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POETA EN LA LUNA DE CUBA

LINDEN LANE PRESS Issue 2:

A book of poetry by René Dayre Abella, Cuban poet living in San Diego, California. /Un libro de poemas de René Dayre Abella, poeta cubano residente en San Diego, California.

Cita de Jorge Luis Borges

"Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de líderes, vivas y mueras prefijados, muros exornados de nombres, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir esas tristes monotonías es uno de los muchos deberes de un escritor".
Jorge Luis Borges.

EL BLOG DEL POETA RENÉ DAYRE

http://www.viadeo.com/invite/rene-dayre.abella-hernandez

José Lezama Lima: La mar violeta añora el nacimiento de los dioses,
ya que nacer es aquí una fiesta innombrable,
un redoble de cortejos y tritones reinando.


lunes, 2 de marzo de 2020

Charla con Sonia Rinaldi - Nuevos métodos de Transcomunicación -

viernes, 14 de febrero de 2020




LE JOURNAL SPIRITE N° 88 AVRIL 2012
DOSSIER EL GUÍA ESPIRITUAL
por PATRICIA SALIBA

LOS FENÓMENOS PREMONITORIOS

¿Quién no ha tenido nunca esa sensación de profunda ansiedad, de sombrío presagio, o por el contrario, la certeza de un acontecimiento feliz para sí mismo o para su entorno? Oída, sentida, una voz venida desde lo más profundo de su ser, un símbolo percibido, una sucesión de imágenes que anuncian en un lenguaje más o menos enigmático acontecimientos futuros. Estas formas de premonición se manifiestan durante el sueño o en estado de vigilia. A veces se expresan por un fenómeno fónico, como por ejemplo cuando en una familia se producen tradicionalmente golpes, gemidos o ruidos de todas clases para anunciar la muerte de uno de sus miembros. Al contrario, en otros casos análogos, las señales precursoras del deceso de una persona se producen por la aparición en su entorno de un fantasma de difunto, siempre idéntico. Es de hacer notar también, un género de premonición transmitida bajo la forma de impulso motor incontrolable que nos impulsa a acciones que parecen absurdas porque no son motivadas, como volver sobre sus pasos, cambiar de lugar o de ruta, escapando de esa manera a un grave peligro que nos amenazaba sin que lo supiéramos. Si bien un sensitivo capta informaciones por su clarividencia, un individuo sin sensibilidad mediúmnica puede percibir por telepatía con un ser encarnado o desencarnado una voz, una señal que le advierte de un peligro o le da un consejo. Como escribió Léon Denis en su obra En lo Invisible, el encuentro con los desencarnados, con el guía, ese espíritu protector, se revela a menudo por el sueño: “En los sueños profundos o sueños etéreos, el espíritu escapa de la vida física, se desprende de la materia, recorre la superficie de la Tierra, y la inmensidad. Allí
busca a los seres queridos, sus parientes, sus amigos, sus guías espirituales. A veces va al encuentro de las almas humanas, libres como él de la carne durante el sueño. Entre ellas se establece un intercambio de pensamientos y de puntos de vista; de esas entrevistas trae impresiones que raramente afectan el cerebro físico, como consecuencia de su impotencia vibratoria. Sin embargo ellas dejan su impronta en la conciencia, bajo la forma de intuiciones y presentimientos, e influyen más de lo que se cree sobre la dirección de nuestra vida, inspirando nuestras resoluciones y nuestros actos”.   Presentimientos En el Journal de la S. P. R.; el profesor. W. F. Barrett recogió este testimonio e hizo una investigación a su sujeto. El capitán Mac Gowan contó el siguiente hecho personal: “En enero de 1877 me encontraba en Brooklyn con mis dos hijos, muy jóvenes aún y que estaban de vacaciones, les prometí llevarlos al teatro una tarde acordada. La víspera yo había ido a elegir, y había tomado, las tres localidades; después de lo cual me había entretenido visitando el interior del teatro, incluido el escenario. La mañana del día fijado, comencé a percibir una voz interior que me repetía con insistencia: ‘No vayas al teatro; acompaña a tus hijos al colegio’. A pesar de mis esfuerzos por distraerme, no podía impedir a esa voz que siguiera repitiendo las mismas frases con un acento más imperativo que nunca; así que hacia el mediodía, me decidí a informar a amigos y niños que no iríamos al teatro. Mis amigos me reprocharon esa determinación, haciéndome observar que era cruel privar a los niños de un placer tan desusado para ellos y tan impacientemente esperado,

