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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

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José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


jueves, 22 de junio de 2017






                           CURSO INTRODUCTORIO DE TEOSOFÍA POR JOHN ALGEO

Capítulo 6
La Reencarnación 

LA REENCARNACIÓN ES UN CONCEPTO fundamental de la Teosofía. Es una llave que abre la puerta a la comprensión de muchas cosas acerca de la vida humana que de otro modo permanecen como enigmas. En el mundo occidental, la visión generalmente más aceptada acerca del alma es que ésta se crea junto con el cuerpo físico. Sin embargo, más recientemente, se ha difundido ampliamente una creencia en la reencarnación. Las encuestas Gallup realizadas en los 1980s arrojaron como resultado que el 23% de los adultos en Estados Unidos y el 27% de los adolescentes aceptaban el concepto de la reencarnación. Hoy en día en los círculos religiosos, el interés en la teoría de la reencarnación se ha reavivado, e incluso los psicólogos están discutiendo el asunto.

Muchas personas reflexivas son incapaces de aceptar la idea de un Dios de amor y justicia que permite a quienes hacen el mal disfrutar de abundancia material y riquezas, mientras que buenas personas están en la pobreza y la privación; o que brinda inteligencia o talento artístico a algunos, y le niega esos beneficios a otros; o que dota a ciertas personas de grandes capacidades físicas mientras que otros son deformes. Vemos esas desigualdades y miríadas de otras a nuestro alrededor. La persona pensante y compasiva se pregunta entonces, ¿cómo pueden éstas ser reconciliadas con el concepto de un Dios de amor y justicia, si cada alma es una nueva creación cuando nace?

Éste es un dilema muy antiguo en el mundo occidental, cuya solución es conocida como “teodicea” (del griego theos “dios” y dikē “justicia”), que el Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary define como “defensa de la bondad y omnipotencia de Dios en vista de la existencia del mal.”
 [DRAE: Teología fundada en principios de la razón.] Éste es el tema del libro bíblico de Job, de la historia épica de Milton El Paraíso Perdido, de la novela del s. XIX de Herman Melville Moby Dick, y de un pequeño libro de C. S. Lewis llamado El Problema del Dolor, por mencionar sólo cuatro libros muy diferentes. Es una cuestión que, en una forma u otra, nos confronta a la mayoría de nosotros en diversos momentos de la vida.

La Teosofía tiene varias cosas que decir acerca de esta cuestión. Aquí nos vamos a focalizar sólo en una de ellas: la teoría de la reencarnación. Pero si no queremos simplificar demasiado, y de este modo, trivializar el concepto, necesitamos examinarlo en un contexto más amplio. Cada uno de nosotros es una parte de la vida divina—la Mente divina inmanente en cada elemento de la creación—en evolución. Aunque lo divino ciertamente trasciende este mundo y es inmanente en él, para muchos de nuestros contemporáneos no es aceptable la vieja idea de la deidad como un “Padre Celestial” que inexplicablemente juega crueles juegos con su propia progenie, mientras les demanda su amor sin cuestionamientos.

Por otro lado, la mayoría de las personas concordaría con que todo lo que comenzó en el tiempo debe tener un final en el tiempo. Sin embargo, de acuerdo a quienes abogan por el punto de vista tradicional, se supone que el alma tiene un futuro eterno aunque no tiene pasado. Esto no es más razonable que imaginarse una vara con un solo extremo.

REENCARNACIÓN Y EVOLUCIÓN 

La Teosofía ve a la reencarnación como una ley relacionada con la evolución humana, tanto en lo que hace al crecimiento espiritual como a la forma material. Varias hipótesis son posibles en lo que hace al estado post mórtem. Una es que tal estado no existe. Otra es que la muerte, de algún modo, hace felices, sabias y buenas a todas las personas, al menos a todas aquellas que tienen derecho a entrar al paraíso. Una tercera es que la vida después de la muerte provee una oportunidad para continuar con el crecimiento y desarrollo, pero en mundos distintos a este. Y una cuarta es que el alma retorna una y otra vez a la tierra para aprender todo lo que la escuela de la vida terrena tiene para enseñar, del mismo modo que los estudiantes regresan a la escuela día tras día y año tras año hasta que se gradúan.

