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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 2 de junio de 2016




JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (10) Capítulo X: “SUS TESTIMONIOS”
marzo 10, 2014 in El País de después
El investigador recopila la información, la sistematiza e intenta formular una hipótesis que, una vez confirmada, utiliza para avanzar en el conocimiento. De igual modo, Jean Prieur recibe misivas en las que le exponen hechos, experiencias personales. Todo un conjunto de testimonios valiosos siempre y de los cuales podemos extraer un mayor conocimiento sobre el Más allá.
Merecen un alto grado de confianza las manifestaciones privadas venidas sobre todo de familiares fallecidos que, en general, nos hablan de su felicidad. Otra característica de esos mensajeros del bien es que siempre recomiendan una tranquila espera para reunirnos con ellos. Cada cosa a su tiempo. que todo llega. No es preciso anticipar los acontecimientos, ellos solos se presentarán.
Es posible que muchos duden cuando se informan sobre apariciones de fallecidos que, mediante un aviso, evitan a un familiar o amigo un accidente. Seguro que quien obtiene ese beneficio directo no lo pone en duda y tampoco le inquietan las opiniones contrarias: él sigue aquí para contarlo como testigo directo.
¿Puede tener el cuerpo sutil una consistencia física similar al cuerpo físico? ¿Alguien lo ha comprobado? ¿Qué decir cuando desde el Más allá nos recomiendan: “cada uno debe permanecer en su realidad”? ¿En que realidad viven nuestros difuntos? Paciencia, este capítulo contiene 17 cartas con sorpresas garantizadas. Todas tienen premio.
¡Buen día!
CAPÍTULO IX – SUS TESTIMONIOS
X.1 Las fuentes del conocimiento esotérico son de tres clases: Observación, experiencia vivida[1] y testimonial. No es suficiente con recoger los hechos, se necesita clasificar, analizar, comparar. Ese trabajo tiene como finalidad poner orden en la multiplicidad de fenómenos y extraer grandes leyes. El método científico se puede aplicar en el dominio de los espíritus y añadir a las ciencias químicas, matemáticas, naturales y físicas, las ciencias sobrenaturales y metafísicas.
Este capítulo reúne los testimonios de numerosos lectores que no proponen ninguna pregunta, pero relatan los hechos que han constatado. Estos documentos son por lo tanto aberturas por las cuales podemos entrever la riqueza y la complejidad del mundo paralelo.
Como regla general, dichas experiencias son interiores y subjetivas; no visibles, no reproducibles, no tangibles, no mensurables, no fotografiables; eso no significa que estén desprovistas de realidad. Los siete adjetivos precedentes podrían también aplicarse a nuestro pensamiento que está en nuestro interior y es más real.
Jeanne: «Mi carta no es una petición, sino un testimonio. No me nombre, llámeme simplemente Jeanne para rendirle homenaje.
Al acabar la última guerra y el penoso período que le siguió, conocí a una refugiada, Jeanne Ollinger. Era una mujer ya entrada en años, buena y servicial, que me prestó grandes servicios en una época donde la vida, ya difícil, se me complicaba por la presencia de mi madre, gran inválida a la que no podía dejar nunca sola.
Jeanne se mostró perfecta; nos hicimos verdaderas amigas y estoy segura de que era incapaz de mentir. Esto es lo que me contó:
Víctima de la maldad y de los celos de su suegra, Jeanne fue abandonada por su marido y, sola, debió ganarse la vida y la de su pequeña hija colocándose como criada. Después, ambas mujeres no vivieron ya en la misma ciudad.
Una noche, Jeanne tuvo una pesadilla que se reanudaba tan pronto como se dormía de nuevo. Escuchaba a su suegra que le suplicaba: “Jeanne, voy a morir; ¡dime que me perdonas!”.
“No”, decía Jeanne, “usted me ha hecho sufrir mucho”, y se despertaba angustiada. Tan pronto como se dormía, la misma pesadilla comenzaba: “Jeanne, ¡sé mejor que yo! Yo era muy mala, lo sé; pero te pido que me perdones”.
“No, ¡jamás! Es superior a mis fuerzas. No me pida lo imposible. Usted me lo demostró demasiado”.
“Jeanne, voy a morir, ¡ten piedad!”.
Al final, Jeanne respondió: “Bien, sí, le perdono”.
“Gracias” dijo la agonizante, y la pesadillo terminó.
Al día siguiente, Jeanne vio llegar a su cuñado muy conmovido. “Nuestra madre acaba de morir” dijo él “y ¡qué noche nos ha hecho pasar! Se debatía y repetía: “¡Jeanne, perdóname!” y después, por fin, murmuró: “Gracias” y se apagó tranquilamente”»
Yo no añadiría nada a esta historia tan hermosa, tan dramática. Según su deseo, nombraré sólo a Jeanne, una gran alma que supo practicar el tan difícil arte del perdón.
X.2 Patrick: «Le interesarán algunos de los extractos del Le Figaro magazine del 15 de septiembre de 1984, donde Salvador Dalí hace unas declaraciones sorprendentes:
“Exijo una vida en el Más allá con persistencia de la memoria. ¡Prefiero antes renunciar a la beatitud con tal que en la eternidad me acuerde de todo!
En cuanto a la resurrección del cuerpo, ¡es indiscutiblemente el mayor de los misterios y el más potente motor de la religión! Es lo que nos hace adherirnos, lo queramos o no, y yo el primero.
Probablemente la formulación del dogma es simbólica y los corpúsculos gloriosos que nos recomponen después de la muerte no tienen nada de común con la carne. Inmortalidad sin duda, como deslumbramiento, dilatación, magnificencia abstracta. Sin embargo la idea de que pueda cambiar de forma, aun muy gloriosa, me es francamente desagradable.”»
Si yo hubiera estado encargado de esa entrevista, habría podido responder a Dalí: “Sí, la memoria subsiste íntegramente, pues una inmortalidad sin recuerdo sería un engaño. Sí, la forma humana se conserva y los átomos de luz la reconstruyen. Sí, se trata de la resurrección inmediata de los cuerpos metafísicos y no de la resurrección de la carne al fin de los tiempos.”
Tras la muerte de Gala, su esposa y musa, Dalí renunció a sus chistes, logrando una notable evolución espiritual.
X.3 Véronique: «Había leído en un libro de parapsicología que era posible tener una ensoñación coherente, precisa, sabiendo perfectamente que se sueña. Sin embargo, esa cosa me ocurrió el mes pasado. Estas son las circunstancias: Paseo por mi jardín, cuando percibo a Hervé, mi marido, fallecido el año pasado, a la edad de treinta años. Se pasea arriba y abajo en el jardín de nuestros vecinos, con los cuales no tengo ninguna relación. Está erguido, con aspecto saludable, mientras que su enfermedad había sido larga y dolorosa. Le grito: “¿Pero ¿qué haces tú en casa de los B.? ¡Vente conmigo!”
En seguida salta, o más bien vuela, por encima de la pared medianera y me toma en sus brazos. Le devuelvo su beso y cobijo mi cara en su hombro. Quedamos así mucho rato. Luego murmuro: “¡Ah! Sé bien que es un sueño, un juego de mi imaginación. Voy a despertarme y te perderé por segunda vez”. Él me responde: “No, no es una ilusión. Ven, vamos a dar una vuelta a lo largo del canal”. Me echa el brazo por el talle y me lleva allá, como en el pasado. Le pregunto si es feliz allí donde está. “Sí, muy feliz. No tengo nada enfermo, tú verás lo bueno que es no sufrir por el cuerpo. Pero te extraño mucho. Sin embargo, no trates de reunirte conmigo. ¡Nada de tonterías! ¿Me lo prometes?”.
Y de nuevo me toma en sus brazos. Y yo le repito: “Sé que es un sueño y que te voy a perder. Todo esto es el resultado de un deseo mío. Necesito que me des una prueba material de tu tránsito. Coge, por ejemplo, y cambia de sitio alguna cosa en tu despacho. Dame una señal concreta, bien evidente”.
“¡De acuerdo!” me dijo. Dimos todavía algunos pasos y desapareció no sé cómo. Me quedo sola en el camino de sirga[2]»
Cuando me despierto, estoy llorando. Ya es de día y me digo que sería el momento de ir a ver si algo ha sido desplazado en su despacho. Pero tengo tanto miedo de ser decepcionada que no me apresuro. No es posible, eso sería verdaderamente demasiado hermoso.
Al fin me decido, subo al piso, entro y la primera cosa insólita que percibo es la mesita sobre la que él tenía la costumbre de escribir. En lugar de estar, como de costumbre, junto a la ventana, se encuentra desplazada a unos tres metros, directamente en medio de la sala. Un gran escalofrío me invade y murmuro: “¡Gracias!”
Mi carta es más un testimonio que una serie de preguntas. Sin embargo, hay una cosa que me intriga: ¿Por qué Hervé se paseaba en el jardín de al lado y no en el nuestro?»
Es una bonita aventura psíquica la que usted ha vivido y todos los elementos se explican por sí mismos. Tuvo un verdadero reencuentro. El jardín de los vecinos, con los cuales usted no tiene ninguna relación, es el mundo de los espíritus con el que no buscó especialmente contactar. La pared medianera entre nuestro mundo y el suyo no es un obstáculo para su marido, que sabe cómo hacer para comunicar. La mesa desplazada forma parte de las señales materiales tan difíciles de obtener. Ha sido realmente favorecida. Con seguridad él la visitó.
X.4 Nathalie: «Él es drogadicto, pero le quiero. Tiene el sida y no le quedan más que tres años de vida, lo sé. También soy víctima del sida. Estaba encinta y me hice abortar. Mi preocupación es la siguiente: Puesto que sé que la muerte está próxima, ¿existe otro mundo? Si eso es verdad, entonces desearíamos todos ir al Más allá.»
Sí, el otro mundo tiene una existencia de lo más real y poco a poco se está edificando una verdadera ciencia del Más allá. Desde hace dos siglos, las pruebas y las experiencias se están acumulando. Se han constituido sociedades psíquicas (sobre todo en los países anglosajones) para el estudio de los fenómenos paranormales y sabios como Crookes en Gran Bretaña, Flammarion y Richet en Francia, le han consagrado sus investigaciones y sus experiencias.
En el Más allá, las enfermedades, los problemas del envejecimiento han desaparecido con el cuerpo físico: El cuerpo espiritual no está nunca aquejado. Si alguna vez los fallecidos se aparecen a los videntes auténticos y a los videntes ocasionales, cuando estamos en el sueño, con sus deficiencias de antes es simplemente para hacerse reconocer.
Así es como una vieja parienta, fallecida hace mucho tiempo, se mostró ante mí caminando con dificultad y apoyándose sobre una garrota, simplemente para darme una prueba de identidad. Ella no necesita una garrota en un mundo donde el sufrimiento físico y la discapacidad están definitivamente eliminados. Allí, o mejor Allí arriba, toda deficiencia está reparada, los lazos de amor provisionalmente desatados se reconstituyen más fuertes y duraderos.
Cierto es que, en ese mundo más feliz, hay que rendir cuentas, pero se encuentra en presencia de una justicia con seguridad justa, que conoce los verdaderos móviles y juzga los actos a la luz de la verdad. Sí, el otro mundo es infinitamente más armonioso y más equitativo que la Tierra, pero ello no es razón para adelantar la llamada. La convocatoria llegará de todos modos, es la única cosa segura al 100%.
X.5 Fabrice: «Este es mi problema: Perdí a mi madre hace ya diez años y no logro superar mi pena. ¡Voy varias veces por semana al cementerio y todavía regreso abrumado!
