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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


sábado, 11 de febrero de 2017

LAS ARTES
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Einstein, el vidente
Publicado 20/09/2015

Óscar Aguirre Gómez*
Albert Einstein, el científico que revolucionó el mundo del siglo XX, sigue campante en medio de la crisis que constituye el maremágnum del siglo XXI. A partir de sus descubrimientos, la humanidad no sería la misma: encontró la manera de crear y destruir. De escindir el átomo y de remontar el tiempo. Einstein concluyó que el universo es un espacio de cuatro dimensiones: las tres de lugar o posición y otra que fija el tiempo o el momento. Fue un hombre sencillo. Iba al fondo de las cosas. Amaba la belleza. Una vez le dijo a alguien: no soy un hombre de comprensión rápida. ¡Él, que aceleró el tiempo!

Nacido en 1879, en Ulm, ciudad alemana, aprendió solo el cálculo infinitesimal. Sus profesores enfrentaban sus preguntas un tanto inquietantes. Leyó a David Hume. Las ideas de Kant acerca del espacio y el tiempo también influyeron en el científico. Sobre todo la relación entre el espacio físico y la geometría y del tiempo con la aritmética, aunque las observaciones de Kant tenían que ver más con el mundo de Newton que con el que mostraría Einstein. Tuvo además influencias de Henri Poincaré y de Hendrik Lorentz. Así mismo, de Nietzsche y de Schopenhauer.

Su teoría

En 1905 produjo su famosa teoría de la relatividad y su teoría de la luz, basada en la teoría de los cuantos, de Planck. Ambas hipótesis revolucionarias, aunque contradictorias. El 6 de noviembre de 1919, en una sesión conjunta de la Royal Society y de la Royal Astronomical Society, se hizo pública la comprobación de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Al día siguiente, el Times de Londres ofrecía al público la sorprendente noticia: el edifico de Newton era sustituido por el de Einstein. Los periódicos de Europa y América hicieron eco al sensacional informe.

 “La historia de la bomba atómica tuvo sus orígenes, en alguna medida, cuando en 1806, el francés Becquerel descubrió la radioactividad del Uranio y cuando los Curie aíslan, en 1902, el radio; pero la clave teórica que posibiltó este trágico invento la dio Einstein en 1905 al inventar su Teoría de la Relatividad y, sobre todo, E= mc2, en la que vinculaba la masa con la energía e indicaba la enorme cantidad de energía encerrada en un simple átomo”, anota Ernesto García Camarero. Einstein sabía adónde iba. “Su poder de concentración tenía una intensidad y una profundidad fantásticas –dice Banesh Hoffmann-.
Cuando luchaba con un problema recalcitrante, lo acosaba como un animal acosa a su presa. A menudo, al encontrarnos frente a una dificultad aparentemente insuperable, recorría la sala a grandes pasos, mientras se enrollaba en el dedo índice el mechón de su larga cabellera grisácea. Una mirada soñadora y distante, pero vuelta hacia dentro, aparecía en su rostro. No había en él apariencia alguna de concentración, ningún fruncimiento del ceño, sino tan sólo una plácida comunión íntima.
Pasaban los minutos, y de pronto Einstein se detenía y varía su expresión en una suave sonrisa. Había encontrado la solución del problema. A veces era muy sencilla…”. 
Una magia invisible obraba en el interior del genio, mediante un proceso impenetrable. El científico ejecutaba sus tareas en silencio, lejos del torbellino de la multitud. Mientras los demás se perdían en la algarabía, él creaba calladamente para luego compartir sus asombrosos hallazgos. La genialidad de Einstein consistió en captar fenómenos que para el común de las gentes son inadvertidos. Con su imaginación ahondó en causas desconocidas para concretar efectos.

FILOSOFÍA OCULTA
El padre de la física moderna, creador de la teoría científica más importante del siglo XX, fue también un aficionado a lo místico. Pocos saben que Einstein pudo obtener su inspiración, o al menos los primeros indicios de la idea que lo llevó al descubrimiento de la fórmula clave, en la lectura y estudio de La doctrina secreta, de Helena Petrovna Blavatsky, quien fundara en 1875 la Sociedad Teosófica.

Einstein dijo: “La función más importante del arte y la ciencia consiste en despertar y mantener vivo el sentimiento religioso en quien tiene la capacidad de recibirlo. El ser humano tiene una necesidad vital de participar en una búsqueda espiritual o científica de las cosas. La persona inquieta intelectualmente intensifica este sentimiento y lo lleva inherente en toda su existencia. Uno se halla inclinado a tratar de definir su propio concepto del universo, de acuerdo a un sentimiento cósmico religioso difícil de explicar a quien no lo haya experimentado, ya que no lleva anexo ningún concepto antropomórfico de Dios”. No concibe pues a la Mente Universal a imagen y semejanza humanas. Místico a su manera, la filosofía de Einstein es una mezcla de Pitágoras y Spinoza, donde el Cosmos está presidido por un orden central, que puede ser captado por el espíritu a través de la unión mística.