La primera hipótesis es contraria a la opinión colectiva de la humanidad desde sus primeros tiempos prehistóricos, cuando las personas ya trataban los cuerpos de sus muertos en modos que indican claramente que ellos consideraban que sobrevivirían en alguna forma. Similarmente, las religiones en todo el mundo y las grandes filosofías mantuvieron también que la conciencia humana sobrevive a la muerte. La masa de la opinión humana, al menos, está contra esta hipótesis.

La segunda hipótesis parece ilógica. Dado que el cuerpo se desintegra, tiene que ser la conciencia la que continúa. Cuando observamos cuán lentamente y con cuánto esfuerzo alcanzamos un crecimiento de la conciencia durante todos los años de la vida terrena, difícilmente podemos esperar que en los pocos momentos del morir vamos a florecer súbitamente. Eso no se condice con un desarrollo continuo, que es lo que vemos por todas partes a nuestro alrededor. Sería una ruptura violenta, y de repente nos convertiríamos en extraños para nosotros mismos.

De la tercera hipótesis, la vida después de la muerte en otros mundos no físicos donde continuamos nuestro autodesarrollo, puede objetarse que el conocimiento del alma de las condiciones terrenas y de la vida humana no podría ser completado o perfeccionado bajo condiciones drásticamente modificadas luego de la muerte. Si esto fuera posible, es difícil ver cuál fue el sentido de venir a un cuerpo físico en absoluto. Dado que tenemos una vida terrestre, ésta debe tener un propósito en el proceso evolutivo. Como se señaló anteriormente, sólo a través de la limitación se logra la conciencia. La vida después de la muerte, estando libre de las limitaciones de la vida física, difícilmente puede ofrecer las condiciones necesarias para el logro de una conciencia completa, que es la meta de la evolución.

La Teosofía, por lo tanto, rechaza las primeras tres hipótesis y acepta la cuarta como la más lógica y más en armonía con el concepto de un sistema ordenado. La analogía de una escuela es apropiada. Sabemos que no estamos listos a recibir un diploma universitario cuando sólo hemos completado el primer grado de la escuela primaria, o el quinto año de la secundaria. Tenemos que cursar la universidad en forma completa para tener un título universitario. Debemos completar cada fase de nuestra educación antes de poder pasar a la próxima. De este modo, completamos nuestra educación cósmica asistiendo en forma obligatoria a la escuela de la vida.

La palabra reencarnación deriva de re “volver”, en “entrar” y carne “carnal”. Por lo tanto significa “repetida entrada en un cuerpo carnal”. En otras palabras nosotros somos inteligencias espirituales, chispas de la vida de Dios, revestidos de cuerpos de diversos grados de materia, viniendo a la tierra para aprender. Tenemos que pasar a través de una larga sucesión de vidas terrestres para desenvolver nuestros poderes latentes a través de la lucha con las circunstancias y dentro de la red de interrelaciones con los demás.

A través de nuestras vidas recurrentes en un cuerpo carnal, recogemos experiencias que, durante el período entre encarnaciones, convertimos en facultades y poderes necesarios para un mayor crecimiento en la estatura espiritual. El proceso podría ser comparado al modo en que la comida que ingerimos es transformada en sustancia para nuestros cuerpos durante el proceso de digestión y asimilación. O, para volver a la analogía de la escuela, puede ser comparado a la forma en que los períodos de estudio activo, durante los cuales atestamos nuestros cerebros de información, son seguidos por períodos donde todo ese estudio es transmutado en conocimiento y comprensión.

