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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 4 de junio de 2016





JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (13) Capítulo XIII: “EL AZOTE DEL SUICIDIO”
junio 15, 2014 in El País de después
Silencio, temor, horror.
Alguien ha decidido quitarse la vida voluntariamente: ¡silencio! Es culpable: ¡temor! Durante la mayor parte de nuestra historia, la sentencia para el suicida nunca era absolutoria: ¡horror!
Hasta hace pocos años al suicida no se le enterraba como Dios manda, no era digno de sepultura cristiana. El rechazo le condenaba para siempre.
Hoy, sigue siendo un tema silenciado en la prensa, aunque al suicida se le da sepultura cristiana ante la duda de su condena. Hemos avanzado en caridad.
La plaga del suicidio: el mayor bienestar material no parece ir correlativo a la calidad de vida. Las estadísticas destacan que la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes duplica en Francia (país con mayor nivel de vida) la de España (con una crisis económica galopante). ¿El mayor bienestar económico nos hace más frágiles ante la adversidad de la fortuna?
¿Tendrá relación con la práctica de “compartir”? ¿con “compartir” los pocos bienes materiales? Generalmente quien se suicida lo hace a solas. ¿La soledad tendrá algo que ver con el suicidio?
Esta vez, como tantas otras, los mensajes del Más allá, de los espíritus benéficos, nos comunican las consecuencias de ese acto, nunca irreparable en el mundo intermedio. Pero ¿Qué hacer ante esa situación? ¿Qué decirle a quien se siente culpable de que un familiar se haya suicidado?
En este capítulo Jean Prieur, con gran delicadeza, se enfrenta a la demanda de consejo desde el dolor, para llevar el agua viva de la esperanza y el amor a quien perdió, de tan trágica manera, un amor, un familiar, un hijo o un amigo.
Y de sus palabras surgirá el aire fresco que emana en todo el capítulo.
¡Buen día!
CAPÍTULO XIII – EL AZOTE DEL SUICIDIO
El filósofo Emile Durkeim publicó en 1897 una obra de permanente actualidad: “El suicidio”. Estaba impresionado por el hecho de que la extensión de esa enfermedad se correspondía con el desarrollo industrial y comercial en los distintos países de Europa. Para él, el porcentaje de pasos hacia el acto era el indicador exacto, en un grupo humano dado, de su grado de «anomia». Llamaba así al desarreglo moral que se produce en una sociedad cuando los individuos no saben las normas que deben seguir, cuando se hunden las estructuras familiares, religiosas y políticas. Es significativo que la palabra anomia (traducida en general por iniquidad) a menudo se encuentre en el Nuevo Testamento para designar todo lo que es sin razón, anarquía, confuso, agitación estéril y contrario al orden social. Estamos, ya a finales del siglo[1], en plena anomia.
Cien años de sucesos dramáticos han ilustrado las observaciones de Emile Durkeim y las estadísticas le dieron la razón. Tanto es así que se ha constatado que se suicidan más en períodos de paz y prosperidad como en los años del tipo 14-18 ó 39-45; más en las clases sociales acomodadas que en las que apenas tienen el mínimo vital; más entre los ociosos que entre los trabajadores; más en el norte de Europa, en principio protestante, que en el sur de Europa, en principio católico; y de manera general, sociológicamente hablando, más en los grupos cristianos que entre los musulmanes que viven en países de sol, lo que explica muchas cosas. Más entre los solteros, divorciados y viudos que entre los hombres casados: dos a tres veces más entre los hombres que entre las mujeres. Por último, cosa curiosa: ese tipo de mortandad es más frecuente en el campo que en la ciudad, e incide sobre todo en los obreros agrícolas.
Pero hay, ¡oh!, entre las estadísticas más lamentables, lo no previsto y lo nuevo: en el último tercio de siglo y en lo sucesivo, se suicidan mucho más los adolescentes y los jóvenes, que las personas maduras y de la tercera edad. Paralelamente (y esto también es nuevo), una literatura irresponsable[2] da a la muerte voluntaria carta de nobleza y se pueden leer frases de este género: «Le pertenece a cada individuo disponer a su gusto de su destino… Decidir si la vida vale o no la pena ser vivida, es situar sólo en uno mismo la regla de su conducta.»
«El fracaso o no del suicidado no tiene apenas importancia si para su suicidio demostró dos cosas: coraje y dominio. Entonces, el suicidio es la abertura de su vida, como la llama enciende la antorcha.» Seguramente la metáfora es bonita, pero cuántas tragedias debió suscitar. La cita es de Montherland quien, en 1972, la tradujo en hechos porque estaba amenazado de ceguera total.
Resultó que yo estaba en casa de Gabriel Marcel cuando le llegó esta noticia y lo que me dijo entonces que constituyó lo esencial del artículo que me dictó para las “Nouvelles Litteraires”. Él también sufría la misma prueba, particularmente terrible para un hombre de escritura y lectura. La soportaba con el coraje y la serenidad ejemplares que había puesto en su fe auténtica, como en su filosofía.
XIII.1 Jean-Charles: «Soy viudo desde el 19 de mayo de 1993 y he intentado tres veces acabar con mis días. En sus últimos meses, mi mujer me había dicho: “Si Dios me llama, quiero que rehagas tu vida y que seas feliz.”
Por otra parte, mis amigos me repiten que Julia no estará en paz en el Más allá durante el tiempo en que yo buscase destruirme. Pero no les creo e imagino medios infalibles para acabar de una vez por todas. Estoy seguro de llegar allá. Toda mi vida está centrada en Julie. No aspiro más que a salir del agujero negro en el que estoy sumergido y reunirme con ella lo más pronto.»
- Seguramente no es sumergiéndose en un nuevo agujero negro como usted podrá reunirse con la mujer a la que quiere. Correría el peligro de perderla por mucho tiempo, tal vez para siempre… Son sus amigos quienes tienen razón, es necesario escucharles. Usted hace sufrir a Julie entregándose a ideas tan mórbidas; le inflige una pesadilla permanente. Ella no se merece eso, ella que es todo desinterés y que no le desea más que felicidad. Si la ama de verdad, debe respetar sus últimas voluntades y rehacer su vida, como le dijo tan acertadamente. El verdadero amor no es posesivo y por eso ella quería que usted encontrase otra mujer y recuperase el coraje de vivir.
Solamente entonces ella conocerá la paz.
XIII.2 Jean-Marc: «He intentando suicidarme hace un mes. Los amigos intervinieron a tiempo. Pero ahora, ha vuelto mi idea fija y eso por una razón sentimental. Tuve una esperanza de retorno, pensé que ella regresaría, pero eso se derrumbó por segunda vez. No puedo vivir sin Alice, y no puedo continuar padeciendo tantos sufrimientos. ¿Si me suicido de veras, cuales son las pruebas que me esperan en el otro lado? ¿Podré volver hacia ella para verla y protegerla?»
Ante todo, no haga nada de eso, sería el mejor medio de perderla en esta vida y en la otra. La separación correría peligro de ser definitiva. Sí, existen pruebas (en general la oscuridad, la soledad) para los que anticipan la llamada. Espere pues a ser llamado (espero que sea lo más tarde posible) y permanezca en la vida terrestre que, a pesar de las decepciones y las desgracias, vale la pena ser vivida. Usted no tiene treinta años, está en la flor de la vida, y hay en el mundo más de una agradable mujer joven que solo pide hacerle dichoso. Suponiendo que Alice consienta en volver a vivir con usted, yo no tengo la impresión de que esa unión recomenzada fuese dichosa. Me pregunto si, al cabo de un cierto tiempo, usted no tendrá bastante, si no deseará que se fuera. Déjela, pues, partir si tiene ganas de irse. Nadie es irremplazable.
XIII.3 Olivia: «Creo firmemente en la vida después de la vida. ¿Podría responderme a dos cuestiones?
- Tengo regularmente contactos con personas fallecidas de mi familia, y los mensajes son idénticos.
- Desde que era pequeña, tengo la impresión de que mi llegada a la Tierra fue un error. No me gusta la vida. Cada día pienso en el suicidio, mi lugar no está sobre este planeta donde tanto mal extendido me hace sufrir. Creo que yo sería más útil en el otro mundo, aunque usted haya escrito que no hay que suicidarse. Si Dios existe, debe comprender las razones de ese gesto desesperado.»
No, no crea usted que será más útil en el otro mundo si no ha cumplido su tarea en este, que es el banco de pruebas. El suicidio no es, no es nunca, la solución, pues uno se reencuentra en el otro lado todos sus problemas pendientes y a veces ampliados. Y esta vez no es cuestión de matarse: la muerte voluntaria allí es cosa impensable e imposible. ¿Cómo puede decir a la vez: «Yo creo firmemente en la vida después de la vida?» y «Si Dios existe»?… Si Dios, el Espíritu por excelencia, no existe, los espíritus tampoco existen … y nosotros por añadidura.
