a la altura de esta tarea agotadora.»
Este mensaje de Georges[1] responde a su angustia:
“Desde el nacimiento, hay que velar por el cumplimiento del destino, dejando una gran autonomía al niño, después al adulto. No pierda nunca de vista que la libertad juega un gran papel en la vida terrestre, como aquí. Los hombrecitos deben aprender a convertirse en adultos y eso no es fácil. Importa dejarles cometer errores. No se trata de “mimarles”, ni protegerles de todo. Deben aprender a vivir. Los guías intervienen solamente en los casos graves, para salvarles de la muerte si el destino lo exige.
Eso, sin embargo, necesita una gran atención por su parte, y se evita que tengan dos niños que vigilar al mismo tiempo.
Sucede muy a menudo que los niños de corta edad mueren, por enfermedad o por accidente, sin previsión del destino. En ese caso, muy doloroso, su guía recibe la orden de no intervenir. Por una razón o por otra, el Invisible decidió llamar a sus hijos.»
En principio, más allá de los siete años, los accidentes graves o las muertes estaban previstos.”
VIII.6 Stella: «Espero un hijo y tengo la intención de darle el nombre del que perdí. Se llamaba Marcel. Si el que debe nacer fuera niña, la llamaría Marcelle. Así tendría la impresión de haberlo reencontrado.»
No haga nada de eso. El segundo hijo tendría la impresión, qué digo, la certeza de ser querido en lugar del otro y no por él mismo. Se sentiría frustrado, humillado. Hay en esta situación dos casos célebres que fueron también dolorosos: Vincent Van Gogh y Salvador Dali. Los dos recibieron el nombre de un hermano muerto y los dos sufrieron mucho. Lo quisieron sus padres y les comprendemos. Dali declaró eso en una entrevista que publicaron en televisión con ocasión de su muerte. En cuanto al joven Vincent, podía leer cada día su nombre escrito en la tumba de un pequeño cementerio tras el templo, pues su padre era el pastor.
El caso se complica y se agrava cuando los padres perseveran en su dolor y pretenden idealizar el difunto en detrimento del «reemplazante». Cada niño es único, irremplazable y debe ser amado y apreciado por sí mismo.
VIII.7 Carine: «Creo en la otra vida y en la existencia de un mundo espiritual. Actualmente estoy encinta de cinco meses y hace algunos días intenté una experiencia de ouija. El vaso se movió poco, pero se movió. Los amigos me han dicho que desconfíe, porque eso podía ser peligroso para el bebé. Los malos espíritus podrían entrar en el feto ¿Es verdad?»
Sus amigos tienen razón y debe escucharlos. En efecto, un espíritu malvado puede infestar al niño por nacer. Renuncie al vaso y a todo ejercicio de ese género. Haría mejor en visitar lugares en calma: iglesias, conciertos de música clásica, bellos paisajes, galerías de pintura, a condición de evitar Picasso. Encuentre la armonía y la belleza. Las ideas y las emociones de la mujer encinta reaccionan en profundidad sobre el ser en formación. Debe pues velar porque esas ideas y sentimientos sean de buena calidad.
VIII.8 Dina: «Respecto al problema tan doloroso del aborto, ¿qué les ocurre a los pequeños seres que vivieron sólo muy poco tiempo en el seno de su madre y no han conocido un solo día terrestre?»
No tengo ideas especiales sobre la cuestión, pero pedí la respuesta a Jacqueline Montvic[2], quién, a continuación de un accidente fisiológico, pasó por esa prueba. Se dirige al niño que nunca nació:
“Mi pequeño misterio, éste es el nombre que mi ternura te da cuando me aflora tu recuerdo. Entre tus hermanos y hermanas, tuviste un lugar en mí durante ocho semanas solamente, hasta que una enfermedad deshizo nuestro acuerdo carnal. ¿Eres tú mi hijo? ¿O más bien mi hija?… ¡Misterio!, de todos modos, mi párvulo o mi pequeñito, mi miniatura, tú eres mi hijo. Apenas con forma y volumen, y por tanto realidad definitiva, ser humano desde el instante inicial. ¿Parecería que tú seas la promesa no tenida? ¿La esperanza saqueada? ¿El proyecto no acabado?… Pero nosotros no dependemos de la duración de nuestro trayecto terrestre, pronto o tarde interrumpido. No existe edad, ni estatura, ni situación ante la mirada del Señor, que bendice a cada uno de nosotros nombrándole desde su aurora. Cada uno es una persona única, una nota particular e irreemplazable de la armonía universal; su inocencia les conduce hacia Su misericordia.”
Hasta en su vejez, mi madre constantemente pensaba en su pequeña Denise, que no había vivido más que unos minutos.
VIII.9 Claudia: «Una de mis sobrinas, de once años de edad, ha aparecido durante una sesión de espiritismo y nos dijo que no era feliz donde se encontraba. ¿Cómo puedo hacer para ayudarla a encontrar la paz en el Más allá? Sus padres no creen en nada.»
Si su sobrina no parece dichosa, es porque se ve declarada muerta por sus padres, que no creen ni en el alma ni en su supervivencia. Posiblemente, también está descontenta por haber sido forzada a “descender”. Sería necesario saber en qué nivel espiritual estaban las personas que componían esa sesión. Pueden haberle pasado sus propios sentimientos e ideas, todo no forzosamente puro. Si eso es así, debe rezar por ella, hablarle de manera que esa niña del Más allá tenga en la Tierra un punto de apoyo afectuoso.
VIII.10 Elena: «Cediendo a las presiones de mi entorno, aborté a la edad de trece años. Desde entonces, sueño periódicamente con mi hijo. Le veo junto a un árbol en flor. Me hace reproches “Mamá, me has matado, ¿por qué? ¿por qué me has hecho esto?”
Para mí es terrible, tanto más cuanto que tuve otro sueño también trastornador: mi hijo corre hacia mí con los brazos tendidos; yo hago lo mismo, pero no llego a cogerlo y a abrazarlo. No encuentro más que el vacío.
He aquí la pregunta: ¿Cuando se aborta o le hacen una F.I.V.[3] (bebé probeta), los embriones siguen creciendo en el mundo espiritual? ¿Quién se ocupa? Estoy segura que muchas mujeres quisieran estar seguras. No me abandone, quisiera tanto saberlo.
P. S. En mis sueños, vi a mi hijo sucesivamente bebé, niño, adolescente. Siempre diferente y por lo tanto era siempre él. En lo sucesivo se presenta siempre como un hombre joven.»
En su post data, responde usted misma a su pregunta. Sí, los niños crecen en el Más allá y cuando usted, en su momento, llegue allí arriba, será un joven adulto quien irá a su reencuentro y podrá, por fin, tomarle en sus brazos. Eso que era imposible en su sueño.
Aquel a quien llama tan justamente hijo le ha perdonado ese gesto trágico que le impuso su familia. Al principio le hacía reproches; luego, a medida que crecía en el Más allá, comprendió su desamparo y la perdonó. Era muy joven, totalmente desamparada. Sin haberla conocido, él la ama, le llama mamá, se lanza a su encuentro.