El proceso de asimilación—ya sea de alimento, conocimiento, o experiencias de vida—es algo que acontece por debajo del nivel de nuestra conciencia. La asimilación de las experiencias de toda una vida tiene lugar luego de la muerte en un nivel que está más allá de nuestra conciencia objetiva, terrena, luego de lo cual regresamos a un nuevo cuerpo mejor equipado para continuar nuestra vida-escuela en grados más avanzados.

Ocasionalmente una encarnación puede ser vista como una falla, porque la individualidad reencarnante es incapaz de hacer sentir su influencia a través de la personalidad, y se logra muy poco progreso.
De hecho, cuando se desperdician oportunidades de crecimiento, puede incluso retroceder en cierto sentido, como los alumnos de una escuela pueden a veces fallar y tienen que repetir un grado debido a que no quisieron o no pudieron hacer el trabajo que se requería. Afortunadamente éste es un fenómeno raro. Pero incluso en esos casos, en última instancia, nada se desperdicia. Los fracasos también son educativos y pueden resultar en una mayor determinación y renovado esfuerzo para una encarnación posterior.

La reencarnación como un medio para promover la evolución puede ser confundida con otra idea: el regreso de un ser humano a la tierra en el cuerpo de un animal (que a veces es llamado “trasmigración”, aunque este término también tiene otros significados). El regreso de la conciencia humana a un cuerpo animal sería ir en contra de la ley de evolución. Ya veremos, en un próximo capítulo, que la mónada humana entra en la corriente evolutiva al final del ciclo de evolución animal y al comienzo del ciclo humano. Una vez que la vida se ha individualizado así en el reino humano, ha entrado en una etapa radicalmente nueva de su evolución y ya no vuelve atrás al reino animal de las almas grupales. Hacer eso sería tan extravagante como que un graduado universitario ingresara nuevamente en el primer grado de la escuela primaria.

En lo que hace a la reencarnación, también en otro sentido somos como los estudiantes. Éstos comienzan la escuela en diferentes años y varían en el progreso que hacen. De un modo similar, algunos seres humanos son más avanzados porque vinieron antes al presente ciclo de nacimientos y muertes o porque han hecho mayores esfuerzos para aprender las lecciones de la vida humana. Otros ingresaron más tarde o no han sido aplicados, y son por lo tanto menos avanzados. Todos nosotros—el criminal y el santo, el tonto y el sabio— compartimos una misma vida divina y tenemos las mismas posibilidades de desenvolvimiento. La diferencia está en el tiempo que hemos estado progresando o en la ventaja que hayamos sacado de nuestras oportunidades.

Además, dado que el orden o secuencia en el aprendizaje varía en cada individuo, el criminal o el tonto pueden haber aprendido algunas lecciones particulares con las que el santo o el sabio tienen todavía que trabajar. Se dice que incluso un alma que está cerca de la perfección puede todavía carecer de alguna cualidad fundamental que ya posean aquellos que son mucho menos evolucionados en todos los demás aspectos. El alma sería como un estudiante que ha aprendido bien todos los temas excepto geografía; está detrás de los demás en esa materia, pero delante de ellos en todas las otras.

Todo aprendizaje sigue un patrón en espiral. Aprendemos algo y luego olvidamos la mayor parte de éste, y entonces tenemos que volver a aprenderlo. Pero el reaprendizaje no comienza en el mismo estado de ignorancia que la primera vez. Algunas cosas permanecen y, debido a esto, el reaprendizaje es más fácil. Si alguna vez has tratado de memorizar un poema, aprender a escribir a máquina, o jugar golf, reconocerás este patrón en espiral de aprendizaje, olvido y re-aprendizaje. Lo mismo ocurre con todas las lecciones de la vida.