He probado a contactar con ella por medio de videntes, de pedirle sus consejos, pero no estoy seguro de que sea ella quien me responde. Aunque he pasado la treintena, tengo más y más necesidad de mamá.»
Voy sin duda a parecerle un poco duro, pero lo necesita. Su actitud me parece demasiado desesperada, después de diez años de la ausencia de su mamá. Con seguridad, usted continúa amándola profundamente, es normal. Pero, tanto como comprendo que una madre no pueda recuperarse de la muerte de un hijo, porque es contrario al orden de las cosas, tanto me parece exagerada la actitud inversa y podría convertirse en obsesión.
Como digo a menudo en el diálogo con mis lectores, se debe vivir la vida presente y lo mejor posible.
Por supuesto, es bueno pensar en nuestros seres queridos, está bien rodear de flores su foto, pero es malo acosarles por intervención de médiums, de preguntarles sin cesar y hacerles volver su pensamiento hacia un lugar que deben olvidar: la tumba. Los cementerios están vacíos y no lo repetiré nunca bastante.
Ya sea aquí o en el Más allá, nuestro amor no tiene el derecho de ser posesivo. No debemos nunca pesar sobre nuestros desaparecidos.
X.6 Blanche: «En el día de la Fiesta de la Madre, siento más que nunca la soledad. Mi marido y mis dos hijos han pasado al otro lado. De manera general, temo las fiestas, sobre todo Navidad, cuya noche ve aumentar la tasa de suicidios.
Cuando llegan esas fiestas siniestras, no tengo más que una idea: levantarme lo más tarde posible, dormirme lo más pronto posible. Me llevo bien con la familia (colateral) y algunos amigos, pero en esos días la familia recibe a sus amigos y los amigos reciben a su familia…»
El siguiente mensaje de Roland, pues la madre siguió el mismo camino de neblina, parece haber sido escrito para usted:
“Las fiestas son pruebas para ti, ellas forman perlas sobre el mantel blanco de tu alma, como gotitas de sangre. No creas que eso se pierde a los ojos de Dios. Tu vestido para entrar será bordado aquí con todas tus lágrimas, millones de pequeñas bolas transparentes en las que vibrarán los siete colores del arco iris. ¡Estarás guapísima el día que entres en el reino de Dios!…
Para ser recibido en la corte de un soberano hay que vestirse con el traje adecuado; para entrar en la casa de Dios ha de tejer uno mismo su vestido celeste.»
X.7 Phillippe: «En diciembre de 1990, durante una sesión en la que estábamos mis amigos y yo, planteé una pregunta a los Espíritus: “¿La guerra del Golfo se iniciará en 1991?” Respuesta: “No, Saddam Hussein acabará por ceder y se retirará de Kuwait en los últimos días de este año 1990”.
Ya se sabe lo que ocurrió. Concluyo que los Espíritus no conocen el futuro y que es imposible confiar en ellos.»
Los Espíritus están lejos de saberlo todo. Están lejos de ser todos ilustrados y benéficos. Es siempre imprudente preguntarles sobre el futuro. Como no quieren reconocer su ignorancia y sus faltas, cuentan no importa qué. Dicen lo que nosotros esperamos, lo que nos gusta oír.
Solamente los espíritus superiores, los que llevaron a cabo su regeneración, ven mejor que nosotros el futuro. Lo abarcan de un vistazo. Lo ven en su conjunto, los detalles se les escapan. Están en la situación de un hombre que descubre un vasto panorama desde una alta montaña. Percibe las cimas más lejanas, pero no observa una mata de genciana muy próxima.
X.8 Liliana: «Durante mi sueño, sentí una violenta descarga eléctrica en la columna vertebral, mi cuerpo se tensó, se revolvió en mi cama, noté que salía de mi cuerpo. Después, en otro cuerpo, suspendida en el aire, en mi habitación, me vi en el lecho, totalmente rígida en la cama. Enseguida fui propulsada, pero esta vez más dulcemente, a ese “otro mundo”, universo de calma, paz y dulzor… Al principio de color negro, rojo oscuro, luego rojo claro. A pesar del silencio, sentía que no estaba sola, pues todo era vibraciones a mi alrededor. Había pequeños torbellinos de luz, y después la luz se volvió azul claro, amarilla, malva, naranja, verde. Percibí, a lo lejos, un personaje centelleante, me pareció que era del tamaño de un niño, deslumbrante de luz blanca, elevaba su mano por encima de una muchedumbre invisible. Pregunté: ¿qué hace? Y alguien me respondió: ¡magnetiza a la gente! De nuevo me encontré en mi cama, acostada y feliz.»
Tuvo un verdadero baño de luz y de paz, porque el desdoblamiento era espontáneo. Usted alcanzó las zonas claras de Astral superior.
X.9 Valentine: «Después de varios años difíciles, de sufrimientos físicos y demás, pensaba que había terminado mi calvario. Desgraciadamente, el 16 de diciembre pasado, mi hijo Christophe fallecía en un accidente de moto. Vivo como si estuviera a mi lado. Es mi fuerza, rezo por él. Desde entonces oigo crujidos en su silla, en su marco. Cuando le hablo, la casa me responde. Un médium le contactó y dijo que es feliz, pero triste de ver mi pena. ¿Nuestros desaparecidos escuchan nuestras oraciones? Y nosotros, los vivos, ¿les hemos perdido mientras quedamos sobre la Tierra? Cuando estoy sola, está siempre en mi espíritu y hago decir misas por él. Un mes después de su muerte, mi hermano, mi madre y yo, que no vivimos juntos, hemos tenido el mismo sueño, la misma noche. Christophe decía: “Estoy resucitado, no os olvidaré nunca”.»
Le dio señales de vida mediante los crujidos en su silla y en el marco que rodea su retrato, pues son objetos en relación directa con él. Pierre, un amigo hoy fallecido, me decía que los crujidos que escuchaba después de la muerte de su mujer no se producían más que en un cuadro que le había regalado. Así que, que no vengan a hablarnos de variaciones de temperatura que hacen crujir la madera. El fenómeno es inteligente y selectivo. ¿Qué ocurre? El pensamiento amoroso del desaparecido es una onda que viene a golpear una materia viva, la madera, para darnos una prueba de su presencia. Deduzco también que el mismo sueño lo han tenido la misma noche tres personas distintas, en lugares diferentes. Si lo hubiera conocido lo habría citado en mi libro “La premonición y nuestro destino”. No menciono en esa obra más que un solo sueño ocurrido simultáneamente por el marido y la esposa durmiendo uno al lado del otro.
Concluyo que Christophe vino realmente en su cuerpo espiritual para comunicar un mensaje esencial: «He resucitado, no os olvidaré nunca». Hay de todo en esa frase: la resurrección inmediata, la felicidad de los seres puros, el amor indestructible y más fuerte que la muerte.
Sobre las misas… si usted quiere, a condición de que sean meditadas, rezadas, y no farfulladas mecánicamente. Estoy persuadido de que Christophe, que había comenzado su evolución en esta Tierra, ascenderá rápidamente a las esferas elevadas de la otra vida, donde sus oraciones le acompañan.
X.10 Béatrice: «Desde hace muchos años, experimento sucesos poco comunes. Todo comenzó cuando tenía 15 años; ahora tengo 32. Eso se produce únicamente durante mi sueño. Me duermo y, en cierto momento, siento mi cuerpo volverse duro y rígido, como de madera. Mi ritmo respiratorio se acelera y oigo voces que me hablan, gentes que me tocan. Sus actitudes pueden ser dulces u hostiles. Lucho contra esos desconocidos, me siento salir de mi cuerpo físico y puedo, así, pasear en ingravidez, recorrer mi apartamento, ir al exterior y viajar a donde yo quiero. Esas experiencias han demostrado ser exactas. Por ejemplo, durante un viaje en el astral me encontré en la propiedad de un amigo. Me hice daño al abrir el gran portón de hierro que estaba roto. Visité el lugar. Más tarde, encontré a ese amigo y le aconsejé reparar su portón. Se sorprendió, pues yo no había visitado nunca su casa y no conocía ni la existencia del portón roto, ni la distribución de la casa, que sin embargo le describí.
No he buscado una explicación, pero se produjeron otros hechos similares y no creo tener los dones de mediumnidad. Sería feliz si usted pudiese ayudarme a comprender lo que me ocurre. Me aseguraron que ese género de fenómenos era peligroso.»
Las experiencias de desdoblamiento que usted relata no son peligrosas cuando son espontáneas. Todo se produce al margen de su voluntad, en el curso del sueño. Es una aventura que le puede ocurrir a cualquiera de nosotros. Durante el sueño, el espíritu se escapa provisionalmente del cuerpo y puede ir ya sea al mundo intermedio, donde reencontrará amigos y familiares desaparecidos; sea a un lugar terrestre donde percibirá un detalle preciso destinado a probarle que se trata de un desdoblamiento y no de un simple sueño. Es lo que le ocurrió con el portón de su amigo. Si eso hubiese sido en presencia de un gato o de un perro en el momento de su visita, esos animales le habrían visto y habrían dado señales de inquietud o cuando menos de sorpresa. A este propósito, quisiera que, a todos los lugares de aparición, llevemos animales para observar sus reacciones, pues son médiums[RA1]  auténticos y sinceros. Su experiencia es interesante, dado que notó que a veces hay presencias hostiles, en esa zona entre vigilia y sueño. Para protegerse es necesario rezar antes de dormirse. Así, usted no contactará más que con seres benéficos.
X.11 Laure: «Tengo una amiga que acaba de perder recientemente a su hija. Esta amiga me había regalado el año pasado un centro de mesa en cerámica que pongo habitualmente sobre una mesa redonda y sobre la cual tengo puestos cuatro volúmenes gruesos y pesados. Poco tiempo después del deceso, escucho un ruido al cual no presto atención de manera especial. A la mañana siguiente percibo que sobre la mesa redonda uno de los grandes libros se había deslizado y hecho bascular el pesado centro de mesa que se mantenía en equilibrio inestable, en el canto, en posición vertical. Pensé inmediatamente que eso podía ser un mensaje. Tomé un juego de tarot[3] que comprende 54 cartas con las letras del alfabeto y pregunté mentalmente si la persona fallecida quería comunicar. Tiré al azar 25 cartas y recibí esta respuesta: “Si, decir a mamá que vivo”.»
Es un mensaje impresionante. Usted ha recibido, con seguridad, una manifestación de esa joven. Aunque el mensaje parecía breve, era espontáneo, concreto, y contenía lo esencial. Tiene la evidencia, la vida continúa para ella en el País de Después. El centro de mesa en vertical, la combinación de letras y cartas, todo eso puede parecer extraño, pero se debe comprender que los fallecidos utilizan para comunicar los medios que les parecen más capaces de llamar la atención: ruidos de vasos que se mueven, golpes repetidos. Podemos considerar esos incidentes, si se presentan en un contexto inusual, como intervenciones de nuestros desaparecidos. Tales manifestaciones sobre un objeto preciso, en general un regalo, como ese centro de mesa de cerámica, son, por otra parte, mucho más frecuentes de lo que se dice, pero pocos beneficiarios tienen su presencia de ánimo para ponerse a su escucha.