Sus ensueños son extremadamente claros y explícitos. Por ejemplo, el hecho de que sea junto a un árbol en flor significa que está en una zona feliz de la otra vida. No menciona su nombre, pero estoy seguro que le habrá dado uno. El nombre es la personalidad, la encarnación del amor, la presencia en el mundo. Él continúa interesándose por usted, por su hogar, por su segundo hijo (de siete años en el mto de su carta), en la niñita que le anuncia su nacimiento. Es un hijo mayor afectuoso, que se ocupa de sus hermanos y hermanas y, sobre todo, de su madre, con la cual hace tiempo se reconcilió.
VIII.11 Angéle: «Leo muchos libros que tienen relación con la otra vida y sobre todo los suyos. Siempre he sido bastante escéptica, pero la historia que mi hija me ha contado me inquieta en sumo grado. Haciendo una siestecita junto a su bebé, tuvo la impresión de ser observada, tanto de frente como de espalda y desde arriba. Tuvo la sensación de sentir un peso, como si alguien quisiera entrar en ella. Sintió mucho miedo y con gran esfuerzo consiguió hacer la señal de la cruz. En ese momento, con un prolongado grito, algo salió de su cuerpo. Se levantó de prisa y puso ese sello de protección sobre su bebé. Desde ese día, el fenómeno se produce de vez en cuando, pero cada vez es menos espectacular.
Mi hija vive en un edificio y el estudio pertenecía a mi tío, hoy fallecido, que poseía otro justo al lado. Los dos alojamientos no están separados más que por una puerta, hoy condenada. Ese hombre se decía mago, practicaba el desencantamiento y se ocupaba de las ciencias ocultas.
Ella tiene miedo de que queden restos de las prácticas malsanas y constata que. desde entonces, todo va al revés. Por ejemplo, discute sin parar con su marido; antes estaba gruesa y ahora está delgada, ansiosa y con gran nerviosismo. Gracias por ayudarme.»
Esa joven mujer tuvo una buena reacción en presencia de unas manifestaciones inquietantes: la señal de la cruz tanto sobre ella como sobre el hijo. Habría debido de acompañar con una enérgica oración y sin duda que lo hizo. Siempre ocurre que la entidad maléfica sale de pronto dando un gran grito, como en el Evangelio. Su hija ha practicado un exorcismo según las reglas y yo la felicito. ¡Que siga rezando y los hechos inquietantes acabarán por desaparecer!
La interpretación que ella dio es igualmente válida. Existen, en efecto, en esos lugares influencias maléficas, remanentes de magia negra de las que llegará a librarse haciendo llamadas a las fuerzas de la luz y haciendo la señal de la cruz (concentrando su pensamiento en lo que significa) sobre sí misma, sobre usted, su marido y su hijo.
Como ve, es bueno conocer esas cosas a fin de saber defenderse.
VIII.12 Carole: «¡Oh! ¡Creer en eso! Yo quisiera igualmente creer que mi hijo no está completamente perdido, que no está en la extinción absoluta. ¿Cree que Gille, mi hijito, puede verdaderamente estar en alguna parte? Desde su partida, pienso a menudo que me encontraría quizás menos desesperada si estuviera segura de que no se encuentra en la nada, como deja entender el neuropsiquiatra que me atiende. Me parece que sufriría menos si yo le supiera vivo en alguna parte, existiendo de otra manera, dichoso, aunque no sea conmigo.»
“¡Que sea feliz, aunque sea sin mí!” No hay como el corazón de una madre para encontrar fórmula parecida. En general, se quiere que el otro sea feliz «a condición de que lo sea conmigo». Los psiquiatras hacen daños terribles. Uno de ellos afirmaba a una amiga en su caso, pero que no disfrutaba de su equilibrio psíquico: “Señora, de una vez por todas, dígase que su hijo está muerto y cese de pensarlo”. Usted, siendo profesora de lenguaje, habrá notado que empleaba el pronombre neutro «lo»[4], reservado para las cosas. Resultado: ella estaba madura para el suicidio y pude recogerla in extemis repitiéndole: “Philippe está viviendo, está en otra parte, existe de otra manera”. Son por otra parte sus propios términos, puesto que, en el fondo de usted misma, allí donde él puede hablarle, sabe que está viviendo.
Más tarde, hemos podido tener noticias de Philippe. Espero que las tenga también de Gilles.
VIII.13 Arsène: «Mi hija forma parte de una secta en la que la principal ocupación, por la tarde, es evocar a los muertos o más bien a un muerto, pues es siempre el mismo. Desde las diez a las doce de la noche, un fantasma aparece, no sobre una pantalla, como una imagen plana de cine o de televisión, sino en colores, en tres dimensiones, como una imagen con volumen dotada de movimiento, separada de todo soporte, de todo marco. Se puede dar la vuelta a su alrededor y es lo que hacen los miembros de la secta durante sus danzas rituales e invocaciones.
El fantasma en cuestión es el verdadero gurú de la comunidad. Es quien, cada tarde, da sus instrucciones para el día siguiente, instrucciones que conciernen sobre todo a las obras del castillo ruinoso, comprado por el jefe de la secta, en el cual vive bien.
El espíritu gurú pronuncia una especie de homilía donde repite sin cesar las palabras: armonía, amor, luz, sol, Acuario, nueva vida, nueva era; todo acompañado de felicitaciones para los “estajanovistas” y reprobaciones para los “avaros” que no han hecho todavía su acto de donación a la comunidad. Reprobaciones públicas igualmente para los “perezosos”. Mi hija forma parte de esos últimos, pues, de salud frágil, está agotada por la falta de sueño y, sobre todo, por los trabajos pesados que le han impuesto. La última vez que la vi tenía el aspecto de salir de un campo de concentración. Me declaró, sin embargo, que era muy feliz y a ningún precio quería salir de la comunidad, a la cual donó todo el dinero que poseía. ¿Qué hacer para sacarla de ese avispero?»
Espero por usted que sea menor, porque uno de los efectos depravados de la ley fijando la mayoría de edad a los dieciocho años es el desarmar a los padres en su caso. Sin embargo, existen asociaciones anti sectas que hacen un buen trabajo y a las cuales debe dirigirse. Pienso también que la policía o la gendarmería podrían ir y ver lo que pasa en ese campo de concentración. Asegurarse de que no hay barracas ni crematorios (aunque se mata allí a la gente poco a poco) sino solamente un castillo que su propietario está restaurando a costa de zombis felices, consintientes y sin duda drogados.
Lo que me dice del sujeto de la aparición bien materializada del gurú fantasma me prueba que se trata de una puesta técnica en escena y de una verdadera impostura: un cómplice del jefe de la secta ha sido grabado y filmado, y es presentado en un holograma. Girando a su alrededor tienen la ilusión de que está animado de movimiento; en cuanto a su voz, está registrada en banda magnética.
VIII.14 Miquette: «Mi hijo falleció en abril de 1992. Desde entonces, he intentado contactar con él, pero no obtengo nada. ¿Está enfadado conmigo? En febrero regresó a casa para quedarse allí dos semanas solamente; se hundía en la depresión, no pensando más que en el pasado. Yo le decía, siguiendo los consejos de nuestro médico de familia, que se despejara,se orientara hacia el presente y el futuro próximo, entonces él se enfadaba.
Después de su muerte, he descubierto la pequeña agenda que tenía como diario íntimo. Escribía respecto a mí: “hoy, madre fue verdaderamente mala conmigo.”