En cada nuevo “comienzo”, pasamos por una recapitulación rápida de la experiencia previa, del mismo modo que, en el ciclo menor de una vida humana, se recapitula en cierto modo todo el ciclo de la evolución física durante la gestación, y toda la evolución fisiológica es recapitulada durante el tiempo que va desde la infancia a la madurez. En este momento estamos en la espiral humana de la evolución. Cuando entremos en el estado que está más allá del humano, lo haremos con todas las riquezas de nuestra experiencia transmutadas en poderes, para afrontar los desafíos de crecimiento hacia un estado todavía superior, que en nuestra condición presente nos parece como perteneciente al campo de lo divino. Sin embargo, antes de que alcancemos ese elevado estado, tenemos que continuar con nuestra espiral de aprendizaje humano. Y para esto es la reencarnación.


EL PODER EXPLICATIVO DE LA REENCARNACIÓN 

La reencarnación explica las diferencias que vemos a nuestro alrededor, que no se pueden justificar ni por la herencia ni por la influencia del medioambiente. La herencia y el medio no explican por sí mismos las casi infinitas variaciones en circunstancias, talentos, capacidades y habilidades de los seres humanos. Si la reencarnación es aceptada como una hipótesis de trabajo—si no como un hecho probado—tales diferencias son comprensibles: cada alma viene a un cuerpo físico trayendo el fruto de las vidas pasadas. El talento no es un don; es el resultado de vidas de trabajo en una tarea particular.

La reencarnación explica, además, las diversas formas de entendimiento, correctas y falsas, entre los seres humanos. La influencia del medio no puede hacerlo porque un alma con una conciencia bien desarrollada puede ser encontrada en medioambientes difíciles, mientras que una persona con un sentido ético casi nulo puede florecer en medio de las comodidades y la cultura. La conciencia es el fruto del pasado, el indeleble registro de lecciones aprendidas en otras vidas y en otros cuerpos. No se puede esperar que todas las almas tengan los mismos estándares éticos y morales, aunque todas tienen la misma capacidad para desarrollar esos estándares. Y, por supuesto, no debemos confundir los usos y costumbres de una cultura particular con lo que promueve la evolución y que por lo tanto es “bueno” en un sentido general.

La reencarnación ofrece también una explicación para la existencia de hombres y mujeres cuyas sexualidades son diferentes de lo que es biológicamente usual. El ser interno no tiene sexo. En una vida se viste con un cuerpo masculino, en otra con uno femenino. Si éste ha morado durante varias vidas en una serie de cuerpos masculinos, experimentando la vida como hombre, cuando sucede un cambio de sexo, los rasgos masculinos permanecerán, y será necesario desarrollar una respuesta femenina a la experiencia. Del mismo modo, uno que ha estado aprendiendo las lecciones de una mujer durante varias encarnaciones, puede encontrar que el cambio a un cuerpo masculino requiere un esfuerzo o ajuste. Varios factores están involucrados en la orientación sexual, pero el concepto de reencarnación sugiere ésta como uno de ellos.

FIGURA 2. REENCARNACIÓN

¿QUIÉNES CREEN EN LA REENCARNACIÓN? 

La idea de la reencarnación no es en absoluto ni nueva ni poco común. Se enseña en las grandes epopeyas de los hindúes, en los textos de los egipcios, en los sermones del Buda, y en las doctrinas de los griegos pitagóricos. Fue enseñada y aceptada entre los judíos del tiempo de Josefo, como también más tarde en la cábala. Fue común entre los primeros cristianos, y hoy, nuevamente, muchos cristianos están examinándola seriamente como una hipótesis lógica y encontrándola compatible con su religión.

Que Jesús mismo aceptaba la reencarnación está implícito en sus palabras a sus discípulos de que Juan el Bautista era Elías que había regresado (Mateo 11.14, 17.10-13 y Malaquías 4.5). Orígenes, uno de los más eruditos padres cristianos, enseñó acerca de la preexistencia del alma que es similar a la reencarnación. Sin embargo, las primeras enseñanzas de los padres cristianos y de los gnósticos empezaron a ser gradualmente malentendidas, y en el año 553 d.C., en el Concilio Eclesiástico segundo de Constantinopla, se declaró “que sea anatema” cualquiera que apoyara la enseñanza de la reencarnación. La enseñanza, por lo tanto, desapareció del cristianismo oficial.

