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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Muere el poeta Marcos Ana

Muere el poeta Marcos Ana Foto: JOSÉ AYMÁ
El poeta y activista Marcos Ana, el preso político que más tiempo estuvo ininterrumpido en las cárceles de la dictadura, fallece a los 96 años
La última vez que Marcos Ana habló para las páginas de este periódico dijo una frase que sintetizaba bien la fatiga y el entusiasmo que le daban contorno en estos últimos años: "Voy como un sonámbulo urgido por el mundo". Este jueves el poeta -y el preso político que más tiempo estuvo de forma ininterrumpida en la cárcel durante el franquismo- ha fallecido en Madrid a los 96 años de edad.
Durante esa entrevista tenía algo más de 90 años y aún miraba la vida con ansia de lente de aumento. Todo le parecía poco. Los escualos de la represión franquista le habían robado 23 años de vida en las cárceles de la dictadura por un delito de primerísima calidad: oponerse a ella desde la orilla del Partido Comunista. Marcos Ana se llamaba Fernando Macarro Castillo. Nació en un pueblo de Salamanca, San Vicente, en 1920. Descubrió la poesía en una celda en la que no había más lenguaje que el miedo. Y allí decidió llamarse Marcos (por su padre) y Ana (por su madre). Cansado de verla a ella de cárcel en cárcel, agotada, siguiendo los pasos del hijo.
Si algo podías decir después de un rato junto a este poeta y activista es que sudaba bondad. Algo difícil de escribir por cautela. Y quizá por pudor. Pero que en el caso de Marcos Ana era un distintivo de autenticidad sin fisuras. Era un hombre bueno. Magro y elegante. De elasticidad asombrosa y paso ágil. Se había acostumbrado al paso urgente al abandonar la última de las cárceles donde fue huésped del sobresalto. En el presidio de Porlier (Madrid) el dramaturgo Buero Vallejo le presentó a Miguel Hernández. Estuvo condenado a muerte en dos ocasiones. Una de ellas por confeccionar un periódico para informar a los presos. Le conmutaron cada una de las penas por 60 años de prisión. Aprendió a hacer del terror resistencia más que costumbre. «Al dejar la cárcel me convertí en un ciudadano de la Vía Láctea. No he parado de viajar. Empecé a hacer todo aquello que siempre quise, aunque mucho más tarde». Entró con 18 años y salió con 41, acusado del asesinato de tres personas, crímenes por los que antes ya habían fusilado a otros sospechosos. "Me dejaron libre por un decreto que obligaba a soltar a los presos que llevaran más de 20 años ininterrumpidos en prisión. Yo era el único". Regresó a la vida sin casa, sin sitio, sin dinero, desnortado y virgen. Con la libertad por descubrir.
Para entonces ya tenían el primer libro de poemas publicado, 'Poemas desde la cárcel', que un grupo de amigos mandó a imprimir en Brasil. Habían logrado sacar esa mercancía del presidio con mil piruetas. Era 1960. Aquel testimonio provocó una campaña internacional para su liberación. Firmaron, entre otros, Pablo Neruda y Rafael Alberti. Escribía en papeles de fumar donde, con paciencia amanuense, apuntaba versos mojando en tinta la punta de un alfiler. Marcos Ana era un nombre que sonaba ya en todos los frentes donde el antifranquismo se asentó.
Cuando le abrieron el cerrojo de la calle, le dio un vértigo de aire limpio al que tardó en acostumbrarse. La libertad es bella y, de golpe, puede resultar venenosa. Al mes se fue a París como un evangelista insurrecto. Y regresó definitivamente en 1976. En Francia fue un activísimo eslabón de la larga cadena de exiliados por sugerencia del franquismo. Allí se vinculó a la editorial Ruedo Ibérico, faro de costa de la resistencia española. Y comenzó a vivir.
Los últimos años de Fernando Macarro, Marcos Ana para la historia, fueron los de un hombre insaciable hacia las cosas del mundo: del entusiasmo a la protesta. Escribió unas memorias emocionantes más que emocionadas: 'Decidme cómo es un árbol' (editorial Umbriel). Almodóvar las quiso para el cine. Fibroso y noble, fue un comunata de los que aún levantaba el puño cerrado en plan trofeo democrático. Hasta no hace mucho iba por la vida con la prisa del superviviente, como un pura sangre de recuerdos sin un gramo de revancha en el galope.

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