Ahora, siento haber reaccionado de ese modo.»
¿Qué otra cosa pudo hacer? Cese de culpabilizarse y de atormentarse; ya es suficientemente infeliz. Es extremadamente difícil atender a los depresivos. Rechazan todas las tentativas que se hacen para ayudarlos. No se sabe nunca por dónde cogerlos; están siempre en la situación del caballo que no quiere ni avanzar ni retroceder. ¿Se les debe socorrer o entrar en su juego? Usted adoptó la primera solución, pero la segunda posiblemente no habría tenido más éxito.
Y ahora, ¿cómo explicar su silencio post mortem? Hay cuatro respuestas posibles:
Él no puede, no tiene ningún don mediúmnico, no lo tenía antes y no lo ha adquirido en su nueva vida
Él no quiere, continúa estando enfadado, lo que me extrañaría porque, en la otra vida, se ve el fondo de los corazones y él se da cuenta de que usted no quería sino el bien para él
Él no ha recibido permiso divino para entrar en comunicación con los terrenales
El obstáculo puede venir de usted. Dice solamente: he probado a contactarle. Pero ¿mediante qué medios? No me los precisa. Si duda no ha encontrado la perla rara (tanto más rara puesto que vive en un pequeño pueblo): el médium que esté verdadera y realmente en contacto con el mundo de los espíritus.
VIII.15 Albane: «Mi joven vecina de rellano acaba de perder su niñito. ¿Qué actitud debo adoptar? ¿Es necesario hablarle del niño desaparecido o, al contrario, evitar el tema?»
Puede comenzar por ayudarle en los servicios materiales, hacerle trámites administrativos, recados, su cocina, ocuparse eventualmente de los otros niños y, si su apartamento lo permite, albergar uno o dos miembros de su familia.
Déjele hablar también el tiempo que ella quiera del niño desaparecido. Por su parte, evoque los recuerdos felices que tenga de él. Déjele desahogarse y llorar. En principio, no es bueno frenar las lágrimas.
Si, como sucede a menudo, ella se culpabiliza, insista sobre el hecho de que no tiene nada que reprocharse. Dígale, respecto del Otro lado, que el niño estará acogido por los miembros de su familia partidos antes que él o por entidades femeninas, pues es su misión.
Evite los consuelos ofensivos y el tono de conmiseración. No le diga: usted es joven, tendrá otro niño. Todo ser es único y reconocer el carácter de unicidad eso es amor.
VIII.16 Brigitte: «Hace tres años me hice abortar y es ahora cuando compruebo el horror de mi acto. Tanto más que las condiciones de las madres solteras de hoy no tienen nada que ver con las de hijas-madre de antes, rechazadas, despreciadas y deshonradas.
¡He visto latir el corazón de ese niño en la pantalla! ¿está vivo en alguna parte? Y si vive, si él me encuentra allá, ¿querrá perdonarme por haberle matado? Y, admitiendo que él me perdone, Dios, en quien creo, ¿me perdonará Él también? ¿No me va a castigar? No consigo encontrar la calma.»
¡Usted aflora un problema muy doloroso! Cuando vio latir el corazón, ¿no comprendió que iba a matar a un ser que vivía nacido de su carne? Ahora, lo concreta con una lucidez por la que le felicito.
Puedo responder afirmativamente a su primera pregunta: sí, ese pequeño ser sobrevive en el Más allá; sí, continúa creciendo y evolucionando. Sí, usted le encontrará y le pedirá perdón.
En cuanto a su castigo, yo no sé, ¡es Dios quien decide! Su remordimiento, justificado, me parece ya un castigo.
VIII.17 Denis: «Desde la muerte de nuestro hermano más pequeño, parecemos no existir para nuestra madre. Se encierra en la habitación de Patrice, donde ha hecho una especie de santuario y donde sólo ella tiene derecho a entrar. Allí pasa su tiempo llorando, relee sus cuadernos y sus cartas y mira sus fotos a la luz de los cirios. Cada día se acerca al cementerio, donde se imagina tener un misterioso contacto con él. En cuanto a mis dos hermanas, a mi hermano mayor y a mí misma, tenemos la impresión de que no le interesamos. Nunca una pregunta sobre nuestra escolaridad, nuestra salud o distracciones (que a veces le parecen culpables); es la indiferencia más completa. ¿Cómo hacerle comprender que está en trance de destruir todo a su alrededor?»
No dice nada de su padre. Le correspondería a él hacerle recordar a la que os olvida sus deberes de madre y de esposa, pues tengo la impresión de que también él es negligente. Si no quiere o no puede intervenir, será preciso que se dirija a un amigo o a un miembro de la familia; si es usted o los otros hijos quien lo hace, ella les acusará de celos. Es necesario también explicarle que ese amor demasiado posesivo, demasiado exclusivo, solo puede perjudicar al joven desaparecido. Las visitas demasiado frecuentes al cementerio, la rumia solitaria del pasado, la habitación transformada en capilla ardiente reconduce desagradablemente el pensamiento de Patrice sobre esas ideas de muerte que debe olvidar. Él está en la luz, ¡que no se le haga volver a lo gris! Está en el espacio, ¡que no se le obligue a encerrarse en conceptos y en lugares que le constriñan! Sé que las intenciones de su madre no son malas, pero eso no es suficiente para obrar bien.
VIII.18 Doris: «Ahora sé que lo más doloroso que puede existir es la muerte de un hijo.
Morir, es tan natural como vivir y eso llega a todo el mundo. Pero morir con veinte años no está en el orden de la naturaleza. Es un misterio doloroso que desgarra el alma, el corazón y el vientre, os mata, os destroza.
¡Pero es así como esto ilumina también! No sé quién lo dijo (creo que Lamartine): “La desgracia abre el alma a luces que la prosperidad no percibe” ¡Eso es verdad! Había vivido hasta aquí una felicidad que no merecía, sin duda. Después, de golpe, viniendo de ninguna parte, un puñal me traspasa el corazón, mi hijo muere. Le diré que mi pena es indecible. Y no me concierne más que a mí. Pero tengo el gusto de decirle, a ustedes, lectores de Francia, que sois mis amigos desconocidos, los pensamientos que me deja esta tragedia.
Cuando se vive una felicidad tranquila y sin drama, se tiene la insolencia intelectual fácil; evacuamos fácilmente del alma la idea de Dios y nos creemos un espíritu fuerte cuando, so pretexto de franqueza, negamos hasta la hipótesis de otra vida después de nuestra muerte temporal. Pero cuando el destino viene a arrancaros un hijo de veinte años, es el corazón, con todo lo que contiene de amor, el que exige a la inteligencia que se abra a realidades más consoladoras que las insuficientes compasiones terrestres.»
Françoise, de Bélgica responde a Doris de Québec. Comienza por transmitirnos este bello y exacto pensamiento.
“La muerte no es la oscuridad, es la lámpara que se enciende porque el día comienza. Resucitar: resurgir: erguirse, levantarse.
Creo que mis dos hijos están levantados.