X.12 Marie-Pia: «Imperturbable, ¡la palabra “eterno” unida al infierno continúa su carrera en el Catecismo Romano! Igual que en el pasado… Como si la fe no se hubiera hecho en nuestros días algo muy difícil, particularmente para las nuevas generaciones. Porque los jóvenes viven en un tiempo en el que incluso la justicia humana ha sabido abolir la pena capital para los peores criminales. Con mayor razón, se les hace imposible imaginar un Dios que continúa manteniendo ese suplicio mayor que es el infierno eterno.»
El simple hecho de llamar al infierno “eterno” ¿no le pone en sucia rivalidad con Dios, que debería ser el único portador de ese atributo? Él, que posee por esencia la exclusividad… El infierno es así portador de una trascendencia cuasi en concurrencia muy cercana a la de un contrapoder. Está entronizado a un estatus exorbitante.
Por otro lado, la dificultad resultante de esta competición contra natura se acompaña de otra dificultad propia de nuestra época. ¿No vemos con cierta frecuencia a nuestros predicadores y autores religiosos complacerse en evocar al “¿Dios de ternura”, al “Dios del perdón”? De esta forma, una inquietante brecha se abre en los espíritus en cuanto a este Todopoderoso tan bueno, pero que no deja de abandonar a su criatura al engranaje de la condenación eterna sin apelación.»
Su análisis es destacadamente perspicaz y debería incitar a los autores del Catecismo de la Iglesia católica a revisarlo. A Dios solo, en efecto, debería estar reservada la palabra eterno que significa no solamente que no tiene fin sino también que no tuvo nunca comienzo. Sin embargo, es de sobra conocido que el infierno comenzó un buen día (si me atrevo a decir) para meter al primer criminal. Por otra parte, la palabra griega aiôn significa larga duración y no duración ilimitada.
X.13 Un testimonio venido de Toscana:
Lucia: «Era una ensoñación a mitad de la noche. Yo avanzaba por una carretera recta bordeada de pequeños árboles y que se prolongaba hasta el infinito. Bancos públicos en ambos lados, una muchedumbre de gentes que charlaban y cantaban, despreocupados, felices. Todo el lugar bañado en la luz; sin embargo, no se veía el sol. Yo continuaba marchando en un paseo sin objeto…
De repente percibo a Giovanni, mi hermano, fallecido unos meses antes. Está solo en uno de los bancos. Me sonríe y también parece feliz. Le miro durante un rato. Sé que no está en nuestro mundo, pero que él puede a veces visitarnos. Me voy hacia él, quisiera preguntarle sobre su nueva vida, sobre sus compañeros, sobre el Más allá en general. Habiendo leído mi pensamiento, él me respondió rápidamente:
“No puedo explicarte lo que concierne a nuestro mundo. Por otra parte, no estás autorizada a saber”.
Me aproximo a él todavía más. Quiero abrazarle, pero no agarro nada, su cuerpo es tan impalpable como el aire. Estoy terriblemente decepcionada, pues soy muy realista, muy física, muy carnal. Me encantaría que se materializase.
Le digo: “Giovanni, necesito tocarte, estar contigo carne contra carne. Él me responde: “¡Espera que pida esta gracia a Dios!”
Cosa extraña: habla con claridad, pero sus labios no se mueven. Junta las manos, concentra todas las fuerzas psíquicas, mira hacia lo alto y su cabeza está rodeada de luz.
Algunos instantes después, me tiende las manos y yo hago lo mismo. Las coge con fuerza y ternura. Inmediatamente, siento en mí como fuego, mi corazón explota de alegría. Me acerco a su cara, veo todos los detalles: los poros de su piel, los minúsculos pelos de su barba afeitada. Nos abrazamos, muy, muy fuerte. Esta vez estoy segura de haberle encontrado. Afloja el vigor de su abrazo y me dice:
“Ahora, debo dejarte”.
“Si te vas yo también me voy, para compartir tu felicidad”.
Y él, con una sonrisa muy dulce, se sonríe como le veo en todas las fotos.
“Hay un momento para cada uno de nosotros. Cada uno debe permanecer en su realidad. Tú no puedes, no debes venir ahora. Aún no es tu hora…”
En ese instante me despierto. Estoy inmersa en alegría y paz, pero también en la tristeza de que él haya partido. Es entonces cuando siento nítidamente sobre mi mejilla las pequeñas picaduras causadas por la barba no muy bien afeitada. Era más, mucho más que un ensueño. Yo no sabía que el cuerpo espiritual era hasta ese punto substancial y semejante al cuerpo físico.»
Lucia, yo quisiera dirigir la atención del lector sobre la frase más importante de su precioso testimonio: «Cada uno debe permanecer en su realidad.»
X.14 Robert: «Hace diez meses, yo circulaba a 160 Km/hora, me volteé y fui a aterrizar en un campo por debajo de la carretera. En el momento del accidente escuché una voz que me ordenaba agarrarme a mi volante. Es lo que hice. Quedé tirado con dos vértebras rotas, fue necesario hacerme un injerto y ponerme una placa. Hablé de esa voz al capellán del hospital, que me animó a contar este hecho. Hablé también a mi psicoanalista, que me respondió: “Es su subconsciente quien intervino”. Yo quisiera tener su opinión sobre este problema que me preocupa mucho.»
Mi opinión es que usted tuvo mucha suerte al haber atendido a esa voz que, en el momento adecuado, le salvó la vida. Una persona del mundo paralelo, que le conocía y le quiere, se manifestó ante la catástrofe y usted tuvo la serenidad de hacer lo que ella le recomendaba. Espero que en adelante renuncie a los 160 Km/hora, pues tales prodigios no ocurren en todos los golpes.
Los psicoanalistas atribuyen todo al inconsciente, pero el inconsciente no es una persona pequeñita que se aloja en un rincón nuestro y ve con anticipación los peligros que nos amenazan.
El inconsciente contiene pensamientos, imágenes, conceptos y afectos relativos al pasado. Sin embargo, en su caso, era cosa del presente más inmediato. Por lo tanto, alguien del exterior a usted mismo le protegió sin que le hubiera invocado. Agradézcaselo a ese desconocido. Atribuir ese milagro al inconsciente, por tanto, a usted mismo, sería un insulto con respecto a quien desempeñó el papel del ángel de la guarda.
A menudo se sirven del inconsciente para negar las acciones del Más allá, sobre todo los mensajes. Yo no niego el inconsciente, digo solamente: es un medio, es un canal por el cual los espíritus pueden ayudarnos. El inconsciente es la parte de nosotros mismos que está en relación con el Más allá.
Su capellán que, contrariamente al Catecismo de 1992, cree en la resurrección inmediata es un hombre de la verdad.
X.15 Janine: «Aquel día, acababa de tocar al piano el concierto en re menor de Bach. Siempre que lo escucho me transpongo, estoy como extasiada, siento vibrar mi cuerpo sutil. Cerrando mi piano, digo en voz alta: “¡Es magnífico!”; pero en el momento en que cesa la música mi pena vuelve: “¡Ah! mamá y papá, ¡cómo me desespera este gran vacío!” Y luego reacciono, me levanto, debo responder a una carta. Abro el cajón de una cómoda para buscar una tarjeta postal y la primera cosa que percibo es este mensaje: “Nos gustaría tenerte entre nosotros, pero debemos abrazarte desde lejos. Tus padres”.
Cada día, abro ese cajón en el que pongo mis cartas, papel para escribir y sellos y no he visto nunca este final de carta, escrita en julio de 1969, en Lugano. ¿Cómo es posible que ese papel me haya desaparecido?»
Se trata de un aporte destinado a responder a su planteamiento sobre el vacío que le desesperaba. En general, cuando hablamos de aporte, se piensa en un objeto que llega del exterior. En su caso, ese final de carta se encontraba en alguna parte en el apartamento y no en el cajón que usted abre cada día. Sus padres lo percibieron, lo desmaterializaron, lo rematerializaron en seguida y lo colocaron en lugar destacado en la cómoda.
Parecida aventura me ocurrió a mí y por eso puedo explicar la suya. Acababa de declarar a un periodista: “Yo mismo constaté todos los fenómenos psíquicos de los que hablo en mis libros, todos salvo uno: los aportes.”
Esa misma tarde, sobre un montón de libros que hay en el recibidor percibo, de modo evidente y a la altura de mi mirada, una obra que había buscado inútilmente desde hacía tiempo por todo el estudio.
En su caso, como en el mío, se debería hablar de transporte más que de aporte, al haber sido misteriosamente desplazado el objeto en el interior del mismo apartamento.
X.16 Salomé: «Soy una mujer mayor y conocí mucho, a finales de los años 40, a Sr. André Richard, fundador del “Foyer de Spiritualisme” de Douai. En su folleto sobre los fenómenos mediúmnicos relata un hecho extraordinario sobre el cual él había investigado personalmente. Es este:
“El señor G…, jefe de equipo en las minas de Aniche, vio una noche en el sueño la imagen de un amigo, fallecido durante la guerra de 1914-1918, que le decía: “¿Quieres venirte conmigo?”
Al despertar, el Señor G. contó el sueño a su familia y luego se fue a la mina.
Mientras estaba trabajando, un bloque de carbón de alrededor de 2000 kg se desprendió y cayó.
En ese mismo momento, vio una gran forma blanca parecida a su amigo que le empujó enérgicamente hacia atrás. Ese gesto salvó del aplastamiento al Señor G., que no tuvo más que fuertes contusiones”.
Estoy segura de que este relato interesará a sus lectores.»
Estoy igualmente seguro y le agradezco habérmelo transmitido. Lo que me impresiona en esta historia es la fuerza con la que el difunto de la guerra del 14-18 empujó hacia atrás a su amigo, el jefe de equipo. Una vez más, constatamos que el cuerpo espiritual es un organismo substancial y vigoroso y no un vapor, una espuma. Este organismo sutil puede, llegado el caso, ejercer una acción sobre la materia.
Por otra parte, con relación a la pregunta hecha en el sueño: “¿Quieres venirte conmigo?” , el superviviente del accidente respondió con una negativa; si no, su protector del otro mundo habría dejado que el enorme bloque de carbón cumpliese su obra de muerte.
X.17 Lucrèce: «He leído que nuestros desaparecidos pueden ejercer a nuestro alrededor misiones de protección y que, en general, nos advierten durante el sueño. Quiero aportar mi testimonio sobre este asunto.
La semana pasada, en plena noche, fui bruscamente sacada de mi sueño y obligada a ir hacia la chimenea del salón. Constato que el fuego proyectaba chispas y carbonilla sobre la cuna donde dormía mi hijo. La manta comenzaba ya a humear…Creo que es una manifestación de mi madre.»
Yo también lo creo. Sin embargo «ellos» pueden también advertirnos, aunque estemos en plena lucidez. Llamo a eso moniciones. Describí en “La Premonición y nuestro destino” la historia del motociclista fantasma que llega para hacer señales a su amigo, el cual circula a toda velocidad, y le obliga a pararse. Eso hace que el automovilista descienda del coche y descubra que la carretera está cortada, que tras un obstáculo hay una excavación enorme y que la señalización luminosa no funcionaba.

[1] Por el investigador, como le sucede al autor.
[2] Camino publico a lo largo de un cauce (NdT)
[3] La interlocutora utilizó unas cartas de Tarot llamadas de Lenormand (NdT)











JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (11) Capítulo XI: “OBJECIONES Y CRÍTICAS”
abril 28, 2014 in El País de después
Jean Prieur recibe en esta ocasión una serie de planteamientos que muchos de nosotros alguna vez nos hicimos y han quedado, sin más, a la espera. Este es un buen momento para conocer las dudas de otros, sus inquietudes:
- Una pregunta difícil, esta vez resuelta mediante una respuesta sencilla: ¿reciben mensajes los no cristianos y los no creyentes o es acaso una prerrogativa del mundo cristiano? Es curioso, porque parece que si alguien niega la existencia de Dios no va a recibir ninguna señal de Él. ¿Nunca?