Pero aunque la creencia en la reencarnación quedó relegada por un tiempo en la cultura occidental, se ha mantenido viva gracias a individuos que aquí y allá han tenido la visión mística y el coraje de hablar de sus convicciones. Entre tales creyentes de la reencarnación han estado Browning, Emerson, Goethe, Aldous Huxley, Schopenhauer, Shelley, Tennyson, Whitman, y Whittier. El inventor estadounidense Thomas Edison y el industrial Henry Ford, como también el poeta laureado de Inglaterra, John Masefield, han reconocido su aceptación de dicha doctrina. El General George Patton, famoso en la Segunda Guerra Mundial, estaba convencido de su realidad.

Es especialmente significativo el trabajo del psiquiatra y académico Ian Stevenson, quien fue Director del Departamento de Psiquiatría de la Escuela Médica de la Universidad de Virginia. Stevenson dedicó su carrera profesional a investigar los casos reportados de memorias de vidas pasadas y fenómenos relacionados, entre muchas personas pertenecientes a culturas de todo el mundo, pero especialmente en niños. Los resultados de su investigación de casos estudiados que muestran un remarcable nivel de detalle y precisión en tales recuerdos, han aparecido en varios volúmenes. Stevenson ha considerado todas las posibles explicaciones de esos hechos, y ha concluido que para un número significativo de casos, la más simple y por lo tanto mejor explicación, es que ellos son lo que parecen ser: recuerdos de vidas pasadas.

Más recientemente, Stevenson ha estudiado casos de marcas y defectos de nacimiento que se corresponden con eventos recordados de una vida pasada. En su libro sobre este tema, Donde la Reencarnación y la Biología se Cruzan, escrito para el lector general, concluye con una “Discusión General” en la cual observa:
Si aceptamos la posibilidad de que una personalidad puede sobrevivir la muerte física y reencarnar, podemos preguntarnos qué características podrían ser transmitidas de una vida a otra. He encontrado útil usar la palabra diatanático (que significa “traído a través de la muerte”) como un término con el cual incluir las porciones de la persona muerta que pueden encontrar expresión en una nueva encarnación. Por lo tanto, ¿qué partes serían diatanáticas? Los casos que he descrito nos dicen que lo serían ciertas informaciones cognitivas sobre los eventos de la vida previa; una variedad de gustos y aversiones, y otras actitudes; y, en algunos casos, residuos de heridas físicas u otras marcas del cuerpo anterior. [181-2]
Es útil observar que los elementos “diatanáticos” que Stevenson menciona corresponden a uno de dos grupos: (1) “una variedad de gustos y aversiones, y otras actitudes” que en la tradición de la India son llamados “skandhas”, un término que hace alusión a nuestra disposición a responder al mundo que nos rodea en formas particulares, y (2) “ciertas informaciones cognitivas sobre los eventos de la vida previa . . . y, en algunos casos, residuos de heridas físicas u otras marcas del cuerpo anterior”. La tradición teosófica sostiene que todos nosotros somos afectados por los skandhas, esos “gustos, aversiones, y otras actitudes” de vidas pasadas, pero que sólo en forma excepcional las personas tienen “informaciones cognitivas sobre los eventos de la vida previa” o “residuos de heridas físicas u otras marcas del cuerpo anterior” específicas. Esta diferencia hace surgir una pregunta.

MEMORIAS DE VIDAS PASADAS 

En forma casi inevitable nos preguntaremos: “Si he vivido antes, ¿por qué no lo recuerdo?” Esa pregunta es contestada por las enseñanzas teosóficas que tratan sobre la naturaleza del estado post mórtem entre dos encarnaciones. La mayoría de nuestros recuerdos detallados (de hechos, lugares, personas y cosas por el estilo; pequeños fragmentos de información cognitiva) están conectados con el cerebro físico. Cuando los cuerpos mueren, la conciencia cerebral es perdida, aunque ecos de ésta pueden permanecer por un tiempo en los niveles sutiles de la realidad. Normalmente, un tiempo bastante largo separa la muerte de un cuerpo y nuestra reencarnación en otro nuevo. Para el tiempo en que vamos a reencarnar los ecos detallados de nuestra vida pasada ya no son activos, de modo que cuando adquirimos un cerebro físico, también tenemos nuevos cuerpos emocional y mental sin el residuo de memorias específicas del pasado.