Creo que están ocultos a mis ojos; que viven otra vida; vida que no está fundida en el gran Todo, sino vida personal y consciente: la memoria queda, usted me ha hecho tomar consciencia. No existe el amor sin memoria; y después de nuestro tránsito, la fe y la esperanza cesan por causa de su inutilidad, el amor permanece. La vida después de la muerte será una vida llena de amor y de relaciones vividas sin falla.
Creo que mis hijos, hombres jóvenes en su plenitud, me acogerán cuando en mi día sea elevado.
Pues nuestra resurrección es inmediata, después que la muerte haya completado su trabajo, obra lenta, respetable, terrible…. Y portadora de vida.
Nuestro cuerpo espiritual, separado de nuestro cuerpo carnal, estará sometido a las leyes físicas, pero otras leyes que no conocemos, que no tendrán ya en cuenta el espacio y el tiempo.
Me uno a la corriente milenaria que, en todo tiempo y en cualquier lugar, mantuvieron hombres que afirmaban que la vida sigue más allá de la tumba. Mis dos hijos están viviendo”.
VIII.19 Rodolphe: «¿por qué las sectas tienen tantos adeptos? ¿Por qué el Más allá transmite tantas predicciones alarmantes?»
Es Georges Morrannier quien le va a responder:
“¿Por qué las sectas tienen tantos adeptos? Porque el sentido común no está al alcance de todos, porque el mundo moderno formó demasiados seres débiles que se dejan despersonalizar.
¿Por qué el Más allá transmite tantas predicciones alarmantes y ridículas? ¿Por qué dice usted que la Tierra será destruida dentro de poco, que vamos hacia calamidades espantosas, que la oscuridad va a expandirse por todas partes? Porque ese Más allá encuentra seres inmaduros para recibir tales tonterías. Se lo digo a menudo: ¡atención a los profetas de la desgracia, atención a los anuncios de catástrofes provenientes de desencarnados mal intencionados!
Nuestra Tierra no detuvo su girar y no es el año 2000 el que parará su movimiento o la reducirá a cenizas.
Muy pocos encarnados saben que el Apocalipsis de San Juan no es sinónimo de diversas calamidades, sino que es una revelación. “Apocalipsis” en griego significa revelación; revelación del mundo espiritual donde Juan fue proyectado.
Deben aprender a ser lógicos, mesurados, a tener confianza en Dios y en todos los guías que trabajan para Él y para ustedes”.
Dado que se sabe en este momento que Cristo nació entre el año 6 y el año 5 A.C., el año 2000 ya ha pasado, fue en 1994.
VIII.20 Marthe: «Una noche, mi hija Cynthia, de 11 años de edad, vio antes de dormirse una sombra blanca, sentada al pie de su cama y que le miraba. Cuando quiso atraparla (pensó que era su hermano muerto hace 3 años) su mano pasó a través. La sombra blanca se desplazó a la izquierda de la cama en la misma posición, siempre mirándola con interés, siempre manteniendo los brazos cruzados. A la mañana siguiente, Cynthia nos explicó su aventura, no parecía tener miedo. Hasta no parecía asombrada.»
El hecho de que Cynthia no esté asustada ni sorprendida prueba que la aparición blanca era amistosa y benéfica. Seguro que es su hermano quien vino a hacerle una afectuosa visita. Usted misma tuvo una buena actitud no censurando a su hija, evitando decirle: “Eso no existe, son imaginaciones”.
Cynthia también se comportó bien. Si hubiese manifestado temor, la forma blanca, que, le repito, es una aparición de amor, se habría disipado de pronto. Lo que hace tan escasas las manifestaciones es que nuestros desaparecidos tienen siempre temor de asustarnos.
VIII.21 Aimé: «En lugar de dormir, Jérémie, nuestro hijo pequeño de cuatro años, gorjea, canta, hace gracias, se mueve, ríe a carcajadas y se divierte con sus amigos imaginarios. En fin, después de varias horas, acaba por dormirse de veras y al despertar, cosa extraña, está de buen humor, nada de fatigado. Sin embargo, mi mujer y yo nos inquietamos por su salud física y mental.»
No se inquieten ustedes.  Debido a su corta edad, Jérémie está aún en contacto con las zonas benéficas del mundo de los espíritus. Sus amigos imaginarios son simplemente niños del otro mundo que quieren divertirse y divertirle con toda inocencia. La alegría que experimenta durante y después de ese amable cencerreo nocturno prueba que todo es puro.

[1] Jeanne Morrannier recibió mensajes de su fallecido hijo Georges Morrannier. (NdT)
[2] Autora de libros de gran espiritualidad (NdT)
[3] Fecundación in vitro (NdT)
[4] En francés el autor utilizó “cessez d’y penser”, con el pronombre neutro “y”, término lingüístico sobre el cual hace su reflexión (NdT)
















JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (9) Capítulo IX: “LAS ENTIDADES DE LA OSCURIDAD”
marzo 4, 2014 in El País de después
En esta ocasión Jean Prieur nos toma de la mano para asomarnos a un mundo de los espíritus lleno de desagradables sorpresas. Podemos mantener la calma porque nuestro guía es alguien que sabe bien por donde anda, sabe mucho de los peligros del camino en las oscuras regiones del Más allá, cercanas a la Tierra.
En ese patio de Monipodio encontraremos la peor calaña de los que en la Tierra camparon a sus anchas y continúan articulando engaños, farsas y ardides sin número, para que les sigamos también allí; son muchos y aspiran a crecer en número. En algunas ocasiones, inquietos ellos, vendrán a nuestra casa para amargarnos los días. ¿Qué podemos hacer para librarnos? Jean Prieur ofrece en estas páginas las más variadas respuestas, válidas aquí, en la Tierra, y después.
Más de uno se habrá preguntado si en el Más allá se reencontrará con alguien a quien no soporta; algo así como cruzarse con otro por la calle sin estar avisado de ello: “¿Tendré que ver durante toda la eternidad a la persona que me hizo una mala faena? ¡Es que no puedo ni acordarme de lo que me hizo sin que me cambie el humor!; eso sí, no tengo ya nada en contra de ella, pero amargó años de mi existencia”. Jean Prieur siempre sagaz y con buen humor nos ayudará para ese caso y similares.
¿Cuerpos espirituales de ocupas? Desde ese mundo intermedio continuamente se inician desembarcos de seres malignos en el nuestro y buscan, con un porcentaje elevadísimo de aciertos, a personas que sin percatarse de ello se ven invadidas por un huésped indeseable. Ese visitante les provoca enfermedades que ni la medicina ni la psicología logran remediar. En este capítulo encontraremos medios para evitar que espíritus atormentados puedan llevarnos con ellos a la locura o a algo peor.
¡Buen día!
CAPÍTULO IX – LAS ENTIDADES DE LA OSCURIDAD
IX.1 El gran espacio espiritual llamado Más allá no es siempre tan luminoso como se lo imagina. No es siempre un vuelo hacia un mundo de hadas, una entrega de coronas. Existen unas moradas penosas que responden a la ley de causa y efecto, que se podría resumir en la conocida frase de: «Quien siembra vientos recoge tempestades».
El que ha sembrado la mentira, la calumnia y las disputas se ve asaltado por avispas. Quien tiene todo puesto en la materia, el beneficio, el dinero, se ve en un ambiente crepuscular; quien ha difundido la duda y la desesperanza se ve envuelto en vapores sulfurosos[1]. En cuanto a los asesinos y torturadores, comienzan por soportar lo que infligieron a sus víctimas.