XIII.4 La mamá de Béatrice ha sido destrozada y molida por el engranaje del dolor.
«Ella partió voluntariamente el 18 de agosto de 1982. Tenía veintidós años. Todos, aquí, comprenden que era y que es siempre nuestra tristeza.
Somos restauradores; nuestra empresa familiar se compone de diez personas. Y lo que llamaremos “un soplo de aire puro” nos vino de donde menos lo esperábamos, de entre nuestro personal. Sí, el más humilde, el que está más bajo en la escala, el lavaplatos, en medio de tantas palabras vacías, nos aportó el testimonio de verdadera simpatía inteligente.
Ali Ouazi Ben Mohamed tenía entonces sesenta y cuatro años. Es un marroquí casi analfabeto, qu habla muy mal el francés. Un día, tímidamente, vino a verme y me dijo:” ¿Me permites, Señora patrona, que te hable? Tú sabes, en la tierra está solamente el cuerpo de tu hija. Pero su alma está allí arriba, hacia tu Dios, o hacia Alá, es el mismo. Ella está feliz y te espera. Tú la reencontrarás. Deja de llorar, Señora patrona, el cuerpo es nada”.
Yo sonreí, acaso por primera vez desde que partió Bénedicte. Entonces Alí se aproximó a mí y me pidió: “¿Tú permites, Señora patrona, que yo te abrace?” Esa fue una de las escasas alegrías que tuve desde ese 18 de agosto de 1982.»
Alí, en aquellas palabras, había dicho lo esencial. Lo había dicho con palabras muy sencillas, pues la Verdad no puede ser más que sencilla y común.
El credo del lavaplatos contiene todo lo que hay que saber sobre la resurrección inmediata, la realidad del Más allá, la certeza del reencuentro y la naturaleza de un Dios, único y universal, que los musulmanes invocan bajo el nombre de Alá el Misericordioso.
XIII.5 Roger: «Jeannine, mi compañera, que durante mucho tiempo sufrió una depresión nerviosa, acabó por suicidarse; hace diez años que partió voluntariamente. Después, a pesar de mi deseo, a pesar de mis llamadas, ningún mensaje, ninguna manifestación. Leo en “La premonición y nuestro destino”[3] que los desaparecidos pueden coger objetos para señalar su presencia o aparecérsenos en nuestros sueños. Pero yo no tengo nada de todo eso, no recibo nada. ¿Entonces?»
Entonces, yo le responderé que esperé dieciséis años para tener noticias de Geneviève, una amiga que, depresiva como Jeannine, también se había suicidado. Declaró por la boca del médium, que no me conocía en absoluto, que rechazaba su acto, que era la primera vez que veía un poco de luz y que percibía la fidelidad de mis sentimientos. Se quejaba de haber estado mucho tiempo en la soledad y la oscuridad, en un estado de expectativa sin esperanza. Me hizo algunas predicciones de las cuales la mayor parte están ya realizadas.
De igual modo, el escritor espiritista Léon Denis, autor de tantos buenos libros, que estaba bien situado para establecer lazos con el Más allá, no recibió mensajes de su padre más que al cabo de veinte años.
Debemos comprender que los fallecidos no pueden responder como atendemos a un amigo al teléfono. Existen las comunicaciones entre los dos mundos, pero no son tan fáciles, tan frecuentes como se cree o se querría. Se distinguen tres casos de imposibilidad: ciertos desaparecidos, muertos para la Tierra, rehúsan el contacto. Otros no consiguen comunicar debido a nuestro materialismo: «¡Qué difícil nos es perforar vuestras conchas!, se queja la joven Paqui en sus “Entretiens célestes”[4]. Otros, por último, no han recibido permiso de las Jerarquías superiores. Pero, de todos modos, queda el sueño, que nos permite verlos brevemente, y sería raro que Jeannine no trate de enviarle noticias. La ausencia no será definitiva. Continúe enviándole pensamientos de amor.
XIII.6 Gilberte: «Hace dos años y medio perdí a Christine, mi pequeña nuera. Ella tenía veinticinco años. Se tiró por la ventana de un séptimo piso.Tenía tres niños, dos de ellos con su marido. Yo recogí al bebé de dos años. Desearía saber si, ahora, es feliz en el otro mundo, porque sobre la Tierra fue muy exigida, y mi hijo algo tuvo que ver.
Desde su muerte, se han producido muchos fenómenos aquí, en mi casa: los cuadros se descuelgan, la televisión se enciende sin que nadie la toque, el armario se abre solo, el sofá se gira hacia la ventana, como si mirase hacia afuera. Esto cruje por todas partes, pero yo no tengo miedo. Tengo en mi armario diversos objetos que le pertenecían: cinturón, bata, bolsa de mano, portamonedas. Pienso mucho en Christine, la quiero y rezo por ella.»
El hecho de que no tenga miedo prueba que todas las manifestaciones son benéficas. Christine se dirige a usted y le envía señales, muestras de su presencia. Ella siente su amor y le responde.Está agradecida por los cuidados con que rodea al niño que usted adoptó. Está alrededor de él, sobre todo durante sus ausencias. Háblele de su madre, eso hará bien a los dos. De momento, ella lamenta su gesto, por eso está continuamente en su apartamento y multiplica las manifestaciones. Al cabo de un cierto tiempo, se volverán más escasas. Eso significa que ya no está inquieta, habiendo encontrado por fin el sosiego.
XIII.7 Gisèle: «Estaba viendo la tele cuando de pronto levanto los ojos y percibo una cabeza cuatro o cinco veces mayor que lo normal. Era triste y hacía muecas; planeaba en el vacío entre la tele y el techo. Me quedé angustiada.
Una semana después, estaba escribiendo y volví a ver una cabeza, más pequeña que la primera vez. ¿Era mi padre? Ocho días después, fueron cuatro cabezas diferentes, de desconocidos. Además, pasados tres días, tres cabezas más. Las manifestaciones se producían por la tarde, entre las ocho y media y las 12 de la noche. Debo decir que estuve al borde de la desesperación. En 1985, un inspector de policía vino a comunicarme que mi hijo de diecinueve años se había suicidado pegándose un tiro en el oído a las 8 de la tarde. Desde entonces, trato de sobrevivir, pero me siento casi muerto y no tengo el coraje de continuar mi camino… porque mi hijo se quedó allá, a 1350 kilómetros. Hago adornar con flores su tumba, pero me gustaría hacerle traer. Financieramente no puedo.»
Las cabezas, que aparecen con una expresión de abatimiento, vienen de las primeras zonas del astral, donde los espíritus están todavía perturbados; lo que me asombra, es que sean más grandes que al natural. Le corresponde ver si reconoce entre ellas a su padre o a su hijo. En lo concerniente a lo último, comprendo que los gastos sean considerables y que dude antes ese desembolso. Pero, ¿es necesario? Su hijo no tiene necesidad de eso para venir a su lado en su cuerpo espiritual. Si allí su tumba está bien florida, es lo principal; pero no olvide que los cementerios están vacíos. No queda bajo tierra más que la envoltura carnal. Ese joven muchacho está bien vivo en el otro mundo. Lo que probaría que está acá, cerca de usted, es que las manifestaciones se producen a la hora de su suicidio. Así pues, él intenta comunicar, reconfortarla y hacerle sentir que lamenta haber causado tanta pena.
XIII.8 ¡Cuidado! Algunos espíritus maléficos os incitan al suicidio. Este es el ejemplo de Eliane: «Habiendo perdido a mi hermana, intenté la transcomunicación[5] con un sencillo magnetófono. Y lo conseguí. Ella me habla… mi alegría es enorme. Sin embargo, últimamente, una voz masculina desconocida se expresa así: “¡Eliane, te amo, reúnete conmigo aquí!”
Al día siguiente, lo mismo. Y dos días después… ¡No perdí la cabeza, pero todo igual…! Después, se superpuso la voz de mi hermana: “¡Ante todo, no escuches! Tú no estarás con nosotros, sino en un oscuro mundo exterior”. Me lo dijo varias veces, con dificultad, pero comprendí. Por otra parte, ¡yo no tengo ninguna intención de poner fin a mi vida actual! Pero ¿qué pensar de esa entidad, por lo menos peligrosa?»
Como se trata de transcomunicación, pedí a Monique Simonet que se lo aclare. Esta es su respuesta:
«Ese es el peligro de la transcomunicación, como de toda relación con el Más allá. Es poco frecuente, pero ocurre: una entidad maléfica interviene, os dice que vais a enfermar, que vais a morir, o gentilezas de ese estilo. Alguna vez (este sería el caso) os incita a atentar contra vosotros ¡prometiendo el oro y el moro!”