LE JOURNAL SPIRITE N° 88 AVRIL 2012
después de haberles hecho una promesa formal y eso me hizo cambiar de opinión. Sin embargo, durante toda la tarde, esa voz interior no dejó nunca de repetir la orden con una insistencia tan impresionante que, al llegar la noche y una hora antes del comienzo del espectáculo, anuncié perentoriamente a mis hijos que en lugar de dirigirnos al teatro, iríamos a Nueva York a pasar la noche en un hotel vecino a la estación y partiríamos en el primer tren de la mañana. Al hablar así, casi sentía vergüenza de mí mismo, viéndome obligado a comportarme en forma cruel a causa de un sentimiento absurdo que era superior a mis fuerzas dominar. A pesar de todo, partimos para Nueva York.  Ahora bien, ocurrió que aquella misma noche el teatro fue totalmente destruido por un incendio, y que 300 personas perecieron entre las llamas. De haber estado presente, sin duda hubiera intentado la huida por el escenario, al fondo del cual había observado el día anterior una salida reservada; ahora bien, así habría encontrado la muerte, como la encontraron todos los que eligieron esa vía de salida como consecuencia de un accidente que hizo la fuga imposible por ese lado. Y si hubiera estado en el teatro, mi hermana que se encontraba allí, inevitablemente hubiera perecido con los demás, pues habíamos decidido regresar juntos; mientras que estando sola, se decidió a regresar antes del fin del espectáculo. Nunca en mi vida he tenido otro presentimiento, no tengo la costumbre de cambiar de opinión sin buenas razones y, en esa ocasión, lo hice con la mayor repugnancia, completamente a mi pesar. ¿Cuál fue entonces la causa que me obligó, contra mi voluntad, a no ir al teatro después de haber pagado los tres cupones y tener todo dispuesto para pasar agradablemente la noche?” El capitán Mac Gowan explicó al profesor Barrett que la voz interior le resonaba muy claramente, “como si se hubiera tratado de alguien que efectivamente le hablara desde el interior del cuerpo”, y que había persistido desde la hora del desayuno hasta el momento en que condujo a sus hijos a Nueva York.   Este otro caso fue estudiado por el Dr. Hodgson y fue publicado por Myers en su trabajo sobre la Consciencia subliminal (Proceedings of the S. P. R., Vol. XI, Pág. 422). Marshall Wait escribió al Dr. Hodgson con fecha 30 de octubre de 1892:
“Le envío el relato de un incidente donde Ud. verá que mi vida fue salvada porque obedecí a un impulso que ciertamente no tenía su origen en una percepción consciente. Hace varios años, desembarqué en Stillwater (Minnesota) de un barco en el que había descendido el río Sainte-Croix. Era un pequeño barco particular, lo que hizo que ningún vehículo hubiera venido a esperar nuestra llegada. Cuando tocamos Stillwater, yo era el único pasajero a bordo y debí encaminarme solo hacia la posada. Eran las nueve de la noche, el cielo estaba sin estrellas y los almacenes que surgían a lo largo del descenso me impedían distinguir la claridad de la ciudad; finalmente, la hora, las nubes y la sombra de los almacenes se unieron para envolver la bajada en las más profundas tinieblas. Yo había estado una primera vez en Stillwater y conservaba una idea general de la ciudad, aunque hubieran pasado varios años desde entonces; sin embargo, estoy absolutamente seguro de no haber pasado nunca por la localidad donde me encontraba aquella noche. Cuando bajé del barco, percibí a lo lejos las farolas de un puente a mi izquierda; y recordé que el puente estaba situado frente a la calle donde se encontraba mi hotel, me encaminé en esa dirección a lo largo de los muelles. Había recorrido una pequeña distancia, cuando de repente fui presa de un impulso irresistible a volver sobre mis pasos, a lo que instantáneamente obedecí. No veía nada, no sentía nada, no experimentaba siquiera la impresión de un peligro, sino únicamente la irresistible necesidad de volverme atrás. Recuerdo perfectamente que mi razón se rebelaba y me trataba a mí mismo de tonto por haber abandonado la vía directa y haberme encaminado de través, con la perspectiva de perderme en el depósito de una estación tan embrollada y deber subir trepándome sobre alguna reja de diez pies de alto. Me reía de mí mismo y, caminando seguía apostrofándome: ‘¡Pero qué loco eres! ¿Por qué haces esto? ¿A dónde vas?’ Con todo, el impulso era más fuerte que mi razón y yo proseguía siempre, hasta el momento en que encontré el buen camino, luego el hotel; y no tardé en olvidar el incidente. El día siguiente, caí por casualidad en el entorno en cuestión. Descubrí que cuando, la noche anterior, me había devuelto bruscamente, me encontraba a algunos pasos del punto donde termina el plano del muelle que desemboca luego en el agua con una pendiente tan rápida, que nadie hubiera podido mantenerse allí, a menos que se hubiera aventurado con supremas precauciones. Si, en la oscuridad, hubiera puesto el pie fuera de lo plano del camino, inevitablemente hubiera perdido el equilibrio y habría rodado hacia el río; y como no soy experto en natación y me estorbaban un pesado abrigo y un bolso en bandolera, sin lugar a dudas me hubiera ahogado. La importancia del hecho consiste en que (y lo afirmo bajo mi palabra de honor) mi temperamento no es en absoluto impulsivo, sino perseverante y razonador. Por lo tanto, mi acción era contraria a mi naturaleza y las inútiles protestas de mi razón contra un procedimiento que me parecía absurdo y loco, me han persuadido de que este acto sólo es explicable de dos maneras: o fui influenciado por una inteligencia extrínseca o mi ‘subconsciente’ actuó de acuerdo a percepciones que mi ‘yo consciente’ no podía percibir. Subrayo que nunca en mi vida he tenido otra experiencia supranormal más que esta”.