La ley del Karma no admite excusas ni circunstancias atenuantes y se pone en marcha con todo su rigor.
La mayoría de las personas que me escriben, y aquellas que les dejaron no cometieron los excesos anteriormente citados y, por lo tanto, no están incluidas. Sin embargo, hay un mal muy extendido entre personas no especialmente malas: las actitudes de menosprecio y la irrisión. ¡Atención al karma de la burla!
Las primeras zonas del otro mundo están pobladas de seres que proceden de este y no es sorprendente que encontremos allí la impostura, la ignorancia, la maledicencia y la necesidad de molestar.
Todas las señales y manifestaciones del Más allá no son benéficas; Paule tuvo una trágica experiencia:
«Algún tiempo después de la muerte de mi hijito, que ocurrió en diciembre de 1990 cuando acababa de cumplir trece años, recibí comunicaciones mediante escritura automática. Fue un período de gran felicidad. Le encontraba tal como era, alegre, sincero, alocado y cariñoso. Esos intercambios, que no eran cotidianos, me dejaban confiada y tranquila.
Después, se operó insensiblemente un cambio; el tono se volvió regañón, doctoral y pedante. Surgieron palabras de las cuales él no tenía ni idea. Yo me decía: progresa en el otro lado, adquiere conocimientos nuevos.
Pero la evolución proseguía en sentido negativo; se volvía cada vez más dogmático y orgulloso. Juzgaba de todo y de todos, distribuía las recompensas y, sobre todo, las sanciones, que él reservaba a los otros mensajeros y a sus escribas. Al final, fueron maledicencias y calumnias, acompañadas de reproches hacia mí. Desanimada, invadida de un insoportable malestar, dejé caer el lápiz.»
Era la única cosa por hacer. Muchos como usted vivieron esta experiencia. ¿Qué pasó? Un espíritu mal intencionado llegó a interferir su relación y tomó el lugar de su hijo, pues conocía la trayectoria terrestre. Por eso pudo dar detalles exactos sobe él, sobre usted y su entorno. Yo no creo que su hijo haya cambiado hasta ese punto, convertido en un ser pretencioso y crítico, pero por una razón desconocida no está en condiciones de dirigírsele.
No se está nunca seguro de la autenticidad de la persona que se encuentra al otro lado del hilo; eso tiene un nombre, es el problema de la ipseidad. Pero hay una señal que no se equivoca nunca, el sentimiento de bienestar o de malestar que se siente al nivel del plexo. Una sensación de frío indica que dejamos, sin apenas notarlo, las regiones benéficas del Más allá. Una vez más, prudencia, prudencia.
IX.2 Otro ejemplo de infestación por entidades maléficas nos lo da Lucile:
«Todo comenzó así: Yo estaba tumbada sobre mi canapé hasta que una voz me susurró “¡Ya está! Esta vez, te tengo” Y me hace bascular la cabeza hacia abajo. ¡Desde entonces esa voz habla día y noche en mi oído! Definitivamente borró el recuerdo de mi padre fallecido. Y, sin embargo, siempre tuve el sentimiento de que él me protegía.
Mi desconocido corresponsal imita su voz, la de mis hermanas y de mi madre, la de diversos conocidos y sobre todo la de una amiga que no está ya en este mundo y a la que quería mucho. Se lo dije a mi hermano y me respondió que estaba depresiva. Es verdad, pero cómo librarme de esta voz que me dice, por ejemplo: “Estamos muertos como tú pronto, somos voces de ultratumba”.
Ya no me interesa nada, no vivo, no leo, no salgo de mi casa.»
Pues eso es, justamente, lo que debería hacer: salir, salir con la mayor frecuencia posible. Pasear por las tiendas, ir a espectáculos, al restaurante, ver a los amigos sin hablar de sus problemas. Frecuente las iglesias, cualquiera que sea su religión: allí, los atormentadores no osarán incorporarse. Regresada a casa, rece con fervor para ser liberada, queme incienso, ponga música suave en su reproductor, lea libros donde se hable de pensamiento positivo. Son los espíritus del bajo astral quienes le obsesionan: afortunadamente, tienen un poder limitado y usted debe reenviarles a sus tinieblas hablándoles con energía. No tome calmantes que disminuyen su tono mental y, consecuentemente, sus posibilidades de resistencia. No lea libros inquietantes sobre el Más allá. No busque más comunicar con los espíritus. Evite las reuniones de sectas.»
IX.3 Pierre-Paul sueña regularmente con su padre fallecido el año anterior:
«Me dice cada vez en el ensueño: “Ven conmigo. Verás cómo se está bien aquí. Venga, ven ¡apresúrate!” Y me tiende la mano, pero de momento yo no la tomo. La expresión de su mirada no corresponde con sus palabras: su mirada es fría, su tez amarilla como la tenía en vida y la boca tiene un mal pliegue. “Se está bien aquí”, pretende, pero a su alrededor no veo más que gris. Todo está inmerso en una semioscuridad. Su entorno desprende una inmensa impresión de tristeza. Me extraña que quiera tenerme cerca de él porque, cuando yo era niño, era extremadamente desagradable conmigo, me reprendía y criticaba sin cesar. Su mayor placer era humillarme en público. No tengo ningún buen recuerdo de él. ¿Qué debo hacer?»
Ocurre que espíritus poco evolucionados quieren arrastrar al otro mundo a uno de sus allegados, y no suele ser el amor quien les inspira. No es cosa para usted el reunirse. Es joven, tiene delante una vida entera. Sobre todo, no tome la mano que le tiende, rehúsela enérgicamente. Perdónele si quiere, si puede, y dígale que deje de obsesionarle; ¡que no le conviene dar más vueltas sobre la Tierra y encuentre su camino en el mundo de los espíritus! ¡Que escuche a los guías y a los instructores, que trabaje en el otro lado por su regeneración!
Como me ha destacado, él vaga en las zonas grises del astral, zonas de las cuales usted se librará si lleva una vida recta.
IX.4 Silvie tiene un problema que no logra resolver desde hace muchos años:
«Comenzó hace diecinueve años, una noche de tormenta; iba a dormirme cuando, a consecuencia de un relámpago, mi cortina empezó a moverse, aunque la ventana estaba cerrada, y vi una forma humana avanzar hacia mí, toda negra con las manos tendidas. Estaba despierta, grité y me fui rápidamente con mis padres que me acogieron en su cama; tenía entonces cuatro años.
Algunos años más tarde, esa forma se apareció de nuevo frente a mí y me impedía el movimiento. Había una extraña música, hecha de tintineos. Pude echarla más tarde concentrándome en el hecho que yo iba a matarla. Hace unos días, ha vuelto. Me parece que quiere infiltrarse en mi persona.»
Esa aparición es un «vagabundo» del espacio y no parece maléfica, sobre todo si usted tuvo una molestia al nivel del plexo. El hecho de que la paralice es inquietante. Usted tuvo la actitud acertada: hacer una enérgica barrera mental, no permitirle infiltrarse, resistir al intruso con toda la fuerza espiritual. Evidentemente no es cosa de matar al espíritu (eso ya está hecho), pero podemos alejarle por la meditación y la oración.