Según la totalidad de su carta, usted está sola y falta de afecto: esa entidad pulsa la cuerda sensible… Afortunadamente usted tiene “los pies sobre la tierra” y no se dejó alterar. A continuación, su hermana le ayuda a comprender: se trata de un difunto viviendo en un ambiente poco agradable a causa de su total falta de evolución. No se sorprenda: cuando entramos en el Astral, llegamos tal y como somos en la Tierra; es decir, con nuestras cualidades y nuestros defectos; no somos súbitamente ángeles, ¡eso queda lejos! Para muchos seres debe pasar mucho tiempo antes de que mejoren. Ese difunto era maléfico. Siempre es así. En caso de necesidad, cese de grabar durante algún tiempo. Y protéjase con el pensamiento positivo y la oración. Si mantiene la cabeza lúcida y fría no habrá ningún peligro.
XIII.9 Antoinette: «Mi hijo Yvon está obsesionado con la muerte. Hizo ya dos tentativas de suicidio: la primera vez a la edad de doce años, tomando una dosis masiva de medicamentos; en otra ocasión, un poco más tarde, colgándose de una viga. Las dos veces lo salvamos por los pelos.
Por otro lado, sueño periódicamente con una señora desconocida, con velo negro, vestida de negro y que llora… ¿Es un presagio? ¿Esa mujer en duelo, soy yo? Vivo en una continua angustia.»
Su carta me preocupa mucho y comprendo su inquietud respecto a su hijo. ¿Cómo es posible que haya perdido hasta ese punto el gusto de vivir? ¿Sentimiento de no haber encontrado su sitio? ¿Impresión de no ser suficientemente querido? ¿Lectura de obras pesimistas en la corriente del existencialismo ateo? ¿Habrá tenido entre sus manos ese libro criminal al que la prensa, la radio y la tele han hecho tanta publicidad?[6]
La dama de negro que llora, puede referirse a acontecimientos ya ocurridos, por ejemplo, la falta de visitas a su madre o las tentativas de suicidio del joven muchacho que, en el otro mundo afligen a una persona de su familia. Es casi imposible saber si las visiones del sueño conciernen al presente o al pasado. Es un poco como para las predicciones. De otro modo, para proteger a Yvon, póngale ante el Orden Divino. Ofrézcaselo a Dios.»
XIII.10 Olga: «Después de la muerte de mi hijo, que se suicidó arrojándose desde un duodécimo piso (estaba depresivo), consulté a un médium para tener noticias. Debo decirle que era muy escéptica, pero ese hombre supo convencerme cuando pronunció una frase, en la cual ya no pensaba nada, que solo mi hijo y yo conocíamos. Preguntaba a ese médium:
- “¿Cuándo, a mi vez, yo parta, ¿reencontraré a mi muchacho?”
- “¡Con seguridad, señora, con seguridad!”
Sin embargo, algún tiempo después, al acabar una conferencia, hago la misma pregunta a una señora médium y me responde así: “¡Oh!, ¡sepa usted que eso no es seguro del todo! Algunas veces, dicen eso para consolar a las personas que acaban de perder un hijo. Yo misma, lo he llegado a decir”.
Me fui de allí abatida, desesperada. ¿Quién tiene razón? ¿A quién hay que creer? Todas mis certezas están en entredicho.»
El que tiene razón, al que debe creer, es, evidentemente, el primer médium que la recibió a solas, en la calma de su gabinete de consulta, sin las interferencias que se producen en un lugar público. Él estaba en contacto real con su hijo, puesto que pudo aportarle los propósitos que el joven tuvo en su vida y que usted sola conocía. Por otra parte, no se podrá objetar que las ha leído en su mental, ya que usted no pensaba en absoluto en esa frase famosa. En cuanto al segundo médium, me hace pensar en los comerciantes que, cuando no tienen un artículo que se le pide, responden: «Eso ya no se fabrica.»
XIII.11 Marga: «En las exequias de Pierre Bérégovoy, su hija leyó un bonito texto del cual no puedo acordarme más que del final: “Justo en el momento en que alguien cerca de mí dice: Se ha ido, otros, viéndole llegar, exclaman con alegría: ¡Aquí está!” Cito de memoria. ¿Quién es el autor de estas líneas?»
- Es el místico inglés William Blake, que estaba en relación constante con el mundo invisible. Este es el poema tan rico de sentido y bello de forma:
«Estoy de pie al borde de la playa,
un velero pasa en la brisa de la mañana y parte hacia el océano.
Es bello, es la vida. Yo lo miro hasta que desaparece en el horizonte.
Alguien a mi lado dice:
“¡Se ha ido!”
¿Ido? ¿En qué dirección?
Desaparecido de mi vista, eso es todo…
Su mástil es siempre igual de alto, su casco tiene siempre la fuerza de llevar su carga humana. Su desaparición total de mi vista ocurre en mí, no en él.
Y en ese mismo momento en que alguien cerca de mí dice: “Se ha ido”, hay otros que, viéndolo despuntar por el horizonte y venir hacia ellos, exclaman con alegría: “¡Helo aquí!” …»
Eso es la muerte.
XIII.12 Emilia: «Mi hermano Paul se ahorcó en el mes de marzo. No tenía ganas de vivir desde que su mujer falleció de una muy grave enfermedad en el último junio. No pudo nunca recuperarse de eso y me dejó a su niño de dos años, que me considera como su madre. Me gustaría sabe si Paul pudo reunirse con ella. ¿Está él con nosotros? Yo no quisiera que permanezca en la oscuridad. Rezo igualmente por los dos. No duermo ya. ¡Me gustaría tanto seguirles! Estábamos muy unidos. Me pregunto qué hago sobre la tierra.»
El suicidio no es el mejor medio de reunirnos con nuestros desaparecidos. Más bien al contrario, nos separa de ellos, á veces por mucho tiempo. Si su hermano hubiese estado al corriente de las realidades del Más allá, no habría cometido ese terrible acto. Usted tiene razón rezando intensamente por él y por su mujer, con el fin de que estén juntos. En cuanto a usted, sobre todo no tome el camino que él siguió. Tiene que educar a un niño al que le es absolutamente necesaria. ¿Qué sería de él sin usted? ¿Y usted, qué sería sin él?
XIII.13 Célia: «Usted habla mucho de mensajes que bajan del Cielo hacia la Tierra, pero podemos ¿imaginar lo inverso, es decir, los textos subiendo del Acá hacia el Más allá?»
No es necesario imaginarlo, eso existe. Ahí van las soberbias líneas que Mado Maurin dirige a su hijo, Patrick Dewaere:
“Si todo es gracia, yo también creo que todo es mensaje, señal, si se quiere estar sobre aviso y a la escucha de esta voz interior que cada uno llama de manera diferente pero que es, para mí, el soplo del Espíritu.
Es seguramente por lo que tengo a veces la necesidad de escribir los pensamientos que me llegan: son como el mensaje permanente del Amor de Otro, prueba viva de la existencia de este Creador, inexplicable y contestado, que se expresa en el secreto de nuestro cuerpo, de nuestra alma.
Aceptar la muerte del hijo es traerle al mundo una segunda vez. Nuestra rebelión es la sola sombra que todavía puede alcanzarle en esa patria donde nos encontraremos.
La muerte no es un castigo. Es lo absolutamente normal de nuestra historia de amor con Dios.
Lo que me es más difícil, es que mi hijo ha cortado voluntariamente el hilo de su vida, y es lo que me tendrá de rodillas delante del Señor hasta nuestro reencuentro, totalmente confiado en la Misericordia divina[7]
XIII.14 Marie-France: «El Más allá evoca en nosotros esperanza y paz, luz y felicidad. ¿Pero qué les espera a las personas que se suicidan? Hace algunos meses, mi hermana pequeña decidió abandonarnos… sin una palabra de explicación, dejándonos desamparados, desesperados, frente a su súbita desaparición. ¿Ha encontrado ella en esos Lugares de los que usted habla, el amor, la comprensión que nosotros no le hemos sabido dar? ¿Qué podemos hacer mis padres y yo para su felicidad? Espero que no esté sola, abandonada en la oscuridad y el frío.»
Todo depende de las condiciones en las cuales se operó el suicidio. Algunas veces, los seres eligen darse la muerte porque su entorno les ha hecho la vida imposible. Yo no pienso que sea este el caso de su familia. Si ustedes no hicieron nada para incitar a cometer lo irreparable, cesen de culpabilizarse. En algunos casos, puede producirse lo que yo llamaría un suicidio pasivo, el desdichado, no atreviéndose o no pudiendo matarse, se refugia en la enfermedad y se deja morir poco a poco.
Tienen excusa todos los que partieron voluntariamente por las siguientes razones: afecciones incurables, sufrimientos intolerables, depresión nerviosa, dificultades materiales imposibles de superar. Serán acogidos con indulgencia y bondad en un mundo donde conocen la verdadera naturaleza de los pensamientos y de los actos. El Más allá no tiene la aspereza, la crueldad, la intransigencia de la Tierra. ¿Qué pueden ustedes hacer por su hermana pequeña? Hablar de ella como una viva, rezar por ella, hasta si usted es atea, poner flores ante su retrato y enviarle pensamientos de amor.