Los casos que Stevenson investigó fueron excepcionales en varias maneras. Las encarnaciones previas generalmente terminaron prematuramente—por accidente, súbita enfermedad, o violencia—mientras que la personalidad todavía era joven. La lección de la vida previa estaba incompleta, y la reencarnación tuvo lugar rápidamente y en la misma área geográfica y cultural general, de modo que el alma pudiera continuar lo que había sido interrumpido. El alma, entonces, volvió a la encarnación física sin haber agotado sus viejos cuerpos mental y emocional y de este modo trajo al nuevo cerebro los ecos de los recuerdos de la vida previa. En tales casos, dichos recuerdos típicamente aparecieron temprano en la nueva encarnación y gradualmente se desvanecieron de modo que, para el tiempo en que el niño alcanzó la pubertad, los viejos recuerdos habían sido reemplazados por los nuevos de la presente vida.

Aunque la mayoría de nosotros generalmente no recuerda detalles específicos de nuestras vidas pasadas, todos recordamos lo que fue más importante en ellas—eso que llamamos conciencia, aspiraciones, ideales, habilidades innatas. Y también “recordamos” nuestros viejos hábitos de respuesta, los skandhas. El método de la Naturaleza es extraer lo que es de valor y desechar los detalles. Detalles no son más que las formas a través de las cuales la verdad se manifiesta. Las formas se desintegran, pero las verdades y hábitos permanecen. Podemos también reconocer intuitivamente personas con quienes tenemos viejas conexiones de vidas pasadas. Y ocasionalmente, bajo condiciones especiales, podemos incluso recordar o de algún modo obtener detalles específicos del pasado, porque el pasado está eternamente disponible, aunque la mayoría de nosotros no sabe cómo acceder a él a voluntad.

Una personalidad dura una sola vida. Pero la individualidad cruza el borde de la muerte y el nacimiento, y es el hilo que une las diferentes personalidades de nuestras reencarnaciones. Stevenson usa una versión de esta importante distinción para explicar por qué podemos hablar de reencarnación a pesar de la carencia de información cognitiva específica sobre nuestras vidas previas:
Podemos comprender mejor la pérdida de algo o mucho de la personalidad previa al atravesar la muerte si hacemos la distinción entre personalidad e individualidad. Por individualidad me refiero a todas las características, tanto expresadas como ocultas, que una persona podría tener de una o varias vidas previas, como también de la actual. Por personalidad me refiero a los aspectos de la individualidad que son actualmente expresados o capaces de expresión. [182]
La individualidad puede ser comparada a una persona que es actor o actriz, que interpreta muchos papeles expresando alguna parte de sí misma en cada uno de ellos, usando todas las habilidades y capacidades desarrolladas a través de los personajes previos, pero dejando de lado completamente esos papeles para concentrarse en el actual. La actriz Helen Hayes comentó, por ejemplo, que antes de intentar hacer cualquier papel ella “limpia su mente” de todos los personajes pasados, o de lo contrario no puede actuar satisfactoriamente en el nuevo. Ella, por supuesto, recuerda que ha actuado en los otros papeles y usa todo lo que ha adquirido a través de ellos para trabajar en el actual, cualquiera sea éste; pero cuando ella está “caracterizando” un personaje, ninguno de los papeles específicos previos están en su mente.