Releyendo su carta, debo matizar mi juicio del principio, porque los tintineos cristalinos son benéficos. Haría falta que la aparición dijera en el sueño lo que exactamente quiere. De todos modos, esa aparición debe buscar la serenidad en su vida presente y no venir más para importunar a los vivientes
IX.5 Hace algunos meses, durante el sueño, Liliane fue lanzada a un mundo angustioso donde los colores dominantes eran el negro y el gris.
«Me encontré en la entrada de un inmenso pasillo; personajes vestidos de negro, con la cara demacrada y la tez amarillenta, estaban sentados a cada lado. Tenían gran parecido con Belfegor, el héroe de una serie televisiva que tuvo en su tiempo mucha fama. A mi llegada, todos se levantaron y trataron de atraerme hacia ellos ordenándome: ¡Ahora es el momento, ven, ven con nosotros!” Grité: “¡NO, NO!”, debatiéndome violentamente, pues sus manos me agarraban con una fuerza extraordinaria. A continuación, aparecí en mi cama muy angustiada…»
Usted estuvo sumergida en ese mundo inquietante y degradado que se llama bajo astral. Salió rápidamente gracias a su fuerza mental. Gracias también a la ayuda de su ángel custodio.
IX.6 Desde hace varios meses, Myriam está en comunicación, mediante escritura automática, con su hermana fallecida. Casi cada tarde, se encuentran.
«En los primeros tiempos, la encontraba tal y como era: afectuosa, sincera, alegre, distendida, dándome útiles consejos y obligándome a rezar. Después, poco a poco, todo eso cambió. Comencé a notarla irritada, crispada, irónica. Empezó a anunciarme catástrofes que, Gracias a Dios, no se produjeron nunca, al menos por ahora.
De momento, profiere calumnias sin consideración a mis amigos y familiares. Puede nombrarles, dar sobre ellos detalles exactos. Pues es ella quien habla ya que está muy al tanto de todo lo que concierne a mis allegados y a mí misma. Sus mensajes desde entonces terminan con insultos y amenazas.
Usted dice en sus libros que, en el otro lado, permanece el carácter y la personalidad. ¿Cómo mi Estelle, que era una mujer radiante y amorosa, pudo volverse tan desagradable y mala? ¿Qué ha pasado?»
Ha pasado lo siguiente: un espíritu mal intencionado llegó para interferir sus encuentros. En cuanto un canal (una cadena como dicen los anglosajones) está abierto, las entidades ignorantes, charlatanas y a menudo negativas, se precipitan y llegan para embrollar todo. El hecho de que entre tantas mentiras y errores haya cosas exactas, solo conocidas por Estelle y usted, no prueba nada. La entidad intrusa es capaz de leer en su mental y de sacar hechos y nombres. Tranquilícese, su hermana es siempre la persona amante que conoció, pero fue suplantada por espíritus malignos.
Solo una cosa: Renuncie a la escritura automática. Si Estelle tiene algo que decirle, recurrirá a la ensoñación, a las señales o simplemente a sus intuiciones.
IX.7 Alicia me escribe respecto a su hijo que se aproxima a la treintena y cuyos trastornos comenzaron hacia la edad de nueve años:
«Una noche, me llama y me dice que no puede moverse, que tiene mucho frío y se siente cerca de la muerte. Me quedo a su cabecera hasta la mañana. No me habló nunca más de eso en los años siguientes. Cambiamos de vivienda y de nuevo aquello recomenzó. Siempre con la sensación de que hay alguien en su habitación; “Esa cosa” -como él me dice- “es como si esa cosa quisiera entrar en mi y ampararse en mi cuerpo. Me pongo tenso, pero no puedo abrir los ojos. Rezo y después hay un silbido muy fuerte en mis oídos. Eso se produce cada vez más a menudo, sobre todo cuando estoy acostado sobre la espalda.
La semana pasada, llegó de nuevo. Como le escuchaba gemir, entré en su dormitorio y me dijo: “Es como si hubiese tres personas en la habitación.”
Yo no sé qué pensar de todo esto. ¿Es un espíritu malvado quien le persigue? ¿Mi hijo está en peligro?»
Como hace mucho tiempo que él reza, no está en peligro.  Pero hay un riesgo de infestación caracterizado por la sensación de frío y parálisis. La voluntad humana es algo muy poderoso y ese joven debe utilizarla para ordenar al espíritu o espíritus obsesores que le dejen tranquilo y regresen a su bajo astral, de donde no deberían salir nunca. El silbido muy fuerte es la señal de que el espíritu maléfico se enfurece. En el momento en que su hijo sienta que la infestación va a comenzar, que encienda la luz y lea un texto sagrado. Los malintencionados del Más allá tienen horror de lo uno y de lo otro. Supongo que él no practica el espiritismo en solitario.
IX.8 Desde hace algún tiempo, cuando Lucie está sola, tranquila, y a veces en el jaleo, escucha con claridad una voz femenina repetirle: «Estás gravemente enferma.»
«La oigo de alguna manera dentro de mí y no puedo hacerla callar. Sin embargo, aparentemente no sufro ningún mal. Comienzo a tener miedo, lo reconozco. Y cuanto más me angustio, más clara es la voz. ¿Debo creer a esa voz? ¿Tendré una enfermedad sin ningún síntoma de momento? O bien, ¿cómo desembarazarme de ella? Temo que esto se vuelva insoportable. ¿Qué hacer?»
Es Monique Simonet quien responde a Lucie: Atención, es en efecto simplemente posible que sea la “vocecita” interior de su consciencia general la que oye… En ese caso podría estar en las primicias de una afección que no se verá hasta más adelante. Le aconsejaría hacer un control de salud de vez en cuando. Usted no ignora que nuestro subconsciente lo sabe todo. Ello no es imposible. Tratada a tiempo, una enfermedad, de por sí grave, será más fácilmente curada. Le digo esto, pero no puedo tener la total certeza; solamente se lo aconsejo.
Por otra parte, si su salud mental es muy buena, cosa que supongo, es también factible que, suficientemente sensible para oír a un ser del Más allá, esté en relación con un espíritu maléfico que busca asustarla. Si fuese ese el caso, debe decirle que sus propósitos no logran absolutamente nada. Así, ese personaje acabará por reconocer el fracaso. Ante tal eventualidad no olvide pedir igualmente ayuda a las fuerzas del Bien, cualesquiera que sean sus concepciones y el nombre que da a esas potencias. Sobre todo, no tenga nunca miedo, pues ese es el peligro.
IX.9 El pequeño Stéphane «partió» a la edad de seis años. Su madre tuvo inmediatamente señales que probaban su amada presencia.
«Le adelanto la desesperanza en la que me sumergió su ausencia. Aunque se “los” sabe a nuestro lado, esto es muy duro de vivir. Imposible de imaginar el desequilibrio que crea tal separación.