[1]El autor se refiere al siglo XX, pues este libro se publicó en 1999 (NdT).
[2]Sin hablar del libro criminal que proporciona al suicida todas las recetas para no fracasar.
[3]Libro escrito por Jean Prieur. Editado también en español
[4] Disponible en “Aquí-allá”
[5]Comunicación con espíritus del Más allá mediante instrumentos eléctricos (magnetófonos, televisores, etc) (NdT)
[6] Se refiere a un libro sobre formas eficaces para suicidarse (NdT)
[7]«Parce que c’est vrai», Mame édition

























JEAN PRIEUR: “EL PAÍS DE DESPUÉS” ____ (14) Capítulo XIV: “EL DRAMA DE LA REENCARNACIÓN”
julio 16, 2014 in El País de después
No deja de ser paradójico que cuando en una conversación surge el asunto del Más allá la duda haga aparición para cerrar cualquier argumento y abandonar pronto el tema. Ahora bien, si se habla de reencarnación el número de defensores aumenta automáticamente.
Lo más curioso es que es frecuente oír decir que en Oriente así se enseña y es verdad. Pero Occidente, como casi siempre que se acerca a la filosofía oriental, coge el rábano por las hojas e interpreta la reencarnación como una gran segunda oportunidad.
Es fácil comprobarlo en algunos programas de televisión, en los que un invitado cualquiera afirma la realidad de la reencarnación y todos los presentes se ilusionan pensando en que regresarán como si ello fuese un premio. Eso sí, ninguno de los contertulios se para a pensar en un posible regreso como niño minero, niño soldado, niña víctima de explotación sexual, o en un cuerpo, físico o psíquico, disminuido, sujeto a una silla de ruedas o trastornado de por vida.
Pero, ¿qué nos dicen los habitantes del Más allá? ¡Alguno de ellos, por lo menos, sabrá algo más del asunto! ¿Qué ocurre con los lazos de amor entre esposos si cuando uno de ellos llega allí no encuentra al otro porque éste se ha reencarnado?. Otro supuesto podría ser: en esta vida fui buena persona y me reencarno después de muerto, pero ¿y si acabo siendo un asesino? ¿Qué será de mí ante la eternidad?. Y si me reencarno ¿recordaré punto por punto mi vida anterior para mejorar?
Este capítulo incluye una serie de respuestas a estas cuestiones, que Jean Prieur ofrece desde su gran experiencia y sensatez.
¡Buen día!
CAPÍTULO XIV – EL DRAMA DE LA REENCARNACIÓN
Las personas que me escriben suelen ser padres que han perdido a un hijo o a una hija o el superviviente de una pareja muy unida. Todos tienen pánico a la idea de no volver a encontrar al ser amado al llegar al Otro lado. Les afecta profundamente la perspectiva de que hayan cambiado de personalidad, o hasta de sexo. ¿Qué es una inmortalidad donde ya no podrían reconocerse? Y qué es una justicia que hace soportar a la individualidad B el castigo de las faltas cometidas en una existencia precedente por la individualidad A, faltas de las cuales no tiene ningún recuerdo. Los adversarios de Platón habían advertido ya esta incoherencia y, desde entonces, los filósofos no dejan de argumentar sobre este problema insoluble.
Los vivos del otro mundo están aún más divididos sobre la cuestión que los vivos de este:
Existen los «en contra»: Esto es absurdo, esto no existe…Toda vida es única… El eterno retorno es una ilusión. Jamás nada ni nadie se verá dos veces… Yo no regresaré a la Tierra, porque no quiero.
Existen los «a favor»: Si, eso existe, todo el mundo lo pasa… Si, es real, pero es espantoso… Es una aventura… eso da vértigo… Si, lo han constatado, pero no se puede explicar el mecanismo. Es una ley universal, como la de la gravedad terrestre.
Existen también los «acaso»: Para los que tienen ya bastante con vagar en el Más allá, para los que no pueden soportar la vida espiritual. Para los que dejaron su tarea inacabada.
XIV.1 Marthe: «Temo que mi esposo, fallecido hace doce años, no se reencarne. Así que ¿no le reencontraré? Este pensamiento me es extremadamente doloroso. ¡Eso equivale a un adiós definitivo! ¿Cómo saberlo?»
Es Monique Simonet quien le responde:
«Si él la quiere tanto como usted a él, no tenga ningún temor: usted le reencontrará. La muerte no separa más que aparente y provisionalmente a quienes se aman. Usted cree en la reencarnación: es su opinión. Cantidad de investigadores y espiritistas no lo creen en absoluto. De hecho, no hay pruebas irrefutables. Los recuerdos que se comprueban en ciertas personas, y en particular entre los niños, podrían explicarse de otra manera, considerando una relación con el Más allá. Y, suponiendo que la reencarnación sea un hecho – digo bien, «en el supuesto», no teniendo nada resuelto – eso pasaría de tal forma que no hubiese separación real. Siendo el amor la fuerza más grande, es más fuerte que la muerte. Quede tranquila. De todos modos, su esposo la espera. No existe un adiós definitivo. Añadiré que tengo contactos grabados con entidades traspasadas desde hace mucho tiempo, desde hace decenas y decenas de años. Ellos no se habían reencarnado.”
XIV.2 Carmela: «Cuando las experiencias de muerte inminente (E.M.I., más conocidas bajo el nombre de N.D.E.) nos hablan de tranquilidad y de luz, insisten en el hecho de que los que fueron reanimados volvieron enfadados, decepcionados de volver a bajar a la encarnación. ¿Por qué?»
Regresar a la Tierra representa para ellos una prueba, una disminución. Afortunadamente, la transmigración de las almas no es general y obligatoria, como nos enseña el Oriente, que, además, ve un castigo en ese proceso. El hinduismo y budismo están de acuerdo en presentar el fin de las reencarnaciones como el Bien supremo hacia el cual es necesario tender. Se podría resumir el problema en estas dos fórmulas:
- reencarnación generalizada: “ROUE[1] (la Reencarnación Obligatoria Universal Eterna); teniendo “eterna” el sentido de muy, muy larga en duración
- reencarnación restringida: “REVE[2]: Reencarnación Excepcional Voluntaria Existencial; teniendo existencial el sentido limitado a algunas existencias.
El principio de la transmigración de las almas es muy difícil de aceptar por los creyentes brahmanes. Cristo hizo una rápida alusión en Mateo XI, 14: “Si vosotros queréis recibirle (si vultis recipere), Juan el Bautista es ese Elías que debía venir.” Y siempre es lícito para nuestra libertad de responder: «¡Oh, no Señor! Yo no quiero, no puedo recibir eso.»
Tranquilícese, los que amamos, y nos aman siempre, viven en el mundo espiritual, continúan interesándose por nosotros y, de vez en cuando, atraviesan el velo para visitarnos.
XIV.3 En general, son los médiums, profesionales o espontáneos, quienes creen en la reencarnación. Es el caso de Gabrielle. Constató un hecho que se repite de vez en cuando y del cual ella querría conocer el significado.
«Cuando me acuesto, después de un momento de espera, comienzo a percibir un punto blanco, luminoso, que aumenta y forma un paisaje en blanco y negro, muy nítido, muy claro. La primera vez fue una escena campestre en la que veía chicas y chicos jóvenes saltando a la cuerda en una gran pradera. Estaban vestidos como los romanos de la Condesa de Ségur y peinados igual. Los chicos llevaban cabellos largos y las chicas rizas a la inglesa. La segunda vez asistía a una misa. Veía muy bien el altar, los cirios, los pilares, las vidrieras y el cura de espaldas, revestido con su alba. Las escenas duran algunos segundos. Estoy consciente y segura de que no sueño. No tengo ningún miedo. A menudo me llegan también grandes flashes de luz blanca. Generalmente me duermo inmediatamente después. ¿Son señales del Más allá? ¿Habré visto esos episodios en otra vida?»
Usted tiene dones ciertos de mediumnidad. No soñó para provocarlos y eso está bien. Se trata de escenas sugeridas por el Más allá, sin que sea necesario recurrir a la reencarnación. A mi parecer, ha percibido remanencias, es decir, imágenes que pueden subsistir durante mucho tiempo después de que las realidades han desaparecido. Esas remanencias son vibraciones irradiadas en los lugares donde vive. Se forman hoy, pero hace 150 años esa zona debía ser plena naturaleza. Por eso ve los niños jugando en una pradera de la época de las “Petites Filles modèles”». Es posible que la iglesia exista todavía, así que podrá compararla con otras visiones. Los objetos tienen un alma, los lugares tienen una memoria que usted ha captado. Ha hecho, gracias al Más allá, una psicometría. En un caso así, se piensa casi siempre en un médium que cuenta la historia tocando una joya, una reliquia o un vaso. Pero existe también una memoria de los terrenos y edificios y es así como la recibió durante el desarrollo de una psicometría de ambiente. Habiendo dicho que no tuvo miedo, el fenómeno es con seguridad benéfico.