- ¿La escritura automática es una manifestación exclusiva de nuestro inconsciente? Porque, a simple vista, es una mano con un lápiz que el cerebro puede dirigir sin más problemas.
- ¿Por qué los traspasados no nos comunican nuevos conocimientos con que logremos curar más enfermedades? Pregunta difícil y comprometida.
- En muchas ocasiones el contenido de los mensajes recibidos del Más allá es de un bajo nivel cultural que desilusiona ¿Es que en el Más allá no seremos capaces de progresar y seguiremos con lo poco que hayamos aprendido en la Tierra? Si en la vida terrenal no pudimos estudiar por falta de medios económicos ¿podremos evolucionar, aprender en el Más allá? Parece que ese viaje no merece la pena si en la nueva vida continuamos tan ignorantes.
- ¿Se cumple la ley del karma? ¿Se cumple la ley de causa y efecto? Es decir, ¿se recoge lo que se ha sembrado?
El lector, supongo, espera un rayo de esperanza y acierta, pues Jean Prieur, conciso siempre, rico en sus palabras, nos contesta y sabe resolver las dudas.
¡Buen día!
CAPÍTULO XI – OBJECIONES Y CRÍTICAS
XI.1 En los años 60, cuando Marcelle de Jouvenel y yo, nos esforzábamos por dar a conocer los mensajes de su hijo Roland y demostrar la realidad, la proximidad del mundo espiritual, ella me dijo un día:
«En 1946 tracé la primera línea, pero, después de mí, verá usted como será atacado, como yo lo he sido, por los dos lados a la vez, atacado tanto por los cristianos como por los racionalistas. ¡Ah! Había olvidado una tercera categoría, que no ataca, pero nos utiliza: los predadores, esos que sacarán las castañas del fuego, que se servirán de mis trabajos y de los suyos, sin nombrarnos, y atravesarán las puertas que nosotros hemos abierto.»
La predicción era exacta.
«¿Cómo puede ser -pregunta Francis- que encuentre en los mensajes del Más allá tantos errores, divergencias, contradicciones, tanta petulancia y frases vacías como en los medios de masas de la Tierra?»
Las explicaciones de Georges Morrannier son tan claras que le cedo la palabra:
“Debemos saber que nadie tiene, en nuestro lado, la ciencia infusa. La ignorancia está aquí tan extendida como en la Tierra. El tránsito [1] no nos hace más inteligentes. Es muy lamentable, pero es necesario resignarse. Debemos aprender, siempre aprender. Jim el hijo de James Pike, lo dijo como yo y como muchos otros. Aprender a vivir en un nuevo plano, aprender a corregirse, aprender a amar, y, en resumen, perfeccionar los conocimientos. Todo eso se hace sin demasiada dificultad en los planos elevados espirituales, pero en otros lugares ¡qué caos!
En ese lugar arrastramos, sentimos la Tierra, nadie se ocupa de nadie, salvo para incitar al mal; no se interesan por nada, no aprenden nada, no avanzan el más pequeño grado en su evolución. Esos desencarnados ociosos e inútiles se precipitan sobre los médiums que ven con un lápiz en la mano, o sobre las personas que preguntan en la ouija, o el vaso que llamáis adivinatorio. Están entonces muy ocupados en exhibir nombres célebres para inspirar confianza. No son forzosamente maliciosos, pero no están al corriente de nada, como tampoco del mundo en que habitan.
Por esta razón es por lo que hay a veces tantas divergencias en las comunicaciones que reciben los médiums. Cada uno persigue su idea, al igual que sobre la Tierra, sin tomarse el esfuerzo de verificar la exactitud.”
XI.2 Josiane: «Observo que los mensajes emanan siempre de medios cristianos, ya sean protestantes o, las más de las veces, católicos. ¿No existe, pues, nada de este género entre los medios agnósticos?»
Si, ¡exactamente! ¿Conoce usted el caso de Jean Quélavoine? Sus padres, campeones de la laicidad, no pertenecían y no querían pertenecer a ninguna religión. Él, era director de escuela primaria; ella, institutriz en el mismo centro. Los dos, enamorados de la filantropía y del pacifismo, militaban en los sindicatos. Hicieron a su hijo Jean, muerto a los 12 años, las exequias civiles. Algún tiempo después de la muerte de Jean, la señora Quélavoine, pasando por el vestíbulo de su apartamento, acaricia su abrigo colgado en el perchero. Ella, que cree en la nada, no puede abstenerse de dirigirse al desaparecido. Grita: “Jean, mi pequeño Jean, ¿Dónde estás?” Un ruido en el salón comedor y acude rápidamente… y ve una de las bombillas de la lámpara desprenderse y, en lugar de caer verticalmente, describir una parábola y posarse sobre el parqué a dos metros de allí, justo al pie del sillón de Jean, donde está colocada una gran fotografía de él.
La señora Quélavoine se agachó, recogió la bombilla y observó que en el parqué se veían trazos como si hubiese estado ardiendo. Cuando quiso ponerla en su lugar, se quedó estupefacta al comprobar que los tres tornillos que la sujetaban habían quedado bloqueados. Para acceder, debió aflojarlos uno a uno. Prueba muy material dada a personas que profesaban el materialismo.
Más tarde, el joven muchacho dictó mensajes que hacían alusión a las realidades espirituales de las que sus padres no tenían ninguna idea. El 12 de noviembre de 1942: “Sufrid el tiempo que pasa, no resignados, sino como almas conscientes de un destino que está en marcha y en el que vosotros sois los eslabones, sufrientes pero victoriosos por la lenta evolución, pero real, en Dios.” El 6 de enero de 1943: “Más fino que la seda, más ligero que el aire, mi cuerpo de luz sube… pero cerca de ti queda mi pensamiento, mi alma extasiada, que tan cerca, tan lejos de mi cuerpo de carne, está en ti, mi madre, mi madre de luz, mi amor humano que, desde mi verdadera Vida, no es ya sino divino.”
XI.3 Amaruy: «¿Cómo puede ser cierto que en el fenómeno de la escritura automática no sea nuestro inconsciente quien interviene y quien resurge?»
Es cierto que en la escritura automática nuestro mental interviene con frecuencia. Son entonces nuestros recuerdos, nuestros deseos, nuestros temores, nuestras ideas los que se vierten con precipitación sobre el papel. Sin embargo, si el texto que hemos escrito relata cosas que ignoramos, hechos absolutamente imprevisibles, entonces se trata de un verdadero mensaje del Más allá.
Una de mis lectoras estaba a punto de hacer en una pequeña agenda no escritura automática mediúmnica sino simplemente sus cuentas, cuando fue presa de somnolencia. Al despertar, constata que ella había escrito: «Tu padre acaba de partir». Comprendió que se trataba no de un viaje, sino del gran Viaje. Eso fue confirmado en las horas siguientes por un telegrama. Un espíritu al corriente del suceso le había inmerso en un corto sueño hipnótico, guiando su mano para anunciar una noticia de la que ella no tenía ninguna idea.
XI.4 Lise: «Mediante el método del vaso, entré en comunicación con una tía fallecida hace diez años. Ella se dio a conocer dando su nombre y algunos detalles familiares. Sin embargo, estoy muy asombrada por el contenido de los mensajes que son a veces decepcionantes por su banalidad. Yo creía que los desaparecidos tenían acceso a conocimientos que nosotros no tenemos en la Tierra.»
He transmitido su carta a Monique Simonet, con quien estoy enteramente de acuerdo. Esto es lo que le responde:
Algunos de mis corresponsales me escriben precisamente para criticar la banalidad de esos textos, cuando esperaban revelaciones extraordinarias. Pero la razón estriba en que la imagen que se hacen generalmente del Más allá es inexacta. Necesitan comprender que el ser humano no cambia súbitamente en “ángel” o en un “espíritu” omnisciente porque haya perdido su envoltura carnal. El otro mundo, del que nos llegan los dictados, es un mundo paralelo en el que existiremos después de la muerte del cuerpo físico. Los desaparecidos cargan con el contenido de su espíritu terrestre y no pueden súbitamente (si era un espíritu de inteligencia modesta) hacer largas digresiones filosóficas. Quieren sobre todo probarnos la supervivencia, a veces reconfortarnos y asegurarnos que nos aman siempre. Eso no está ya tan mal.”
XI.5 Negando a la vez la realidad de los espíritus y la posibilidad de comunicar con ellos, materialistas, escépticos y científicos de retaguardia están en su papel y en su derecho. Sus objeciones no son inapreciables y merecen ser examinadas.
Pero ¿qué pensar de los cristianos que tienen el mismo discurso y rechazan los fenómenos que encuentran en cada página de las Escrituras y en la vida de los Santos? ¿Qué pensar de esos teólogos católicos que enseñan a la vez la existencia del Purgatorio y la resurrección al final de los tiempos? Su escatología está más próxima a la de los Testigos de Jehová.
Nora acaba de reunirse con uno de entre los que, en nombre de la Biblia, afirman firmemente que los muertos están muertos por completo hasta la resurrección general y final.
“Pues el Más allá” – me dice- “no existe, no es más que una ilusión engendrada por su angustia, y todas las manifestaciones presentadas por sus lecturas son puramente diabólicas”.
“Salí de esa conversación completamente despistada.”
Un gran número de cristianos niega, en efecto, la resurrección inmediata del cuerpo espiritual y ello les conduce a sostener, como los materialistas, que la muerte es un sueño. Ese sueño interminable estaría seguido de un despertar en el fin de los tiempos. Un desencadenamiento de catástrofes precederá esa «resurrección final y general.»
Esto es lo que enseña el catecismo de la Iglesia Católica aparecido en 1992. Podemos leer en la página 212: «Artículo XI: creo en la resurrección de la carne». El credo cristiano culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al final de los tiempos.»
Esto mismo enseñan los adventistas y, hoy día, una gran parte de los pastores, mientras que sus predecesores del siglo XIX y comienzos del XX afirmaban la resurrección inmediata. Lo mismo que el propio Calvino, que publicó en 1542 un «Tratado por el cual se prueba que las almas vigilan (es decir están conscientes, no duermen) y viven desde que salen de los cuerpos, contra el error de algunos ignorantes que piensan que duermen hasta el día del juicio final.»
Lo que es una aberrante concepción de los Testigos de Jehová es que en el otro lado no existe más que el mal y la impostura. Las únicas atareadas en el mundo espiritual son las entidades demoníacas… de las cuales yo no niego la existencia. ¿A dónde son llevados los espíritus benéficos, los santos, los ángeles y los seres amados que hemos conocido?
Tranquilícese, están todos allí, cerca de los que piensan como ellos.
XI.6 Landry: «¿De dónde saca lo que usted dice sobre el Más allá? Se diría que usted estuvo en el otro lado. Habla de eso como si volviera de allí.»
¡He aquí mis fuentes! En primer lugar, los mensajes emanados de las esferas puras, que constituyen la parte filosófica y documental; a continuación, mis experiencias personales, siempre espontáneas, y las experiencias de otros que las confirman; luego, lo que podríamos llamar trabajos prácticos; y, por último, las escrituras judeocristianas y otras no cristianas.
En este momento, mi interlocutor, si es protestante o católico, frunce las cejas: “¡Pero la Biblia no habla, por así decirlo, de esas cosas!”.