Algunas personas han desarrollado la sensibilidad necesaria para recuperar alguna memoria de vidas pasadas, pero generalmente son renuentes a discutir esos recuerdos por la probabilidad que existe de ser malentendidos. Cesare Lombroso, en su libro El Hombre Genio, escribió acerca de “El extraño poeta loco, John Clare, quien se creía un espectador de la Batalla del Nilo y la muerte de Nelson; y estaba firmemente convencido de que él había estado presente en la muerte de Carlos I.” Tal vez Clare recordaba en verdad aquellas experiencias, aunque debe haber sido lo suficientemente poco inteligente como para hablar abiertamente de ellas. Algunas personas, por supuesto, sufren de una imaginación demasiado activa con respecto a esto, y la mente subconsciente es una gran interpretadora de personajes. Por lo tanto, es bueno mantenerse lo más objetivo posible con respecto al recuerdo de vidas pasadas.Ésta es una actitud sabia porque, en última instancia, lo que hicimos en el pasado es mucho menos importante que lo que hacemos ahora en el presente.

¿QUÉ ES LO QUE DETERMINA LAS CIRCUNSTANCIAS DEL NUEVO NACIMIENTO? 

Tres factores principales determinan las circunstancias de nuestro próximo nacimiento. Primero, están la ley de evolución y la voluntad de nuestra propia naturaleza interna o superior de evolucionar, que se combinan para traernos a las circunstancias en las cuales podemos desenvolver las cualidades que necesitamos del modo más efectivo. El propósito de la reencarnación es proveer la oportunidad de avanzar en nuestro desenvolvimiento intelectual y espiritual. El factor que provee esa oportunidad es llamado swadharma en sánscrito, un término que se corresponde con el concepto occidental del “llamado personal” o “nuestra propia vocación”.

Pero la ley de evolución y las elecciones de nuestra naturaleza superior operan dentro de límites puestos por otra ley: la ley de causa y efecto, la ley de justicia. Nuestras acciones en el pasado pueden haber sido tales que ahora merecemos oportunidades, o pueden haber sido tales que nos limitan de varios modos en esta vida. Cada situación en la que nos encontramos es el resultado de causas anteriores y a menudo—aunque no siempre—estas causas son nuestras propias acciones en vidas pasadas. Además, cada acción nuestra en esta vida crea resultados que moldearán las situaciones en las que nos encontraremos en vidas futuras. Esta ley de causa y efecto es llamada karma en sánscrito, y es un tema que consideraremos en más detalle en el próximo capítulo.

El tercer factor es uno de simpatía o 
[afinidad]. Debemos ser traídos a la encarnación en un momento y lugar donde nos encontraremos con aquellos con los que hace mucho tiempo formamos fuertes lazos de amor u odio, de ayuda o perjuicio. En la nueva vida se nos presentan oportunidades para trabajar de nuevo con los compañeros del pasado, y también para curar las vie- jas heridas, lograr una reconciliación con nuestros previos adversarios, y fortalecer nuestros vínculos con aquellos que amamos.

Todos estos factores ayudan para decidir los grandes rasgos de nuestro futuro, pero cualquiera sea el resultado en una circunstancia particular, el proceso es imparcial y en última instancia benéfico: siempre funciona para el crecimiento del espíritu. Cuando comprendemos esto podemos afrontar la vida con gran coraje y confianza, cualesquiera sean las alegrías o sufrimientos que nos ofrezca. Sabremos que por medio de nuestros propios esfuerzos podemos construir un futuro mejor, no sólo para nosotros mismos sino, en cooperación con otros, para toda la humanidad.

EVIDENCIAS DE LA REENCARNACIÓN 

La evidencia de la reencarnación es de varias clases, no todas éstas igualmente convincentes para todos. La regresión hipnótica ha sido por algunos años ampliamente practicada como un método de acceder a memorias de vidas pasadas. Un musical teatral y cinematográfico, En un Día Claro Puedes Ver para Siempre, fue una presentación popular de esa técnica. Pero las regresiones hipnóticas tienen varias explicaciones posibles y son difíciles de verificar. La misma dificultad de verificación está presente en la mayoría de los casos de recuerdo espontáneo de vidas pasadas que algunas personas experimentan en ocasiones. La más convincente evidencia, debido a su cantidad y a la forma cuidadosa, documentada y verificada en que ha sido reunida, es el trabajo de toda su vida de Ian Stevenson, al que nos referimos más arriba.