XIV.4 Este es un ejemplo de remanencia, suministrado por Dominique, que hacia la edad de cinco años se sentaba en su cama antes de dormirse:
«Era entonces cuando yo veía sobre la pared pequeños seres con forma de sombra. Duró mucho tiempo, no puedo estimar cuantos años. Había sobre todo una niñita que, saliendo del grupo, venía a ofrecerme la mano; yo la veía con nitidez. Guardé siempre el secreto para mi, por miedo a no ser tomada en serio. Revelé esta historia hace cuatro años a mi mujer y a mis padres. Soy muy creyente, pero a veces dudo y, en ese momento, la escena me viene a la memoria y me da nuevas esperanzas. ¿Qué mensaje me quisieron dar?»
Con frecuencia los niños son médiums. Cuando van creciendo sus dones se acaban, es el proceso normal. Los que conservan el don son excelentes videntes, pero no podrán hacer comercio con ello. En cuanto a usted, vio una escena que se desarrollaba en el mundo de los espíritus. Es posible que haya captado una remanencia, es decir, un espectáculo que hubo en aquel lugar antes de ser casa, hace mucho tiempo. ¿Los personajes entrevistos parecen de nuestra época o de un siglo anterior? No habla de sus vestidos, que podrían situarlos en el tiempo. Y la casa ¿es antigua? El hecho de que la niñita le llame y tienda la mano me inclina a pensar que es la primera hipótesis (la del mundo de los espíritus) la buena. Se trataría de uno de sus antepasados.
XIV.5 Vladimir: «¿Por qué no recuerdan sus anteriores reencarnaciones?»
“Porque -responde Georges Morrannier- eso es mejor para vivir plenamente la existencia presente. Si Dios lo ha decidido así, es que el olvido es preferible para la mayoría de nosotros.
Ciertas personas tienen algunas reminiscencias, reconocen los lugares o los seres vivos. Es posible que hayan “visitado” los lugares y las personas durante el desdoblamiento producido en el curso del sueño. Todo el mundo se desdobla así. Es posible que se trate de recuerdos reales de vidas anteriores.
Algunos niños recuerdan su vida anterior, que olvidan cuando cumplen los seis o siete años. Para la mayoría de nosotros el olvido es total, porque (no pensamos nunca bastante) los siglos pasados fueron muy agotadores. Se recuerdan epidemias, hambrunas frecuentes, catástrofes naturales, guerras sin descanso, duelos cruelmente sentidos, atroz mortalidad infantil, no podría sino perjudicar nuestra vida presente.
Sin embargo, esta vida actual, la debemos asumir plenamente y lo mejor posible. Es suficiente tener que soportar algunos traumatismos dejados sin saberlo nosotros por nuestras vidas anteriores. El alma está marcada muy a menudo por esos shoks psicológicos; sería peligroso que nuestro consciente fuese perturbado por recuerdos dramáticos.
La regresión a las vidas pasadas no es válida más que cuando es natural, por ejemplo, en el sueño. Es útil cuando, bien llevada, puede suprimir rastros inquietantes, tan anclados en el corazón que obstaculizan la vida actual.»
XIV.6 Gilda: «Tuve tres N. D. E. (E.M.I. experiencia de muerte inminente), hice viajes astrales y, además, poseo ciertos poderes. Después de leer muchos libros espirituales, entre ellos los suyos, me hago algunas preguntas: ¿quién rige la vida?, ¿cuándo hemos completado el ciclo infernal de las reencarnaciones y hemos pagado nuestras deudas pasadas?, ¿cuándo evolucionamos lo suficiente?, ¿podemos decidir solos nuestras encarnaciones?, ¿podemos con seguridad elegir una vida, una época, o simplemente decidir no continuar? Yo no comprendo por qué ciertos seres se reencarnan antes que otros. Gracias por aclararme»
Voy a probar. Será algo difícil, pues plantea algunas de las preguntas más terribles y fundamentales… El que rige la vida es Dios, que se ocupa de todo, aún para los que no creen en El. Es a Él a quien se debe pedir que perdone nuestras deudas: «¡Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores!» Es Él quien decidirá si hay o no que reenviarla a esta Tierra. Es Él quien, con su oración suplicante, romperá «el ciclo infernal de las reencarnaciones». Él es el Maestro del Karma.
Si algunos seres se reencarnan es porque lo han querido con todas sus fuerzas, sea aquí, sea en el otro lado. Las motivaciones son muy diferentes: algunos no pueden soportar la vida espiritual, necesitan los goces del alimento, del alcohol, del sexo, del tabaquismo, de la droga. Otros están impacientes de reemprender el servicio, de cumplir, como se dice en el ejército. Habiendo sido Aquí abajo unos malcriados (en ambos sentidos del término), querrían remediarlo.
Para el retorno voluntario hay, también, motivaciones nobles y desinteresadas. Seres, que podrían crecer en las regiones celestes, piden regresar a la Tierra para propagar las ideas de generosidad o para acometer grandes obras caritativas. Seres como la Madre Teresa, Sor Enmanuelle, el Abad Pierre, el doctor Schweitzer, Diane Fosse, y muchas personas desconocidas, que se ofrecen para la salvaguarda del mundo humano y del mundo animal.
XIV.7 Por supuesto, la reencarnación, que está de moda porque hace soñar, continúa preocupando a los lectores. Diana en particular:
«He visto varias veces durante el sueño la cara de Bertrand, mi marido, muerto hace cuatro años en un accidente en carretera; accidente sobre el cual quiero averiguar todo, mediante un procedimiento judicial en curso complicado.
Aunque la intensidad del sueño disminuye: la cara apacible se borra poco a poco para ceder el sitio a la de Laurence, mi hijita, de la cual es el padre. ¿Quiere señalarme con eso que se reencarnó en ella?»
En este caso, usted se convertiría en la madre de su marido, lo que insinuaría un psiquismo masculino en el de su hija, con todas las desviaciones que eso comporta. Esta confusión en los sexos y las relaciones de familia es bastante indecente. Cese de dar vueltas a esa idea anormal e inquietante. Laurence sigue siendo Laurence en la vida presente. Bertrand sigue siendo Bertrand en la vida futura. Él quiso decirle en el sueño que debe dirigir todo su amor a esa pequeña hija que le dio.
Sobre todo, no pruebe a saber cómo pasó su accidente. No debe hacer volver a su pensamiento un suceso horrible que él debe olvidar y que usted debe olvidar también, puesto que él lee su mental. Los pensamientos negativos concernientes a esa tragedia no podrían más que perjudicar su felicidad presente.
XIV.8 Rosemay: «¿Puede usted explicarme algo que aún no está claro para mí? Algunos autores dicen que después de la muerte física el alma debe franquear ciertas zonas o planos antes de regresar a la Tierra para una nueva encarnación, aunque Monique Simonet y usted mismo precisan que nuestros amigos, parientes fallecidos viven ahora en el otro mundo y están cerca de nosotros.
¿Cómo puede uno reencarnarse y, al mismo tiempo, permanecer cerca de los seres queridos a los que ha dejado? ¿Cómo, cuando dos esposos están separados por la muerte, pueden persistir los fuertes lazos que les unían? ¿Y si uno de los dos se reencarna para formar una nueva pareja con otra persona?»
En realidad, el amor es más fuerte que la muerte y la reencarnación. Ni lo uno ni lo otro sabrían desunir a los que se aman de verdad. Si un matrimonio es armonioso, es también duradero y se vuelve a formar en el Más allá sin perspectiva de ser disociado.
En el caso contrario, la reencarnación de uno de sus elementos equivaldría a la muerte y provocaría los mismos dolores. Cuando las religiones dicen que Dios es bueno y justo significa que Él no tendría la crueldad de romper el vínculo de afecto que une el marido a la esposa, los padres a los hijos, los hermanos y hermanas a los hermanos y hermanas, los amigos a los amigos.
XIV. 9 Annie: «Tengo que proponerle dos cuestiones. La primera: ¿un discapacitado mental paga por una falta cometida en otra existencia anterior? La segunda: ¿acaso recupera la razón en el otro mundo? Estos dos interrogantes se añaden a nuestra continua pena. Usted no ignora que los padres de esos niños sufren un verdadero calvario.»
Le respondo rápidamente a la segunda cuestión y afirmativamente. La mayor parte del tiempo, él (o ella) encuentra la razón inmediatamente después de la muerte. Y a veces incluso antes. En el capítulo primero cité el caso de una joven, débil profunda, que en sus últimos instantes se puso a hablar de modo inteligente. Con gran sorpresa para su entorno, ella se expresó así: “La prueba ha terminado… ¡por fin!