A lo que yo respondo:
El Antiguo Testamento en su parte reciente y el Nuevo por entero hacen constante alusión a ello. El problema es que hablan brevemente, por metáforas y en desorden. La Biblia no se presenta como un catecismo, un curso o un tratado de teología, sino como un conjunto de relatos históricos, cartas, relatos breves (las parábolas), y junto a eso, en el Antiguo Testamento, recopilaciones poéticas y jurídicas. Todos los géneros literarios están representados; los diferentes autores aportaron a lo largo de siglos escribiendo según su temperamento, y su temperamento llenó de colorido su inspiración. Si admitimos que la vida futura, en particular para el Nuevo Testamento, es su ocupación dominante, gran cantidad de pasajes oscuros se vuelven límpidos. Lo mismo ocurre con el Apocalipsis. Ese libro capital se volvió claro para mí en el instante en que comprendí que no se trataba de ningún florilegio de catástrofes con el poder de alimentar la siniestrosis de nuestros contemporáneos, sino una revelación concerniente a la otra vida, una descripción por un visionario de los paisajes del Cielo. San Juan nos conduce a través de las zonas purgatoriales, infernales y celestes, en ese mundo inmenso que visitó en vida, en cuerpo espiritual.
XI.7 Guy: «“¡Cómo se deben aburrir en el Cielo!” me decía mi abuela, que era, sin embarg, una santa mujer. Yo tendería a compartir su opinión. Si se debe asistir de la mañana a la tarde a los oficios, multiplicar los rosarios, entonar alabanzas, confesar los pecados y proclamar la gloria del Padre, se deben aburrir como una ostra…aunque ya se haya hecho»
Me apresuro a tranquilizarle. La Otra vida es una vida activa y no una vida de contemplación inmóvil, como se la imagina demasiado a menudo. La vida eterna no es una ociosidad, un reposo eterno, eso que sería sinónimo de neurastenia insoportable, una variedad de infierno. No es más que una proyección del catolicismo para responder a sus «oficios» y sus «rosarios».
La vida espiritual engloba todas las manifestaciones de la energía humana, excepto, evidentemente, las que conciernen a la materia. Los desaparecidos que comunican con nosotros, y que yo llamo mensajeros, hablan todos de misiones que deben cumplir y las cuales todos acogen con alegría. El trabajo en el otro lado no tiene nada de agobiante, de fastidioso, como el que llega a veces aquí abajo.
Le daré algunos ejemplos de misiones de las que se encargan voluntariamente los que han pasado al otro lado del velo. Ante todo, la asistencia los moribundos: ¡Cuántas veces los que van a partir vieron a los otros miembros de su familia o amigos llegados para tranquilizarles, prepararles y anunciarles la noticia ineludible! Sabemos que no se trata de proyecciones, de imaginaciones, porque ocurrió que el agonizante vio cerca de él a cierta persona y se le había ocultado su defunción.
Cuando lo irreparable se ha consumado, cuando el gran viaje comienza, los espíritus que habían llegado a buscar al moribundo continúan acompañándole, para ayudarle, pues está desorientado en los primeros tiempos de su nueva vida.
El recién llegado está particularmente perturbado si no estuvo nunca preocupado de estas cuestiones durante su estancia terrestre. De ahí la necesidad de documentarse sobre estos problemas mientras nos queda tiempo.
XI.8 Tanguy: «En la estela de esos cristianos que no quieren oír hablar de supervivencia y del Más allá, una amiga adventista me cita unos versículos del Nuevo Testamento en los que dice que sólo Dios es inmortal:
“Dios es el Rey de los siglos, incorruptible e invisible, el Rey de los reyes, el Señor de los señores. Es el que nadie ha visto, ni se puede ver, el que da la vida a todo lo que existe. Él es bienaventurado y único soberano. El que posee, la gloria, el honor y la fuerza eterna. El que habita una luz inaccesible y el único que posee la inmortalidad.”
Así hablaba san Pablo en su primera carta a Timoteo, la cual se presenta como la síntesis de su pensamiento y su mensaje último. Conozco el pasaje, que es, en efecto, esencial. Todo lo que se puede saber de Dios está resumido en esas líneas: realidad universal y eterna, incorrupción, invisibilidad, felicidad, vida sobreabundante, luz, unicidad.
Solo Dios posee la inmortalidad: algunas sectas cristianas se amparan en estos versículos para negar la inmortalidad humana. Sin embargo, Pablo quiere decir que sólo Dios posee una inmortalidad por naturaleza. La inmortalidad humana (que se debe distinguir de la supervivencia, que es general), la inmortalidad humana no es automática, es un bien que la Divinidad acorde con los que la han deseado y meritado, es un don gratuito, una gracia.
IX.9 Angelica: «Cuando yo era joven (no hace tanto tiempo de ello), el 2 de octubre era consagrado a los santos Ángeles. De ahí mi nombre. Por misteriosas razones, debidas a la administración postal o a la administración eclesiástica, han sido cambiados y reemplazados por san Léger. ¿San Léger, os dice algo?»
No, querida señora, nada de nada. Para responderle tuve que consultar el omnisciente Larousse: «San Léger, Leodegarius, obispo de Autun, Neustrie, hacia 616, Saranium (hoy Saint-Léger en el Paso de Calais). Educado en la Corte de Clotaire II…» Evito el resto.
Creo que estas indicaciones no valen lo que este mensaje de Abel dictado a Caludette Combes:
“Los ángeles son seres llegados al final de su carrera y que evolucionan en lo sucesivo en las esferas divinas. No tiene alas, con seguridad, es la imaginería popular quien se complace en representarles así, sino que son tan radiantes que podemos tomar por alas esta claridad prodigiosa que los nimba. Nuestros cuerpos radiantes quedan muy materiales con relación a los suyos. Este es el término de toda evolución humana, lo que los cristianos llaman gloria.
Lo que llamáis ángeles están compuestos de ondas tan luminosas que, para vosotros, se basan en la luz. Absorbidos en la contemplación divina, no quedan menos inclinados sobre los humanos y cuidadosos de la Tierra.
Los seres finalmente realizados, los ángeles, si tú lo prefieres, son chispas de la hoguera del Espíritu. Llegados al fin de su evolución, están allí para enseñar y guiar a las otras criaturas. Entre ellos se reclutan los maestros, los profetas. Viven en los planos divinos y su materia es infinitamente sutil. Son de una belleza casi perfecta.
Tienen por misión proteger y ayudar a las criaturas de los diversos planos – siendo el vuestro el más pesado, el plano terrestre – y ellos los bañan con su maravillosa luz. Amadles, glorificadles. Son bellísimos.
Este guía de amor, que se acuerda de haber sido hombre y de haber conocido los errores y tribulaciones de la carne, en lo sucesivo ti ene por misión acompañar a cada humano, lo mismo al más pecador que al más cruel. Es el que vosotros llamáis el ángel de la guarda.”
XI.10 Rolf: «Tan pronto como se cuestiona sobre la otra vida, todas las religiones hablan de juicio, que tiene lugar inmediatamente después de la muerte o que se traslada al fin de los tiempos. Esperemos que ese tribunal divino sea menos defectuoso que los tribunales humanos.
Por otro lado, nosotros, los Terrenales, ¿qué podemos hacer por los que nos dejaron?»
El que usted perdió provisionalmente será juzgado según la justicia. Será alumbrado y guiado, una segunda oportunidad le será ofrecida. Usted mismo, instruyéndose sobre estos problemas e intercediendo por él, puede ayudarle en su progresión. La evolución continúa en la otra vida. Piense en él como en un ser vivo, háblele de aquellos que amó, háblele como hacía en la Tierra. La indiferencia y el olvido serían un asesinato. Pero no sea posesivo, tenga hacia él una actitud amable. No le sea un peso, no le asedie con sus peticiones, con sus problemas.
Realice aquí abajo lo que a él no le dio tiempo de cumplir, dele la posibilidad de hacerlo a través de usted. Rece por él, rece con él; no es sino en la espiritualidad donde se podrán reunir. Todos los desaparecidos, da igual que en este mundo no fueran creyentes, nos hablan de rezar; están bien situados pasa saber que la invocación es el viático indispensable tanto para la segunda vida como para la primera.
Ponga en orden sus creencias, de manera que no le alteren concepciones que serían erróneas, recuerde que todo será realizado según su fe. Dicho de otro modo, como dictó Roland de Jouvenel, será proyectado en la calidad de sus pensamientos. De tal manera que su calidad de pensamiento no le separe del que usted perdió por un tiempo.
XI.11 Baudin: «Cuando se cree en las cosas que usted enseña y leemos los sucesos más escandalosos y más atroces, se dice: ¿Pero ¿qué hacían en ese momento los guías, los ángeles de la guarda, esas entidades benéficas que usted alaba por sus cualidades de amor, de protección, de vigilancia?»
Muchos dramas terrestres,” responde George Morrannier, “tales como raptos, violaciones y asesinatos de niños, sufrimientos infligidos por granujas, las muertes accidentales que parecen debidas al azar, os parecen odiosos e inexplicables. Todo eso tiene un sentido oculto que os será explicado cuando lleguéis junto a nosotros. Estáis en el derecho de preguntaros que podía haber hecho el guía de esos infelices en momentos tan duros. Él estaba en el lugar, pero había recibido la orden de no intervenir.
Y sin embargo su poder es inmenso y sin medida común con lo que el más fuerte de los hombres puede realizar. Tienen la posibilidad de inmovilizar totalmente al más peligroso de los malhechores. Yo doy muchas obras para leer a mi madre, y a menudo las leo con ella. Recuerdo una anécdota relatada a propósito del Maestro Philippe, el célebre curandero de Lyon. Él se encontraba en la calle, avanzada la noche, y unos malandrines, agazapados en la oscuridad, esperaban el momento de agredir al imprudente paseante. Fueron agarrados brutalmente por las piernas y tirados al suelo por manos invisibles. Creyendo ser asunto del diablo, no se entretuvieron en el lugar.
Vuestros guías son capaces de protegeros de un grave accidente en la carretera. ¡Cuántos automovilistas salen indemnes y el coche queda totalmente destruido! ¡Cuántos imprudentes salen sanos y salvos de las situaciones más peligrosas! Las peores catástrofes dejan siempre supervivientes. No hay nada allí al azar. El guía sabe lo que debe hacer, salvaros o dejaros desaparecer. Puede curaros de una enfermedad muy grave, si es preciso.
«Llega también a intervenir en los suicidios, no para provocarlos, estad seguros, sino para hacerlos fracasar; al igual que puede decidir dejar hacer al candidato a la muerte voluntaria cuando su salud está peligrosamente debilitada.
Cuando usted debe tomar un avión que tendrá un accidente, si usted debe vivir aún sobre la Tierra. él se las arreglará para hacerle llegar con retraso al aeropuerto.»
XI.12 Léonce: «Entre los cristianos, se pone un acento muy prudente, demasiado prudente, sobre el Más allá; hablan de contactos posibles con los desaparecidos “en comunicación de alma y espíritu en el amor que no separa a los que se aman”. A menudo se cita, en este ambiente, a Roland de Jouvenel y a Pierre Monnier. Encuentro que se debería hacer un esfuerzo para alargar esta lista, demasiado limitada en mi opinión. Pero si, por el contrario, uno desea avanzar más en sus investigaciones, como, por ejemplo, interesarse más de cerca en las experiencias de los médiums, tendrá la impresión de que no les gusta hablar. Esos contactos llaman evidentemente a la mayor prudencia y estoy de acuerdo en reconocer que hace falta invocar a quienes provisionalmente se han ido. Si ellos lo desean y son autorizados, o si lo merecemos, contactarán con nosotros de una u otra manera.