En diciembre de 1992, hice una experiencia de escritura automática que duró más de cuatro meses. Estaba persuadida de relacionarme con Stéphane: todos los mensajes estaban llenos de amor. Pero, hacia el final del cuarto mes, fui alertada por dos visiones monitorias, un gran frío helaba mi interior. Hice bendecir mi casa y recé para ser liberada del espíritu maligno. Tengo toda mi confianza en mis ángeles custodios, en María, en Jesús, en nuestro Creador. Mi deseo de quedar unida con mi hijo allende el velo me hace ciertamente más sensible, más receptiva. Desafortunadamente, si capto cosas benéficas, capto también cosas maléficas. Es difícil discernir los espíritus; piensan atraernos dándonos mensajes buenos para que nos habituemos. Por eso trato de no hacer una fijación sobre el texto recibido. La última semana, escuché la voz de Stéphane que susurraba: “¡Mamá, te quiero…llévame…lejos! E insistía en las dos últimas palabras, como si estuviera enfadado. Pienso que es alguien malintencionado que imita su voz.»
Yo pienso lo mismo. La voz sin timbre es más fácil de imitar. En todo este asunto, usted da pruebas de mucha prudencia, de equilibrio y de buen sentido, raras cualidades en este dominio. Es imposible que un niño, tan puro y joven, sea infeliz en el otro lado. Una sola cosa puede producirse, que se aburra un poco de usted.
No es nunca seguro al cien por cien la identidad de la persona con la cual comunicamos; hay con frecuencia interferencias y usted aporta la prueba, pero como es lúcida y creyente, no arriesga nada. El gran frío interior que se apodera de usted es un hecho sintomático de presencias hostiles. Muchos de mis corresponsales hacen alusión, así como a un principio de parálisis; dicen siempre: no me podía mover.
IX.10 El anuncio de reencuentros en el Más allá no es siempre una buena noticia. La perspectiva de compartir de nuevo su existencia con gente desagradable sumerge a ciertas personas en la angustia. Es el caso de Marie-Hélène:
«Mi hermano, con el cual no me entendía bien del todo, acaba de morir; mi temor es de volver a verle cuando, a mi llegada, sea convocada por la Alta Administración. Me pregunto, le pregunto, si nos encontramos sistemáticamente a todos los allegados que nos han precedido en la otra vida, hasta los que eran hostiles hacia nosotros y nos hicieron la vida imposible.»
Esté tranquila, no se encuentran las personas que no se aman, o los que nos han desdeñado, rechazado o perseguido. Es el amor solo el que vincula los dos mundos. El Más allá sería un infierno si debiéramos vivir (y es para un muy largo tiempo) con gentes odiosas. Ahora, es siempre posible que las fuentes de conflictos se volatilicen; El rencor se borra en provecho del perdón y en provecho de la reconciliación. Lo que facilita las cosas del otro lado, es que la hipocresía haya desaparecido, se sabe exactamente lo que piensan los otros seres. Los malentendidos son rápidamente disipados.
IX.11 Max: «¡Usted dice en sus libros que se encuentra en el otro lado a los amigos y parientes, y llama a eso una buena noticia! Buena noticia, pero no para todo el mundo.
Este es mi caso: Tenía un padre muy duro, colérico, que hizo de nuestra vida un verdadero infierno. Hablo de mi madre, de mis hermanos y hermanas. Se encarnizaba especialmente conmigo, pegándome con tal violencia que me partió un brazo. Tenía seis años en ese momento y conservo la cicatriz
El tiempo pasó y a las violencias físicas sucedieron las verbales. Ya no osaba pegarme, había crecido, pero se enzarzaba en palabras: “¡Tú no llegarás nunca a nada, eres un fracasado! Todo lo que emprendas fracasará.” Tengo la impresión de que me echó mal de ojo; en efecto, nada me sale bien. Constato que no tengo suerte.»
Sobre todo, no diga nunca «yo no tengo suerte», pues, de esa manera, crea una ley que acaba por establecerse sobre su vida. No, él no fue capaz de echarle mal de ojo, no era tan fuerte. Recuerde el pensamiento positivo y repita: «Soy joven, soy fuerte, tengo buena salud, no tengo ningún dolor, tengo una madre y amigos que esperan de mí, no estoy solo en la vida y voy por delante de mi bien.»
Veo con claridad en su escrito que es un hombre afectuoso, honesto y bueno. Obtendrá la parte de felicidad a la que tiene derecho. Tranquilícese, pues no verá de nuevo en el otro lado el que por un tiempo fue su padre; encontramos allá sólo a los que nos quisieron. De todos modos, dado su carácter y actos, ha sido enviado a las esferas oscuras donde tendrá todo el tiempo para lamentar su pasado y enmendarse.
IX.12 Marius tiene el mismo problema que Marie-Hélène y que Max:
«Jacqueline, mi esposa (no añorada), murió el año pasado. Era insoportable en el sentido más riguroso del término. Continuamente de mal humor, agresiva, criticando a todo el mundo, comenzando por mí, hablando solo para maldecir y burlarse. Dejó en nuestra familia y nuestro entorno muy mal recuerdo. Me aguanté, no quise divorciarme a causa de los hijos. Tuve mi purgatorio hasta el final, pero no tengo ganas de reiniciar eso en el otro lado. Encontrarla en el Más allá por un tiempo ilimitado, sería sinónimo de infierno.»
No se reencuentran más que los que se aman. De todos modos, habiendo hecho el mal que hizo difundiendo a su alrededor el odio y la calumnia, debe permanecer en las esferas expiatorias, donde usted no corre peligro de reunirse con ella si ha llevado una vida recta y altruista. ¿No se ha estado sacrificado por la felicidad de sus hijos? Posiblemente ella le pedirá perdón. Usted verá en aquel momento si quiere pasar la esponja[2]
IX.13 Aunque las zonas próximas de la Tierra no albergan más que entidades errantes, inadaptadas a la vida desencarnada, también son atravesadas por vuelos de espíritus satánicos en busca de hacer algún mal, transposición espiritual de aquellos que cometían sobre la Tierra.
Muchos lectores son trastornados por esas presencias hostiles en un mundo que consideraban para siempre liberado del mal y de sus servidores, y se plantean la cuestión de la existencia objetiva del Demonio.
Wilfried: «¿Ese a quien llaman el Diablo o Satán, tiene alguna realidad? ¿O bien no es más que una alegoría?»
Para mí, el Diablo es un ser colectivo constituido por los millones de espíritus malignos que merodean en el espacio. Es una especie de Anti-Dios como lo concebía el maniqueísmo, es un egrégor, como precisé en mis obras precedentes, un enjambre de odio. Recurro en este punto al joven Abel que dictó a Claudette Combes[3] lo que sigue:
«Eso que llamáis Diablo, son fuerzas oscuras que se unen para inspirar el mal a los hombres influenciables. Ese egrégor negativo, los hombres le llaman Diablo.
Algunas personas tienen necesidad de prohibiciones, espantajos: el Diablo, el Maligno… Deben tener miedo para evitar el dolor.
No existe una entidad única llamada Diablo, o Satanás, o Maligno, un príncipe de las tinieblas que se opusiera al Rey de la luz. Es una idea ingenua, nacida de la necesidad de alegoría que caracterizaba la humanidad en su infancia.
El mal nació de la libertad del hombre. Pero es verdad que existen sombríos egrégores de fuerzas negativas, de malos pensamientos, que se reagrupan y pueden influenciar los espíritus débiles.»