Para ella, y todos los que están en ese caso, la prueba está efectivamente terminada y no se reproducirá más. Tiene razón al decir que los padres de esos niños sufren un verdadero calvario, pero se equivoca al pensar que es una expiación por alguna falta cometida en el curso de una vida anterior. De ninguna manera hay que añadir la noción de castigo a la prueba. Es bastante con sufrir, sin creerse culpable; elimine todas esas ideas que emponzoñan su vida infligiéndole inútiles remordimientos.
En cuanto a las personas mayores que pierden la memoria, y alguna vez la cabeza, recuperan todas sus facultades antes de su entrada en el Más allá.
XIV.10 Herbert: «La reencarnación está muy de moda desde hace una decena de años. La demanda en ese tema es muy fuerte, muncha gente quiere saber sobre lo que han sido ¡y lo que serán! Sobre todo, lo que serán. Ciertos videntes se han especializado en ese género de respuestas. Pero, los propios desparecidos ¿qué piensan? ¿Están tan empecinados como los Terrenales con la perspectiva del retorno?»
Cuando los espíritus son verdaderamente espirituales (que no es siempre el caso), la perspectiva del retorno les aterra y les angustia. Escuche lo que dice Abel, el hijo de Claudette Combes, que abandonó este mundo a la edad de veintiún años y que, desde el otro lado, supo adquirir grandes conocimientos:
“La idea de revestir de nuevo un cuerpo estrecho y pesado me produce horror.
Cuando se elige entrar en un cuerpo y afrontar la Tierra hace falta mucho, mucho coraje. Cuando un ser que vive en el mundo espiritual retoma un cuerpo para enfrentarse de nuevo con el mundo físico consiente un enorme sacrificio.
Hay una necesidad de descender alguna vez a la carne y, como para el alumno, es una necesidad de pasar un examen. Pero este descenso nos da mucho miedo. Solo algunos seres terrestres, se puede decir, desean encarnarse de nuevo.
No redescendemos más que con nuestro consentimiento. Nosotros mismos elegimos el día y la hora del examen. Nada es impuesto.
Sí, la reencarnación es necesaria, pero tranquilízate, cuando un gran amor une dos seres, el que ha llegado el primero al mundo espiritual espera siempre al otro. Reencarnarse no es una cosa placentera, sino una necesidad dolorosa.
En la nueva era, el hombre sabrá por qué se reencarna y no lo olvidará cuando se meta en un cuerpo de carne. Pedirá venir a la Tierra para una misión elegida por él mismo.”
XIV.11 Elodie: «Desde que se cuestiona la reencarnación, ustedes, los psiquistas, que en lo restante son unánimes, en esto no están ya tan de acuerdo.»
Los espíritus no están de acuerdo entre ellos. Algunos, cuando se les pregunta sobre este aspecto, rehúsan hablar. Por ejemplo: Alain Teissier, muchacho fallecido en accidente de moto, dicta a Julien su transcriptor: “Respuesta prohibida” Otro Alain, que llegó a la segunda vida a los once años, expresa su felicidad mensaje a mensaje y declara no aprobar ninguna nostalgia: «No hay ningún alma que deje la Tierra sin recuerdos; pero no hay ningún alma que desee volver, aunque sea por un solo día.»
La señora Celline, que no se consuela nunca de la partida de su hijo, pregunta mediante la intermediación de su marido: “Michel, si pudieras venir a la Tierra, como antes, ¿volverías?” Y el joven muchacho responde categóricamente: “¡No!
Un joven de esa edad, Philippe Arnault, del que conozco bien su camino terrestre, tuvo una vida plena, en todos los puntos comparable a la de Michel. A la misma pregunta: “Philippe ¿querrías volver a revivir?”, me dió la misma respuesta: “¡Ah! ¡no, eso nunca!
Otro ejemplo: “Irene, ¿querrías regresar?” “¡Oh!, no, estoy demasiado bien aquí
En cuanto a Hervé, en una sola frase resume la verdad sobre el renacer: “No regresaré a la Tierra. No he querido
XIV.12 Lily: «Constato que se habla cada vez más de la reencarnación y que son más numerosas las personas que creen en ella; lo veo entre mis colegas del trabajo. En cuanto a mí, esta perspectiva me inquieta y si fuese probada, me haría dudar de todo.
¿Cómo volver a ver en el Más allá a los que hemos amado si están repartidos por la Tierra o si están a punto de partir? ¿Cómo puede reencontrar una mujer a su marido, una madre a su hijo? ¿En qué se convierten los lazos de amor en el Más allá?»
Su carta aborda las verdaderas cuestiones, las que todo el mundo se plantea. Muchos de mis remitentes piensan como usted y tienen pánico a la idea de perder una segunda vez a los que han amado, los que dan un sentido a su vida. Si sus colegas están embobados por esa perspectiva, es que no han reflexionado, como usted, sobre el problema. Ellos no ven las implicaciones trágicas. ¿Qué sería un Paraíso donde estén excluidos el hombre, la mujer y los hijos amados?
Tranquilícese, la reencarnación, idea muy expandida en el Astral y sobre la Tierra, no es obligatoria ni general, como se enseña en Oriente. Es, al contrario, voluntaria y excepcional, como lo confirman los mensajes llegados de las esferas luminosas.
En su prisión afgana, donde vivió una agonía de nueve meses, el reportero fotógrafo Alain Guillo oyó mediante una voz interior esta frase sorprendente: “Si tú crees en la reencarnación, existe. Si tú no crees, no existe.” Eso recuerda la palabra de Cristo: “¡Que sea hecho según tu fe!”
La misma experiencia en Inglaterra, donde, a finales de los años 60, Franz Liszt, muerto en 1886, declaró a Rosemary Brown: “La reencarnación, tal como se la comprende en general, no existe… Hay una infinidad de posibilidades y ningún principio categórico … No podemos venir a la Tierra más que un número restringido de veces … Posiblemente una sola vez.
Liszt añade: “Todas las encarnaciones son absolutamente voluntarias. Nadie es lanzado contra su agrado. Nadie es obligado a ir, y en eso reside la justicia.
Justicia, se debe tomar la palabra en el sentido de orden divino, de orden cósmico. La libertad humana, que continúa su trayectoria en el otro mundo, forma parte de esa armonía universal.
La misma experiencia en Alemania: la Señora Hiddegarde Schäfer, que captaba, también, voces del Más allá sobre cinta magnética, recibió los avisos más contradictorios. Iban desde: “Es cierto que la reencarnación existe, todo el mundo la pasa” hasta: “Pero eso es absurdo, no existe”, pasando por: “Yo no sé nada.”
Desde Austria nos llega la conclusión. El Padre Andreas Resch, encargado por el Vaticano de estudiar los fenómenos psi[3], declaró: “No podemos prohibir a Dios hacer excepciones.”
[1]El autor hace un juego de palabras formando “ROUE” (en español “rueda”) con la primera letra de cada palabra. Dicho en español indica un círculo del cual no es posible salir (NdT)
[2]El autor advierte que esa palabra no lleva el acento circunflejo, para diferenciarla de la palabra francesa “rêve” = “sueño”.
[3]Reducción de la palabra “psíquicos” (NdT)
































JEAN PRIEUR – “ESE MÁS ALLÁ QUE NOS ESPERA” (15)
diciembre 17, 2011 in Ese más allá que nos espera
Estos dos capítulos nos abren a unos conocimientos que no podríamos obtener si no nos hubieran sido dados desde el Más allá por mensajeros crísticos: niños que se fueron pronto y que desde el otro lado nos han comunicado cómo viven. En estos capítulos se citan jóvenes franceses e ingleses.
Nos dicen que los que se fueron siendo aun niños crecen envueltos en el cariño de mujeres que hacen de madres… Se muestran en desacuerdo total con la estrategia de silencio con que rodearon su lecho de moribundo. Debería ser todo lo contrario, habría que hablarles de la resurrección que les espera.
La razón, según Prieur, es que el mensaje de Cristo está centrado en la vida eterna. Luego, los hombres lo fueron complicando …  hasta hubo teólogos que presentaron a Dios como un déspota e hicieron dudar de su justicia. Tanto lo complicaron, que un obispo protestante, entre otros, se rebeló contra esta concepción y escribió un libro magnífico: Dios no es así…
¡Buen día!
IV– ELMUNDO INTERMEDIO O HADES (final)
20. LOS NIÑOS EN LA OTRA VIDA
Como la otra vida es un proceso, los muy jóvenes continúan creciendo y desarrollándose. Viven la infancia y la adolescencia que no vivieron en la tierra y su crecimiento se continúa en un ambiente protegido. Sus instructores celestes ven el rostro del Padre. Reciben las lecciones indispensables para su progreso mental y espiritual, porque ellos, ellos también, tienen que librar el buen combate, triunfar de sus malas inclinaciones, disciplinar su naturaleza.
Los pequeños que no tuvieran ningún pariente en el más allá son tomados a su cargo por madres que se consagran enteramente a ellos y les dan todo el amor necesario. Allá arriba, como aquí abajo, el amor es indispensable para el crecimiento.