Tuve personalmente la ocasión y la suerte de poder registrar algunas magníficas comunicaciones por médiums evolucionados y desinteresados (son raros,) concernientes a mis desaparecidos. Esas personas me han dado pruebas irrefutables de la vida en el Más allá; sentí cuan reconfortante era y no veo por qué este problema no se aborda de frente. A mi parecer, lo que naturalmente ayuda más a los padres que han perdido un hijo es el mensaje.»
Yo sé cuánto de sospechosos son a los ojos de los cristianos, ya sean católicos, protestantes u ortodoxos, los mensajes y los presentimientos, las voces interiores y exteriores, las visiones y las apariciones, los crujidos y los ruidos (que yo prefiero llamar estrellas sonoras). Si ellos leyeran atentamente la Biblia, en nombre de la cual nos condenan, verían que su libro sagrado rebosa de esos fenómenos que les conmocionan cuando nos llegan.
En cuanto a los católicos, no tienen más que sumirse en la vida de los santos. A propósito, ¿qué ocurre con los santos y almas del Purgatorio de las que se hablaba tanto en otro tiempo?
XI.13 Gautier: «Uno de mis amigos, protestante fundamentalista, que niega toda supervivencia del ser hasta la resurrección final, pretende que la idea de inmortalidad es un mito satánico. “¡Vosotros no moriréis! dijo la Serpiente del Génesis”.»
Decididamente, el demonio es muy socorrido: se le saca de su cuarentena cada vez que uno se encuentra frente a una realidad que molesta.
Los adversarios cristianos de las comunicaciones, no solamente protestantes, sino también católicos y ortodoxos, están obligados a reconocer la profundidad, la belleza, la espiritualidad de los mensajes tales como los que yo cito. Así que encontraron la contrapartida: Satanás puede disfrazarse de ángel de luz. Por otra parte, son los mismos mensajes los que nos invitan a la prudencia. Roland de Jouvenel traza una frontera que debe constituir nuestra salvaguarda:
“Solo estará en buen camino quien no provoque y se contente con recibir. Las comunicaciones solicitadas tienen siempre el carácter de una provocación. Solo lleva el sello divino lo que es dado.”
Pierre Monnier utiliza el mismo lenguaje:
“No nos invoquéis, queridos míos, dejad que nosotros os llamemos. No recordéis en la materia a los que están libres de ella. Pero tended hacia ellos vuestros brazos para que ellos os eleven hasta sí en las regiones espirituales donde reina el amor…Cuando la comunión mística une un espíritu del Cielo con un espíritu de la Tierra no debe arrastrar hacia la sombra al espíritu que vive en la luz. Es el espíritu de la sombra quien se elevará para reencontrar en esta luz al que él ama fiel y puramente…”
Estos dos textos han trazado mi línea de conducta.
XI.14 Damien: «¿Es cierto que existen en Gran Bretaña, en las ciudades principales, numerosas iglesias espiritualistas [2] en las que los oficios son presididos por un pastor y por un médium? (esto me extraña)»
Si, es exacto. Yo mismo he asistido a alguno de esos oficios, muy fervientes y calurosos. A menudo están acompañados por sesiones de sanación.
Estos sensitivos, como dicen los anglosajones, son creyentes sinceros; consideran su don como un apostolado. Fieles a su sólida formación bíblica afirman la primacía de lo espiritual sobre lo físico.
El credo de las iglesias espiritualistas podría resumirse en estos cuatro puntos:
- el universo está gobernado por el Espíritu supremo comúnmente llamado Dios. Él esUno,Único y Úniversal.
- la existencia y la identidad del hombre continúa después del cambio llamado muerte
- la comunicación entre nosotros, los Terrestres, y los habitantes del mundo etérico al que nos incorporaremos algún día es posible en ciertas condiciones.
- todo individuo cosecha lo que ha sembrado; su felicidad o desdicha en la otra vida depende del bien y del mal que haya llevado a cabo en la Tierra.
Nada es sorprendente en esta confesión de fe.
XI.15 Raïssa: «Jean-Jacques Rousseau estaba escandalizado (aterrorizado) por el espectáculo del hombre de bien despreciado, oprimido, ridiculizado, y del malvado reinando entre honores y prosperidad. Ese espectáculo pedía una contrapartida y esa contrapartida no la encontraba más que en la vida futura. La vida presente, escribía él, sería un enigma, o incluso un desorden moral, si se acabara con el cuerpo y si no existiera otra vida que diera explicación y restableciera la armonía.
“Aunque no tuviera otras pruebas de la inmortalidad del alma más que el triunfo del malvado y la opresión del justo en este mundo, seguiría pensándolo. Una tan chocante disonancia en la armonía universal me haría buscar la solución. Me diría: Todo no se acaba para nosotros con la vida, todo vuelve a la normalidad con la muerte”.
Encuentro ese tipo de prueba verdaderamente poco convincente. Hasta me parece una confesión de debilidad…»
Soy por completo de su opinión, pero es necesario comprender que hasta el siglo XIX la creencia en la inmortalidad se apoyaba sobre ideas morales, sobre las nociones de mérito y demérito. Afortunadamente, en nuestra época tenemos otras pruebas de la supervivencia del alma que el éxito de los impostores y el fracaso de la gente de buena voluntad. La multiplicación de los contactos con el Más allá, la omnipresencia a nuestro alrededor de nuestros desaparecidos, todos los fenómenos que son el objeto de este libro aportan las pruebas sólidas y concordantes que le faltaban a Jean-Jacques.
Es solamente en los siglos XIX y XX cuando las ciencias físicas han podido constituirse y expandirse. Las Iglesias no eran ya ni infalibles ni omnipotentes.
XI.16 Angelo: «El hecho de que los espíritus aparezcan vestidos me ha sorprendido siempre. Lleven puestos los mismos vestidos que cuando vivían o largas túnicas blancas como en la antigüedad. Todo eso me parece extravagante.»
Si ellos apareciesen desnudos usted se quedaría aún más estupefacto. La cuestión fue propuesta a Juana de Arco a propósito de san Miguel y la Doncella, con su habitual sentido de la réplica, respondió a sus jueces que Dios tenía también los medios de vestir a sus arcángeles. Como usted, Camille Flammarion estuvo preocupado por ese problema. ¿De qué naturaleza eran los vestidos de los espíritus? De naturaleza fluídica, respondía su amigo Allan Kardec. Pero eso no explicaba nada. En realidad, se necesita una vez más de las vibraciones y del poder plástico del pensamiento. Si tal difunto aparecía con tal o cual vestido era simplemente para hacerse reconocer.
En cuanto a las largas túnicas blancas, parecen reservadas a los espíritus celestes que dejaron la Tierra hace mucho tiempo, sus preocupaciones y sus vestimentas»
XI.17 Barthélémy: «El hecho de creer en Dios y en los espíritus, en la existencia del alma y su supervivencia en un hipotético Más allá, todas esas quimeras dependen de la neurosis obsesiva y son incompatibles con un mental científico. Tal es mi opinión, como lo era igualmente la de Francis Perrin, sabio considerable que fue profesor de física atómica y molecular en el Collège de France[3].»
Un sabio aún más considerable, Thomas Edison (1847-1931), que con su lámpara de incandescencia ha transformado, literalmente, el mundo, no era de esa opinión. En sus últimos instantes murmuró al oído de su médico: “Es muy bello… verdaderamente bello el Más allá…” Su esposa, a quien debemos el testimonio, lo comentaba en estos términos: “Thomas había pasado su vida estudiando los fenómenos. Era un hombre sincero, un espíritu fundamentalmente objetivo. Nunca aceptaba un hecho sin haberlo controlado. Nunca habría dicho “Es muy bello el Más allá” si no estuviera seguro de lo que anunciaba. Su muerte fue a semejanza de su vida”.
Otro espíritu fundamentalmente objetivo y científico declaró: “Lo que sigue al estudio de la física está cerca de la metafísica, porque si examinamos la naturaleza de cerca ésta se volatiliza y no encontramos ya más que frecuencia de vibracione.” Y lo firmaba Einstein.
XI.18 Blaise: «Hay una cosa que me confunde: en sus comunicaciones, ciertos espíritus dicen que están en la oscuridad y como bajo tierra. Otros pretenden que viven entre nosotros, en nuestras casas, utilizando nuestros objetos y muebles. Algunos se ven en jardines con flores resplandecientes, otros en el espacio, en plena luz. ¿A quién hay que creer y qué pensar de esos testimonios contradictorios?»
No son contradictorios, se completan. Representan las diferentes posibilidades, los diferentes aspectos de una misma realidad. En el dominio físico ocurre lo mismo. Imaginemos que un extraterrestre desembarcase en pleno Pacífico: “Este planeta, diría él, está recubierto por entero de agua. Ningún rastro de civilización.”
“Ninguna señal de civilización” constataría igualmente quien sobrevolara el Sahara: “Ninguna vegetación, sólo arena, nada más que arena, planeta muerto.” Un tercero que cayera en el Polo Norte escribiría en su diario de a bordo: “¡Ningún otro habitante más que peces y pingüinos!” y concluiría como sus colegas: “¡Ningún rastro de civilización!”
Existe en el mundo de los espíritus la misma diversidad que sobre la Tierra: los que están en la oscuridad han cometido actos horribles en el curso de su encarnación y los expían en las zonas de tinieblas. Los que se ven encadenados en el suelo del cementerio son precisamente los materialistas que han negado la existencia del alma y la supervivencia. Los que deambulan entre nosotros, en nuestras casas y calles, han fallecido recientemente: demasiado pegados a la Tierra, no están aún libres de su atracción.
Los que se ven (o que usted mismo vea) en los jardines están en las zonas gozosas. Etimológicamente, paraíso significa jardín.
En cuanto a los que vuelan en el espacio, en plena luz, están completamente libres.
XI.19 Maurice: «Sería preciso que los señores y señoras espíritus afinasen sus violines y sus mensajes. Tan pronto como se trata de designar las diversas regiones del otro mundo unos hablan de esferas, de tres dimensiones, y otros de planos, de dos dimensiones. ¿A quién creer? ¿Quién tiene razón?»
Unos y otros tienen razón. No se trata de esferas o de planos en el sentido geométrico. Personalmente prefiero hablar de esferas, porque son volúmenes, realidades en tres dimensiones. No son lugares, sino estados, más precisamente, lugares estados a imagen de nuestro mental.
Cada uno evoluciona en su propia esfera, resultado de sus proyecciones, cada uno irradia sus sentimientos e ideas, constituyendo así su propia burbuja.
Existen tantas esferas como almas. Hay sitio hasta el infinito, el universo es profusión, sobreabundancia, inmensidad. Un solo ejemplo: se sabe ahora que está compuesto de cientos de millones de galaxias, cada una compuesta de cientos de millones de estrellas. Pero las burbujas, de las que ya hablaba el historiador griego Plutarco en el primer siglo de nuestra era, se reagrupan según sus afinidades. Son los enjambres de que habla Roland de Jouvenel, las sociedades de Swedenborg, y los egrégores de los ocultistas. Todas las esferas tienen un color dominante: azul o blanco para las almas muy evolucionadas; o solar para los mahatmas [4], los maestros de justicia, las grandes almas. Negro mezclado de rojo, donde los maléficos están presos en el karma de sus malvadas acciones. Esferas grises para los que no han hecho ni bien ni mal.