IX.14 Matthieu: «Cuando se ve lo que pasa sobre la Tierra, esa sucesión de hambrunas, de catástrofes naturales y humanas, guerras y atrocidades, acaba uno por preguntarse: ¿Pero ¿qué hacen las fuerzas blancas del Más allá? ¿Están afectadas de parálisis o de indiferencia? ¿Están definitivamente vencidas por la extraordinaria vitalidad del mal?»
«Este mensaje de Georges Morrannier parece estar dirigido a usted:
«Las fuerzas blancas[4] tienen una enorme fuerza. Son las de los habitantes de las esferas superiores. Ellas solas, podrían rodear el mal en un instante. Desafortunadamente, no deben hacer el trabajo por usted, y lo sienten de todo corazón. Su papel debe limitarse a dirigir, proteger y aconsejar intuitivamente a los seres puros de la Tierra que se entregaron a reducir la fuerza del mal. Los grandes religiosos en particular, elegidos por el Cielo, son guiados así en su misión.
Tienen que hablar de Dios, del mundo invisible, o tendrán que rendir cuenta de sus actos de la manera que ya expliqué. Tienen que restablecer los valores morales un poco embotados por el abandono moderno, y también por los enormes progresos sociales que facilitan la vida y conducen a pensar que pueden vivir muy bien sin Dios. Una fuerza divina era un refuerzo y un fin para los pueblos desvalidos y esclavizados. Parece haberse vuelto inútil para los que piensan no tener nada en que creer. Por ello asistimos, en este siglo, a un despliegue extraordinario del mal que cae sobre la juventud en particular.»
IX.15 Constant: «A menudo me siento desanimado cuando constato la fantástica fuerza del mal en todas sus formas. Da la impresión de que la humanidad no se librará nunca y que está subyugada por las fuerzas satánicas.»
Comparto sus sentimientos, pero debo matizarlos con este mensaje de Paqui, dictado durante los años más sombríos de la última guerra[5]:
«El mal se difunde sobre la humanidad como lava vomitada de un volcán en erupción. Abandone una parte para no perderlo todo, y, sin rebelarse, rece por las innumerables víctimas tomadas a menudo entre los menos culpables, hasta entre los inocentes. Los malvados, los dañinos, no padecen solos, por desgracia, en las catástrofes, pero todos reciben el fruto pedido, el fruto aceptado. Rezad mucho y a menudo. Pedid a Dios la fuerza y la fe para todos aquellos que sufren y la luz para los ciegos… ¡Cuántos ciegos entre los humanos! Ceguera que casi viene siempre del egoísmo con el que el hombre gusta rodearse como una concha.
¡Cómo Dios no dejaría a los hombres resistirse cuando las marcas más profundas, las pruebas más irrefutables no sirven para nada y no sujetan la mano de los que quieren gozar, destruir y saquear para aprovechar mejor todavía a costa de todo y de todos!»
Gozar, destruir y saquear: Ver las actualidades de finales del siglo; ver los pillajes y los incendios banalizados, no reprimidos y aceptados bajo el nombre de ritos y de ritual. Un periodista encontró la frase oportuna: Los “fuegos del san Silvestre”[6]
Cuando Paqui declara: «Las pruebas más irrefutables no sirven de nada» se trata de una realidad perturbadora de un mundo espiritual donde habrá que pagar la factura. El mal, que se expande como la lava de un volcán expulsada con furia, proviene del hecho de que la mayor parte de nuestros contemporáneos se imaginan que todo está permitido, que ellos no tienen que rendir cuentas… y que la moral más elemental tiene que colocarse entre las ideas anticuadas.»
IX.16 Roland: «Desde 1945, los conflictos armados se han multiplicado en todo el planeta y no se acabarán nunca, ¿la guerra será el estado normal de la humanidad? Los combatientes de 14-18 años, de los que formé parte, creyeron ingenuamente que iban al frente para “la última de las últimas”; imposible equivocarse más. Tengo la edad del siglo y comprenda usted mi escepticismo y desencanto.»
Le comprendo tan bien que tengo dificultad para hablar con usted sobre este asunto. Yo no quisiera marear la perdiz con sermones. Acudo a Roland (de Jouvenel), su ilustre homónimo, que le responderá con su mensaje del 20 de marzo de 1948. En esa época Italia y Yugoslavia se disputaban Trieste, su puerto y región, y temíamos lo peor. Emite esta idea curiosa de que los conflictos locales nos evitan el cáncer generalizado de la guerra universal. Espero que la explicación del joven Roland satisfará al veterano Roland.
«Puedo afirmar, sin fijar fecha ni dar más amplias explicaciones que vais a pasar nuevas angustias. Van a sacudir todavía corrientes a los hombres, bancos de ondas caóticas harán vacilar los cerebros. No habrá guerra ahora, pero las guerrillas lastimarán sin pausa vuestro planeta; es necesaria una herida abierta para que la sangre no cese de correr. Los focos de expiación revolotearán sin cesar sobre el mundo y se posarán de plaza en plaza. Culpables e inocentes morirán juntos.»
Los focos de combate captan las malas ondas que sobrevuelan el planeta; creo que lograrán absorber de golpe la totalidad de los fluidos. Un pararrayos recoge toda la electricidad de un cielo encolerizado. El rayo tal vez no caiga en vuestro globo gracias a los accesos asignados para los disparos locales.»
IX.17 Constance: «En el Apocalipsis, y también en el “Libro de los muertos egipcio”, se plantea la Segunda Muerte, ¿qué se entiende por ella?»
La vida terrestre es un espacio entre dos nacimientos: el nacimiento físico y el nacimiento espiritual, comúnmente llamados muerte, o mejor resurrección inmediata.
Si todo ocurre bien, la vida en el Más allá es también un espacio entre dos nacimientos: nacimiento espiritual, del cual estamos hablando y nacimiento celeste, es decir, acceso a las esferas felices llamadas paraíso.
Si todo ocurre mal, si el ser humano rehúsa evolucionar hacia el Bien Supremo, dicho de otra manera, hacia Dios, la vida del Más allá se presenta como un espacio entre dos muertes, entre la muerte física, o primera muerte, y la muerte espiritual, o Segunda Muerte, que es una lenta extinción. La Segunda Muerte es más conforme a la bondad, a la racionalidad de Dios, que el infierno eterno del antiguo cristianismo.

[1] Por fétido o maloliente (NdT).
[2] La esponja generalmente sirve para limpiar algo. Con ella podemos borrar rastros más o menos indeseables. Algunos recordarán todavía la pequeña esponja húmeda con la cual, en la escuela, borraban lo que habían escrito con tiza sobre la pizarra. (NdT)
[3] Autora de, por ejemplo “Les enfants de la joie”. Mujer con una extraordinaria biografía de entrega al prójimo. (NdT)
[4] En oposición a las fuerzas negras de Satanás (NdT)
[5] Se refiere a la Segunda Guerra Mundial (NdT)
[6] Los “fuegos de san Silvestre “, erigidos en costumbre divertida y deliciosamente “francesa” por los medios de comunicación, permiten varios objetivos: las bandas miden su poder y marcan sus territorios de cara a la “banda rival” de las fuerzas del orden. Los perros lo hacen meando las farolas, las chusmas lo hacen quemando coches en su territorio. El mensaje es el mismo: aquí son ellos dominantes. (comentario expuesto en internet) (NdT)


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