Ante al lecho de muerte de un niño es donde se plantean las verdaderas cuestiones. Una religión, una filosofía, que no tienen nada que decir sobre este punto, solo pueden callar sobre los demás.
Una muchacha muy joven, Jeanne, dictó esto: «Estoy muy contenta de no haber tenido tiempo de perder mi vida eterna en la tierra. No lloréis por los que mueren jóvenes; ellos son bienaventurados, están cerca de Dios.»
Y Roland, el 27 de noviembre de 1947, recuerda con serenidad su agonía del 2 de mayo de 1946: «Tú recuerdas mi sonrisa unas horas antes de mi vuelo, cuando Marguerite Maze me dijo: “Roland, te vas a reunir con los ángeles.”
«Los vivos no deberían tener miedo, en el momento de nuestra agonía, de hablarnos de nuestra futura morada: la de Dios; son las únicas palabras que pueden ayudarnos. Por temor a asustarnos, tratáis de ocultarnos la verdad, esa verdad que nosotros sentimos, porque la invasión del más allá se produce antes de los últimos latidos del corazón. Lo físico vive cierto tiempo sobre reflejos, y aunque parecemos estar ya en el tránsito, oímos. Es en ese momento, cuando, con toda dulzura, deberían hablarnos indefinidamente de Dios, y hacer en una elección de palabras divinas las más hermosas descripciones celestes. Esta es la razón de que sea un privilegio morir en compañía de los amigos de Dios.
«Di a los vivos que deben tener la valentía de hablar de la resurrección a los moribundos, tú no me hablaste suficientemente del cielo. ¡Qué error ocultarnos nuestra muerte! Esta estratagema solo os ilusiona a vosotros, porque nosotros sabemos la verdad; y cuando yo te dije: “¡Mamá, tengo que irme!” tú deberías haber dicho: “¡Oh, bienaventurado, Dios te invita!” Difunde la enseñanza que acabo de darte y ayudarás a las almas.»
Ante este mensaje de Roland, cómo no ver la coincidencia del relato[1] de sus últimos instantes por una testigo ocular: la propia Marguerite Maze:
«Aquel día, una paloma voló alto en el cielo. De pronto, fue a posarse en el borde de una ventana: era su habitación, estaba frente a uno de esos hermosos estanques de las Tullerías.
«La enfermedad le había sorprendido y luego arrebatado muy deprisa. Todo, en algunas semanas. Lucha mortal de esos cierzos helados frente a los aires nuevos de la primavera. La frágil caña cedió y, después de un dulce estremecimiento, sobrevino el gran silencio. ¡Muerto! No era posible que tal palabra pudiera llegar a nuestros labios y a nuestro pensamiento. Pero, desgraciadamente, ¿no se había dicho que el Hijo del Hombre vendría a la hora que menos pensáramos?
«Esta muerte, ¡cómo la había sentido él, Roland! ¡Cómo la había preparado con divina valentía!
«Durante su corta enfermedad, todas las llamadas se habían dirigido a él… Su querida abuela, desaparecida un poco antes, ¿no había venido a buscarlo?
«Muchacho encantador, Roland de Jouvenel, tenía un carácter serio y profundo, cercano a todo lo que le llevaba a lo hermoso; las flores, la música, los encuentros hermosos, más que los juegos de muchachos, lo entretenían más de lo que se puede describir. Trepaba por los sueños como por una colina cargada de abundancia y yo lo encontraba, tan serio él, con una alegre sonrisa. Veía en sus ojos la alegría de los “verdes paraísos”.
«¡Qué razón tenía, el que debía escapar tan pronto del vano saber a los hombres al espléndido saber divino!»
«¿Cómo describir la emoción suprema del último minuto y de las últimas palabras que intercambiamos juntos? Tomé su larga mano pálida en la mía. Su suavidad, su entereza en la calma de un alma resignada, me aportaban el buen olor de las cosas del cielo. Le dije: “Mi pequeño Roland, te vas hacia Dios, nuestro Padre… Jesús, los ángeles vienen a ti, ¡sé feliz!” El me sonrió, en éxtasis, y sus ojos vacilaban ya en lo maravilloso… hacia todas las lejanías que se apartaban poco a poco de la vida. Yo lo comparaba, por última vez, con el retrato de un joven príncipe de Castilla.
«El rostro de la muerte, que hace resplandecer nuestra más pura identidad, se mostraba, en Roland de Jouvenel, afectado de tal gravedad que no había lugar para extrañarse de que solo pasó en la tierra el espacio de algunas primaveras.
«Si yo, mi querido Roland, adelanté a tu pobre madre la hora de este nuevo nacimiento que llegaba hacia ti, es porque sentía a tu alma totalmente dispuesta en esa maravillosa confianza en Dios.»
Lo que dicen Jeanne y Roland sobre estas prefloraciones, que son gracias, remiten al capítulo 4 del Libro de la Sabiduría, a partir del séptimo versículo: «Pero el justo, aunque muera prematuramente, gozará de reposo.»
No tendrá que pasar a través de las pruebas del Hades.
«Vuelto agradable a Dios, fue amado por El, y como vivía entre pecadores, se lo llevó. Fue arrebatado para que la maldad no perturbase su inteligencia ni la perfidia extraviara su alma. Porque la fascinación del mal nubla el bien y el vértigo de la pasión pervierte a la mente sin malicia.»
Algunas muertes que, a nuestros ojos, llegan demasiado pronto, en realidad son puestas en seguridad.
«Llegado en poco tiempo a la perfección, realizó las obras de un largo camino. Porque su alma fue agradable al Señor, por eso se apresuró El a retirarla de un ambiente perverso.
«El justo que muere condena a los impíos que sobreviven y la juventud, llegada tan pronto a la perfección, condena a la larga vejez del hombre injusto.»
No basta con envejecer para progresar: hay tanta gente a la que una larga estancia en la tierra, no solo no enseña nada en absoluto, sino que añade incluso un aumento de endurecimiento.
En cambio, hay almas de evolución rápida que, en algunos años, llegan a la madurez en la tierra y no quieren retrasarse más. ¿No fue Roland una de esas almas?
Esta evolución post mortem desde la adolescencia a la edad adulta es muy notable en su caso. Al principio de su nueva vida, es como el pequeño príncipe que descubre su planeta y se pasea, maravillado, por las regiones radiantes del mundo de los espíritus. Se embriaga de colores y de música, se cree ya un ángel, está encantado de que sus compañeros le aplaudan, le agrada enviar a su madre manifestaciones físicas.
Pero poco a poco comprende que el cielo está más lejos, que la espiritualidad es algo completamente distinto. A medida que pasan los años, el tono se eleva, los talentos fructifican; se le ha dado mucho al que ya poseía. La forma se purifica, se despoja de todo ornato y solo forma una cosa con el pensamiento, vuelto él mismo más penetrante, más exigente. El adolescente se ha convertido en adulto, alumno de instituto de hermosa chispa de pluma se ha convertido en un escritor y un pensador[2]. El mensaje adquiere entonces la concisión, la agudeza de la prosa clásica, la limpieza de la medalla.
He aquí, a título de ejemplo, tres mensajes que datan de 1963:
9 de enero: «Para el que busca lo absoluto, todo es vacío fuera de Cristo.»
11 de enero: «El pensamiento escapa a la gravitación, habría que reflexionar mucho tiempo sobre esta frase, porque es la clave del misterio de la inmortalidad.»
Navidad: «Todo debe llevar a la transfiguración del hombre. La transfiguración, esa es la meta.»
Una vez desarrollados en inteligencia y en estatura como lo habrían hecho en la tierra, una vez adquiridos el conocimiento y la sabiduría, los jóvenes aparecen como adultos.
Aquella madre que perdió a su hijo de cuatro años, está totalmente sorprendida de verse acogida en el umbral del mundo espiritual por un hombre joven. Tal vez le diga: «Tu eternidad me ha sido confiada, da gracias al Señor. Mi muerte te ha abierto las puertas del cielo…»[3]. «Las cosas visibles duran un tiempo, las invisibles son eternas.»[4].
«Son como los ángeles… Resplandecen como el sol… Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos… La muerte, el duelo, el mal ya no existirán…»
La propia magnificencia de las promesas divinas puede alimentar nuestra duda: es demasiado hermoso para ser verdadero, pensamos en esos momentos. Cómo, ¿volveremos a ver realmente a los que hemos perdido? ¿Nos encontraremos realmente en un cuerpo que ya no conocerá la enfermedad, ni la debilidad, ni la vejez, ni el sufrimiento? ¿Conoceremos verdaderamente como fuimos conocidos?
Hay una duda que no es incredulidad, solo una pregunta complementaria. La creencia está hecha de mil crisis. Como el agua viva brota de la grieta de una roca, el progreso puede resultar de una falla de la fe. Así se incrementa constantemente con sus propios fallos.