XI.20 Billy me hace observar que el profesor Richet, el célebre autor del “Tratado de Metafísica”, ha escrito que en sus mensajes los espíritus nunca nos han dado el camino a seguir para obtener un gran descubrimiento, sea científico, sea curativo.
Es completamente exacto. Hay dos razones para ello. La primera: contrariamente a lo que habitualmente se cree, los espíritus no son omniscientes. Son igual de ignorantes que algunos encarnados. La segunda razón es más imperiosa: admitiendo que conociesen la solución de tal o cual problema concerniente al bienestar o la salud de la humanidad, no están autorizados a comunicarla, pues eso suprimiría el esfuerzo humano, sus estudios, su trabajo y sobre todo su libre albedrío.
Nosotros estamos aquí abajo para combatir, actuar e investigar. La vida terrestre no está cocinada del todo.»
[1] El paso de la vida terrenal al Más allá (NdT)
[2]Una iglesia espiritualista es una iglesia afiliada al movimiento espiritista informal que se inició en los Estados Unidos de América en la década de 1840. (NdT)
[3]Institución educativa francesa situada en París. (NdT)
[4]Mahatma es un título religioso de la India. (NdT)











JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (12) Capítulo XII: “LOS ANIMALES Y LA OTRA VIDA”
mayo 13, 2014 in El País de después
Es muy frecuente escuchar el argumento de que los animales ni piensan ni sienten y en consecuencia quedan justificadas las salvajadas que con ellos se cometan. Enumero algunas fiestas populares: tirar una cabra desde un campanario, poner bolas de fuego en los cuernos de un toro, arrancar el cuello de un ave desde un caballo a la carrera, soltar un toro por las calles del pueblo e inflarlo a palos …
Tampoco nos extrañaría la escena siguiente, que podría darse en un pequeño grupo de un bar cualquiera mientras se charla amigablemente:
- un contertulio saca a relucir eso de que, a lo mejor, hay animales en el Paraíso. Varios le miran como diciendo: “¡Qué me cuentas! ¿Otra vida para los animales? ¡Tú estás loco! No me digas que allí voy a encontrar liebres, perdices o lobos. ¡Y yo sin escopeta!”
- otro argumentaría: “Los animales no sienten. Bueno, a mi perro sólo le falta hablar. Es de cariñoso…. La que se lió en casa cuando se nos murió el gato, mi mujer llorando, mis hijos lo mismo. A mí hasta se me puso un nudo en la garganta y me volví para que no me vieran limpiarme las lágrimas.”
Por otra parte, desde la teología, el discurso de un reino animal sin hueco en el Más allá, parece que cuenta con muchos seguidores. Si por aquí pasa algún teólogo de esa ideología le invitamos a un rato de lectura que no será una pérdida de tiempo. Le sentará como un soplo de aire fresco.
Hoy Jean Prieur trae a la palestra una serie de emocionantes casos que, con sólido argumentario, nos acercan al mundo animal, tan querido, tan entrañable. ¿Qué nos dirá hoy del Más allá y los animales?
¡Buen día!
CAPÍTULO XII – LOS ANIMALES Y LA OTRA VIDA
La mayor parte de las religiones del pasado y del presente han creído en la existencia del alma de las bestias. Solo el judeo-cristianismo es excepción, a pesar de un versículo de los más claros: «Dios tiene en su mano el alma de todo viviente y el espíritu de todo hombre» (Job 12,10)
No obstante, el catolicismo comienza a percatarse del valor espiritual de esos seres vivientes muy a menudo menospreciados. Dos prelados, el uno americano y el otro italiano, les admiten en sus iglesias y les bendicen. Esta evolución alentadora va de la mano del admirable trabajo logrado por las sociedades protectoras de animales.
Si la existencia de nuestros hermanos denominados inferiores ha sido y permanece tan precaria es porque denegándoles un alma se permitía, de un golpe, tratarlos como bienes muebles, como cosas con las cuales se podría permitir todo. Sin embargo, esas pequeñas almas, capaces de gran amor, no piensan más que reunirse con la nuestra mediante los lazos del reconocimiento y de la fidelidad, en toda la gama de los sentimientos y de las pasiones. Ellos nos acompañan en este mundo y los reencontraremos en el otro.
Para probar el alma de los animales yo no multiplicaría los argumentos fisiológicos o filosóficos, no alegaría ningún texto, aunque fuese sagrado. Diría simplemente a los que dudan (y también a los que están a punto de torturarlos): «¡Mirad al fondo de sus ojos!»
Y parafrasearía a Baudelaire: «Sus ojos, sus grandes ojos de las claridades eternas.»
¡Ah, su mirada! ¡su buena y fiel mirada! Unas veces burbujeando malicia e inteligencia, otra grave y melancólica. Sin olvidar la mirada aterrorizada de ese mono y de su pequeño que, en el fondo de la jaula donde se abrazan el uno contra el otro, ven llegar al vivisector.
Siendo tan próximos al hombre por su fisiología y afectividad, los mamíferos lo son también por sus dones psíquicos. Excelentes médiums, tienen telepatía con nosotros, ven a nuestros desaparecidos, tienen premoniciones, perciben los sucesos a distancia. Después de su muerte pueden manifestarse y regresar, en su cuerpo sutil, a los lugares donde vivieron. En general son más aptos que los humanos para la vida en el astral. Allí al menos están tranquilos, ya no están sujetos a un trabajo extenuante ni son acosados, cazados, pegados o martirizados.
XII.1 Felicia propone tres preguntas esenciales:
- «¿Los animales tienen alma?
- ¿Esa alma sobrevive?
- ¿Hago bien al rezar por mi pequeño cocker[1] que acaba de morir?»
Con seguridad respondo sí a sus tres preguntas.
- Sí, los animales tienen un alma.
- Sí, esa alma continúa viviendo en el Más allá.
- Sí, hace bien rezando por su cocker, que la esperará pacientemente, como lo hacía hasta que regresaba del trabajo.
El alma de los animales superiores ¡es una evidencia! Lo leemos en sus magníficos ojos, ya se trate de animales domésticos o de los llamados salvajes (en realidad, no existe más que un único animal salvaje). Lo que me impresiona en todas esas fotos de animales publicadas en las revistas que les son dedicadas es su aire serio, tranquilo y pensativo. La fotografía ha contribuido a revelar completamente el alma animal.
XII.2 Roberto: «¿Existen los fantasmas de los animales? Si sí, ¿usted lo cree? ¿los ha visto?»
Lo creo porque he visto uno, o más bien una. El 2 octubre de 1995 cené en casa de mi amiga Jacqueline, que acababa de perder a Nollette, una dulce gata tricolor (o Isabelle[2]), a la que le sostuve su pata durante su agonía el 23 de agosto anterior. La aparición tuvo lugar en una sala brillantemente alumbrada, en el curso de una feliz comida. De repente, como si saliera de los pies de mi silla, veo pasar a la pequeña gata. La llamo «¡Nollette!» Ella continúa su camino, con ese aire indiferente que tienen a menudo los fantasmas. No giró la cabeza y desapareció en la entrada. La gata resucitada no tiene nada de borroso, nada de transparente; contrariamente a lo que yo creía no se puede ver a su través. Presenta todos los caracteres de la realidad más objetiva y la reconocí por su pelaje sedoso.
El día de Navidad de 1997 converso con Jacqueline sobre un amigo común, Gilbert, que, estando en las últimas, acaba de suicidarse. Mientras hablamos, el gato Mascotte no cesa de mirar fijamente al techo. De pronto, casi se pone en pie y con las patas anteriores encorvadas comienza a jugar con una pelota de lana invisible atada a un hilo que alguien sujetaría desde arriba.
XII.3 Marie-Ange estaba a punto de asearse en el cuarto de baño cuando, de pronto, llaman con fuerza a la puerta:
«Eran las siete y media de la mañana. Abrí rápidamente: no había nadie. Repasé mentalmente: mi marido no se había levantado aún, mi hijo de nueve años desayunaba en el salón. En cuanto al más pequeño, dormía a pierna suelta.
Habiendo perdido dos hermanas, me pregunto si no será una de ellas que trate de manifestarse, pues no es la primera vez que este fenómeno se produce. Por la tarde, cuando estoy ante la tele, el perro se endereza, ladra y mira a su alrededor, como si siguiera a una presencia invisible.
Pruebo a calmarle, pero su mirada está fija sobre alguna cosa que yo no veo. ¿Es cierto que los animales pueden ver a los difuntos?»
Con seguridad, y es una cosa extraordinaria, atestiguada desde siempre. Personalmente, conozco muchos casos que confirman el suyo. Sí, nuestros animales de compañía, gatos y perros, son médiums de forma natural y por ellos sabemos si una aparición es real o no: ellos no engañan, no fabulan. Se debe observar bien su actitud: si están contentos es que un espíritu conocido de ellos se manifiesta. Creo, pues, que una de sus hermanas o las dos le han hecho una visita. Son ellas también quienes han golpeado la puerta del cuarto de baño para darle una prueba de presencia. Es como si dijesen: «Mira, estamos allí, no nos olvidamos, pensamos en ti.»
XII.4 Germaine no tuvo la suerte de percibir a su amigo, pero es su gato el que vio al difunto. Solitario, desdichado, este hombre se había suicidado:
«En los días precedentes a su muerte -escribe ella- sentí en el fondo de mí que hacía falta que fuera a su cabecera. No lo hice y lo siento. Cuando adolescentes, hemos tenido momentos maravillosos, pero yo no respondí nunca a su amor, no podía darle más que mi amistad.»
La tarde de su entierro, el gato tuvo un comportamiento curioso: maullaba con la cabeza dirigida al techo. Pensé que veía el espíritu de mi amigo. Algunas tardes le hablo, le echo de menos y tengo la impresión de presentir su presencia en el fondo de mí. ¿Puede él escucharme?»
- Ha estado acertada al observar y señalar el comportamiento de su gato. Los animales son auténticos médiums porque tienen un «alma» donde domina el amor, porque son seres de pasión, sentimientos y sensibilidad. En mi libro “El alma de los animales” doy numerosos ejemplos de perros, gatos e incluso caballos que han visto seres de la otra vida. Su actitud puede ser de espanto, o de alegría.
De espanto si la aparición es maléfica. En ese caso, su pelo se eriza, gruñen y van a esconderse bajo un mueble.
Alegría, si han conocido a la persona y esa persona emite vibraciones de amor. En ese momento hacen fiesta como si hubiese regresado físicamente.
Añado que los animales fallecidos pueden aparecérsenos en un sueño, lo mismo que los espíritus. Su alma continúa viviendo, pues Dios no permite que se extinga una sola chispa de su amor. Ellos nos esperan en el umbral que separa los dos mundos.
Encontrarse mentalmente con un desaparecido no es dar señales de desequilibrio. Por otra parte, la felicidad que usted sintió es una buena prueba de que su amigo estaba allí.
XII.5 Rolande: «Mi gato, a la edad de trece años, acaba de morir. Poco tiempo antes de su última hora me vi obligada a ausentarme. Cuando regresé estaba tendido sobre su silla, la cabeza colgando en el vacío. Me acerqué hablándole afectuosamente, y tomé su cabeza entre mis manos. Entonces, me miró fijamente y dio su último suspiro. Me había esperado para morir.»
He leído en más de un escritor célebre esta estupidez monumental: «Los animales no tiene percepción de la muerte. No presienten su proximidad.» ¡Los que sostienen esto vayan pues a dar un paseo junto a los mataderos!