El estudio del átomo estaba casi que estancado desde hacía más de 24 siglos. En 1888 la Editorial Kier, de Buenos Aires, publicó La doctrina secreta, de Blavatsky. 
En la página 219 del tomo II se lee: “La ciencia entera se basa en la doctrina de la naturaleza ilusoria de la materia y la divisibilidad infinita del átomo. Ella abre horizontes ilimitados a la sustancia, animada por el soplo divino de su alma en todo estado posible de tenuidad, estados no soñados aún por los químicos y físicos más espiritualmente predispuestos…”.

Según declaraciones de la sobrina de Einstein, éste tenía una copia de La doctrina secreta en su escritorio, la cual consultaba con frecuencia. En una entrevista de 1935, Einstein declaró sobre la obra: “Es un libro muy extraño y le he dicho al profesor Heisenberg, mi compañero en los estudios de física, que adquiera una copia y la tenga en su escritorio. Le he urgido a que se sumerja en su lectura cuando esté abrumado por algún problema. La extrañeza de su contenido quizá pueda relacionarlo o posiblemente lo inspire”. 

Recomienda
¡Esto es extraordinario! Una de las mentes más brillantes de la ciencia moderna, recomienda la lectura de un texto de ocultismo para inspirarse en la solución de problemas matemáticos! Durante la entrevista, el sabio tomó un tomo de La doctrina secreta y lo abrió en una página señalada y expresó: “Por ejemplo, he aquí algo que me intriga. Yo estoy asombrado de cuánto puede significar esto en la física moderna”. Con voz emotiva, continuó: “Basta esto para mostrar cuán absurdas son las admisiones simultáneas de la no divisibilidad y de la elasticidad del átomo. El átomo es elástico, luego el átomo es divisible, y debe estar compuesto de partículas o de subátomos ¿Y estos subátomos? O no son elásticos, y en tal caso no presentan importancia dinámica alguna, o son elásticos también, en cuyo caso están igualmente sujetos a la divisibilidad.
Y así ad inifinitum. Pero la divisibilidad infinita de los átomos resuelve a la materia en simples centros de fuerza, esto es, excluye la posibilidad de concebir a la materia como una sustancia objetiva…”. El maestro concluyó que hay otras afirmaciones muy significativas. Einstein, como los poetas, encontraba en la contemplación del universo materia inspiradora. Y para ello acudía entonces algunas veces a otros visionarios que le habían antecedido en su especulación, con la cual logró adentrarse en los misterios de la energía y de la materia.

“Así pues -dicen Pedro Landestoy y Salvador Hernaez-, a la primera mente del mundo científico le intrigaban y asombraban las afirmaciones que una mujer, carente de todo tipo de estudios universitarios, había realizado en un texto publicado más de cien años antes… En dicho libro ya se esbozaba la idea de que la materia y la energía son una misma cosa, sólo que el tema se enfocaba desde un punto de vista meramente espiritual”. Einstein, finalizan los autores, tradujo a fórmulas matemáticas aplicables a la ciencia física lo que la filosofía oculta, o sea la metafísica, ya conocía.

Una sola realidad
Una de las afirmaciones de la teoría de la relatividad coincide con otra que se encuentra en La doctrina secreta: la idea de que el tiempo y el espacio no son independientes uno del otro, sino más bien aspectos de una sola realidad cuatridimensional.

“La relatividad es un concepto central dentro de las enseñanzas de la fundadora de la teosofía –anotan Landestoy y Hernaez-, aunque ella la denominaba maya. Este concepto proclama que ‘nada en este mundo es lo que parece ser. Esto es así, porque nada tiene una naturaleza absoluta. Todas las cosas en este mundo tienen identidad sólo si son relacionadas con otras’. Añade Blavatsky que ‘maya o ilusión es un elemento que entra en todas las cosas finitas, ya que todo lo que existe tiene sólo una relativa, no una absoluta, realidad, ya que la apariencia que el escondido Nuómeno asuma depende del poder de cognición del observador de turno’. Esto es pura filosofía o, si se quiere, metafísica; pero pudo muy bien servir de pauta a Einstein para que éste arribara a su fórmula matemática”.

Parece ser que no hay nada nuevo bajo el Sol: Einstein tradujo al idioma tangible de la ciencia un conocimiento abstracto que era conocido por los adeptos del esoterismo a través de las edades. Sólo que a Einstein está vivo por su descubrimiento, mientras madame Blavatsky yace en el olvido.
Einstein falleció el 18 de abril de 1955 –hace 60 años-. No quiso tener un funeral que fuera un espectáculo. Rodeado de un pequeño grupo de familiares y amigos. El doctor Otto Nathan, albacea testamentario del difunto, leyó una estrofa que Goethe escribiera para las exequias fúnebres de Schiller:

“Todos quedamos enterados y felices.
El mundo le agradece lo que él le ha enseñado.
Ya hace tiempo que se expande entre las multitudes
Lo más suyo, que sólo a él pertenece.
Brilla entre nosotros como un cometa que desaparece
Esparciendo luz infinita con su luz”.
*Director de la revista Iris

Fuentes
- Pedro Landestoy y Salvador Hernáez, Einstein: Misticismo por ciencia (Año Cero, N° 40).
- Peter Michelmore, Einstein, perfil de un hombre.
- Ernesto García Camarero, Einstein.
- Hoffmann Banesh, Einstein.
TOMADO:  http://www.eldiario.com.co/seccion/LAS+ARTES/einstein-el-vidente1509.html