En «dudar», hay dos; en «zweiflen» hay un zwei. ¿Se trata de una etimología o de una coincidencia? ¡Poco importa! Basta con que esta analogía nos indica que dudar es convertirse en dos, es dividirse, en cenit y nadir, pasar de uno a otro con un movimiento rítmico. Dudar, es comenzar el diálogo; y la experiencia nos demuestra que, en el diálogo, se tienen tres veces más ideas que en el monólogo.
La duda, de que aquí se trata, son las vacaciones de la fe, son los vacíos entre los peldaños de la escalera que une la tierra y el cielo. Esa duda es el vértigo de ver debajo de sus pies demasiadas estrellas.
Esas estrellas son promesas como ésta: los jóvenes, que partieron3 2 prematuramente, esperarán a sus padres en el umbral y los conducirán hacia esos lugares en los que será enjugada toda lágrima.
21. EL UMBRAL
En vano se buscaría en los diccionarios la palabra crístico que se encuentra en todos los mensajes, sean franceses o británicos, palabra que nos ha servido para distinguirlos y para marcar fronteras.
Bertha: «Cada detalle de la Crucifixión encierra alguna importante verdad interior; el misterioso flujo de agua, por ejemplo, que sale del costado del crucificado, simboliza el crisma, la santa unción que consagra vuestra tierra al estado crístico.»
Roland: «Para un católico, toda enseñanza mística solo tiene valor santificador si es vivida en función del principio crístico.»
A.T. Robinson: «El hombre está cansado de complicaciones y de luchas. Desea la verdad sencilla, y Cristo está aquí hoy, radiante, vivo, fuerte como lo fue en la tierra. El está aquí hoy, está aquí de nuevo para derramar su amor, su resplandor, su poder, sobre todos los que quieren aceptar sus dones con todo su corazón y plasmar su palabra en sus vidas. Esto es lo que nos han dicho recientemente en la esfera crística.»
Es cierto en efecto que el mensaje de Cristo, centrado todo él en la vida eterna, era luminoso y sencillo. A través de los siglos, los hombres lo han complicado y sobrecargado a placer. Aparecieron las doctrinas inquietantes, desalentadoras, enfermizas de teólogos incomprensibles que presentaron a Dios como un déspota antojadizo y que hace dudar de su justicia. Pero de nuevo están maduros los tiempos para la trasparencia y la sencillez.
Thomas Dowding: «Nosotros, hombres, nos escondemos de la luz; nos revolcamos entre las ilusiones creadas por nuestros pensamientos. Nos rodeamos de falsas concepciones. Rechazamos elevarnos a la esfera crística. La esfera crística está por todas partes, y sin embargo, por extraña paradoja, somos capaces de apartarnos de ella.»
Pierre: «La actividad de nuestro mundo es considerable y nada en la tierra puede daros idea de esto. Las obras de rehabilitación, de las que se ocupan algunos de vosotros, os ofrecerán una vaga comparación con aquellas a las que nos consagramos en la esfera crística.»
Esta esfera crística no es otra que el Umbral al que se ha hecho alusión a propósito del juicio final que tiene lugar en el Hades.
Una de las primeras palabras del Logos encarnado es: ¡Felices! Una de sus últimas palabras es: ¡Felices! «¡Felices los que lavan su vestido para tener derecho al árbol de la Vida y para entrar por las puertas de la Ciudad!» Las primeras bienaventuranzas como las últimas, que son pronunciadas en el Apocalipsis, se refieren al Umbral y al Templo.
En el Umbral, hay lugares de alegría tan intensa que algunos se creen ya en el cielo. Tienden entonces a creerse ángeles, sobre todo si en este mundo fueron católicos. Esto se observa en Paqui y Roland[5], sus corresponsales terrestres los mantenían por otra parte en esta idea.
Ninguno de los mensajeros crísticos desearía volver aquí abajo. Ni siquiera los que fueron amados y colmados tanto como uno puede serlo conservan ninguna nostalgia de nuestras riberas.
Pierre: «Tú sabes que tu Pierre es feliz… libre… y que su vida está llena de obras de amor y de paz. ¡Entonces, dime! Tú no querrías volverme a ver en la tierra, donde sufrís con una pesada venda en los ojos.»
Christopher: «Cuando escribáis a alguien que está en duelo, decidle lo muy feliz que soy, y convencedle de la gran alegría de dejar su cuerpo y de venir Aquí. La gente debería alegrarse de que sus hijos estén Aquí.»
Paqui: «¡Qué felicidad estar separado del cuerpo de carne para estar enteramente al servicio del Maestro!»
Roland: «¡Qué liberación no estar ya en la tierra! Vosotros no podréis nunca imaginar las maravillas del Más allá. Lo único que puedo pedirte es que te asombres con la idea del Paraíso… Yo soy muy… muy feliz. Si me amas, alégrate de mi muerte. ¡Siento la alegría! ¿Cómo hacerte comprender la apoteosis de la supervivencia? Hoy celebro el aniversario de mi resurrección.»
Resurrección, apoteosis: Paqui también emplea estos términos: «El día de mi muerte fue de verdad el día de mi resurrección. Vi maravillas sin pasar por las sombras dolorosas. Lo acepté todo, me sometí cerrando los ojos y el despertar Aquí fue una apoteosis.»
Y continúa:
«Mi alma asombrada conoce poco a poco las maravillosas regiones. Gota a gota, paso a paso, se me ha dado la comprensión. Un niño no ve la luz del día hasta que sus ojos no se acostumbran a la luz. Vosotros mismos, adultos, soportáis mal los rayos ardientes del sol. En cierta manera, Dios, allá arriba, tamiza su luz hasta el día en que le es posible al alma mirarlo de frente en toda su magnificencia, en toda su amplitud.»
¡En el momento en que dicta Paqui, no está aún en presencia del gran Día, ¡el Día de Alegría, el Dies laetitiae, Dies Illa! ¿Por qué ver solo el Gran Día bajo el prisma de la ira?
Albert Pauchard: «Vista desde la concepción de los mortales, la vida Aquí parece monótona y vacía. Pero está lejos de ser así. En realidad, es tan intensa y tan luminosa que la existencia terrestre, en comparación, nos produce el efecto de un mal sueño, un mal sueño vivido en el fondo de una noche tenebrosa. […] Lo que más se acerca a nuestro estado normal Aquí, es el trance religioso de los grandes místicos.»
El éxtasis es, en efecto, la inmortalidad experimentada.
Cuanto más se elevan sus pensamientos, más hermosos se hacen sus rostros y sus pensamientos. Cuanto más se elevan sus sentidos, más brillantes, intensos y diversos son los colores que los rodean.
Lo mismo que el carbono, que es esencial para toda vida, emite bajo el espectroscopio, vibraciones rojas de su calidad: el color indica la naturaleza de la cosa y del ser. En una esfera concreta, todo ambiente se asemeja a imagen de los que la habitan.
En estas esferas de luz creciente, los pintores son especialmente felices: sus obras eran proyecciones de estas moradas vislumbradas y presentidas. Lo mismo les sucede a los músicos y a los poetas. Pero no se trata solo de los artistas cuyas obras, conscientemente o no, eran una aproximación a los mundos superiores[6].
El único dolor de los que están en el Umbral es la impaciencia, la nostalgia de lo que vendrá: «Oh Señor, ¿cuándo podremos ver Tu rostro?» Tienen prisa por dejar las zonas superiores del mundo de los espíritus por esferas todavía más de acuerdo con su corazón e ir al cielo que les corresponde, hacia un mayor conocimiento, hacia una mayor alegría.
Ellos saben que pronto se abrirán ante ellos las puertas del Hades que da acceso a la Casa del Padre. Las puertas del Hades, que dan al Cielo, no pueden prevalecer ante su presencia.

[1] . Este hermoso texto fue encontrado por la Srta. Brialix entre los papales de la Sra. Jouvenel.
     Marguerite Maze, fallecida en 1967, artista de talento, intérprete de Maeterlink, fue testigo del baile de llamas de cirios en la pequeña capilla de la iglesia de Saint-Roch. Fue ella la que exclamó: «¡Está vivo!»
[2] . Cuanto más subía Roland, más escasos eran los mensajes. Acabaron en 1969. he aquí su último mensaje a la Sra. De Jouvenel: «Mamá, uno se alimenta de lo que da a los demás.»
[3] . En el Umbral del Reio.
[4] . Cartas de Pierre: reminiscencia de san Pablo.
[5] . «La fiesta de los ángeles es blanca como la caída de la nieve… Nosotros somos como un vuelo de pájaros. Todos los ángeles comienzan a cantar. Es la sinfonía milagrosa.» (Roland). «Tu ángel, ella personalmente, vendrá a cerrar tus ojos.» (Paqui).
[6] . Existen, en cambio, cantidad de producciones que se vierten en nuestro plano a los cubos de basura del infierno (ver el Abismo).





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