El gato del que usted habla sabía que su hora había llegado y él, voluntaria y conscientemente, retuvo un ligero soplo de vida para morir entre sus brazos, después de su regreso.
El viejo Homero (siempre de actualidad, joven como siempre) cuenta una historia parecida. Después de diez años de vagabundeo, Ulises, disfrazado de mendigo, regresa a su palacio. Nadie le reconocía, ni su esposa, ni sus hijos, ni sus servidores. Solo Argos, un viejo perro que él ha criado, le percibe de lejos y, para mostrar su alegría, agita frenéticamente la cola. Pero está agonizando y no puede acercarse a su maestro. Muere, feliz de haberle vuelto a ver y haber guardado un soplo de vida hasta su regreso. Entonces una diosa (entiéndase una entidad superior) desciende para recoger su alma. Hace ya veinticuatro siglos, el alma y la espiritualidad animales eran considerados como evidentes. Decididamente, el progreso no concierne más que a los medios de transporte y comunicación.
XII.6 Bérengère: «¿Existe un karma para los animales?»
No, puesto que ellos no tienen nada que pagar.
No, puesto que no son culpables, y, por otra parte, son los únicos. Su crueldad (su inocente crueldad, osaría yo decir) les es dictada por la necesidad de alimentarse, y no, como es el caso del hombre, por el placer (tauromaquia, peleas de gallos), por el interés (vivisección, experiencias llamadas científicas, comercio de la piel) o para sus devociones (religiones con sacrificios).
Ciertamente, se observan en sus destinos la misma injusticia que en los destinos humanos, pero en general no permanecen mucho tiempo sobre la Tierra que, después de la aparición del hombre, es para ellos un infierno. Acceden rápidamente a las esferas del Más allá, donde están seguros de no ser cazados, acosados y atormentados. Por último, allí, son plenamente felices, sea porque han reencontrado a los humanos que ellos amaban, sea porque esperan su reencuentro con la misma paciencia que antaño.
XII.7 Francesca: «Acabo de leer en un libro piadoso que, según la mayor parte de los teólogos, el Paraíso, que llaman también Nueva Tierra, será sin animales. Encuentroesto escandaloso, desesperante, espantoso.»
Si eso fuera verdad, yo también estaría desesperado y escandalizado y dudaría de la justicia y de la bondad de un Dios que negara a la inmensa mayoría de sus criaturas la paz que tan bien se han ganado. En cuanto a los doctos en cuestión, son lógicos dentro del error, que proviene de «santo» Tomás de Aquino. Puesto que, según ellos, las bestias no tienen alma, esa alma que les niegan no sabría sobrevivir. Recordemos que, en tiempos lejanos, han negado sucesivamente un alma a las mujeres, a los negros, a los indios de América. ¡Qué triste sería un paraíso sin animales, un paraíso de la Triste Figura, donde no se verían más que papas, obispos, monjas y santos debidamente certificados! ¿Ningún animal en el Paraíso? ¡Lo que se van a aburrir!
Quisiera recordar al autor de esa obra piadosa que, según la Biblia a la cual él se refiere, si bien el hombre fue expulsado del Paraíso terrestre, las buenas bestias, quedaron allí, y esperan acceder al Paraíso celeste, que les indemnizará de sus sufrimientos.
Ese Paraíso celeste Isaías, en su éxtasis, lo ve bajo la forma de una montaña inmensa donde los niños y animales jóvenes retozan en una naturaleza reconciliada, transfigurada:
«El lobo habitará con el cordero, y la pantera se acostará con el cabrito. El ternero, el cachorro de león y el ganado pacerán juntos y un niño pequeño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán juntas y sus crías tendrán una misma morada. El león comerá paja lo mismo que el buey. El niño de pecho jugará en el agujero del áspid y el recién destetado meterá su mano en la madriguera del basilisco. No se harán, dijo Dios, daño ni estragos en toda mi Montaña santa» (Isaías XI, 6-9).
Yo mismo recibí estas palabras fundamentales: «Un Paraíso sin animales no sería el Paraíso.»
XII.8 Claudette: «Leí su libro “El alma de los animales” y me gustó mucho; desde siempre supe que tienen un alma y que sobreviven. Me vuelvo a ver, niña feliz de 9 años, frente al viejo archipreste de Ussel, desarrollando mis argumentos en las clases de catequesis. Desde entonces creo y afirmo que los animales tienen un alma y sus bellos y leales ojos pueden entrever ya una realidad que nos es ocultada.»
Como usted, yo siempre he sido herido por la mirada profunda, pensativa, y a menudo triste de los mamíferos superiores. Hoy, las intuiciones de la pequeña niña de Ussel están plenamente confirmadas. Su hijo Abel encontró en el Más allá todas las pequeñas almas que habían alegrado su infancia. La familia animal se reúne poco a poco a su alrededor. El último llegado es el gato Charlot.
XII.9 Mady: «En el año 1985 nos mudamos a una gran casa del siglo pasado. Al principio, nuestro Micky, curioso como todos los gatos, hizo el recorrido del propietario, explorando los armarios y los diversos rincones. En el desván había una pequeña habitación en la que no quiso entrar; se paró ante el umbral, olfateó, bufó y volvió a bajar gruñendo.
Un mes después, un fuego se iniciaba en esa habitación y el incendio fue, afortunadamente, controlado. Es entonces cuando mis dos hijos mayores me reconocen que habían visto en sueños, cada uno por su lado, salir las llamas del desván.
Yo les pregunté, bastante disgustada: “¿Por qué no lo habían dicho antes?” y ellos me respondieron a coro: “Teníamos miedo de que te rieras de nosotros.”
¿Hay que concluir que todo está escrito, que todo es fatalidad?»
Veamos las cosas de otra manera; existía en esa pequeña habitación un peligro de incendio, acaso debido a una instalación anticuada. Micky, médium como todos los gatos y muchos animales, presentía el peligro, pero él no podía hacerlo saber. Entonces fue cuando un espíritu ligado a su familia se dirigió a sus hijos. Pero ellos no comprendieron la advertencia y, sobre todo, tuvieron miedo de sus ironías. El escepticismo es un boomerang que se vuelve contra el escéptico.
Esas imágenes, clichés que se nos muestran en el sueño, no significan siempre “esto va a pasar”, pero corre el peligro de ocurrir si usted no tiene cuidado con ello. Es lo que se llama la profecía condicional.
Usted habría podido descartar la fatalidad si sus hijos hubieran hablado y usted hubiese creído en ese sueño. Ellos recibieron una manifestación importante. Los dobles sueños son muy raros.
XII.10 Jacotte: «Después de la muerte de mi perrito usted es el único que me ha aconsejado repetir con otro de la misma raza, diciéndome que él atraería al desaparecido y que los dos, el difunto y el encarnado, harían buenas migas. Seguí su consejo, ya está realizado, pero curiosamente no he tenido un sueño concerniente al desaparecido. Quizás los somníferos impidan recordarlo. Poco después encontré el medio de comunicar con él. Creo que es mi padre (fallecido) quien me indicó el medio. Él era médico radiestesista y yo me ejercito con su péndulo. Hago preguntas sencillas y eso responde con sí o no. Pregunto cada día y muchas veces. A menudo está, aunque acaba por ausentarse varias horas. Sea como sea, este medio me ha permitido echar a la basura los calmantes y otros antidepresivos. ¿Tiene usted conocimiento de otras experiencias de este tipo?»
Yo mismo, en mi juventud, practiqué algún tiempo el péndulo, para darme cuenta pronto de que dialogaba, no con el Más allá, sino con mi inconsciente. Las respuestas que obtenía reflejaban tanto mis deseos profundos cuanto mis temores. Y que, claro, yo proponía preguntas sobre el futuro. La predicción se realizaba según un 50% de probabilidades y habría obtenido los mismos resultados a cara o cruz. De todos modos, no practiqué varias veces cada día como hace usted. ¡Cuidado!
En lo que concierne a los vínculos espirituales con un alma animal se necesita saber qué necesidad tiene ella de relación con un alma humana, en este caso su padre. Las fieras amantes y amadas, ya sea en el otro mundo o sobre la Tierra, no poseen el lenguaje articulado, pero comunican con nosotros por telepatía; eso hace que sean en realidad políglotas.
Observé que todas las personas que toman somníferos se quejan de no tener sueños, o en todo caso de no recordarlos. Respecto a usted, abandonando los comprimidos tuvo una buena reacción.
XII.11 Mathias: «Hicimos enterrar a nuestro perro, un pastor alemán, en el cementerio de Asnières. Como vivimos en Beauvois, vamos allí una vez por año. La última vez hicimos una foto de su tumba y al revelarla mi mujer y yo tuvimos la sorpresa de constatar que, en ella, en sobreimpresión en blanco (cuando vivía era de color rubio), estaba nuestro Wolf, con las patas juntas, las orejas bien tiesas, como si esperase. Eso no es todo: a su lado, había un personaje desconocido, un hombre que no pudimos nunca identificar.»
Los aparatos fotográficos reservan muchas sorpresas. Yo no creo que Wolf pase su nueva vida junto a su tumba, pero sí vino para reencontarlos. El detalle del personaje desconocido es particularmente interesante, pues prueba que no se trata de una proyección de su mental sobre la película fotográfica, aunque no estaría tan mal… Es pues un Wolf bien personalizado, vivo en su cuerpo sutil, que se reunió con ustedes en el cementerio de Asnières.
El hecho de que Wolf se haya vuelto blanco en el otro mundo parece indicar que ha recorrido en las esferas animales una evolución ascendente. Yo constaté el mismo fenómeno para mi perra Mascotte, que era todo amor y toda inocencia. Cuarenta años después de su muerte, la veo en sueños, blanca, aunque ella era rubia como los pastores alemanes.
XII.12 Apolline: «Algunos días antes de la muerte de mi madre, una mariposa apareció en mi dormitorio. No logrando dormir, la cacé. El 18 de agosto, día de mi aniversario, salimos hacia la Martinica. Era muy duro regresar en esas condiciones. Cuando entré en el dormitorio de la difunta había el mismo género de mariposa que revoloteaba en la habitación. Después supe que era una “mariposa del duelo”. La madre de mi madre está todavía en este mundo; sin embargo, desde hace algún tiempo, mi hermana no cesa de soñar la muerte de nuestra abuela. Y en su apartamento de Argenteuil el perro del piso de encima no para de ladrar a la Luna. ¿Es el anuncio de una próxima partida al Más allá?»
No, ¡nada de nada! No vea en eso ningún presagio. Hay mucha gente que tiene la detestable costumbre de dejar un perro encerrado y solo toda la jornada. Como esos animales no soportan ni el aburrimiento ni la soledad, se ponen a ladrar a la Luna, que es su manera de llorar. Si ocurriera una defunción sería pura coincidencia. Al contrario, en “El alma de los animales” cité el caso de nuestra perra que, libre en su jardín, se puso de pronto a ladrar a la Luna, lo que nunca le había ocurrido. El hecho se producía a las cinco de la tarde y a la misma hora, el mismo día, mi pequeño ahijado, con el que ella nunca había coincidido, exhalaba su último suspiro… a 500 kilómetros de allí.
La mariposa del duelo era en cambio un presagio. Hizo bien en no matarla. Un espíritu bondadoso del Más allá la había teleguiado dos veces hacia usted: esa mariposa del duelo era una señal de amor.
[1]Raza de perro originaria de Gales (NdT)
[2]En Francia se designa con “Isabelle” a una gata que tiene pelo de tres colores. (NdT)







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