Sin embargo, para muchas personas que aceptan la reencarnación, la evidencia más convincente puede ser simplemente que ésta es una parte integral de toda su cosmovisión, incluyendo el propósito de la vida, el orden del universo, y la evolución del espíritu humano. Esa cosmovisión, que incluye la reencarnación, los ayuda a llevar una vida productiva y satisfactoria. Si bien ésta es una razón pragmática para aceptar el concepto de la reencarnación, como han observado los grandes filósofos pragmáticos, el hecho de que algo funcione es evidencia de que probablemente es cierto.

En nuestra cultura materialista y mecanísticamente inclinada, la creencia en la reencarnación, o de hecho, en cualquier forma de supervivencia de la conciencia luego de la muerte del cuerpo, es a menudo desestimada como siendo meramente un pensamiento basado en el deseo. Ian Stevenson terminó su libro Donde la Reencarnación y la Biología se Cruzan, considerando esa desestimación, y hace notar su falacia:
Es cierto que muchos de nosotros queremos creer en la vida después de la muerte, pero nuestro [afán] de que algo sea [cierto] no lo hace falso. Puede que estemos, después de todo, envueltos en una doble evolución: la de nuestros cuerpos y la de nuestras mentes o almas. [187]


REFERENCIAS PARA LECTURA O CONSULTA SUPLEMENTARIA

-Material disponible en inglés

Algeo, Reincarnation Explored, y Reincarnation, the Untrue Fact (DVD).
Brooks, I’m Dead! Now What? (DVD).
Hodson, Reincarnation, Fact or Fallacy?
Jinarajadasa, How We Remember Our Past Lives.
Layton, Life, Your Great Adventure, caps. 5 “Reincarnation: An Ancient and Modern Idea” y 6

“Reincarnation: Rational Basis for Hope”.
 
MacGregor, Reincarnation in Christianity.
 
Perkins, Through Death to Rebirth.


Shroder, Old Souls: The Scientific Evidence for Past Lives.
 
Stevenson, Twenty Cases Suggestive of Reincarnation; y Where Reincarnation and Biology Intersect.
 

-Material disponible en español 

Blavatsky, La Clave de la Teosofía, sección 8 “Sobre la Reencarnación o Renacimiento.”
 
Curso de Teosofía - Rama Rakoczy (España)



PREGUNTAS PARA CONSIDERACIÓN


1. Explica qué significa reencarnación. Diferencia entre reencarnación y la noción popular de “transmigración”.

2. ¿Cuáles te parecen ser las razones más importantes en favor y en contra del concepto de reencarnación?

3. ¿Cómo pueden explicarse por medio de la reencarnación las diferencias en facultades mentales y morales de los individuos?

4. ¿Tiene el Ego una identidad sexual? ¿Qué tipo de lecciones se aprenden en cuerpos masculinos y femeninos?

5. ¿Qué evidencias hay de que la reencarnación no es una enseñanza nueva?

6. ¿Por qué es tan difícil recordar detalles de vidas pasadas? ¿Será siempre una ayuda o algo sabio el recordar las vidas pasadas o conocer el futuro? ¿Por qué?

7. ¿En qué sentido todos nosotros recordamos las vidas pasadas?

8. ¿Cuándo y por qué cesará de encarnar el alma?

9. ¿Cuáles son los tres factores principales que operan para determinar el lugar y eventos de una vida futura?

10. Si el conocimiento de la reencarnación se difundiera más en el mundo occidental, ¿qué diferencias podría producir en la vida y actividades a nuestro alrededor?


 
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Caminante son tus huellas
el camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas sobre el mar.
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